Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, he regresado con una nueva actualización, creo que no tengo vergüenza al regresar como si nada, como si no hubiese tardado casi dos meses en volver a actualizar, ya sé que siempre es el mismo cuento entre ustedes y yo, respecto a éste fic; pero ven, aquí estoy, tarde pero seguro, tengo que agradecerles por el apoyo que me han dado en ésta historia, todos los reviews, que siguen dejando a pesar de que me tardo en escribir, y acomodar lo que ya tengo escrito; por más que quiero avanzar rápido con la historia, me pasa lo contrario, pero soy de las que prefieren no forzar nada cuando se trata de historias, ya de por sí, jajaja, bueno, espero que la historia esté siendo de su agrado, de nuevo, muchas gracias por sus reviews, y sus insistentes reviews para que continúe; bien, creo que eso es todo, y nos leeremos el próximo mes.

Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.

Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber.


El sol se lazó imponente, anunciando un nuevo día, la luz golpeaba todo a su alcance, incluyendo el rostro del rubio, que estaba en una extraña maraña de sábanas y extremidades corporales, entrecerró los ojos para poder ver bien, la vida fuera de esa habitación seguía su curso, pero él quería quedarse más tiempo ahí; sujetando a la pelirroja que dormía demasiado tranquila contra su cuerpo, hacía demasiado tiempo que había despertado de esa forma; normalmente todo en su vida era aprisa, ella se levantaba temprano a atender a los niños, iba de un lado a otro, arreglando las cosas de Eltanin y Rastaban, que se irían a La Madriguera a ser cuidados; mientras él iba al trabajo y ella a entrenar, o a algún partido en Inglaterra o fuera del país.

—No me digas que tengo baba –murmuró la pelirroja sin abrir los ojos.

—Sólo un charco pequeño –sonrió divertido.

—Lo sospeché –se giró, dándole la espalda.

Queriendo y no; su vista fue de reojo, los rayos del sol iluminaban la espalda pálida y salpicada de pecas de su esposa, no tenía necesidad, ni razón para mirarla tan discretamente, toda ella ahora era suya.

Suya y de nadie más.

Pegó sus labios a la piel desnuda de la mujer, que soltó una ligera risita, pero no se movió, dejó que su esposo descendiera hasta su trasero, y que su mano acariciara su pierna incluso su entrepierna, hasta quedar en su sexo; Ginevra contuvo el aliento y se mordió el labio, observó sobre su hombro al rubio, que tenía una sonrisa perversa.

—Todo depende de cuanta hambre tenga, señora Malfoy –soltó divertido.

—Claro; mejor dicho, todo dependerá de qué tipo de hambre tenga, señor Malfoy –le guiñó un ojo.

La espalda de la mujer quedó sobre la suave cama cubierta de una sábana blanca de algodón; sus dedos largos se aferraron a la almohada en donde estaba recostada cuando la cabeza de su esposo se perdió entre sus piernas, lo primero que sintió fue su cálido aliento contra su piel sensible por el encuentro de la madrugada; para después sentir la humedad de su lengua caliente pegarse a su entrada, abriéndose paso, danzando ágilmente como serpiente, soltó un quejido y suspiro tortuoso a la vez; mientras sentía los largos dedos de su marido sujetándola firmemente de los músculos de sus piernas para darle más espacio en su intimidad.

— ¡Oh, Draco! –chilló extasiada cuando sintió una de las falanges largas introducirse por completo en ella.

Hacía meses, desde que no disfrutaban de un encuentro sexual placentero; desde que habían engendrado a Rastaban; después de ahí el trabajo o el mismo embarazo no lo permitía.

Sus bocas se encontraron en un beso pasional, mientras sus cuerpos desnudos se pegaban uno al otro, la fricción entre ellos era placentera, sus manos recorrían el cuerpo del otro, estimulándose a su manera cada uno.

Ginevra recibió a su marido, que se había adentrado en ella de un movimiento rápido y acertado, la longitud de Draco la hizo gemir mientras arqueaba la espalda, cosa que el rubio aprovechó para llevarse a la boca uno de los pechos de la pelirroja, mientras que con una de sus manos, masajeaba el otro, otorgándole uno que otro delicado pellizco en su pezón, haciendo que el cuerpo debajo del suyo se estremeciera.

Draco se adentró en ella en una nueva estocada; permaneciendo unos segundos albergado en su mujer, para volver a salir y hacer lo mismo. —Más rápido –pidió agitada la pelirroja en los labios de su marido; a quien no tuvo que pedirlo dos veces, hizo el vaivén más rápido, las piernas de Ginny fueron hasta el trasero del rubio, empujándolo un poco más en su interior, haciéndole sonreír.

—Vaya cariño, sin duda estás un poco cariñosa –se burló agitado, mordiendo el labio inferior de la mujer.

—Es tu culpa –gimió en un chillido.

—Lo sé.

—Así –se relamió los labios –más rápido –suplicó en un chillido que anunciaba su clímax –Draco, más rápido.

El hombre sonrió, incorporándose, quedando hincado entre sus piernas, con las manos a ambos lados de las caderas de su mujer, empujando su virilidad de forma rápida y dura en la jadeante mujer, que anunció la llegada de su clímax, contrayendo sus músculos vaginales alrededor del miembro de su esposo, en señal de las contracciones del orgasmo, Draco que se detuvo en ese momento, mientras gruñía de placer; un momento después, siguió el vaivén, hasta que él mismo terminó.

—Te he extrañado tanto –murmuró la pelirroja acariciando el rostro de su esposo, que le sonrió socarrón.

—Lo sé –admitió –soy fabuloso.

—En realidad lo eres, mi amante no es capaz de hacerme gozar tanto como tú –lo besó.

—Aun así lo tienes ¿no?

—Una chica necesita sexo tanto como un hombre, que no lo digamos en voz alta o presumamos como ustedes, no significa…

—Cállate –gruñó frunciendo el ceño –lo mataría, si fuese cierto.

—No hay nadie aparte de ti, al menos no en mi vida sexual –se encogió de hombros –en mi amor, lamento decirte que lo compartes con Eltanin y con Rastaban.

—No me preocupa, tú también tienes que compartir mi amor.

—&—

Harry se detuvo en seco; su mirada se perdió un segundo antes de girar el rostro a la derecha y observar hacia lo que se suponía tenía que ser un cabello rubio lleno de laca, en cambio, sólo había uno revuelto, estaba a punto de marcharse a su oficina, creyéndose que Draco Malfoy había sido tan feliz en su encuentro sexual matutino con Ginevra; que había olvidado peinarse bien, pero era Malfoy, él jamás iría con el cabello así a trabajar.

—Ron –murmuró serio –Ronald –volvió a repetir.

—Sí, Harry.

El moreno puso los ojos en blanco, se recargó en el cubículo donde salía el cabello rubio; Ron estaba con los ojos cerrados, intentando que no lo descubriera, lo podría dejar pasar, sin duda podía, era Harry Potter, después de todo.

—Dame una buena razón para no suspender a Malfoy –contestó junto a él.

Ron Weasley le observó incrédulo, sus ojos azules no habían tenido esa expresión desde que se habían topado con la Acromántula de Hagrid en su segundo año.

—Creí que sabías que cuenta con su sueldo para mantener a su familia –contestó.

—Por eso mismo debería estar aquí, trabajando ¿dónde está? –elevó una ceja.

—Fue por algo que le pedí al callejón –sonrió –no tarda.

—Claro, entonces ¿por qué la necesidad de que no me diera cuenta? –Elevó una ceja señalando con la vista la peluca rubia malhecha –si hubiese estado bien peinada, no lo hubiese notado –aceptó.

—Hermione me lo advirtió, pero le dije que un modo desaliñado demostraría que tuvo una buena mañana ¿sabes a qué me refiero? –sonrió.

—Es tu hermana con la que tiene buenas mañanas ¿lo pensaste? Su buena mañana significaría un grandioso polvo con tu hermana.

—Cállate, eso no es agradable –frunció la nariz.

—Sólo te estoy recordando con quién está casado.

—Tú estás muriéndote por suspenderlo desde que sabes que no tiene más entrada ¿cierto?

—No, claro que no –respondió en tono serio –pero ahora que lo dices, eso le enseñará un poco –se alejó de su amigo –cuando lo veas, infórmale que tiene tres semanas de suspensión, sin sueldo.

—Pero…

—A menos que esté enfermo, él o alguien de su familia.

—Fue idea de Ginny –se quejó Ron.

—Sí, es una lástima que tu hermana no trabaje para mí, así también podría suspenderla a ella, por creer que se mandan solos, pero no.

—Harry…

—Soy su jefe, Ron, no su amigo –contestó perdiéndose en su oficina.

El pelirrojo se dejó caer en la silla de su compañero, completamente sorprendido ¿cómo demonios iba a darle esa noticia cuando volviera? Tanto Ginny como él le lanzarían algún maleficio, y no es como si no lo mereciera.

—Maldita peluca –chilló Ron arrojándola al sofá.

—Dime ¿qué ocurrió? –elevó una ceja Hermione.

—Tu amigo Harry –soltó –suspendió a Draco.

—Dijiste que lo cubrirías, Ron –soltó enfadada.

—Sí, pero soy un idiota, debí ponerle seis latas de laca a esa peluca –se encogió de hombros –se pondrá histérico cuando se lo diga.

—Dime ¿por cuánto tiempo lo suspendió?

—Tres semanas.

—Se moría por hacerlo ¿cierto?

—Sí –los dos negaron divertidos.

—Deberíamos fomentar esa amistad, a Draco no le conviene seguir teniendo a su jefe en su contra.

—Lo sé –suspiró.

Ron se encargó de limpiar el lugar mientras Hermione jugaba un rato con Eltanin, ya que Rastaban se había quedado dormido después de que la castaña le leyera un cuento, para su sorpresa, sin necesidad de usar la voz de Draco.

El pelirrojo se recargó en el umbral de la puerta que daba al patio, Hermione Granger acariciaba la cabellera rubia brillante de Eltanin, mientras le recitaba el último párrafo del cuento favorito de la niña, sí, completamente de memoria, ambas compartían el gusto por la misma princesa muggle, así que eso y la brillante mente de la mujer castaña, había hecho que lo supiera completo, donde iba una coma, donde iba un punto, donde la princesa aumentaba la voz e incluso imitar el acento francés del candelabro.

Habían dejado pasar demasiado tiempo para casarse, y ni siquiera sabían por qué, tenían 26 y 27, ya era momento en que ellos formalizaran su relación en una boda; ya era momento en que tuvieran su propio hijo, observó la sortija en la mano de su prometida, sólo esperaría a que su hermana regresara para poder decirle que comenzaran a planear la boda.

—Te quedaste pensativo –comentó la castaña rodeando su cuello y besándolo.

—Ya lo sé –aceptó –es sólo que mientras más te veo cuidando de ellos, más deseo tener nuestros propios hijos.

—Lo sé –admitió –los hijos de tu hermana son encantadores, significa que son más Weasley que Malfoy –soltó una risita.

—Eso aún no está claro, además que han convivido más con nosotros que con los Malfoy.

—Eso ha sido decisión de Draco, no de Ginevra.

—Eso ha sido decisión de Lucius y Narcissa más que de Draco; creo que sí le afecta más de lo que dice el rechazo que muestran hacia sus hijos, sólo por llevar sangre Weasley –musitó Ron.

—&—

Draco gruñó completamente furioso y apretó el pergamino, no podía creer lo que le había mandado, era una nota, una maldita nota diciéndole que Harry lo había suspendido por tres semanas; se golpeó la cabeza con la barda, observó a sus hijos, que estaban tranquilamente jugando en el piso de la estancia, Ginevra había ido a preparar algo para la merienda, no podía decirle a su mujer lo que pasaba.

— ¿Todo bien? –sonrió besando su mandíbula.

—Sí, perfectamente –se alejó de ella y se sentó en el sofá.

—Eltanin –la llamó –ve a lavarte las manos para merendar.

—Sí mami –sonrió poniéndose de pie y corrió por el largo pasillo.

Ginny avanzó hasta su hijo y lo tomó en brazos, no insistió, sabía que si él no quería compartir sus cosas con ella, era muy su problema, no iba a rogarle, era un acuerdo implícito que había ahorrado muchos problemas en su matrimonio.

—La merienda está lista –informó unos minutos después cuando él no se unió a la mesa con ellos.

—No tengo hambre –soltó levantándose.

—No tienes hambre pero vas a salir –se cruzó de brazos.

—Aclaremos algo, Ginevra, tus hijos están en el comedor, no aquí, así que eso te deja muy claro que no soy tu hijo.

—Vaya que descubrimiento –suspiró –tienes razón, ya estás demasiado grande como para estarte cuidando, haz lo que quieras.

Regresó hasta el comedor, el rubio quitó su capa del perchero de mala manera, ni siquiera le importó cuando el mueble chocó contra el piso por la fuerza en la que lo quitó, entró a la chimenea y arrojó los polvos flu ante la mirada preocupada de su hija, que había llegado hasta ahí inquieta por la seguridad de su padre.

La luz de la habitación era tenue, así que espero no estar interrumpiendo nada de la intimidad del único amigo que tenía.

—Pensé que estabas con alguien –se excusó.

—Estoy solo –lo tranquilizó –a veces la luz se vuelve loca –se encogió de hombros –pero es bastante noche, pensé que a esta hora te enroscabas con tu leona y hablaban de cómo iban sus vidas.

—Normalmente lo haría –admitió.

—Quien lo iba a decir, Draco Malfoy, el más Slytherin que el mismo Slytherin, terminó casado con una Gryffindor empedernida –se burló el hombre.

—Sus hermanos y yo creemos que hubiese quedado maravillosa en Slytherin.

—Sí, lo imagino ¿qué te trae por aquí?

—Theo –inició un poco dudoso –sabes si hay posibilidad de ayudarte en algo.

—Creí que estabas bien como Auror ¿Qué ocurre?

—Bueno, mi jefe es Potter, no termino por caerle del todo bien –se encogió de hombros –me suspendió del trabajo por tres semanas sin pago.

—No veo el problema en ello.

—Desde que me casé con ella, mi padre me quitó cada galeón que tenía por derecho a ser Malfoy, mi madre no fue de ayuda, y gasté todo en la casa en la que ahora vivo, así que puedes creer cuando te digo que mi salario es lo único que tengo acceso ahora.

—Creí que tu padre te quitó el acceso al dinero una, porque te negaste a vivir en la Mansión Malfoy, dos, preferiste ser Auror que seguir los negocios de tu padre.

—Principal, me negué a dejar a Ginny.

—Tu padre ha estado buscando un asesor –le recordó –si le dices, no creo que se niegue a ayudarte.

—No quiero acudir a él, si lo hago, se creerá con el derecho de meterse en mi vida, en mi matrimonio, en la forma en la que crío a mis hijos.

—El hecho de hacerlos unos traidores a la sangre –admitió dejando frío al rubio platino.

—Espera ¿qué dijiste?

—La sociedad inglesa está cuestionando a tus padres sobre ti, tu esposa e hijos, te casaste con una Weasley, una traidora a la sangre, no conforme con eso, hiciste de tu primogénita la ahijada de una sangre sucia; nadie de la alta sociedad mágica inglesa conoce a tu hija, y tiene seis años, Draco, ya los llaman los pequeños traidores a la sangre.

El rubio avanzó de un lado a otro, no podía creer que eso le estuviera pasando; se había alejado de sus padres, había decidido criar a sus hijos con otros ideales, que fueran un poco más abiertos y tolerantes de lo que él había sido, amaba a Ginevra con todo su ser, pero tenía que admitir que él no era como ella, a él le afectaba demasiado lo que la gente dijera de él, aunque no lo demostrara, y sin duda le importaba lo que dijeran de sus hijos, él no quería que fueran llamados de esa forma, no quería que nadie se atreviera a insultar a sus hijos de aquella manera tan desagradable.

—Por qué no me lo dijiste antes, Nott –soltó irritado.

—Porque jamás quisiste que te lo dijera, cambiabas el tema y cuando insistía, te ibas, además me parece genial que decidas hacer de tus hijos…

—Unos señalados –bramó –ahora comprendo porque mi padre está furioso conmigo –anduvo de un lado a otro.

—Draco…

—Tú no tienes hijos, así que no me digas que lo que hago está bien.

—Es que lo que haces está bien, ellos pueden ser mejores personas de lo que nosotros somos.

—Claro, yo no voy a dejar que a mis hijos les llamen así, no siendo unos Malfoy, ellos tienen la sangre tan pura, más pura que nadie en el mundo mágico, como para que…

—También tienen sangre Weasley –le recordó Theo.

—Lo sé, pero si ellos son unos… mediocres que no les interesa fraternizar con los sangre sucia, mis hijos no…

—Si piensas eso de ellos ¿por qué te casaste con ella? –Frunció el ceño enfadado Theo –los Weasley son tan sangre pura como los demás ¿lo recuerdas?

—Sí, pero su juicio está manchado por su devoción por la sangre sucia y mestizos.

—Es mejor que ella no te escuche hablar así, o te meterás en problemas.

—Me importa una mierda, no quiero que mis hijos sean señalados más.

Usó la red flu para ir directamente a la Mansión, tenía que hablar con su padre, estaba completamente furioso ¿por qué no le habían dicho de la forma en la que se referían a sus hijos?

Avanzó al despacho de su padre una vez hubiese puesto el pie en la casa; el hombre estaba en una reunión con un mago se giraron hasta él, y el desconocido sonrió divertido.

—Creí que el contacto con tu hijo era mínimo –soltó en un tono rasposo, que Draco dedujo que así sonaba su voz.

—Lo es –contestó Lucius –ambos estamos igual de sorprendidos.

—Me imagino que ha venido después de que sus pequeños traidores a la sangre se han dormido, junto a su madre, esa pequeña arpía.

La mandíbula de Draco se tensó ante la furia, apretó su varita conteniéndose todo lo posible, su mirada furibunda fue hasta su padre; pidiendo que ayudara a defender a su familia, pero el hombre estaba tan tranquilo como siempre.

—No hay otra manera que él venga que esa, es una lástima que un orgulloso Malfoy, con su sangre pura, terminara emparentado con esos Weasley.

—Bueno, te recuerdo que al igual que yo, has quedado emparentado con ellos.

—Eso es discutible, yo no fraternizo con esa familia de traidores a la sangre, como tú, que te has vuelto uno de ellos.

—Padre –soltó en amenaza –puedo permitir que hables de cualquier forma de mí, pero no de mis hijos.

—Si no quisieras que hablaran de tus hijos, los traerías a ésta casa, ya mucha desafortunada suerte tienen que sus abuelos maternos sean esos dos pelirrojos mediocres, como para todavía mezclarlos con todos esos muggles, mestizos y la mediocridad que tu nueva familia representa.

—Tú te has encargado de que vivan entre ellos, te recuerdo que los has rechazado innumerables veces –soltó furioso.

—Hagamos algo entonces –avanzó hasta su hijo –tráelos a la Mansión, a vivir.

—Ginevra…

—No la quiero a ella, tu madre y yo nos encargaremos de hacer de esos dos niños unos Malfoy, no un chiste, podemos borrar todos los malos cimientos que has hecho con ellos, Draco.

—Ginevra preferiría morir…

—Los accidentes en los campos de juego ocurren, sólo pídelo, y libraremos a tus hijos de ser señalados de una forma tan cruel.

—Es la mejor oferta que tendrás –admitió el otro hombre –ayudaré a limpiar el apellido de tus hijos, si en verdad te importan.

—Es tu elección, tienes un mes, para pensarlo –sonrió Lucius.

—&—

Ginny observó a su hermano pero estaba un poco atareada con las cosas de la casa; normalmente Draco se encargaba de eso, pero desde hacía tres semanas había alegado mucho trabajo en el Departamento, no tenía tiempo ni para ir al baño, según él había contado, por lo tanto, su misión lo había llevado a no estar ni un día en casa.

—Vaya, vaya, muy atareada –bromeó.

—Cállate, no tienes cara después de que has tenido a mi marido trabajando peor que un elfo en la época oscura –gruñó.

—Hablando de él –comentó frunciendo el ceño desconcertado –dime ¿dónde está?

Ginevra se giró frunciendo el ceño. —Dijo que estaban en una misión, dímelo tú.

—Sí, pero hace unas horas nos desocupamos, quería venir a ver qué tal estaba después de los gritos de Harry –sonrió de forma rara.

—No estaban en una misión ¿cierto?

—Lo suspendieron por mi culpa hace tres semanas –admitió –le mandé una nota, en lugar de darle la cara –sacó un sobre de su capa y lo dejó sobre la mesa.

— ¿Qué es eso? –frunció el ceño.

—Su salario.

—Harry debió suspenderlo sin salario, Ron.

—Lo hizo, pero Hermione y yo hablamos y como fue mi culpa, quedé que le daría mi salario –sonrió –es lo que hacen los amigos por los amigos.

—Pero Ron…

—Viviremos con el de Hermione, somos dos, ustedes cuatro; Gin-Gin –sonrió.

—No entiendo cómo es que lo amas tanto ahora –bromeó.

—Te hace feliz, y eso es suficiente para mí.

Los dos pelirrojos se giraron hasta la chimenea, que dio paso a Draco, la mujer observó a su hermano y suspiró.

—No le digas que me dijiste –pidió.

—Bien.

— ¡Ron! –chilló sorprendido el rubio.

—Olvidaste esto en la oficina –le arrojó el sobre.

—Pero ¿qué es?

—Tu salario, maldito olvidadizo –gruñó.

—Pero…

—Le decía a Ginny que probablemente fue que Harry te gritó demasiado estas tres semanas que lo único que querías era descansar un poco y fuiste por algo antes de venir a casa.

—Sí, fue eso –observó a su cuñado y después a su esposa, la pelirroja sonrió, fue hasta él y depositó un suave beso en sus labios.

—Bienvenido a casa –besó su mandíbula.

—Gracias cariño –pronunció pero las palabras y el beso le supieron amargos, como si hubiese bebido hiel.

Se quitó la capa, observó a los pelirrojos hablando tranquilamente, no sabía porque Ron lo había cubierto ni qué le diría cuando estuviesen solos.

—Yo sé que no lo has visto en mucho tiempo, Gin-gin pero ¿te molesta si le invito un whiskey de fuego?

—En realidad quería ir con los niños a…

—No te han visto por tres semanas, pueden esperar unas pocas horas.

—Cierto –sonrió incómodo –pero en realidad los he extrañado.

—Ve con Ron, de todos modos los niños están con mis padres.

—Hablando de eso, y he pensado en llevarlos a ver a mis padres.

—Sí, el día que quieras llevarlos, sólo me avisas, para decirle a mis padres que tienen el día solo para ellos.

—Eso es asqueroso –se quejó Ron.

—Yo no dije nada –se defendió Ginny.

—Pero diste a entender que ellos podrían tener sexo, pero ya son demasiado viejos.

—Les diré –se burló ella.

—Quieres deshacerte de mí, ya lo sé.

— ¿Se notó mucho? –le guiñó un ojo.

Draco se recargó de inmediato en la barra y pidió un whiskey, el elfo no tardó mucho en darle su trago, y cuando su cuñado estuvo a su lado, observándolo, él ya tenía el líquido ámbar pasando por su garganta.

—No le dijiste que te suspendieron –comenzó.

—Debí mandarle una nota en vez de darle la cara ¿cierto? –bufó.

—Lo que me preocupa es más el hecho de que estuviste tres semanas fuera, Draco ¿con quién?

—Con mi familia, también tengo una ¿lo sabías?

—Sí, la última vez que hablamos no los querías volver a ver hasta que aceptaran del todo a tus hijos.

—Bueno, ya lo hicieron, los quieren ver.

—Es lo que se me hace sorprendente.

— ¿Por qué? ¿Por qué mis padres quieran tener una relación con sus nietos?

—Bueno, Eltanin tiene seis, hicieron un intento hace unos años, pero tu madre terminó diciéndote que no quería volver a verla, era más Weasley que Malfoy.

—Bueno, eso es porque tus padres la cuidan.

—Cierto –admitió –pensé que no te molestaba eso.

—No me molesta.

—Estás todo enfurruñado, Draco, sé que fue mi culpa que te suspendieran, pero ya estás a unas horas de volver a tu maldito trabajo, al menos me hubieses informado de tu mentira, por poco le digo a Ginny la verdad.

—Ni se te ocurra decirle que me suspendieron.

—Hermione y yo queríamos que tuvieras mi salario de éste mes.

—No es necesario.

—Sé que no lo es, pero somos amigos, hemos pasado demasiadas cosas juntas, y bueno, fue mi culpa –palmeó su hombro.

—Gracias.

—Ya te lo he dicho, somos amigos ¿no?

—Entonces tengo que confesarte algo como amigo.

— ¿Te acostaste con alguien diferente?

—Me enteré que la alta sociedad mágica se refiere a mis hijos como los pequeños traidores a la sangre –bebió su whiskey de un solo trago, mientras su cuñado colocaba su espalda de una forma recta y peligrosa.

—Supongo que te lo dijeron tus padres para convencerte de algo ¿no?

—De hecho me lo dijo Theodore Nott –aceptó.

—Ya veo, por eso estás de ese maldito humor.

—Estoy furioso, no quiero que mis hijos crezcan siendo llamados de esa forma.

—Bueno…

—No –lo reprendió –no me digas que no se crece tan mal siendo insultado por alguien como yo de esa manera o dime ¿qué tan bien le hice a Hermione llamándole así en segundo año? O en cada maldita oportunidad.

—Bueno, dicen que lo que haces se paga ¿no? –se encogió de hombros.

—Vuelve a tomarlo a la ligera y juro por mi rostro atractivo que voy a hacerte pedazos, son mis hijos, si fuesen tuyos…

—Sería incesto –hizo una mueca de desagrado, logrando que Draco le diera un puñetazo en el brazo –maldito seas Malfoy –gruñó con el ceño fruncido.

—Te lo advertí.

—No has llegado al tema principal –informó.

—Mi padre me pidió que llevara a los niños a la Mansión.

—Está bien, quieren…

—Quedarse con ellos y hacer de ellos algo digno del apellido Malfoy.

—Ginny te arrancará las pelotas si se entera –comentó dándole un trago a su cerveza de mantequilla.

—Vaya, creo que me he juntado demasiado contigo, pensé lo mismo también.

—Si te las arranca, ya no podrás hacerle otro hijo.

—Voy a sacar tus ojos de sus cuencas si sigues –advirtió.

—Yo sólo digo que la castración para ti es una opción.

—Aconsejaré a tu sabelotodo en ese caso.

—Hablando de Hermione, voy a proponerle matrimonio –sonrió.

—Me pregunto si te rechazaría si consiguiéramos una sortija idéntica a la de Voldemort –sonrió.

—Un compromiso funerario –sonrió burlón Ron.

—Al menos habría gente en tu funeral.

Los dos hombres rieron divertidos; después de un rato, Draco se tranquilizó, había estado de tan mal humor esos días, odiando a Ron por hacer que lo suspendieran, pero tenía que admitir que incluso le sorprendía lo mucho que se habían vuelto amigos, y si quería mejorar la vida no sólo para él sino para sus hijos, era mejor comenzar a plantearse otro estilo de vida, y si lo iba a hacer, no arrepentirse después.

—Es mejor que nos vayamos, o tu mujer nos golpeará.

—No lo dudes –se burló Draco.

—Vamos.

—&—

Ginny se giró, para darle la espalda a su marido; desde que habían llegado a la Madriguera la mirada que le estaba otorgando era demasiado intensa, normalmente le agradaría, pero que la viera así enfrente de toda su familia la hacía sentir incómoda.

—Se ve que no tienen suficiente tiempo libre como el que quisieran ¿cierto? –bromeó Luna.

—Cállate –soltó avergonzada.

—Si tus padres consideran que es demasiado cuidar a tus hijos para que tú y Draco tengan sexo, Neville y yo podríamos cuidarlos –inclinó la cabeza y sonrió, el tono tan suave e inocente de Luna le hacía sentirse un poco más incómoda.

—Bueno, lo hablaré con él.

—Es por eso que Neville y yo no tenemos hijos –se balanceo tranquila –él es demasiado intenso ¿sabes a lo que me refiero? –sonrió.

—Sí –hizo una cara de desagrado.

—Por tu cara, es como si tus hijos hubiesen sido procreados por magia.

—No te ofendas, pero hacerlo y pensar en otros hacerlo… no es lo mismo.

—No me molesta –se encogió de hombros.

—Ya lo noté –palmeó su hombro.

Luna se alejó de ella y corrió directo a Harry, que había aparecido junto a Charlotte.

—Hola Harry –sonrió y de inmediato lo ignoró para dedicarse al pequeño James que iba en los brazos de Charlotte.

—Hola Luna –sonrió divertido.

La comida familiar en la Madriguera fue tranquila, los niños jugaron hasta cansarse, Eltanin fue reprendida por estar entrometiéndose cada minuto entre la plática de su madrina y la de Luna que charlaban sobre libros; Harry y Draco hicieron una tregua por estar en la casa Weasley y se toleraron.

—Es bastante extraño, ustedes se llevan tan mal, y sus hijos –sonrió Molly palmeando los hombros de los hombres.

—Bueno, mi hijo no tiene buenos gustos para los amigos –sonrió Harry divertido.

—Ya lo noté –admitió Draco.

—James es demasiado pequeño para Eltanin, pero se imaginan –sonrió la mujer.

—Pero Rastaban tiene la edad justa –sonrió Charlotte.

— ¿Para James? –interrogó Draco divertido.

—Ahm –la mujer observó a su marido y sonrió –estoy embarazada –informó.

La cara de Harry fue una mueca distorsionada, así que todos supieron que no lo sabía aún, se levantó de la mesa y fue hasta su mujer completamente feliz de la noticia.

— ¡Voy a ser papá! –vociferó haciendo que los niños voltearan a verlos.

—De hecho ya eres papá –argumentó Luna.

—De nuevo –sonrió y besó a su esposa –oh Charlotte, me haces el hombre más feliz sobre el mundo.

—No, ese, soy yo, y por qué tengo a la mejor mujer de todas –sonrió Draco.

—Cállate –gruñó Harry –o quieres que vuelva a suspenderte por alterar mi felicidad.

Ron y Draco se quedaron callados y observaron a Harry y después a Ginny, en señal de que ella "no sabía".

—Espera ¿suspendiste a Draco?

—Sí, bueno, lo amenazo constantemente con eso, porque me agrada ver como sus ojos nublados se abren asustados –sonrió.

—Dijiste volver –soltó Hermione esperando a que lo arreglara.

—Lo suspendí medio día por placer –se encogió de hombros.

—Harry Potter –bramó Charlotte –dormirás en el sofá esta semana –gruñó.

—Cariño…

—Ya es hora de que comiencen a comportarse el uno con el otro.

—No puedes obligarnos, Charlotte –soltó Draco.

—De hecho puedo –observó a su marido –dijiste que llamarías a nuestros hijos ¿no es así?

—Sí –aceptó Harry.

—Yo elegiré a los padrinos, y bueno, Draco y Ginny serán los padrinos de Albus Severus Potter.

—Pero…

—Eso los obligará sino a tolerarse, al menos a comportarse entre ustedes –Charlotte observó a la pelirroja –digo, si quieres.

—Será un placer, hubiese hecho lo mismo pero… -sonrió –Neville será padrino de Rastaban.

—Y ya no queremos más hijos –comentó Draco sonriendo –cierto cariño.

—Cierto –sonrió incómoda la pelirroja.

—Es una lástima, sus hijos son hermosos –soltó Luna –me gustaría que tuviesen al menos cinco.

—Claro, pero para tener hijos se necesita tener sexo, y así como vamos –Ginny bebió de la cerveza de mantequilla de Ron, que estaba sentado junto a ella.

Arthur miró desaprobatoriamente a su hija que le dedicó una sonrisa en disculpa por los comentarios de su esposo.

—Voy a controlarlo –argumentó.

—No sin sexo –soltó frunciendo el ceño Draco.

—Menos lo tendrás si sigues así –lo fulminó con la mirada.

—Ya, me calmo –se encogió de hombros –Albus Severus ¿en serio que tienes con los nombres horrendos?

— ¿Horrendos? Al menos significan algo especial, no que tú, Eltanin y Rastaban –gruñó Harry frunciendo el ceño.

—De hecho, los eligió Ginny –sonrió Draco y Harry tragó saliva nervioso.