Capítulo 19

Emma avanzó con paso dubitativo hacia su ex compañero.

«Emma, estás magní…¿embarazada?»

Él miraba el vientre redondo de la joven con perplejidad. La rubia se sentó en frente sin decir una palabra

«¿Es mío?»

«Neal, estoy en una prisión en la que solo hay mujeres. Evidentemente que es tuyo»

El joven sonrió

«¡Qué feliz estoy de saber que voy a ser padre!»

Emma frunció el ceño

«¡Tú no vas a ser nada en absoluto porque no quiero que reconozcas a este niño!»

La sonrisa de Neal desapareció

«¿Qué? Pero, ¿por qué?»

«¿Te atreves a preguntar por qué? ¿Debo recodarte que a causa de tu cobardía, estoy aquí encerrada, mientras que tú vives tranquilamente fuera?»

«Emma, escucha, lo siento, ¿vale? No era mi intención que te arrestaran en mi lugar. Te amo…»

«¡Oh, ahórrame esas mentiras, ya las he escuchado bastante!»

Ante la frialdad de la joven, Neal entró en cólera

«Créeme que no te dejaré que te salgas con la tuya. Pediré la custodia de mi hijo»

Emma se echó a reír

«¡Pero, tú sueñas, nunca tendrás ese privilegio!»

«¡Veremos qué dice el juez, una presidiaria contra un chico sin antecedentes!»

La rubia creyó que iba a atragantarse al escuchar los propósitos de Neal.

«¡Tú no eres sino un cabrón! Veremos qué decisión toma el juez cuando vea que MI hijo tiene dos progenitores que lo aman»

Neal levantó una ceja como señal de incomprensión

«¿Estás con alguien?»

«Sí» dijo Emma sonriendo

«¿Cómo es posible? Solo hay mujeres en esta prisión.

La sonrisa de la joven se agrandó mucho más mientras que los ojos de Neal se salían de sus órbitas

«¡No me digas que te has vuelto bollera!»

«Se dice lesbiana y sí, estoy con una mujer»

Neal estalló en risas

«No, pero no me lo creo. ¿Quién es?»

«Si crees que te lo voy a decir, ya te puedes ir metiendo el dedo allí donde pienso»

El joven se inclinó, con un gesto amenazador

«¡Escúchame bien, zorra! Ese bebé que llevas es también mío y no dejaré que una perversa lesbiana me lo robe, ¿está claro? Encontraré un modo de saber la identidad de esa puta a la que te follas y una vez que lo sepa, convertiré su vida en un verdadero infierno y tú te encontrarás tan sola que solo tendrás ojos para llorar»

El corazón de Emma se puso a batir en su pecho, la amenaza de Neal planeaba como una espada de Damocles encima de su cabeza. Tenía miedo, pero se guardó de mostrarlo.

«Creo que ya no tenemos nada más que decir» dijo ella «siento nauseas solo con ver tu cara frente a la mía. ¡Adiós y rumia bien tu venganza porque está perdida de antemano!»

Ella se levantó bruscamente, dejando caer la silla en la que estaba sentada. Lanzó una furibunda mirada a su ex antes de darse la vuelta y abandonar el locutorio. Fue cuando estuvo al abrigo de ojos indiscretos cuando se hundió en lágrimas. David se precipitó hacia ella

«Hey, Emma, todo va bien, estoy aquí»

Pasó un brazo por sus hombros para reconfortarla y la llevó directamente hacia su celda. Regina que se iba y venía de un lado a otro por la angustia y la impaciencia se precipitó sobre su compañera cuando la vio entrar

«¿Emma? ¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha puesto en ese estado?»

Pero la rubia no pudo responder a las preguntas porque no dejaba de llorar. Regina agradeció a David, que se marchó para dejarlas a solas

«Ven, vamos a echarnos y me vas a contar todo ¿de acuerdo?»

Emma asintió débilmente y se echó en la cama de la morena. Regina acarició tiernamente los cabellos de la rubia para tranquilizarla. Le murmuró palabras dulces y recorrió su rostro bañado en lágrimas con pequeños besos que hicieron sonreír a Emma. Le hizo falta aún algunos minutos para calmar los temblores de su cuerpo. La rubia tomó un mechón de los cabellos de Regina y empezó a jugar con él, enrollándolo y desenrollándolo alrededor de su dedo.

«Era Neal…»

Al escuchar el nombre de su rival, Regina se tensó. Sospechaba que el encuentro no tuvo que ser agradable sobre todo viendo el estado en que se encontraba Emma

«¿Qué te ha dicho?»

«Vio que estaba embarazada, preguntó si era de él, le dije que sí dado que aquí solo hay mujeres»

La morena movió la cabeza en un gesto afirmativo y puso su mano sobre la mejilla de su compañera antes de acariciársela delicadamente

«Después, dijo que estaba contento de ser padre, que me amaba y todo eso. Yo le dije que yo no quería que reconociera al niño y que me dejara en paz. Me amenazó con ir a juicio para conseguir la custodia del bebé»

«¡Qué imbécil! Nunca obtendría la custodia exclusiva!»

«Es lo que le dije, y él respondió que el juez vería que yo no habría de ser una buena madre porque he estado en prisión»

«¡Es absurdo! El juez no va a tomar su decisión basándose únicamente en eso»

«Después le hablé de ti, se enfadó, nos llamó bolleras»

«No solo es un gilipollas, sino que además no tiene vocabulario…»

Emma se sorbió los mocos ruidosamente pensando en la continuación de la conversación

«Quiso saber quién eras tú, no le dije nada evidentemente, pero me dijo que lo descubriría y que haría de tu vida un infierno, que yo me encontraría sola…»

Fue demasiado para la bella rubia que estalló de nuevo en llanto, aferrándose a Regina como si fuera su tabla de salvación. La morena estrechó su abrazo

«Chut…cálmate, mi amor. Todo irá bien. Nunca conocerá mi identidad, es imposible, hay muchas prisioneras»

«Sí…» dijo Emma en voz baja «pero no puedo evitar tener miedo por ti, por nosotras»

«Todo va a estar bien, me sé defender»

«Contra mujeres, pero no contra un hombre. Neal es muy fuerte, como Jefferson, él…»

No pudo acabar su frase, pensó en el estado en el que se encontró Regina cuando salió de la celda de aislamiento, le rompía el corazón y solo de pensar que Neal pudiera hacer lo mismo, sentía ganas de vomitar. Regina no había respondido a lo que había dicho su compañera, porque sabía hasta qué punto era verdad. Una cosa era poner en su lugar a Ruby y compañía, pero con Jefferson, era otra historia que ella prefería olvidar. Cansada de haber llorado tanto, Ema acabó por dormirse en los brazos reconfortantes de su compañera…

Estaba oscuro. La noche había caído hace tiempo y Neal esperaba, apoyado contra una pared, a que el hombre se dignase a aparecer. Temblaba de frío y hundió sus manos en los bolsillos de su pantalón para recalentarlas. Al cabo de un largo cuarto de hora, divisó una silueta entre las sombras.

«Llega tarde» se enfadó Neal

«Sepa que tengo ciertas obligaciones, señor»

«Sí, y yo no tengo todo el tiempo»

«Ya que se lo toma así, me marcho»

El joven se recompuso

«No, espere, perdone…¿Tiene el expediente?»

El hombre sonrió

«Por supuesto que lo tengo»

Él sacó una carpeta de su maleta y se la tendió a Neal. Este la abrió precipitadamente y recorrió el expediente deteniéndose en la foto

«Regina Mills, ¿eh?... y además, ¡está buena esa zorra!»

«Lo sacó de su madre»

Neal levantó la cabeza

«¿Conoció a su madre?»

«Sí, yo era su amante. Regina lo descubrió, y por eso mató a Cora»

«¡Qué zorra! Pero no lo comprendo, usted es el director de la prisión, ¿por qué no le hace vivir un infierno?»

«Ya lo he intentado y siempre consigue salir más fuerte y con más determinación que nunca. Y además, mis superiores vigilan mis pasos»

«¿Es por eso que ha aceptado ayudarme?»

Gold asintió

«Bien, voy a poder preparar mi pequeña venganza tranquilo, pero como está encerrada, no podré hacer nada por el momento»

«¿Conoce a alguien de dentro que pueda hacerle la vida imposible?»

El director plantó en su cara una gran sonrisa, se le podía ver su diente de oro

«Sí, tengo a alguien en el cabeza»

«¡Super! En cuanto haya el menor cambio en la situación de Emma o de esta puta de Regina, hágamelo saber»

«Puede contar conmigo, señor Cssidy. Recuperará a su mujer y a su hijo y pronto Regina no será para usted, así como para mí, sino un mal recuerdo…