Capítulo 38
Después de la cita con Killian Jones, Henry llevó a Emma a la prisión para que esta pudiera visitar a su novia.
«Yo voy a aprovechar para ir a hacer algunas compras para la cena de esta noche» dijo él
«Heu…Sí, pero no cuentes conmigo, ceno fuera»
«¿Ah sí? ¿Con tus amigos?»
«Te lo explico después»
Ella le sonrió antes de cerrar la puerta del coche. Emma entró en el gran edificio gris y cogió un pase de visita. Se dirigió al locutorio y espero a que la morena apareciese. Algunos minutos más tarde, la puerta se abrió y Regina apareció. La rubia no pudo evitar sonreír bobaliconamente al verla. La presa sonrió también y besó a su compañera antes de sentarse en frente de ella.
«¿Cómo te sientes hoy?» preguntó Regina
«Bien, todo bien, pero empieza a ser duro, tengo ganas de que nuestro hijo salga de ahí» dijo la rubia sonriendo
«¡Yo también! Entonces, ¿fuiste a ver a mi abogado?»
«Sí. Y no sabía que me encontraría con un tipo joven y guapo»
Regina frunció el ceño ante las palabras de la joven, y sintió cómo una punzada de celos le devoraba las entrañas.
«En efecto, tiene cierto encanto»
Al ver la sonrisa de su futura mujer, la morena continuó
«Es más, intentó llevarme a la cama cuando nos conocimos»
«¿De verdad?»
«Sí, pero yo no estaba para aceptar su propuesta, estaba conmocionada, acababa de matar a mi madre, tenía otras cosas en la cabeza en ese momento»
«¿Y ahora?» preguntó Emma inocentemente
«Oh, pues ahora, tengo una mujer extraordinaria de la que estoy locamente enamorada y que va a tener un magnífico niño»
«Eres demasiado encantadora, cariño» dijo la rubia enrojeciéndose
Regina sonrió y se inclinó para depositar un tierno beso en los labios de Emma.
«¿Ha intentado ligar contigo?»
La rubia abrió los ojos de par en par ante la pregunta de la morena y sintió una ola de calor en su cuerpo
«Heu…¿Quién?»
«¡Killian!»
«¡No! Hablamos del proceso, de las personas que van a testificar y todo eso»
La joven se sintió aliviada, conocía bien a su abogado y sabía que siempre que se encontraba a una mujer que le gustaba se la intentaba ligar. ¿Quizás tenía preferencia por las morenas?
«De hecho, hay algo que no comprendo» dijo Emma sacando a Regina de sus pensamientos
«¿Qué?»
«¿Por qué Mulan va a testificar en tu contra? Pensaba que la guerra de jardín de infancia había acabado e iba mejor entre tú y la banda de esas tres»
Regina se echó a reír antes de volver a ponerse seria.
«Es a causa de Ariel y Aurora. Ellas hacen el amor donde sea y cuando les viene en gana, y hace algunos días, Mulan las sorprendió»
«¡Oh, mierda! No, ¡no me lo puedo creer! No pensaba que Ariel fuera tan obsesa»
«Créeme, lo es. Así que, seguramente por venganza y porque sabe que Ariel es nuestra amiga, ha decidido testificar en mi contra»
«¡Pero es una tontería!»
«Estoy de acuerdo, pero ¿qué quieres que haga?»
«No lo sé» dijo Emma impotente ante la situación.
Regina se dio cuenta de la tristeza en la mirada de su novia, le cogió la mano y se la apretó para demostrarle que ella estaba ahí
«Todo va a ir bien, ¿de acuerdo? No sirve de nada preocuparse desde ya»
«Tienes razón, mi amor»
La funcionaria anunció el fin de la hora de visitas. Emma se levantó dificultosamente y abrazo a su compañera.
«Te amo» susurró Regina al oído de la rubia
«Yo también»
Se besaron apasionadamente y la morena deslizó su mano por el vientre de su compañera
«Cuídate, y a nuestro bebé también»
«Ningún problema, y tú, cuídate también»
La presa asintió y dejó el locutorio no sin antes lanzar una última mirada a su amada.
Antes de volver con Ariel, Regina se dirigió a los baños para refrescarse. Hacía un calor asfixiante en la prisión. Entró y vio que Milah estaba allí, cepillándose el pelo. Cuando vio a la morena en el espejo, le mostró una gran sonrisa.
«¡Hey, hola, mi bella!»
Regina se puso a su lado y abrió el grifo
«No soy tu bella» dijo con voz fría
Milah perdió entonces su sonrisa y resopló de frustración, ya estaba harta de esperar a que la morena se decidiera a ofrecerle su cuerpo. Giró la cabeza y recorrió el lugar con la mirada, no había nadie, estaban solas. Era ahora o nunca. Cogió a Regina por el cuello de la camisa y la llevó contra la pared.
«Pero, ¿qué…?»
«¡Cállate! Estoy harte de ti y de tus miradas altaneras. Ya que no quieres entregarte a mí, me cogeré lo que me debes»
Milah agarró las nalgas de Regina que se movía para soltarse. Su mente recordó el momento en que Ruby casi la viola. Una cólera se apoderó de ella y con su mano libre, la empuja violentamente contra la pared. Milah perdió el equilibrio y cayó al suelo. La morena la levantó y la estampó a su vez contra la pared.
«Te prohíbo que me toques, ¿está claro? ¡Si lo vuelves a hacer, te mato!»
Ariel, que acababa de entrar en el baño, había escuchado las últimas palabras de su compañera.
«¡Regina!» gritó «¡No has eso! Piensa en tu proceso, si le haces algo, no tendrás posibilidad de salir de aquí»
La presa había girado la cabeza hacia su amiga. Debía reconocer que tenía razón. Sin darse cuenta, soltó el agarre y Milah soltó una risa sarcástica
«¡Ah, Regina, eres demasiado buena, eso te perderá!»
Antes de que pudiera reaccionar, la morena recibió un puñetazo por parte de Milah, y cayó al suelo, medio atontada. La pelirroja se puso a gritar y se precipitó hacia la joven para defender a su amiga.
«¡Zorra!»
A Milah no le costó deshacerse de Ariel, la cogió por los pelos y le estampó la cabeza contra la pared. Esta se derrumbó, inconsciente, la nariz llena de sangre.
«Una pena que no vayas a ver lo que le voy a hacer a su amiga»
Regina, intentaba levantarse, pero su cabeza le daba vueltas. Sintió entonces un peso sobre ella y vio que Milah la miraba, con una sonrisa maquiavélica en su rostro.
«Oh, ¡veo que te despiertas!»
Milah levantó la camisa de la morena y le agarró fuertemente los pechos. Con un esfuerzo sobrehumano, Regina movió su pelvis para poder desestabilizar a la joven. A esta no le gustó el gesto y le dio otro puñetazo a su antigua compañera de celda.
«No te muevas. No durará mucho»
La presa bloqueó los brazos de Regina con sus rodillas, importándole bien poco si la morena sufría o no. Con su mano izquierda, acarició duramente los pezones, pellizcándolos entre sus dedos.
«Te gusta esto, la violencia, eh»
La joven era incapaz de responder o de hacer un movimiento, estaba a merced de esta furiosa loca. Silenciosas lágrimas resbalaron por sus mejillas cuando sintió los dedos de Milah introducirse en ella y penetrarla violentamente. Milah había cerrado los ojos, estaba en su tripa y movía su pelvis al mismo ritmo que las penetraciones que infligía a Regina.
«Oh, sí, es muy bueno»
Milah se movía cada vez más rápido, mientras que la morena sufría el martirio, estaba siendo arañada en su interior, así como en sus pechos y en su vientre. Su verdugo se inclinó y le mordió el cuello prácticamente hasta hacerla sangre. Regina gritó, intentó zafarse y lanzó miradas desesperadas a su compañera, que yacía inconsciente a su lado. Milah retomó su lugar inicial y volvió a moverse, acariciando su intimidad al mismo tiempo que continuaba torturando a su presa bajo ella. Gemía fuerte pronunciando el nombre de Regina y terminó por correrse. Se dejó caer pesadamente sobre la morena, recobrando poco a poco su respiración. Milah separó algunos mechones de la cara de Regina y depositó un beso sobre el labio ensangrentado de la mujer
«Ha sido perfecto» dijo ella
Se levantó, se colocó bien su camisa y salió del baño, satisfecha. Regina aún estaba echada, los brazos doloridos por haber sido apresados con fuerza. Las lágrimas no dejaban de correr y su corazón acababa de romperse en mil pedazos. Acababa de ser violada sin haber podido defenderse, había sido débil y la debilidad no se perdona cuando se está encerrada en una prisión. Todo su cuerpo le dolía y pronto, sin darse cuenta, cayó en los abismos de la inconsciencia.
