Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Hola, hola, No es 14, tampoco es Septiembre, entonces, se estarán preguntando la razón de la actualización ¿cierto? Quiero pedirles que no se acostumbren a ésto, es simplemente que en México, es 28 de Agosto, y ustedes dirán ¿Y eso qué? Bien, éste capítulo lo estoy subiendo en honor a mi abuela, ¿Por qué en su honor? Bueno, primeramente, porque ella es mi fuente inagotable de palabras, mi inspiración, una de las personas más importantes en mi vida, la que siempre me impulsó por más locos que fuesen mi sueño, y ella, más que nadie, es la razón por la que esté aquí, escribiendo, y sobretodo, compartiendo mi trabajo con ustedes, así que hoy, el día del abuelo, quise subir capítulo, como forma de agradecimiento a ella, por que aúna, sin importar donde está, sigue brindándome su persona y su recuerdo, que me ayudan a seguir creando historias una, y otra, y otra vez.

Por cierto; comencé a escribir este capítulo después de ir a ver Annabelle 2: La Creación, así que... bueno, si se nota en la narrativa, lo siento mucho xD

Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.

Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber, que yo con mucho gusto (y cuando tenga oportunidad) lo corregiré.


Bill observó una vez más a sus hijos, mientras jugaban alegremente en el patio de su casa, por primera vez en mucho tiempo, no quería viajar a Londres y reunirse con sus hermanos, tenía miedo, la última vez que se reunió con ellos por asuntos como los que querían tratar ahora, les había costado demasiado, y para ser honestos, no quería perder a ninguno de sus tres hijos, a su esposa, pero sabía que su conciencia no pararía de torturarlo si por su omisión, Morgana volvía a tomar fuerza, era su obligación como heredero que era, más que nada, porque no quería que sus hijos vivieran en un tormentoso mundo, como en el que muchos habían crecido, así que sin ganas y renuente a quedarse, suspiró, sabiendo que tenía que despedirse de ellos, por si no volvía a verlos.

—Bill –su mujer lo abrazó fuertemente –sé qué estás pensando, pero tienes que ir –besó su mandíbula –Vic, Dom, Louis y yo, estaremos esperándote aquí, no tienes nada de qué preocuparte.

—Es que no lo sabes –murmuró intranquilo –la última vez que fui por asuntos similares, casi no vuelvo a verlos, y no quiero –la sujetó de las mejillas, y en un rápido movimiento aprisionó su cuerpo con el de él y el umbral donde estaba recargado –no estoy preparado para dejarlos en esa situación ¿Qué pasará si no vuelvo? –interrogó.

—Vas a volver, porque eres Bill Weasley, el mayor de siete hermanos, padre de tres y un perfecto esposo, tienes que volver, tómalo como meta, y en menos de lo que piensas estarás en casa, conmigo –sonrió, mientras daba besos cortos en el cuello de su marido, ascendiendo lentamente hasta los labios del pelirrojo –haremos el amor durante toda la noche, cuando vuelvas –él sonrió.

—Eres muy buena motivándome ¿lo sabes?

—Desde luego que lo sé, Bill –lo besó.

No dejaron de besarse, sin importar si alguno de sus hijos entraba al lugar, iban a estar un tiempo separados, y realmente los dos esperaban que no fuera por demasiado.

—Mañana por la tarde sale mi traslador –informó.

—Todo va a salir bien, Bill, tienes que tranquilizarte, además ¿qué tan serio puede ser?

Bill bajó la vista y se alejó, hasta ese momento, Fleur no tenía ni idea de lo que pasaba en la familia Weasley, y no era la única en desconocerlo, sus padres, su propia hermana no había sido informada del terror que había sembrado por meses, al traer al mundo a una bruja tenebrosa que estaba realmente loca.

—Cariño –lo llamó, sujetándolo del brazo –Bill ¿qué ocurre?

—No es nada –intentó otorgarle una sonrisa.

—Olvidas que te conozco demasiado para saber cuándo mientes ¿verdad? Así que dime de una vez ¿qué es lo que pasa y porque no quieres ir a Londres?

—Son cosas complicadas, de mi familia.

—Ahora también soy parte de tu familia, William –soltó enfadada.

Bill la sujetó del brazo, colocó un par de hechizos alrededor de la cocina y observó a su mujer, lo que iba a decirle… era algo de locos, pero creía que ya habían visto suficiente en toda su vida, como para que le creyera.

—Hace un tiempo nos enteramos que somos descendientes de Morgana –informó a su esposa.

— ¿Morgana? La bruja poderosa amante de Merlín, esa Morgana.

—Así es –asintió –pero de la manera en la que nos enteramos, no fue la mejor –negó –fue en el cumpleaños de Ginny, fuimos porque mamá nos envió una invitación a una cena familiar, y… bueno, los Mortífagos se llevaron a Ginny.

—Bill, eso nunca ocurrió –lo observó preocupada.

—Sí pasó, lo que ocurre, es que… cuando Morgana resurgió, planeaba esclavizar a todo mestizo, y nacido muggle, así que tuvimos que hacer todo lo posible por detenerla –suspiró –Voldemort la quería porque es la única con el poder suficiente para hacer un hechizo y regresarlo a la vida –negó –ocupó el cuerpo de Ginny y… contenerla nos arrebató grandes cosas –admitió.

— ¿Por qué tienes miedo de ir a Londres? –Interrogó –si Morgana fue contenida…

—Ron me envió una lechuza que sólo dice "Incidente Morgana" –le recordó –es la señal que nos dijimos todos, ella está resurgiendo, y ésta vez, no sé si podamos detenerla –negó preocupado –no quiero morir allá, sin ustedes.

—Pues entonces te seguiremos…

—No –se negó –sé que ahora ustedes son mi familia, Fleur, pero no puedo dejarlos a ellos contenerla de nuevo, nos tomó a cinco de nosotros y a los Malfoy para poder sellarla, si no voy, no podrán sin mí, pero tampoco quiero arriesgarte a ti y a los niños.

—Bill, cariño ¿te das cuenta que si Morgana resurge, y no pueden pararla, no hay lugar seguro en el mundo? –él la observó preocupado.

—Por eso tengo que ir ahora, cuando apenas está comenzando a resurgir, y no cuando ya es demasiado tarde.

—De acuerdo –sonrió –entonces ve, y ayúdalos a contenerla.

Bill asintió, su esposa estaba siendo demasiado accesible, tomando en cuenta que normalmente le reñía por cosas simples, como ir a Egipto tres veces por semana por trabajo, ahora lo estaba dejando ir a Londres, por un tiempo completamente indefinido, lo único que lo tranquilizaba, es que podían terminar con todo esto pronto.

—Iré a jugar con los niños –se puso de pie, quitando todos los hechizos que había puesto.

Avanzó hasta el patio, donde sus hijos reían a carcajadas, fue hasta ellos, pero se detuvo antes de llegar a ellos, la figura al final del patio era de una mujer alta, con cabello pelirrojo y unos brillantes e hipnotizantes ojos azules, tan iguales a los de ellos, se quedó quieto, cuando una sonrisa torcida acompañado de una mueca de superioridad, llenó el rostro idéntico de su hermana.

—Papá –lo llamó Victoire, distrayéndolo, cuando levantó la vista, ya no estaba.

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La aparición se había sentido extraña esa vez, un poco más rápida de lo normal, así que Charlie tuvo que aguantarse las ganas de vomitar en cuanto sintió el suelo, su vista fue un poco borrosa, y en cuanto sintió los brazos vacíos se alteró, se supone que llevaba a Rastaban alzado y a Eltanin sujeta de la mano, antes de aparecerse en la Madriguera, pero la oscuridad de ese lugar le decía que no estaba donde pensó que apareció, y la preocupación le llenó por completo el pecho, al percatarse de que sus sobrinos no estaban ahí.

— ¡Eltanin! –Gritó preocupado – ¡Rastaban! –su voz resonó con un eco escalofriante.

Avanzó lentamente, usando su varita para aluzar el lugar, avanzó lentamente con bastante precaución, buscando a sus sobrinos, se quedó de pie, completamente inmóvil cuando la fortaleza de piedra quedó ante sus ojos ¿cómo había llegado hasta Ávalon, si no sabía cómo llegar? Su pecho se agitó, sus sobrinos estaban perdidos en un lugar como ese, tan peligroso, tenía que encontrarlos de inmediato.

Se alejó del lugar, pero a unos pasos, escuchó la risa divertida de su sobrina, observó sobre su hombro, para ver a la niña sonreírle, y correr en dirección contraria a él, sólo vio el cabello rubio perderse entre la maleza del lugar; se giró preocupado, dispuesto a correr detrás de ella; pero los balbuceos de Rastaban a punto de entrar a la fortaleza lo detuvo, el pequeño pelirrojo sonriente gateó hasta la entrada, y aunque Charlie intentó ir hasta él para evitarlo, una barrera invisible se lo impedía, entonces lo recordó, se necesitaba sangre de un Malfoy para poder pasar la barrera, y Eltanin no estaba, había corrido lejos, mientras que Rastaban se había perdido en la oscuridad.

—Rastaban, sal de ahí –gritó, mientras intentaba pasar la barrera inútilmente.

Se quedó callado, cuando por su visión periférica, notó una sombra moverse por detrás de él, lo único que había visto era una capa negra, y una cabellera larga y pelirroja que le heló la sangre, Morgana estaba ahí, lo había llevado no tanto por él, sino por los hijos de Ginevra, tenía lo que quería, pero hasta el momento, sólo uno de ellos, estaba a salvo, ella no podría penetrar la seguridad que Merlín había puesto en ese lugar, lo sabía, tenía que encontrar a Eltanin y ponerla en ese lugar impenetrable.

Corrió en dirección a donde su sobrina se había ido, no podía gritarle, porque de hacerlo, Morgana los encontraría más rápido, tal vez no de inmediato, los dejaría correr, sentirse a salvo, después de todo, había demostrado lo mucho que le gustaba jugar con sus víctimas, no era una mujer que se dedicara simplemente a matar a sus enemigos, sino que primero gozaba divirtiéndose con ellos, mientras los torturaba, escuchó las ramas romperse y crujir bajo sus pies, estaba desesperado, y después de tantos años, muerto de miedo.

Se detuvo cuando salió de entre los árboles, sólo para toparse de nuevo con esa estructura de piedra, las manos le temblaron, no podía saber siquiera si sí había corrido o se había quedado en ese lugar todo el tiempo, siendo producto de su imaginación la búsqueda de su sobrina, esa maldita estaba jugando con su mente, le gustaba hacer eso; y él estaba demasiado preocupado por sus sobrinos como para intentar proteger sus pensamientos de intrusos.

—Vamos Eltanin ¿dónde estás? –murmuró, moviéndose de lugar, yendo en otra dirección, esperando que esta vez, no volviera a llegar al mismo lugar.

Buscó por todos lados una cabellera rubia, proveniente de una pequeña niña, pero no, todo lo que podía ver eran las hojas y las ramas de los árboles, no sabía si Eltanin sabía el peligro que corría, pero era buen momento para que llamara a Smart, y éste los ayudara a salir de ahí.

Se adentró más y más en el lugar, con la esperanza de que Rastaban no saliera de esa fortaleza, rogando a Merlín encontrar a su sobrina y pedirle que lo dejara pasar con ellos a ese lugar; miedo era poco que sentir si Morgana rondaba por ese bosque.

—Eltanin –su voz sonó con una nota de preocupación, pero alivio por encontrarla.

Fue hasta la pequeña rubia, que seguía de pie, observando a un inmenso árbol, que estaba destrozado, pero no le importó mucho a Charlie, sólo quería llevarse a su sobrina de ahí.

—Eltanin, tenemos que regresar, ¿Cuántas veces te he dicho que no tienes que alejarte de mí si estamos en un lugar desconocido?

—Lo siento, tío Charlie –musitó la niña.

El pelirrojo retrocedió, esa no era su sobrina, ella jamás, pero jamás, lo había llamado Charlie, para ella siempre era Chalrie, así que retrocedió, justo cuando la figura de la niña giró hasta él, con una sonrisa dibujada y sus ojos grises, completamente blancos.

—Tú no eres mi sobrina.

—Soy… puede que no sea ella, puede que sea lo que se convertirá, pero dime, tío Charlie ¿Qué razón le darás a mi madre? ¿Vas a decirle que dejaste que ella me torturara? ¿Qué viste como lentamente, moría, pero no hiciste nada? –Negó –se los advirtió, pero no quisieron escuchar, algo peor se aproxima.

Los brazos de Eltanin comenzaron a sangrar, como si alguien la hubiese rasguñado, de igual forma el pecho sangraba, intentó ir hasta ella pero no pudo, sus pies estaban pegados al suelo.

—Necesito estar muerta para sus planes, no dejes que me mate, tío Charlie –la respiración del hombre se agitó, cuando la niña cayó inerte a sus pies.

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El callejón Diagon estaba casi totalmente vacío, lo cual se le hizo completamente extraño, ya que los Sortilegios Weasley, por lo regular siempre estaban llenos, había recibido la lechuza de Ron, cambiando el punto de encuentro para hablar sobre el Incidente de Morgana en el que estaba involucrado Draco.

Entró sin problema alguno a la tienda, eso significaba una cosa, que todos estaban ahí, la protección de la tienda era uno de los hechizos más sofisticados que había en esa clase, y le sorprendía de sobremanera que su hermano fuera capaz de lograrlo.

Avanzó rápidamente hasta la oficina de su hermano, pero se regresó cuando vio una pequeña figura sentada en el suelo, mientras sollozaba se cubría el rostro, era imposible que se hubiese quedado atrapada en ese lugar cuando cerró, George revisaba todo cuidadosamente, de igual manera, era imposible que entrara, sólo alguien con sangre Weasley podía entrar cuando la tienda hubiese cerrado.

—Disculpa ¿quién eres? –interrogó caminando hasta la figura.

El llanto siguió, aunque aumentó un poco más, estaba a un pasillo de la figura, cuando sintió que alguien pasaba detrás de él, no pudo verlo, lo sabía, pero aun así la imagen de una persona de capa negra y con capucha se instaló en su mente, como si hubiese sido capaz de mirarle directamente, sus ojos azules se posaron de nuevo en el lugar donde estaba la pequeña figura, pero se había movido, sólo escuchó una risa de una niña, mientras escuchaba sus pasos corriendo a su alrededor.

— ¿Quién eres? –Interrogó frunciendo el ceño –esto no es gracioso, George –soltó enfurecido –creí que ya habías madurado, pero veo que no, y ustedes, Ronald, William, Charlie, me las pagarán si lo están ayudando ¿me comprenden?

Alguien lo empujó, tomándolo desprevenido que tiró uno de los estantes, provocando un ruido fuerte, si alguien estaba ahí, tenía que haberlo escuchado, pero nadie salió, así que o era una broma, o eso iba del lado de lo siniestro.

—Disculpa –su voz sonó trémula –no soy una buena persona para asustar, soy un poco cobarde, así que… ¿Qué me dices si apareces?

La risa volvió a escucharse, mientras los pasos seguían a su alrededor, la respiración de Percy se hizo pesada, y su corazón golpeaba contra su pecho de una manera violenta y frenética.

—En serio, voy a morir de un infarto pronto –soltó.

Los pasos se detuvieron, así que él se llevó una mano al pecho, mientras suspiraba aliviado de que eso los hubiese convencido para que pararan la broma.

Brincó sobresaltado, cuando vio la figura fuera de la tienda, sólo podía percibirla con la vista periférica, pero no necesitaba su condición de genio para saber que se trataba de Morgana, la capa negra, y la capucha ya no estaba, sólo podía ver el cabello largo y pelirrojo sobresaliendo con el color de la prenda.

—Ya es tarde –escuchó la voz conocida a su lado.

—Eltanin –musitó y su respiración se agitó, al ver el rostro de la niña, cubierto de sangre –dime ¿qué pasó?

—Tío Charlie no pudo salvarme –sollozó –me llevó a mi muerte –gritó enfurecida, y corrió hasta él, empujándolo, logrando desequilibrarlo haciéndole caer sobre su trasero.

—Rastaban… ¿dónde está tu hermano?

—Es una muy buena pregunta –sonrió.

Los ojos de la niña se habían vuelto blancos, así que le complicaba un poco saber si lo miraba directamente o no, giró la cabeza hasta la ventana, donde la figura aguardaba.

—Morgana –musitó –ella te está engañando, Eltanin, no vayas con ella…

Las manos de la pequeña se fueron directamente al cuello del hombre, era demasiado fuerte, y aunque intentó liberarse, no pudo.

—Algo peor está por venir, tienen que escucharnos esta vez, me necesita muerta para sus planes, no dejen que me mate, tío Percy.

El afloje de las manos de la niña desapareció, dejándolo completamente aterrado por aquél encuentro; la pequeña rubia, estaba de pie, frente a la ventana, observando directamente a algo que él no podía ver, pero notó las marcas en ella, como si unas garras la hubiesen rasguñado de los brazos, no sabía si lo estaba atormentando o advirtiéndole algo.

—Eltanin ¿quién te necesita muerta? –Cuestionó preocupado avanzando hasta ella –dime, es una advertencia ¿o una amenaza?

—Es ambas –contestó sin observarlo –va a matarnos, él no va a tener piedad de nosotros.

— ¿Quién? –cuestionó.

—Somos su amenaza, no dejen que la encuentre, si la encuentra… va a destruirnos a todos.

Percy se cubrió cuando los vidrios estallaron, escuchó el grito de terror de sus sobrina y aunque intentó ayudarla, algo se la arrebató, Eltanin había desaparecido sin dejar rastro, la ventana incluso, seguía intacta, como minutos atrás estaba, todo en él estaba en alerta, no podía creer que la amenaza de Morgana se hiciera realidad.

—Esto se está poniendo cada día más peligroso –musitó

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Ron se sentó sobre el escritorio de George, observó el reloj, ninguno de sus hermanos había llegado, sin duda lo ponía furioso, no podía creer la falta de compromiso cuando el tema era tan complicado, cuando volvieron, después de poner el sello para atrapar a Morgana, hicieron una promesa, de que siempre acudirían si Ginny mostraba indicios de que volviera, y ahora, sólo uno de sus hermanos estaba ahí, y eso, porque ahí trabajaba.

—Ya, Charlie estuvo aquí hace unas horas –admitió –dijo que llevaría a los niños a la Madriguera y volvería, tal vez mamá le pidió algo y no pudo negarse.

— ¿Y Bill y Percy? –frunció el ceño.

—En todo caso ¿Por qué Draco no está aquí? también le incumbe, es su esposa de la que estamos hablando.

—En realidad, iba a estarlo, pero pensé en que… -suspiró –Draco está mostrando los mismos síntomas de Ginny, eso quiere decir, que tal vez Morgana esté buscando usarlo a él ahora.

— ¿Por qué a él?

—No lo sé, pero sólo sé, que no voy a arriesgarme a que la otra personalidad de Draco esté al tanto de lo que sea que nosotros planeemos contra eso –negó.

—Vaya que juntarte con Hermione te está pegando lo inteligente.

—No, eso jamás –bromeó.

—Y… hablando de ella, dime ¿ya le comentaste esto?

—No, porque ha estado tratando de persuadirme de que le digamos a Ginevra lo que está pasando, lo que pasó.

—Posiblemente deberíamos decirle, así ella no lo tomará tan personal, esto puede deshacer el matrimonio de ellos, Ron, Ginny necesita saber.

—Smart dijo que no, ese es una condición del sello, si Ginny se entera, podría fragmentarse el sello, y no queremos ¿cierto?

—No, desde luego que no, estamos aquí precisamente para evitarlo.

—Así es, no queremos a Morgana merodeando por ahí, no sé lo que haría ahora.

—Vengarse, sin duda alguna se vengaría de nosotros por sellarla dentro de Ginny, lo cual, me preocupa ¿sabes? –George observó a Ron y suspiró –si está usando a Draco ahora, es porque no puede usar el de Ginny y… ¿recuerdas lo último que dijo Draco?

Ron frunció el ceño, su cuñado había dicho muchas cosas a través de los años, así que no recordaba tan bien como su hermano George suponía que él recordaría, y supuso que su mueca de confusión, lo demostró, porque el otro pelirrojo sentado en uno de los sofás de la oficina, lo demostró.

—No –aceptó después de unos minutos de silencio.

—La última vez que Draco supo de Morgana, le dijo que mataría a Eltanin, pero que no tenía de qué preocuparse, porque… bueno, venía otro bebé en camino, y después Ginny le informó que estaba embarazada de Rastaban.

—Es verdad, así que tú insinúas que sea lo que sea que quiera Morgana, es en contra de Eltanin.

—No sólo lo pienso, más bien lo creo.

—Si esa maldita loca se atreve a ponerle un solo dedo encima a mi ahijada, tendrá que suplicar piedad por mucho tiempo, porque no pienso…

—Nadie quiere que le pase nada a sus hijos, pero… no sabemos cada cuanto Draco deja de ser Draco ¿comprendes? Si sigue siendo él cuando está con Eltanin o no.

—Así que sugieres que alejemos a la niña de su madre –soltó Ron.

—Esto sería más fácil si Eltanin ya fuese a Hogwarts –admitió George.

Los pelirrojos observaron el reloj una vez más, eran cerca de las once de la noche, y ninguno de sus hermanos, que ya habían confirmado su asistencia se había presentado, dejando que Ron se pusiera histérico, por la falta de compromiso que había con los demás.

—Comprendo que a Charlie se le presentara algo importante ¿y a los demás? –gruñó el pelirrojo.

—Tranquilo, ya tendremos tiempo para hablarlo –contestó George.

—Tienes razón –sonrió –por cierto, tengo que decirte algo.

—Vamos, confianza –lo animó.

—Hermione y yo nos casamos –confesó –fue algo… imprevisto, pero si no lo hacíamos en ese momento, no lo haríamos nunca así, que, perdón por no avisarles o invitarlos.

—Si estamos en el momento sentimental, entonces… tengo que confesarte algo también –Ron asintió haciendo que su hermano sonriera –Angelina está embarazada –comentó alegre.

— ¿En serio? –Chilló alegre –oh, eso es asombroso –se levantó de su sitio, avanzó hasta su hermano y lo abrazó gustoso.

—Sí, no tengo la menor idea de cómo decirles a mis padres.

—Oh, es que ellos se van a poner realmente felices, sabes que quien más le preocupa eres tú ¿no?

—Sí, lo sé, pero es mejor irnos, ellos ya no van a venir.

—Creo que sí, Hermione debe estar furiosa, le dije que no me tardaría y mira la hora –gruñó.

—Ve, adelántate, yo tengo que revisar unas cosas para mañana, lo había olvidado por completo.

—Puedes venir temprano a hacerlo –sugirió Ron.

—No, prefiero desvelarme a levantarme temprano.

—Yo como tengo que levantarme temprano sin importar qué –se encogió de hombros Ron –así que nos veremos mañana, es tu turno de enviarles las lechuzas a tus desobligados hermanos.

—Lo haré –aceptó George.

Ron salió de la oficina de su hermano, se detuvo de la nada, cuando notó algo en el suelo, así que se acercó sin miramientos, el suelo de la tienda estaba manchado con algo espeso y oscuro, así que se acuclilló para cerciorarse de que era lo que pensó, pero cuando la sustancia estuvo en sus dedos, notó que era un líquido extraño, y no sangre, como él había pensado en un inició, así que suspiró y con un movimiento de varita, limpió todo aquel desorden que habían dejado.

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Ginevra Weasley se removió incómoda, hacía tanto frío que helaba los huesos, se abrazó a sí misma para intentar entrar en calor, pero no podía, mientras más lo intentaba, más frío sentía, así que se dio por vencida en intentar entrar en calor, abrió los ojos cuando escuchó la madera crujir cerca de ella, pero todo estaba en calma, la chimenea estaba encendida.

¿Entonces porque se estaba congelando?

Se sujetó la cabeza cuando sintió una fuerte punzada de dolor, se quejó audiblemente, observó su reloj, eran cerca de las once de la noche, después de lo que había pasado en el partido, y del fuerte golpe que había recibido, los medimagos le habían pedido que descansara el resto del día, y debieron darle algo para mantenerla dormida, porque ni siquiera se había preguntado por sus hijos.

Se puso de pie lentamente, con cada músculo de su cuerpo contraído, hizo una mueca de dolor, pero aun así se puso de pie, abrió la puerta, que chirrió de forma extraña, haciéndole fruncir el cejo, jamás había crujido así, ni el piso, ni nada, así que suspiró, la casa necesitaba mejoras, y ahora no sabía si podía confiar en que Draco se encargaría de ellas.

Avanzó hasta la habitación de Eltanin, pero no estaba en ella, así que avanzó hasta la de su hijo, estaba a punto de abrir la puerta, cuando escuchó un crujido en la parte de abajo, seguramente Draco aún no los enviaba a dormir, estaba bien que ahora ellos tuviesen problemas, pero no era momento a jugar a quien era el padre bueno y el padre malo, y dejándolos dormir hasta la hora que quisieran, no era algo que ella fuese a permitir, así que avanzó hasta las escaleras, para dirigirse a la sala.

Se giró asustada cuando sintió a alguien pasar detrás de ella, estaba bastante segura de que no había nadie ahí, así que regresó, y abrió la puerta de la habitación de Rastaban, la luna iluminaba la cuna, como siempre, pero estaba vacía, gruñó, dejar a la niña dormir tarde era una cosa, pero privar al bebé de su sueño, era algo completamente diferente.

Los pequeños dragones colgados sobre la cuna comenzaron a girar, sin que hubiese una ventisca, o sin que ella usara su magia, así que rebuscó su varita, pero no la encontró, seguramente la había dejado en el buró aun lado de su cama, gruñó, no le gustaba estar desarmada, así que cerró la puerta, y avanzó por el pasillo rumbo a su habitación, donde la puerta estaba cerrada, a pesar de que recordaba que la había dejado abierta, giró el picaporte pero no se abrió, haciendo que ella frunciera el ceño e intentara de nuevo, de una forma agresiva, pero el estado era igual, no giraba ni un poco.

La golpeó con el hombro, pero no, intentó el Alohomora, de forma verbal, pero tampoco pudo, frunció el ceño, se llevó la mano a la frente, haciendo a un lado su larga cabellera pelirroja.

El crujido volvió a escucharse, junto con los pasos ligeros, que conocía muy bien, Eltanin estaba corriendo abajo, significaba que seguía más que despierta, iba a matar a Draco, eso ya se estaba saliendo de control, sus problemas no tenían por qué involucrar a los niños.

—Se puede saber porque están todavía despier… tos –se quedó callada al ver la tranquilidad del lugar, no estaba Draco, no estaba Eltanin y mucho menos Rastaban.

¿Entonces quien había estado corriendo en la parte de abajo? ¿Qué peso había hecho crujir la madera? Se giró asustada cuando vio una sombra pasar detrás de ella, no sabía porque el frío en la columna vertebral no se había ido.

— ¿Eltanin? –Interrogó cautelosa –ven, cariño, no voy a regañarte por estar todavía despierta ¿dónde está tu hermano?

La vista de la mujer inspeccionó todo frente a ella, y giró en su mismo eje, el lugar estaba vacío, cuando su mirada pasó por la ventana, vio el reflejo de un cabello rubio corriendo por el patio, suspiró, tenía que ir por ella y ahora sí, reprenderla por asustarla de esa manera.

Avanzó a grandes zancadas hasta donde estaba la niña, brincando y riendo divertida, se detuvo a la mitad del camino cuando a unos metros de su hija, estaba una mujer, de larga cabellera pelirroja, su respiración se agitó, cuando la luz del jardín iluminó uno idéntico al de ella, salvo por los ojos azules que brillaban con malicia.

—Eltanin –la llamó.

El corazón de Ginevra se estrujó tan fuerte cuando el rostro de su hija giró hasta ella, mostrándolo ensangrentado, su bonito vestido rosa estaba un poco desgarrado por el pecho, como si unas garras lo hubiesen rasgado, sus brazos estaban iguales.

—Me asesinaste, mami –contestó –dijiste que no dolería, pero lo hizo –y ahora está libre en el mundo –siguió brincando.

—Eltanin, cariño… -la pelirroja cayó sobre su trasero, cuando su hija en un parpadeo estuvo frente a ella.

—Va a matarnos a todos –aseguró –comenzará conmigo, porque me necesita muerta para sus planes ¿vas a dejarlo? –la pelirroja abrazó a su hija fuertemente, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

—Voy a matar a todo aquél que quiera dañarte –aseguró, pero su hija se desvaneció de sus labios.

—Voy a matarte ahora a ti –dijo su imagen frente a ella y sintió una opresión en el pecho –nunca debiste vivir.

Su imagen se desvaneció, dejando una figura de capa negra encapuchada, cuando Ginny se liberó, comenzó a correr en dirección a su casa, completamente aterrada, ya que la figura iba detrás de ella, a tan corta distancia, entró al lugar, cerró la puerta con llave, y se asomó por la ventana, viendo de frente a la sombra.

Se cubrió el rostro cuando la ventana explotó, arrojando los vidrios en todas las direcciones posibles, la figura pasó por la ventana, así que Ginny se alejó corriendo, no quería detenerse a saber que rayos era, estaba desarmada, su varita estaba en el buró, en su maldita habitación y no podía entrar por ella.

Se escondió en el armario, con el corazón desbocado e intentando controlar su respiración, el crujido se escuchaba cerca de donde estaba escondida, cerró los ojos, y salió del lugar, tenía que encontrar a sus hijos.

— ¡Eltanin! –Chilló –Eltanin ¿dónde estás? –La llamó pero no hubo respuesta –Eltanin, cariño, por favor, ven con mamá.

Buscó en las habitaciones de la parte de arriba, en el ático, pero no la encontró, intentó abrir la puerta de su habitación, pero tampoco pudo; bajó corriendo, entrando y saliendo de cada habitación del lugar, pero tampoco, ni Eltanin ni Rastaban estaban en algún lugar, así que se asomó al jardín, pero tampoco había muestras de sus hijos.

— ¡Eltanin! ¡Rastaban! –gritó casi vuelta loca.

Su vista se enfocó en la puerta que daba al sótano, recordó a Draco hacer un hechizo de expansión indetectable en una parte, para que Eltanin se escondiera junto con su hermano cuando algo malo pasara, así que posiblemente estaban ahí, así que bajó apresurada, yendo directamente hasta el escondite.

Se detuvo un momento, no, si esa cosa estaba buscando a sus hijos, ella los estaba llevando al lugar.

—Eltanin, Rastaban, no salgan –ordenó –sin importar nada, no lo hagan.

Se giró y subió corriendo las escaleras, para buscar a esa cosa, no iba a permitir que tocara a sus hijos, así la matara, no le importaba, si con eso Eltanin y Rastaban estaban a salvo, cerró la puerta y observó a ambos lados del pasillo, y cuando se decidió por uno, observando que la figura no se acercara por el lado contrario, chocó con ella, que la sujetó fuertemente de los brazos, el forcejeo de la pelirroja fue bastante brusco, ya que logró que la capucha resbalara permitiéndole ver quien era.

—Draco –susurró, mientras él le otorgó una sonrisa siniestra.

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El clima de la oficina bajó notablemente, haciendo que George Weasley levantara la vista hacia la chimenea, estaba encendida, salvo que el fuego se había tornado de un tono violeta, sintió la presencia de alguien observando por el pasillo a través de la puerta abierta del lugar.

—Necesitas más que eso para asustarme –le dijo a la figura de túnica negra, la capa era de un tono rojo quemado, le cubría el rostro, cuando avanzó hasta la oficina, George sintió más frío.

—No me sorprende que no me tengas miedo, Georgie –soltó la figura.

El corazón del pelirrojo se aceleró a punto de estallar lleno de felicidad al escuchar esa voz, sonrió de inmediato, así que la figura dejó ver su rostro, idéntico al del hombre que sonreía con lágrimas en los ojos.

—Fred –musitó incrédulo.

—El mismo, Georgie, he vuelto, como ella te lo prometió.

—Pero… ¿por qué?

— ¿Por qué cumplió a pesar de que la traicionaste? –Sonrió –porque ella tiene palabra, por eso volví, lamentablemente, no del todo, hermano.

— ¿Cómo que no del todo? –cuestionó sorprendido.

—Bueno, he venido para quedarme, pero necesito cumplir mi parte del trato.

— ¿Qué hiciste?

—Ella me traía de vuelta, si yo le daba lo que necesitaba.

—Dumbledore le dijo a Harry que ningún hechizo puede…

—Es cierto, ningún hechizo puede traer a los muertos –sonrió –pero sí un ritual, y una magia muy, muy, pero muy oscura, Georgie, y ella necesita algo para hacerme volver, de forma permanente.

— ¿Y qué necesita?

—A los hijos de Ginevra –contestó como si nada, con una sonrisa extraña en su rostro pálido y sus ojos azules opacos.

—No puedes… ellos no…

—No comprendes, George, tiene que pasar, porque siempre pasa, ella siempre muere, aquí no será diferente.

— ¿A qué te refieres? –cuestionó.

—Verás, no importa en qué línea sea, Eltanin siempre muere, tiene que morir, así podrá tener todo el poder que necesita para dejarme aquí de forma permanente.

— ¿Cómo lo sabes? –cuestionó George.

—Porque vengo de un lugar, donde pronto morirá, te lo digo porque… la he perseguido hasta aquí.

—Fred, tú… no eres Fred –soltó dolido.

—Lo era, hasta que me corrompí, pero es que tú no has visto todo el poder que desatará Rastaban en el mundo ¿cierto? –sonrió de una forma cruel.

—Rastaban –se burló –es el niño más encantador que he visto…

—Todo el tiempo está sonriente ¿no es así? –el gemelo frunció el ceño sin comprender, pero terminó asintiendo.

—Tú no sabes lo que su furia puede lograr –le informó y dio un paso hasta su hermano gemelo –el mundo temblará ante sus pies, y ya ha comenzado, George, tienes que matar a Rastaban, después de matar a Eltanin, justo después.

— ¿Por qué? –cuestionó incrédulo.

—Por qué, así podré quedarme, como tanto quieres, y… bueno, porque… si no ocurre así, todos ustedes morirán, incluso el hijo que tendrás con Angelina.

Fred paseó por el lugar, tranquilamente, mientras meditaba las palabras que estaba a punto de decirle.

—Los niños y Fleur serán los primeros en morir, porque son los que estarán en el patio, jugando, los Aurores serán sigilosos, se interpondrán, y los matarán, a cada uno de ustedes, menos a uno –se encogió de hombros –a Rastaban, y él, no se volverá un Harry cualquiera, él va a vengarse, y a llevarse al mundo a las ruinas.

—Tú estás muerto ¿cómo sabrías eso?

—No importa que pase, como alteres el pasado, hermano, siempre pasa, siempre mueren, Eltanin siempre muere y él siempre vive, pero aquí no, aquí van a morir los dos, no voy a cometer los mismos errores.

—No te creo.

—No me interesa Georgie –sonrió tranquilo –sólo quiero que me digas ¿dónde está Eltanin?

—No lo sé, y si lo supiera, no te lo diría.

—No voy a matarte, pero te juro esto, Georgie, asesinaré a tu novia, y sacaré a tu hijo nonato de su vientre mientras miras, sino me dices donde está Eltanin –sonrió –dime ¿perderías a tu hijo propio por ella? Que sin importar nada va a morir.

—Todos moriremos –soltó George –lo has dicho.

—Bill fue más sabio que tú, George, él me dijo dónde encontrar a Charlie, y él me dijo como llegar a Percy, y Percy a Ginevra, pero no estaban ahí, así que dime ¿dónde están?

—No lo sé, y no pienso decírtelo –contestó tajante.

—Convéncelo tú, entonces.

Fred se hizo a un lado, dejando ver a la pequeña rubia, con su vestido rosa ensangrentado, rasguñada por algún animal salvaje, que le ocasionó la muerte.

—Nin –fue hasta ella, que observó a Fred, y sujetó el rostro del otro gemelo.

—No dejes que me mate, tío George –suplicó –me necesita muerta para que sus planes funcionen.

—Nin… ¿dónde estás? –Curioseo –dime ¿quién te hizo esto?

La mirada de la niña fue hasta el otro hombre, que sonrió, y cuando la niña rompió el contacto, informando el pensamiento que George tuvo sobre su locación, Fred sonrió.

—Gracias por la información, George –Fred mostró su mano izquierda, dejando ver las garras y sonrió, mientras lamía la sangre que escurría de ellas.