Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Sé que debería haber actualizado mucho antes, pero ya saben que ésta historia no tiene fecha de actualización, y sí, me tardo en acomodar todo el material que tengo para que se entienda y no sea un caos, ya saben, tener pies y cabeza, tórax, brazos, piernas y todo eso, porque la verdad tengo pedazos todos revueltos y aunque en un inicio pensé en colocar un capítulo del pasado y uno del futuro, alguien me dijo que eso suele volverse confuso con el pasar de los capítulos así que ya lo he ducho, me enfocaré primero en Rastaban, el hijo malvado de Draco y Ginny, para volver al pasado, con Draco y Ginny, donde transcurrirá la trama, más que nada, pero tengo que dejar ésto en un punto para que se entienda el final, sino será como una gran interrogación.
En fin, sé que pido paciencia, por si les parece eterno y aburrido el proceso de llegar al Drinny, pero llegaré, y me estableceré en esa pareja, en serio, no odien la trama, porque honestamente, fue, es y sigue siendo un trabajo arduo y a veces confuso (principalmente porque se me escapan detalles de la primera parte, así que tengo que regresarme y revisar que no me equivocara, corregir los errores de dedos y todo eso, tal vez les parezcan capítulos largos y aburridos, o cortos y sin sentido, pero pido una oportunidad, gracias por el apoyo hasta el momento.
Por cierto, feliz día de Reyes. :D
Capítulo 04: El Sello de Ávalon.
Lily se alejó en cuanto el rostro del hombre, al cual Rastaban había lanzado en el aire cambio, no se trataba de su padre, ese hombre era un extraño, jamás lo había visto; si tenía duda alguna sobre la capacidad del pelirrojo en ese momento terminaba, la sangre que circulaba en sus venas se congeló, aminorando la circulación, había hecho creer a la población mágica que Harry Potter se estaba volviendo tenebroso, sí iban a temerle a alguien, pero ese alguien no era la persona correcta, de por sí las personas le rehuían desde la ceremonia de destitución, donde la nota de Miranda Skeeter lo había acusado de ser seguidor de las prácticas oscuras más espantosas, ahora, la gente lo había «comprobado».
No conocía en su totalidad los planes de Malfoy, pero sin duda eso era parte de su plan, no entendía la razón, pero si sus cálculos no le fallaban, las cosas estaban por ponerse más turbias de lo que ya estaban, salvo que en esta ocasión, Rastaban había hecho partícipe a una población pequeña del mundo mágico, para mañana, el hervidero de chismes estaría por la mitad del callejón, y no tardaría ni cinco minutos para que el Ministro de Magia Kingsley enviará a un escuadrón de aurores a la caza de su padre, Lily suspiró, necesitarían toda la ayuda posible, la pregunta era ¿de quién? ¿Quién iba a creer las cosas que ella tuviera para decir? Nadie, y mucho menos les ayudarían a detener a un fantasma, porque si bien se había mostrado y «defendido» a esos magos, seguía siendo un encapuchado, un héroe misterioso.
Los aurores aparecieron un poco después, ella estaba sobre el suelo aún, abrazando sus piernas, no podía decir la versión real, porque nadie le creería, además, saber quién estaba debajo del encantamiento múltiple y quien no, era cuestión de suerte, a esas alturas, así que cuando el nuevo jefe del Departamento de aurores llegó, la entrevistó en persona, y con poca delicadeza.
—Bien, Potter, vas a decirme qué rayos pasó.
—Mi padre nos atacó –musitó, el corazón le dolía con cada golpeteo contra su pecho, pero no podía hacer más, todos se habían ido, y no habían visto al hombre perder las características de su padre.
—Jefe, el señor McLaggen está muerto.
—Bien, señorita Potter ¿sabe qué pasó con su prometido?
—Fue un encapuchado –se encogió de hombros –uno que estaba con mi padre, no sé, jamás le vi el rostro.
—Es muy raro y muy... Conveniente, para usted y su padre que tuviese un seguidor ¿no es así?
—Bueno, Voldemort tenía muchos seguidores, también pudo empezar con uno, e ir aumentando ¿no lo cree? –soltó en un tono enfadado.
—Escúchame bien –la sujetó de la cabellera –no estamos tratando un robo, sino un ataque que pone en riesgo muchas cosas para la comunidad mágica en general ¿te queda claro? Y es mejor que no uses ese tono conmigo, porque las influencias de tu padre en este Departamento se han terminado, agradece, que no deje que mis hombres hagan algo respecto a ti, y en el informe oficial aparezca que tu cadáver fue localizado junto al de tu prometido –la soltó.
—Déjelos, no estaría tan lejos de los actos de mi padre –sonrío fanfarrona –no le tengo miedo, no va a intimidarme –se puso de pie para encararlo –de flor, sólo tengo el nombre –negó –he leído los reportes de algunas misiones, soy reportera ¿lo recuerda? Vuelva, a siquiera tocarme y agredirme de nuevo, y la misión dulces sueños, será mi próxima nota en el Profeta.
El hombre colocó mala cara, se alejó, para que pudiera alejarse de ahí, nadie más la detuvo, tenía que comenzar a buscar a su padre y sus hermanos, mientras más rápido les informara lo que acababa de pasar, más rápido encontrarían un plan de ataque, pedir ayuda a quien fuera necesario, la hermana de Stuart podría ser de ayuda, solo tenía que encontrarla.
oOo
Rastaban apareció en el amplio recibidor de la mansión Malfoy, el lugar estaba cubierto de telarañas, después de la muerte de su abuela, en un suicidio montado, los elfos se habían marchado ante petición del Ministerio, todo el dinero, las propiedades se habían quedado congeladas, olvidadas.
Avanzó lentamente, sin hacer nada, dejando que su capa verde esmeralda barriera el polvo del lugar, las telarañas se pegaban a sus hombros, pero eso no le inmutó ni un instante, había estado en lugares peores; se detuvo frente al enorme cuadro de la familia Malfoy, su padre tendría si acaso unos diecisiete años, ese gesto altivo, arrogante y fastidioso, como si el mundo no lo mereciera, el pelirrojo hizo un gesto de desagrado, era demasiado parecido a ese hombre, incluso con un cabello del color del fuego.
—Harás de esta tu guarida ¿no? –Rastaban sonrío al escuchar a Smart.
—No.
El hombre esperó a que dijera algo más, pero se quedó ahí, de pie, observando a los altivos Malfoy, ese cuadro, era todo lo que quedaba de ellos, todo lo demás, se había consumido con el tiempo, nadie había conservado nada de ellos, no había pruebas, salvo él, de que los Malfoy se habían mezclado alguna vez con los Weasley, y sabía a quién agradecerle eso, la tragedia había ido perdiendo importancia, en diez años más, nadie se acordaría de que había pasado, se volvería un triste recuerdo, borrado lentamente por el olvido.
—No sé qué haces aquí entonces –aceptó.
—Bueno, esto es mío –se giró hasta el hombre –tal y como mi abuela Narcissa lo quería, un solo heredero varón, se le cumplió la dicha –se burló –pero, le costó muy caro.
—Comprendo que te duela...
— ¿Dolerme? ¿Qué tendría que dolerme, Smart? –Negó –sigo vivo.
—Y buscas venganza.
—Venganza es una palabra muy... Fría, si eso fuera lo que busco, Harry Potter, y todos los que irrumpieron esa noche en la casa de mis abuelos estarían muertos –chasqueo la lengua –y siguen vivos ¿no es así?
—Tus poderes se están incrementando conforme mantienes el hechizo, lo sabes ¿no?
— ¿Qué sugieres? ¿Qué les dé libre albedrío?
—Les estas drenando la vida lentamente, Rastaban, les estás dando una muerte segura, lenta y en la completa agonía.
—Necesito oídos en todos lados –contestó con simpleza.
—Tus planes siguen pareciéndome un poco... Rudimentarios.
—Entonces, buscar justicia para ti es como volver a la era de piedra.
Dio un paso hasta el hombre de ojos amarillos, y que sus ojos se posaron en los de él, fue necesario para que comenzará a experimentar el peor de los dolores, la cabeza le palpitaba y los oídos zumbaban de forma tortuosa.
—Siento un poco de confusión en ti, Rastaban, tus... Ideales, nunca han sido a la par de los de Ana, sin embargo estás aquí. Le juré a tu padre que...
—Que cuidarías de Eltanin y de mi madre –su nariz se arrugó –sin embargo, ellas están muertas ¿dónde estabas Smart? Cuando Potter y todo el Departamento de aurores irrumpió y masacro a todos ¿dónde estabas?
—Ella jamás sostuvo el collar –chilló en agonía.
—Bien.
Aceptó, dejando al hombre en paz, negó observando tranquilo el lugar, sin prestar más atención al hombre que se limpiaba la sangre de la boca y los ojos, si su ascendencia no fuese tan firme, Smart yacería muerto en esos momentos, aumentando el hecho de que el pelirrojo sólo lo había querido castigar, no matar.
—Posiblemente sería bueno que restauráramos la Mansión.
— ¿Para qué? –Cuestionó despreocupado –no hay motivo, no me interesa usarla como resguardo, no cuando la isla de Ávalon es la mejor fortaleza.
—Cierto –admitió.
—Pero claro, este lugar te trae muchos recuerdos ¿no es así? Veamos.
Smart volvió a sujetarse las sienes, sentía como su cerebro punzaba, como se hacía grande y pequeño, mientras poco a poco la cabeza se le hacía más pesada, como si fuese a caérsele y después explotar.
La imagen de la apariencia que solía tener llegó hasta él, la mansión estaba limpia, completamente impecable, salvo por la alfombra redonda donde una pelirroja andrajosa se giraba mientras gritaba de forma desgarradora por los Crucio que le lanzaba los Mortífagos, pero él lanzaba una maldición peor que esa, para forzar a Morgana a salir.
—Supongo que debe ser encantador recordarlo ¿no es así?
El rostro burlón de Rastaban apareció en frente de él, duplicando el dolor en su cabeza y deshaciendo esa memoria en su mente, lo odiaba cuando lo hacía, no había nada más doloroso que tenerlo en sus recuerdos, husmeando en cada rincón de su cerebro.
—Podría darte las memorias sin necesidad de eso –murmuró agitado.
—No le quites la diversión a las cosas, Smart, no seas aburrido.
—Es doloroso tener una mente extra –le recordó.
—Sin embargo nunca te inmutaste mientras me mostrabas como tenía que hacerlo ¿recuerdas? –Sonrió un tanto divertido –tuve que recuperar ciertos recuerdos a través de los tuyos, porque tu permanencia en mi mente débil a los seis años los marchitó –chasqueó la lengua –no soy algo que no hubiese aprendido de ti o de Ana.
—Eres cruel y mezquino –contestó enfadado –he visto de cerca cómo has estado jugando con la mente de la hija de Potter.
—Ya ¿te importa mucho esa niña? Supongo que su cabello pelirrojo te recuerda a mi madre, sobretodo porque es joven ¿no?
—Estoy a tu lado porque hice una promesa para con tu padre y aunque sólo involucraba a tu madre y hermana…
El pelirrojo se giró cansado de la represalia del hombre de ojos amarillos, elevó su mano hasta el pecho de Smart y comenzó a girar la muñeca, provocando que los pulmones del mago comenzaran a estrujarse, lentamente mientras su corazón iba aumentando su tamaño, bombeando cada vez más rápido, provocando un dolor intenso en todo el tórax, no conforme con eso, inclinó el rostro.
Smart gritó, los pequeños animales escondidos comenzaron a huir, el dolor en su cabeza era como un millón de agujas afiladas perforando al mismo tiempo, su cuerpo se estrelló en el retrato de los Malfoy, haciendo que se desarmara completamente a causa de la humedad, y el tiempo.
—Ven aquí –llegó hasta él, cayó de bruces, pero lo obligó a hincarse frente a él, levantó el rostro hasta el del pelirrojo –la lealtad para con mi padre no es la misma para conmigo –negó –a diferencia de ellos, tendrás la oportunidad de elegir, estás de mi lado, o en mi contra, y no soy Morgana, para que me traiciones en el último momento.
—Morgana lo merecía, si no la hubiese traicionado, tus padres jamás hubiesen estado juntos y…
—Y el mundo te lo hubiese agradecido más ¿no lo crees así? –Negó divertido –creo que vivir tantos años, Smart te ha nublado el cerebro.
—Viví apresado por siglos y…
—Volverás a esa celda, si cruza por tu mente, un pequeño destello de traición, te lo juro, ahora largo.
No tuvo que decirlo dos veces, se desapareció de inmediato, no se iba a quedar ahí a ser torturado hasta que dejara de ser divertido para Rastaban, por lo regular le tenía, cierto respeto, por ser el último en recordar a sus padres, pero las cosas con él podían cambiar en un instante, perturbarlo era difícil, o eso pensaban todos, después de todo, nada lo tomaba demasiado en serio, para perturbarlo.
oOo
El lugar estaba funesto cuando apareció en Ávalon, no prestó atención a la presencia de Ana, que si bien no se había mostrado, lo acechaba, era su pasatiempo, acechar a todos en esa isla maldita, pero a diferencia de los obligados a permanecer ahí, no le temía, había dejado de hacerlo desde los ocho años.
—Supongo que Smart ya te dijo que lo castigué –se burló.
—Sigues detectándome –negó divertida –recuerdo cuando no podías.
—Sí, solía ser divertido para ti aterrarme a esa edad, pero pronto terminó tu diversión.
—Al menos contigo.
—Dime ¿no has pensado en liberarlos? –se giró hasta ella que negó.
—No lo merecen.
—Tienes miedo, de que si quitas la maldición de la isla, Nimúe se marche y con ella el secreto de Merlín ¿no es cierto?
—Te tengo a ti, para vencerla.
—No –sonrió y acarició su rostro –no me tienes a mí, eres poderosa, siento el poder de tu magia fluyendo por tus venas, puedes vencerla sola, no es mi batalla.
—Te enseñé todo lo que se puede en éste camino, no lo hice por nada –su rostro se transformó.
—Adivina qué –los labios del chico rozaron el cuello de la bruja, haciéndole contener el aliento –yo no te pedí que me salvaras de la muerte segura, tú viniste a mí, no al revés, hice todo lo que me pediste por años, así que no te debo nada.
—Eres la mezcla más poderosa, por tu sangre corre la magia más legendaria…
—Sí –aceptó –pero tus planes y los míos, chocan, tenemos conflicto de intereses, Ana, y apostaré a los míos, porque… a diferencia de ti, yo puedo lograrlos solo.
—Claro que no –se burló.
—Eso ha sido ¿un reto? –inclinó la cabeza.
—No, claro que no.
—Dime, tus queridos presos ¿qué son capaces de otorgar o hacer por su libertad?
—No estás pensando liberar el sello, eso traería una…
—Repercusión, sé que se utilizó un gran poder para mantener todo esto oculto, incluso de los nuestros, ya veo –se alejó sorprendido.
—No –respondió rápido.
—Lo vi perfectamente –sonrió –Merlín hizo esto ¿no es así? –sonrió –Ana, Ana, Ana, eres más débil de lo que yo pensé que eras, todo éste tiempo le hiciste creer a todos que había sido Morgana, si bien no fue una santa, no fue tan cruel para atarlos aquí, fue Merlín –sonrió de nuevo –es algo tan sublime.
Se alejó de la rubia, se adentró en el gran bosque, avanzó por el camino a la roca de Merlín, la sangre de su padre le servía para encontrarla, estaba en lo más profundo de Celidon, levantó la mano, haciendo vibrar toda la estructura.
—No lo harás –la voz suave no lo sorprendió, si bien no la conocía, no era rival para él –detente un poco –fue hasta él, pero se detuvo abruptamente. —Basta –chilló –no quiero evitarlo –se atragantó –pero puedes sacar provecho de todo esto.
Se detuvo, había usado la frase correcta para llamar la atención del chico, se giró hasta ella, sin evitar que se siguiera atragantando, elevó una ceja, esperando que continuara; la chica señaló su garganta y él asintió poniendo los ojos en blanco.
—Di lo que pensabas decir, para poder matarte.
—Si piensas quitar el sello, es mejor que lo hagas con todos ellos de tu lado.
—Interesante, continúa –se cruzó de brazos.
—Durante todos estos años hemos sabido de alguien lo suficientemente poderoso para liberarnos del hechizo de Morgana, un hijo suyo –sonrió –y ese eres tú, todos nosotros somos capaces de darte lo que sea, si lo desvaneces en el recuerdo –sonrió encogiéndose de hombros –pide lealtad y te la darán hasta el último de sus días, vivirán, morirán y torturarán por ti, sabes que lo harán y que puedes liberarlos ¿no es así?
—Nimúe ¿Qué sabes de ella?
—Hay una cascada dividiendo Agned y Glein –informó –dicen que la cueva sirve de portal, que puede transportarte a cualquier lugar en la tierra, en cualquier dirección –sonrió.
—Y si es así ¿por qué no lo han usado?
—No cualquier persona puede usarlo, sólo alguien específico –sonrió.
—Yo –puso los ojos en blanco.
—En realidad no lo sabemos, nadie ha podido pasar las barreras mágicas, ni siquiera el más fuerte de los Druidas, tal vez no pide poder y se necesita algo más.
—Dime ¿quién aparte de Nimúe sabe eso? –suspiró.
—Merlín –negó confusa –posiblemente Morgana lo supo –se giró hasta él –el lago donde Nimúe se recluyó está en Camlann –informó –pero dicen que está protegido por la magia de Merlín –sonrió –nadie ha podido penetrar ese sello, así que posiblemente el viejo siga vivo.
—Lo veremos.
Se alejó de ella, sin intención de nada en concreto, pero lo siguió, tan rápido como pudo.
—Espera –le gritó –pido que me tengas cerca, no importa si es para poner tus pies sobre mi –Rastaban puso los ojos en blanco.
Se quedó quieto, observándola, era la primer mujer que lograba mantener sus pensamientos un tanto ocultos de él, así que eso sin duda le interesó, regresó hasta ella, el cabello ondulado y rubio caía delicadamente por sus hombros, hasta su vientre, tenía unos bonitos ojos miel, su cuerpo era atractivo, así que sonrió.
—Posiblemente te use para otra cosa –aceptó.
—Llevar a tu hijo sin duda sería mi más grande honor –sonrió, haciéndole una reverencia.
—Bien, dime ¿dónde están los tuyos?
—Cerca de aquí –se encogió de hombros.
—No me refiero a los cincuenta hombres que nos rodean escondidos en las copas de los árboles, Honeday –sonrió encantado –no soy tan estúpido su alteza –rió divertido, haciéndole enfadar.
—No deberías burlarte o…
—O ellos me matarán, si no lo hago primero.
Esquivó fácilmente la flecha directa a su cabeza y sujetó la siguiente, que iba directa a su corazón, se colocó a las espaldas de la rubia y rodeó su cuello con su pesado brazo.
—Querida, no soy mi padre, y no caeré tan fácil como ellos –susurró en su oído; un suave humo escapó de sus labios y se adentró por la boca de la rubia, haciendo que un instante después se desvaneciera –listo, sin líder, ustedes se rinden ¿no es así? –Avanzó al centro, haciendo que los hombres bajaran y le hicieran una reverencia –alguien tiene que alzarla –señaló a la mujer.
El lugar era bastante amplio, y estaba resguardado por tres clases de encantos diferentes, bastante fuertes, así que entendía porque nadie los había podido encontrar, la pelirroja se puso de pie rápidamente cuando los soldados regresaron.
—Soldados, atáquenlo –ordenó, pero nadie hizo caso.
—Sujétenla –ordenó Rastaban.
Chasqueó los dedos, paralizándola cuando les dio batalla a los hombres, después de todo, era la segunda en proteger el lugar, así que se giró consternado ¿dónde estaba la tercera al mando?
—Dime, falta una de ustedes ¿dónde está? –sonrió.
—No te diré nada, maldito –escupió.
—Ya, ya, Hydra, tu hermana está aquí –señaló a la rubia –no está muerta, aunque debería haberla matado por intentar asesinarme, pero ninguna de las dos son rival para mí.
—Eres un idiota, no sabes nada sobre nosotros.
—Exactamente –sonrió –has acertado, mis instructores omitieron deliberadamente informarme de ustedes a lo largo de los años ¿por qué? –Elevó las cejas –no los sé, así que dime ¿por qué Smart evitó decirme de ustedes?
—Porque su deber es protegerme –informó una chica a su costado, quitándose el casco –por eso no te dijo de nosotros.
—No del todo, Alexey –se giró con una sonrisa divertida en sus labios –sé de ti, más de lo que desearías que supiera.
—Claro ¿cómo qué?
—Traicionaste a Morgana, te revolcaste con mi tío Charlie.
La mujer le observó como si hubiese perdido la razón, enfadada, las memorias de Smart sobre Alexey siempre eran borrosas, pero como había sido alguien insignificante para él, no había insistido de más, pero ahora la curiosidad lo carcomía ¿Quién era ella? Para que alguien como Smart jurara protegerla, y peor, a ella sí la había protegido, a diferencia de a su hermana y a su madre.
—Ven aquí, querida –sonrió –tenemos un amigo en común ¿te haría daño? He atacado a tus hermanas, porque, bueno, ellas me han atacado primero –sonrió.
Sonrió divertido, suponía que la isla tenía alguna protección para los suyos, cuando todo lo sucedido para con Morgana, sus tíos, su padre, y Potter habían recobrado la memoria, pero nadie en Ávalon los recordaba, Merlín había pensado en todo.
—Lo hicieron por alguna razón, nadie viene a ésta parte de Celidon si su intención es buena, es peligroso, pero algo me dice que eres más peligroso tú.
—Cierto.
La sujetó de las sienes, haciéndole chillar, aunque los soldados intentaron ir hasta él y atacarlo, no lo hicieron, Alexey era la tercera al poder, y si la dejaba fuera del combate, definitivamente se haría de ellos, tal y como su código lo marcaba.
La luminosidad de sus ojos se terminó, volviéndoles a su color normal, se alejó asustada, terminando en el suelo completamente agitada.
—No puede ser –chilló –eso no puede ser.
—Pero lo es –sonrió dándole la espalda para observar el lugar –así que Alexey Pendragon, quien lo iba a decir, somos algo así como primos… bastante lejanos ¿no es así?
La chica se abrazó a sí misma, tomándole más de un minuto recuperarse de toda aquella información que le había introducido a su mente ese chico despreocupado, todos ellos, todos estos siglos buscando evitarlo, y terminó ocurriendo, frente a ella estaba el único descendiente de Merlín y Morgana, Rastaban Malfoy.
—Yo sólo quiero justicia, no es para que te asustes, tu hermana me ha dado una muy buena idea –observó al ejército de fuego y sonrió.
—Dime ¿Qué idea te ha dado Honeday? –cuestionó nerviosa.
—Liberarlos a todos –los hombres se observaron completamente sorprendidos y con la esperanza burbujeando en sus mentes –a cambio de algo tan sencillo.
—Lo que sea –el hombre castaño y de ojos amarillos sonrió –si tú nos liberas, tendrás a todo el ejercito de fuego a tus pies, nos mandarás a tus encomiendas, buenas, malas, terribles, espantosas, tenebrosas –llegó hasta él –sólo libéranos.
—Quiero no sólo tu lealtad, sino la de todos ellos –observó a su alrededor.
—Promete por tu sangre y tu vida que nos liberarás y no sólo los tendrás a ellos y a mí, tendrás a cada criatura y ser viviente de tu lado, siéndote leales hasta la muerte, soportaremos la peor de las torturas, pero libéranos.
—No lo sé –se llevó la mano izquierda a la barbilla –tus palabras suenan muy falsas.
—No encuentro modo de demostrarlo.
—Puedes sobrevivir poco tiempo fuera de la isla ¿no es así?
—Sí –aceptó.
—Bien, necesito que vayas a Londres… no espera, necesito pensarlo mejor –se cruzó de brazos.
La mirada de Rastaban estaba fija en el cielo, que iba poco a poco oscureciéndose, haciendo que sus rasgos fueran perdiéndose lentamente junto a la poca luz, tenía que pensar bastante bien en su petición.
—No es necesario –habló Alexey poniéndose de pie, la forma segura y dispuesta lo hicieron sonreír, era incluso más linda de lo que los pensamientos de Smart mostraban –nos uniremos a ti, liberados o no.
—Suena a un cuento infantil, viniendo de una traidora.
—En el poco tiempo que estuve en el mundo avanzado, por lo que tú me has mostrado, sólo hubo una persona a la cual le fui leal –Rastaban sonrió –Charles Weasley, no voy a perdonar a Potter ni a nadie que tuviese que ver con su muerte.
—Tienes que prometerlo –sonrió inocentemente.
—Lo haré –estiró la mano, para que una daga de plata de forma irregular apareciera.
—Ya –sonrió –tú primero, Alexey.
—No es necesario que lo digas –cortó de un solo tirón en su brazo, para que la sangre comenzara a fluir.
—Me gustan las chicas valientes y determinadas –rió y siguió el ejemplo uniendo los brazos.
—Juntos, o que la poca lealtad me mate.
—Juntos, o que la poca lealtad te mate –repitió con una sonrisa.
La sangre de ambos se mezcló, para regresar a la normalidad, como si nada hubiese pasado anteriormente.
—No hay nada peor que jurarle lealtad a un extraño –observó a todos –síganme si quieren ser testigos –se detuvo –nadie hará nada que yo no les pida ¿bien?
Llegaron a la fría estructura de rocas que sólo él podía ver, estiró su mano, haciendo vibrar cada parte de las piedras, los pequeños símbolos comenzaron a brillar haciéndole entrecerrar los ojos, era magia muy antigua y poderosa, incluso un poco más de lo que había tratado antes, pero poco a poco los pequeños símbolos que conformaban el gran sello fueron cediéndose, rompiéndose en pequeños fragmentos, volando hacia el frente, para hacer imposible volver a juntarlos; todos se cubrieron de las afilados aerolitos que poco a poco se fueron volviendo visibles.
La tranquilidad después de que todo estaba fracturado y derrumbado duró poco, porque todo comenzó a temblar, observaron a su alrededor, observando como un fino velo rosáceo blancuzco se iba fragmentando.
Cuando se giró hasta el resto, todos estaban sobre su rodilla derecha, jurando la lealtad que había pedido desde el inicio de esa charla, sonrió satisfecho, tenía algo con lo que sin duda no contaba, pero ayudaría bastante en sus planes.
—Listo –sonrió –pueden ir a donde quieran pero –los detuvo –sin llamar demasiado la atención, si alguien llega a sospechar de ustedes antes de tiempo –negó –me temo que será su única oportunidad de salir de la isla ¿lo han entendido?
oOo
Lily observó a su padre, seguía dormido, y no podía culparlo, ser sometido a los poderes de Rastaban era algo agotador, y ella no había tenido ni de cerca un poco de lo que había tenido que soportar su padre.
—Ya está mejor –la tranquilizó James –sólo necesita reponer fuerza.
—Lo que me preocupa sin duda son los planes de ese chiflado, James –se quejó –tenemos que escondernos, no tardan en irrumpir en la casa y querer llevarlo a Azkaban –les dedicó una mirada preocupada –sino es que matarlo.
—Creo que deberíamos usar el lugar que menos pensarán para usarlo de resguardo –sugirió Albus.
—Claro, soy toda oídos para cualquier idea razonable –sonrío la pelirroja.
—La Madriguera –sonrió su hermano –es el mejor lugar, si lo piensas, ellos jamás pensarán que se esconde en el lugar de su crimen.
—Bueno, sí, lo hacen, por eso de que un asesino siempre vuelve a la escena del crimen ¿no es un dicho popular muggle?
—Sí –coincidió Lily –pero olvidan que nosotros ya no tenemos el control mental, él no sabrá que pensamos, que sentimos ni nada, podemos hacer un escondite con magia.
—Claro, y eso funcionará para Rastaban Malfoy –se burló James.
—Yo no dije que resguardarnos de él, Rastaban no va a buscarnos, porque quiere jugar con nosotros, quiere que intentemos detener sus planes, así que nos dejará en paz, quien me preocupa no es el Rey, sino los peones y su Reina.
—La dichosa Ana –sonrió Albus –me pregunto ¿quién es?
—No tengo la menor idea –admitió Lily –sólo sé que él le interesa en más de un sentido –sus hermanos la observaron.
—Es bueno que tus hormonas no estén tan alteradas ahora con él, Lily, porque si era un poco incómodo a la vista –se burlaron.
—Pero ya descubrieron que era el maldito hechizo, no yo.
Los tres hermanos Potter se quedaron un momento en silencio, tenían que comenzar su búsqueda de aliados, pero tenían que idear un modo para saber en quién confiar y en quién no, posiblemente podrían acudir a Neville Longbottom, pero él sin duda se pondría del lado de Rastaban, era su padrino, y amigo de su madre, le quería y eso sin duda lo cegaría.
oOo
El lugar era bastante tranquilo, había pasado una semana desde el incidente donde se había involucrado la destrucción de varios lugares y tal ataque se le había atribuido a Harry Potter, si bien sus hijos eran inocentes, eso no hacía que no los trataran tan mal.
Las miradas acusadoras la siguieron a través de la calle, se detuvo cuando al final del camino lo observó, Rastaban Malfoy estaba oculto en una capa de terciopelo verde esmeralda, con una sonrisa que adornaba sus atractivas facciones, esperaba que ella se acercara, pero sólo inclinó la cabeza y tomó un rumbo diferente.
—Lily –chocó con Lysander Scamander, uno de sus compañeros de redacción, claro que él enfocado más al lado de la Zoología Mágica.
—Hola, Lysander –le dedicó una sonrisa amble.
—Sabes quién de los dos soy –sonrió encantado –por lo regular no nos distinguen –aclaró intentando sonar más neutral.
—Sí, normalmente pasa, pero a comparación de Lorcan, tú no intentas engatusar chicas –le sonrió –así que se volvió fácil, ya con el tiempo comencé a notar ciertos patrones diferentes entre uno y otro, aunque sean como dos gotas de agua.
—Me alegra –rió divertido.
—Estás huyendo de mí, pequeña Lily –la pelirroja puso los ojos en blanco en cuanto escuchó el tono burlón de Rastaban.
—Pensé que me dejarías en paz –se giró hasta él, quedándose completamente sorprendida.
El chico ahora frente a ella, tenía el cabello corto, y lucía un traje café que le quedaba a la medida, haciéndole lucir totalmente encantador y completamente seductor, le otorgó la sonrisa de uno de los modelos más guapos.
—Eso ya no funciona –negó y se giró hasta Lysander.
—No piensas presentarnos –negó –creí que tu padre te había enseñado modales, veo que no fue así.
—Deja de meterte con mi padre o…
—Continúa amenazándome –sonrió.
—Lysander –se presentó solo el rubio.
—Rastaban –estrechó la mano del hombre, dándole un fuerte apretón.
—Un placer –sonrió ingenuamente el chico.
—Por supuesto que lo es, el placer, mío, digo –ambos rieron.
—Dime ¿de dónde conoces a Lily?
—Rastaban –los tres se giraron al lugar donde provino la voz.
—Alex, ellos son Lyscamer y Lily –los señaló –Lyscamer, Lily, ella es Alex.
—Lysander –corrigió el chico y extendió la mano.
Lily observó curiosa a la mujer junto al pelirrojo, su cabello rubio cenizo era bonito, le llegaba un poco debajo de la barbilla y sus ojos verdes le miraron con enfado.
—Lysander y yo nos vamos, tenemos que trabajar.
—Cierto –admitió él –ha sido un placer.
—Desde luego que les ha sido un placer –se encogió la chica.
—Quería saber qué tal iban las cosas para tu padre, pero creo que estás más ocupada en tus asuntos que en esos.
—No te interesa sobre qué me interesa más o menos, así que mantente en tus propios asuntos.
—No, no, Alexa, no vale la pena, déjalo pasar, la próxima podrás intervenir.
—Oh, que…
La rubia avanzó sin más, estiró su mano, donde apareció una daga irregular, Lysander se interpuso entre las mujeres y sonrió.
—Deberían controlarse, chicas, todo está bien aquí ¿cierto, Rastaban?
—Yo no interfiero en peleas de chicas, me parecen sensuales –sonrió.
—Pues yo no pelearé con tu matona –vociferó enfadada Lily –vámonos, Lysander.
Lo tomó del brazo para aparecerse en otro lugar, sintiendo la mano delicada de la chica sujetarla del hombro, por un instante pensó que llevaría la pelea justamente al lugar donde tenía a su padre, pero no, Alexa evitó la aparición, cuando estaba por desaparecer, arrojándola contra la barda.
—Tienes que aprender dónde está tu lugar.
—Tú también tienes que aprenderlo pero claro que posiblemente te tiene bajo un encantamiento múltiple –soltó enfadada.
—No, no la tengo en un encantamiento múltiple, Lily, ella me defiende porque quiere. Lealtad, suelen llamarla algunos.
—Cuando les devuelvas su libre albedrío, espero que te sigan siendo fieles y leales, ahora dile que nos deje marchar.
—Déjalos Alexa, nos divertiremos en otro lado.
—De acuerdo, pero promete que me dejarás matarla –Rastaban observó a Lysander, que abrió los ojos sorprendido.
—Creí ser claro en el pasar desapercibidos entre ellos –Alexa sonrió.
—Creo que la sociedad en lugar de avanzar retrocedió.
—No voy a negarte eso.
Lily llegó hasta él, completamente enfadada, y no pudo abofetearlo por más que quiso, ni siquiera pudo moverse.
—No te preocupes –se acercó a ella –voy a tomar cartas en el asunto, si quieren vivir en lo primitivo, seré piadoso y se los concederé.
—Jamás podrás lograrlo.
—Eso lo veremos, querida Lily Potter –levantó la vista –posiblemente tendrás que dejarlo desmayado –Lily se giró hasta Lysander que estaba sobre el suelo, completamente inconsciente –no te preocupes por todo, pronto sabrás mis planes, no sólo tú, sino que todo el mundo, y podrás presenciar el momento en que haré que todo esto, se desmorone –desapareció.
