Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola, un 14 más, y aquí estoy, a pesar de que pensé que no lo lograría, que llegaría el 14 "tan esperado" y yo no alcanzaría la meta de hojas que son por capítulo, pero mis musas ayudaron un poco, así que aquí estoy, tan puntual como lo he estado desde hace un par de meses, ya ha pasado un año desde que comencé a subir este fic, y bueno, me siento un poco orgullosa de ello, tal vez no debería, posiblemente ya debería de haber terminado de escribirlo, pero no, tomo pausas y disfruto el proceso de escritura, como tiene y debe de ser, en fin, muchísimas gracias por el apoyo que le brindan a la historia, y a mí, con sus reviews, sus follows, sus favoritos, con toda la muestra de apoyo que hacen, muchas gracias, espero que la historia siga siendo de su agrado, y nos leeremos el 14 de Diciembre una vez más.

Son libres de dejar de leer en el momento que les parezca una pérdida de tiempo.

Cualquier error gramatical, ortográfico, no duden en hacérmelo saber, que yo con mucho gusto (y cuando tenga oportunidad) lo corregiré.


Avanzó lentamente sin prestar atención al resto de los Potter, casi no parecía que los habían estado buscando con desesperación para llevarlos ante él, Rastaban Malfoy, pasó de ellos, enfocado directamente en las dos mujeres frente a él, ni siquiera se inmutó ante la presencia de Ginebra, la observó atento, y después, su mirada se posó en la rubia, que a pesar de no quererlo, su primer instinto fue retroceder medio paso de él, ocasionándole un placer enorme, por su temor, si Ana le había temido desde antes, apenas lo demostraba, y no había mejor sensación que esa.

—Dime, Ana ¿qué tal la sangre que fluye por tus venas? –Se burló –ahora te sientes debajo de los Potter ¿cierto? Ni siquiera llegas a su sangre mestiza.

—No importa lo que me hicieras, provengo de una familia legendaria que…

—Los Potter también, lo único que le denigra es que su madre es una nacida de muggles –se encogió de hombros –pero su sangre sigue intacta, corriendo por sus venas, no se ha mezclado con la de un vagabundo –la mujer tembló de la furia, pero como lo había notado, sus cambios de humor, ya no alteraban el clima a su alrededor, esa transfusión sí había afectado sus poderes.

—Voy a hacerte pagar por esto, Rastaban, me costará la vida, lo sé, pero te enviaré al infierno, donde perteneces.

—Sólo quiero verlas intentando hacerlo –admitió con una sonrisa –dime, Ginebra ¿por qué viniste a ver a los Potter? Tal vez pensaste que él sabría la razón por la que mantengo viva a su hija Lily ¿no es así? Por qué es la única que no se parece a él –negó –deberías ocupar tu imaginación para escribir libros –se burló –tu punto de vista de la traición a Arturo, con su caballero, eso fue…

—No te interesa lo que hice, o no, somos parecidos en algo, Rastaban, somos capaces de todo, por conseguir lo que queremos.

—Incluso vender tu alma a las sombras ¿no es así? –Chasqueó la lengua –lo sé todo de ti, Honeday me lo dijo ¿la recuerdas? –se burló.

—Una bruja talentosa, sin duda es una pena que esté muerta, y con tu primogénito, dime Rastaban ¿disfrutaste matarla?

Ana observó de la mujer al pelirrojo, completamente incrédula de la acusación que le estaba haciendo, ella había sido testigo de la furia que había despertado en ese chico cuando encontraron el cuerpo sin vida de Honeday, el clima había sido tan oscuro y siniestro desde entonces, pero para su sorpresa, el joven pelirrojo sólo le dedicó una pequeña sonrisa que se desvaneció.

—Deberías usar a tus espíritus para algo más entretenido ¿no lo crees?

—Enviarlos al pasado, para acabar con tu existencia ¿eso es algo más entretenido para ti?

—Subestimas a mis padres –contestó tranquilo.

—Tú me subestimas a mí, Rastaban, tal vez no he vivido los mismos siglos que Ana o Smart, pero he estado en un mundo bastante oscuro, donde aprendes a ver a través del deseo más profundo del corazón humano.

—Vaya ¿quién necesita al espejo de Oesed si te tenemos cerca? –se burló.

—Quieres saber la razón por la que te ves a ti mismo en el espejo ¿no es así?

Harry se acercó, curioso, ya que el último Malfoy no hizo movimiento alguno, como si en ese tiempo hubiese él solo encontrado la respuesta a ese predicamento, si se veía a sí mismo, tenía que ser el hombre más feliz sobre la tierra, pero Harry no tenía la impresión de que Rastaban lo fuera, había mucho misterio a su alrededor, y, al igual que su padre, era demasiado bueno ocultando sus sentimientos.

—Suena interesante tu teoría ¿pero tengo que alterarme por eso? –se burló.

—El espejo muestra los más grandes deseos del corazón, sin embargo, no puede mostrar nada si no hay nada, si sólo lo usas como el órgano que bombea sangre, no tienes corazón, ni siquiera sentimientos, Rastaban, es por eso que el reflejo en el espejo eres sólo tú, por esa razón no vez a tus padres, a tu hermana, a nadie.

—Ya lo sabía, como estoy viendo, ni siquiera llevarte a Ávalon de vuelta valdría la pena, por cierto –sonrió encantador –puse un nuevo sello en la isla, te permite entrar y salir, pero… no, no te lo diré, será más divertido que lo descubras, y cuando lo hagas, tienes dos opciones, vienes a suplicarme, que detenga la agonía, y unirte a mí, o… -observó a Ana –encontrarás el infierno hecho a tu medida, y sí, ya sé que has vivido en las sombras, Ginebra, pero tus sombras, son apenas una pequeña penumbra, comparado con lo que puedo hacerte, sin siquiera matarte.

—Suenas muy fanfarrón, niñito.

—Tal vez lo sea, tal vez no ¿quién puede saberlo?

—Finge todo lo que quieras.

—Ah, por cierto –se detuvo y volvió a girar sobre sus talones, para observar a Ginebra –la respuesta es sí, disfruté más de lo que debería haberlo hecho, el asesinarla, ya no había más profecías por recitar, así que ¿para qué la necesitaba a ella o al feto? –sonrió de lado.

Todos se quedaron en silencio una vez que Rastaban desapareció del lugar, se observaron unos a otros, mientras el corazón de Harry comenzó a latir rápidamente, si había sido capaz de asesinar a la mujer que lo amaba y a su propio hijo ¿Qué destino tenía marcado Lily?

No le gustaba lo que todo eso auguraba, las cosas se veían cada vez más oscuras, con los planes del pelirrojo sin siquiera ser completamente develados, estaba manipulando a demasiada gente, pretendiendo ser uno de ellos, castigando severamente a todos y cada uno de los que se atrevían a tocar a sus impuros, incluso a otros impuros.

¿Quién estaba a salvo realmente de todo eso?

Absolutamente nadie, tenían que encontrar la forma de derrotarlo, pero ¿cómo derrotar a alguien que no tiene debilidades?

Harry suspiró, se arrepentiría el resto de sus días, si es que le restaban, si es que Rastaban le condenaba a algo peor que la muerte, pero tenía que hacer algo, ya no podía seguir cruzándose de brazos.

Observó a la mujer frente a él. —Dime ¿cómo vamos a derrotarlo?

—Primero tenemos que saber de qué iba el sello nuevo que colocó en la isla –argumentó Ginebra.

—Tienes razón, no podemos darnos el lujo de dejar pasar esa advertencia.

—Tal vez es lo que quiere –soltó Albus –distraernos del asunto, mientras estemos ocupados en el sello, sus planes seguirán avanzando, tenemos que confiar en que no hiciera nada.

—No podemos quedarnos sentados y planear sin corroborar que no hizo nada –soltó Ana.

—Ustedes encárguense de los planes, yo me encargaré de investigar qué nuevo sello colocó, así podemos abarcar más terreno, sin perder tiempo.

—James tiene razón –aceptó Harry, sonriéndole en apoyo.

—Yo ayudaré a James en ese caso –intervino Albus.

—De acuerdo –aceptó su progenitor y se acercó a las mujeres.

Los hermanos se observaron y caminaron hasta la salida del lugar, la idea de James era usar a Neville Longbottom como asesor, sin duda él sabía más de los planes de su ahijado de lo que él mismo admitía.

La oficina del profesor de Herbología estaba vacía, hacía un poco de frío, para el gusto de los descendientes Potter.

—Neville –lo llamó James.

—No esperaba que salieran de su ratonera –admitió Longbottom saliendo de una de las pequeñas habitaciones donde guardaba sus muestras de plantas.

—Recibimos la visita de tu ahijado –informó Albus.

—Sí, lo sé, vino a llevarse algunos de mis suministros, bueno, se lo llevó todo.

— ¿Por qué lo hizo?

—Porque ya sabía que ustedes vendrían a consultar sobre el sello, la respuesta me dijo que era sí, yo podía curarlo, con las plantas adecuadas, pero se las llevó.

—Ese maldito infeliz –masculló James.

—Les recuerdo, que él no sería así si su padre no hubiese asesinado a su familia.

—Mi padre estaba bajo un imperio…

—Sí, en los tiempos de Voldemort, todos parecían decir lo mismo, aun así, no les hace menos culpables, a mi punto de vista.

—No vas a decirnos que plantas se llevó ¿cierto?

—Se las ha llevado todas, supongo que no quería dejar pistas ¿no es así? –Se burló –tengo que admitirlo, es bastante inteligente.

—Oye, Jamie ¿no lo notas raro?

—Supongo que usó su encantamiento múltiple para hacerle una lobotomía a Neville.

—No sé de qué hablan –gruñó el varón rubio, de mejillas regordetas –pero les voy a pedir, que por favor, regresen a su ratonera, y no salgan de ahí, y si lo hacen, por favor, evítenme volver a echarlos.

—Ya nos vamos, tampoco nos interesa charlar con un adorador de Malfoy –bufó James y salió primero que Albus.

—Le diré que lo mate primero a él –Neville le guiñó un ojo a Albus.

—oOo—

Rastaban Malfoy volvió rápidamente a la Isla de Ávalon, estaba más que aburrido, hacia bastante que no se divertía, así que se dirigió hasta el lugar donde se encontraba Hydra, la única hermana que le quedaba por matar; la había dejado al último ya que era la única de las tres capaz de hacer lo que él necesitaba; eso, y a pesar de no ser tan poderosa como Honeday, o especial como Alexey, era bastante astuta, claro que algo tenía que compensar su falta de poder y habilidad.

Smart se removió en cuanto lo vio entrar, pero no quería perder el tiempo, así que lo ignoró; al entrar al pequeño infierno de Lily Potter sonrió, había menos piel sana, pero la adorable y cruel Hydra ya se estaba encargando de ello, dejarla como nueva, o casi, para volver a comenzar a torturarla.

—Ya sé cómo lo hizo –soltó tranquilo, con la mirada intensa en Lily.

—Suena interesante –se burló.

—Ana le ayudó, por cierto, ella tiene la daga.

—Así que conspiró con Ana –se burló Hydra –siguen sin tener…

—No te he dicho todo –sonrió Rastaban.

—Entonces habla –soltó interesada la pelirroja.

—Ana, trajo de vuelta a alguien, que supongo, tú y Honeday conocían bien, o conocen.

— ¿A quién?

—Una tal… Ginebra –se encogió de hombros.

— ¿Ginebra? –Su gesto fue de burla –Ginebra la Reina Squib –rió.

Rastaban observó a Lily, que estaba inconsciente, no dijo nada, se limitaba a observarla a detalle, en todo ese tiempo, jamás se había percatado de lo mucho que le recordaba a su madre.

—Ya están buscando como derrocarme, me imagino que quieren la daga de Honeday para…

La bruja enterró la hoja afilada en un costado del varón, ocasionado que frunciera el cejo, la sangre escurrió por sus ropas, el chico llevó su mano hasta la herida, pasó la yema de los dedos, manchándolos de sangre, su gesto no perdió impasibilidad, pero su mente estaba un poco consternada, hacía mucho tiempo que había olvidado lo sensible que era a esas cosas, nadie jamás antes, se había atrevido a atacarle, jamás esperó que Hydra lo hiciera, se estaba confiando demasiado de las personas y eso no le agradaba, pasó de nuevo su mano por la herida, cerrándola sin problema alguno.

—Si vas a apuñalarme, al menos avísame.

—No servirá de nada –mostró la daga –Morgana las creó, no funcionan con su propia descendencia.

—Eso me agrada oírlo, pero si hubiese sido…

—Eres difícil de matar, ya lo he intentado… a pesar de todo el mal que haces, la tierra te protege, como se supone que tiene que hacerlo.

—Soy feliz por esa noticia.

—Pero corres el peligro de volverte inmortal.

La mujer observó el gesto de desagrado ante la idea de volverse inmortal, tal vez el poder le agradara, pero Hydra podía notar lo mucho que aborrecía la idea de serlo para la eternidad.

—Eso jamás pasará, no busco esa clase de inmortalidad.

—Entonces ¿cuál?

—Ya sabes, quiero la clase de inmortalidad que tiene Arturo, no importa cuánto tiempo lleva muerto, sigue en la memoria de todos, eso es poder e inmortalidad, Reyes han pasado, vienen y vendrán, pero Arturo seguirá siendo el mejor de todos ellos y jamás dejará de serlo.

—Así que tú, quieres ser el más grande villano, que a pesar de todo, de los que estén por venir, nadie pueda superarte –se burló la mujer.

— ¿Quién dijo que soy un villano? –Sonrió –los malos siempre son los justos, los que buscan un gran equilibrio entre la gente, para lograrlo, se tienen que mover los cimientos, querida Hydra.

—Y tú piensas moverlos a pesar de que los Puros no quieren ¿cierto?

—Los Impuros tienen los mismos derechos, por sus venas corre también magia, tal vez su linaje no es tan antiguo, pero oye, magia es magia.

—A veces, quisiera creer que todo eso por lo que según tú, luchas, sea cierto, pero no puedo, Rastaban, eres un sucio embustero manipulador, hay más en ti de lo que dejas ver, y no importa cuánto trates de ocultarlo, alguien te destruirá.

—Cuento con ello, porque la inmortalidad es aburrida ¿sabes? –se burló –pero creo que lo sabes ¿no es así?

—Desde luego que lo sé –soltó sin darle importancia.

—Bien, ahora que te he informado de lo que me enteré, te dejaré divertirte un rato.

La mujer le observó desde su lugar, mientras salía del lugar, con su andar tranquilo, su túnica arrastrando por el suelo como si nada malo pasase, ese tipo tenía algo extraño, todos sus poros se lo decían, pero no podía encontrar qué era, si tan sólo Honeday hubiese compartido las profecías que había obtenido de él, todo esto sería más fácil.

—Despertaste –murmuró Hydra y observó sobre su hombro a la otra pelirroja –eso significa que tendremos más diversión ¿no es así?

—Por favor, yo no he sido, de lo que sea que me acusas, por favor, por favor, ya no más, por favor.

Rastaban observó hacia el sol, Ávalon era el único lugar privilegiado con ese tipo de clima, por eso los Impuros se habían instalado, a él no le interesaba, por el contrario, el lugar nunca antes había estado tan poblado, le hacía falta un poco de vida a todo aquello, se apareció en el lago, un enorme roble estaba a la mitad, salía de las profundidades, y se extendía frondoso, gallardo y orgulloso, las hojas se mecían con el viento, que ocasionaban un particular sonido, como un silbido que mantenía dormido a un demonio.

Según las clases de Ana, el mismísimo Rey Arturo, había sido llevado a las profundidades de éste lago, a descansar en paz, protegido por más magia de lo que se pudiese desear, ni siquiera él era capaz de perturbar el sueño del Rey, éste sólo despertaría cuando todo por lo que luchó, estuviese en peligro.

Tal vez; por esa razón, le gustaba pasar el tiempo ahí, observando la tranquilidad con la que Arturo Pendragon reposaba tranquilamente en un sueño inmortal, había tantas historias a su alrededor, pero sólo una verdad que nadie quería decir.

—Me sorprende que estés aquí, velando su sueño –Rastaban sonrió al escuchar la voz de Ginebra.

—Sólo me aseguro no ser un problema para tu marido, a pesar de que no lo amaste ¿cierto?

—Tienes que saber algo, Rastaban, lo que ocurrió en Ávalon, eso que tanto deseas desvelar, jamás vas a saberlo, por mucho que seas el más poderoso del mundo.

—Hay demasiado de por medio para que las personas decidan callar, dime ¿realmente existió Arturo?

—Dímelo tú, mataste a Alexa –sonrió Ginebra.

—Oh, cierto, era tu hija con él ¿no es cierto?

—Nunca fui una madre para ella, siempre prefirió a Morgana, no quiso que le mostrara un camino alejado a la magia tradicional, pero… te ofrezco esa posibilidad, Rastaban, un poder más grande y oscuro de aquél que manejas.

—Conozco los riesgos, Ginebra –sonrió –si aceptara tu guía, estaría renunciando a todo lo que soy, a mi magia, entonces, sería presa fácil para ti y Ana.

—No eres tan tonto como dicen los demás, conozco tus planes, conozco la razón por la que has llegado a esto y la razón por la que enviaste a tu hermana tras tu tío Fred.

—Tienes mucho conocimiento –se burló –sin embargo, y a pesar de conocer todos mis secretos, estás aquí.

—No quiero detener tus planes, si eso es lo que piensas, me interesa ver la clase de mundo que quieres construir, yo fui despreciada por los magos, a pesar de venir de un largo linaje, sólo por no poseer magia, fui tratada como una basura, casada con un asqueroso…

—Arturo no era tan caballero de brillante armadura ¿cierto?

—Castigo a un hombre por amar a su hija ¿qué padre haría eso?

—No lo sé, nunca tuve uno –se burló.

—Puedo ayudarte a cambiar eso, puedo traerlo, regresarle a la vida.

La mujer mostró una moneda antigua, pero no causó el efecto que esperaba en el pelirrojo, así que sonrió, sin duda era más estable emocionalmente de lo que Ana pensaba, el deseo más oscuro de Rastaban no era estar con su familia, era más bien, jamás recuperarlos, le gustaba el poder, y sabía, de antemano, que si ellos vivían, lo echarían todo a perder, así que sonrió, era un gran actor.

—oOo—

El cielo estaba de un gris oscuro, el aire gélido calaba hasta los huesos, las calles del callejón Diagon estaban siendo, como todos los días desde que Rastaban alcanzó el poder, siendo vigilado por los Impuros, los comercios seguían abiertos, pero el lugar no se llenaba por magos como antes, todos tenían miedo, y es que ese ejercito especial de Malfoy, podía atribuirte un delito por no bajar la mirada tan pronto como salías de algún local.

Todos tenían miedo, y los que no lo habían sentido, y se habían sentido lo suficientemente valientes, Rastaban Malfoy en persona se había encargado de acabar con toda señal de rebelión, si estabas con él, podías gozar de toda clase de privilegios, sino, sólo te condenabas.

La mayoría de las personas nacidas de muggles se le habían unido, usaban las ropas de los Impuros, y estaban marcados por un hechizo, que impedía que fuesen atacados por los otros miembros.

Los castigos por atacar a un Impuro o simpatizante, eran atroces, el más benevolente, era la maldición asesina, la gente había llegado a niveles extraños, tal vez Voldemort había hecho cosas tan atroces como para que la gente tuviese miedo de pronunciar su nombre «o su disque nombre» Rastaban Malfoy había llevado todo eso a un nivel más alto, no había necesitado un título falso, ni nada, la gente comenzaba a adorarlo como si fuese un salvador, los temerosos, habían comenzado a pedir que se construyera una escultura de él, donde se demostrara toda su grandeza, su poder y su misericordia por ellos.

Claro que hasta el momento, la vanidad no había tocado las neuronas del pelirrojo y se había negado a que se construyera, expresando que él mismo la destruiría si alguien se atrevía a construirla a pesar de que se había negado a ella, así que el miedo, una vez más, había hecho que el pueblo mágico, bajara la cabeza y acatara las órdenes.

Ese día, los Impuros habían estado más movidos en el callejón que de costumbre, haciendo que los magos y brujas estuvieran consternados y un poco nerviosos, nunca se sabía que esperar de esa gente, así que como siempre, sumisos y tranquilos, aguardaban a cualquier indicación que se les diera.

Todos ellos tenían la esperanza, de que cuando Rastaban notara que ya no había más personas que se resistieran a él, dominando el mundo mágico, comenzaría a volver poco a poco a la normalidad, con su régimen, tal vez opresor o relajado, no importaba, pero que todo se estableciera y avanzara mejor de lo que ahora lo hacía, el único lugar que parecía normal, era Hogwarts, al parecer, el pelirrojo creía que la educación valía suficiente la pena, como para no meterse en ese terreno, o tal vez la memoria de Dumbledore era demasiado fuerte todavía, como para no querer atacar todo eso, algunos decían que se habían protegido mejor después del 02 de Mayo.

Todos salieron apresurados de sus locales, cuando una melena pelirroja apareció por el lugar, hacía mucho tiempo que ninguno de ellos veía a Rastaban Malfoy paseando por todo el lugar, normalmente sus recorridos estaban llenos de tranquilidad, la gente salía para «admirarlo» pero nada más, siempre había sido característico por un rostro tranquilo, su actitud con ellos era relajada, sus hombres lo tuteaban, y él reía con algunas bromas, jamás había lastimado a nadie que no se lo buscara, tal vez, por esa razón, la gente comenzaba a oponerse menos a él.

Una pequeña niña escapó de la mano de su madre, corriendo en dirección al «gran Rastaban» rodeando con sus brazos las piernas del varón, todos, sin excepción de los Impuros contuvieron la respiración, aguardando la reacción del chico ante el acto de esa pequeña niña Sangre Pura, la mirada del hombre cayó sobre la niña de cabellos rubios y mirada celeste, que le estrujó más las piernas, regalándole una sonrisa bonita, así que para sorpresa de todos, se acuclilló frente a ella, acarició el cabello sedoso y sonrió.

—Y bien ¿en qué puedo ayudarte? –interrogó.

—Creí que necesitabas un abrazo –se encogió de hombros la niña.

La mirada de Rastaban perdió calidez, después de que la separó de la niña, buscando a su madre o padre, la madre, estaba con las manos en el pecho, temblando un poco por el atrevimiento de su hija de siete años, el varón de cabellos pelirrojos como flamas, observó a la niña.

—Gracias, en ese caso ¿por qué no vuelves con tu madre? –interrogó.

—Todos dicen que eres el mago más poderoso del mundo ¿es cierto?

—No me gusta vanagloriarme de mis propias proezas –se burló el chico –pero sí soy un poco poderoso –sonrió.

—Wow, cuando sea grande, quiero ser tan poderosa como tú.

—Si obedeces a tu madre –observó de nuevo a la mujer –seguramente.

Se puso de pie, acarició la cabeza de la niña, alborotando sus cabellos y esta regresó corriendo a los brazos de su madre, que comenzó a reprenderla por su comportamiento, Rastaban ignoró a los demás, pero no podía comportarse como un sádico delante de todos, no quería miedo colectivo porque atacara a una niña que sólo se había acercado a él por mera curiosidad.

—Me hubiese gustado saber qué clase de padre hubieses sido, Rastaban –admitió uno de sus hombres.

—Sí, a mí también me hubiese gustado saberlo –fue lo único que pronunció y siguió con su paseo.

Honrando a los comunes con su brillante presencia, no hubo más incidentes como el de la niña, así que avanzó con tranquilidad, viendo lo funesto y lúgubre que se veía todo, necesitaba un poco más de vida, desapareció del lugar, para adentrarse al abandonado Ministerio de Magia, estaba polvoso, no había habido alma alguna que entrara ahí desde que tomó el poder.

—Me mandó llamar ¿señor?

—Sí –admitió él –trae a los hombres, que arreglen esto.

—Pero…

—Usarán magia –contestó –quiero que vuelvan a la vida todo esto, y que arreglen el callejón.

—Eso significa que les dará…

—No te interesa lo que les daré, si no quieres hacerlo, dímelo –le observó sobre su hombro –puedo poner a alguien más en tu lugar, o llamar al Ejército de Fuego y que organicen todo esto como a ellos les plazca.

—No, no, lo haré yo –bajó el rostro apenado.

—Más te vale, Brent, no quiero problemas alguno, rogaste por el puesto de Smart, ahora, no me decepciones como él ¿está claro?

—Sí, Rastaban –le hizo una reverencia y salió del Ministerio.

Brent apareció en el callejón, con una cara de fastidio, se acercó a sus subordinados y les dio la orden que Rastaban había dado, nadie se opuso, al parecer, era al único que le molestaba que el «Gran y poderoso Rastaban Malfoy» se mostrara misericordioso con los demás, sólo porque una asquerosa mocosa que para colmo, era de Sangre Pura, se le había acercado y dado un abrazo, eso lo había ablandado.

—Comiencen con lo que les ordené, tengo que hacer otra cosa antes de poner manos a las obras –los demás asintieron y comenzaron con la labor de reconstrucción, ante la mirada asombrada de los demás.

Brent Harrington era un varón de cabellos castaños y mirada chocolate, se había acostumbrado rápido al poder que Rastaban había investido en él, y no le gustaba que nadie le hiciera sentir menos, y no le gustaba ver debilidad en su amo.

Sonrió ante la mujer que caminaba tranquilamente con su hija tomada de la mano, aun iba reprendiéndola por ser impertinente respecto al pelirrojo, y Brent no pudo estar más de acuerdo con esa abominación de sangre pura.

—Voy a poner con ustedes, un ejemplo, de lo que no está permitido hacer, nadie de ustedes, por muy joven que sea, puede tocar a Rastaban –le otorgó una sonrisa cruel.

—Pero nos dejó ir –soltó asustada la mujer, ocultando a su hija detrás de ella.

—Sí, porque tenía que hacerlo, estaba rodeado del pueblo, tenía que comportarse como un monarca benevolente.

—Él jamás se ha proclamado monarca –intervino la mujer.

—Él no, pero así es como tiene que ser, ustedes serán el mejor ejemplo y escarmiento, voy a divertirme mucho con ustedes.

Apuntó con su varita hacia la mujer, y de inmediato la dejó inconsciente, se acercó a la niña, con un semblante divertido, y la sujetó del cuello, haciendo que las pequeñas manitas se posaran en las manos del varón.

—oOo—

La escena de una mujer y una pequeña muerta apareció a los pocos días en el Callejón Diagon, la gente miraba aterrada, cuando reconocieron de quién se había tratado, era un mensaje claro, que nadie se atreviera a tocar a Rastaban Malfoy o tendría la misma suerte, por mucho que hubiese furia, no podían hacer nada.

La mirada de los Impuros ante la escena era de desconcierto, así que los demás no sabían que pensar al respecto, todo el público estaba contenido por una valla de Impuros, que también veían la escena, con ceños fruncidos.

—Sean un poco humanos y quítenles de ahí –soltó una bruja de edad avanzada, avalentonada por la morbosidad que eso despertaba en todos los espectadores.

—No –soltó una mujer de brillante cabello castaño y ojos miel –que alguien vaya por Rastaban –soltó en orden.

—Va a enfadarse si lo interrumpimos, está organizando los nuevos cargos para el Ministerio –soltó un varón.

—Creo que se enfadará si nadie le avisa de esto.

—Fue él ¿no es así? –Interrogó una mujer –el que ordenó que las mataran porque la niña se atrevió a tocarlo –un Impuro la sofocó de un fuerte golpe.

—Nadie le atribuye delitos bajos a Rastaban –bramó.

—Basta, Lance –soltó la mujer –no los golpees, iré yo, estarás a cargo, pero si golpeas a alguien más, te las verás conmigo.

La mujer se apareció en Ávalon, jamás había estado ante Rastaban, era bastante nueva en los Impuros, así que todos le observaron cuando entró apresurada y avanzó hasta el gran salón, la vista la sorprendió, la mesa era redonda, había muchos planos sobre ella, no había forma de que hubiese una cabecera, pero Rastaban Malfoy sobresalía del resto de los hombres, estaba apoyado en la mesa, viendo como estaba planeado la reconstrucción del Ministerio y el Callejón, todos se quedaron callados, cuando ella se aclaró la garganta, todos la observaron menos el pelirrojo.

—Señor –habló, se llevó la mano al corazón y se inclinó cuando la mirada del varón se posó en ella –soy Lyara Stuart, nueva en los Impuros.

—Se nota, al irrumpir aquí como… -Rastaban cortó la reprimiendo que le daría Clark Smith a la joven.

—Digamos que tienes algo importante, porque si no, no estarías aquí, en una junta en la que no deberías.

—Necesito que venga conmigo –admitió ella.

—Lo necesitas –sonrió.

—Hay una infracción a las reglas que ha marcado.

—Y no pueden encargarse de eso sin mí.

—Sí, sin duda podría –le observó frunciendo el ceño –es sólo que esta infracción le involucra personalmente, alguien se ha encargado de mandarle a la gente de Inglaterra que el tocarlo es sinónimo de muerte.

El pelirrojo inclinó la cabeza a un lado, completamente desconcertado, buscando más explicaciones, pero la mujer se negó a hablar más, como señal de que si quería saber que ocurría, tenía que ir.

—Bien –soltó en un suspiró cansino –Clark, estás a cargo.

Avanzó hasta la mujer, que iba a salir del salón, pero el varón la sujetó del hombro, casi sujetándola del cuello, y apareció con ella en el Callejón Diagon, la gente le observó sorprendida, ya que se había tomado tiempo de su ocupada, posiblemente vida, para acudir a aquél lugar y solucionar todo eso.

La mirada del pelirrojo fue hasta la escena, su rostro no mostró perturbación alguna, elevó una mano, y de inmediato los cuerpos desaparecieron de la vista de todos, ni siquiera se giró, todos los Impuros en un instante estaban sobre sus rodillas, sujetándose las cabezas, ya que estaban sintiendo un repentino dolor, algo similar a que su cerebro estuviese a punto de detonar.

—Es que uno no puede ocuparse en la reconstrucción del Ministerio porque tiene que encargarse de crímenes como estos –soltó en un tono duro, girándose hasta sus Impuros –así que vamos, si quieren que ese dolor pase, van a decirme quien de ustedes lo hizo, y cuidado con mentir.

El resto de los presentes, observaba la manera en la que Rastaban Malfoy, hacía justicia, a pesar de que las víctimas fuesen de Sangre Pura, sin duda eso les agradó, y si había alguna duda de la prosperidad que el hombre podría dar, estaba quitando a dudas.

—Nadie ha sido, interesante, veamos si un grado más los ayuda a ser honestos.

Terminó por liberarlos del castigo cuando nadie habló, Lance se aclaró la garganta y levantó la mano, Rastaban aguardó un momento en lo que las ideas en su cerebro magullado se acomodaban.

—Brent nos encargó la reconstrucción, se marchó porque tenía un encargo de usted, es el único de nosotros que no está aquí, y que no estuvo por dos días, no dijimos nada porque pensamos que había un encargo más importante de su parte.

—Claro –chasqueó los dedos, en cuanto el sonido terminó, Brent estaba de pie entre ellos, observando a sus compañeros, dándole la espalda a Rastaban.

—Pero ¿qué demonios hago aquí? –soltó mareado.

—Digamos que tus compañeros dicen que no estuviste aquí, porque estuviste haciendo algo que yo te encargué, y como lo único que yo te he encargado es que ayudaras a la reconstrucción, a todos aquí, nos interesa saber ¿qué es lo que estabas haciendo, Brent?

—Bueno, yo –tragó saliva –mi señor yo…

—No soy tu señor, si lo fuera, harías lo que te ordeno, como tus hermanos, pero desobedeciste mis órdenes y asesinaste a dos personas inocentes, Brent, conoces mis reglas, y las quebrantaste, no tolero que los míos sean traidores.

—Rastaban, por favor, te suplico clemencia.

—Una madre suplicó por la vida de su hija ¿no es así? Aun así, le asesinaste –observó a la chica que había ido por él –Lyara, eres la encargada de aplicar justicia, que la gente decida.

Cuando el pelirrojo se desapareció, el resto de los espectadores que no eran Impuros estallaron en insultos y gritos, si hubiesen podido, ellos mismos lo hubiesen linchado, pero Lyara se encargó de hacer justicia por la madre y la hija asesinadas por Brent.

La justicia de Rastaban era cruel, pero siempre se encargaba de castigar al verdadero culpable, tal vez por eso, Lyara Stuart había decidido unirse a los Impuros, por la verdadera justicia, que se aplicaba a todo aquél que quebrantara las reglas.

Después de ayudar a reconstruir un poco del Callejón, decidió volver a Ávalon, esta vez preguntó por el pelirrojo, ya que le informaron que estaba desocupado, entró a verlo, hacía unas horas había sido la primera vez que lo había visto, pero no podía negar que algo en ella se había removido, era demasiado atractivo y soberbio, y sin duda la forma en la que se manejaba, le agradaba.

—Lyara Stuart una vez más aquí –comentó sin observarla, ya que veía por la ventana de la habitación.

—Vengo a informarle que se hizo la justicia que todos pidieron, y que se avanzó sin contratiempo en la reconstrucción del Callejón.

—Clark estará a cargo de todo, es el nuevo jefe, te reportarás a él.

—Entendido y… -el pelirrojo la observó sobre su hombro –muchas gracias, por hacer justicia, a pesar de que fuesen sangre pura.

—Tienes que entender algo, Lyara –avanzó hasta ella –quiero que la gente sepa que sólo pueden hacer lo que yo permita, en el modo que yo lo permita, diga y establezca, mi voluntad es la que se tiene que hacerse, no la de los demás, y a quien se atreva a romper con todo eso, va a sufrir las consecuencias, sin importar si es Impuro, Sangre Pura o muggle.

La chica sonrió, completamente encantada con el varón, se permitió observarlo detalladamente, la túnica y la capa que llevaba puesta no permitía saber que tanto tenía de entonado el cuerpo, pero su rostro, su mirada, sin duda lograba que un extraño calor creciera en su vientre y recorriera todo su cuerpo.

Hasta donde sabía, Rastaban no se acostaba con sus súbditas, había estado con una bruja poderosa que se llamaba Honeday, pero había muerto y no se le conocía ninguna otra mujer, y había algo que todos los hombres siempre ocupaban, así que… un deseo oscuro se apoderó de su cuerpo, avanzando hasta él, que no hizo ningún movimiento, y no se inmutó para nada cuando ella se arrodilló frente a él, y acarició su miembro sobre las telas.