Llegamos al último capítulo de esta historia. Espero que os haya gustado. Próximamente traduciré otra de esta misma autora, también bastante emocionante, pero no será AU, en ella veremos a nuestras heroínas, habrá magia, dolor y por supuesto mucho amor.

Que disfrutéis de este último capítulo.

Capítulo 46

«¿Crees que nos ve desde allá arriba?»

«Estoy segura. Él nos cuida»

«Me hubiera gustado mucho conocerlo»

«Créeme, a él le hubiera gustado también»

Regina y Henry se encontraban en el cementerio, ante la tumba del padre de la joven. Hacía diez años que había sido asesinado por Neal. Diez años que Regina había salido de la cárcel y diez años que Henry había nacido. De común acuerdo, Emma y Regina decidieron contarle la verdad sobre cómo se conocieron y todo lo que pasó después. Evidentemente, el muchacho había preguntado sobre su padre y la rubia no había dudado en contarle los hechos tal cual pasaron. Se había sorprendido, pero sus madres habían encontrado las palabras justas para tranquilizarlo.

«Cariño, ¿nos vamos? No querría llegar tarde a tu fiesta de cumpleaños» dijo la morena sonriendo

«¡Sí! Tengo ganas de ver mis regalos» dijo excitado

Subieron a la berlina negra y se dirigieron directamente a la casa. Después de la muerte del alcalde de Srotybrooke, tuvieron lugar nuevas elecciones. Los habitantes, al apreciar a Henry y al haberse conocido todo sobre el proceso de Regina, decidieron ponerla a la cabeza del pueblo. Dos años más tarde, cuando Henry tuvo edad para ir a la escuela, Emma se aburría en la gran casa vacía, así que Regina le propuso presentarse al puesto de sheriff. La rubia se había asustado un poco ante esa idea, pero terminó presentándose y fue elegida para su gran sorpresa. Su boda fue algunos meses más tarde en presencia de sus dos testigos: David y Mary Margaret. Habían preferido hacer una boda íntima, con sus más allegados y su hijo.

«¿Emma? ¡Ya hemos llegado!»

«Estoy en el jardín» gritó la joven

Henry y la morena fueron a su encuentro. Estaba ocupada asando las salchichas y otros alimentos en la barbacoa.

«¿Todo bien?» preguntó Regina

«Oh, sí, solo que esta barbacoa no quiere funcionar correctamente»

La joven echó un ojo para verificar las palabras de su mujer

«A mí me parece que va bien»

«Bueno, ya veremos cuando comamos»

El timbre sonó y Henry se precipitó hacia la puerta para abrir, dejando a sus dos madres solas.

«Regina Swan-Mills, ¿no ha olvidado usted algo?» dijo Emma con una pícara sonrisa

La morena puso los ojos en blanco y sonrió. Entones agarró a su mujer por la cintura y le dio un tierno beso en los labios. Emma abrió la boca para jugar con la lengua de Regina que gimió ante tal contacto.

«¡Por lo que parece no habéis cambiado!»

Las dos jóvenes se separaron riendo

«Tú tampoco, siempre interrumpiendo»

Emma abrazó a David, mientras que Regina hacía lo mismo con Mary Margaret. La pareja se había instalado en Storybrooke un año después de la puesta en libertad de la morena. La enfermera había encontrado trabajo en la escuela del pequeño pueblo, y el guardia había renunciado recientemente a su trabajo en la prisión para convertirse en adjunto de la rubia, cosa que agradaba mucho a esta.

«Sentaos, voy a buscar el aperitivo» dijo Regina en el perfecto papel de anfitriona

Henry llegó corriendo

«¡Mamá! Mira lo que Mary y David me ha regalado» dijo él blandiendo orgullosamente dos espadas.

«Oh, es genial» dijo entusiasta Emma, «vas a poder jugar a ser un caballero»

«¡Sí! David, ¿vienes a jugar conmigo?»

El joven aceptó y pronto el jardín fue invadido por golpes de espada.

«Se puede decir que tú eres el príncipe encantador» dijo Henry

«Y yo, ¿quién soy?» preguntó Mary Margaret

El joven muchacho se paró un momento para pensar

«Bien, tú serás Blancanieves»

El rostro de la enfermera se descompuso

«¿Blancanieves? ¿Por qué ella?»

«¡Porque te pareces!»

«Yo…¿Qué? ¡Oh, no! ¿No puedo ser otra princesa? No sé, la sirenita, por ejemplo»

«No, porque la sirenita soy yo, ya tengo su nombre»

«¡Ariel!» gritó Henry lanzándose al cuello de la pelirroja «estoy muy contento de verte»

«Yo también, pequeño. Ten, de parte de Aurora y mío»

Henry cogió el paquete y lo desenvolvió con la rapidez de un rayo. Era un suéter con las caras de las tortugas ninja. Besó a ambas mujeres para darles las gracias antes de poner la prenda sobre una silla.

«Bien, David, continuamos» dijo él empuñando su espada, decidido a ganar la pelea.

Regia llegó con los vasos y las cosas de picar. Sirvió a sus invitados antes de sentarse tranquilamente al lado de sus amigas. Henry se dirigió a Emma

«Mamá, ¿juegas con nosotros?»

«No, chico, no quiero que se quemen las salchichas. Pregúntale a tu madre»

La morena frunció el ceño

«¿Jugar a qué?»

«A los caballeros del Bosque Encantado. David es el príncipe encantador, Mary es Blancanieves y tú tendrás que ser la reina malvada»

«¿Por qué tendría que ser la mala?»

«Porque das miedo cuando te enfadas conmigo. Y además, si quieres, yo hago del rey malvado, y juntos destruiremos la felicidad de los buenos»

Regina abrió de par en par los ojos y se viró rápidamente hacia su mujer

«¡No me digas que le has dejado ver "La guerra de los mundos"!»

«¿Qué? No, por supuesto que no» dijo la rubia bajando la mirada hacia los alimentos

«¡Y además te atreves a mentirme!»

Emma tragó saliva con dificultad. Debía reconocer que su hijo tenía razón, cuando Regina se enfadaba, podía realmente dar mucho miedo.

«Bueno, esto ya está hecho» dijo para cambiar de tema, «Ariel, Aurora, ¿podéis traer los platos, por favor? Están en el armario encima del fregadero»

Las dos mujeres asintieron y entraron en la casa. La rubia dejó el tenedor y se dirigió a su mujer para abrazarla.

«Gina, no te enfades, prometo que no le volveré a dejar ver ese tipo de películas»

«Sí»

Emma dejó una lluvia de besos en el cuello de la morena, lo que la hizo suspirar.

«Muy bien, estás medio perdonada»

«Sabré hacerme perdonar completamente» dijo con una voz llena de deseo.

Regina sintió escalofríos y se separó de la sheriff para servirse un vaso de sidra.

«Están tardando en traer los platos» dijo la rubia «tengo hambre»

Sin esperar más, se dirigió a la cocina y se quedó parada al ver a Ariel, acostada sobre la superficie de trabajo, la blusa levantada. Aurora le lamía los pechos, mientras que su mano derecha estaba en los pantalones de la pelirroja. Emma sintió una ola de calor por todo el cuerpo. Se tomó un tiempo antes de tranquilizarse.

«¿Pero qué carajo hacéis sobre MI superficie de trabajo en MI cocina? »

Las dos jóvenes se sobresaltaron e intentaron poner en su lugar sus ropas.

«Buscábamos los platos» dijo Aurora riendo

«Bueno, me asombraría que los encontraras en las bragas de Ariel. ¿Os imagináis si hubiera entrado Regina o peor, Henry?»

«Regina, ella tiene la costumbre…»

«¡Cállate!»

Ariel miraba sus zapatos, demasiada incómoda, mientras que Aurora se divertía ante la situación. Emma se dirigió al armario, cogió los platos y se los tendió a sus amigas.

«¡Al jardín inmediatamente! Hay hambre»

La rubia se tomó un momento por poner en orden sus emociones. Por más que intentaba pensar en otra cosa, veía la escena en su cabeza y sentía unas ganas inmensas de Regina ahora mismo. Salió para ir al encuentro de sus invitados. Cuando todo el mundo se hubo servido, Emma se sentó al lado de su mujer. La comida transcurrió en un ambiente sereno y tranquilo. Después de haber comido, la rubia apoyó indolentemente su mano derecha en el muslo de Regina. Esta no prestó atención hasta que la mano de Emma subió peligrosamente hacia su entrepierna. La morena la rechazó discretamente y la fusiló con la mirada para hacerle comprender que no era ni el lugar ni el momento. La alcaldesa se levantó para quitar la mesa e ir a buscar el pastel. Henry sopló las velas bajo los aplausos antes de coger un gran trozo.

«¡Está muy buena mamá!» dijo él

«¿La hiciste tú?» preguntó Mary Margaret a Regina

«Sí, porque puedo dejarle la barbacoa a Emma, pero ni hablar de la pastelería»

«¡Eh!» dijo la rubia fingiendo estar herida

Se echaron a reír sabiendo que la morena tenía razón.

«Mamá, no he recibido vuestro regalo» dijo Henry enfurruñado

«Estaba esperando a que acabaras con el pastel. Voy a buscarlo» dijo Regina.

Se excusó y se levantó para ir a la habitación. Abrió su armario y cogió el paquete para su hijo. Se sobresaltó al sentir dos manos aferrándose a su pecho y unos labios calientes en su cuello. Se dio la vuelta y se dio de frente con su mujer.

«Me asustaste»

«Perdón, no quería»

«¿Qué ocurre?»

«Nada. Solo…que te deseo tanto»

Sin dar tiempo a Regina para responder, Emma capturó los labios de Regina en un apasionado beso. Cogió el regalo de Henry y lo dejó en el suelo antes de aferrar las nalgas de la alcaldesa para levantarla y apoyarla en la cama.

«Emma, tenemos invitados»

«Chut…Me vuelves loca con esta falda»

La sheriff pasó sus manos bajo la falda de la morena y sacó de un golpe las braguitas. Regina gimió, ella tenía ganas de sentir los dedos de su mujer, pero sabía que no era razonable. Empujó suavemente a la rubia y se levantó

«¿Qué haces?» dijo Emma completamente perdida

«Bajo, Henry espera su regalo»

La rubia le ofreció una sonrisa traviesa

«Señora Alcaldesa, si no vuelve inmediatamente a esta cama, me quedaré con sus bragas»

Regina la miró un momento y se encogió de hombros

«Me da igual, quédatelas si eso te complace»

Salió dejado a Emma con la boca abierta, pero excitada ante la idea de que su mujer estaba con la falda, pero sin nada debajo. Se levantó y bajó para unirse a los demás.

Henry había saltado de alegría al ver el regalo de sus madres: una videoconsola. Pidió probarla en seguida y David le propuso ayudarlo con los cables, y juntos jugaron una partida a Tekken. Finalmente, después de haber sido ganado cinco veces, el ex guardia se retiró. Sobre las ocho, las dos parejas decidieron marcharse para dejar que la pequeña familia disfrutara de un momento a solas. Henry no había dejado su consola.

«Henry, te dejo diez minutos, en lo que recojo el jardín, después apagas y te vas a acostar» dijo Regina

«Sí, mamá»

«Emma, ¿me ayudas?»

«En un minuto»

La rubia esperó a que la morena estuviera fuera antes de hablarle a su hijo.

«Mañana te doy un gran helado si sigues jugando al menos una media hora»

El muchacho frunció el ceño

«¿Por qué?»

«No preguntes. ¿Trato o no?»

«Depende. ¿Tendré derecho a chocolate y chantilly?»

«¡Todo lo que quieras!»

Henry sonrió y golpeó la mano de su madre

«¡Trato!»

«¡Gracias!»

Emma salió precipitadamente del salón para salir al jardín.

«Regina, deja eso y ven a sentarte cinco minutos» dijo ella echándose en una hamaca «hace buen tiempo y el cielo estrellado es magnífico»

La morena suspiró ante la mirada de súplica de su mujer, y cedió. Quiso sentarse entre las piernas de la rubia pero esta se lo impidió y la giró para que se pusiera a horcajadas sobe ella.

«Hmmm…¿tienes una idea en la cabeza?» dijo la alcaldesa sonriendo.

«Puede ser. ¿Sigues sin bragas?»

Regina giró la cabeza hacia la casa para verificar que Henry no estaba cerca.

«Solo tienes que comprobarlo» le susurró

La rubia sonrió y acarició delicadamente los muslos de la joven. Subió lentamente hacia la intimidad de su mujer y gimió al sentir hasta qué punto Regina estaba mojada. Con su dedo, acarició el sexo de la morena de arriba abajo. Su mano izquierda subió y desabotonó la blusa de la ex presa. Besó el nacimiento de sus pechos y desabrochó el sujetador de su amante. Regina gimió y pasó una mano por detrás de la nuca de Emma para acentuar la presión de su lengua sobre su pezón endurecido por la excitación. La rubia introdujo entonces dos dedos en la intimidad de la alcaldesa que se mordió el labio para no gritar de placer. La sheriff comenzó a penetrarla, metía y sacaba sus dedos, y con su pulgar acariciaba el clítoris de su mujer.

«Oh…sí…Em…más rápido»

La morena dejó caer la cabeza hacia atrás, mientras que movía su pelvis para profundizar el movimiento de los dedos de Emma. Sentir su lengua, los dientes de su mujer mordisqueándole los pezones la volvía loca. Sintió cómo su cuerpo se contraía. Quería gritar todo su placer, pero se contuvo para no llamar la atención de su hijo.

«Gina, bebé, córrete para mí»

En la última embestida, Regina fue invadida por un orgasmo fulgurante, su cuerpo temblaba y su respiración estaba entrecortada. Poco a poco iba recobrando su respiración y sonrió a su mujer

«Te amo tanto»

«Yo también, mi amor»

La morena abotonó su blusa y puso en su sitio la falda. En ese momento apareció Henry.

«Mamá, ya estoy harto, pierdo todo el tiempo y estoy cansado»

«Hm…Sí, vamos a la cama cariño» dijo Regina levantándose, incomoda por la posición en la que estaba.

Las dos mujeres fueron a arropar a su hijo después de que este se hubiera cambiado y lavado los dientes. Una vez solas en su habitación, se pusieron el pijama. Regina se acurrucó en los brazos de la rubia.

«Soy tan dichosa desde que te encontré» dijo la rubia acariciando los cabellos de la alcaldesa.

«Yo también. Tengo la sensación de que antes de ti, yo no existía, contigo revivo»

Emma sonrió tiernamente

«Como un renacimiento»

Regina alzó la cabeza y la besó apasionadamente

«Sí, eso es, esa es la palabra. Un renacimiento…

FIN