Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Hola, hola, ¿qué les parece? Un mes más que actualizo puntualmente, sin duda merezco un aplauso por volver a ser una persona responsable y comprometida; sin duda mi disciplina está volviendo, y como soy Tauro, me siento tranquilamente y en paz conmigo por poder tener una rutina establecida, que me tenga en control, a mí y a mis historias, si bien, ya quiero volver a las andadas, mi autocontrol se está incrementando mucho en estos días, casi me siento como antes, y eso es bueno, pues no sé qué más decir, aparte de agradecer enormemente el apoyo que le dan a la historia, espero que siga siendo de su agrado, a mí me gusta escribirla, espero que a ustedes les guste leerla, así que bien, ya sin mucho que agregar, mil gracias por sus reviews, sus favoritos y sus follows y por supuesto sus lecturas, significan mucho para mí, sin más, nos leeremos en Septiembre. ;)

Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.

Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber, que yo con mucho gusto (y cuando tenga oportunidad) lo corregiré.


La mirada azulada de Theodore Nott se posó en el rubio platino sentado en el sofá de su apartamento, se quitó la capa y la colocó en el perchero, ni siquiera le había avisado que iría a verlo, pero por la corta charla que había tenido con Ginevra Malfoy hacía unos días, sabía que Draco no había estado siendo él mismo precisamente durante unos cuantos días.

—Me sorprende verte aquí –habló Nott en un tono tan natural.

—Mi esposa fue a no sé dónde, y dejó a mis hijos con la esposa de Potter.

—Creí que Charlotte te caía bien –elevó una ceja.

—Es una sangre sucia, no está a nuestro nivel –contestó con simpleza.

—En realidad es mestiza, como Harry –lo corrigió y se sentó en el sofá frente a Draco, observándolo atentamente, sí que parecía otra persona.

—Aun así, es un privilegio para ella cuidar a niños como mis hijos.

—Sólo por ser sangre pura –soltó burlesco Theo, haciendo que su amigo se enfadara.

—Son mucho más que sangre pura…

—Ya sé –lo detuvo –estoy al tanto de los sagrados 28 –hizo un mohín.

—Cierto, olvidé que fue un Nott quien lo hizo.

—Es una lista ridícula y absurda, si me preguntas.

—Qué bueno y no te he preguntado –se burló Draco.

—Dime si continúas con ese tipo de pensamientos ¿por qué vienes precisamente a mi casa? Si sabes que no me desagradan ni los mestizos, ni los nacidos muggles, debiste ir con Blaise.

—No quiero toparme con Astoria –admitió.

—Aún me sorprende ese giro, ella fijándose en alguien como Blaise.

—Yo me fijé en alguien como Ginevra ¿Qué tiene de malo Zabini?

—Sabes una cosa, Draco, tu nueva actitud, no me agrada, es demasiado… fría, me recuerda a tu padre y a Voldemort.

El rubio levantó la vista, con una mueca clara de enfado, pero prefirió ignorar el comentario de su amigo, sujetó su vaso de whiskey y le dio un trago, tranquilamente mientras observaba el lugar.

—Creo que no soy yo últimamente –admitió de la nada.

—Todo mundo ya lo ha notado, menos tú, al parecer.

—No sé qué me ocurre, por eso vine contigo, no tengo a nadie con quien charlar sin que se lo digan a ella.

—Creo que ella es la persona correcta con la que deberías hablar.

—No la soporto cerca –gruñó poniendo los ojos –todo es una mezcla extraña, ya no sé si la amo –informó.

—Con más razón, deberías hablarlo con ella, Draco, están en un muy buen momento para separarse en buenos términos, sin que dañes a tus hijos.

—Ese es el problema, que no quiero que mis hijos se queden con alguien como… ella, su amor por los sangre sucia… mis hijos, para ti no puede ser nada, pero yo no quiero que el apellido de mi familia salga de esa lista.

—Parece que escucho a tu padre –frunció el ceño Theo.

—Pues a veces me gustaría que sonaras más como el tuyo, no te hagas el puritano, Nott, los dos sabemos perfectamente que tu padre estaba en esa cita en el cementerio en nuestro cuarto año de Hogwarts.

—Y los dos sabemos que jamás dejé el colegio para unirme a las filas de Voldemort.

—No es como si hubiese sido mi idea, él se instaló en mi casa, tenía que estar ahí ¿qué querías que hiciera?

—No lo sé –admitió –mi padre fue sensato y nunca quiso ser el héroe de Voldemort.

—Es una escoria –se encogió de hombros Draco.

—Lo dices ahora ¿no? –Se burló Nott –ahora que no está más, yo te vi temblando de miedo, Draco, no soy precisamente la persona correcta con la que tienes que comportarte como un valiente tipo –sonrió.

—Al menos yo estuve en la batalla –se encogió de hombro.

—No vamos a llegar a nada ¿qué haces realmente aquí? –frunció el ceño.

—Yo no hago nada, sólo quería… socializar –suspiró –pero a vista de que eso es imposible aquí, me iré.

—Es lo mejor, cuando vuelvas a ser tú, podemos volver a hablar.

—Tal vez eso ya no sea necesario, Nott.

—Espera –lo detuvo Theo.

— ¿Sí? –elevó una ceja y con una sonrisa divertida.

—Antes de que te vayas, déjame darte algo, lo compré para Ginny.

La mandíbula de Draco se tensó ¿la había llamado Ginny? Es peor ¿le había comprado algo? La vista gris del rubio se quedó un momento en la caja que le dio, para después observar al otro rubio frente a él.

—Sólo quiero saber que estamos en la misma sintonía ¿sabes que es una mujer casada? –soltó en un tono enfadado.

—Lo sé –aceptó Nott tranquilamente –por ahora.

— ¿Sabes que su nombre es Ginevra, más no Ginny?

—También lo sé, Draco, no necesitas hacerte el celoso después de tremenda bomba que me dijiste, y para que lo sepas, ella me ha pedido que la llame Ginny.

—Sí, desde luego que ella te ha pedido que la llames así…

—No hay nada entre ella y yo, nos tratamos porque eres la persona que tenemos en común –le recordó.

—Desde luego –sacudió la caja en su mano, en señal de que eso era más que tratarse –cuando tengas que referirte a ella, en mi presencia, apreciaría que te dirigieras con su nombre completo, o en su defecto, como mi esposa, porque eso es lo que es.

—Realmente estás perdiendo la cabeza, Draco, deberías ir a San Mungo.

—Eso ya no es tu asunto –soltó en tono neutral –y mantén los obsequios al margen.

—Sí, lo intentaré.

—No es una petición, Nott, ella aún sigue siendo mi esposa y que no se te vaya de la mente que…

—No tienes que amenazarme –soltó enfadado –ya te lo dije, nuestra amistad es cordial, Draco.

—Ya lo noté –volvió a levantar la caja y sonrió.

—&—

Ginny tuvo que ocultar su sonrisa y omitir su carcajada cuando Eltanin le brincó encima a Draco, que estaba profundamente dormido en el sofá de la estancia, había soltado un quejido bastante fuerte porque las rodillas de la pequeña rubia había caído en las partes blandas de Draco, y las manos de la niña en su estómago, sofocándolo.

—Llegamos, papá –sonrió ella.

—Ya lo noté –contestó unas octavas demasiado arriba, así que se aclaró la garganta y sonrió besando la frente de su hija –dime ¿qué tal el día con tus abuelos? –interrogó.

Eltanin observó a su madre, claramente había escuchado como le decía que irían con su tía Charlotte, la pelirroja quitó toda muestra de simpatía, haciendo que la niña suspirara.

—Estuvimos con tía Charlotte, ella nos cuidó, mamá te lo dijo en la mañana.

—No recuerdo que lo hiciera –admitió frunciendo el ceño.

—Yo dije que se nos hacía tarde para ir con ella, luego preguntaste si iríamos con la tía Charlotte, mamá dijo que ya te lo había dicho, y tú… bueno, contestaste que lo habías olvidado.

—Pues volví a olvidarlo –admitió frunciendo el ceño.

—El día estuvo increíble, papá –lo besó en la mejilla, pero Draco pudo sentir la tensión de la niña y después bajó de encima de él.

El rubio se incorporó, buscando a su esposa, pero no estaba, fue a ver si estaba preparando la merienda, pero no estaba ahí, así que fue hasta el pequeño despacho, Ginny estaba bebiendo whiskey de fuego, saltó sobresaltada cuando él entró.

—Pensé que era Eltanin –comentó.

—No te gusta que te vea bebiendo ¿eh? –sonrió.

—No me gusta que mis hijos vean lo peor de mí –admitió.

—Ya ¿qué tal tu día? –fue hasta ella y rodeó su cintura desde atrás, depositando un suave beso en su hombro.

—Estuvo bien –se soltó -¿y el tuyo?

—Tranquilo, me quedé en casa, dormido la mayor parte del tiempo.

—Es bueno que descanses, ya que es obvio que no lo haces por las noches, al menos no en nuestra cama.

—Ginny, por favor, no vamos a comenzar a pelear.

—Claro, es que estás muy cariñoso, posiblemente sólo quieres sexo, para dejarme votada como últimamente lo haces ¿no? –se quejó.

—Lo hagamos o no, no quiero pelear ¿es mucho pedir?

— ¿Qué hiciste realmente? –frunció el ceño.

—Me quedé dormido en el sofá, me levanté, comí algo, volví a quedarme dormido en el sofá ¿por qué lo dudas?

—Yo no lo dudo –sonrió –es sólo que Theo me dijo que estuviste con él hoy.

—No es cierto –soltó a la defensiva.

—Claro –se alejó –el problema no es que hagas las cosas, Draco –comentó –el problema es que lo niegues, que creas que soy tan estúpida para no saberlo, o creerte sólo porque lo desmientes.

—Sabría si fui a la casa de mi amigo, pero no fui –contestó enfadado.

—Dime ¿qué es lo que está en esa caja? –señaló con la vista el objeto sobre el escritorio.

Draco fue hasta él, lo sujetó y notó la letra de Nott, dirigido a Ginny; frunció el ceño confundido.

—Debió enviarlo por lechuza.

La pelirroja salió exasperada, no sin antes arrebatarle el paquete; Draco la siguió pero se quedó de pie en el corredor, observó sobre su hombro la chimenea del despacho y regresó en sus pasos.

Ginny le sonrió a su hijo, sacó el pequeño amuleto de la caja y se lo colgó al niño, mientras éste manoteaba y balbuceaba completamente alegre, la mujer sonrió y lo acarició, odiaba tener tantos problemas con Draco, quería volver a ser esa familia amorosa que solían ser, pero posiblemente Narcissa Malfoy tenía razón, y Draco no era feliz con ella, y ya no tenía por qué fingir serlo, después de todo, ya ella lo sabía.

—Mami –Eltanin se sentó junto a ella.

— ¿Sí? –inquirió.

— ¿A dónde fue papá? –Interrogó –ya lo busqué y no lo encuentro.

—No lo sé, tal vez tenía cosas que hacer –sonrió.

—Está un poco raro ¿lo has notado?

Ginny entrecerró los ojos y observó a su hija, que había comenzado a jugar con Rastaban, que había gritado y llevado su oso de peluche a la boca, para morderle una oreja.

— ¿Raro? –la observó.

—Sí, se le olvidan las cosas, por ejemplo de tía Charlotte, estoy segura de que estaba prestando total atención.

—Yo también pensé que lo hacía.

— ¿No tendrá problemas de memoria? –observó a su madre.

—Realmente no lo sé –admitió.

—Lo leí en uno de los libros de tía Charlotte, que a veces en las misiones, les lanzan hechizos que les alteran la percepción, la memoria, y que eso los hace olvidar cosas, o no saber si están soñando o no, en resumen, los hacen tener una actitud extraña.

—Así que eso es lo que crees que le pasa a tu padre.

—Es eso o –hizo una mueca de tristeza –papá ya no nos quiere –la observó.

—Tu padre te ama, a ti y a tu hermano, y eso jamás cambiará, Nin –sonrió Ginny.

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Ron bostezó cuando vio a su cuñado aparecer en el patio de su casa, se puso de pie y salió a su encuentro, tenía una cara de completa frustración, así que no tuvo que adivinar, Hermione ya lo había puesto al tanto de los problemas que había entre Draco y Ginny.

—Dime ¿qué ocurre?

—Nada serio –se encogió de hombros.

—No te creo –frunció el ceño y lo sujetó del suéter gris con una D verde al centro, lo alejó de la casa –no me quieras ver la cara de idiota –bufó.

—Es imposible, ya la tienes –intentó bromear.

—Estoy hablando en serio –se llevó la mano a la frente –Hermione me dijo sobre los problemas entre mi hermana y tú.

—En mi defensa, considero que Ginny está un poco intolerante estos días, busca hacerme enfadar, diciendo cosas que no son ciertas.

—Así que mi hermana es una mentirosa.

—En realidad no tengo idea de que esté pasando –admitió –incluso Eltanin ya me dijo que estoy olvidando muchas cosas, en donde se supone que estoy consiente.

La mirada de su cuñado se quedó un momento en la de él, para después desviarla, se llevó ambas manos a las caderas y negó, la melena pelirroja como la de su hermano Charlie se agitó con el movimiento.

—Yo tengo una sospecha –informó.

— ¿Qué sospecha? –elevó una ceja.

— ¿Recuerdas el incidente Morgana? –interrogó Ron.

—Es imposible de olvidar –contestó Draco.

—Recuerdo que Ginny tuvo una charla con la señora Pomfrey y ella me la informó a mí.

— ¿Qué fue lo que le dijo? –interrogó curioso el rubio.

—Le dijo que tenía periodos de tiempo que había olvidado, que había veces, que cuando se percataba de las cosas, estaban al centro del salón de la Mansión –lo señaló –y que los Mortífagos le observaban con un cierto temor, pero que no sabía cómo había llegado ahí, pero que sabía que tenía tiempo.

—Dices que Morgana me está poseyendo –se burló, pero el rostro del pelirrojo estaba serio.

—No encuentro otra razón para lo que está pasando, sólo ella podría decirnos cómo se siente.

—Sí, es una lástima que no recuerde nada ¿no es así? –se burló Draco.

—Calma ese humor, se me ocurrió a mí solo, no se lo he comentado a Hermione, porque se pondría como loca a investigar y no puede distraerse con su trabajo.

—Comprendo –suspiró –eres lo único que me queda, tú y Percy, pero no sé porque confió más en ti.

—Sólo sé que tenemos que tratarlo con alguien más, así que le enviaré una lechuza a mi hermano Bill y a Charlie, para que se hagan un tiempo y vengan a ayudarte con lo que sea que te esté pasando.

— ¿Crees que vengan? –lo observó dudoso.

—Eres parte de la familia ahora, además, esto afecta nuestra hermana y a nuestros sobrinos, no queremos que sea lo que te está pasando, los afecte de cualquier otra manera.

Después de esa charla un tanto perturbadora, pasaron, Hermione había terminado de preparar la cena, así que en cuanto se unieron, Ron le ayudó a colocar la mesa.

—Es bueno tenerte por aquí –sonrió Hermione.

—No, puede, ser –soltó sorprendido el rubio –es que ustedes, malagradecidos –sonrió –se han casado.

Hermione abrió la boca sorprendida, observó a Ron que negó encogiéndose de hombros, la castaña sonrió un poco incómoda y asintió.

—Fue impulsivo –admitió ella –era en ese momento o nunca.

—Creí que soñabas con esas cosas de muggles –se burló.

—No tiene nada de malo querer una boda de en cuento –frunció el ceño –es la única que tendré.

—En realidad puedes dejarlo y encontrar a alguien mejor –bromeó Draco.

—Nadie es mejor que él –soltó Hermione en un tono serio.

—Ya lo sé, ¡oh, Ron, eres mi príncipe! –soltó en un tono de burla.

—En realidad es mi Rey –le guiñó un ojo.

—Cierto, cierto, lo había olvidado, Weasley es nuestro Rey.

—Es mejor que te comportes con la nobleza Weasley, plebeyo –bromeó Ron.

La charla con los ahora señores Weasley, fue tranquila, Hermione bromeó, Ron bromeó y él bromeó, como si no hubiese nada malo, después de todo, la castaña le había dejado muy en claro a Ron que los problemas entre Draco y Ginny eran de ellos, y que no debería tomar partido por su hermana, que los dejara arreglárselas solos.

—Bueno, ha estado delicioso –sonrió Draco –pero tengo una casa a la cual llegar, o me dejarán afuera –bromeó.

—Y por favor, habla con Ginny –pidió Hermione.

—Lo haré, no te preocupes, no voy a dejar que me alejen de ella, jamás, la amo.

—Me alegra escuchar eso –soltó Ron rodeando el cuello de su esposa –porque de lo contrario, terminarías en un cementerio y yo en Azkaban.

—Lo bueno que tu esposa tiene influencias para la visita conyugal –soltó una risa divertida cuando Hermione le soltó un golpe en el hombro.

—Es mejor que vayas a aprovechar tus últimas horas con tu mujer, en ese caso –soltó ceñuda Hermione.

—Ya me voy, que formas sutiles de correr tienen aquí –sonrió.

—Te veré por la mañana en el Ministerio.

—Sí, no quiero que Potter me vuelva a suspender –admitió –nos vemos, sabelotodo, ten una bonita noche de bodas.

—Te golpearé, aunque corras –soltó divertida.

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Charlie Weasley quedó en suelo firme, un poco mareado, jamás le había gustado usar traslador, de hecho, ni siquiera le gustaba la sensación de la aparición, por eso rara la vez y solamente cuando se veía muy obligado, regresaba a Inglaterra, prefería encargarse de los gastos de su familia y que fueran ellos a verlo; pero Ron le había enviado una lechuza urgente que sólo tenía escrito "Incidente Morgana"; para que tomara sus cosas y fuera al primer traslador hacia Londres; sin importarle mucho, tenía ventaja no pedir muchos permisos, y ser uno de los mejores Dragonólogos que el Reino Unido hubiese podido dar.

Salió del lugar, para poder usar la aparición, la Madriguera era un lugar al que siempre aparecía, después de todo, siempre sería su hogar, podía amar a los Dragones, estar a gusto en Rumania, pero jamás se compararía con la sensación de tranquilidad y confort que le daba esa casa con una construcción bastante extraña.

— ¡Charlie! –escuchó el chillido emocionado de su madre, así que bajó la vista y le dedicó la mejor de sus sonrisas a la mujer bajita y rechoncha.

—Oh mamá, me gusta mucho que las mujeres se emocionen por mi presencia –sonrió, dándole el más cálido de los abrazos.

— ¡Tío Chalrie! –gritó Eltanin, abrazando una pierna del hombre.

—Oh Nin, a tu edad y aun eres incapaz de pronunciar bien mi nombre.

—Chalrie no es tu nombre, tío –contestó gustosa la niña, ya que su adorable tío había soltado a Molly para alzarla.

—Pero la demás gente no tiene que saberlo ¿cierto? –le guiñó un ojo.

—Cierto –rió la niña divertida.

Avanzaron hasta la casa, Eltanin ahora sobre los hombros de su tío Charlie, mientras éste tenía el brazo sobre los hombros de su madre, iban en una entretenida charla sobre cómo le iba en su trabajo, él bromeaba con la pelirroja sobre que cuidar a un colacuerno era más sencillo que tener a raya a Nin y a Rastaban, la niña reía divertida, dándole la razón al pelirrojo.

—No creas que no me agrada tenerte aquí, Charles –comentó la mujer –pero me es bastante sorprendente que tú y Bill decidieran venir en las mismas épocas.

— ¿Bill legó? –interrogó fingiendo que desconocía de las intenciones de su hermano para volver.

—No, llegará en dos días, pero me envió una lechuza, diciendo que pasaría unos días aquí.

—Bueno, mamá, yo prometí que vendría más veces ¿no es así?

—Estás comenzando a temer que tu padre o yo moriremos y no estarás aquí, ni abrías pasado mucho tiempo con nosotros ¿no es cierto?

—Quiero pasar más tiempo con mi familia ¿es algún delito? ¿Mi hermanito menor tendrá que llevarme a Azkaban por eso? –bromeó.

—Dije que no lo tomaras a mal.

—No lo estoy tomando a mal, mamá, es sólo que hay muchas razones por las que querría estar cerca de ustedes, ya no soy el mismo joven entusiasta que pensaba que mientras menos ataduras a la familia, mejor.

—Bueno, pues deberías conseguirte una buena mujer ¿no lo has pensado?

—Ya soy muy grande para darte nietos, así que no te ilusiones, mujer –sonrió.

—Yo quiero una prima para jugar –soltó Eltanin.

—Espera a que tu padrino y tu madrina tengan una –le guiñó un ojo.

—Con la vida tan ocupada de esos dos, creo que llegarán a tu edad y seguirán igual –bromeó la mujer.

—Vaya, ya haces chistes –sonrió socarrón.

—Algo se pega ¿no?

—Supongo que es así –se encogió de hombros –iré a dejar mis cosas, tomar una ducha y regreso, para ayudarte a controlar a esta dragona –le guiñó un ojo a Eltanin y subió por las escaleras, rumbo a su antigua habitación.

La mirada de la señora Weasley se posó en el patio cuando escuchó un ruido, dejó lo que estaba haciendo cuando la figura con capa negra apareció a su vista, observó sobre su hombro, su hijo Charlie estaba en el patio trasero, rodando sobre el suelo mientras jugaba con su nieta, sujetó su varita.

—Charles, protege a los niños –habló, haciendo que el hombre se pusiera en alerta, y así lo hizo, de inmediato se puso de pie.

—Nin –habló el hombre.

¡Petrificus Totalus! –lanzó la mujer de inmediato, haciendo que la persona debajo de la capa, cayera de espaldas en el camino hacia la Madriguera.

—Tu abuela es escalofriante –admitió Charlie con una sonrisa, alzó a Rastaban y le pidió a la niña que se quedara cerca de él, mientras levantaba su varita, avanzando hasta su madre.

— ¡Oh, Percival! –chilló la mujer.

Charlie guardó su varita, y dejó que la niña corriera hasta su tío petrificado, mientras el hijo mayor presente, se desternillaba ante la escena.

—Cállate o seguirás tú –soltó la mujer.

—Tengo un escudo anti maleficios, madre –le recordó, así que la mujer observó a su nieto, que contagiado por la risa de su tío, manoteaba feliz mientras reía descaradamente –pero qué vivaz eres –le hizo cosquillas en la panza.

—Te sorprenderías –admitió la señora Weasley.

—Ya, Percy, levántate –se burló Charlie, recordándole a su madre que el hombre seguía petrificado, la mujer rió divertida y ayudó a su hijo.

Caminaron de vuelta a la casa, mientras la mujer le daba un regaño por haber llegado así de misterioso y asustarla, diciéndole que agradeciera a que Charlie estaba ahí, ayudándole con los pequeños, o las cosas hubiesen salido mal por esa broma tonta que se le había ocurrido.

—Deberías pedirle clases a George –sugirió Charlie con una sonrisa.

—Lo estoy considerando –admitió el hombre de gafas.

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La lechuza se posó sobre el escritorio, llamando la atención del pelirrojo que estaba al otro lado de la oficina, probando unos polvos explosivos que estaban a punto de salir al mercado; como no distinguió al ave, dejó todo para ver la nota, era una pequeña con letra irregular que decía "incidente Morgana" provocando un enorme escalofrío recorriendo su espina dorsal, corrió hasta el radio y sintonizó el partido de las Arpías, por fortuna, el nombre de Ginny salió pronto, tranquilizándolo; aun así garabateo la nota, confirmando su asistencia.

Se giró de nuevo hacia sus pruebas, pero no logró concentrarse, la última vez que habían tocado el tema de Morgana había sido cuando había aparecido en el sueño de Draco, todos lo habían juzgado como loco, pero mencionó algo, ella le había confirmado el embarazo de Ginny, aun cuando ésta no había dicho palabra alguna.

Suspiró; el recuerdo de esa mujer era algo controversial para sus hermanos, a él le costaba admitir que por un momento, se vio realmente tentado a dar la espalda a todo, por la promesa de recuperar a Fred; nadie lo comprendía, tenía que moverse y avanzar, lo sabía, pero era complicado, el vacío de su hermano gemelo era tan grande, aun y con todo eso, él no iba a perder a Ginny, que de todos, era quien más le recordaba a su gemelo.

Se puso su capa y salió a la tienda, donde Angelina estaba supervisando a los empleados, le sonrió, haciendo que ella se acercara a besarlo, mientras rodeaba su cuello.

—Tenemos que decirle a tu familia, George.

—Lo sé –aceptó –pero dime ¿cuánto tiempo tenemos antes de que se enteren por sí mismos?

—Un mes –sonrió –George, tengo tres meses, es un milagro que aún ninguno lo notara.

—Has visto a Harry y a Ron, es un milagro que sigan vivos en teoría –sonrió.

—En eso tienes razón –admitió, besándolo de nuevo.

—Pero… sin duda creo que necesitamos a alguien que se haga cargo de todo esto, no quiero que te estreses con todas las cuentas, con supervisar a los empleados, quiero que estés tranquila ¿te queda claro?

— ¿Por qué no le pides a Ron que te ayude? –Inquirió –de todos es quien más familiarizado está.

—Lo dices porque me ayudaba mientras estaba en la Academia ¿no?

—Sí, además, no le caerían mal unas vacaciones.

—No lo creo, Ron no sale de vacaciones si no sale Draco.

—Parecen más matrimonio ellos que Draco y Ginny –sonrió.

—No dudes que Draco se consuele con Ron –rió por la idea –que no nos escuche Ginny porque me patearía.

—Es bueno que al menos ya tendremos un hijo –bromeó la mujer y lo besó en el cuello recuperando el ceño relajado del pelirrojo.

—No me provoques, Angelina –pidió –no en hora de trabajo, por favor.

—De acuerdo –le guiñó un ojo, mientras sus manos descendían, apretó su trasero y se alejó dando órdenes a una de las trabajadoras que estaba acomodando mercancía.

La mirada de George se quitó de su novia, para cruzarse de brazos y observar con el ceño fruncido al pelirrojo que tenía enfrente, con una niña rubia sobre los hombros, tan extasiada que parecía que se desharía por completo, el niño pelirrojo entre sus brazos, se estaba durmiendo, mientras se llevaba el dedo pulgar a la boca, para arrullarse mejor.

—Te fuiste, y no enviaste ninguna carta para decir que ya eres padre de dos –soltó en tono severo.

—Oh, joder, que Merlín me ampare de tener dos huracanes como estos –sonrió –entre hijos como Eltanin y Rastaban a una comuna llena de Dragonas en celo o cuidando huevos, mil veces la comuna –los dos hombres rieron.

—Malo –soltó Eltanin jalando la oreja de su tío, como había visto a su abuela hacerlo para reprenderlo.

—Ya sabes donde puedes jugar ¿cierto? –interrogó a la niña, asintió y se bajó expertamente de los hombros de Charlie.

—Esta niña me sorprende cada día más, es tan ágil –musitó George.

—Bueno, lo heredó de su madre, supongo.

—Aun espero que tenga más genes Weasley que Malfoy –bromeó –vamos al despacho, no quiero que alguien nos escuche.

—Eltanin, no te muevas de ahí ¿te queda claro?

—Sí tío Chalrie –sonrió.

— ¿Aun no puede decirte Charlie? –cuestionó divertido George.

—Creo que le da placer llamarme así y que no pueda decirle nada –argumentó el mayor yendo al despacho.

George y Charlie se sentaron en la pequeña sala del despacho, el pelirrojo en los brazos de su tío se removió para acomodarse a la nueva posición del hombre, bostezó y sonrió, volviéndose a perder en sus sueños.

—Recién recibí la nota –argumentó George.

—Esperaremos a que llegue Bill y nos reuniremos en el apartamento de soltero de Malfoy –contestó Charlie –no sé qué esperar respecto a la nota –admitió.

—Yo tampoco, sólo sé que Ron no la hubiese enviado si no fuera algo bastante serio –George suspiró –Angelina y yo estamos esperando nuestro primer hijo –informó a su hermano, sin quitar la vista del pequeño en sus brazos.

—Vaya, eso sin duda me sorprende, ahora sólo falta Ron y Percy.

—Y tú –la vista azul del gemelo se posó en su hermano.

—No creo que eso vaya a pasar.

—Dime algo, Charles, con Alexa ¿pensaste en ustedes teniendo una familia?

—Las cosas son complicadas, George, no importa lo que yo hubiese pensado o querido, ya ha pasado bastante tiempo.

—Es sólo que… la forma en la que te enfrentaste a Ron por ella, jamás la había visto antes, pero tienes que superarla –aconsejó George.

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Ginny caminó hasta los cambiadores, estaba con la mente ausente, tal vez eso explicaría porque rayos no había logrado meter ni un solo gol, solo podía agradecer que su hija no hubiese pedido esa semana que metiera muchos, porque no hubiese podido tolerar la idea de fallarle de esa manera.

—Ginny Weasley –escuchó a sus espaldas, así que giró.

—Disculpa, Weasley es mi apellido de soltera –contestó regresando hasta la persona que no distinguió.

—Me gusta más tu apellido de soltera, vamos, no eres de esas dependientes de su marido ¿o sí? –pudo ver la sonrisa blanca y bonita, era un hombre, que le parecía extrañamente familiar.

—Disculpa ¿te conozco?

—Soy un gran admirador de su carrera –se encogió de hombros –es una lástima –acarició el cabello pelirrojo, era más alto que ella.

— ¿Qué es una lástima? –frunció el ceño, y su mente la reprendió, porque ese varón tenía todas las señales para ser un acosador, y tenían prohibido acercarse así a esa clase de sujetos, pero tenía algo, que la tranquilizaba.

—Que de donde yo vengo, no lo seas más.

La risa de la mujer sólo incrementó más la sonrisa perfecta en ese rostro que lo único que podía ver era la barbilla.

— ¿Te han dicho que tienes una risa hermosa?

—Oh, gracias, pero… no sé si recuerdas el hecho de que soy una mujer… -sonrió, posiblemente decir felizmente casada, no sería el término que usaría en ese momento –casada.

—Malfoy –recordó –prefiero el Weasley –repitió –si me permites opinar, siempre pensé que eras de esa clase de luchadoras, mantener tu identidad, no consumirse por la de tu marido.

—De hecho le sugerí que usáramos el Weasloy, pero no le agradó mucho –rió de nuevo.

—Eres realmente encantadora –se acercó más a ella.

El aroma del hombre inundó las fosas nasales de Ginny, tenía una aroma extraña, que la embriagó más en esa sensación de confort, los labios del hombre se posaron suavemente en su mejilla, y sus largos dedos acariciaron su rostro.

—Es una lástima –repitió con esa voz sedosa, tan aterciopelada, que le hizo cerrar los ojos ante la sensación.

—Ginny –escuchó la pelirroja que la llamaron.

— ¿Qué es una lástima? –inquirió ignorando la voz alarmada a sus espaldas que la volvieron a llamar.

—Eres tan hermosa, valiente y aguerrida.

—Ginny –la voz se acercó.

—Es realmente una lástima que tenga que matarte.

Las alarmas de todo el estadio se encendieron; en sinónimo de un ataque, todo el mundo comenzó de inmediato la huida, la última vez que algo así se escuchó, fue cuando los Mortífagos atacaron el campeonato de Quidditch hacía ya tantos años.

El lugar se llenó de caos en menos de un minuto, las alarmas seguían encendidas, todos los que habían podido usar la aparición antes de que el lugar se protegiera ya habían huido, los demás, habían quedado atrapados, corrían de un lado a otro, aterrorizados, muchos protegiendo a sus hijos, que habían llevado para uno más de los partidos, habían estado tan acostumbrados a la paz, que tan solo pensar en un ataque, en volver a esa época donde Voldemort atemorizaba, hizo que todo se volviera como una visión post apocalíptica.

—Ginevra –gritó una Katie Bell, que había visto a su amiga con un hombre extraño antes de que todos se volvieran locos, ahora no la veía.

Se abrió paso entre la multitud para llegar hasta el lugar donde había visto a la pelirroja un momento antes; usó su varita y de inmediato alertó a Harry, antes que nadie, diciéndole todo lo que había visto, y que se apresuraran, los Aurores encargados del lugar, no eran suficientes para contener todo aquello, necesitaban verlo, ver al Elegido, para mantener la calma, él los había salvado dos veces, bueno, la tercera sería la definitiva.

¡Petrificus Totalus! –lanzó Katie hacia el hombre, que desvió el hechizo fácilmente.

—Necesitarás mucha habilidad en duelo para si quiera causarme risa –notó la sonrisa cínica en sus labios.

— ¿Qué quieres con ella? –observó a la mujer inconsciente sobre el suelo.

—Matarla, sin duda –contestó sin darle mucha importancia.

El hechizo que alguien había lanzado levantó una ventisca que hizo que Katie se tuviese que cubrir el rostro, aun así, y con todo lo que ocasionó, el hombre permaneció intacto, salvo que la capucha de la capa se había alzado y la capucha se había caído, dejando su rostro al descubierto.

—Draco –musitó incrédula.

La voz de Harry sonó a sus espaldas, se giró para llamarlo y cuando el hombre llegó hasta ella, Draco Malfoy se había esfumado, dejando sólo a su esposa inconsciente sobre el suelo.

—Ginevra –chilló Ron preocupado, llegando corriendo hasta su hermana.

—Tenemos que llevárnosla a un lugar seguro –informó Harry –avísale a Draco.

—De inmediato –contestó Ron, con su pequeña hermana en brazos.

Katie se quedó quieta, sin comprender mucho lo que había pasado antes de que Harry y Ron llegaran hasta el lugar.