Capítulo 25
Neal maldijo los embotellamientos. Si seguía así, llegaría tarde a la cita con Gold. Golpeó nerviosamente sobre el volante. Desde la llamada de Gold diciéndole que había un problema, Neal no había dejado de dar vueltas por su apartamento como un león enjaulado. Tocó el claxon insultando a los conductores que lo rodeaban, pisando como un loco el acelerador en cuanto tenía la ocasión de mover el coche. Finalmente al cabo de unos minutos interminables, se paró delante del café. Salió de su vehículo y cerró la puerta más fuerte de lo necesario, antes de entrar en el establecimiento. Recorrió el lugar con la mirada buscando a Gold. El director se encontraba en una mesa al fondo del café. Neal se encaminó hacia él y se sentó en frente.
«Llego tarde, pero estaba atrapado en el tráfico»
«Ningún problema, no tengo prisa»
La camarera llegó a la mesa y Neal pidió una cerveza, mientras que Gold se contentó con un café.
«Bien, entonces, ¿cuál es el problema?»
«Bien, a principio de semana, tuve la visita de mi superior. Regina le contó lo que yo había hecho»
«No puede ser verdad, ¡qué zorra! Supongo que hay consecuencias»
Gold no respondió inmediatamente porque la camarera se acercaba con el pedido. Tomó un sorbo de su café caliente antes de responder
«En efecto, voy a perder mi trabajo de un momento a otro»
Neal suspiró y se hundió en su silla. Sin la ayuda del director, no era muy seguro que pudiera recuperar a Emma y a su hijo. Cogió su vaso y se bebió prácticamente la mitad ante la mirada asombrada de Gold
«Tiene buenas tragaderas»
«Después de una noticia como esta, tengo ganas de coger una buena borrachera»
El director sonrió
«No sea tan pesimista»
Neal miró al hombre con una mirada intrigada
«¿Sabe algo más?»
«Podría ser»
«Oh, por favor, no juegue a ser misterioso y suelte por esa boca»
Gold se puso a toquetear la cuchara que tenía al lado de la raza de café, gesto que sacó de quicio a Neal. Le clavó su negra mirada al director
«¡Deje de hacer el tonto y dígame de qué se trata!»
«Cálmese, se lo voy a decir. Ayer por la tarde, estaba tranquilamente en mi despacho, metido en mis papeles, cuando recibí un email»
El hombre se inclinó hacia Neal para dar más relevancia a su revelación
«En él se mencionaba que Emma Swan saldría a la calle a finales del próximo mes»
Neal abrió los ojos de par en par y una gran sonrisa apareció en su rostro
«¡Eso quiere decir que no todo está perdido y voy a poder recuperar a mi mujer y mi hijo!»
Gold asintió
«Pero, espere un minuto» dijo Neal «¿Dónde va a ir Emma? Ella vivía conmigo antes de ser encarcelada»
«Eso tiene que descubrirlo usted. No puede decirle más»
Neal asintió. Él tenía la intención de averiguar dónde se iba a alojar la rubia.
«Bien, vamos a celebrar esto. Señorita…» dijo llamando a la camarera «tráiganos una botella de champán, por favor»
Neal miró al director sonriendo. Se dijo que finalmente no todo estaba perdido y que él iba a poner todo de su parte para recuperar a la mujer de su vida. Estaba seguro de que Emma acabaría por volver a caer en sus brazos como antes. Y no iba ser esa bollera de Regina quien le impidiera logar sus objetivos.
Emma y Regina se encontraban en la enfermería para una visita de rutina. La rubia estaba echada en la camilla mientras que Regina se encontraba a su izquierda
«Es la última vez que te ausculto, Emma» dijo la enfermera
«Sí. Y te confieso que me preocupa porque me hubiera gustado que tú siguieras todo mi embarazo»
La enfermera no pudo evitar sonreír
«A mí también me hubiera gustado. ¿Le habéis encontrado finalmente un nombre?»
«No, Regina y yo no logramos ponernos de acuerdo»
«¡Oh! Ya llegará, no tenéis prisa»
El teléfono de la pequeña morena comenzó a sonar. Se disculpó con las dos mujeres antes de descolgar.
«¿Diga? Sí…¿Cómo que está enferma? De acuerdo, voy en seguida»
Ella colgó y se giró hacia Emma
«¿Puedes esperar aquí un momento? Tengo una urgencia»
«Ningún problema, te esperamos»
«Gracias. Sin embargo, tengo que encerraros. Procedimiento obligatorio…»
«No te preocupes, comprendemos»
Mary Margaret asintió y salió, cerrado con llave la puerta. Un silenció se instaló en la sala. Ambas mujeres estaban inmersas en sus pensamientos. Emma miró entonces a su compañera sonriendo
«Regina…»
«Sí?»
«Me decía que como Mary se ha ido y estamos solas aquí, debemos matar el tiempo, ¿no?»
«En efecto. ¿En qué piensas?»
«Bien, pensaba que tú podrías…hummm…cómo decir…tengo ganas y estoy echada en esta camilla y totalmente a tu merced»
La morena se puso completamente roja al comprender a dónde quería ir a parar. Miró a su alrededor como si alguien pudiera escuchar su conversación.
«Emma, Mary Margaret podría venir de un momento a otro, ¡no sería apropiado!»
La joven agarró a Regina por la muñeca y la atrajo hacia ella. Depositó pequeños besos en su cuello y ascendió hasta su mandíbula de forma sensual
«Gina, por favor…»
La voz ronca de Emma en su oído la perdió. Regina se colocó delante de la rubia y le quitó de un tirón el pantalón y las bragas. Emma se echó a reír ante la precipitación de su amante
«Bien, no ha sido difícil convencerte, picarona»
«Cállate»
Regina se acercó al sexo de Emma, pasó su lengua por sus labios antes de besar ávidamente la intimidad de la rubia. Esta exhaló un largo gemido de placer al sentir las dulces caricias de su futura mujer. Regina lamió de abajo a arriba, deteniéndose en el clítoris hinchado de deseo. Escuchar a Emma jadear la volvía loca de deseo y podía sentir su propia excitación mojar su ropa interior. Hundió profundamente su lengua y la movió haciendo pequeños círculos
«Ahh, continua…ya llego. ¡Sobre todo no te pares!»
Animada por las palabras de ánimo de su compañera, Regina introdujo dos dedos y comenzó con un movimiento de dentro a afuera, lentamente. Emma sintió cómo el orgasmo la invadía desde lo más profundo de su ser, era dulce e intenso a la vez. No pudo evitar gemir y se arqueó bajo los dedos de la morena. Acabó por descender de su pequeña nube mientras que Regina batallaba por volverle a poner la ropa.
«¿Te ayudo?» dijo la rubia riendo
«Sí, me parece bien»
La morena no dejaba de lanzar miradas furtivas a su alrededor, esperando ver a la enfermera llegar de un minuto a otro. Una vez que Emma estuvo vestida, Regina se colocó otra vez en su lugar.
«Apuesto a que tu ropa interior no ha salido indemne»
«Buena deducción, Señorita Swan» dijo la morena con una sonrisa hipócrita en los labios
Al ver hasta qué punto su compañera estaba frustrada, Emma se levantó, tomó a Regina por el brazo y la arrastró hacia el escritorio de Mary Margaret. La hizo sentarse encima y se colocó entre sus piernas.
«Pero, ¿qué haces?» dijo Regina, asombrada
«Te voy a follar ahora, inmediatamente, sobre esta mesa»
«¡Pero estás loca!»
«Sí, por ti»
Emma se inclinó y capturó los labios de su compañera en un beso apasionado. Su lengua jugaba con la de Regina, que gemía de satisfacción. La rubia amasó dulcemente los pechos de la joven y descendió hasta su intimidad. Hundió su mano en el pantalón y en las bragas de la morena antes de echarla sobre la mesa.
«¡Ay!» dijo Regina «¡el teclado!»
«¡Oh, mierda, perdón, ven aquí!»
Emma pasó una mano por la espalda de la morena para sostenerla mientras comenzaba las dulces caricias sobre el sexo de Regina. Al cabo de un momento, dándose cuenta de que a causa de su vientre, no podía moverse bien, se desplazó a un lado y pudo acceder con más facilidad a la intimidad de su prometida. La penetro y Regina hundió sus uñas algo profundamente en la piel de la rubia. Sintió su cuerpo tensarse cada vez más y sabía que no iba a tardar en correrse. Besó a la rubia, mordisqueando su lengua así como su labio inferior cuando el orgasmo la golpeó. Una vez que hubo recobrado su ritmo de respiración normal, bajo de la mesa, se colocó la ropa, los cabellos, y se colocó al lado de Emma que se había vuelto a acostar sobre la camilla. Algunos segundos más tarde, Mary Margaret entró en la sala
«Lo siento mucho, me ha llevado más tiempo de lo previsto»
«No te preocupes, el tiempo se nos ha pasado volando» dijo Emma sonriendo.
«Oh. Eso me tranquiliza. Bueno, vamos allá con el examen de rutina. ¿Puedes levantarte la camisa?»
La rubia obedeció mientras que Regina permanencia en silencio. La enfermera echó el gel sobre el vientre de Emma y apoyó la sonda. El bebé apareció en la pantalla. Emma y Regina estamparon una sonrisa bobalicona mientras que Mary Margaret comentaba el estado de salud de su hijo
«Él va perfectamente y se desarrolla con normalidad. Creo que darás a luz a mitad de agosto»
«Ohlala, ¡cómo es de estresante! Y pensar que ese pequeño ser va a salir de mí por un agujero tan pequeño»
La pequeña morena se echó a reír
«No será tan pequeño. Se dilatará diez centímetros el día en cuestión»
Emma abrió los ojos de par en par
«No, pero, ¡qué dices! ¡No flipes! ¡Diez centímetros es mucho! Volverá a su estado normal, ¿no?»
«Evidentemente»
Regina se contuvo de reír, pero no se le pasó inadvertido a su compañera
«¿He dicho una estupidez, no?»
«Sí» dijo la morena «pero no te lo tenemos en cuenta»
Emma sonrió y depositó un tierno beso sobre los labios de su compañera
«Por mí todo está ok» dijo Mary Margaret «podrás salir de aquí con la mente tranquila en lo que concierne al bebé»
«Sí, gracias Mary. De todas maneras, te voy a echar de menos»
«Yo también. Pero no te preocupes, nos veremos y podremos salir juntas»
«Sí, sin problema»
La rubia bajó de la camilla y abrazó a la enfermera que se había convertido en una amiga. Regina tenía el corazón en un puño desde que se había nombrado la salida de su compañera. Hacía como si todo estuviera bien, pero muy dentro de ella, sabía que desde que Emma estuviera lejos de ella, su mundo se derrumbaría como un viejo castillo de cartas…
