Capitulo Seis


Camisa a cuadros color azul con un jean claro, listo. Calza rosada en conjunto con una remera blanca decorado por una princesa estampada en su frente, listo.

— Niños, es hora de levantarse.

Agradezco que un nuevo día empiece, por eso mismo hoy pondré mi mejor sonrisa y lo empezare de la mejor manera posible.

Me encamino hacia la cocina para terminar con el desayuno de mis hijos y preparar su almuerzo para que lleven al colegio. No he parado de pensar el hecho de que la señorita rubia haya decidido ir a mi lugar de trabajo.

¿A qué se dedica? ¿Dónde vive? ¿Tiene pareja? ¿Por qué quiero saber eso ultimo? De todos modos me parece algo ilógico que una mujer como ella concurra a lugares como esos. No he querido salir corriendo detrás de ella tras ver como abandonaba la cafetería, o mejor dicho, no he podido ya que mis pies se clavaron al piso y la adrenalina que corría por mi cuerpo me provocaba casi un colapso mental sobre que le diría o porque saldría detrás de ella. Debo hacer algo con mi vida, volver a buscar un trabajo que pague bien, el hecho de volver allí me da dolor de cabeza.

Brody ¿Dónde te encuentras? No hago más que observar constantemente mi anillo de casada. ¿Qué demonios hare ahora?

— Niños, ya basta… no peleen por favor — los mellizos hacían acto de presencia en el comedor peleando por obtener la silla perteneciente a la cabecera.

— Quítate Charlie, este es mi lugar.

— No es cierto, yo soy el hombre. Tú debes sentarte en otro lado.

— ¡MAMÁ! — gritaron ambos

— ¡Emma, sal de mi lugar! — chillo el niño empujando a su hermana de la silla provocando un gran golpe en ella. El llanto no demoro en llegar alertando a Rachel sobre el comportamiento de su hijo.

— Emma, hija… ¿Te encuentras bien? — corrió preocupada levantándola del suelo.

— Déjame en paz. — se soltó del agarre — ¡Quiero a mi papá! — corrió llorando hacia su habitación.

— Charlie, ve a pedirle disculpas a tu hermana.

— Pero mamá…

— Ve, ahora mismo.

Rachel suspiro tras ver como su hijo emprendía camino hacia las habitaciones cabizbaja. Por más que se propusiera empezar el día de la mejor forma, aquello no parecía alcanzar.

— Hola extraña — saludo su amigo entrando en el comedor

— Kurt — suspiro intentando sonreírle

— Al parecer el día ha comenzado algo agitado.

— Ni me hables. ¿Qué traes ahí? — pregunto regresando a la cocina

— Estas cosas estaban en tu correo…

— Vaya, gracias. ¿Cómo estás? — pregunto tomando asiento en la isla para revisar la documentación

— Extrañando mucho a Blaine. Anoche nos hemos pasado las horas hablando por teléfono, supongo que en una semana con suerte estará por aquí. — Levanto sus hombros — Oye, el otro día hablando con Mercedes le comente que habías comenzado a trabajar en ese bar donde hemos visto el anuncio, y nos pareció buena idea ir a tomar algo para conocerlo. ¿Qué te parece?

— No va a ser posible, porque he renunciado.

— ¿De qué hablas? ¿Por qué?

— Es un lugar… demonios — suspiro leyendo una de las cartas

— ¿Qué sucede?

— Es el último aviso de pago, me lo ha mandado el banco.

— Rachel, sabes que te puedo prestar dinero solo tienes que decirme cuanto necesitas.

— No lo hare, tengo que poder pagar las cuentas. Intentare hacer más horas extras.

— Oye, prácticamente vives en esa cafetería, no puedes seguir así o morirás de estrés. ¿Qué hay con el bar? ¿Por qué has decidido dejarlo?

— Es complicado Kurt… por los horarios, ya sabes. — hablo dándole la espalda. Se sentía mal mintiéndole.

— Si es por los niños puedes dejarlos en mi casa, o yo venir aquí. Sabes que eso jamás fue un problema.

— Claro, te tendré de niñero de jueves a domingos. No es justo Kurt, tú tienes tus cosas y…

— Y nada — la interrumpió — Eres loca si no aceptas ese trabajo sabiendo que la paga es buena, Rachel. Solo acéptalo, lo necesitas.


— Es bueno volver a verla, señorita. — la morena solo hizo una mueca de ironía y se dispuso a ingresar en el bar. Era un día lunes como cualquiera, tras haber dejado a sus hijos en el colegio pensó cautelosamente si aquello que le había aconsejado Kurt, sin saber bien que pasaba en ese bar, era lo correcto. Brody no estaba a su lado, y el anillo que tenía en su dedo se lo vivía recordando. Debía pagar las cuentas, y no habían horas extras en aquella cafetería que le alcanzara para saldar la deuda. Era eso, o quedarse en la calle.

— Rachel… es bueno volver a verte.

— Hola Unique. ¿Crees que tienes unos minutos para mí?

— Por supuesto. Dime que necesitas. — se cruzo de brazos en medio del salón dando por hecho que a la conversación la tendrían allí mismo.

— Yo… creo que he sido un poco precipitada — Unique asintió con cara de triunfadora — Seré directa. No estoy de acuerdo con lo que sucede aquí, pero necesito el dinero. Crees… ¿Crees que puedo volver?

— Mira, te lo hare fácil. Podrás comenzar aquí cuando quieras, pero debes tener en claro que aquí el noventa por ciento de lo que se hace es legal. Tengo una lista de clientes a los cuales les gusta algo extra en sus tragos, y yo he puesto a disposición a mis chicas para eso. Si tu puedes convivir con ello, serás mas que bienvenida, de lo contrario cariño aquí no tienes nada que hacer.

— Lo entiendo a la perfección, pero pondré condiciones. — Unique levanto su ceja — Se que no estoy en derechos de pedir nada, pero no tendré sexo con ellos, mucho menos con mujeres.

— Claro que no. Solo ustedes deciden si lo quieren, de lo contrario les darán satisfacción de otra manera.

— ¿Cómo hare eso?

— Eres una mujer casada, creo que sabrás como hacerlo cariño. — Dirigió su mirada a las manos de la morena. — Puedes empezar los jueves o esta misma noche. Trabajamos todos los días, pero es decisión tuya que hacer. Una de nuestras chicas ha vuelto y no estamos a falta de personal.

— Entonces ¿Por qué me aceptas si tienes los puestos ocupados?

— Porque en ti veo algo que en las demás no, se que lo sabrás sobrellevar.

— ¿Podemos ser sinceras? — Unique asintió cruzándose de brazos — No… no estoy de acuerdo respecto a como manejan las cosas aquí — Rachel la detuvo con su mano para que la dejase continuar — Pero necesito dinero, de lo contrario me sacaran mi casa y no puedo permitir dejar a mis hijos sin hogar.

— No haré una comparación con otro tipos de trabajos, pero Rachel, aquí te cuidaremos. Tu tendrás que firmar un acuerdo de confidencialidad si quieres ser parte de nuestro equipo.

— ¿Cómo dices? — siguió a Unique hacia su despacho debajo del bar donde ella estaría.

— Toma asiento. — pidió entrando en la oficina, haciéndose de varios papeles en su poder — Como has podido ver, aquí se entrega un servicio extra, si quieres llamarlo así, y es bien retribuido. Cada cliente decide dejar propina según como se haya sentido, grandes cantidades de propinas, a cambio de placer y confidencialidad.

— ¿Por qué aquí y no en otro lugar? Sabes que, bueno, en la calle puedes buscar ese tipo de placer.

— Aquí viene gente de poder, gente del gobierno, de prestigiosas empresas y hasta personas de la ley. Ellos buscan algo que nosotras se lo damos con gusto en privado, a cambio de su protección.

— Pero… ¿Qué tal si alguien se filtra? ¿No pondría eso en peligro el bar? En la zona de aquí abajo entra cualquier persona. — pregunto leyendo su contrato.

— No, cariño. Nadie tiene acceso a la planta de arriba, solo los que están en una lista. — Rachel frunció su ceño — ¿has visto el decorado del piso superior?

— Me lo has mostrado. — respondió confusa

— Querida, arriba hay vidrios especiales logrando que desde aquí abajo no puedas ver qué sucede arriba. No tenemos cámaras, solo en los accesos ocultos. Para gente común, allí es zona vip, para los clientes su zona de confort y seguridad.

— ¿Quiénes usan los accesos ocultos?

— Las personas con poder que necesitan el anonimato.

— Pero… ¿Qué hay con las personas que se encuentran en la misma zona que esa persona? De nada sirve… — Unique la interrumpe

— Si cae uno, caen todos. No creo que les beneficie abrir la boca.

Rachel suspiro sosteniendo el contrato entre sus manos. Ahora su realidad había cambiado, ahora sabia todo lo que necesitaba saber para aceptar o declinar el trabajo siendo consciente de lo que allí se hacía.

— ¿Cómo sabes que no soy una policía o alguna persona encubierta? O ¿Qué no saldré de aquí y los denunciare?

Unique sonrió — Cariño, no tienes aspecto de policía, créeme que puedo olerlos. Tu solo tienes pinta de madre, bien vestida y con buen aspecto, refinada. — bordeo el escritorio sentándose a un lado de la morena sobre el — Puedes ir a denunciarnos, pero has estado una noche aquí, ya estás tan fastidiada como nosotras. Si lo haces, te conviertes en cómplice por guardar el secreto tantos días, y ahora estar aquí hablando conmigo sosteniendo un contrato en tus manos. — Apunto con sus ojos hacia una esquina de su oficina — Aquí si tengo cámaras. Tú decides… — dejo dos palmadas en el hombro de Rachel y volvió a su lugar.

— Solo una pregunta más…

— Dime, si puedo responderla lo haré con gusto.

— Somos cuatro mujeres…

— Cinco. Julia ha vuelto.

Rachel frunció su ceño tras oír su nombre — Claro, cinco. ¿Qué tal si una de nosotras coincidimos en…? ya sabes. Solo hay un sitio, y es nuestra zona para prepararnos o tomar un descanso.

— Si decides firmar y unirte a nosotras, te mostrare las instalaciones como corresponde.

— Pensé que…

— Esa fue tu noche de prueba. Santana supo advertirme sobre ti, pero yo sabía que volverías. ¿Qué dices? ¿Aceptas o no te volveré a ver por aquí?

Sin perder tiempo y decidida en hacer lo que este a su alcance para mejorar su situación económica, coloco en color negro una gran R acompañada por un Berry en letra cursiva. Suspiro viendo su firma en aquel documento, que de ahora en mas, la ataba a una vida doble, paralela a la que vivía en su casa junto a sus seres queridos.

— Has tomado la decisión correcta, cariño. Eres madre, y cualquier sacrificio, no importa el medio, es justificado si su fin es ayudar a tus hijos y a ti misma. — Rachel asintió sin emitir palabra haciendo entrega del documento — ¿Quieres ver las instalaciones?

— Si.

— Muy bien, acompáñame. Te mostrare solo donde estarás tu, es lo único que te ha faltado conocer, pero por seguridad no lo he hecho antes y entenderás el porqué.

— Por supuesto. — Murmuro siguiendo los pasos de Unique hacia la planta superior — ¿Qué días tendré que venir aquí?

— ¿Qué días puedes?

— Bueno, he dejado mi antiguo trabajo. Es decir, sigo asistiendo por las mañanas, pensando que aquí trabajaría las noches de los jueves a domingos. Pero… vendré los días que tú me digas.

— Puedes venir todas las noches, eso lo deciden ustedes. Pero deben de crear una agenda cumpliendo sus noches aquí, no puedo arriesgarme en una noche a que solo asistan dos de ustedes, mas allá de los servicios adicionales, es un bar y hay noches que solo servirás tragos o escucharas sus raras historias de borrachos sentados en la barra. — Rachel escucho atentamente mientras recorría el lugar que ya había conocido con anterioridad. Una mujer permanecía parada detrás de la barra junto con un libro anotando cosas en el.

— Eso quiere decir, que no todas las noches tendré que…

— No. Por lo general las personas que acceden a ese tipo de gustos vienen días específicos. Con el correr de las noches, seguramente te harás de una lista exclusiva de clientes que solo querrán estar contigo. — Rachel asintió y miro de reojo a la mujer que la observaba impaciente dejando de lado sus actividades. — Aquí estarás tú.

La morena frunció su ceño, allí solo había un enorme telón azul profundo, como el que había visto noches atrás cubriendo la zona donde Brittany había bailado. Unique, sin perder su tiempo, corrió lo necesario para dejar entrever una puerta detrás de él.

— Entiendo si esto te impacta. Espero que con el correr de las noches logres encontrar tu lugar y comodidad aquí. Solo tu tendrás acceso a esta habitación. — Unique abrió la puerta y Rachel pudo corroborar lo que allí dentro había. Las paredes se pintaban de un color vino profundo, acompañado por sillones de cuero color negro, una pequeña barra como la que había en la sala de empleadas. Una cama de dos plazas ubicada entre la zona de sillones y la barra, y por ultimo una puerta indicando el cuarto de baño. Allí todo era lujoso, podía afirma que definitivamente acudían personas con gran poder económico, convirtiendo aquel lugar en algo más que una casa de favores sexuales. — ¿Te encuentras bien?

Rachel asintió — Se que he firmado un contrato, pero de ninguna forma accede a estar en privado con mujeres, y espero que se me respete eso.

— Por supuesto, solo ustedes deciden con quien acceder aquí y qué hacer. Ellos harán la propuesta, y ustedes verán si aceptan o no. Si tú no lo aceptas, habrá otras tres chicas que si lo harán. Santana esta aquí al lado… — cerró la puerta correspondiente a Rachel, y señalo la puerta continua. — Este telón nunca se abrirá dejando expuesta las puertas. Tú accederás por la sala en común que tiene, para que te prepares allí, y un pasillo te conducirá hacia tu puerta, donde el cliente ya te estará esperando allí.

Wow.

Fue lo primero que pensó la morena. En aquel lugar todo estaba previamente organizado, buscando la satisfacción de sus clientes, pero al mismo tiempo cuidando la persona de ambas personas involucradas en la situación.

— Dime, ¿Qué días podrás estar aquí?

— Los que tú me asignes. Sabes que vivo en Lima, tengo media hora de viaje, necesitare saber para organizar con quien dejar a mis hijos ya que estaré aquí toda la noche.

— Muy bien. ¿Qué te parece si empiezas el Viernes? — La morena asintió — De Viernes a Domingos son los días donde más clientes concurren. Pero si tú necesitas aumenta tu capital, cosa que dudo luego que comiences con esto, podrás venir los primeros días de la semana atender el restaurante de abajo. Allí solo atenderás las mesas, o la barra. No más que eso.

— De acuerdo. Comenzare el viernes, según como marche todo te diré si vendré los días que me has propuesto.

— Claro, cariño. No hay apuro para eso. Ahora ven que quiero presentarte a una de las mujeres con más poder entre ustedes. Si tienes algún problema y no me encuentras cerca, podrás acudir a ella. Es la que manejara las situaciones aquí arriba.

Unique avanzo hacia la barra provocando una leve y mala intuición en la morena. Suspiro y camino para reunirse con ambas mujeres. Solo esperaba que algo bueno saliera de allí.

— Rachel, ella es Julia. Julia, saluda a la nueva chica. La nueva.

— Encantada de conocerte, Julia. — Rachel extendió su mano recibiendo de inmediato un apretón detrás de la barra.

— Bienvenida a bordo, Rachel. Ya tendremos tiempo de conocernos. — la morena asintió esbozando una timida sonrisa. Había algo en sus ojos que la confundían.

— Bueno, las dejare haciendo sociales. Debo hacer una llamada. Siéntete cómoda, cariño. Has tomado la decisión correcta. — Unique apretó uno de sus hombros y se marcho hacia el piso de inferior.

— Dime… — Julia rompió el silencio — ¿Qué te trae por aquí? No pareces el tipo de chica que frecuenta por estos lados. — pregunto con un tono de voz sarcástico.

— Solo necesito dinero, temas personales. — aclaro su garganta acomodando su bolso en el hombro.

— Claro, todas dicen lo mismo. — Rachel frunció su ceño. Aquellas palabras la habían molestado considerablemente.

— Unique me ha dicho que puedo acudir a ti si tengo alguna duda o problema — intento zanjear el mal momento.

— Así es. Me había marchado por un tiempo, pero decidí regresar. Una vez que entras te cuesta salir de aquí. Ustedes están bajo mi responsabilidad si Unique no se encuentra aquí.

La morena permaneció unos segundos en silencio rememorando porque su nombre se le hacía familiar. Julia, ella había sido nombrada su primer noche en el bar por Quinn, asociándola a una boda o una nueva vida.

— ¿Tu también… — señalo el lugar sin lograr hallar las palabras correctas para formular la pregunta.

— Comencé como tú, me hice de una buena lista de clientes, pero con el correr del tiempo conocí a un pez gordo. — Dijo cerrando el libro donde contabilizaba las cuentas del bar, o eso pudo observar la morena — Solo estoy con esa persona cuando acude a este lugar. El resto de las noches me encargo de que los ingresos sean bien contabilizados y de que ustedes trabajen como corresponde.

— ¿Unique permite que solo estés con ese cliente?

— Aquí Unique es solo la figura pública de todo esto, ella solo recibe indicaciones del dueño de todo este circo.

¿Unique no es la dueña del bar? ¿Por qué expondría su vida a un negocio como este? ¿Qué sentido tenía arriesgar todo por alguien más?

— N-no sabía que… pensé que Unique era la dueña.

— No lo es. —Salió detrás de la barra tomando sus pertenencias — Quizás tengas más suerte que las demás y logres atrapar tu propio pez gordo aquí dentro. No dudo que lo harás antes de tiempo, teniendo en cuenta tu aspecto y presencia.

— ¿Cómo es posible que solo vivas de propinas?

Sonrió burlándose por su pregunta — Créeme que se puede.

— ¿Quién es? — Pregunto viendo como Julia se alejaba de ella — Es decir… No quiero tomar un cliente que pertenezca a sus listas personales.

— Tranquila, esa persona solo está conmigo. — Dijo colocándose la campera — Su nombre es Fabray… Quinn Fabray.


Perdon por demorar, ultimamente fanfic no funciona muy bien y no permite actualizar, por lo menos a mi.

Glee y sus personajes no me pertenecen.