Capítulo 27
Emma se despertó dulcemente, parpadeando para acostumbrarse a la luz del día. Su corazón se encogió al darse cuenta de que en ese día dejaría la prisión. Se giró entonces hacia su compañera que dormía apaciblemente. Emma se acercó lentamente y depositó suaves besos por todo el rostro de la morena. Regina se despertó con la sonrisa en los labios.
«Buenos días» dijo la morena con voz ronca
«Buenos días, amor. ¿Has dormido bien?»
«Sí, ¿y tú?»
«Hmm, sí, aunque no ha haya dormido mucho»
«Ha sido mágica esta noche»
La rubia besó a la morena
«Estoy de acuerdo, me ha encantado, pequeña picarona»
Regina se sonrojó y viró el rostro. Emma se levantó y le quitó la manta a la morena
«¡Hey, estoy desnuda!»
La joven rio, cogió las ropas de su prometida y se las lanzó a la cara
«Vístete, vamos a tomar una ducha. No quiero ponerme las hermosas prendas que tu padre me ha traído sin haberme bañado»
«No» dijo Regina en voz baja porque se acababa de dar cuenta del día que era.
Emma se puso rápido su ropa mientras que su compañera hacía lo mismo. Llamó en seguida al guardia que vino a abrirles unos minutos más tarde. La rubia arrastró a su futura mujer hacia los baños. Abrió el grifo del agua y esperó a que esta se calentara. Emma se desvistió, pero la morena estaba ahí, incapaz de hacer ningún movimiento. Regina sintió cómo un nudo se formaba en su garganta a medida que la realidad penetraba en sus pensamientos. Pronto se encontraría sola, sin Emma. La rubia entonces se giró hacia su compañera y la miró con una mirada inquisitiva. Al ver que Regina estaba al borde de las lágrimas, caminó hacia ella y le fue quitando lentamente la ropa mientras besaba cada trozo de piel. Una vez desnudas las dos, Emma cogió la mano de la morena y entraron en la ducha. La rubia arrastró a su compañera bajo el chorro. Sin poder más, Regina estalló en llanto, sus lágrimas mezclándose con el agua. Emma la tomó en sus brazos, acariciado su espalda para reconfortarla
«No llores, mi amor, todo va a ir bien, vamos a salir adelante»
La morena se mantuvo en silencio, su cuerpo era sacudido por el llanto. La rubia hacía lo posible por no perder el control ante su prometida. Así que para no derrumbarse ella también, tomó el champú, se echó un poco en su mano y lavó los cabellos de Regina. Hizo lo mismo con su cuerpo antes de aclararla y lavarse ella a su vez. Después de la ducha, ayudó a su compañera a vestirse de nuevo y ella también lo hizo antes de regresar a la celda. Regina se sentó en su cama, mirando a Emma preparar sus cosas. Cuando tuvo todo metido en una bolsa, se puso la ropa pre-mamá que Henry le había comprado.
«¿Qué parezco?» preguntó la joven
Regina puso sus ojos sobre su compañera y esbozó una sonrisa
«Estás magnifica. Pareces un ángel»
«No exageres» dijo Emma riendo
La morena se levantó, atrajo a la rubia hacia ella y la besó fogosamente. Era un beso lleno de amor y de tristeza a la vez. Emma hundió su rostro en los cabellos de Regina.
«Vendré a verte todos los días, cariño» dijo con una voz ahogada
Regina sintió cálidas lágrimas deslizarse por su cuello. Estrechó aún más su abrazo
«Te amo tanto»
«Yo también te amo» dijo Emma frotándose los ojos
Se oyeron unos golpes en la puerta y David entró en la celda
«Emma, es la hora»
La joven asintió antes de posar su mirada en Regina. Esta sonrió para tranquilizar a su amante
«Está todo bien, no te preocupes por mí. Te llamo esta noche, ¿de acuerdo?»
«Sí» dijo Emma «esperaré al lado del teléfono cada una de tus llamadas»
Se besaron una última vez antes de que la rubia tomara su bolsa y saliera de la celda dejando a Regina sola, con el corazón en pedazos…
Emma atravesó largos pasillos antes de llegar a la entrada principal de la prisión. David abrió la gran puerta que separaba a la rubia de la libertad.
«Buena suerte Emma y hasta pronto»
La joven abrazó al guardia
«Gracias por todo, quedaremos con Mary Margaret» dijo ella sonriendo.
«Cuento con ello»
«Cuida de Regina»
«No te preocupes por nada. Todo irá bien ahora que tiene a August de su parte»
La rubia se giró y vio que Henry la esperaba, apoyado en su coche, y con una sonrisa en los labios. Emma se precipitó hacia él y lo abrazó.
«Estás encantadora con ese conjunto» dijo él
«Gracias, ha escogido bien»
«Te lo ruego, Emma, vamos a vivir bajo el mismo techo, puedes tutearme»
«Ok…»
Henry abrió la puerta a su nuera. La rubia se subió si darse cuenta de que a lo lejos, en una esquina en penumbra, Neal la observaba. El padre de Regina metió las cosas de Emma en el maletero y se puso al volante.
«Bien, en marcha» dijo Henry sonriendo
Emma le devolvió la sonrisa antes de mirar una última vez el gran edificio que mantenía encerrada a su amada. Se mordió el labio para no llorar. Después de una media hora de camino en silencio, Henry decidió poner un poco de música para relajar la atmosfera. La rubia giró la cabeza hacia él, ligeramente preocupada
«Perdón por no estar muy charlatana» dijo ella
El hombre le ofreció una acogedora sonrisa
«No te preocupes, comprendo que puedas estar conmocionada»
«Sí» dijo la joven bajando la cabeza «y gracias por todo lo que haces por mí, es realmente muy amable»
«Es normal, ¿no? Eres la futura mujer de mi hija y la madre de mi nieto»
Emma entones posó su mano sobre su redondo vientre y sonrió tiernamente
«¡Estás escuchando bebé, tu abuelo es formidable!»
Henry miró a la rubia y sonrió. El resto del camino se hizo en silencio. Emma miraba por la ventana cuando divisó el cartel "Bienvenido a Storybrooke" delante de ella. Sonrió, acordándose de la conversación con Regina. Hicieron aún dos o tres kilómetros antes de parar ante una gran mansión. La rubia abrió desorbitadamente los ojos.
«No me digas que…»
«Y sí, bienvenida a tu nueva casa, Emma»
«¡Wow, pero es inmensa! Voy a perderme ahí dentro, ¡voy a necesitar un gps!»
Henry se echó a reír y bajó del coche, cogió las cosas de su nuera mientras que esta estaba en el porche, mirando todo a su alrededor, ensimismada. El hombre metió la llave en la cerradura y abrió la puerta dejando pasar a la joven. Emma se quedó parada ante la inmensidad del hall de entrada
«Dame tu chaqueta»
Emma se movió como un autómata. Henry sonrió ante la expresión de la rubia
«¿Te la enseño?»
«Heu…¡Sí!»
«De acuerdo, sígueme»
La joven siguió a su suegro, la hizo entrar en una estancia tan grande como el hall
«Aquí el salón»
«Es grandísimo y nunca había visto una tele tan grande, ¡parece que estamos en un cine!»
«Sí» dijo Henry sonriendo «con el home cinema así lo parece»
«Le home cine…Oh, mierda, ¡me va a gustar esto!»
Henry se echó a reír y propuso a la rubia que lo siguiera a otra estancia. Le enseñó el comedor, el despacho y la cocina. Emma no pudo evitar pensar que fue ahí donde Cora murió y donde la vida de Regina cambió para siempre.
«Te aviso, soy nula en la cocina» dijo Emma
«No te preocupes, yo adoro cocinar, te enseñaré si quieres»
«Será un placer»
Fueron después al jardín que estaba presidido por un gran manzano
«Regina adora las manzanas» explicó Henry
«Lo sé»
Emma cerró los ojos y recordó el día en que la morena le había prestado su champú de manzanas. Ese olor tenía ahora el don de tranquilizar a la rubia. Fue sacada de sus pensamientos por la voz de Henry
«Ahora te voy a enseñar las habitaciones»
La joven asintió. Subieron las escaleras y llegaron a un largo pasillo. Henry abrió una puerta la izquierda
«Está es la habitación de invitados»
Emma pasó la cabeza para ver la habitación
«¿Es aquí donde voy a dormir?»
«No» dijo el hombre sonriendo
«Ah…»
Henry cerró la puerta y avanzó para abrir otra también en la parte de la izquierda
«Este es el cuarto de baño. Hay una ducha, una bañera, un lavabo y los servicios»
La rubia se quedó con la boca abierta y no tenía sino un deseo: hundirse en un relajante baño espumoso. Salieron del cuarto de baño.
«Allí, en el fondo, está mi habitación y la puerta de allí, a la derecha es…»
Hizo una pausa antes de abrir la puerta y dejó entrar a Emma. Henry no tuvo necesidad de decir que era la habitación de Regina. El olor de la morena invadía las paredes a pesar de su larga ausencia. La joven puso su mano sobre la boca, conteniendo un sollozo. Al ver en qué estado se encontraba su nuera, Henry se acercó a ella con gesto tierno
«Todo irá bien» dijo él «Regina quiere de verdad que tú duermas aquí»
«No sé si lo lograré»
«Pero por supuesto que sí. Solo hace unas pocas horas que os habéis separado, es normal que sea duro. Ira a mejor con el tiempo. Y además, mañana la verás»
«Pero primero es necesario que pida una orden de visita»
«Ya está hecho»
Emma miró a su suegro sonriendo y lo abrazó tiernamente
«Gracias»
«De nada. Venga, te dejo que te instales. Toma, el teléfono, creo que Regina va a llamarte»
La rubia cogió el objeto y lo dejó sobre la mesa de noche. Cuando Henry salió, ella colocó sus cosas en el armario de Regina. Se echó en la cama, mirando hacia el techo. Intentaba imaginarse cómo había sido la vida de la morena entre esas paredes. Con una curiosidad repentina, rebuscó en el cajón de la mesa de noche. Puso un gesto de asco cuando encontró una caja de preservativos que lanzó al otro lado de la habitación. En el fondo del cajón, encontró una foto de Regina, sentada sobre un muro junto a un chico
«Seguramente es Daniel»
Ella observó la foto en detalle
«Bah, soy más sexy que él»
Volvió a meter la foto en el cajón y continuó su investigación. No encontró nada más interesante. Abrió entonces el armario de la morena y recorrió la ropa. Sacó una blusa y se la probó
«¡Qué idiota! Estoy embarazada, evidentemente que no cierra»
Emma volvió a colocar la blusa y se sobresaltó cuando el sonido del teléfono se escuchó
«¿Diga?»
«Tiene una llamada de la prisión de Boston, ¿quieres aceptarla?»
«¡Sí!»
La rubia esperó algunos segundos antes de escuchar la voz de su compañera resonar al otro lado del aparato
«¿Diga?»
«¡Oh, Regina!»
Un silencio se instaló y Emma sospechó que Regina intentaba no llorar
«Mi amor, ¿estás ahí?»
«Sí…¿Cómo…estás?»
«Estaría mejor si estuvieras aquí. ¡Estoy en tu habitación y tengo ganas de llorar porque tu olor está por todas partes!»
«¿De verdad? Pero hace tres años que no duermo ahí»
«Lo sé, pero invades este lugar» dijo Emma riendo
Un nuevo silencio
«Emma…Te echo de menos…»
«Yo también, cariño. Te prometo que mañana voy a verte y me quedaré contigo todo el tiempo que pueda»
«Dime, ¿cómo has encontrado la casa y mi habitación?»
«Es inmensa y muy bien decorada. Oh, y ¡el cuarto de baño! Podremos tomar un baño las dos. Tu habitación es perfecta. He intentado ponerme una de tus ropas, pero no quepo»
Regina se echó a reír, lo que hizo que la rubia sonriera de una forma bobalicona
«¿Olvidaste que estás embarazada?»
«Sí, un poco. Ah, y he mirado en tu mesilla de noche»
«Ah…»
«Sí…»
La morena parecía molesta
«He encontrado una caja de condones. ¡Mierda Regina!»
«Ah, sí, en efecto, había una. Pero nunca llegué a utilizarla»
«Bien, eso me tranquiliza. No, pero, espera un momento…si nunca la has utilizado, ¿eso quiere decir que eres virgen?»
Regina se quedó sin voz ante la pregunta de su futura mujer
«Heu…Emma, no es el momento de hablar de eso. Además, te tengo que dejar»
«¡Ya! Bueno, vale, mañana hablamos. Te amo mi amor. Voy a pensar en ti toda la noche»
«Yo también. Te amo. Hasta mañana. Buenas noches princesa»
«Buenas noches mi reina»
Emma colgó y se desplomó en la cama, los brazos en cruz, una sonrisa en el rostro. Solo tenía un deseo: que fuera ya mañana para ver a su amada…
