Capitulo Siete

Santana parece sonreírme genuinamente. Se preguntaran porque presencio algo como aquello, un gran acontecimiento para la humanidad, al menos para mí, que Santana sonría y en mi dirección.

Verán, hoy es jueves alrededor de las seis de la tarde y ellas, Santana y Brittany, han decidido pasar por la confitería donde me encuentro trabajando para tomar su merienda antes de marcharse a cumplir horario en Bora Bora.

Naturalmente, yo soy la que atiende la zona de mesas. El encuentro ha sido agradable, sin conocer a Brittany logro ver que es una gran persona y que no ha perdido su inocencia a pesar de estar metida en un lugar como aquel. Ella logra sacar lo mejor de Santana, y tal vez, la idea de que estén juntas ya no comienza a molestarme.

Les he traído su pedido y hemos bromeado gran parte del tiempo. Ahora mismo me han pedido la cuenta y me he quedado más tiempo del debido conversando con ellas, comentándoles que mañana por la noche comenzaría mi noche en el bar. Para mi suerte Julia no estaría allí. Ella solo va cuando Quinn lo necesita, o en algunos casos Unique, dejando sus días laborales como jueves y sábados.

La sonrisa de Santana vuelve a impresionarme.

— Entonces, dices que ha venido aquí a tomar una taza de café y te ha dejado cien dólares de propina — asiento avergonzada — ¿Qué hacia aquí? — solo atino a levantar mis hombros, aun no sé si quiera porque le he comentado esto a ellas.

— Solo me ha dicho que ha venido a tomar un café y que yo no era la única que atendía aquí.

— ¿Crees en las coincidencias o destino? — me pregunta Brittany

— Nena, no creo que esto sea una coincidencia, y si lo llegara a ser es una de las enormes. Rachel, ¿qué tal si vino aquí solo para verte? — Mi corazón quiere dar dos latidos a la vez acelerándose ante la situación imaginada, me remuevo en mi sitio. La realidad es que ella solo fue por un café, me lo ha dejado claro.

— No lo creo. Quizás justo estaba de paso por aquí, tal vez vive por aquí y le ha apetecido una taza caliente de café. — murmuro convenciéndome de aquella versión.

— Ella no vive aquí, sino en Indianapolis. Pero también tiene casa en New Haven. — dijo Brittany con total liviandad

— ¿Cómo sabes eso?

— Ella se tira a Charlie, el hermano de Quinn. — veo como Brittany asiente como si aquello fuese un orgullo.

— El vive en New Haven, en casa de Quinn.

— Pero esta a más de una hora de aquí, me parece estúpido que haya estado cerca si no vive aquí.

— Entonces, si crees que hay sido una coincidencia buscada ¿no? — afirma Santana dejándome hundida en una nube de confusión, de preguntas sin respuesta clara. Ella misma me ha dejado en claro que mi presencia le molestaba.

— La soltera más rica, inalcanzable y deseable del estado de Indiana y, podría decir que de Estados Unidos entero, ha venido a tomar un "café" — Santana imito las comillas — Aquí, donde tu trabajas, y te ha dejado un billete de cien dólares sin que tú la hayas atendido. Yo no te dejare tanta propina, si eso resuelve un poco tu enigma mental.

— Eh…

— ¡Rach! Le gustas. No hay lugar a dudas — el tono de Brittany es chillón, rozando lo feliz.

— Ella… no me quiere cerca. — Pero me doy cuenta que a medida que digo las palabras nada de eso es cierto. Ella ha pedido pasar la noche conmigo en mi primer día de trabajo, aun sabiendo que era nueva, y que estaría en mi noche de prueba. Tiene carácter. Una voz en mi cabeza me susurra ¿Qué tal si Santana tiene razón?. Mi piel se eriza ante aquella idea de que quizás, tal vez esté detrás de mí. La formalidad martillea mi cabeza advirtiéndome que es una mujer, que iría en contra de mis principios. Pero por dentro mi me balanceo de placer, pavoneándome orgullosa de que tal vez yo podría gustarle a otra mujer, y no una cualquiera.

Santana me saca de mis cavilaciones.

— Hmm… ¿Qué hay de tu marido? — un balde de agua fría cae sobre mi cuerpo apartando todos los pensamientos a un lado.

— ¿Qué dices? — balbuceo

— ¿Está de acuerdo con tu nuevo trabajo?

— El… — ¿Qué se supone que debo responder? ¿La verdad? ¿Inventar una excusa?

— No sabe nada. — completa Brittany y lo agradezco — No te preocupes, Keira está pasando por lo mismo con su novio.

— Lamento interrumpir aquí. Hola señoritas — saluda Katy — Rach, hay algunas mesas que necesitan atención.

— Oh, claro — Gracias a Dios — Vuelvan pronto muchachas, nos vemos mañana en la noche.

— Nos vemos Berry, y ten cuidado. — Me advierte Santana resultándome extraña su actitud. ¿Qué sabe exactamente?

Atiendo las mesas con rapidez y me refugio detrás de la barra esperando paciente que las horas pasen para retirarme a casa y descansar físicamente, aunque mentalmente, seré un completo desastre cuando converse con mi almohada.

— ¿Cómo es posible que conozcas a esas preciosuras? — La voz de Christian me atropella sacándome de mi burbuja. No me percate que allí, sentado en la barra, el descansaba con una porción de tarta.

— Una de ellas fue compañera en el instituto. — me encojo de hombros, tratando de sonar normal quitándole importancia.

— Wow. Menuda compañeras — fanfarronea Christian asombrado. Sacude su cabeza como si estuviese negando — De todos modos, he venido por algo más interesante que tus amigas. ¿Qué te parece si hoy hacemos algo? — Frunzo mi ceño — Tal vez solo un trago o un paseo por ahí. Quiero saber que es de tu vida.

No es la primera vez que Christian Bale me invita a salir, pero siempre es la misma respuesta, no. Es algo que hago por acto reflejo. Nunca me he planteado siquiera la idea de tener una cita con el hermano de mi amiga y el mejor amigo de mi esposo. Seguramente es un buen partido, pero jugamos en ligas diferentes. ¿Y qué hay de Quinn? La pequeña Barbra en mi interior levanta su ceja y yo le pongo la mano en la boca shockeada para que se calle ¿De dónde ha venido eso?

— Katy me ha dicho que tienes una cena con tu familia.

— Se ha pasado para mañana al mediodía.

— Tal vez en otro momento ¿de acuerdo? Tengo que cuidar de mis hijos esta noche y preparar todas sus cosas ya que mañana es el último día de clases y luego se irán a una colonia.

— Insistiré hasta que logre sacarte un sí, Rachel. — dice sonriéndome antes de darle una mordida a su porción de tarta. Yo solo agacho mi mirada hacia mi delantal y siento como una mirada ajena a nosotros se posa en mí. Esto tiene que ser una broma.

Camino hacia las mesas, no sin antes disculparme con Christian y recibir una broma más de su parte, y pongo mi mejor cara para enfrentar aquello.

— Señorita Berry, nos volvemos a encontrar — Quinn me saluda con su tono sarcástico sonriendo de lado. Ella… en realidad es bastante… wow. Trago saliva sintiéndome una novata en mi trabajo, siendo insegura sobre que hacer luego.

— Quinn… — escucho un "no no" seguido de su dedo moviéndose en forma de negación.

— No me tutee por favor. — frunzo mi ceño confundida. Tú has sido la que insistió en nada de formalidades. Demonios.

— Señorita Fabray — tenso mi mandíbula perdiendo por completo mi paciencia — ¿Qué desea pedir?

— Solo café.

— Muy bien. — asiento y me retiro rápidamente. ¿Solo un café? Vive a más de 200km de aquí y pide solo un café. Por dentro armo un berrinche perdiendo la cordura completamente, pero no puedo hacerlo al tener los ojos de Chris clavados en mí. Le sonrió y por milésimas de segundos la idea de tomar algo con el no me resulta tan descabellado. Tal vez, podría ponerle algo al café, pero iría contra mi ética. La detesto.

— Aquí tiene su café, señorita Fabray. — solo asiente con su mirada clava en su móvil, como la vez que vino por primera vez. ¿Qué tiene tan importante allí? Sin más volví a la barra y seguí mi conversación con Christian y por momentos se nos unía Katy.

No puse en mi cabeza hacerlo a propósito, ni siquiera fui consciente del volumen de mi risa hasta que ella volteo a ver hacia la barra, donde estaba disfrutando la poca aglomeración de clientes en la tarde.

— Creo que la rubia quiere que le lleves la cuenta… oye — me detuvo — ¿Esa no es la que te ha dejado cien dólares?

— ¿Cien dólares? — pregunto asombrado Christian girándose en su asiento para ver quién era la dichosa persona. Quinn solo se limito a mantenerle la vista levantando su particular ceja. — ¿Estas de broma cierto?

— ¿Por qué? — pregunta Katy entrometiéndose

— Esa tipa la ha tratado mal en el bar donde ha ido a trabajar. Es una imbécil.

— Hey, no hables así de ella — le advierto apuntándolo con mi dedo, sin saber porque lo hago o porque la defiendo.

— ¿La defiendes? Después de lo que te ha hecho.

— Ya déjame en paz. — me aleje de ellos dirigiéndome hacia la mesa que ocupaba Quinn con mi rostro tenso, visiblemente molesta por la actitud que acababa de tener Christian.

— ¿Cuánto es?

— Corre por mi cuenta — quita su mirada del móvil para dirigirla hacia mi — Es por el mal rato que le he hecho pasar el baño. Solo tómelo como una disculpa.

— Pero…

— Que termine bien su día, señorita Fabray. — sin más me alejo de su mesa llevándole la cuenta a dos clientes más.

Al pasar por su lado veo que guarda sus pertenencias en los bolsillos de su saco de gabardina azul y camina detrás de mí deteniéndose a la derecha de Christian.

— Buenas tardes — saluda en general mientras apoya sus gafas Rayban color negro sobre la barra.

Santa mierda… ¿Qué hace? ¿Qué quiere? Me detengo dejando algunas tasas sobre el mostrador para que el cocinero se encargue de ellas y vuelvo a girarme para enfrentar su mirada verde.

— Buenas tardes — saluda amablemente Katy y lo agradezco ya que Christian solo se limita a observarla con su semblante serio.

— Me preguntaba si tiene algo que hacer ahora mismo, señorita Berry.

Mi corazón escala hacia mi boca. ¿Se supone que eso es una invitación?

— Estoy en horario de trabajo ahora mismo.

— ¿Para cuanto más tiene? — pregunta enfocando su mirada y atención completamente en mi. Ni siquiera se inmuta por la cara y gesto que hace Christian y la cara de sorprendida que planta Katy.

— Una hora.

— No creo que a su compañera le moleste cubrirla ¿cierto? — Dirige su ojos hacia mi amiga — ¿cree que podrá hacernos ese favor? — giro mi rostro para observar como Katy solo se limita a balbucear asintiendo nerviosamente. ¿Acaso provoca eso en todos?

— Perfecto ¿Qué dice?¿Me acompañara?

— Eso no va a ser posible — se adelanta a responder Christian — Ella no debe dejar su puesto de trabajo.

— ¿Es usted el dueño de esta cafetería? — levanta su ceja sin mirarlo, su vista aun sigue clavada en mi.

— Eso a ti no te interesa — percibo el tono molesto por ser ignorado de esa manera — Pero al dueño no le hará gracia, Rachel.

— Eh… — no sé qué decir.

— Déjeme solucionarlo. — vemos como se aleja de nosotros y se acerca al dueño iniciando una conversación donde mi persona es el centro de atención debido a las miradas que lanzan hacia aquí.

— Estas demente si aceptas marcharte con esa imbécil, Rachel.

— Ya deja de llamarla así, Christian.

— ¿Estás loca? No dejare que te vayas con ella.

— ¿Acaso te oyes? Tú no eres quien para decirme que hacer.

— ¿Y Brody? ¿Qué pensara Brody? ¿Lo tienes en cuenta a él?

— Brody se marcho. El me ha abandonado, ¡Maldita sea! — estallo sin control e innecesariamente, provocando que más de un cliente me oyera, y eso incluye a Quinn que ya estaba de regreso.

— Todo está solucionado. ¿Viene, señorita Berry? — Quinn sonríe como si fuera un hecho.

Frunzo el ceño. — Umm… señorita Fabray, no… no creo que sea conveniente — le doy una breve mirada al dueño del lugar dejándome en claro que podía retirarme de aquí.

— ¿Quiere que acepte su disculpa? — Asiento frunciendo mi ceño — No le quedara otra alternativa que aceptar mi invitación. Por favor.

¿Me ha pedido por favor? Eso tiene que estar pasando en universo paralelo. Asiento sin decir palabras de más y me dirijo hacia los cambiadores para quitarme este ridículo atuendo y colocarme mi ropa diaria.

— Rachel, no confió en ella — Katy entra desesperada en el pequeño cuarto.

— ¿Por qué? — pregunto abotonando mi vestido veraniego por la parte de adelante

— No puedes negar que hay algo en ella que no cierra — me advierte — Es imponente, a mi misma me ha dejado sin palabras, pero presiento que solo te meterá en problemas.

— ¿Problemas? ¿De qué hablas? — frunzo mi ceño haciendo un perfecto nudo al lazo que pasa por mi cintura.

— Ella te ha dejado dinero, mucho, de propina. Deja entrever que posee un gran capital económico y que está claramente interesada en ti, y teniendo en cuenta lo que ha contado Christian no creo que sea adecuado que te aventures detrás de ella.

— Katy solo me ha invitado a tomar algo, tal vez. Necesito hacer las paces con ella, después de todo la veré seguido en mi lugar de trabajo.

— ¿A ella? ¿Por qué? — Mis alertas comenzaron a sonar en mi cabeza — ¿Es alcohólica que se la pasa allí dentro?

— ¿Qué estupidez dices, Katy? Nada de eso.

— ¿Entonces? — frunce los labios buscando mis explicaciones.

— Entonces… me iré. Cuídate — dejo un beso en su mejilla y me largo de allí rápidamente.

Salgo del cuarto y me encuentro con Quinn esperando por mi junto a Christian que se ha anclado al asiento para ver con sus propios ojos cómo me marcho con ella.

— ¿Vamos? – pregunto sintiéndome avergonzada.

Ella me sonríe, la primera vez que lo hace sin contar la noche del bar. — Con gusto. Tengan buenas noches — saluda a Katy — Por aquí señorita Berry. — extiende su mano para que pase primero marcándome la salida de la cafetería como si fuese mi primera vez allí. Hago mi propio camino, con mis piernas temblorosas, mi estomago estrujado de los nervios y mi corazón latiendo en mi boca.

¿Qué se supone que debo decirle? ¿Debo esperar a que me hable? Mi mente que queda en blanco momentáneamente por la presión de la situación. ¿Qué vamos hacer? ¿Hacia dónde vamos? No sé nada de ella o de su vida.

— ¿Hace cuanto que trabaja aquí? — rompe el silencio marcando el camino hacia la derecha buscando seguramente su auto.

— Un año, es buen trabajo pero la paga no es muy favorable respecto a las horas que paso aquí dentro.

— Lo de la paga quedado claro, señorita Berry.

Claro que si, de lo contrario no pertenecería al staff del bar donde ella concurre jueves y sábados.
Se oyen los gritos de los niños que juegan en la plaza que hay frente al negocio. Mis hijos, miro mi reloj pulsera marcando a penas las siete. Bueno tengo una hora de margen hasta regresar a casa.

— ¿Sucede algo? — Niego con mi cabeza — ¿Su esposo la espera? — mis ojos se guían solos hasta los suyos y vuelvo a negar con mi cabeza. Mi mentón me tiembla.

Sin previo aviso, Quinn toma mi mano, apretándola con sus largos y esbeltos dedos. Siento la corriente corriendo a través de nuestros brazos impactando contra mi corazón, dando pequeñas descargas eléctricas.

— Lo siento, no quise hacer esa pregunta. — se disculpa para mi sorpresa volviéndome a sonreír. Por momentos, logra calmar mi angustia.

Aquí fuera esta templado. El sol brilla a pesar de la hora, marcando el atardecer y el tráfico congestionado teniendo en cuenta que la mayoría de la gente está de regreso a su casa. Llegamos a la esquina y nos detenemos a esperar que cambie la luz del semáforo para poder cruzar sin inconvenientes.

Ella todavía sigue sosteniendo mi mano.

Estoy en la calle, rodeada de persona y Quinn Fabray me está tomando de la mano.

Me siento mareada, con nervios al borde del colapso. Agarrada de la mano de una mujer. Sé que mi cuerpo comienza a transpirar y Quinn se percata de ello al sentir mi mano mojada, sin embargo la aprieta aun más.

Solo te está tomando la mano, Rachel.

La pequeña en mi interior intenta calmarme para que arme un alboroto de aquel pequeño gesto.

Nos detenemos a mitad de cuadra en una alegre heladería. Tiene que estar bromeando. Quinn me suelta y abre la puerta para que acceda al lugar.

— Le gusta el helado ¿cierto?

— Voy a pedirme un batido, si no es mucha molestia. — levanta sus cejas

— Para mi nada es molestia. ¿Segura que no quiere helado?

— No me apetece ahora mismo. — sonríe

— De acuerdo, serán dos entonces. — Pide los batidos y juntas esperamos en silencio a que el joven prepare nuestros pedidos — ¿desea sentarse aquí o mejor fuera?

— Aquí está bien — tras ver que había pocas personas y fuera del local podría verme alguien más.

Se muerde le labio mientras bate su bebida con el sorbete, la miro disimuladamente desde debajo de mis pestañas. ¿Cómo es posible que una mujer así este sola? No le gustan los hombres, me lo ha dejado en claro, pero… ¿ninguna mujer era suficiente para ella? Es alta, rubia, esbelta y la forma en que los pantalones se ajustan a sus piernas. ¡Detente ahí! El pensamiento me golpea la mente sonrojándome momentáneamente.

— Un dólar a cambio de un pensamiento suyo — su voz me toma por sorpresa. Vuelvo a sonrojarme aun más como si eso fuese posible. Oh, nada que no pueda decirte. Solo pensaba como tus pantalones se adhieren a tus perfectas piernas marcando tu trasero, y me preguntaba, sin ser atrevida, que se sentiría desvestirte. ¡Wow! Has ido demasiado lejos, Berry.

Niego con mi cabeza

— ¿Qué piensa, señorita Berry?

— Esto esta delicioso. — Murmuro en voz baja, nerviosa. ¿Qué tan loco puede ser todo? Mi marido me ha dejado hace una semana, he discutido a morir con esta mujer que ahora está sentada frente a mi provocando mis más atrevidos pensamientos nunca antes dirigidos hacia una mujer. Ella sabe que estoy ocultando algo.

— Pero… aun no lo ha probado. — me sonríe

— Pero la pinta es espectacular — sin más le doy un largo y lento sorbo intentando zanjear el tema.

— ¿Es su novio? — me trapico con el batido dejándome la garganta áspera.

Espera, ¡demonios! ¡¿QUÉ?!

— ¿Novio? No entiendo a que se refiere.

— Al muchacho que estaba en la barra de la confitería, el que la hacía reír. — me rio nerviosa por los nervios y por notar que a pesar de que no quitaba su vista del móvil, aprecio aquel momento.

— Claro que no. Estoy casada.

— Veo… pero parece que a él no le ha quedado claro eso.

— ¿Por qué dice eso?

— Por la forma en que se interpuso entre mi invitación y tu, tomando la decisión por ti. — Su mirada verde se penetra en mi mirada, quiero apartarla pero me es imposible.

— El es… el mejor amigo de mi esposo. — murmuro insegura.

Quinn asiente por mi respuesta aunque insatisfecha.

— ¿Quieres un poco de mi batido?

— No, gracias. — niego con mi cabeza — No me gusta compartir las cosas con otras personas.

— Eso suena algo… egoísta.

— No me mal entienda. No puedo tomar cosas de otra persona, así como no comparto mi vaso o… ya sabe. — ella asiente liberándome de mi desastrosa explicación.

— La veo… nerviosa. ¿Se siente bien? — me sonrojo nuevamente.

— Es solo que… su personalidad es avasallante. Me intimida un poco. — todo el aire abandona mi cuerpo tras mi confesión, pero por dentro festejo con mis brazos en alto por mi atrevimiento.

— Y lo bien que haces en sentirte así. — Asiente con la cabeza — Veras… me gusta tu honestidad. No bajes la mirada, sosténmela — me pide, avergonzada intento no pestañar — Solo los cobardes deben agachar la mirada, y no creo que tu pertenezcas a esa clase de persona. — Suspira — Para mí, eres una incógnita. Provocas mi curiosidad.

— No hay nada de otro mundo en mí.

— Pienso que eres muy reservada, y eso me atrae. Obviando el hecho cuando te ruborizas, cosa que al parecer te sucede seguido. ¿Eres vergonzosa?

Eso no está dentro de mis opciones.

— No. Para nada.

— Con más razón me gustaría saber el porqué de tu rubor.

— Has comenzado a tutearme.

— No me había dado cuenta, lo siento. — dijo sorprendida

— No. Está bien, después de todo usted ha sido la primera en pedir que nos tratásemos así.

— Eso es cierto.

— Eres… es — me corrijo — muy engreída — me sonríe

— Eso creo haberlo escuchado de usted con anterioridad.

— Lo es, además de prepotente.

— Me gusta que hagan las cosas que pido, y poder hacerlas a mi manera. En todos los aspectos, Rachel. — esto comienza a tornarse de mala manera. Comienzo a sentir una enorme antipatía hacia ella.

— ¿Qué hay sobre ti? ¿En qué trabaja?

Niega con su cabeza — Aun no hablaremos sobre eso. ¿Qué hay de tu familia?

— Tengo dos hijos — me propongo ahuyentarla pero sin embargo ella solo me sonríe asintiendo — Estoy casada.

— Eso lo se. ¿Qué hay de tus padres?

— ¿Por qué quiere saber eso? — Levanta sus hombros bebiendo de su batido dándome a entender que espera mi respuesta — Mi madre vive en Lima, se encarga de una peluquería.

— ¿Y tu padre? — tenso mi mandíbula

— Se ha muerto.

— Oh… yo, lo siento. — Niego con mi cabeza — ¿De qué ha muerto?

— Se ha marchado de mi casa, dejando a mi madre y a mi sola siendo a penas una pequeña. Si quieres puedes darle la muerte que tu mente desee, por mi lado solo lo ha arrollado un camión con acoplado. — frunce su ceño

— Eres muy dura.

— Y tu muy metida. — nuestra rivalidad vuelve a aflorar. — Sera mejor que me vaya. Tengo cosas que hacer.

— ¿Tus hijos?

— Si. Mañana es su último día de clases y luego se marcharan por un mes y medio a una colonia de vacaciones. Debo dejarlo todo preparado.

— ¿Necesitas que te acerque hasta tu casa? — el formalismo lo dejo a un lado tras ver mi actitud molesta.

— No. Mi auto esta en el estacionamiento de la cafetería.

— Te acompaño.

— No es necesario. — digo tomando mi bolso

— Claro que lo es. No me lleves la contraria. — levanta su ceja y yo solo atino asentir.

Aturdida por su actitud y la mía frente a su autoritaria respuesta la seguí hasta las afueras de la heladería sin decir una sola palabra.

— ¿Siempre te vistes así? — frunzo mi ceño

— ¿Qué tiene de malo mi vestimenta? — vuelvo a protestar.

— Nada. Me parece conservadora. Me gusta.

— ¿Tienes novia? — la pregunta sale corriendo de mi boca. Dios Santo, ¿Qué he dicho?

— No, Rachel. Yo no tengo novias.

Oh… ¿Eh? ¿Qué significa eso? ¿no tiene novia oficialmente? O ¿No tiene novia para nada? ¿Y si tiene novio? Ella me ha dejado en claro que es lesbiana. Tiene que haber una explicación razonable para que una mujer así no tenga a su lado compañía.

Dios, mi mente en un completo caos. Necesito alejarme de ella para pensar con claridad. Tengo que hacerlo.

Acelero mis pasos casi tropezándome con la tira de mi bolso, adelantándome pasos demás hacia delante en el cruce peatonal.

— Demonios, Rachel. ¡Ten cuidado! — grita Quinn. ME toma del brazo y lo hace con tanta fuerza que mi piel se torna pálida y puedo sentir el enojo recorrer su cuerpo.

Me aparta rápidamente salvándome de los autos que pasan a toda velocidad por la calle. La gente a nuestro alrededor nos mira, asegurándose que nada nos ha pasado. Por mi parte, solo puedo sentir como su brazo derecho descansa en mi espalda, en la zona sobre mi trasero, acomodando su mano en mi moldeada cintura, acampando allí, aferrándose.

— Dime que estas bien, por favor. — me susurra golpeando su aliento a menta contra mi nariz, apretándome aun mas contra su cuerpo buscando con sus verdes ojos algún indicio de lastimadura en mi rostro. Su mano izquierda sube a mi rostro dejándola visible a mis ojos, pidiendo permiso para correrme parte del flequillo que se atreve a interponerse entre nuestras miradas. Lo aparta suavemente, y descubro como esta mirándome intensamente pidiendo a gritos que le sostenga la mirada, como lo ha pedido en la heladería. Siento un fuego en mi interior, mis ojos bajan hasta su rosada busca entreabierta buscando oxigeno inexistente entre nosotras. Por primera vez en veintiséis años quiero ser besada por una mujer.

Bésame Quinn… por favor.


Sorpresa! ... espero que el cap les guste. Nos leemos prontito.

Sus rw son bien recibidos, siempre!

Glee y sus personajes no me pertenecen.