Capítulo 40
Al día siguiente, Emma fue despertada por un ruido. Paso un tiempo antes de comprender que era el teléfono que vibraba. Alargó la mano hasta la mesilla de noche y lo cogió sin mirar quién era.
«¿Diga?» dijo con voz somnolienta
«Emma. Soy Mary Margaret, ¿te he despertado?»
«Heu…no…sí»
«Oh, perdón, lo siento»
«No importa, ¿todo bien?»
«Sí todo bien, te llamaba para decirte que no vinieras hoy a ver a Regina»
La rubia se incorporó y se sentó en la cama, ya bien despierta.
«¿Por qué? ¿Qué ha pasado?» preguntó con voz preocupada
«Nada, no te inquietes, creo que ha cogido la gripe»
La joven estaba perpleja
«¿Crees? ¡Eres enfermera, deberías saberlo!»
«Heu…Sí, pero es que aún no he tenido tiempo de examinarla bien. Tiene fiebre y debe descansar, ¿entiendes?»
«Sí» dijo Emma, aunque las palabras de su amiga no la convencían mucho.
«Bueno, debo colgar, tengo trabajo. ¡Hasta luego!»
«Adiós. Dale un beso a Regina de mi parte»
«Será dado, adiós»
Mary Margaret colgó y emitió un suspiro de alivio antes de posar su mirada sobre Regina que estaba acurrucada en una de las camillas de la enfermería. La pequeña morena se acercó y se puso a su lado, apoyando una mano sobre su hombro, en señal de consuelo.
«Ya he avisado a Emma. No creo que me haya creído. Deberías decirle lo que ha pasado»
La presa se giró lentamente hacia la enfermera y clavó su mirada perdida en la de la joven. Partía el alma verla con un ojo morado, casi negro, hematomas por todos el rostro, sin contar los morados en sus brazos y los arañazos en su pecho, en su vientre y entre los muslos.
«Mira en qué estado estoy» dijo Regina casi con un hilo de voz «Tengo tanta vergüenza que nunca podría mostrarle mi debilidad a Emma»
Mary Margaret suspiró
«Regina, estás en una prisión donde pueden pasar cosas horribles, te han sucedido cosas terribles y sin embargo, estás aquí, y tú no eres débil, vas a superarlo, es verdad, va a llevar su tiempo, pero lo conseguirás. Piensa en Emma, en tu bebé que no tardará en nacer y sobre todo en la posibilidad de que salgas muy pronto. No te rindas»
Como única respuesta, la morena se giró hacia el muro y dejó correr sus lágrimas. Se repetía sin cesar en su cabeza la escena de los baños. Volvía a ver a Milah abusando de ella. Al ver que el estado mental de su amiga empeoraba de nuevo, Mary Margaret decidió administrarle un somnífero.
«Toma, tienes que descansar» dijo la enfermera tendiéndole una pastilla y vaso de agua.
«Gracias»
Regina bebió un gran trago de agua y se tragó el medicamento. Se acostó, rezando para que Morfeo viniera a su encuentro lo más rápido posible.
Henry estacionó en el parking de la prisión. A comienzos de la tarde, Emma le había pedido que la llevara porque quería ver a Ariel, ya que Regina estaba enferma.
«No voy a tardar mucho, ¿me esperas?»
«Sin problema y cógete el tiempo que quieras, sé que hace tiempo que no ves a tu amiga»
La rubia sonrió y besó a su suegro en la mejilla.
«Gracias»
La joven bajó del coche y se dirigió a la prisión. Entró, tomó su pase de visita y esperó en el locutorio. Algunos minutos más tarde, Ariel hizo su entrada. Emma se quedó sorprendida al ver en qué estado se encontraba la pelirroja. Tenía la ceja hinchada y una gran venda le envolvía la nariz como si esta estuviera rota.
«Mierda, Ariel, ¿qué te ha pasado?»
«Oh, Emma, estoy tan contenta de verte» dijo la joven con una débil sonrisa
«Yo también, pero ¿quién te ha hecho eso?»
La presa estaba en un aprieto. No podía decirle la vedad a la rubia, eso la haría entrar en pánico y eso sería peligroso para el bebé. Buscó rápidamente una excusa plausible para contarle
«Bueno…fue…Mulan»
«¡Oh!»
«Sí, me pillo con Aurora y no le gustó, y me hizo una llave de kung-fu»
«¡Ay! No hay que meterse con las asiáticas, ¿eh?»
«Tú lo has dicho» dijo Ariel bajando la mirada
Emma cogió las manos de su amiga para reconfortarla
«Hey, vas a recuperarte y además tienes que ver el lado bueno de las cosas, ahora tienes a Aurora para ti sola»
«Sí»
«¿Y Regina? ¿Lo sabe? ¿Cómo ha reaccionado? ¿Te protege contra el kung-fu panda?» dijo Emma para hacer reír a la pelirroja
Al oír el nombre de la morena, Ariel levantó rápidamente la cabeza y clavó una mirada asustada en la de la rubia. Se sentía tan culpable por no haber podido ayudar a la joven. Fue demasiado para sus nervios, la presa estalló en lágrimas
«Em, lo siento tanto, ¡si supieras!»
«Ariel, cálmate, ¿de acuerdo? En los sentimientos no se manda, lo sé muy bien. Y además Mulan acabará por acostumbrarse»
«No, no lo entiendes» continuó la joven entre sollozos
«¿Qué debo entender?» dijo Emma con una dulce voz
Ariel intentó calmar los espasmos de su cuerpo, se sonó ruidosamente y miró a la rubia con gesto compungido
«Ha pasado algo grave con Regina» comenzó ella
«¿Cómo? ¿No tiene la gripe?»
La presa movió la cabeza. Emma sintió una bola formarse en su estómago, su corazón se puso a bombear en su pecho y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no perder la calma y entrar en pánico.
«¿Qué ha pasado?» preguntó la rubia al borde de la histeria
«Ayer, al caer la tarde, yo estaba en el pasillo oeste cuando escuché gritos. Me dirigí a los baños y vi a Regina que amenazaba a Milah con matarla. La hice entrar en razón diciéndole que debía tener cuidado, que podía comprometer su proceso, ¿entiendes?»
«Sí» dijo Emma, el corazón a mil por hora «¿Y después?»
«Bien, ella soltó a Milah y esa loca aprovechó para golpearla. Regina cayó al suelo, medio inconsciente»
«¡No puede ser verdad!»
«Sí, y cuando vi eso, te juro que me lancé contra Milah para intentar pararla, pero ella me empujó, me cogió de los pelos y me estrelló la cabeza contra la pared»
Emma abrió desorbitadamente los ojos espantada
«¿Quieres decir que ella te hizo eso y no Mulan?»
«Sí» dijo Ariel, avergonzada por haberle mentido abiertamente a su amiga
«Continúa»
«Caí al suelo inconsciente. Y cuando me desperté, Regina…ella…Regina…»
Ariel estalló en llanto de nuevo reviviendo la escena. La rubia estaba cada vez más aterrada y sacudió a la presa para que continuara el relato
«¿Y después? ¿Qué pasaba con Regina?» gritó
La pelirroja inspiró profundamente ante de continuar
«Ella estaba en el suelo, los ojos cerrados, el rostro ensangrentado, era horrible. Me arrastré como pude hacia ella, tenía tanto miedo de que estuviese muerta. Me sentí aliviada cuando note su pulso bajo mis dedos»
Emma se relajó y comenzó a respirar, sin darse cuenta, había contenido la respiración durante toda la explicación de la joven.
«En ese momento vi que su camisa estaba levantada, su sujetador medio arrancado y tenía arañazos por todo el pecho y el vientre. Y sus pantalones también estaban bajados»
Fue como si el cielo acabara de caerse sobre la cabeza de Emma. Tenía la impresión de estar cayendo por un precipicio.
«No me digas que…»
La rubia no tuvo fuerzas de acabar su frase, un nudo se formó en su garganta y unas lágrimas silenciosas comenzaron a rodar por sus mejillas. Ariel elevó una mirada culpable hacia su amiga
«Sí, lo siento de verdad, no pude hacer nada para impedir que Milah abusara de Regina. Me siento tan culpable. Te pido perdón Emma»
Ariel comenzó a llorar de nuevo, pero Emma no la escuchaba. Se sentía terriblemente culpable. Mientras que Regina, la mujer que amaba sobre todas las cosas, era violada, ella pasaba una agradable velada con Killian Jones. Se daba asco y tenía ganas de vomitar. La rubia tomó consciencia del lugar en el que se encontraba cuando sintió a la pelirroja sacudirla.
«¿Dónde está Milah ahora?»
«Ha sido llevada a aislamiento para periodo indeterminado»
Emma se sintió algo aliviada
«¡Necesito ver a Regina ahora mismo!»
«No creo que sea una buena idea. No está realmente bien»
«Precisamente, me necesita»
La joven se levantó precipitadamente
«Te dejo Ariel, gracias por haber sido honesta conmigo»
La presa no tuvo tiempo de responder, la rubia ya había salido del locutorio. Se dirigió lo más rápido posible hacia el coche de Henry. Este abrió la puerta y salió.
«Emma, ¿estás bien?» preguntó al ver el rostro descompuesto de su nuera.
«¡No! Tengo que ver a Regina ahora. ¿Puedes llamar a August para que me permita verla a solas, por favor?»
«¿Qué ha pasado?»
«Yo…Nada, te lo explicaré cuando haya visto a Regina»
El hombre no dijo nada más y bajó la cabeza. Cogió su teléfono y tecleó el número de August. Después de algunos minutos de conversación, colgó y se giró hacia Emma.
«Está bien, puedes ir a verla…»
