Capítulo 42
Emma y Henry estaban en el coche de camino al tribunal. El día del juicio habían finalmente llegado y la rubia se sentía nerviosa y angustiada. Daba vueltas compulsivamente a su alianza de compromiso alrededor de su dedo anular de la mano izquierda. Henry miraba a su nuera y al ver su ansiedad, le apoyó una mano en su brazo en un gesto reconfortante.
«Relájate» le dijo sonriendo «Todo va a ir bien, estoy convencido»
«No consigo calmarme. ¿Te das cuenta de que es hoy cuando sabremos si Regina va a salir o quedarse más de diez años en esa prisión?»
«Sí, lo sé, pero no sirve de nada angustiarse, piensa en el bebé»
Emma suspiró, debía reconocer que su suegro tenía razón. Encendió la radio con el fin de pensar en otra cosa. La rubia se puso a canturrear al escuchar la canción de Lily Allen. Henry esbozó una sonrisa y devolvió su atención a la carretera. Llegaron al Palacio de Justicia. Henry estacionó cerca de la entrada y ayudó a Emma a bajar del coche. Una vez dentro del edificio, se fueron a sentar en las sillas situada en el pasillo. El abogado de Regina llegó, vestido de negro. Se acercó con una sonrisa radiante en los labios.
«Buenos días, señor Mills» dijo estrechándole la mano «Señorita Swan, estoy contento de volver a verla»
La rubia le dedicó una sonrisa medio crispada y murmuró un "buenos días". Henry se aclaró la garganta.
«Buenos días, ¿ha visto a mi hija esta mañana?»
«Sí, está nerviosa, pero está bien»
«¿Podremos verla antes de que comience el juicio?» preguntó Emma, llena de esperanza
«Desgraciadamente no»
La joven bajó tristemente la cabeza. En ese momento llegaron Mary Margaret y David. La enfermera se acercó rápidamente a su amiga
«Emma, ¿cómo estás?»
«Nerviosa, pero bien, ¿y tú?»
«Yo también. Tengo miedo, es la primera vez que se me llama para testificar y además, por lo que se cuenta, el abogado de Gold es un hueso duro de roer»
«¡Oh! Espero que todo vaya bien para Regina»
Killian se colocó al lado de la rubia y le ofreció una sonrisa tranquilizadora
«Pero yo soy más cabezón que él, no pretendo dejarle ganar»
Tranquilizada por las palabras del abogado, Emma volvió a sentarse al lado de Henry. Un cuarto de hora más tarde, pudieron finalmente entrar en la sala de audiencias. Killian se instaló delante, mientras que los otros cuatro se sentaron justo detrás de él. George King hizo su entrada con el Señor Gold. Dedicó una mirada altanera a su colega antes de ir a colocarse en su sitio. No había jurado, la decisión final sería únicamente tomada por el juez.
«En pie, por favor» dijo el alguacil «su Señoría el juez Leopold White»
Las personas de la sala se pusieron de pie y esperaron la entrada del hombre en cuestión. Leopold se sentó y ordenó a los presentes que hicieran lo mismo. Los policías hicieron pasar a continuación a Mulan y a Ruby, las dos esposadas, mientras que Jefferson estaba sentado no lejos de Gold.
«Que entre la acusada» dijo el juez con una voz fuerte que hizo temblar a Emma
Una puerta al final de la sala se abrió y Regina apareció entre dos policías, los puños aprisionados con las esposas. Se sentó al lado de su abogado. La morena se giró y guiñó un ojo y le dedicó una sonrisa tranquilizadora a su compañera.
«Bien, estamos aquí para revisar el caso de la señorita Regina Mills, acusada y puesta en prisión por la muerte de su madre, Cora Mills» dijo Leopold «letrado Jones, puede llamar a su primer testigo»
Killian se levantó y miró al juez
«Su señoría, llamo a declarar a Henry Mills, padre de mi clienta»
Henry inspiró profundamente para darse valor. Bajo esos aires de hombre seguro de sí mismo, no las tenía todas consigo. Se sentó en la silla destinada a los testigos, levantó la mano derecha y juró decir toda la verdad. Jones se acercó
«Señor Mills, ¿puede contarnos lo que ocurrió el día de la muerte de su esposa?»
«Ese día yo estaba en el Ayuntamiento, trabajaba en un expediente complicado cuando recibí un email anónimo»
«¿Qué había en ese correo?»
«Una foto de Cora y de Gold besándose en el parque de Storybrooke»
«¿Qué hizo usted?»
«Continué trabajando, pero no podía concentrarme, la verdad. Quería explicaciones, entonces decidí volver antes a casa»
«Cuando entró en casa, ¿estaba Cora allí?»
«Sí, estaba en la cocina preparando la cena»
«¿Y dónde se encontraba Regina?»
«En su habitación»
«Muy bien. ¿Qué le dijo a su mujer?»
«Le enseñé la foto y le pedí explicaciones. Intentó negarlo, pero en seguida se dio cuenta de que era inútil. Me confesó que Gold era su amante desde hacía un año»
«¿Cuál fue su reacción ante esa revelación?»
«Me desplomé. La amaba tanto. Trabajaba mucho para que ni a Cora ni a Regina le faltaran de nada. Saber que mi mujer me engañaba, me rompió el corazón»
«Me lo imagino» dijo Killian, compadecido «¿Y después?»
«Le dije que nunca podría perdonárselo y que quería el divorcio. Se encolerizó porque sabía que sin mí, lo perdía todo. El poder y el dinero»
«Y también a su hija…»
Henry miró tristemente a la presa
«No. Cora pasaba de Regina. Para Cora nunca nuestra hija hacía nada bien y siempre le pedía más»
«¿Cree usted que por eso mi cliente mató a la señora Mills?»
«¡No! A pesar de que su madre era una tirana con ella, Regina la amaba con un amor inconmensurable»
«¿Qué pasó después?»
«Cora se puso loca y me amenazó con un gran cuchillo de cocina. Regina tuvo que oír nuestra pelea porque bajó y nos encontró en la cocina. Vio a su madre con el cuchillo en las manos e intentó razonar con ella. Cora no quería escuchar, al contrario, se volvió hacia Regina, le dijo cosas horribles y se lanzó sobre ella. Regina se defendió y antes de darme cuenta de lo que había pasado, Cora yacía en el suelo, el cuchillo clavado en el corazón, murió en el acto»
Un silenció cortante se instaló en la sala antes de que Killian retomara la palabra
«No tengo más preguntas, su Señoría»
El abogado volvió a su sitio, y George se levantó
«Señor Mills, ser el alcalde de un pequeño pueblo no debe ser fácil, ¿verdad?»
«En efecto, hay mucho que hacer» respondió Henry, no viendo a dónde quería ir a parar el abogado
«No lo dudo. ¿Ha llegado a tener tanto trabajo que ha llegado a descuidar a su mujer?»
«Heu…Sí»
«¿Con qué frecuencia mantenía relaciones sexuales con Cora?»
Killian se levantó de un salto
«¡Protesto! ¡Eso no tiene nada que ver con el tema!»
«Su Señoría» continuó King «intento probar que Cora se sentía tan sola que terminó por buscarse un amante»
«¡Petición denegada! Responda a la pregunta, señor Mills»
Henry estaba incómodo. Miró a Regina que le hizo un ligero movimiento de cabeza para darle ánimos. Se sentía mal al tener que abordar su vida sexual delante de su hija, pero no tenía alternativa ya que el asqueroso abogado esperaba una respuesta.
«Diría que hacíamos el amor tres veces al mes»
George frunció el ceño
«Estará de acuerdo conmigo en que es muy poco»
«Sí»
«¿Era usted atento con su mujer?»
«Yo la amaba, pero cuando se metía con Regina, lo que sucedía habitualmente, no tenía muchas ganas de estar con ella»
«¿Comprende que ella se buscara un amante que la amara y cuidara de ella en su lugar?»
«No. Si realmente era infeliz conmigo, no tenía sino que divorciarse, pero no lo hizo porque quería mi dinero»
«Esa es su opinión» dijo el abogado sonriendo «en mi opinión, usted no conocía lo suficiente a su mujer para saber lo que ella quería realmente»
Henry no respondió, pero fusiló al hombre con la mirada
«Bien. No tengo más preguntas, su Señoría»
El padre de Regina volvió a sentarse en su sitio, miró con aire compungido a su hija que le sonrió para reconfortarlo. El abogado de Gold llamó a su testigo que no era otro sino el anterior director de la prisión. El hombre pronunció el juramento y esperó a que King comenzase su interrogatorio.
«Háblenos de su relación con Cora»
«La conocí en Storybrooke, yo había ido a ese pequeño pueblo por negocios. Quería abrir una tienda de antigüedades. Tuve un flechazo hacia esa magnífica mujer. Me acerqué a ella y charlamos. Nos seguimos viendo regularmente y acabamos por convertirnos en amantes»
«¿Le hablaba ella de su marido?»
«Sí, decía que él nunca estaba y cuando estaba en casa, solo tenía ojos para su hija»
«¿Nunca le pidió a Cora que se divorciase?»
«No, porque sabía que ella no quería separarse de Regina. La quería mucho»
«¿Qué sabrás tú, idiota?» gritó la morena
«Letrado Jones, calme a su cliente, se lo ruego»
«Sí, Señoría»
Killian le susurró a Regina que se tranquilizase si no quería comprometer sus posibilidades de salir de la prisión. Esta asintió y apretó la mandíbula para no explotar de rabia.
«¿Cómo reaccionó cuando se enteró de la muerte de Cora?»
«Me hundí. Ella era la mujer de mi vida y cuando supe cómo había muerto, no me sorprendió en absoluto»
«¿Por qué?»
«Porque ella me había comentado los cambios de humor de Regina. Algunas veces se volvía muy violenta contra su madre»
Regina se levantó bruscamente
«¡Es completamente falso!»
Un murmullo invadió la sala. El juez golpeó con su martillo para llamar al orden
«Señorita Mills, si continua interrumpiendo el interrogatorio, la haré salir de la sala, ¿está claro?»
«Sí, su Señoría» dijo ella volviéndose a sentar
Una vez todo en calma otra vez, King continuó
«Así que Regina era violenta…»
«Sí y pude constatar que Cora decía la verdad. Yo era director de la prisión de Boston, donde Regina fue encarcelada. Tuvimos muchos problemas con ella. Una presa se rompió el brazo por su culpa. Al conocer su gran temperamento, tomé medidas radicales encerrándola en la celda de aislamiento»
George sonrió satisfecho del giro de los acontecimientos
«No tengo más preguntas, su Señoría»
Jones iba a levantarse cuando la morena lo retuvo por el brazo
«Es el momento de probar que es el mejor abogado. Sabe tan bien como yo que todo lo que ha dicho no es más que una sarta de mentiras»
«Sí, lo sé. Confíe en mí» dijo él guiñándole un ojo
Killian se dirigió hacia Gold
«Señor Gold, usted era un director justo»
«En efecto» dijo orgulloso
«Entonces, ¿por qué fue despedido de la prisión?»
«Hmm, hmm…restricción de personal»
«¡Evidentemente!» dijo el abogado
Se giró hacia la sala, fingiendo que pensaba, se cruzó con la mirada de Emma y le ofreció una encantadora sonrisa, casi pícara. A Regina no se le había escapado nada de la escena y se crispó sintiendo cómo los celos se apoderaban de ella. Miró a su compañera que tenía un gesto extraño, ella entrecerró los ojos, determinada a saber qué le escondía la rubia. La voz de Jones la sacó de sus pensamientos y devolvió su atención al interrogatorio.
«Le voy a decir la verdad de su despido. Envió a Regina a aislamiento después de un pequeño incidente con una presa, cierto. Pero se le ha olvidado decir que envió a uno de sus esbirros, Jefferson Capel, a maltratar a mi clienta. Pero su plan fracasó»
«Mentira. Nunca hubiera hecho una cosa así» dijo Gold con falsa indignación
«Su Señoría» dijo Killian «he aquí el informe del señor August Booth, el superior en aquellos momentos del señor Gold. Se lo dejo para que lo lea»
«¡Protesto!» dijo King «no he tenido conocimiento de ese informe»
«Solo tenía que pedirlo» dijo Jones
«Petición denegada, deme ese informe»
El juez echó una ojeada al expediente y miró con severidad a Gold
«¿Sabe que mentir bajo juramento está penado por la ley?»
«Heu…yo…»
De repente, Gold había perdido la palabra. Emma tenía ganas de gritar de alegría, pero se contuvo, no quería provocar un escándalo.
«No tengo más preguntas»
El testigo volvió a su sitio. El antiguo director estaba que trinaba ante la incompetencia de su abogado. Sin esperar un minuto más, Killian llamó a Mary Margaret a testificar. Esta se levantó, estaba tensa ante la idea de decir una tontería. Juró como los otros dos antes de sentarse
«Señorita Blanchard, ¿cuál es su trabajo en la prisión?»
«Soy enfermera»
«¿Ha tenido usted que curar a Regina de heridas importantes? Si es que sí, explíquenos las circunstancias»
«Tuve que curar a Regina cuando salió de la celda de aislamiento. Estaba medio muerta, tenía hematomas por todo el cuerpo y tuve que coserle el labio. Solo hay que ver la cicatriz para ver que no miento»
Leopold giró la cabeza hacia la acusada para verificar las palabras de la morena.
«¿Quién le hizo eso según su opinión?»
«Uno de los guardias, Jefferson»
«¿Está presente en la sala?»
«Sí»
«¿Puede señalarnos dónde?»
Mary Margaret apuntó con un dedo tembloroso al hombre en cuestión. Toda la sala se giró hacia él. Parecía turbado y no sabía dónde meterse.
«¿Es la única vez que ha tenido que curar a Regina?»
«No. Recientemente ha venido a la enfermería porque una de las presas la había agredido»
«¿Qué tipo de agresiones?»
La enfermera se calló, miró a Regina que estaba al borde de las lágrimas pensando en lo que Milah le había hecho.
«Fue…violada»
Killian se quedó con la boca abierta, no tenía conocimiento de esa información capital. La gente murmuraba alrededor. Se giró hacia su clienta y vio que estaba a punto de estallar en llanto
«Su Señoría, pido un descanso, por favor»
«Pausa acordada, retomaremos en quince minutos»
