Capítulo 24
«¡Haces trampa!» dijo Emma resoplando
«¿Cómo quieres que haga trampa a un juego de cartas?» dijo Regina levantando las cejas
«No lo sé. Quizás has cogido las mejores cartas cuando las repartías»
La morena suspiró
«Señorita Swan, usted es una mala perdedora»
Con un gesto de la mano, la rubia tiro al suelo las cartas y empujó a su compañera sobre la cama. Trepó sobre Regina y se puso a horcajadas encima de ella, prestando atención en agarrarle las muñecas por encima de la cabeza.
«¿Y ahora? ¿Quién ha ganado?» peguntó Emma con tono triunfador
«Eres infantil»
«Pero es por eso que me amas, ¿no?»
«Hmm…No sé si he hecho bien en pedirte matrimonio»
Emma sonrió y se inclinó con dificultad para besar a su compañera. Regina se deshace del agarre de la rubia y se incorporó para poder profundizar el beso.
«Te has hecho perdonar por haber hecho trampa» dijo Emma sonriendo
La morena dio un pequeño golpe sobre el hombro a su prometida
«¡Pero yo no he hecho trampas!»
«Sí…sí»
Regina se echó a reír y besó apasionadamente a Emma
«Te deseo» gimió la rubia
«Yo también»
La joven no tuvo tiempo de continuar la exploración del cuerpo de su rubia porque alguien tocó en la puerta de la celda. Emma resopló
«Te juro que si es David, voy a terminar por matarlo, siempre nos interrumpe»
Evidentemente, la rubia tenía razón. El guardia entró en la estancia
«Hola, chicas, siento molestaros, pero Emma, tienes visita»
La susodicha miró al joven con gesto asombrado
«¿Otra vez? ¿Es Neal?»
«No lo sé»
«De todas maneras, si es él, ¡me va a escuchar!»
La rubia se giró hacia su compañera y la besó lánguidamente antes de levantarse y seguir a David fuera de la celda
Cuánto más se acercaba al locutorio, más se agitaba su corazón. ¿Y si era Neal que había venido para llevar a cabo sus amenazas? ¿Y si finalmente había obtenido la aprobación de un juez con respecto al bebé? Sacudió la cabeza para sacar esos sórdidos pensamientos. Una vez en el locutorio, abrió la puerta y casi sintió alivio al descubrir a su abogado. Estaba allí, sentado al final de la sala, sus gafas sobre la nariz y su inseparable paraguas en la mesa. Emma avanzó hacia él y él se levantó y le tendió la mano.
«Buenos días, Emma, ¿cómo estás? ¡Oh, pero si está embarazada! Enhorabuena»
«Gracias, señor Hooper, estoy bien, pero ¿qué hace aquí?»
Se sentó y la joven hizo lo mismo, no muy segura de querer escuchar la respuesta a su pregunta
«Pues tengo una muy buena noticia para usted»
«Le escucho» dijo ella intrigada
«Bien, como sabe, usted fue condenada a un año de prisión por haber robado esos relojes»
«Yo no robé nada» se defendió la rubia
«Lo sé, pero fue mejor para usted confesarse culpable y haberme escuchado, porque a finales del próximo mes saldrá a la calle»
Emma abrió los ojos de par en par, no creía lo que estaba oyendo
«¿Qué? Pero, ¿cómo es posible? ¡Mi siquiera he cumplido la mitad de la condena!»
«Exacto, el mes que viene se cumplirá seis meses. Es por eso que saldrá en ese momento. No ha habido ningún incidente mayor que viniera a contradecir la decisión del juez»
La rubia no sabía si debía reír o llorar. No se podía creer que pronto volvería ser una mujer libre. Entonces pensó en Regina que se quedaría de nuevo sola en su celda y una bola se formó en su garganta. De repente tenía ganas de llorar.
«¿Emma? ¿Estás bien?» dijo el abogado con voz inquieta
«Sí, estoy bien, solo que estoy sorprendida por la noticia»
Hopper sonrió
«Comprendo, es normal, no se esperaba salir tan pronto»
«Sí, eso es»
El hombre miró su reloj. Emma pudo ver que pequeños saltamontes decoraban la correa de la joya. Nunca había entendido por qué su abogado era un apasionado de esos pequeños bichos.
«Bueno, tengo que irme, tengo una cita en el tribunal. Me pondré en contacto con usted en cuanto sepa el día y la hora exacta de su salida»
«De acuerdo»
Emma se levantó y estrechó la mano del abogado antes de abandonar el locutorio. Casi corrió hasta la celda para ver a su compañera…»
Una vez dentro, Regina se precipitó sobre ella
«¿Entonces, era Neal?»
«No»
Emma se tomó el tiempo de sentarse, dejando a la morena de pie que la miraba con gesto inquisitivo
«Era mi abogado, Archie Hopper»
«Oh…¿Qué quería?»
«Regina, ven, siéntate a mi lado, por favor»
El corazón de la joven comenzó a batir en su pecho, tenía un mal presentimiento. Se colocó al lado de su compañera, esta le tomó las manos entre las suyas.
«Vino a decirme que saldré a la calle a finales del mes que viene»
La morena se paralizó, fue como si el cielo acabara de caérsele sobre la cabeza. Sin embargo, sabía que era algo bueno. Ella esbozó una débil sonrisa, intentando mantener la prestancia que la caracterizaba
«Es…maravilloso»
Emma entrecerró los ojos, veía bien que su compañera estaba a muy poco de hundirse en lágrimas
«Escucha, tú también saldrás pronto y podremos formar una familia. Viviremos en una gran casa y…»
Regina se levantó bruscamente
«Pero no comprendes»
La rubia miraba a Regina, incrédula
«¿Qué es lo que no comprendo?»
La joven se dio la vuelta y hundió su mirada en los ojos de su compañera. Ella podía sentir cómo las lágrimas amenazaban con deslizarse por sus mejillas
«Emma, yo fue condenada a quince años de prisión. Solo he cumplido tres. Haz la cuenta. No podré estar en el nacimiento del bebé y mucho menos criarlo contigo»
Emma se levantó a su vez
«¡Quince años! Pero, ¿por qué no me lo dijiste desde el principio?» se enfadó la joven
«¿Qué habría cambiado?»
«¡Todo!»
«¿Todo?»
«Mierda, Regina, ¡sólo te tengo a ti! Nadie me espera fuera, no tengo trabajo, ni casa, nada de nada»
La morena suspiró y pensó en la situación. De repente su mirada se llenó de esperanza
«Podrías vivir en casa de mi padre esperando a que yo salga, él tiene una gran casa, estarás bien y…»
«Regina. Doce años es mucho tiempo…»
«Lo sé» respondió tristemente la joven
Emma se sentó en su cama, la mirada en el vacío mientras que Regina se mordía el labio mirando a su compañera. Quizás la bella rubia nunca la hubiera dejado amarla si hubiera sabido desde el principio que Regina había sido condenada a quince años de prisión. Ese pensamiento le provocaba náuseas y tenía un miedo terrible de perder a su prometida. Se precipitó hacia Emma y se arrodilló frente a ella
«Emma, te lo ruego, dime que esto no cambia nada entre nosotras…»
«Yo…»
La joven rechazó a la morena y se levantó para ir a golpear a la puerta. Llamó al guardia.
«¿Pero, qué haces?» preguntó Regina, perpleja y aterrorizada
«Voy a tomar el aire, necesito pensar»
David abrió la puerta
«¿Algún problema?»
«Llévame al patio, por favor»
El joven frunció el ceño
«Es tarde, no tengo permiso»
«David…» dijo Emma con tono de súplica
El guardia suspiró, pero cedió. Dejó pasar a la joven antes de mirar a Regina. Tenía aspecto desesperado. David le murmuró un "todo va a ir bien" silencioso. Cerró la puerta, dejando a la morena totalmente desamparada por la situación.
Emma se había sentado en un banco y miraba el cielo estrellado. Hacía buen tiempo en esa noche de finales de marzo. Con un gesto maternal, acarició su vientre y resopló ruidosamente
«¿Qué voy a hacer? Doce años es mucho. ¿Tú qué dices, bebé?»
Como única respuesta, recibió una patadita del pequeño que crecía en su interior.
«Wow, no pareces contento. Bueno, de acuerdo, he estado algo brusca con Regina, pero ella tenía que habérmelo dicho mucho antes»
La rubia se sobresaltó al escuchar abrirse una puerta. Giró la cabeza hacia la derecha y vio que Mary Margaret se dirigía hacia ella
«Buenas noches Emma»
«Hola»
«¿Qué haces aquí completamente sola?»
La joven levantó los ojos al cielo, estaba segura de que David le había pedido a la enfermera que hablara con ella
«Pensaba»
«¿En qué?»
«En Regina y en mí. Salgo a finales del mes que viene y ella tiene que quedarse aquí más de diez años.
«¡Enhorabuena! ¿Pero no veo dónde está el problema?»
Emma miró a la pequeña morena como si se hubiera vuelto loca
«Te recuerdo que estaba previsto que ella criara al bebé conmigo. ¿Cómo podría hacerlo estando aquí encerrada? ¿Y cómo voy a hacerlo yo sin ella?»
Mary Margaret sonrió
«En definitiva, tienes miedo»
«¿Miedo? ¡No, en absoluto!»
El silencio se instaló entre las dos mujeres. La rubia pensaba en las palabras de la enfermera. Efectivamente ella tenía miedo. Miedo de encontrarse sola criando a un bebé sin saber cómo salir adelante. Miedo de no poder esperar a Regina. Miedo de que también su compañera se cansase y decidiera desentenderse del niño.
«Regina me ha propuesto ir a vivir con su padre»
«Oh, pero eso es genial» se entusiasmó Mary Margaret
«Sí…pero no sé»
«¡Por el amor de Dios, Emma! La amas, ella te ama. Vais a tener un niño juntas. Te ha pedido matrimonio, te propone vivir en casa de su padre, mientras ella cumple su condena. ¡Es evidente que ella quiere comprometerse contigo! ¿Qué más te hace falta?»
Emma miró a la joven con mirada atónita. Prácticamente le ha echado una bronca.
«Sí, tienes razón, he sido una idiota. Voy a verla en seguida»
«Sabia decisión. Buenas noches»
«Gracias a ti también y gracias por tus consejos»
Tras decir esto, la rubia se precipitó al interior de la prisión, encontrándose con David que la esperaba. Algunos minutos más tarde, ella volvió a entrar en su celda. Regina estaba acostada en su cama con la cara virada hacia la pared. Emma se acurrucó contra su espalda, pasando una mano por el vientre de la morena, y hundió su rostro en los cabellos de su compañera.
«Lo siento. Solo he dicho tonterías. Te amo»
Regina estalló en llanto y se giró para mirar a la cara a su amante. Emma intentó secar las lágrimas que perlaba las mejillas de la joven con su pulgar.
«Chut, cálmate, estoy aquí»
«¿Me esperarás?»
«Te esperaría un millón de años si fuera necesario. Te amo, mi amor…»
