FELIZ NAVIDAD.
Las cosas que te gustan.
Tus ojos lo reflejan todo, exceptuándome a mí.
Vamos a hundir en tinieblas todo el mundo.
Ya que…
Lo único que necesitas soy yo, ¿no?
Lo voy a destruir.
-Dime que es lo que quieres y te lo daré, ya veo, tu rostro me lo dice. Me deseas a mí.
Kanato se encontraba sentado a horcajadas sobre cierta vampiresa de rosados ojos, la cual temblaba de miedo. ¿Cómo había pasado esto?, cierto, fue así.
Flash back.
Yui fue al cementerio a dejarle flores a la tumba de Cordelia, a pesar de que era su enemiga y casi la destruye, la rubia era buena, perdonaba fácilmente y pecaba de confiada, por eso es que siempre terminaba siendo lastimada.
De regreso del lugar comenzó a nevar, estaban en pleno invierno y el frio calaba hasta los huesos, congelando todo a su alrededor. De pronto una mancha morada apareció a lo lejos, curiosa se acercó y descubrió que se trataba de Kanato, el cual estaba sentado en la orilla de la fuente, mirando las rosas secas y quemadas por la nieve.
-kanato-kun, ¿Qué haces?
-A, Yui-chan. Miraba lo fácil que es acaba con una rosa, fingen ser fuertes con sus espinas, pero en verdad son tan frágiles…que es hermoso destruirlas.
Ese chico era enigmático, un poco callado además de tímido, pero también sádico y lúgubre.
-Ha, ya veo… será mejor que me vaya, nos vemos, Kanato-kun.
Una fría y delgada mano la detuvo, tomando su muñeca, apretándola y jalándola hacia el dueño de la misma: cierto vampiro de cabello lila-purpura.
-Te vas y me dejas solo, no sabes lo que quiero y no te importa. Que mala eres, Yui-chan.
-Kanato-kun, duele, suéltame.
El pelipurpura se levantó del lugar en el que se encontraba sentado y guio a la rubia hacia las rosas rojas ahora marchitas. No traía a Teddy en brazos, algo raro en él, lo que le facilitaba llevarla.
-Mira las rosas, son tan bellas así, muertas. ¿Crees que te verías más bella muerta, Yui-chan?-pregunto kanato con una sonrisa macabra.
No pensó más, la empujo hacia las rosas, tirándola sobre ellas. Las duras espinas se clavaban en su blanca piel, haciendo que sangrara. En verdad que le dolía, no podía ni imaginar lo que Cordelia sufrió al caer en un arbusto como ese.
El joven se posiciono a horcajadas sobre ella.
-Dime que es lo que quieres y te lo daré, ya veo, tu rostro me lo dice. Me deseas a mí.
Fin del flash back
-Solo me necesitas a mí, ¿verdad?- el chico puso sus manos alrededor del cuello de la rubia, apretándolo- Di que solo me necesitas a mí y te soltare. Di que te gusto.
La respiración se le iba a cada segundo, comenzaba a ver borroso, los brazos le temblaban y le dolía el cuerpo. Seguía siendo débil.
-So…lo…te ne…cesito …a…ti, me gus…tas… Ka…nato-kun.
-Eso me tranquiliza, porque cuando ves cosas que te gustan tus ojos brillan y se reflejan en ellos, entonces me preguntaba. ¿Por qué si le gusto a Yui-chan no me reflejo en sus ojos?, ahora sé que solo me equivocaba.
Suavemente soltó el frágil cuello, la rubia recupero el aliento, respiraba a bocanadas el dulce aire.
Kanato no había dejado de sonreír. Ahora él tenía deseos de la sangre que mojaba sus propios dedos. Se acercó al lugar donde comenzaban a aparecer marcas moradas, "como un bonito collar", pensaba el ojipurpura. Ya iba a morder, pero abruptamente se detuvo y la miro a los ojos.
-A las chicas humanas hay que besarlas antes de darles placer, eso es lo que había dicho antes, pero ahora ya no eres humana, por lo que no estoy obligado a besarte. Aun así hare una excepción, solo porque me gusta.
Con delicadeza poso sus labios en los de ella, estaban ambos tan fríos, pero suaves al contacto, como el roce de las alas de una mariposa. El beso se fue profundizando, Kanato lamia los labios de Yui como un gatito tomando leche. A la vampiresa le gustaba, el joven era el más dulce de todos, pero también inspiraba mucho miedo.
-Con eso será suficiente, ¿verdad?
Esa fue la advertencia, desabotono el suéter y jalo hacia abajo la playera, dejando al descubierto la piel del pecho, después de unas cuantas caricias con la lengua, incoó los colmillos en la blanda carne, succionando ansioso. Yui ya no intentaba quitarlo, sabía que si lo hacía le podría ir peor. "Resignación y fortaleza. Dios, en este momento ya no tengo miedo" pensaba la bella rubia de ojos rosas mientas miraba hacia el nublado cielo, viendo como caían los copos de nieve, blancos y puros.
Kanato al fin se separó, la miro y le regalo una sonrisa, esta vez era una normal, como un niño que en verdad es feliz porque Santa llego y dejo muchos regalos.
Se quitó de encima y la ayudo a levantarse de los arbustos espinosos. Saco unos pétalos secos de entre el rubio cabello, alisándolo con sus manos hasta que quedo arreglado.
-Voy a llenar el mundo de estas rosas secas, de nieve manchada en sangre y destruiré todas las cosas que te gustan hasta que solo quede yo.
Diciendo esto la volvió a besar y se fue, desapareciendo de la gran mansión, dejando a una aturdida Yui.
¿Lo quería?... tal vez
nota de autora: si, si, se que lo que publico son capítulos super cortitos, pero así me salen y a mi me gustan de esa manera, espero comprendan lectoras. bien, semana ocupada en la escuela por ello publico este antes si no tal vez tarde años. A y ya se que no estamos en navidad pero no se me ocurrió otro titulo, jajaja.
gracias por leer, Akira Asahina les decea bendiciones del gran Yatogami.
