El tiempo pasa, las flores se marchitan y vuelven nacer aún más radiantes. Su aroma, sus hojas, sus pétalos son perfectos. Están radiantes como cada recuerdo, que tu corazón aún anhela. Pero si no se vuelve a ver, creo que fue; es por algo, creo y cada persona creerá por siempre que fue por la razón más piadosa de la vida, quizás para luego volverse a encontrar.
Has sentido mucho, quizás más deseado de lo alcanzable.
Pero no te sientas culpable.
Porque ello te ha hecho feliz.
Comprendes , y puedes sonreír mucho más.
El pasto fresco de la estación, brilla mucho. Las ventanas de vidrio tienen algo extraño con la pequeña llovizna que la empapó, e hicieron que estás se tornaran mucho más brillantes que siempre. El sol oculto, aún detrás de esas nubes grises, suele parecerse a cada hilo de vida que conecta, los hilos son propios retazos de cada experiencia. Por más innata y natural inocencia, consideremos que la vida está llena de nuestros pecados. Mirar a alguien, que no suele ser para ti, es un dolor que nunca menguará. Y uno de tus pecados que más dolerán.
¿Nunca te ha pasado?
Que cada cosa que te rodea, es un mar de sentimientos. Más abstractos de lo que suelen ser, pero te dejan sentir de modo diferente.
Y aunque nunca pudiste besar ni tocar, al mirar sus orbes fue uno de los tactos más cercanos al alma. De cada una…Mirar es abrazar de un modo diferente. Mirar con amor, es mucho más.
Hoy, mañana y por siempre…
El sol brillará detrás de las nubes grises.
ATRACCIÓN
VI
Se arrodilló frente a la caja, miró con cautela, abriendo la tapa de está sin hacer mucho ruido. Sus ojos negros soltaron un pequeño brillo cómplice; decidió por traviesa, que buscaría algún secretito de su tío en esa cajita tan llamativa. Bastante intrigada, y mirando a ambos lados para comprobar que el joven Son no hubiera regresado comenzó a buscar entre algunas revistas; cuadernos con algunas calcomanías de perritos.
—Nada interesante—tiró a un lado una pequeña lata que tenía lápices de colores, para hacer espacio y buscar con mayor libertad—Bah, solo hay revistas de un perro raro. Buscaré más al fondo.
Rebuscó, por bastante tiempo comprobando que tuviera algo bastante comprometedor a su parecer, como para fastidiarlo todo el año. Pero la caja que tenía "no tocar" mas bien, contenía cosas bastantes normales. Inclusive, creyó que solo estaba en la caja equivocada, hasta que en el fondo de la caja algo brilló. Como buena detective, sonrió maliciosamente al saber que había encontrado su presa. Estiró la mano hasta el fondo, encontrando una pequeña caja, hecha de lata, con diseños navideños. Tenía algo curioso, pues tenía un candado ¿Cómo se le había ocurrido ponerle un candado, sabiendo que cualquier saiyajin travieso podría quitar esa cosa fácilmente? Pan se sintió tan tonta por medio segundo, hasta que dándole un pequeño golpecito pudo abrir el candado «¡Bingo!» Sacando el preciado contenido de esta, y vaya, eran un montón de sobres de diferentes colores. Con una estampita diferente sobre cada una.
Pan se sintió extrañada al ver tantas cosas así, no sabía que era exactamente pero lo averiguaría antes de que su tío llegara. Miró cada sobre con bastante curiosidad meneando su cabeza, y inspeccionando esté muy sutilmente.
—Lo abriré…—con bastante delicadeza tomó uno de los sobres para sacar lo que parecía una carta. Pero se detuvo antes de hacerlo, pues pudo sentir una sombra detrás de ella con un aura demasiado tensa.
—¿Quién te dijo que tomaras mis cosas? —la voz de quien temía la arribó, tomando su muñeca y jalando la carta para tomar esta sobre sus manos.
—Lo siento…
—Nunca debiste coger esto.—frunció el ceño mirando aún el sobre con bastante seriedad. Finalmente la fulminó con la mirada. Parecía estar realmente enojado con ella.
—P-Pero…
—Nada, Pan. Realmente no pensé… tú grande como para que te burles de mi privacidad así.—le dio la espalda contemplando esta bastante frustrado, y con una expresión bastante deprimente en la cara—Yo-Yo…
—Lo siento, de verdad ¡Pero no te enojes!— extendió sus brazos, para sonreír bastante avergonzada.
Goten, se dio la vuelta ignorándola al punto de que ella se quedara plasmada, sin duda su tío estaba demasiado molesto, solamente podía ignorar cuando lo estaba realmente. Suspiró lentamente, y buscó la mirada de él, más no recibió en respuesta un rechino de dientes y el total rechazo de su parte.
—T-tío —tartamudeó, tocando suavemente el brazo de él, a lo que simplemente recibió una mirada asesina, tan cruda que quiso llorar del miedo.
«¿Qué te sucede?»
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Videl abrazó a su esposo por tercera vez, ambos sonrieron tímidamente, a pesar, aunque raramente había algo que estaba fallando en todo ello, y ninguno de los dos podía decírselo, ni descifrarlo y lo pensaban y no lo encontraban. El lugar, en cuya oscuridad y fría noche, trasmitía una sensación de melancolía acompañada de una calidez marital, de esas que ya no se sentían desde hace mucho. Gohan, más que nada lo sabia, porque en el fondo a pesar de sonreírle había algo que lo atormentaba, y no sabía que era, quizás ello era porque ella lo abrazaba tan tranquilamente mientras el lidiaba con una angustia tremenda. Era como si de una falsa escena se tratara.
Una falsedad oculta en un amor que se marchita poco a poco.
Sobre el sofá ambos descansaban, habían terminado de ver una película ocasional que habían trasmitido esa noche por un canal local, y finalmente como un compromiso-costumbre habían terminados abrazados de algún modo. Las cosas aunque parecían también se sentían incómodas, raras, y Vídel percibía ello cada vez más. Y ahora poco a poco sin que el saiyajin se lo dijera, ella lo estaba notando.
Gohan acarició la cabeza de su esposa, haciendo que esta sonría débilmente, pues ella ya lo estaba notando, y esa debilidad lo demostraba a través de esa afligida sonrisa. Quiso llorar como una niña sobre el pecho de él, pero más no pudo, solo se conservó estática mirando a un Gohan bastante ensombrecido y pensativo. Pero no quería callarse, quizás debía preguntárselo a él, y lo dijo.
—Gohan…—susurró—¿Qué nos sucede?
El hombre abrió los ojos de golpe, y concentró su mirada gris sobre ella, quien tenía la mirada pegada a su cuerpo y temblaba notarialmente. No pudo más, la soltó.
—¿De qué hablas?—trató de esquivar el caso.
—Y-yo pensé, que estaba bien, pero…—resopló—Realmente siento todo esto muy frío.
El mayor de los Son solo pudo cerrar los ojos, levantarse del sofá y caminar hacia la cocina que quedaba justo a unos metros de ella ¿Videl acaso estaba tratando de decirle que estaba cansada de él? Volvió a su esposa y la abrazó fuerte, al punto del quiebre, porque se sentía culpable, quizás él había sido el causante de todo, porque había sido distante y frío de alguna manera. Y ahora aunque se tratara, ya no se podía hacer nada.
—¿Qué deseas de mí, Videl?
—¿Eh?—frunció el ceño— No sé a qué te refieres.
—Respóndeme Videl…
Un frío, un escalofrío recorrió el cuerpo de ella, al sentir al hombre que tanto quería de ese modo. Se llevó una mano a la boca, soltó un quejido y se hundió en sus manos, para no tratar de no sentir, solo quería que esa maldita conversación acabe. Y lo entendió, quizás ella estaba tan cansada como él.
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—Lo siento, perdóname— abrazó a Goten por cuarta vez consecutiva, mientras él caminaba por la casa arrastrándola a causa de que ella estuviera colgada como una mona sobre su cuerpo.
—¡Niña, suéltame!—se quejó mientras traba de llegar a su madre para que se la quitara de encima.
—¿No entiendo, por qué te molestó tanto?
—Porque esas simples tarjetas, son un tesoro ¡Así que déjame en paz!—trató de soltarse nuevamente, pero no lo logró, así que se rindió hasta poder llegar o de su madre quién cocinaba algo para su padre—¡Mamá dile a Pan, que me suelte!
Goten llegó a su madre quién los miró divertida, mientras picaba zanahorias para esa exquisita sopa que estaba preparando. Gokú aún esperaba aburrido en la mesa mientras jugaba como una pequeña cucharita, y sonreía amenamente ante la situación. Goten aún así, estaba enfadado y no podía tolerar tener a Pan de ese modo, sobretodo estaba considerando en perdonarla. Bajó su mirada y se encontró con la mirada de ella perdida en sus zapatillas de colores.
Él, no respondió.
—¿Ahora que te sucede?—preguntó fastidiado regresando la mirada a la muchachita.
—Ahora que lo pienso, esas tarjetas son…—se sonrojó. Pan, comprendió cuan vergonzoso había estado él, y como ella ahora tenía su secreto.
—No te atrevas.—Le tapó la boca sonriéndole a su madre que estaba un tanto confundida por las cosas que balbuceaba Pan.—Pan, por favor.
La muchachita lo soltó, se volteó hacia su tío y lo miró fijamente. Goten no dudó, y la tomó de los hombros para solo decirle «Gracias» Sabía que la mirada de ella, había representado ese silencio, ahora se sentía más tranquilo. Por lo menos ahora, y mientras Marron no se enterara no estaría mal, creía en su sobrina, y por ende ella callaría hasta que el pudiera liberarse de sus juegos infantiles.
—¿Quieres un helado?
—Preferiría algo más amargo, pero me contento con el helado. —sonrió.
—Entonces acompáñame, y vamos por un helado.—caminó lentamente, mientras con una gran sonrisa tomaba un pequeño bolso color Café.
Antes de poder salir con la muchachita, su madre lo detuvo poniendo una mano sobre su hombro para fulminarlo con la mirada. Realmente ya era tarde, y encima querían salir por un helado en esas épocas ¿Acaso quería matarse? Las cosas terminaron mal, pues lo único que obtuvieron fue un caldo de carne, que la mujer de cabellos negro había preparado para todos. Después, simplemente se decidió que Pan, dormiría esa noche en la casa de sus abuelos.
Como para darle tiempo a sus padres.
Antes de que todo se marchitara.
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Marron se hundió en la suavidad de su almohada, poco a poco los párpados caían, y la suave brisa de la estación la cubriría. El día cuyo trágico desenlace la había cansado, pues no había parado de hacer sus cosas, y rápidamente agotarse, ese día había terminado muerta totalmente. Ni siquiera había tenido tiempo de poder ir a ver a Goten, ni regar su pequeño jardín, cosa que la deprimía más que nada.
Acostada boca abajo, se quejaba mientras trataba de tantear con una de sus manos su teléfono que debías encontrarse en algún rincón de esa cama. Pero no lo encontró, hasta que se dio cuenta que estaba en el bolsillo de su vestido de encaje blanco. Lo tomó y a penas pudo divisar la hora, quizás ya era muy tarde para llamar a Goten, así que sería para la próxima. Esta vez suspiró, recogió los mechones que caían sobre su rostro blanco, para tocar finalmente sus labios recordando, ese beso robado. Una risita, un sonrisa y las mejillas rosadas fielmente a ella, haciéndola ver más tierna que nunca. La joven hija de Krillin, había creído encontrar el amor.
—Videl, encontró a buen hombre como Gohan. Yo tengo a Goten, y de seguro seremos novios, no casaremos y…Será un buen esposo, y la historia será igual de feliz—sus ojos se cerraron para dar un largo suspiro acompañado de un bostezo, símbolo de el sueño provocado por el cansancio —Yo quiero a Goten.
Marron sonrió, los labios rosados dibujaron débilmente una hermosa sonrisa cuyo dientes blancos resplandecieron en medio de la noche. Marron sentía que una pequeña corriente eléctrica recorría su cuerpo y la hacía tiritar de la emoción.
—Si yo hubiera nacido antes, de seguro todo habría sido la que me hubiera casado con Gohan, y no Videl— y se le escapó, abrió los ojos de golpe, levantándose para mirar sus manos asombrada, sonrojándose notoriamente. Lo adormilada se le había quedado en segundos.
«¿Marron te estás volviendo loca?»
Se levantó de la cama y sin pensarlo mucho abrió la ventana para salir volando por el hermoso cielo estrellado de ese noche. La luna, las estrellas y el cielo eran una cosa tan maravillosa, la sonrisa confundida de ella, hacía que ella sintiera en el cuerpo un vacío, porque a pesar de que sabía que quería tanto a Goten, estaba comenzando a confundirse demasiado con Gohan.
» ¿Será que Gohan me gusta?—se preguntó mientras el corazón se le aceleró, haciendo que se detenga por mera inercia en medio del cielo. La brisa delicada de la estación la rodeó, los cabellos rubios revolotearon, el dorado voló, el mismo vestido de encaje blanco se sintió mover. Un ángel se había detenido en medio de las estrellas, en su confusión, perdidos en un mundo gris, donde los sentimientos ya no se piensan, se sienten. Marron ahora tocaba su pecho, como si su corazón en sus manos quisiera sentir. Gustar era una cosa amar es otra. Ella lo sabía.
Pero ¿Por qué por Gohan?
No, era imposible. Si su amor por Goten era el verdadero, como podía gustarle alguien, y luego estar diciendo que también le gusta su hermano. No podía conciliar eso, miró hacia la ciudad, está brillaba, las luces de la ciudad en medio de la noche, eran luciérnagas brillantes y resplandecientes. La faz de ella se tornó inexpresiva por minuto hasta que finalmente pudo sonreír a medias, debía guardarse esa pregunta hasta que realmente pudiera responderla. No sabía si Gohan le gustaba, pero no iba a tratar de averiguarlo, así que debía dejar pasar el tiempo, así como esa brisa. Rápida, ligera y suave.
Goten, ella lo quería tanto, lo amaba de verdad pero no entendía porque parecía sentir lo mismo, idéntico por alguien como su hermano.
Volvió a tomar vuelo, olvidándose de quien era diferente a lo que quería, debía olvidarse al completo. Por el bien de ella, así, que pensó solamente que era algo de juventud, una ilusión confusa.
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—Gohan—balbuceó Videl, a lo que solo atinó a dejar caer sus brazos ambos lados. La expropiación de ella, se volvió fría, y seria. Ahora Gohan la contemplaba boquiabierto.
—¿De verdad crees que estamos mal?—Apretó la mano de su esposa, ella frunció el ceño para luego bajar la cabeza.
Un silencio aterrador se asomó, un silencio que hizo que ambos se quedarán quietos sin mirarse, solo con un hueco en el pecho debido a la fría situación. Los lentes de Gohan se oscurecieron, aún en las encuestas luces en su pequeño resplandor Vídel pudo ver cómo los ojos de él decaían, lentamente. Y las manos de ambos temblaron, el tacto ya no era cálido, era un horripilante frío, sin sentires.
—¿Tu sabes lo que tengo?—preguntó con los ojos llorosos.
—¿Acaso te pasa algo malo Gohan?—confusión en sus ojos, Gohan decayó, ella seguía sin saber lo que su corazón sufría.
El vaso que se encontraba en la mesa comenzó a tambalearse, el agua burbujeaba debido a la presión de energía que Gohan había puesto encima, estaba enojado, no con ella. Solo con su maldita vida, porque ahora estaba cansado de esa maldición llamada estrés, depresión y cansado de todo. Videl se estremeció, sintió a un hombre tan frío, tan débil a la vez, ya no era él, era un hombre apagado, un sombra gris, del fiel y alegre hombre que alguna vez la amó. Los párpados cayeron, y una tensión profundizo el corazón de ella, quizás ya no debían seguir con eso.
—Pensé, que quizás tú me entendías ¡VIDEL MÍRAME!—tiró un golpe al sofá, haciendo que ella se asustara y se echara hacia atrás —¡¿QUÉ VES EN MÍ?!—él se frustró, porque se sentía impotente al sentir que todo se iba al diablo.
—Gohan, ¡¿Dime tú qué tienes?!—Se apretó el pecho, aún así muerta de rabia, al sentir la ira de Gohan desembocar en él. Se levantó de golpe y estuvo dispuesta a darle una bofetada, lo empujó hasta que él cayó al suelo—Dime que es lo que tienes ¡¿Qué?!—una bofetada, y un Gohan que deseaba llorar. Una Videl que deseaba no verlo más. Todo poco a poco moría entre sus brazos.
Nunca, nunca ella lo había tratado de ese modo, nunca había sentido ella a su esposo también agresivo. Ahora lo sabían, no podían seguir con eso, no podían seguir con un amor podrido que no les daba, esa calidez que deseaban, estaban cansados, y ya nada tenia color. Una luz se filtró hacia ellos, el ambiente tenso lo rodeó, y por la ventana ya se veía por primera vez en el año como la nieve caía, poco a poco. Y caía, y caía. Lentamente, como la flor de pétalos azules que se encontraba en la repisa de Vídel. Las lágrimas, tan cristalinas, transparentes cayeron de los ojos azules de ella, se tapó la boca y gritó sobre esta, mientras Gohan apreciaba asombrado como ella lloraba ahora tirada en el suelo recostada su cabeza sobre el sofá rojizo. Él, ahora solo estaba tirado el suelo, al borde del colapso.
Un quiebre emocional.
No pudo no resistió, y se sintió cobarde por primera vez. Solo salió corriendo, salió corriendo tirando sus lentes y a punto de morirse. Pero justo antes escuchó su grito:
—¡Gohan, es mejor terminar con esto! ¡Un tiempo, y veremos qué sucede!—las palabras, últimas desgarradoras y duras. Se plantó, la miró y asintió. Esa noche partiría, para no hacerle daño nunca más, a esa flor azul que brillaba en los ojos de ella.
Su sombra corrió, su sombra se escabulló sobre el cielo oscuro, brillante. Las estrellas, la luna todo ahora no tenía color, era pálido. Y ahora solo el aire que chocaba contra su rostro, se sentía frío, el descubierto desnudo a flor de piel contra un viento frío, la nieve que caía y cubría su cabello negro.
»Una flor dorada, es mi salvación.
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Goten cerró la puerta, se deslizó sobre ella para caer sentado con el tarrito en sus manos. Una desesperación, lo recorrió, de nuevo sentía haberse perdido entre el tiempo, sus cosas y sus más tiernos deseos. Pero sabía que debió haber puesto los sobres a la basura, pero sin embargo, no lo hizo y ahora solo sentía que había vuelto caer en sus fantasías melancólicas.
La oscuridad su habitación lo cubrió, apretó su pecho y…de nuevo esa mala corazonada apareció, de la nada. Para matarlo de nuevo, como si sabiendo que el futuro le prepararía los más oscuros sucesos.
»La nieve cae, la nieve cae.
»El frío, es frío. Y ya no hay calor.
»Y ahora el dorado se torna rojo.
»No te voy a perder Marron.
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Nota de Autor:
Lo siento, pero ya era hora de actualizar y hacer este increíble punto de quiebre. Muchas ante todo por leer, muy contenta de pasar por acá, y tenerles este capítulo lleno de cosas bastantes intrigantes. Hasta Bri no sabe que sucederá ¿O si? XD
Ante todo, quería decirles que está historia ya está llegando a su nudo, o conflicto. Créanme, que yo sinceramente estoy demasiado asustada con respecto a lo que sucederá en el fic, porque se me esta haciendo demasiado difícil, pues sinceramente hay cosas que debo analizar como dos horas ¡TAN! Pero, no se preocupen, Bri sigue y pa'delante.
Les mando un saludito a Amigocha, Vane Zaldívar, Atal 15 quiénes me acompañan en esta aventura ficker. Muchas gracias y miles de besotes por leerle, y estar acá en este fic medio loco. Mi cariño es inmenso, y no puedo más con tanto amor. ¡MUCHOS BESOS!
Y un saludo para todos mis lectores, Bri está agradecida.
Atte. Bri.
29/09/17
