"I must wake up and move on"


— Hija… despierta — siento como mi madre mueve mi brazo — He venido lo antes posible — Decido deshacerme un poco de las sabanas y salir a la cruda realidad. Sé que me veo fatal tras ver la cara de preocupación de mi madre, debo ser un completo asco.

— Dime que todo ha sido un simple y tortuoso sueño madre… por favor. — rogué con mi voz quebrada. No más llanto, no ahora.

Todo esto me parece irreal aun. No quiero asimilar que Brody se marcho dejándome con todo este lio aquí. Mi cabeza no quiere aceptarlo y mi corazón no me permite volver a caer.

Sin más, me levanto de la cama tras ver como Shelby comienza abrir las ventanas para ventilar la habitación y acomodar un poco mi desorden producto de un enojo nocturno.

Los rayos de sol queman mis ojos y solo puedo sentir la hinchazón en mi cara un poco tirantes tras el mar de lágrimas que derrame todas estas horas. En ocasiones así, admiro mi capacidad para hacerlo y no quedar deshidratada.

— ¿Dónde están los niños? — La imagen de ellos preguntándome por Brody golpea mi mente ¿Qué les diré? Quizás el regrese antes que los pequeños regresen a casa y se cuestionen su falta física, o quizás logre encontrarlo antes de tener que contarles toda la verdad sobre su padre.

— Los he dejado unos minutos en la peluquería con una de las chicas para poder venir aquí y asegurarme de que estas bien y en condiciones de comenzar tú día.

— Lo estoy. Brody solo debe estar asustado con todo este tema del préstamo. El volverá… — susurre lo último. Sí, eso… el volverá.

— Rachel… hija, creo que - La interrumpo

— No, no uses ese tono conmigo. El volverá, lo hará. No puede dejarme con todo este problema, solo no ha sabido como sobrellevarlo y ha tomado esta decisión apresurada. Es la equivocada, lo sé… pero ha sido su reacción. El jamás me dejaría sola con los niños — creo que si lo sigo repitiendo varias veces en el día logre que me escuche y aparezca en cualquier momento por la puerta.

— Lo que tú digas, solo no te encierres aquí sola. Llama a Kurt, no lo sé.

— No estoy mal ¿de acuerdo? — dije entrando en el baño para comenzar con mi aseo personal, dejando que se creara un largo silencio, que al parecer, mi madre supo entenderlo.

— Hoy me quedare con los niños… si eso no te molesta — siento como mi madre me observa mientras yo abandono el baño y decido que ponerme, mordiéndome el labio para aguantar el llanto tras ver la mitad del armario vacio.

— Claro, me haces un favor porque me gustaría hacer unas horas extras en la cafetería.

— Pero hoy es tú día de descanso — siento el tono de reproche en su voz

— No empieces, es eso para pagar mis cuentas o quedarme aquí encerrada maldiciendo mi miseria y que mi marido me ha dejado ¿Eso quieres?

— No, por supuesto que no. Los cuidare las veces que haga falta.

— Claro, como lo hiciste conmigo — Siento el suspiro de mi madre cerca mío. Sé que la he lastimado con mi reproche. Comienzo a sentir que no tengo control de lo que digo sin importarme si lastimo a alguien. Sus brazos me arropan y besa mi cabeza dándome a entender que mis palabras en estos momentos no la golpean ¿Se sentirá culpable de mi miserable vida?

— Lo siento. Todo irá bien… — Sin más, me acaricia el cabello y se retira dejándome hundida en mis propios pensamientos.


— ¿Qué haces aquí?

— Lo que haces tú. He venido a atrabajar.

— Pero es tu día libre, y pensé que comenzarías en el nuevo bar. — Y es aquí donde vienen unas cataratas de preguntas ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué sucedió? ¿Estas bien? Solo me limitare a decir una sola cosa.

— Necesito el dinero.

— Lo sé, pero ¿Qué hay del nuevo trabajo?

— ¿Qué hay con eso? — frunce su ceño, puedo verla mientras me coloco el uniforme estúpido que el dueño nos hace usar.

— ¿Qué hay con eso? Pensé que era una especie de restaurante más refinado que este, y estarías a tiempo completo allí, teniendo en cuenta que has mencionado que la paga es muy buena.

— Lo deseche.

— ¿Por qué? — lo sabía. No parara hasta que le cuente todo con lujos y detalles.

— Porque es lejos y requiere de mucho tiempo, no puedo dejar a mis hijos solos.

— Pensé que estaba Brody en casa. ¿Ha vuelto a trabajar?

— Katy, escúchame… he venido a trabajar, si quisiera hablar de mi vida nos sentaríamos a tomar un café y eso no pasara ahora, no en horario de trabajo.

— Pues, entonces déjame invitarte algo a la salida.

— ¡No! - chille sin paciencia y ella supo al fin que mi humor aquella mañana no era la mejor — Lo siento, solo dame un poco de espacio. Prometo que pronto nos tomaremos el tiempo que sea para hablar — ella solo me asintió y se alejo de allí dejándome a solas en el cambiador.

Que miserable vida dios santo. En dos semanas seria el cumpleaños de mis mellizos y apenas tenía dinero para comer. No podría comprarles la consola que tanto desean, mucho menos hacerle una fiesta de cumpleaños. Sé que ellos no viven de lo material, los hemos criado humildemente, pero ¿Qué niño no anhelaría un buen regalo?

Suspiro y escucho la voz de Katy pidiéndole al cocinero el pedido. La cafetería pronto comenzaría a llenarse teniendo en cuenta que era domingo y muchos jóvenes salían de alguna fiesta con el fin de ir a desayunar, o gente en solitario con su periódico para ponerse al día sobre lo que sucede a su alrededor. Volví a suspirar, me alise el estúpido traje y salí con mi mejor cara atender los clientes.

Mi mandíbula cayó al piso, no literalmente ya que eso sería escalofriante, pero mis ojos si parecían haberse escapado de mi rostro al ver su figura sentada en la barra.

Demonios ¿Por qué fui a trabajar? Ah, ya lo recuerdo… Brody me dejo y tengo que hacerme cargo de mi familia sola. Me lamento, tengo miedo y quiero irme de aquí inmediatamente, pero no lo hare. Estoy en mi espacio de trabajo y no puede intentar nada aquí, de lo contrario el dueño la sacaría a patadas. Así es, hago referencia a una figura femenina al pronunciar el "la". Ella está aquí, vamos a darle un nombre a ese rostro, Quinn… la señorita engreída.

Tranquila Rachel, ella está en la barra como he podido observar. A mí me tocan las mesas lo cual Katy se hará cargo de ella. Muy bien, asunto resuelto, solo tengo que ignorarla por completo y hacer lo mío. Nada difícil.

— Buen día ¿Esta listo para que le tome su pedido? — esboce mi mejor sonrisa, ella no estropearía mi mañana.

— Si, me gustaría ordenar un exprimido y huevos revueltos — el joven aparto su mirada del periódico y me sonrió de lado. Wow, sus labios son enormes.

— Muy bien, enseguida regresare. — el solo me asiente y me da el pie para que me retire hacia otras dos mesas que ya esperaban mi aparición.

Tras darle el pedido al cocinero me detuve a echarle un vistazo al lugar. Cada quien seguía en sus asuntos y Quinn parecía ya haber sido atendida al ver como tomaba algo en la taza revisando su móvil. Quite la vista rápidamente al darme cuenta de lo que estaba haciendo.

— En la tarde comienza a trabajar una chica nueva ¿lo sabías? — negué con mi cabeza limpiando el extremo opuesto de la barra donde se encontraba sentada la señorita rubia.

— ¿Por qué ha contratado una nueva chica?

— Porque se supone que tú no estarías mucho tiempo por aquí. Se llama Dani, y es bastante apuesta.

— ¿Ya la conoces?

— Claro, ha venido a pedir empleo y justo me encontraba aquí. Es rubia y con buena presencia.

— ¿Ahora te gustan las chicas?

— No, pero a ella sí. — Vaya, ya casi no me sorprendía que este pueblo se estuviera llenando de homosexuales.

— Rach, el pedido de la mesa cinco esta listo. — la voz del cocinero nos interrumpió la conversación que claramente yo no quería tener. Aun me parecía extraño que aquella rubia no viniera hacerme un súper planteo en mi lugar de trabajo luego de lo que sucedió anoche.

— Cambiemos de lugares, quiero conocerlo. — Katy se interpuso en mi camino tomando el plato que contenía los huevos revueltos.

— Oh no no, claro que no. No esta vez, vamos devuélveme el plato.

— Vamos Rachel, no seas así. Ese tipo me gusta. — fruncí mi ceño tras oírla ¿Le gusta?

— Pero si apenas lo conoces, recién acabas de verlo.

— Por eso mismo, es amor a primera vista… por favor — Y ahí está de nuevo la cara que utiliza siempre para ablandarme. Mire hacia el final de la barra y ella seguía allí en su mundo con su móvil ¿Qué tenía tan interesante allí? Qué demonios… no me interesa. — Por favor… — solo le di el paso y ella me dejo un beso en la mejilla como agradecimiento. Más le vale al menos conseguir su número sino mi pronta tortura no valdrá de nada.

Comenzare a limpiar la barra y luego acomodare los vasos poniendo especial atención en que no tengan ninguna mancha, cualquier estupidez que me mantenga ocupada para no tener que mirarla y atender lo que sea que exija de mi presencia y servicios.

Me sorprende porque ya he acomodado todo, ha pasado media hora y ella ni siquiera se ha movido de su lugar para verme. Pronto tendrá que pedir la cuenta y me tendrá que… ¡Que demonios hace!

Veo como se para alejándose de su asiento y le da el dinero de lo que consumió a Katy. Maldita estúpida, se supone que yo me encargo de esta parte ahora. Al parecer mi compañera le indica donde queda el baño, puedo deducirlo tras apuntar el pasillo que hay a unos pocos metros míos.

¿Qué hago? La estoy siguiendo, pero solo para pedirle explicaciones de porque está aquí, en mi lugar de trabajo. Mis piernas se guían solas a la vez que mi cabeza es un completo desastre. ¿Qué le diré? Ahora mi mente desea crear una laguna en ella nadando en dudas. Rachel, solo hazlo.

Empuje la puerta tras unos minutos juntando valor y me adentre en el reducido espacio de servicios.

— ¿Qué haces aquí?

— ¿A qué te refieres? Son los baños ¿no? He consumido lo cual creo que me da derechos a utilizarlos.

— No seas idiota, sabes a que me refiero.

— La verdad es que no. — camino hacia mi reduciendo la distancia abismal que había entre nosotras teniendo en cuenta que la habitación es de dos por dos, y creo que exagero. — Y que sea la última vez que me llamas idiota. — Oh mierda, ha levantado su ceja nuevamente. Disimuladamente me trago las palabras e intento decir algo fallando completamente, balbuceando esta vez quedando yo como una imbécil. — Apártate de mi camino.

Su rudeza no me agrada en absoluto, pero de igual forma decido anclarme al piso. No se irá sin decirme exactamente que hace aquí.

— ¿A qué has venido?

— A tomar un café ¿Tan mal te parece eso?

— Un café, veo… justo en el lugar donde yo trabajo.

— ¿Quién eres? — frunzo el ceño por su pregunta

— Yo… — balbuceo nerviosa y ella parece burlarse de mí con esa sonrisa adornada de perfectos dientes blancos.

— Tú… eres nadie para mí. Ahora déjame pasar que tengo cosas más importantes por las cuales ocuparme.

Me siento una completa imbécil, pero una de las grandes con mayúsculas de principio a fin. Mi cuerpo no quiere hacerle caso a mi mente que pide a gritos que me aparte y deje de hacer el ridículo.

— No es la única cafetería en Ohio.

— Créeme que lo sé, así como tú no eres la única persona que trabaja aquí. Córrete.

Quiero gritar y dejarla pelada de todos los pelos que le sacaría con mis propias manos, literalmente… pero solo obtendría dejar a mis hijos sin madre por ir a la cárcel y ser presa fácil allí dentro. Maldición, esta mujer logra sacarme de quicio.

— Mira, lo que ha pasado anoche…

— Lo que paso anoche quedo allí, si es que tú no denuncias nada de eso, cosa que estas en todo tú derecho. Puedes buscarte un buen abogado, el mejor si quieres para poder hacerme juicio y mandarme a la cárcel si crees que he hecho algo malo. De lo contrario, córrete de la puerta y déjame el paso libre.

— ¿Estas de acuerdo con lo que hacen allí? — chille tras ver con la liviandad con la que tomaba el tema.

— Todas las personas que van allí están de acuerdo con lo que sucede dentro de las puertas del bar, tú has ido ahí y no precisamente como cliente… si me entiendes.

— Yo no sabía lo que hacían — digo ofendida. No tocaras mi orgullo de mujer

Su risa invade el baño — Claro, no sabias.

— ¿Crees que soy de ese tipo de mujeres?

— ¿Qué tipo?

— Ya sabes… — balbuceo — Del tipo que venden su cuerpo por dinero.

— Mira, yo no crítico a las personas que hacen lo que pueden para sobrevivir, es un trabajo y me parece bien si a ellas no les afecta. Ahora, dime… ¿Qué hacías tú allí? — me quedo completamente muda, se que hacia ahí pero las palabras con mi perfecta explicación no quieren salir de mi boca muriendo en mi garganta. — Ya veo…

Reacciono al instante en el que ella apoya su mano en mi antebrazo corriéndome de su camino.

— No, espera… - la tomo de la muñeca — ¿Qué hacías tú ahí?

— He ido a tomar algo… ¿También me criticaras eso?

— No… pero… tú…

— ¿Qué? ¿Yo qué?

— Buscas ese tipo de compañía… ¿Por qué? — frunció su ceño

— ¿Por qué quieres saber eso? — Yo también frunzo mi ceño al darme cuenta de mi pregunta. No sé porque quiero saberlo, en verdad no sé si quiero escucharlo.

— Eres linda, tienes presencia… me he dado cuenta de eso en el bar. Puedes tener al hombre que quieras.

— Veo que has observado bien, menos el hecho de que soy lesbiana y disfruto de la compañía de mujeres. — Rápidamente suelto su mano dándome cuenta que han la sostenía — Y veo que tú eres de esas personas homofóbicas.

— Solo vete… — me corrí de su camino dejándola por fin libre de mi cuestionamiento.

Ella no volvió a mirarme mucho menos dirigirme la palabra. Aun no sé porque de mi impulso por irla a buscar al baño. No me agradaba su presencia teniendo en cuenta que hace unas horas ella prácticamente me había faltado el respeto.

El estomago se me revuelve solo pensar con cuentas personas se ha acostado. ¿Por qué? No lo sé, es una completa desconocida para mí, pero me causa rechazo solo saberlo a pesar de que yo haya profundizado en el tema.

Tome una bocana de aire buscando poder salir de aquella disputa mental y abandone el baño con mi mejor cara. Fue un completo error haber acudido ese día al trabajo buscando horas extras, pero el dinero me hacía falta.

— No sé que le has dado a la rubia que acaba de irse, pero seguramente la hayas atendido bien.

Frunzo el ceño tras oír las palabras de Katy y me acerco a ella para saciar nuevamente mi curiosidad.

— ¿De qué hablas?

— Toma… — me tendió un ticket junto a la propina. Allí había cien dólares. ¡Madre santa!

— ¿Qué es esto?

— Es la propina que ha dejado un cliente.

— ¿Quien?

— La rubia que estaba sentada en la barra.

Le tendí de inmediato la propina — De ninguna manera, eso es tuyo. Tú la has atendido.

— Rachel, ella me ha dejado en claro que esa propina es para ti. — Frunzo el ceño aun sin creer en sus palabras — Definitivamente has hecho algo bien esta mañana.

Sin más me deja sola con los cien dólares entre mis manos. Puedo ver como Quinn se aleja de la cafetería cruzando la calle frente a los ventanales del negocio. ¿Qué debo hacer?

¿Correr tras ella y detenerla? O ¿Dejar que simplemente se vaya?


Glee y sus personajes no me pertenecen.