"Run away"


- ¿Gacela? – Veo como asiente con su cabeza sonriéndome – Aun no se preparar ese trago, pero… déjame solucionarlo de inmediato – intente excusarme – Le pediré ayuda a Santana.

- No creo que eso sea conveniente. Por lo menos, en mi opinión, no quiero a Santana de por medio.

- Pero…

- ¿Cómo va todo por aquí? – La voz de Unique interfiere entre nosotras y estoy aliviada aun sin saber el porqué.

- De maravilla – vuelve hablar Quinn sin quitarme la vista de encima

- ¿Te encuentras bien querida? – Logra sacarme de mis pensamientos apoyando sus manos en mis hombros manteniendo su postura aun detrás de mí.

- Claro. Como ha dicho la señora Fabray.

- Señorita – me corrige

- Señorita – Asiento – Me ha pedido que le preparase un trago… Gacela, pero aun no se hacerlo – siento como sus manos me aprietan un poco los hombros y respira nerviosa.

- Señorita, no creo que sea indicado pedir ese trago esta noche.

- No veo nada de malo en pedirlo – Quedo completamente fuera de esta conversación, ellas lo están dejando en claro y no me quejo en absoluto.

- Ella es nueva.

- Con más razón – puedo notar como el rostro de la señorita rubia frente a mí se tensa por momentos y parece no poder controlar su mano derecha, donde sus dedos golpean frenéticamente contra la barra.

- Puedes pedírselo a Santana, incluso Keira no parece molestarle que lo hagas – vuelvo a sentir como sus manos me apretujan, quizás en un intento de protegerme, pero ¿De qué?. Y ella lo nota, Fabray nota como me toma y parece no gustarle.

- ¿Estas diciéndome que no puedo? – Oh por dios, su ceja. Admiro a la gente que puede levantarla, yo no puedo…me es prácticamente imposible a pesar de que lo he intentado varias veces. Al parecer ella lo hace sin esfuerzo, pero acompañada de su mirada es algo… temerosa.

- Claro que no.

- Mejor. Quiero ese trago, en diez minutos volveré – se levanto de su asiento y busco su chaleco que descansaba en un asiento que pertenecía a la zona de Brittany y Keira.

- Rachel… ¿Te ha contado Santana a que refiere ese trago? – frunzo el ceño. Es solo un trago por dios santo.

- No. Pero no creo que lleve nada extraño ¿Cierto? – veo como hace una mueca con su boca, levantando solo su lado izquierdo.

- Ven, acompáñame – veo como se acerca a la puerta donde con anterioridad me he cambiado de vestimenta. Sin verlo extraño la sigo, no sin antes recibir una mirada burlona junto con una enorme sonrisa por parte de Santana. Creo que ella intuye lo que pasara a continuación.

Coloca la clave y nos adentramos rápidamente en el espacioso lugar pintado de blanco. Camina hacia la barra y toma asiento en uno de los taburetes.

- Ven, acércate – me incita con su mano

- ¿Por qué estamos aquí? ¿Me enseñaras a preparar ese trago? – pregunto sentándome del otro lado, frente a ella.

- Cariño ¿Has hablado con Santana?

- ¿Sobre qué? – Aun no sé si es una prueba que me está poniendo o si realmente debía hablar con Santana sobre algún asunto de importancia.

- Sobre lo que hacemos aquí – Su respuesta me deja helada. He visto como Brittany a parte de servir tragos baila, pero no he visto nada más fuera de lugar.

- ¿Preparar tragos? – levanto mis cejas temiendo por mi respuesta que se volvió pregunta. Asiente dándome lugar a que prosiga - ¿Asegurarnos que los clientes queden satisfechos para que dejen una buena propina? – eso lo deduje sola. Me basto con ver los bienes que adquirió Santana trabajando solo aquí, dejándome en claro que ha sido en base a propina. Me pareció completamente absurdo, pero tras ver el baile de Brittany y como el tarro ubicado entre ambas zonas de la barra comenzó a llenarse, no me pareció del todo descabellada.

- Bien. No habrá problemas entonces, en bueno que hayas venido consciente de lo que hacemos aquí – asentí sin problema alguno. Puedo con esto, no es tan loco después de todo.

- Pero hay un problema… un inconveniente diría.

- Dime

- Aun no se de que va ese intrigante trago.

- No te preocupes. Quinn te dirá como hacerlo.

- ¿Ella? ¿Cómo es pos… - la puerta nos interrumpió. Un leve pero molesto pitido se hizo notar en la sala. Unique sin más impedimentos se aparto de la barra donde estábamos conversando, y abrió la puerta dejando a la vista quien exigía con tanto esmero minutos antes aquel trago.

- Unique – veo como asintió con su cabeza y con pasos seguros se adentro en el espacio que le pertenecía a los trabajadores. Nosotras, no ella.

- Seguiré con mi ronda de inspección – Hecho un nuevo vistazo sobre sus hombros asegurándose que yo todavía permanecía en mi lugar y se perdió tras la puerta dejándonos a solas.

La señorita rubia se acerco sin dudarlo despojándose del chaleco que había tomado antes de alejarse de la barra.

- Muy bien, aquí estamos – dijo dejando su chaleco sobre la barra

- Aquí estamos. Usted dirá – Asentí dejándole en claro que ya estaba preparada para aprender hacer el dichoso Gacela.

- Puedes tutearme.

- No creo que me parezca conveniente hacerlo. Mantengo el respeto ante todo – Aclare bajándome del taburete para tomar un vaso y una copa en caso de que sea necesario

- Pero yo quiero que me tutees, que me llames Quinn y así será.

No me gusto para nada el tono que ha utilizado pero mi cabeza solo asiente por inercia.

- ¿Qué utilizaremos? ¿Copa o vaso? – veo como frunce su ceño

- Estas de broma ¿Cierto? – ahora soy yo la que frunce el ceño sin comprender si sarcasmo. ¿De broma? De ninguna manera, no bromeo con mi trabajo.

- No entiendo.

- Vamos, Rachel. – Sonríe casi al borde de la burla, puedo verlo en sus dientes.

- ¿Qué le parece tan gracioso?

- He dicho que me tutees – levanta nuevamente su ceja

- Y yo le he dicho que no me parece razona… -

- No te atrevas – me interrumpe – Ahora dame mi trago.

- Es lo que intento hacer, pero usted no me dice si copa o vaso – veo como rodea la barra intentando acorralarme tras dar varios pasos hacia atrás chocándome de lleno con una pequeña mesa que descansa a mis espaldas haciendo de soporte para varias botellas de alcohol. Lo sé porque mis oídos me alertan tras escuchar cómo se chocan entre sí.

Instintivamente apoyo ambas manos en la pequeña mesa detrás de mí y observo como su cuerpo destruye la poca distancia que nos separaba.

- ¿Q-que… haces? – Balbuceo confundida – Apártate – me paro firme frente a ella. Puedo sentir como nuestros abdómenes se rozan.

Se muerde el labio inferior y suspira – Oh Rachel… pequeña gacela – sonríe y puedo sentir como su aliento sabe a cigarrillo. Es lo que ha ido hacer antes de venir hacia aquí. Fumarse un cigarrillo. Asqueroso.

Aparto la cara, porque su aliento me descompone. Odio el olor a cigarrillo.

- Mírame a los ojos – mi vista sigue aun en la superficie de la pequeña barra que tengo a mi derecha

- He dicho que te apartes – digo apretando mi mandíbula. Esto me parece completamente fuera de lugar.

- No debes hacer eso, Rachel. – Mi nombre en su boca no me gusta en absoluto. Giro mi cara creando el contacto de miradas que ella tanto busca.

¡Wow!

Impresionante. Puedo ver como sus ojos pasan de un color miel intenso a un verde en cuestión de segundos. Noto como sus pupilas están dilatadas y esto si me parece extraño ya que aquí hay suficiente luz como para que eso no suceda. Me he perdido momentáneamente en su mirada y lo noto tras sentí como su mano derecha aprieta mi brazo izquierdo.

- ¿Me oyes?

- ¿Disculpa? – salgo de mis pensamientos. Aun no he terminado contigo, señorita engreída.

Sin mas siento como le elevo del piso, y no porque haya fumado algo extraño sino porque sus brazos me toman por sorpresa despegándome del piso.

- ¿Qué haces? ¡Suéltame! – chillo moviéndome, intentando escapar.

- Dios, me encanta que seas así. Haces que se ponga más interesante.

- ¿Qué haces? - pregunto confundida tras sentir el frio mármol de la barra en mi trasero.

- Gacela – susurra apoyando sus calientes palmas de sus manos en mis piernas, subiendo por ellas hasta colarse debajo de mi vestido. Quedándose allí sin atreverse a más. Su rostro se dirige hacia mi abdomen comenzado a dejarme besos por doquier.

- ¡¿Qué haces?! – pregunto aturdida

- Cállate – Oh por dios, siento que voy a vomitar. ¿Qué es esto?

- Apártate – intento empujarla desde los hombros pero con sus manos logra anclarse a mi cuerpo.

- ¿Quieres hacerlo así? ¿Fuerte? No pretendo asustarte la primera vez.

- ¿Qué demonios dices? ¡Quítate! – vuelvo a chillar abrumada por todo lo que acabo de oír. Ahora entiendo a la perfección. Dinero a cambio de sexo. Asco.

- Rachel, compórtate. – Intenta detener mis movimientos colocándose entre mis piernas queriendo inmovilizarme. – He dicho que te comportes – Lo que me faltaba. Maldita enferma.

- Y yo que te quites – grito empujándola por los hombros dándome lugar a que su rostro de alejara para plantarle una cachetada en toda su mejilla izquierda.

El sonido de mi mano en su cara fue similar al de una regla golpeando contra un banco, como solían hacerlo las antiguas maestras para imponer respeto. Lo mismo que deseaba yo en ese momento.

El sonido fue rápido, seco y fuerte. Como su gesto en la cara tras recomponerse de mi arrebato de locura momentánea. Tomo su mejilla dolorida, por supuesto. Sé muy bien la fuerza que tengo y no dudo en usarla cuando me toman por sorpresa intentando propasarse.

Sin palabras. Ella permanece aun parada frente a mí, mirando hacia el piso con su mano en la mejilla.

Sin más, salto de la barra, camino hacia el locker donde descansa mi ropa, tomo lo que me pertenece y me largo de allí. Por dentro agradezco que la rubia no esté corriendo detrás de mí intentando detenerme. No sé de qué sería capaz en estos momentos.

Mi portazo sonando en el segundo piso de este bar no pasa desapercibida para Santana, que prácticamente está pegada a la puerta por estar sentada frente a la caja donde administra el dinero de esta noche. Dinero sucio.

- ¡Ey!... Rachel… ¿Dónde vas? – siento su grito. Ni siquiera voy a molestarme en responderle. Esto también ha sido su culpa al no advertirme donde me estaba metiendo. Ella me conoce, sabe que no haría esto ni por más que me paguen con lingotes de oro.

Quiero llorar, pero no lo permitiré. Ahora en mi mente solo esta buscar a Unique y decirle que estoy complemente fuera de esto. Que me marcho, para siempre.

- ¡Unique! – chillo llegando a la barra que pertenece al piso de abajo. Mi grito parece un susurro porque ni siquiera se inmuta con mi presencia. - ¡UNIQUE! – grito. La música tapa mi voz pero esta vez logro captar su atención.

- Rachel ¿Qué haces aquí abajo? – frunce su ceño pero rápidamente mira hacia las escaleras y su rostro se torna nervioso. Puedo notarlo.

- Me marcho. No quiero nada de este lugar.

- No. Espera, dime que sucede.

- ¿Qué sucede? – vuelvo a chillar. ¿Me están tomando el pelo? - ¿Qué sucede contigo? Con todos ustedes… no hare esto. Ni muerta.

- Podemos solucionarlo. No hace falta que abandones tan pronto.

- Búscate a otra. Ni soñando hare este trabajo indigno para una mujer. Soy casada, tengo dos hijos.

- ¿Santana no te lo explico? – Suspiro burlándome – Nena, ¿Cómo crees que ganan tanto dinero? – Hago una mueca de sorprendida, pero claramente no lo estoy. Sabía que algo malo había en todo esto, pero nuevamente intente confiar en que todo iría bien. Ilusa.

- Rachel, acompáñame. – Siento como un calor familiar se posa en mi antebrazo.

Cierro mis ojos y comienzo a reír. Ya, vamos, saquen las cámaras… esto tiene que ser una jodida broma.

- Déjame – vuelvo a soltarme bruscamente y puedo ver como los ojos de Unique se ensanchan completamente, como si no creyese lo que está pasando aquí.

- He dicho que me acompañes – vuelve a tomarme pero una voz ajena a nostras tres nos interrumpe.

- Suéltala, ya la has escuchado. – ¡Oh por dios! Gracias, gracias. Eres tan oportuno.

- Señor, todo aquí está bien. Por favor… - Unique hizo un gesto con su mano para que se retirara pero yo no le di lugar a que llevara dicha acción.

- Llévame a casa. – Pedí volviéndome a soltar bruscamente del agarre al que me obligaba señorita engreída.

- ¿Quién eres tú? – pregunto enfrentándose a nosotros. ¡Ja! Metida.

- Mi esposo – No le di lugar a que respondiera por mi - ¡Déjame en paz! – murmure entre dientes amenazante. Ella le sostuvo la mirada a mi acompañante y se retiro.

- ¿Estás bien?

- Solo… solo sácame de aquí. Quiero ir con mi familia. – Pedí al borde del llanto.

El viaje junto a Christian fue silencioso. El sabía que no debía presionarme si quería sentirme cómoda o simplemente hablar al respecto. Tras haberle preguntado que hacía en aquel lugar y dejarme en claro que le pareció buena idea tomarse un trago mientras yo hacia lo mío, no le pareció mala idea. Después de todo el sabía que no tenia en que regresar a casa. Sin lugar a dudas fue la mejor idea que tuvo en la noche.

Las luces de casa aparecen frente a mí y siento como un alivio en mi interior comienza a crecer. No he llorado, no lo hice en aquel momento mucho menos lo hare ahora, frente al hermano de mi amiga y compañera de trabajo. Aunque ganas no faltaban.

- Gracias Chris.

- De nada pequeña. Cuídate, y llámame cualquier cosa que necesites ¿De acuerdo? – solo asentí dejándole una sonrisa como agradecimiento. Se ha comportado como todo un caballero.

Dios, necesito mi cama, dejar un beso en la frente de mis hijos que seguramente ya duermen y acurrucarme junto a Brody. Solo eso.

- ¿Brody? – grito tras entrar. Me he tomado el atrevimiento tras ver todas las luces encendidas. Quizás están el patio trasero pero el horario me parece muy tarde para que los niños aun estén despiertos.

- ¿Cielo? – vuelvo a elevar mi voz pero un pequeño papel sobre la mesa llama mi atención.

"Hija me he llevado a Emma y Charlie a pasar la noche conmigo.
Espero no te moleste. Mañana nos traigo a primera hora"

Genial, mis hijos me han abandonado, me han cambiado por su abuela. Es entendible, ella les permite cosas que yo no, como dormirse tarde. Cosa que seguramente harán porque mañana no hay escuela.

- ¿Brody? – vuelvo a gritar segura esta vez de que no despertare a nadie. Estamos solos, quizás solo está preparándome alguna sorpresa.

Camino hacia el ventanal que da al patio pero allí solo se encuentran algunas sillas y la mesa. No hay señal de mi esposo. Dejo mi bolso en el sillón y camino hacia nuestra habitación, seguramente no haya sorpresa y este durmiendo tendido en la cama, ocupando todo el lugar.

Abro la puerta pero allí no hay señales de nadie. La cama ni siquiera esta deshecha. Frunzo mi ceño y comienzo a recorrer la casa preguntándome una y otra vez que sucede.

En el baño todo está normal, como lo deje antes de marcharme. La habitación de los niños también, aunque hay varios juguetes dispersos, me imagino que se han llevado la mitad de las cosas a la casa de Shelby.

Vuelvo a la sala buscando alguna señal sobre Brody y un mensaje que pueda decirme sus planes para esta noche. Mi móvil, claro. Seguramente me ha dejado algo ahí y con todo este problema yo no me he ocupado de él.

Corro hacia mi bolso y lo busco desesperadamente. Tras encontrarlo solo encuentro dos llamadas perdidas pertenecientes a Shelby, seguramente queriendo avisarme que se llevaba a los niños. Nada de Brody.

Dirijo mis pasos hacia la heladera en busca de un poco de agua que calme mi ansiedad tras el episodio vivido para luego marcharme a la cama a descansar. Tras abrirla y sacar la jarra con agua veo un papel perfectamente doblado sobre el desayunador de madera.

Brody. Sonrió, porque él nunca hace planes sin antes avisarme. Desdoble el papel blanco y mi mundo se viene abajo, literalmente. La jarra se resbala de mi mano izquierda mojándome completamente los pies tras hacerse añicos contra el piso. No puede ser, esto no me puede estar pasando a mí, no esta noche.

"Esto se ha vuelto insostenible para mí.
Lo siento Rachel"

Tapo mi boca con ambas manos impidiendo que el llanto salga de mi cuerpo. Sin más corro hacia nuestra habitación chocándome con las paredes en mi camino. Por dios, esto no puede ser cierto.

Apoyo mis manos bruscamente contra el armario y lo abro deseando que la nota sea una broma de mal gusto. Mis pensamientos caen a mis pies, su ropa no está. El no está. Se ha ido.

Perchas colgadas en solitario en su parte del armario. Niego con mi cabeza. Esto no me esta sucediendo, no me puede estar pasando a mi. Me niego.

Dos pasos hacia atrás hasta que los pies de mi cama me lo impiden. Intento sentarme pero caigo de lleno contra el piso.

El me ha dejado, nos ha dejado.

- No… no Brody – susurro rompiendo en llanto. Ya no lo soporto más. La persona que jamás pensé que iba abandonarme lo hace, rompiendo nuevamente mis esquemas – Brody… no… no me dejes por favor.


Descargo de responsabilidad: Glee y sus personajes no me pertenecen.