Título: Las Flores del Mal

Sumary: Solía mirarla desde la distancia, siempre vigilando cada uno de sus movimientos. Debió saberlo antes. Él nunca se acercaba, a menos que fuera realmente necesario. Al menos, hasta ese día…

Pareja: SasuHina

Ranking: T

Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Masashi Kishimoto.

Advertencias: UA/Contenido maduro/Situaciones violentas/Lenguaje soez/Angst.

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[Identidad negra]

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Hinata sabía que en cuanto cerrara los ojos aquella tortura ilusoria acudiría a ella, pero a pesar de todo había veces que le resultaba imposible resistirse a los recuerdos del pasado que clamaban por ella, andando entre sueños tras de sí.

Y así era, que en el momento en que la sangre corría de entre sus manos como fuentes espesas de color carmín, estaba segura de que su pesadilla más recurrente estaba a punto de empezar.

No estaba segura de cuándo había comenzado a ser de ese modo pues el sueño se había vuelto una costumbre de su mente, representando aquella pantomima sinsentido. Quizás era la culpa que no recordaba haber sentido nunca, podría ser el alma de aquél atormentado detrás suyo, aguardando su caída.

Sólo era consciente de que, al final, ocurriría lo mismo de siempre, resultaba imposible escapar.

La forma de su pecado seguiría deslizando sus grandes manos hasta rodear por completo su cuello, mientras reía a grandes carcajadas al mismo tiempo que la asfixiaba.

Y entonces ella le miraría a los ojos en silencio, pidiendo perdón entre lágrimas de arrepentimiento, uno que no tenía y probablemente jamás fuera a tener.

¿Por qué?

OoOoO

—¡Despierta ya, princesa!

El ritmo calmado de su respiración se aceleró de inmediato y su mente despertó ofuscada, incapaz de entender como había terminado llena de agua. A pesar del eco perfectamente entendible de conversaciones varias y risas indiscretas en su contra, Hinata no lograba procesar su estado y las burlas al mismo tiempo, con su atención centrada principalmente en el frío que recorría su cuerpo y el agua de un color dudoso que ahora la cubría por completo.

Tardó algunos segundos más de contemplarse fijamente para comprender que había sido despertada por la fuerza por sus compañeras de salón. Algo bastante obvio, cuando pudo pensarlo tranquilamente, pues todas la señalaban mientras sonreían con malicia.

—¿Ya, o acaso necesita más tiempo la princesa? —exclamó alguna de las chicas que continuaban burlándose en un grupo cercano a la esquina, más no reconoció la voz.

Tampoco le importaba mucho.

Era lo habitual.

—¡Vamos Mari, no seas así con nuestra princesa…! —declamó una de ellas, de cabello morado cuyo nombre solía olvidar pues ni siquiera pertenecía a su clase. Sus deseos de volver a casa se acentuaron cuando la vio comenzar una perorata acerca de las razones por las que debían rendirle pleitesía y cuál era la mejor manera de honrar el suelo que pisaba, en un claro discurso lleno de ironía que no tenía nada original y le provocó más sueño.

No pasó mucho para que se perdieran entre ellas con las torturas fantasiosas a las que la someterían si su padre no fuera un hombre multimillonario que arruinaría sus vidas en un suspiro y los ya frecuentes apodos e insultos que terminaban olvidados por el más recurrente, princesa de hielo.

Hinata les concedía un punto al decir que era inteligente burlarse de su estatus y a la vez no permitir que el director supiera de alguna mala forma en que la llamaban a ella. Hasta sonaba cariñoso cuando era conveniente, como el momento en que llegaban los maestros o alguna autoridad superior.

Quizás si supieran lo poco que le importaba a su padre no se tomarían tantas molestias.

Sus ojos se abrieron cansados e hinchados, tratando en vano de acostumbrarse a la luz natural que atravesaba las ventanas de cristal en el salón de clases, sin darle importancia a sus acompañantes, pero recordando con pesar que estaba empapada.

No serviría de mucho intentar salir por ropa para cambiarse si entre todas le impedirían pasar.

Con cuidado se acomodó sobre ambos brazos cruzados debajo de su rostro y encima de la madera de la mesa escolar, pues los había usado como apoyo todo ese tiempo para descansar. No era la costumbre de la pelinegra dormir en clases, pero había sido inevitable pues sus ojos se cerraron sin ser capaz de impedirlo en ningún momento. La pesadilla había sido demasiado frecuente esos últimos dos meses y le impedía descansar con tranquilidad.

—Princesa Hyuuga…—escuchaba en la lejanía, mas sin embargo la dueña de esa voz molesta no era de su agrado y prefirió ignorarla como siempre, como a todos. —Hey, princesita…—intentó de nuevo, y ella suspiró cansada, con el rostro inmóvil sobre la mesa y su largo cabello negro que la protegía de miradas indiscretas. —¡Despierta estúpida, te toca limpiar!

—¡Hanare! —reclamó alguna. —Pueden oírnos todavía, ¡baja la voz!

La escuchó mascullar un par de maldiciones más, antes de darse la vuelta y salir del salón, no sin antes usar todas sus fuerzas para golpear la puerta. Hinata siguió en su sitio, ignorando al resto, esperando que decidieran marcharse.

Fue una fortuna que se hubieran fastidiado temprano gracias al escándalo de la chica castaña y se retiraron, comentando como siempre entre ellas sus opiniones nunca pedidas sobre su persona.

—Que miedo…

—Ni siquiera responde.

—Tonta, ¿por qué crees que es la princesa del hielo…?

Cansada de la misma situación que se repetía día a día, Hinata salió finalmente sin prestar atención a sus deberes, dispuesta a conseguir un cambio de ropa.

Un día más terminaba sin cambio alguno.

La sombra de un pasado trágico por el que no sentía pena alguna aplastándola a cada paso que daba de regreso a casa, sin saber que esta vez los pecados tomaban la misma forma de antaño, acechando en la cima del mismo árbol, aguardando el momento correcto para volver a formar el caos del pasado con una motivación aun peor.

OoOoO

Los murmullos fueron apagándose conforme ella avanzaba, más no desaparecían por completo. Le temían por ser quién era, pero también le odiaban por ser ella.

A ella le hubiera dolido antes, hubiera incluso llorado. Ahora solo seguía caminando, desdeñando con fría indiferencia a todos como una vieja rutina, incapaz de sentir algo más que fastidio por aquella situación. Entre murmullos a su paso siempre evitaban su contacto y su mirada muerta de color blanco, temiendo y odiando a la figura de su existencia, pues en incontables ocasiones habían dudado de su «lamentable» pasado.

¿Era injusto? Le gustaría saberlo.

No podía recordar lo que todos decían que había hecho.

La triste niña de aquellos grises días parecía haberse sumergido en un sueño eterno, incapaz de enfrentar la cruel realidad y la había dejado a ella, su cascaron vacío, sin emociones o colores para cubrirla del dolor emocional que no podía soportar.

El tiempo no se había detenido para Hinata ni para el mundo, y sin embargo, el vacío de su pecho al sentirse anclada en el pasado permanecía todavía firme y estático, justo como aquél trágico día de su infancia. La historia de aquellos años ahora solo era una anécdota, vuelta leyenda entre los ciudadanos, de una joven adinerada con problemas psiquiátricos y sus manos manchadas de sangre.

Como un goteo, los rumores corrían por los pasillos escolares, adornándose con mentiras, deformando hechos reales y construyendo poco a poco una nueva versión que lentamente desplazaba a la original.

De la verdad quedaban apenas retazos y ni siquiera podía culparlos. Lo que ocurrió en ese momento ni siquiera ella lo sabía, pues el vago recuerdo de sus manos ensangrentadas mientras sostenía la navaja era lo único que tenía en su memoria.

Los pasillos fueron despejándose en su camino, mientras su estoico e inexpresivo rostro veía casi por inercia como las personas se apartaban de su presencia y dejaban libre la vía para que ella avanzara.

Lejos, muy lejos de ahí.

Era una lástima que a pesar de desear lo mismo fuera imposible de cumplir. Aún pasados los años seguía sin ser agradable que seres sin importancia alguna en su vida se apegaran a la pared metálica de sus casilleros como si tocarla fuere un mal que habría que erradicar.

Y detrás de sí volvían las voces, los murmullos, los rumores falsos e inexistentes que contar sobre ella porque era una paria de la que a todo mundo había que enterar.

Vivir en un pequeño pueblo era como estar en el infierno, pero poco podía hacer si su padre ordenaba un bajo perfil para su persona y le impedía perderse en algún lugar desconocido. Era realmente triste que no tuvieran otro tema del que hablar.

¿Es ella, la de los rumores?

Realmente se ve peligrosa…

¿Era injusto, para ella?

No parece tener la suficiente fuerza para eso…

M-Me da miedo su expresión.

Desearía saberlo.

—…dicen que la princesa de hielo es una asesina…

Sus pensamientos podridos por la crueldad de la ignorancia y el prejuicio se desvanecían de sus manos como ácidas gotas de lluvia contra el suelo.

Todo aquello se arrastraba sobre su ser como una vorágine de sufrimiento que era incapaz de comprender. Hinata se había quedado dormida y la dejó a ella, sin deseos, sueños o anhelos, solo con las malas intenciones se eran tan naturales como lluvia a su alrededor, llevándoselo todo.

Y quedaba hueca.

OoOoO

Las voces callaron abruptamente cuándo se incorporó a su clase, en medio de los irritantes balbuceos de los alumnos. Las clases comenzaron como siempre, con la novedad de un nuevo estudiante que sería transferido al otro salón.

Un cambio a su rutina que no sería apreciado.

Los chicos comentaron que era un creído, las chicas que era guapo, los adolescentes en general parecían deshacerse de sus preocupaciones diarias y enfrascarse en la vida de los demás como si les fuera vital. Ella sólo se concentró en los constantes arrebatos del clima en verano, que podía volver sus temperaturas tan sofocantes como entrar a un horno en plena cocción.

El maestro de química parecía particularmente molesto antes de ingresar, probablemente eso tenía que ver con que estuviera especialmente estricto ese día y comenzaba a cansarla de sus constantes reproches por el futuro. Aunado a eso, la recta final de exámenes parecía no tener fin al estar a un paso del esperado período vacacional, para varios, el último que disfrutarían con tranquilidad por un buen tiempo.

Pasar a tercer año de preparatoria significaba morir socialmente en la actualidad, al menos para los que buscaban ser universitarios. Básicamente, quién deseaba ser esclavo de una oficina y no de una tienda de comida rápida.

Suspiró relajada, mientras escuchaba como música de fondo el sonar del último y anhelado timbre escolar y el barullo de sus compañeros por escapar lejos de ese infierno. A veces el pensamiento ocasional le hacía preguntarse sobre sus existencias comunes o lo que sería de ella misma si fuera una persona normal.

Como la heredera de un imperio industrial que le obligaba a ser su nacimiento las preocupaciones por el tiempo libre en verano y las diversiones con amigos no existían. Bueno, realmente tampoco es como si los tuviera o quisiera. A estas alturas no podía sentir más que apatía por la vida.

Cursos y más cursos le aguardaban. Clases de refinamiento, carácter, y largas e interminables horas con su padre de simplemente mirarse el uno al otro sin haber más interacción que la de ocupar el mismo comedor. Claro, eso último si tenía suerte y él no iba de viaje, su hermana menor no estaba con ellos desde hace un año, no había razones para quedarse.

Mantenía buenas calificaciones pero nunca sería lo suficientemente cruel y malvada para las expectativas de negocios que conservaba su padre. El tercer año sería sería un ir y venir más antes de que él comprara un excelente lugar en una Universidad de prestigio y las mejores cátedras de economía para su insignificante, pero poderosa, persona y se dedicara de lleno a las obligaciones impuestas desde el momento que existió.

El día escolar terminó sin ninguna anormalidad, y Hinata esperó, como siempre, a que todos decidieran salir esperando no volvieran a molestarla. Se perdió en su propio mundo por bastante tiempo al grado de sentirse confundida mientras observaba que a su alrededor ya nada quedaba.

No hubo risas, ni burlas o bromas pesadas. Todo era tan gris y oscuro que el sorprendió el hecho de sentir como las lágrimas se agolpaban en sus ojos nublados sin permitirse ser derramadas.

Era costumbre permanecer sola, pero aquél momento en especial la entristeció.

Deseó gritar. Con todas sus fuerzas, hasta que se le partiera el alma.

No es que realmente quisiera ser lo que era, no es que realmente fuera indiferente. Estaba llena de marcas, de cicatrices; todas ellas abiertas y cada vez más punzantes a cada segundo que podía respirar pero seguía con vida, aunque empezaba a preguntarse cuando terminaría.

Dio una última vista al salón vacío, sintiendo sus propios pasos demasiado pesados. Con grilletes en manos y muñecas, con la carga de un pecado que no podía recordar, tampoco es que le importara. Estaba llena de otras culpas y crímenes, aquél sólo era uno más.

Al final solamente se lamentó de ser ella y dejó el lugar, sin percatarse de aquél mismo niño de antaño vuelto un hombre que siguió sus pasos, desde el mismo árbol de hace años atrás.

Y aquellos ojos oscuros y fríos, marcados por el pasado, mirándola fijamente.

OoOoO

Notas de Kou: Originalmente pondría a Karin de mala porque su personalidad pega para fastidiar a otras personas pero nah, me agrada demasiado para que sea tan simple su papel xD

Creo que nadie puede hacerse una idea de cuánto tiempo tengo escribiendo este segundo capítulo y lo mucho que ha cambiado.

Iba a poner una mega nota pidiendo disculpas pero creo que tengo que empezar a aceptar que al final no sirve de nada, quién esté molesto lo estará, respeto eso y pido disculpas porque entiendo lo que se siente cuando te dejan colgada en una historia, pero así mismo espero entiendan que el fandom de Naruto hace mucho dejó de ser agradable para mí, especialmente esta ship, y pasé por varias cosas desagradables que me hicieron odiar al SasuHina un tiempo.