Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola, hoy es 14 de Septiembre; y como cada catorce de mes, aquí estoy con una nueva actualización, estoy bastante sorprendida por el hecho de que he podido estar actualizando a tiempo, ya que antes era casi imposible hacerlo con éste fic, pero me alegro poder ser una persona comprometida con las historias y con ustedes los lectores, por supuesto que quiero agradecerles muchísimo sus reviews, tienen que saber que leerles me hace completamente feliz, me encantan todos y cada uno de sus comentarios, significan muchísimo para mí, pero es algo que les digo en cada capítulo, por muy cansado que suene, lo es, significa mucho para mí que se tomen un poco de su tiempo para leer la historia y comentarla, espero que el capítulo sea de su agrado, y nos leemos el próximo 14.

Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.

Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber, que yo con mucho gusto (y cuando tenga oportunidad) lo corregiré.


La mujer se incorporó después de arrojar más leños a la chimenea, el clima no había mejorado para nada, cada vez hacía más frío, y los continuos días lluviosos, era tan extraño ver los rayos del sol aun de día, las espesas nubes cubrían todo a su alrededor, y al ver las noticias muggles, se había percatado de que no sólo Inglaterra tenía esos extraños climas, suspiró, tomó su libro de la mesa cercana y se arrastró hasta el sofá, para leer un poco y acurrucarse en la manta.

En cuanto estuvo en la comodidad del suave sofá, y la cobija de lana le cubrió las piernas, escuchó un ligero golpe, que la hizo sobresaltarse y levantarse de su lugar; la figura encapuchada se dejó ver de inmediato, haciendo que el corazón de la pelirroja se acelerara al borde de la locura, le sonrió agradecida, sin esperar un segundo más, se arrojó a sus brazos, entretanto unía sus labios a los del hombre recién llegado.

El beso fue tan suave, algo que no esperaba, era la primera vez en meses que volvían a verse, y esperaba algo pasional de su parte, pero no le tomaba a mal que estuviese calmado, a decir verdad, era normal esa clase de tranquilidad en él.

Sus manos se posaron en su cuello, ascendiendo un poco, para que sus pulgares pudieran acariciar suavemente las mejillas de la pelirroja frente a él, le dedicó una mirada tranquila, en lo que volvían a unir sus labios; las manos de ella se movieron rápidamente, liberándole de la pesada capa que colgaba sobre sus hombros, en agradecimiento, se acercó más a ella, usando sus brazos marcados para rodear su delgada cintura y acercarla más a su presencia.

Soltó un leve gemido cuando sintió la respiración de él en su cuello, al mismo tiempo de que la ya familiar sensación de placer viajaba por todo su sistema nervioso con cada suave beso en la piel pálida de ella, extrañaba eso, sin duda tenerlo junto a ella, acariciando cada milímetro de su cuerpo, invadiéndole una y otra vez de esa manera que le hacía olvidar que afuera de ese pequeño lugar, el fin del mundo estaba ocurriendo.

Se aferró a su cuello, cuando las manos amplias, grandes y un tanto callosas la sujetaron de las piernas para elevarla, rodeando sus caderas, no antes de sentirlo adentrarse por completo en su cavidad vaginal, que sin duda también le echaba de menos.

Se aferró más al hombre, creyendo que en cualquier momento la sensación de éxtasis la haría soltarse, él seguía ocupado, sujetándola de las piernas, haciendo que subiera y bajara en su erección, soltó un gemido poco silencioso, pero el placer estaba en cada célula de su cuerpo, invadiéndola por completo, las manos del varón resbalaron del trasero de ella hasta la espalda, sujetándola más contra él, no sabía en qué momento estar alejado de la chica representaba una gran tortura.

Jamás se había sentido de esa forma antes, y sonrió agradecido cuando la mujer se movió un más, buscando adentrarlo más en ella, mientras entre gemidos murmuraba lo mucho que le había echado de menos.

El cuerpo de la pelirroja yacía sobre el de él, la cálida respiración aseguraba un profundo sueño, no quería ni siquiera imaginar hacía cuanto no había estado durmiendo, no podía culparla, por supuesto, pero eso sólo lo hacía sentirse cada vez más culpable, ya que la mayor parte de sus acciones, eran lo que la mantenía despierta todas esas noches que él no iba a su apartamento a verla.

La tranquilidad no duró mucho para la pelirroja recostada sobre su pecho, ya que la habitación se inundó de una luz blanca, casi segadora, como si el sol se hubiese salido y estuviese frente a ellos, después de tanto que no se veían.

Besó su hombro cuando notó que su respiración no se tranquilizaba, quitó el maltratado cabello pelirrojo de su cuello, para poder besarlo más libremente, ínterin que sus manos, acariciaban sus pechos desnudos, no había mejor forma de tranquilizarla que el preámbulo de un buen sexo.

Una explosión sacudió todo el lugar, dejándola más intranquila, tirando a la basura el confort y la paz que sus besos y el sexo habían dejado en ella, suspiró agobiado.

—Todo estará bien –la tranquilizó.

—No lo ha estado por meses –le recriminó.

—Ya lo sé –aceptó.

—Entonces ¿Por qué siempre lo dices? Si sabes que las cosas están lejos de estar tan siquiera mal –se hizo el cabello hacia atrás, con las manos temblorosas.

—Porque aunque lo niegues, sé que es lo que quieres escuchar –sonrió.

—No sólo quiero escucharlo –murmuró, observándolo directamente a los ojos.

—No puedo prometerte nada, Lily –acarició su mejilla.

—Puedes quedarte, aquí, conmigo, lo prometió, él…

—Estoy aquí todo el tiempo que puedo –se alejó de ella.

Lily se levantó enfadada de la cama, se colocó su ropa interior y tomó su bata, para cubrirse, saliendo rumbo a la cocina, él siguió su ejemplo, sujetó su capa y la dejó sobre el respaldo del sofá, en lo que iba hasta ella, que estaba frente la estufa, poniendo agua para un té, la abrazó, besando su cerviz, las pequeñas manos de la chica sujetaron las de él.

—Tres meses han pasado desde la última vez que te vi –murmuró ella, intentando soportar las lágrimas, y antes de eso seis –se giró en sus brazos.

La mirada de Lily se posó en los ojos amarillos del hombre que aun la sujetaba con fuerza contra él, los dos estaban al tanto que ninguno podía hacer nada para mejorar esa relación que había comenzado un año y medio atrás, cuando los Impuros dejaron sólo de merodear y buscar a los Sangre Pura, con autorización absoluta de Rastaban, ellos podían hacer lo que quisieran.

Lily había chocado con Smart cuando había estado huyendo de un grupo de Impuros, la sangre Potter era más que cazada por todos y cada uno de ellos, no porque Malfoy lo pidiera, por el contrario, les había dejado de lado, pero cuando se negaron a hacer lo que les pedía, simplemente los dejó sin protección, y todos, sin excepción alguna, quería ser quien llevara a los Potter frente al gran y temible Rastaban Malfoy, una palmada en el hombro y una sonrisa torcida era más que un gran pago para los Impuros.

—Sabes que soy su mano derecha, desde que nos conocimos lo has sabido –recordó, haciendo que ella bajara la vista.

—Entonces debiste irte cuando me ayudaste esa vez, no era necesario que te metieras entre mis piernas –lo golpeó –o que me enamoraras.

Smart retrocedió, completamente sorprendido por las palabras de Lily Luna Potter, ¿ella enamorada de él? ¿En qué clase de agujero negro se había vuelto el mundo? Sonrió agradecido de esas palabras, la sujetó de las caderas y la pegó más a él.

—Siempre pensé que estabas conmigo porque no podías estar con él –admitió.

—No todas somos iguales, Smart –se encogió de hombros –y en cuanto quitó el –se señaló la cabeza –todo fue acomodándose lentamente, llegaste tú –se colocó en puntitas para poder besarlo.

—Estás al tanto de que soy mucho más viejo incluso que tu padre ¿no es así?

Lily sonrió, se relamió los labios y se mordió el inferior de éstos. —No luces como uno, anciano –rió, ocupando sus manos para desabotonar de nueva cuenta los pantalones de Smart.

Las manos del hombre se introdujeron debajo de la bata, en cuanto sus pieles estuvieron en contacto, la sintió estremecerse, la había extrañado tanto, y por fortuna habían sido tres meses de larga espera, y no seis, como la vez pasada, unieron sus labios en un apasionado beso, haciendo que Smart la sentara en la pequeña isla, acomodándose entre las delgadas piernas de la pelirroja.

—Estás perdiendo peso –murmuró en su cuello.

—No sé si sepas de la escases que hay para el resto de la comunidad –sonrió ante la oleada de sentimientos que llegaron hasta ella en cuanto Smart desabrochó el sujetador –dejemos de hablar –lo atrajo más a ella.

El rostro del hombre se perdió entre los pechos de la mujer frente a él, mientras sus labios depositaban suaves besos que enviaban pequeñas cargas eléctricas en toda ella, transformándose en estímulos que estaban por volverla loca si no lo sentía adentrarse de nueva cuenta en ella.

—Perdón que interrumpa –soltó la voz de una mujer en la puerta.

Smart se alejó de Lily; ella se cubrió de inmediato y observó a la mujer de cabello miel y enormes ojos cafés, por su ropa no había duda alguna, era una de los Impuros. El corazón de Lily se detuvo un segundo.

—Tenemos que irnos, Rastaban nos ha llamado, pero veo que estás tan entretenido que no lo has notado.

—En seguida iré –contestó asintiendo, mientras volvía su vista a la pelirroja.

—Al menos hemos terminado uno –se encogió de hombros Lily –no quiero que vuelvas a irte –se aferró a él.

—Tengo que hacerlo, Lily –acarició sus mejillas, al tiempo que colocaba el cabello pelirrojo detrás de sus orejas.

—Abandónalo, huyamos –pidió.

—Creo que eres la única de todos ellos, que sabe la razón por la cual no lo hemos hecho ¿cierto? –sonrió.

—Tu jefe es un loco desquiciado que nos perseguiría hasta el final del mundo ¿no es así? –sonrió.

—No te estoy pidiendo que lo comprendas, Lily.

—No lo comprendo, Smart, ¿por qué estás de su lado? Lo que él hace… sabes que no es lo correcto, no importa si son Sangre Puras o Impuros a quien se persiga, no es justo que lo hagan, todos tienen ideologías…

—Los Sangre Pura no son tan inocentes, Lily, algunos han intentado vender a tu familia por amnistía.

—Sí, y si no te apuras, se me olvidará que me salvaste la vida, y sin querer, diré que este apartamento sigue ocupado –soltó la mujer de nueva cuenta en la puerta.

—Ahora voy –soltó en tono severo.

—Creo que sabes que no deberías usar ese tono conmigo, Smart –contestó ella –la mayoría de los Impuros te temen, no tanto como a Rastaban, pero lo hacen, pero yo sé tú secreto.

—Puedo matarte en éste momento y…

—Smart –lo detuvo Lily, bajándose de la isla e interponiéndose entre la otra chica y su… ni siquiera sabía cómo referirse a él, no sabía qué clase de relación había entre ellos, aparte de la sexual.

—Volveré tan rápido como pueda, te lo prometo –besó sus labios y avanzó hasta la puerta –enviaré un poco de provisiones con Seto.

Lily lo observó mover la mano y fue la última visión que tuvo del hombre del que estaba locamente enamorada, observó a su alrededor, no era el mejor apartamento que pudiese haber, estaba un tanto en ruinas, pero Smart lo había acondicionado para ella, tenía cualquier clase de distracción ahí, la necesaria para no salir y no comunicarse, habían tenido que sacrificar a su lechuza para que el ejército de los Impuros no la encontrara, sabía que había ayudado a sus hermanos y su padre porque ella se lo había suplicado, y que estaban en condiciones seguras, la magia del hombre no la podían detectar los magos normales, pero no podía salir, tenía que quedarse ahí, sin hacer nada, sólo comer, dormir y… las necesidades más básicas que un humano pudiese tener.

Hacía algunos años, había encontrado un libro entre las cosas de su padre, y había investigado un poco sobre el tema, y podía decirse que la historia de esa pequeña niña; siendo perseguida sólo por sus creencias religiosas era muy parecido a lo que les estaba ocurriendo ahora a todos ellos.

—&—

Todo el lugar estaba lleno por los Impuros y el ejército de Fuego, que se hacían a un lado para dejarlo pasar, Rastaban no estaba en el lugar, lo sabía, por esa razón todos estaban platicando y haciendo nada de provecho, todo lo contrario a cuando él estaba, así que avanzó hasta las zonas prohibidas del Gran Castillo de Camelot, la mujer que había interrumpido su tiempo con Lily se detuvo en la línea roja que marcaba el límite que Ana había puesto, así que por fin pudo respirar tranquilo, sin sentir que alguien pisara sus talones.

—Llegaste, supongo que estabas muy ocupado ¿no es cierto? –sonrió la rubia, mientras movía su copa con líquido rojo.

—Ahora bebes sangre, Ana –se burló el hombre.

—Es vino –bufó, y con mala cara lo dejó en una de las mesas.

— ¿Dónde está?

—Creí que lo sabías –frunció el ceño.

—He estado cazando, como me ordenó hace un año –le recordó –sólo regreso a la ciudad cuando él me lo ordena.

—No sé por qué convocó a los Impuros, sabes que me desagradan.

—Tu Sangre Pura no los tolera –rió.

—Deberías estar contra ellos, no con ellos.

—No me interesa el estatus de sangre.

—Lo dices por la pelirroja con la que te revuelcas ¿cierto?

Tensó la mandíbula, mientras ella sonreía satisfecha, señalándose la sien, se sentó en una de las sillas junto a la de Rastaban y suspiró cansina, como si fuera algo que hubiese sabido desde el primer momento en el que ocurrió.

—No se lo has dicho.

—A él no le interesa Lily Luna Potter, no desde los sucesos de hace un año.

—Ella no fue –soltó en un tono brusco.

—Me encantaría verte intentar explicárselo a él, sabes mejor que nadie que en cuanto la profecía apareció, ella corrió aquí.

—Lily no sabe dónde queda Ávalon –soltó.

—Pero tú sí, y sabes que él sólo está esperando tu traición para arrancarte el corazón.

—Y tú quieres que lo haga.

—Muero porque lo hagas, pero… no voy a ser yo quien se lo diga, quiero que se entere por ti, un día que estés demasiado inestable por ocultarle que te acuestas con Lily Luna Potter, y toda esa máscara caiga frente a él, amaré ver cómo te destruye completamente.

—Eso no ocurrirá, él no pondrá una mano en Lily.

—Ahí está, eso que brilla en tus ojos –se puso de pie con una sonrisa siniestra –es la luz de la traición; ya sabes para qué es la junta, supongo.

No permitió que supiera que lo perturbó, esperó a que se fuera, para poder recargarse en la mesa redonda que estaba frente a él, suspiró, no sabía cómo Rastaban podía soportar ocultar todo lo que le ocurría, ni las preocupaciones ni el enfado lo ponían como a él, pero claro, no compartían ni de chiste, las misma capacidad.

—Si estás aquí, significa que todos llegaron.

—Así es –asintió, aun sin ver a Rastaban.

—Bien, que esperen un poco –se sentó frente a él.

El rostro del pelirrojo estaba como siempre, joven y atractivo, como si nada hubiese ocurrido en su vida para perturbarlo, como si gozara de la mejor de las vidas, sin una responsabilidad sobre los hombros.

—No sé qué hacemos todos aquí, me mandaste a cazar y he estado ocupado.

—Estoy aburrido –comentó, observando por la ventana –voy a hacer que mis Impuros y mi ejército de fuego se divierta por mí –sonrió de lado.

—Bien ¿Qué planeas?

—Los Potter están bien ocultos, Ana no pudo encontrarlos.

—Si lo intentas…

—No lo intentaré, no pienso gastar mi energía buscándoles con magia, si ella no pudo encontrarlos, significa que alguien se preocupó por hacer las cosas bastante bien, así que… voy a quebrar a esa persona, enviaré a todos por los Potter.

—Te aburriste, así que vas a matarlos.

—No voy a matarlos –sonrió –no a todos.

—Vas a matarla a ella ¿cierto?

—Ya escuchaste la profecía ¿no es así?

—Que va a derrotarte, lo sé, la escuché, estuve ahí el día que Honeday la dijo.

—Sí y no –lo señaló y se puso de pie –sólo si se embaraza lo podrá hacer, pero no lo ha hecho ¿o sí?

Rastaban lo observó serio, sin una gota de emoción en su rostro pálido, pero ese par de ojos, que le hacían sentirse culpable, sabía que Lily era la perdición del hombre frente a él, y había prometido con su vida protegerlo, ahora lo estaba traicionando, porque venía de acostarse con Lily.

—No sé por qué me preguntas a mí –contestó en su defensa.

—Cierto, tú nunca me traicionarías ¿verdad? Les juraste a mis padres lealtad.

—Sigo de tu lado ¿no lo has notad?

—Claro ¿por cuánto tiempo? –Negó –creo que cuando termine de decirte mis planes, huirás de aquí, e irás por ella, y no lo sé, tal vez, aceptarás su plan de huir lejos de mí, porque soy un loco desquiciado que los perseguiría hasta el final del mundo ¿no es así?

—Rastaban –intentó.

—Deberías saber, que pude matarlos a los dos en el momento en que sus labios se unieron por primera vez, y que si ese lugar no ha sido encontrado, es porque me encargué de que tu burbuja de felicidad permaneciera intacta, pero…

Observó a un lado, así que Smart observó hacia donde él veía, el rostro pecoso de Lily estaba a unos metros de él, junto a un soldado del ejército de Fuego, el brazo del hombre rodeaba el cuello de la pequeña pelirroja que se retorcía, mientras intentaba ir hasta él.

—No soy mis padres, Smart –aseguró –ellos hubiesen roto el voto, pero yo te haré cumplirlo, y sabes que de romperlo, morirás.

—Entonces moriré –soltó sin quitar la vista de Lily, que en cuanto pronunció eso, las lágrimas cayeron por sus mejillas.

—Aun ni siquiera te he dicho lo que harás y no –chasqueó los dedos, haciendo que el soldado liberara a la chica y ésta corriera a los brazos del hombre de ojos amarillos, que la abrazó protectoramente –no haré que la mates, por ahora.

La capa azul marino, casi negra, arrastró por el suelo, mientras el pelirrojo salía del lugar, rumbo a la asamblea que tenía más de dos horas esperando por él, sin embargo Smart no fue, se quedó ahí, junto a la pelirroja, que estaba aferrada a él como si no hubiese un mañana.

—Tranquila, no dejaré que te haga nada.

—Es más poderoso que nosotros, Smart –soltó enfadada –por ésta vez, tus palabras no me tranquilizan.

—Entonces, vayamos a un lugar donde te olvidarás por cinco minutos que todo el mundo está en ruinas.

La sujetó y en un segundo, estaban en un bonito lugar que Lily no distinguió, era una bonita laguna de agua completamente cristalina, podía ver en el fondo las piedras, y a los pequeños peces nadando.

—Es hermoso –sonrió, girándose hasta él, rodeando su cuello y observándolo –no tenías que enfrentarte a él.

—Lily, te traje aquí para que olvidemos esto ¿recuerdas?

—Dímelo –pidió.

—No sé de qué hablas –contestó en un tono serio, haciendo que la pelirroja frunciera un poco el ceño.

—Te lo dije en mi apartamento, Smart –lo empujó –dime si no…

—Dijiste que huyéramos, pero no recuerdo que dijeras más.

—Te dije que te amo –le recordó –y si tu sientes lo mismo por mí, quiero que lo digas ahora, no antes de que estemos a punto de morir, no cuando uno esté al borde de la otra vida, si no me amas, también dilo.

—Por mucho tiempo creí que la mujer de mi vida sería Morgana, después, conocí a la madre de Rastaban y a pesar de ser idéntica a ella, bueno, cambió mucho en mí, pero sin duda, Lily, si tuviese que elegir a una mujer, serías tú –se acercó a ella, y no dejaré por nada del mundo, que Rastaban te haga daño, te amo.

—Te amo –sonrió ella y se acercó a él, colocándose de puntitas, para besarlo.

Enredo sus piernas en la cintura del hombre, mientras se besaban de forma tranquila, ya no importaba mucho, Rastaban Malfoy ya se había enterado de lo que ocurría entre ellos, y en un momento en el pasado, eso no le había importado, pero por alguna extraña razón que Lily no comprendía y de la que Smart nunca hablaba, él se había vuelto imparable.

—Esa agua era cristalina y pura por alguna razón.

Lily rompió contacto de los labios de Smart, agitada y con el miembro del varón aun en ella, el agua de ese lugar era cálida, contrario de lo que hubiese pensado, sus ojos se pusieron en contacto con los de la mujer, antes de girar hasta Smart, besarlo un poco más, para volver a explicar a la mujer.

—Lo siento, nos interrumpieron en mi apartamento –se encogió de hombros, mientras sus talones se clavaban en los glúteos del hombre para que se adentrara en ella un poco más.

—Sabes que esa agua es usada para curar a los enfermos, Smart –lo reprendieron a él en esta ocasión.

—Lo siento, Hydra –se encogió de hombros.

—Salgan de ahí.

—Pero…

La queja de Lily se vio interrumpida en un momento cuando estuvo completamente vestida, aunque mojada ya que seguía casi a mitad de la laguna; avanzó con el hombre de cabellos chocolate hasta la otra mujer, que en un momento, les había secado.

—Ella es Lily Potter –contestó Smart.

—Tienes que ser muy osado para traerla aquí.

—Fue Rastaban.

—Entonces eso era la despedida –señaló el lugar donde estaban antes.

—No dejaré que le haga nada.

—Me encanta cada que alguien dice "no lo dejaré" –se burló –recuerdo cuando mis hermanas usaron las mismas frases ¿y donde terminaron? –Negó abatida –en el olvido.

—Entonces sabes para que me trajo aquí ¿no es así? –cuestionó Lily, alejándose de Smart.

—Sí –admitió la mujer, que observó a Smart –lo siento, Smart.

Lily giró sobresaltada cuando escuchó un fuerte crujido, unas gruesas cadenas habían envuelto el cuerpo atlético y alto del hombre de cabellos chocolate y ojos amarillos, mientras su mirada era preocupada, no por él, y Lily lo supo.

—A Rastaban no le importa, pero no podemos decir lo mismo de mí –sonrió –el trato ha sido antes de que llegaras, voy a mantenerla en mi poder el tiempo que desee –sonrió –mientras paga por sus pecados.

—Hydra –gruñó, mientras se removía.

—No lo intentes, esas cadenas fueron hechas por el mismo Merlín para contener, creo que las recuerdas ¿no? –se burló –claro que ya lograste escapar una vez, así que Rastaban usó su magia, no podrás usarla, serás un simple Squib mientras estén sobre ti, y será mucho tiempo –sonrió.

— ¡Lily no fue! –gritó.

—Tú dirás lo que sea para defenderla, porque la amas, y es por eso, que no voy a creerte nada de lo que digas, yo la tendré a ella, y Rastaban a sus hermanos, después de que escuchen que la traicionaste y la vendiste con el enemigo.

—Esto no va a quedarse así ¿me escuchas? –se agitó.

—Quiero ver que intentes algo, y… posiblemente, cuando te quite esas cadenas, todo recuerdo de ésta chiquilla insignificante pase al olvido, oh, Smart, no naciste para ser correspondido en el amor, tienes que aceptar, que cuando te crearon, ese regalo no te lo dieron.

—No le creas, te amo –soltó Lily.

—Esas cadenas y él son viejos amigos ¿te lo ha dicho? –Lily la observó sin comprender.

—No te atrevas –bufó el hombre.

—Se enamoró de mi hermana Alexey, claro que ese amor era imposible, porque ella era mestiza, y porque… bueno –sonrió –ya lo dije, el amor no es algo que no se produzca en él, pero no para él, siempre vuelven a ti cada que te enamoras ¿no Smart? Morgana ha sido la única que te ha mantenido en esas cadenas por siglos, con Ginevra décadas –observó a Lily –dime ¿cuánto va a tomarte escapar de ellas ésta vez?

La respiración del hombre se agitó, mientras sus ojos amarillos brillaban llenos de furia, Hydra observó a Lily, sonrió suavemente y un segundo después, hizo un rápido movimiento, como si estuviese rompiendo algo.

El grito de Lily fue ensordecedor, haciendo que Smart se removiera más salvajemente; pero lo sabía, sabía cómo funcionaban las cadenas para él, mientras más vivo el amor por la persona, más imposibles eran de romper. Y en ese momento, ni el mismo Rastaban podría romperlas, de quererlo.

—No la lastimes –bufó.

—Es una lástima que no puedas hacer nada –movió la mano y cubrieron la boca del hombre, impidiendo que hiciera un sonido más – ¿estás lista linda?

—P-para qué.

—Haré que te vea sufrir, décadas –suspiró –eres una simple bruja, no vivirás lo suficiente o posiblemente lo verás liberarse ¿Qué dices, Smart? ¿Lo hará? –el varón se removió furioso.

—Lo que quiere decir, posiblemente, es que ojalá lo veas liberarse pronto, porque eso significaría, que aunque las cadenas caigan, tú no irás a ningún lado.

El cuerpo de Smart cayó frente a ellas, Lily intentó ir hasta él, pero Hydra no la dejó, los ojos amarillos del hombre estaban abiertos, aunque inexpresivos.

—Pasará su amor ahí –explicó la mujer –las cadenas fueron creadas…

—Por Merlín, ya lo dijiste –soltó enfadada Lily.

—Para él –señaló a Smart –Arturo podía ser el mejor Rey que los cinco Reinos pudiese tener, pero… no quería a algo como él, rondando a su hija, así que le pidió a Merlín que creara algo que lo detuviera, hasta que el amor por su hija se extinguiese.

—Eso es cruel –murmuró Lily.

—No fue creado para amar, así que ese es su castigo, por desafiar a quienes lo crearon, por renegar de la razón para la que fue creado.

—Eso es crueldad.

—No tienes ni idea.

Dos hombres con un uniforme distinto a los de los Impuros aparecieron, sostuvieron a Smart, hicieron un símbolo que Lily no distinguió, y después de un hechizo, el cuerpo del varón desapareció de ahí, haciendo que la chica quisiera ir hasta donde había desaparecido.

—Llévenla con él, al parecer la princesa quiere a su príncipe –se burló.

La pelirroja se giró y observó el castillo, no tenía idea de lo que Rastaban estuviese planeando, acceder a darle la única pieza que podría acabar con él era algo que estaba fuera de su buen corazón, porque si alguna vez ese hombre había tenido uno, ahora estaba frío y marchito; y la única esperanza de que eso cambiara, ahora residía en el olvido.

Observó al lago, y por un momento, un pequeño reflejo de un árbol roto se reflejó en él, se acuclilló para ver más de cerca, y en el momento en el que sus manos tocaron el agua, una fuerte corriente eléctrica subiera por sus yemas hasta el resto de su cuerpo, haciendo que cayera inconsciente.

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Ana entró en la alcoba de Rastaban, que estaba sentado en una silla, viendo en dirección al jardín, el lugar donde Honeday solía pasear todos los días; ella sonrió divertida, apretó sus hombros y comenzó a darle un masaje.

—No estoy de humor ¿qué quieres?

—Me he enterado que reforzaste las cadenas de Merlín para Smart.

—Hydra lo pidió –comentó.

—Los tiene a los dos.

—Lo sé.

—Creí que te gusta tener las cosas bajo control, que ella tenga a tu caída, no es nada bueno ¿o sí?

—Digamos que soy un hombre que prefiere una larga venganza a una corta y vacía, así que… dejaré que ambos sufran, el tiempo que tengan que sufrir.

— ¿Y qué pasará cuando ella muera y él sea libre?

—Su amor por Lily lo mantendrá ahí una eternidad, si después de siglos vendió a Morgana, creo que no le interesará venganza además ¿venganza contra quién? Yo ya no estaré, esa, es la enorme ventaja de ser un mortal.

—Podrías no serlo –se sentó en sus piernas –vamos, sólo tienes que decirlo, lo quieres, quieres todo ese poder fluyendo por la eternidad, no quieres que termine.

—Pero terminará, Ana, y nadie va a impedirlo, Hydra sabe que quiere vengarse de mí, pero quiere algo más rápido, así que la torturará a ella.

— ¿Cuánto tiempo?

—Va a darme el tiempo necesario, hasta que el mundo esté sumido en una miseria completa, hasta que lo único que quede sean los Impuros, se quedarán en su mundo, y éste quedará tal y como estaba.

—Es un plan un poco flojo ¿para que un mundo sólo para Impuros? ¿Y la pureza de la sangre? –chilló.

— ¿Se fueron los invitados?

—No, siguen aquí, comiendo como cerdos.

—Ven conmigo, haré algo por tus Sangre Pura.

Ana sonrió feliz, y lo tomó de la mano, avanzaron rápidamente hasta el lugar donde los Impuros y el Ejército de Fuego seguían comiendo y haciendo alboroto, en el momento en que lo vieron, el salón quedó en completo silencio, si alguien dejaba caer un alfiler, se escucharía.

—Me hacen el hombre más feliz al ver que siguen aquí –sonrió –mi amiga y mentora Ana me ha pedido que haga algo por sus… -hizo un mohín y guardó silencio –es Sangre Pura –la gente la abucheó –y quiere que me dé amnistía a los suyos.

La gente comenzó a hacer más alboroto, gritando palabras ofensivas en dirección de la rubia, así como comida y bebidas, ella las esquivaba, gracias a su magia.

—Así que decidí hacer algo –todo el mundo se quedó callado.

Ana observó a la muchedumbre, el hombre que hablaba era un Sangre Pura, algo que odiaban tanto ¿por qué a él lo respetaban? O tal vez le temían más de lo que le respetaban.

—Necesito a una persona no maga –pidió.

—La traeré de inmediato.

—Espera –lo detuvo antes de que usara la aparición, fue hasta él y susurró algo en su oído, ocasionando que el Impuro sonriera satisfecho.

Rastaban elevó una mano, para que la gente siguiera con la fiesta en lo que el hombre regresaba, le iba a tomar un poco, tal vez no horas, pero sí unos cuantos minutos llevar a cabo su encargo.

La mirada de Ana estaba en el pelirrojo, que sonreía al ver al ganado de Sangres Sucias hacer un alboroto en el salón, comiendo, bebiendo, haciendo bromas idiotas, no tenía idea de porque Rastaban hacía todo por defender a esos magos y brujas, nunca intervenía en las actividades de sus compinches, pero en las dos ocasiones en las que atacaron a los Impuros, cazó a cada mago y bruja Sangre Pura que casi matan a los suyos, y les dio un castigo peor que la muerte.

Ahora no sabía que tenía en mente, y desde hacía un año, intentaba convencerse de que era idiota tenerle miedo, así que siempre intentaba ocultarlo; no sabía cómo reaccionaría si lo supiera, no quería darle más poder sobre ella del que ya tenía.

El mago apareció de nuevo, con un hombre harapiento, que olía asqueroso, la gente a su alrededor se alejó, cubriéndose la nariz e intentando controlar las arcadas; Rastaban sólo sonrió y lo abrazó con una sonrisa demasiado tranquila que le preocupó a la rubia, asintió y un segundo después, estaba paralizada.

—La gente como ella cree que la sangre lo es todo ¿no es así? –Interrogó Rastaban, así que todo mundo lo alabó –veamos si la sangre pura es tan buena.

Movió el dedo índice en dirección a la garganta de Ana, sintió un ardor insoportable y cuando intentó bajar la cabeza, no pudo, pero sintió el olor metálico de la sangre, y pudo saber que la había degollado, observó al vagabundo, y Rastaban hizo lo mismo, salvo que en la muñeca.

Lo supo de inmediato, y supo que el pánico se reflejó en su mirada porque él sonrió satisfecho, se había vuelto en un hombre sádico, que no le importaba nada más que sus propios ideales, y no iba a dejar que nadie interviniera,

Ana cayó inerte al suelo, al igual que el vagabundo, la gente se quedó en silencio observando lo que su líder haría en el siguiente movimiento, así que curó las heridas de las dos personas, y después, el mago que había traído al hombre sacó un montón de instrumentos que todos, salvo el Ejército de Fuego reconoció, los vítores resonaron de nuevo, alabándolo por sus acciones, haciendo que Rastaban sonriera de lado.

La rubia abrió los ojos, esperando que todo hubiese sido parte de un mal sueño, pero cuando su vista se enfocó, notó que aún había fiesta, la gente se detuvo a observarla, así que ella observó a su alrededor, tenía una cosa en el brazo, un tubo extraño con sangre, observó mejor.

— ¡No puedes hacerme esto! –Bufó histérica, intentando quitarse la transfusión de la sangre del vagabundo –No puedes, Rastaban, no, no, no, no –chilló histérica.

—Es imposible que te la quites, sólo podrás hacerlo hasta que toda la sangre de Tommy esté en tu cuerpo –informó un Impuro –Rastaban nos ha dado ese regalo por nuestra lealtad.

—No puedes –chilló –cuidé de ti, hice de ti el mejor de los magos ¡No puedes pagarme así!

—Estuviste a mi lado, y nunca hiciste nada más que disfrutar de la ventaja de tenerme de tu lado, pero ahora Ana, quien manda aquí, soy yo.

—Debí dejar que te mataran –chilló furiosa.

—Así es, debiste dejarme morir, pero no puedes cambiarlo ya –la besó y sonrió.