Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
Hola, hoy es 14 de Octubre, y un mes más que puedo actualizar a tiempo, o sea, el mismo día que prometo, es una sensación tan reconfortante poder hacerlo, que no tienen idea, espero que sea de su agrado el capítulo, no falta mucho hasta que todo en esta historia colapse, se mezclen muchas más cosas, posiblemente comiencen a creer que ya no hay nada coherente pero lo hará, lo prometo, muchas gracias por el apoyo, que estén bien, nos leemos el próximo 14.
Por cierto, voy a tomar la oportunidad de pedir su ayuda y apoyo para los damnificados de los sismos de los pasados días de Septiembre que ocurrieron en México, así como para los afectados por el huracán María en Puerto Rico, cualquier ayuda es buena, hay un montón de gente que perdieron sus hogares, sus cosas, sé que no todo en la vida es material, pero... no tienen un techo sobre sus cabezas que les cubra de la lluvia, les tomará más tiempo de lo que se dice en televisión recuperarlo, así que por favor, ayuda a un hermano en desgracia, no hay que mirar hacia un lado, es momento de olvidarnos de las fronteras, y ayudar. Gracias por todo.
Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.
Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber, que yo con mucho gusto (y cuando tenga oportunidad) lo corregiré.
El día estaba completamente soleado, la luz del sol entraba por toda la habitación, dándole un poco de calor, que no sentía del todo bien, observó su mano frente a ella, tenía un color pálido, lucía un poco gris con toques morados, hacía tan solo una semana y media, que Rastaban Malfoy la había usado como ejemplo de lo que le ocurriría a todo aquél mago de Sangre Pura que se atreviera a atacar a sus Impuros tan preciados, no podía soportar el hecho de que por sus venas ahora, corriera la sangre de un asqueroso muggle.
Apretó el puño, mientras su cuerpo vibraba ante la furia que sentía, estaba débil, la creencia de Rastaban de que la sangre era sólo sangre, no iba del todo correcta, había una razón por la cual los muggles no contenían ni la más mínima chispa de magia, y es que su sangre era incapaz de producirla.
Y ahora todo su poder se veía mermado por esa transfusión que le había hecho, jamás en todos sus siglos de vida se había sentido tan humillada, pero sobretodo débil, no podía controlar ni el más sencillo de los hechizos por sí sola.
Tenía que usar una varita ahora.
Lo más humillante que le hubiese pasado jamás, no podía creerlo, si por su mente hubiese pasado que Rastaban haría algo así en su contra, jamás le hubiese salvado la vida aquella noche, en la Madriguera, hubiese dejado que Harry Potter y sus Aurores le mataran como el miserable y ruin monstruo que era.
Intentó recorrer las cortinas para que el lugar se quedara en penumbras pero no pudo, ni siquiera tenía la fuerza necesaria para ponerse de pie y hacerlo manualmente, y la varita que tenía no le respondía bien, ya que se la había robado a un Impuro cuando éste se había puesto lo suficientemente ebrio para notarlo y detenerla.
Robar la varita de un Impuro era castigado con la muerte.
Las cosas se habían vuelto extremistas, los pocos Sangre Pura que quedaban habían sido cuidadosamente seleccionados, y humillados a servirle a los Impuros, otros pocos, estaban resguardados para que Rastaban no los pudiera encontrar, y funcionaba, porque había sido la propia Ana quien los había ocultado de ese monstruo que había dado la espalda a los suyos.
A veces, parecía que Rastaban Malfoy olvidaba que por sus venas corría la sangre de dos líneas de Sangres Puras, que a través de los siglos, jamás se habían mezclado con alguien inferior a ellos, pero él se sentía un asqueroso Impuro, les protegía como si de ello dependiera su vida.
Su corazón se detuvo un momento, todas las visiones, profecías que había sobre Rastaban, Honeday las había dicho solamente a él, en secreto, tenía que encontrar la manera de saber qué le había dicho, la razón por la que ese pelirrojo asqueroso, defendiera a esa clase mediocre sobre los magos dignos de todo el poder que tenía en ese momento.
Observó sobre su hombro cuando escuchó ruidos, una Impura había entrado a su habitación, llevaba una charola con comida, suspiró, normalmente la hubiese rechazado, pero ahora tenía un nuevo objetivo que alcanzar, encontrar todas y cada una de las profecías, y deshacerse de Rastaban como diera lugar.
—Rastaban ha pedido que no me marche hasta que termines de comer.
—Que puedas tutearlo a él, no significa que conmigo funcionen así las cosas.
—Sigues siendo la misma, a pesar de lo que te hizo –sonrió –sabes ¿Por qué las cosas con Rastaban están yendo mejor que con Voldemort y Grindelwald? –sonrió.
—No, pero me imagino que tú sí.
—Voldemort no era piadoso con sus seguidores, siempre los sacrificaban por su "bien mayor" que era alcanzar la inmortalidad, y doblegar a todo el mundo, incluso a sus lacayos, y Rastaban no, él nos ha protegido, y ha demostrado que no dejará que ningún otro sangre pura nos lastime.
—Los ha puesto en la cima, sí, pero no por eso dejarán de ser la misma basura que eran antes de que él llegara y los protegiera.
Ana se puso de pie lentamente, con todo el odio flameando por sus ojos, avanzó lentamente hacia la sangre sucia que no le tuvo miedo, posiblemente por su estado débil, o porque matar a un Impuro era castigado con algo peor que la muerte, sumando a que esa Impura era el perro favorito de Rastaban.
—Crees que sólo porque te folla, le importas ¿no es así? Voy a decirte que antes de que llegaras a ser su favorita, yo lo era –sonrió ante la mirada incrédula de la chica –así que… en cuanto encuentre algo mejor que tú, como… Lily Luna Potter, serás la encargada de…
—Estás atrasada de noticias –sonrió –no dudo que Rastaban me cambie por alguien, pero no será por Lily Luna Potter –sonrió –porque si fuese mi reemplazo, no se lo hubiese dado con tanto gusto a Hydra ¿o sí? –sonrió ante la incredulidad de Ana.
—Y… ¿Smart? –cuestionó.
—Encadenado, para cuando pueda quitarse esas cadenas, Lily Potter ya estará muerta –sonrió.
—Tal vez sea así –dio un paso más hasta la joven –pero tus ojos no van a verlo.
— ¿Y cómo lo evitarás? –se burló.
La daga de plata apareció en un segundo en la mano de la rubia, que no le dio ni oportunidad a la joven de reaccionar, cuando se dio cuenta de lo que ocurría, su cuerpo cayó pesadamente sobre el suelo, con la sangre saliendo de su cuerpo.
—Esa daga va a extraer tu alma –aseguró Ana –y no hay nada que Rastaban pueda hacer, para salvarte, es más, jamás volverás a ver sus ojos de nuevo, y jamás volverán a reunirse –sonrió triunfal la mujer.
—&—
Rastaban avanzó despreocupado por el lugar, el día estaba un tanto caluroso, la mayoría de los Impuros habían decidido vivir en Ávalon porque les era más cómodo, sumado a que el clima era mejor que en Londres o cualquier parte del Reino Unido.
—Deberías quitarte toda esa ropa, hace mucho calor ¿no lo crees?
—En realidad no me interesa el clima, quiero saber cómo van las cosas.
—Ningún sangre pura nos ha dado problemas desde que se enteraron de lo que le hiciste a Ana, al parecer, aprecian demasiado su preciosa sangre.
—Era de esperarse, son demasiado… predecibles, acosarlos se está volviendo aburrido ¿no lo has pensado?
—Bueno, Rastaban, tienes una gran mente, supongo que se te pueden ocurrir millones de formas de volver todo esto divertido.
—Supongo que puede que sí, Anthony –aceptó –ahora, si no te importa, iré a ver a mi adorada amiga Hydra.
—Ella sí que se ha estado divirtiendo desde hace un largo tiempo.
—Me alegra oír las buenas noticas –aseguró con una sonrisa.
El pequeño recinto donde solían vivir las hermanas estaba tranquilo, el Ejercito de Fuego ya no lo resguardaba para nada, ahora todos estaban siguiendo órdenes de Impuros, y al parecer eso no les molestaba, mientras se divirtieran torturando gente, ellos seguirían hasta las ordenes de un perro que hablara.
Avanzó por el lugar, observando a todos lados, algo de esa vibra no le agradaba, la magia oscura tenía cierto residuo que te dejaba percibirlo, y que ese lugar estuviera impregnado, cuando Honeday jamás le había dejado hacerlo, lo sorprendió, así que frunció el ceño y entró, los gritos intensos de Lily Luna Potter llegaron de inmediato, pero no le prestó atención.
Observó a Smart, que se movía desesperado, buscando librarse, pero sus hechizos eran demasiado buenos para que él o cualquiera, lograran romper esas cadenas, Merlín tenía una mente maquiavélica, se le había pedido una manera de castigar al vasallo por enamorarse de alguien prohibido, y usar el amor como prisión, era algo que ni al mismo Rastaban se le hubiese ocurrido, al menos sabía que lo sádico cruel, lo obtenía de algún lado, y no era sólo él quien era así.
—Veo que estás teniendo un tiempo fenomenal ahí ¿no? –Sonrió Rastaban, haciendo que el varón atado, se removiera más violentamente –ya, ya, no la va a matar, la necesita para que me mate –palmeó la pierna del castaño y se alejó, rumbo a los gritos.
El pelirrojo hizo mala cara, no por el olor, sino por el espantoso calor que hacía en esa habitación, unas brazas al rojo vivo estaban al centro, dándole al salón un aura de sauna, el trozo de hierro yacía en el montículo, le faltaba poco, para alcanzar el punto exacto para la tortura.
—Veo que tú sí te diviertes ¿puedo jugar con tu juguete?
—No me gusta que vengas aquí, y lo sabes.
—Oh vaya, parece que hemos hecho una convención –sonrió divertido, pegando su cabeza a la de Lily, y señalando los cabellos de Hydra.
—Dime ¿cómo está Ana? –cuestionó la mujer libre.
—Oh, sigue deprimida –admitió –su preciosa sangre pura ha sido drenada, ha estado tirada sobre el suelo de su habitación, sin comer nada.
—Siempre ha sido una dramática.
—Ya que somos amigos –murmuró Rastaban, empujando un poco a Lily, haciendo que se balanceara un poco –dime ¿quién es realmente ella?
—Pensé que lo sabías todo –se burló Hydra.
El grito de Lily perforó la tranquilidad del lugar, así que el pelirrojo observó a lo que Hydra había hecho, había tomado una daga y la había clavado en Lily, y usado esa vara de acero para cauterizar la herida, la mirada curiosa de Rastaban vagó por el cuerpo de Lily, estaba perdiendo espacio de piel sana.
—Llámame pervertido pero… ¿la mantienes en ropa interior por? –sonrió.
—Así puedo decidir donde la apuñalaré –se encogió de hombros.
—Y cuando termines, le quitarás el resto de la ropa, supongo –sonrió.
—Es una buena idea ¿consideras que Smart seguirá encontrándola atractiva si eso ocurre? –apuntó con la punta del metal entre las piernas de Lily.
—No lo sé, tú lo conoces más ¿qué tan pervertido es?
—Es una mente perversa, enferma e inestable, eso lo es.
—Ya, según lo que dijo Alexa, fue Smart el que le dijo a Mordred como atacar a Arturo ¿no es así? Dejarlo en agonía por meses, hasta que la muerte recordó que había un noble Rey, que tenía que haber muerto hacía semanas.
—Por favor, yo no hice nada –suplicó Lily, haciendo que los otros dos pelirrojos se observaran y rieran divertidos.
—Tranquila, no va a matarte –soltó Rastaban, acariciando el estómago desnudo de Lily, sintiendo los bordes de las cicatrices que Hydra había ocasionado.
—Yo no dije que no lo haría –soltó la mujer.
—Me quieres muerto, no la matarás –soltó.
—Te quería muerto, pero me he puesto a pensar, de hecho, Smart ha ayudado mucho en eso –sonrió –y es verdad, tú no buscas la vida eterna, y puede que no sea para nada tan poderosa como tú, aun así puedo maldecirte, y sólo alguien con mi linaje podría liberarte –sonrió encantada –oh, puedo imaginarlo, tú, siendo inmortal, y odiándote por la eternidad.
—Puedes hacerlo –aceptó Rastaban –pero ahora que no soy inmortal, estoy llevando tu amado mundo a la miseria, si al final de cuentas, me sentiré solo y miserable por el resto de mis días, iré matando a todo humano, animal, que me encuentre, entonces, estaré solo realmente –sonrió –no creo que quieras eso.
—No creo que tú lo hicieras, y en todo caso ¿qué me importaría? No estaría aquí para verlo.
La mirada de la mujer fue hasta la daga que tenía en la mano, observó enfurecida a Rastaban y la clavó en un costado de Lily, que chilló de dolor.
—Dijiste que la daga de mi hermana no estaba en tu poder –bufó.
—Y así es.
—Entonces ¿Por qué alguien la ha usado? –frunció el ceño.
—No tengo la menor idea de lo que dices.
—Morgana las hizo –la mostró –es capaz de consumir un alma humana si se apuñala con ella, y la de Honeday ha consumido una hace poco, así que dime ¿Cómo es que pudo pasar eso si no la encontraste entre sus cosas?
Los dos observaron a Lily Luna Potter curiosos, los ojos del chico brillaban extasiados, como si una nueva aventura se hubiese desbloqueado.
—Creo que tu cabeza de reno en el recibidor lo sabe.
—Si te apuñalo con ella, no importa que tan poderoso seas ¿lo sabes? Tu alma quedará consumida.
—Supongo.
Salió del lugar, deteniéndose ante Smart, que le miraba furioso, haciendo que la sonrisa torcida en el rostro altivo del único descendiente Malfoy con vida creciera, el castaño le diera el poder de sentirse superior, y no le importaba a Smart, sólo quería bajar de ahí, y matarlo lentamente por ser el culpable de que a Lily la estuviesen torturando.
—Tranquilo, tranquilo, ya sabes que por mucho que pelees, no podrás salir de ahí, a menos que…
Rastaban frunció el ceño, su mirada se perdió por un momento y cuando observó directo a los ojos amarillos de Smart, los del pelirrojo eran de un tono zafiro, como jamás antes se le habían visto, la mente del castaño comenzó a susurrarle cosas, esas voces jamás habían estado ahí antes, diciendo un montón de cosas sin sentido, se sintió algo mareado e intentó sostenerse de algo, lo único bueno de todo, es que estaba suspendido y sujeto, sino, hubiese caído de bruces sobre el suelo, todo le daba vueltas, no sabía lo que el muchacho buscaba, pero lo estaba despojando de su mente en el proceso.
—Así que así te liberaste en el pasado, bastante astuto –chasqueo la lengua –pero no tanto como yo, fortaleceré ese hechizo digamos que… ahora.
La mano se extendió hasta el pecho de Smart, haciéndole chillar de dolor, como si sus costillas se abrieran poco a poco, sus entrañas ardieran y su corazón fuese estrujado al punto de casi hacerlo estallar, aunando el martilleo en su cerebro, ese maldito de Rastaban se estaba volviendo cruel.
—No podrás engañarlas de nuevo –informó –no importa si es Lily, si es Alexa, si es Morgana o mi madre, no importa en qué mundo te enamores, una vez que tu corazón lata enamorado, que tus entrañas pesen y tus costillas lo sientan, esas cadenas van a apresarte, no importa si tu mente dice a gritos que ya no les amas, y poco a poco lo comience a creer, no vas a liberarte, ahora imagina, cuanto castigo tendrás, por amar a todas esas mujeres, y haberte engañado.
—Eres un maldito –bufó.
—Lo soy, no tengo justificación alguna ¿y sabes algo? –Sonrió –no la quiero.
—Voy a matarte –soltó Smart furioso.
—No, tú no vas a matarme –sonrió –es tu noviecita, que está atada allá, siendo torturada por una bruja antigua con sed de venganza ¿sabes quién la trajo a esto? –Sonrió –exacto, tú.
—Dijiste que estaba bien, que yo…
—Sé lo que dije, también lo que les advertí a ella y a su familia y traicionaron la amnistía que les di, eso no volverá a pasar, les prometí el mismo tiempo de infierno que sufrió mi madre en ese sótano, no voy a violarlos al menos, aunque… -sonrió –deberías ver a tu noviecita allá adentro –hizo una mueca que enfadó a Smart –tiene un cuerpo que sin duda.
—No te atrevas…
—Ya sé que no siente nada por mí, pero ¿recuerdas su actitud con el hechizo múltiple? –Sonrió –no creo que se niegue.
—La estarías manipulando para acostarse contigo, y es lo mismo.
—No sería muy diferente a lo que tú estás haciendo ¿no es así? –se burló –oh, Smart, ella cree que soy un bastardo infeliz, pero sólo soy lo que tú y Ana querían que fuera ¿no lo recuerdas?
Los recuerdos de Smart aparecieron en su mente, la forma en la que enseñaban a Rastaban la magia antigua, como Ana hacía que lo golpeara o torturara cada que fallaba un hechizo, cuando apenas tenía seis años, jamás se había inmutado en mostrarse cruel ante el chico ¿de qué se quejaba en ese momento él?
—Mi padre estaría muy orgulloso de ti, me cuidaste y protegiste como se lo prometiste –sonrió.
—Ahora eres el más grande hechicero.
—Eso es lo que quieren que crea ¿no es así?
—Lo eres.
— ¿Dónde quedó la daga de Honeday? –cuestionó Rastaban.
—No lo sé –soltó.
—Verás, Smart, que tú vivirás lo suficiente para ver morir una vez más a la mujer que amas, y bueno, Hydra está dispuesta a matarla, así eso me haga inmortal ¿comprendes que no tienes la ventaja aquí? –Se llevó las manos al pecho –ni siquiera yo la tengo, así que sé un buen novio para Lily, y dinos ¿qué pasó con la daga? –sonrió.
—Ana la robó poco antes de lo que ocurrió con Honeday.
—Así que fue ella quien la usó –argumentó –gracias por la información.
— ¿Qué vas a hacerle? –se agitó.
—A Lily Luna, nada –comentó, tranquilizando al varón, que dejó de retorcerse ante la satisfacción, él había prometido que no le haría nada, así que por el momento, Lily estaba a salvo.
Un gritó ensordecedor llenó el lugar de nuevo, haciendo que Smart apretara los ojos, intentando no escucharla.
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El viento gélido de Londres calaba en lo más profundo de Ana, que a pesar de su capa, el frío lograba colarse, observó a los Impuros caminar como si nada ocurriera, salvo que ellos usaban gabardinas de cuero negro, y cubrían parte de su rostro con una máscara, posiblemente para que no los reconocieran, o no entendía la razón de dicho atuendo.
Se le hizo un enorme nudo en la garganta cuando lo descubrió, estaban usando químicos para hacer que los magos que estaban pensando en rebelarse a la tiranía de Rastaban, murieran a causa de esos gases; su corazón se agitó aún más al saber que no perdonaban a nadie, había un par de impuros que habían muerto en ese lugar.
Avanzó tan aprisa, procurando que no la vieran, la pequeña puerta pasaba desaparecida y siempre lo había hecho, entró, y avanzó hasta el sótano, abrió la trampilla y bajó, siguiendo el pequeño corredor hasta la otra parte del lugar.
—Así que al final, te ha traicionado –murmuró la mujer.
—Sí –soltó.
—No me sorprende –se burló –para ser honesta, tardó mucho.
—Bueno, no le di otra opción.
—Ana ¿estás justificándolo? –sonrió.
—Bueno –se encogió de hombros.
—Tus bajas pasiones siempre nos han causado problemas.
—Ya lo sé –argumentó.
—Primero Morgana, ahora esto, nunca cambiarás –bufó.
—Me costó demasiado traerte aquí, así que si no vas a ser de utilidad, te regresaré al maldito mundo de los espíritus, Ginebra.
—Bien, bien –sonrió.
La mujer de cabellos castaños se levantó de la silla, avanzó hasta Ana y le quitó la daga, guardándola en un pequeño cofre que estaba un oculto, si la castaña no lo hubiese abierto, Ana jamás se hubiese percatado de eso.
—Siempre el mismo truco –argumentó Ana –siempre me toca tomar todo de mí para hacer algo poderoso –soltó con veneno.
—Bueno, no vas a decírmelo a mí ¿cierto? Mi familia era de sangre pura, de las más puras que hay, pero… sin embargo, soy una asquerosa Squib.
—Bueno, aun así conoces más de magia que…
—Llámalo como tal, Ana, cree una rama de brujería que los muggles son capaces de usar, es sólo que no es tan buena.
—Pero sí es oscura, bastante.
—Hay cosas en el otro lado capaz de otorgar poder a cambio de un poco de luz.
—Aun así ¿Qué son capaces de hacer? –Cuestionó desesperada la rubia –mi sangre… me hizo…
—Deja eso –soltó enfadada –necesitamos las profecías que tu hermana le recitó a Rastaban, son importantes.
—Sabemos que Lily Luna es su perdición.
—Necesitamos a Potter –comentó Ginebra.
— ¿Por qué exactamente lo necesitamos? –Cuestionó –es un mestizo y…
—Y es la única persona viva, aparte de Rastaban, que estuvo en ese lugar hace años, él más que nadie debe saber las cosas, Rastaban era un niño, por mucho que robara tus memorias, tú no estuviste ahí todo el tiempo ¿o sí?
—No –admitió.
—Mientras estuve en ese lugar, pude aprender muchas cosas, Ana, saber más sobre el otro lado –sonrió –cómo funciona el chantaje y como es que ellos siempre terminan ganando.
—Eres una bruja, por eso no lo sabes –contestó –Supongo que el chico quitó el sello de Ávalon ¿no?
—Sí –admitió Ana.
—Fue lo mejor que pudo hacer –rió –abrió el pozo de los espíritus en el trayecto.
—Sigo sin entender, Ginebra.
—Los espíritus de ese pozo, pueden viajar en cualquier dirección, igual que el portal que Alexey protegía –informó –es sólo que una vez que has transportado un alma ahí, la corrompes.
— ¿Qué es lo que planeas?
—Ya puedo entrar a la isla, sólo necesito a Potter.
—Está oculto, Smart lo ocultó.
—De ustedes –caminó hasta el pequeño altar que tenía en una esquina, con velas negras y un montón de sangre –es bueno que mi «magia» no sea tomada en cuenta, así no se protegen de nosotros.
Ana observó a la castaña, que se hincó frente a su altar, llevaba ropa de muggle, a pesar de que por sus venas corría sangre pura, carecía de toda chispa de magia, aun así, ella siempre se negó a no poder hacerla, intentó unirse a los Druidas, pero éstos la rechazaron, deslumbrados por todos los dones naturales que Morgana poseía, aun así no se dio por vencida, estudió todo lo que pudo del mundo mágico, y engañó a Arturo con Lancelot para lograr sus cometidos, había brindado al mundo de los muggles un legado que hasta estos últimos años aún permanecía, usando fuerzas sobrenaturales, hambrientas de poder y luz, para que hicieran todo lo que se les pedía, a cambio de un poco de su alma.
—Está en un resguardo en Hogwarts, lo crearon para él y sus dos hijos restantes –informó –es mejor que nos demos prisa.
— ¿Por qué? –cuestionó Ana.
—Rastaban ya sabe que tienes la daga de Honeday.
—Pero… ¿cómo?
—La usaste, supongo, son hermanas, Ana, las dragas, cuando una es usada, la otra hermana lo sabe, comparten el alma fragmentada, es por eso que cuando consume el alma de alguien, es imposible recuperarla, la fragmenta, la dividen entre las dos.
—Es bueno saber, que ese maldito…
—No funciona en él, ni en ningún legado de Morgana –informó –no era estúpida.
—Es bueno saberlo –bufó.
—Si apuñalas a Rastaban con ella, sólo… sangrará.
—Es bueno tenerte de vuelta.
—No dijiste lo mismo cuando me asesinaste ¿cierto? –Gruñó –en fin decide, porque el chico se acerca ¿Qué es lo que quieres más desesperadamente?
—Vayamos a ese pozo –comentó –él vino aquí, dejó Ávalon sin protección.
—Bien –tomó su abrigó.
— ¿En serio es necesario que te vistas como una muggle?
—Cállate.
Ana apareció con Ginebra en Ávalon, en el lugar exacto en el que se lo había pedido, esperó ver un pozo como tal, pero no, sólo había una pequeña cueva, al adentrarse, la rubia sintió un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo como un latigazo, la cueva estaba cubiertas por pequeñas piedras brillantes, que iluminaban el lugar, observó sorprendida, jamás había creído que algo así estuviera en la isla.
—Son almas –informó Ginebra a la rubia que miraba admirada –por muy bonitas que se vean, no querrás meterte con una de esas.
—Brillan mucho –admitió.
—Querida –sonrió observándola sobre el hombro –la maldad brilla, ilumina como un rayo en la oscuridad, no es la bondad lo que hace brillar a un alma.
Ana ya no dijo nada, avanzó en silencio hasta donde fuera que la castaña la dirigiera, fue un viaje un poco largo, hasta un enorme agujero en la tierra, la rubia frunció el ceño acercándose, las piedras acomodadas hacían la impresión de un pozo, pero no tenía agua.
—No –interrumpió Ginebra –yo no lo haría si fuera tú.
—Está vació –soltó observándola.
—Sí, eso es lo que parece, pero no, el agua es tan pura, que da esa impresión, refleja todo, no hay nada que se oculte –suspiró –es algo así como… el ancestro del espejo de Oesed.
—Entonces no hay de qué preocuparse.
—Todo lo contrario, Ana –sonrió –él pozo no te muestra tu más grande deseo, lo toma, todo, hasta que no haya nada que esconder, deja un cascarón vació.
Ginebra se hincó y recargó su peso en sus talones, mientras sostenía unas piedras del pozo, se inclinó hacia el frente, mientras comenzaba a recitar algo que no le interesaba a Ana, fue hasta que una sombra comenzó a girar desde el borde hasta el fondo, y salió, una figura masculina de cabello rojo hizo que la rubia tragara saliva completamente sorprendida.
—Ese es… -soltó atónita.
—Así es –sonrió.
—Pero…
—Dale tu capa ¿Qué no has visto que está desnudo?
—Pero… -fue incapaz de terminar la frase.
—&—
El lugar se agitó como jamás antes lo había hecho, así que el varón de cabellos azabaches que comenzaban a tornarse grises se levantó apresurado, observó a sus hijos, que tenían la misma expresión de sorpresa, de no comprender nada, hasta ahora, Hogwarts les había brindado un escondite, Rastaban parecía querer dejar ese sitio intacto, pero todo aquel alboroto, significaba que ya no era seguro.
—Tenemos que irnos –murmuró Albus.
—No, es el lugar más seguro que podremos encontrar.
— ¿Seguro? James, está un alboroto sobre nuestras cabezas, eso sólo significa que Rastaban nos encontró.
—En ese caso –soltó Harry Potter, sentándose tranquilo –me encontrará, me he cansado de escapar.
—Él no va a matarte, va a torturarte, papá –soltó James –si Lily estuviera aquí, apuesto a que a ella sí le harías caso.
—Ella fue quien nos metió en esto, así que no le menciones –bufó Albus enfadado.
—Lily es mi hermana, y no puedo culparla por lo que está pasando, ella no lo trajo al mundo, y por lo que se dice, es la única capaz de terminar con él, así que tenle un poco más de respeto –gruñó James.
—Sí, es la única que puede con él, y aun así prefirió largarse y dejarnos a nuestra suerte, nosotros confiamos que en el momento preciso, Lily termine con él, si es que sus bragas la dejan.
—Retira eso –soltó el mayor de los hijos Potter, encarando a su hermano.
—Vamos James, tú sabes mejor que yo la forma en la que Lily se siente atraída por Rastaban, se lo follaría sin inmutarse de que estemos presentes.
—Ya basta, Albus –pidió Harry.
—También vas a defenderla, porque es la que más se parece a mamá ¿cierto?
—Cállate, sólo dices idioteces, si no te parece, mejor lárgate de aquí.
—No es tan mala idea –bufó.
Harry y James observaron a Albus, que avanzaba hasta sus cosas, y comenzaba a lanzarlas dentro de una pequeña mochila, que Smart había hechizado, para que entraran las cosas y aun así el peso no la delatara, ninguno de los otros dos presentes dijeron nada, incrementando la furia de Albus, que habría esperado que le rogaran un poco de lo que lo hicieron cuando Lily les informó que no se resguardaría con ellos, que Smart le había dicho que podía mantenerla segura, en lo que descifraba para qué Rastaban la necesitaba.
—Espero que no los maten –bufó Albus.
—Si lo hacen, al menos no escucharemos tus chillidos de nenita, culpando a Lily de todo esto.
—Puedes decirme lo que quieras, es la última vez que nos veremos, Rastaban va a matarlos, ya no nos necesita.
— ¿Cómo lo sabes? –interrogó su padre.
—Porque nos ataca, nos ha dejado vivir todo este tiempo, papá ¿realmente crees que ese idiota de Smart podría ocultarnos de alguien tan poderoso como Rastaban? –Se burló –es que son tan idiotas para creerlo.
Albus Severus Potter avanzó hasta la entrada, para poder salir de ahí, y olvidarse de que su padre y su hermano habían sido demasiado estúpidos como para quedarse a esperar la muerte, se detuvo un momento cuando escuchó un susurro en su oído «Demasiado Slytherin para quedarse» «Demasiado cobarde para pelear».
—En realidad niño –informó la voz de una mujer frente a él, que lo empujó, para que regresara con su familia –sí los ocultó bien, Rastaban es poderoso, pero la magia que él tiene posee la misma forma –sonrió.
—Pero en cambio tú nos encontraste –murmuró James.
—Lo hice, porque no soy una bruja –se encogió de hombros.
—Ana –murmuró Harry al ver a la rubia a las espaldas de la castaña –eso significa que…
—No, Rastaban y yo estamos separados ahora –informó la mujer.
—Y… ¿quién es esta mujer, por qué están aquí? –cuestionó el mayor, observándolas.
—Es más atractivo de lo que esperaba –sonrió Ginebra.
—Con un cerebro reducido –comentó Ana.
—Gracias por eso, pero ¿qué rayos hacen aquí?
—Verás, queremos información –admitió la castaña, para asombro de todos.
— ¿Qué quieres saber?
—Esa noche en la Madriguera ¿por qué los atacaron?
—Por la profecía que apareció.
—Qué decía –exigió.
—Primero que nada ¿Quién eres? –cuestionó Harry.
—Su nombre es Ginebra –respondió Ana, y la traje de vuelta, para que me ayude a vencer a Rastaban.
—Según lo que Alexa dijo, tú eres Squib.
—Lo soy, pero aun así, hay una forma de hacer magia sin ser un brujo o bruja –sonrió ella –usas al más allá, todos están dispuestos a hacer algo por lo que más quieren –se encogió de hombros –así que haces magia, sin hacer magia –sonrió –ahora, que sabes quién soy y como hago las cosas, dime ¿qué decía esa profecía?
—No lo sé, Kingsley fue quien nos informó sobre ella, sobre que un mago tenebroso surgiría y terminaría con el mundo como ahora lo conocemos, y contrario de los pasados, este no tendría debilidad alguna.
—Y… ¿por qué Rastaban Malfoy?
—Por Merlín y Morgana, la misión era hacernos con ellos y encerrarlos, prohibirles todo acceso a la magia como se pudiera.
—Fue plan de Kingsley ¿no es así?
—Sí, las cosas salieron un poco mal, no planeábamos matarlos.
—Oh, claro que sí –sonrió Ginebra –usó un imperio con ustedes, pero nunca lo notaron, es por eso que los asesinaron, ese era el plan de su Ministro desde el inicio.
La nueva información le cayó a Harry como un enorme balde de agua helada, así que todo ese tiempo auto torturándose por la culpa de haber terminado con la vida de toda la familia que le hizo sentir parte de algo, no era más que actos de otra persona, de alguien en quien había confiado, se sintió asqueado, y una enorme furia le invadió, que bien que Kingsley estaba muerto, porque de no estarlo, él mismo lo asesinaría.
—Son tus hijos ¿cierto? –Sonrió –verás, es gracioso, como tus hijos varones son tan parecidos a ti, y sólo Lily, no lo es ¿no es curioso? –sonrió.
—Lily se parece a nuestra abuela –contestó James.
—Supongo que lo hace –observó a Harry –lo más curioso, es que ella, acabará con Rastaban según las profecías que se dicen y que nadie, salvo el mismo Rastaban, ha escuchado.
—Todas las profecías van al Ministerio, pero sólo de quien hablan puede tocarla.
—Es un alivio para Rastaban ¿no es así? –Ginebra sonrió –mira, Harry, lo curioso de todo, es que no uso magia, pero los espíritus, pueden ir y venir hacía delante o hacia atrás –se acercó más a él –al pasado, y al futuro.
—Pues que te digan las profecías –soltó Harry en tono seguro.
—No pueden hacer eso por mí –se encogió de hombros –pero sí pueden revolver tus pensamientos, y lo que se me hace tan curioso es ¿por qué Rastaban Malfoy, cuidaría de ti y de tus hijos? Mataste a su padre ¿no es así?
—Sí –admitió.
—Todos, con tu excepción, los que irrumpieron esa noche, están muertos, la agonía de Kingsley –suspiró –pero… tú estás vivo, y esa forma en la que Rastaban defiende a Lily tan ferozmente, aunque intente que no se note, pedirle a Smart que los protegiera tan bien que incluso él no pudiese encontrarlos, pedirle que cuidara de Lily él mismo que por cierto –sonrió –está siendo torturada por Hydra en estos momentos, mientras Smart es prisionero.
— ¿Qué? –soltó preocupado.
—Lily cometió traición, atacó a unos impuros que golpeaban a una niña de cinco años, sangre pura, claro –se encogió de hombros.
—Según las leyes de Rastaban…
—Luego, se deshizo de Honeday –sonrió –de ella y del hijo nonato que llevaba en el vientre –suspiró –entiendes ahora porque todo el mundo le buscaba desesperadamente, está siendo piadosa, Hydra, quiero decir, al torturarla, es lenta, y efectiva como venganza, pero aun la ocupan para que acabe a Rastaban, mi pregunta es ¿por qué ella?
—Y acudes a él como si lo supiera –soltó la voz aterciopelada de Rastaban –te olvidas, querida, que yo debo pero no lo hago, servir a la naturaleza ¿no es así?
—Y… dime…
—Ana era muy inteligente o eso presumía, lo cierto es, que ha seguido mi plan a la perfección, claro que no lo sabía –hizo una mueca –me enseñaste el pozo de los Espíritus, tú liberaste a quien creíste que te ayudaría, yo lo hice mejor.
— ¿De qué hablas? –soltó Ginebra.
—Creíste que Fred Weasley los convencería, pero para ellos tiene años muertos –sonrió –no los conoces, en cambio, el alma de mi hermana –hizo un gesto de triunfo –no van a permitir que eso le pase a ella, ya lo saben, no pueden conmigo.
