Capitulo Ocho.


¡Bésame, por dios santo! Suplico con mi mirada, pero no logro ni quiero moverme de mi lugar. Se está muy bien entre sus brazos. Por alguna extraña razón estoy paralizada, completamente atrapada por ella. Desvio mi mirada nuevamente hacia su boca, buscando saciar mi necesidad y curiosidad, ella me devuelve la mirada, sus ojos se han vuelto de un verde oscuro intenso y brilloso. Respira con mas fuerza de que lo haría una persona común y corriente dejando en evidencia su nerviosismo, por mi parte mi boca no logra albergar oxigeno suficiente. Me ha dejado sin aliento.

Me tienes en tus brazos, por favor besame.

Cierra sus ojos y observo lo que quizás en unos segundos mi deseo se convierta en realidad, mi corazón corre desesperado hacia su boca. Suspira profundo y niega con su cabeza, como si tuviese el don de leer mentes y en este momento me estuviese respondiendo a mi petición.

— Rachel, no debes hacer esto. Tienes que estar lejos mío — me susurra apretando aun mas mi cuerpo. ¿Qué? ¿A qué se refiere con eso? Teniendo en cuenta nuestros roles ahora mismo, yo debería decidir si quiero o no estar cerca de ella. Frunzo mi ceño y niego con mi cabeza. — Solo voy a soltarte y dejarte ir. — dice suavemente.

Su voz ha disparado un corto de electricidad por mi cuerpo, aun no se si es por lo que paso con el auto que apenas estuvo por atropellarme, por su a proximidad o por su sentencia de dejarme ir. ¡No! No lo hagas, no te atrevas. Grita una voz en mi interior reflejándose en mi rostro perturbado y desafiante. Siento como su brazo se desliza por mi espalda y se posa en uno de mis brazos imitando el gesto de la otra. Ahora mi mente lo único que puede procesar es el hecho de haber querido ser besada por una mujer, que me expuse y me deje en total evidencia siendo rechazada por ella. He arruinado el poco avance que hemos tenido dejando en ridículo mis disculpas.

— Ya estoy bien — respiro tranquilizándome, dejando que mi voz al fin salga tras ver como observaba mis reacciones cuidadosamente — Gracias — murmuro ahogada por la humillación que acarrea mi cuerpo ¿Cómo pude mal entendido las señales? Tengo que hacerle caso y alejarme de ella.

— ¿Gracias? ¿Por qué? — frunce su ceño sin soltar mis brazos

— Por salvarme de mi catastrófica muerte.

— Ese imbécil ha pasado demasiado cerca de la acera. Me alegro haber estado junto a ti. ¿Quieres que nos sentemos en algún sitio hasta que puedas calmarte? — Me suelta quedando frente a mí con su espalda recta y su presencia impenetrable. No puedo evitar sentirme como una idiota frente a ella.

Niego con mi cabeza, mas sacando las ideas que hay dentro rondando que negando su propuesta. Tan solo quiero irme. Todas mis dudas alimentadas por las especulaciones, ahora erróneas, de Santana han alimentado una pequeña esperanza en mi que ha sido arrollada minutos atrás. ¿En que estaba pensando? Me regaño mentalmente. La pequeña voz dentro mío se burla de mis acciones. Me cruzo de brazos arropando mi cuerpo, me giro para seguir con mi camino y tomo la decisión de atreverme a cruzar tras ver el tipito verde indicándome que voy a estar sana y salva en mi acción. No corro, pero por mi rapidez estoy a un pelo de hacerlo teniendo en claro que Quinn está detrás mío pisando mis pasos. Frente a la cafetería nuevamente me volteo para hacerle frente pero enfocando mi mirada en la plaza repleta de niños que aun siguen en su actividad.

— Gracias por el batido y por aceptar mis disculpas.

— Rachel, yo… — detiene su frase captando mi atención al escuchar su voz, despegando mi mirada de los pequeños en las hamacas para mirarla detenidamente. Sus ojos verdes lucen melancólicos, rayando el límite de lo triste cuando se pasa la mano por la boca y parte de su nariz. La noto frustrada, indecisa y apenada. Al parecer todo su control sobre si misma se ha disipado.

— ¿Qué sucede, Quinn? — pregunto con irritación en mi voz al no recibir nada de su parte. Solo quiero irme de aquí, desaparecer y zanjar este mal trago que vivo. Tengo que acunar y curar mi herido orgullo que hoy ha sido pisoteado por esta mujer.

— Buena suerte mañana en la noche. — susurra

Dime que esto es una broma. Todo este silencio sin sentido ¿ha sido solo por eso? ¿Esto ha sido todo?

— Gracias. — no puedo evitar poner mis ojos en blanco. Me ha deseado suerte en mi primer día oficial acostándome con tipos desconocidos para mí — Adiós, Quinn. — Miro una vez más la plaza a un costado de nosotras y giro sobre mis talones buscando mi auto en el estacionamiento de la cafetería.

— ¡Hey! — escucho la voz de Katy saliendo del negocio deteniendo mi huida una vez más. — ¿Ya te marchas? — asiento en silencio — ¿Todo está bien aquí?

— Claro. — logro gesticular aun sin entender el porqué de su pregunta. Quizás mi silencio deje entrever que aquí la situación es algo tensa pero al girar mi rostro y ver el gesto serio de Quinn mis dudas se esfumaron. Claramente no lo estaba preguntando por mí.

— Rachel, aun sigues aquí.

— Si, pero ya me voy a casa. ¿Ustedes? — le respondo a Christian que ha salido detrás de Katy.

— Tenemos pensado ir a comer algún lugar ya que mi madre está bajo el cuidado de mi tía. Nos ha dado la noche libre. — comenta sus planes Katy. Christian y Quinn se baten a duelos de miradas a un costado de nosotras.

— ¿Te unes, Rach? — pregunta Chris

— No lo creo. Mis hijos están esperándome en casa.

— ¿Qué tal si les hacemos compañía? ¿Eh? — La verdad es que no estoy tan cansada como para no recibir invitados en casa. Después de todo, mis niños se irán mañana en la tarde dejándome por un mes y medio sola en casa. El hecho de tan solo pensar que toda la noche estaré dándole vueltas a este encuentro me produce escalofríos.

— Ella ha dicho que estará ocupada con sus hijos. — la voz de Quinn en medio de esta conversación nos toma a los tres por sorpresa. A mí me ha dejado muda, a Katy sorprendida y a Christian… bueno el está hecho una furia.

— Nadie te ha preguntado a ti. — Quinn ríe por lo bajo sacudiendo aun mas el nido de avispas.

— Tranquilo. Pueden ir a casa si lo desean, pediremos pizza. A los niños les gustara verlos.

— Que no se diga más entonces. — dice Katy — Vamos — le da un golpe en el pecho a su hermano

— ¿Quieres que te lleve? — se ofrece Chris dejándome una caricia en mi brazo. Quinn gira su rostro despejando su vista de nosotros.

— No es necesario. He venido en auto.

— Bien. Nos vemos en unos minutos. — Sonríe y se aleja sin despedirse de Quinn. No pretendía que lo hiciera pero ha dejado mucho que desear con su actitud teniendo en cuenta que la mujer que está a mi lado ha saludado educadamente esta tarde sin hacer preferencia.

— Bueno creo…

— Cuídese, señorita Berry. — se aleja de mi sin más dejando sola bajo el caliente y oscuro concreto del estacionamiento. Me aferro a la tira de mi bolso mientras la veo marcharse por donde hemos venido. ¿Habrá traído auto?¿Que se supone que hace aquí? Me golpeo mentalmente, eso es más que obvio. Hoy es jueves, su noche con Julia la espera. Me muerdo el labio inferior, ilusa de mí que he esperado por su beso. Siento como mis ojos comienza aguarse, que idiota soy… estoy enojada conmigo misma por pretender este tipo de cosas con ella. Quiero desaparecer, volver el tiempo atrás. Cambiaria tantas cosas. Limpiando la lágrima con la palma de mi mano que se atreve a salir, suspiro y acomodo mi vestido. Esto es ridículo. No puedo estar así por algo que nunca he tenido ni tendré. Ella ha sido nada, fue nada y seguirá siendo nada.

Nunca había recibido un rechazo. Bueno… si Kurt estuviera escuchando mis pensamientos me diría que en mi época de Glee Club ha sido años consecutivos de rechazo. Pero mas allá de eso, cuando me he propuesto avanzar en el aspecto del amor, he sido bien aceptada por los hombres. Más allá de mi escasa estatura, he sabido sacarle provecho a las piernas que he heredado por parte de mi madre. Tal vez en los deportes también he sufrido el rechazo de ser elegida siendo una de las últimas opciones para formar equipos, pero el hecho de correr y hacer algo mas a la vez no es lo mío. Y Finn me ha dejado marcada de por vida al romperme la nariz con una de las pelotas jugando quemados.

Románticamente hablando, nunca he sufrido del rechazo como he dicho, y eso ha sido gracias a mi seguridad en mi misma y mi avasallante personalidad. En mis primeros años he rechazo a cualquier hombre que se ha interpuesto en mi camino hacia Broadway, Nueva York y los musicales, pero con el correr de los años cosas más importantes se han atravesado e interpuesto por encima de mis planes. Mis hijos, los mellizos. He tenido solo dos novios, oficialmente. Finn y Brody. Ambos desaparecidos de mi vista. El ultimo ya saben su historia, el primero ha decido unirse a la marina, no he vuelto a saber de él. Aun no me he atrevido a desenterrar el secreto que llevo guardado por nueve años. Tal vez lo que ahora necesito es un buen llanto y ahogar todo lo que vengo acarreando conmigo. ¡Detente ahí mismo! Mi mente me alerta gritándome eufóricamente, enojada. Me aferro al volante apoyando mi frente en el sollozando, con un pie golpeando el suelo del auto frustrada. Arranca el auto, ve a casa y continúa con tu vida. Tienes a tus hijos, olvídate de ella… ignórala ¡Ahora mismo!

Inhalo profundamente, enfoco mi mirada en el parabrisas, enciendo las luces del auto y lo pongo en marcha. Olvídala, Rachel. No volveré a pensar en ella de nuevo, puedo con esto. Soy una mujer madura que ha podido atravesar el abandono de su padre y ahora de su marido. Solo debo concentrarme en mis cosas.

Kurt está sentado en el sillón mirando uno de esos programas donde critican lo que se ponen las estrellas del cine. Su sonrisa burlona por lo que ve se desvanece al notar mi cara apareciendo en la sala.

— Rachel, ¿Qué sucede contigo?

No, no y no. No quiero pasar por el interrogatorio intenso de mi amigo gay. No es un insulto, pero ellos tienen su tacto con las mujeres más desarrollado que los hombres básico que solo piensan en pechos y culos.

— Has estado llorando — me ofrece lugar a su lado y agradezco el hecho de que mis hijos jueguen en su habitación y la visita aun no haya llegado. — ¿Ha sido Brody? ¿Ha aparecido? — gruñe molesto

— No, Kurt — niego con mi cabeza. Si tan solo fuesen lagrimas por Brody me echaría a dormir y mañana por la mañana el dolor seguiría pero dejándome continuar con mis actividades como ha pasado este último tiempo. Pero Quinn… ella estaría ahí, como lo está ahora en mi mente.

— Dime entonces porque has estado llorando. Eso es difícil en ti, cariño — me dice con su voz suave, sabiendo que así lograra hacerme sentir mejor y sacar información a la vez. Se siente recto en el borde del sillón dejando el control remoto en la mesa ratona luego de apagarlo, para girarse y observarme con sus preciosos ojos celestes. — Sabes que puedes confiar en mí — toma mi mano fuertemente y mi mentón vuelve a temblar sucumbiendo a sus encantos por hacerme hablar. Me aferro a su cuerpo odiándome a mi misma por sentirme tan débil pero el calor humano me reconforta.

— Hoy casi me atropella un auto — es lo único que puede formular mi mente intentando guiar la conversación hacia otro lado

— ¿Qué? — Chilla asustado — ¿Estás bien? ¿Te has lastimado? Déjame verte. — me despega de sus brazos y toma mi rostro entre sus manos cerciorándose que no tenga ningún rasguño.

— Estoy bien. Quinn me ha salvado. — susurro provocando su ceño fruncido

— ¿Quién? ¿Quinn? — Asiento — ¿Quién es ella?

— Es una mujer que he conocido en el bar.

— ¿Una mujer? ¿Por qué la has visto fuera del bar?

— Solo ha sido una coincidencia. — decido omitir varias cosas en mi relato, no estoy mintiendo, solo omitiendo.

— ¿Qué ha pasado?

— Me ha invitado un helado — sonrió de medio lado. Mujeres como nosotras comiendo helado rodeada de pequeños, ha sido un encuentro extraño. — Estuvo bien. No sé porque me lo pidió, o quizás sí.

— Explícate.

— Hemos tenido un mal entendido en el bar y sabes mi carácter. La he tratado mal sin opción a que ella se explicara. Esta tarde me la he encontrado y ha sido mi forma de pedirle disculpas.

— Aceptando una invitación de ella. — asiento. Escucharlo de la boca de alguien más me parece un tanto ridículo. — ¿Qué hay con ella? — levanto mis hombros

— No lo sé. Ya no voy a volver a verla — No se porque le he dado ese tipo de información a él teniendo en cuenta que sabe poco y nada de mi relación con Quinn, pero consigo decirlo como si aquello no me afectara.

— Quizás hay algo aquí que me estoy perdiendo.

Mierda. Me está escaneando nuevamente con su mirada color cielo intentando profundizar más allá de mis escuetas palabras. Me levanto del sillón quitando los rastros de lágrimas y me dirijo a la cocina para que no pueda notar mi nerviosismo. El timbre suena y Kurt se levanta como un resorte del sillo encaminándose hacia la entrada.

— ¡Hola, Kurt! Tanto tiempo — oído la voz de Katy y luego la de Christian. Como es de pensar, ellos se conocen gracias a Brody y a mí.

— ¿Ya ha llegado Rachel? Hemos traído pizza. — pregunta Chris.

— Genial. Ella está en la cocina, pasen.

— Hola morena — me saluda Katy entrando en la cocina — ¿Cómo sigues? — ella es mujer sabe que aquí hay algo extraño.

— Bien. Dame un segundo que iré asegurarme que los pequeños se laven las manos para unirse a nosotros.

— Te acompaño. — se une a mi encaminando sus pasos hacia las habitaciones sin darme tiempo de negarme. Por un lado agradezco su insistencia por no dejarme sola, pero por el otro solo deseo acostarme en medio de mis hijos en mi enorme cama y olvidar este día de una buena vez.

— ¡Tía Katy! — gritan los mellizos abandonando sus actividades.

— Haz venido — festeja Emma abrazándose a su cintura. Katy deja un beso en su cabeza.

— ¿Ha venido el tío Chris? — me pregunta ilusionado Charlie. Es evidente en sus ojos que la figura masculina le hace falta en su vida.

— Si, pequeño. Está en la sala con una caja enorme de pizza.

— ¿De pepperoni? — levanto mis hombros

— No lo sé, ve averiguar — Charlie sale corriendo con Emma detrás pisando sus pies — ¡No olviden lavarse las manos! — grito caminando hacia mi habitación para cambiarme la muda de ropa. Esta noche me apetece ponerme unos joggings sueltos con una liviana sudadera.

— ¿Qué ha pasado ahí afuera? — me pregunta Katy desde el marco de la puerta apoyando la mitad de su cuerpo en el.

— ¿A qué te refieres? — pregunto acomodando mi pelo en una ligera cola.

— Le gusta, Rachel. — suspira cruzándose de brazos.

— ¿A quién? — comienzo a colocarme los pantalones debajo del vestido nerviosa por su afirmación.

— ¿A quién? — ríe por lo bajo — Oh, vamos Rachel. No juegues conmigo al gato y al ratón. Sabes perfectamente que te hablo de la rubia generosa que acude a la confitería.

— Pues no le gusto. Y no volveré a verla. — repito el mismo discurso que minutos antes con Kurt. De hecho, si consigo repetírmelo varias veces seguramente acceda pronto a esa idea.

— ¿Hablas en serio?

— Si… ella está fuera de mi alcance. Somos de mundos diferentes. — digo tan secamente cómo es posible.

— Muy bien. Tomare eso como algo extraño y completamente nuevo en ti.

— ¿Qué quieres decir?

— ¿No es obvio?

— Pues, no lo es para mí Katherine. — me doy vuelta ya con mi vestimenta colocada y la enfrento introduciéndola completamente en mi habitación para cerrar la puerta.

— Teniendo en cuenta que ella es mujer, tú ni siquiera te has detenido a pensar en eso, o quizás lo has hecho, pero te tiene tan cautivada que has comenzado a replantearte tus gustos. Has olvidado que la semana pasada has repudiado casi bordeando el odio cuando esas amigas tuyas han caído a la confitería maldiciendo por lo bajo lo descaradas que eran al pavonearse juntas en público. Ahora, todo este mundo del que hablas, te parece normal. Dime, exactamente, ¿A qué tipo de mundos haces referencia? Porque yo no logro encontrarlo.

Me deja muda, literalmente con la boca cerrada. ¿Qué puedo contestar a eso? Nada. Trago saliva y repaso mentalmente las excusas que he puesto en el día de hoy. ¿Cómo Kurt ha podido soportar mi rechazo por la gente homosexual? ¿Qué hubiese pasado si le hubiera dado esa oportunidad a mi padre? Cierro mis ojos y suspiro, es lo único que he acertado hacer hoy correctamente.

— No te agobies. Ella tiene más dinero que tu, yo y eso está claro, si es que haces referencia a ese tipo de mundo. Pero ten por seguro, que tiene más dinero que los ladrones, y que la mayoría de las personas de este lado del continente.

— Katy… ella — niego con mi cabeza. Esa idea no cabe en mi cabeza, no aun.

— ¡Rach! Escucha… no tengo un radar incorporado en mi cuerpo ¿de acuerdo? Pero es evidente que esa mujer tiene otros intereses contigo, no lo sé si es así con todas las mujeres o si tu solo eres una sección aparte en su mundo de hombres.

— Es lesbiana. — murmuro

— ¿Entonces? ¿Cuál es el miedo? Eres hermosa, absolutamente encantadora. Solo mírate — me toma de los ojos y me voltea para reflejar mi figura en el espejo — Bueno, no es tu mejor versión ahora mismo — logra hacerme sonreír — Pero sin embargo sigues viéndote sexy.

— He entendido tu punto. — me muevo de mi lugar frente al espejo zanjando el tema de mi aspecto. El estar mirándome con esta pinta solo remarca que somos polos completamente opuestos y de mundos diferentes. Tengo una visión de mi misma como Psique pidiendo ser raptada por Eros para que me lleve hacia su palacio. Quinn me niega su identidad, pero deseo tanto que se presente en mis noches como lo hacía Eros con Psique que mi excusa de mundos diferentes no se hasta donde podre sostenerlo.

La noche ha pasado rápidamente. Luego de abandonar la habitación y las curiosidades de Katy nos unimos a la mesa donde ya todos nos esperaban sentados. He podido esquivar las miradas indagadoras de Kurt pero no me fue fácil librarme de la curiosidad de Christian, los Bale me la ponían difícil. Mis hijos se han portado de maravilla, Emma y Charlie no han discutido, cado uno se ha mantenido aferrado a los cuerpos de los hermanos Bale durante la cena.

El problema es ahora mismo, cuando estoy acostada intentando dormir, no queriendo pensar en lo que paso esta tarde sin darle rienda suelta a mi imaginación. Vuelvo a pensamiento y rechazo sobre la gente homosexual y me molesto por no haber podido pensarlo cuando estuve entre sus brazos suplicándole que me besara hasta descubrir cada rincón de mi boca. ¿Qué es lo que busco en ella? Me ha dejado en claro que no tiene novias, he visto con mis ojos que solo busca diversión nocturna y Julia me lo ha afirmado. Me pongo de costado dejando mi brazo debajo de la almohada. Tal vez sufre de filofobia. Miedo injustificado al amor o a enamorarse. Quizás ella solo elije relaciones imposibles donde nunca podría enamorarse. Estoy divagando demasiado en mis pensamientos, tal vez haya sufrido lo suficiente como para no querer volver a pasar por aquello, o ella solo se está reservando para una mujer y fin de la historia. Mujer que obviamente no soy yo. Mi mente me da el último golpe antes de marcharse a dormir.

Me remuevo en mi cama como una niña caprichosa, molesta e incordiosa. Esta de más decir que esta noche soñare con sus ojos verdes.


Saludo por última vez agitando mi mano descontrolada aguantándome el llanto momentáneo que quiere sucumbir en mi cuerpo. Mis hijos, mi pequeños bebes de mamá se marchan en su primer viaje solos hacia un campamento donde compartirán nuevas experiencias con otros niños. Quise negarme a la idea de tener que separarme de ellos también, pero Kurt y mi madre se han puesto en campaña para hacerme reaccionar a tiempo y meter en mi cabeza que ellos merecen despejarse de la asquerosa vida a la cual los estoy sometiendo. He puesto mi resistencia teniendo muy en cuenta que el próximo domingo es el cumpleaños y estarán fuera de casa. Pero mi madre y los tutores que estarán a cargo de ellos me han dejado en claro que podre asistir al campamento para organizarle la fiesta allí o simplemente pasar el día con ellos. Ni siquiera me lo planteo, es un hecho que estaré allí el próximo domingo, quizás el fin de semana entero sabiendo que no puedo darme ese tipo de lujos, pero sé que Unique sabrá comprenderlo. Es viernes y hoy me toca trabajar en el bar teniendo mi primera noche allí oficialmente, las manos me sudan de solo pensarlo. ¿Quién pedirá de mis servicios? Sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos, aun no es hora para preocuparme por ello.

Vuelvo a la confitería donde me han permitido ausentarme unos minutos para despedir a mis hijos en el establecimiento del colegio que no queda muy apartado de donde trabajo.

— Rachel — llega a mi lado una desesperada Katy — Hay un paquete esperando por ti en los cambiadores. — siento los tirones que me da mi compañera incitándome a que inicie mi trayecto hasta allí. ¿Un paquete? Eso es extraño. No he encargado nada por correo para que me llegue un paquete, mucho menos al sitio donde trabajo. Camino agarrada de la mano de Katy y una vez dentro me hace entrega del paquete que guardaba dentro de su locker. Es mediano forrado de un papel color marrón. Puedo ver en la tarjeta mi nombre con una exquisita caligrafía en letra manuscrita Rachel Barbra Berry. No tiene remitente o la dirección de donde me la han enviado, lo cual es imposible que haya venido desde muy lejos teniendo en cuenta las normas de los correos con los datos personales. La idea de Brody cerca dándome pistas para hallarlo me hela la sangre.

— Brody… — susurro casi inaudible para Katy que frunce su ceño esperando a que comience mi actividad para descubrir que hay dentro.

— ¡Ábrelo por el amor de dios! — me pide Katy perdiendo la cordura y paciencia mientras se dirige a la puerta para asegurarse que nadie nos interrumpa.

Abro el paquete y dentro encuentro una caja mediana de terciopelo color purpura. La saco de la caja teniéndola en mis temblorosas manos. Katy solo le brillan los ojos y asiente con su cabeza dándome el valor que abandono mi cuerpo para abrir el regalo.

Cuando se aproximan dos bocas consagradas por el amor,
es imposible que por encima de este beso inefable, no se produzca
un estremecimiento en el inmenso misterio de las estrellas.

¿Qué me has hecho?

Es imposible que mi mente no divague hasta encontrar su perfecto rostro a milímetros de mi boca. Qué ironía vivo pensando que podría olvidarla y desterrarla de mi vida sin más, pero ella se empecina a aferrarse a la mía. Tal vez no sea ironía… quizás es, aun no lo sé. Inspecciono el regalo que tengo entre mis manos tomando ambas cadenitas entre mis manos. Es oro blanco, ambas con un claro dije en forma de estrella. ¿Cómo sabe que me gustan las estrellas? Es precioso. Rápidamente me giro mostrándole ambos regalos a Katy quien no demora en abrir su boca y dar pequeños saltitos en su lugar entusiasmada y feliz por la sorpresa.

— Pónmela — le extiendo la cadenita que colgara de mi cuello.

— Oh, es un precioso gesto. Tiene una L grabada. ¿Quién es?

— ¿Cómo dices? — frunzo mi ceño bajando mi mirada hacia el dije una vez que Katy logro colocármelo. Le doy vuelta a la estrella y allí exactamente como anuncio mi amiga, hay una L escrita.

— Pensé que había sido Quinn. — solté algo desilusionada. — Quítamela — pido inmediatamente

— Espera… tal vez haya otra tarjeta con el nombre de quién te ha hecho semejante regalo.

Ambas buscamos en la caja más grande pero nada parecía querer darnos una pista. Katy leyó la nota quitando el papel dentro de la pequeña caja color purpura y pude ver como en su reverso la perfecta caligrafía seguía. Sin dudarlo le quite el papel de las manos y comencé a leer.

He podido observar cómo te gustan las estrellas.
Lindo tatuaje.

Lucy Quinn Fabray

Instintivamente rozo la pequeña estrella amarilla que descansa en una de mis muñecas. ¿Cómo ha podido percatarse de ese pequeño detalle?

— Es Quinn… — afirmo con una sonrisa en mi boca.

— No es momento de hablar sobre eso ahora, pero es evidente que está afectando tus días, así sea para bien o mal. Eso lo averiguaras en estos días.

Frunzo mi ceño ¿Afectando mis días? No, me niego a que piense de esa forma. Aun siento la sensación de sus brazos a mí alrededor y la maravillosa tranquilidad que me ha proporcionado con tan simple gesto. ¿Por qué me envió este presente? Ha sido clara al decirme que debía alejarme de ella.

— No sé si quiero averiguarlo. — sin más me marcho del cuarto con ambos presentes decorando mi cuerpo teniendo el placer de sentirla cerca.


Bueno creo que por esta semana ha sido suficiente con las actualizaciones.
Espero que les este gustando el rumbo de la historia. Nos leemos pronto!

Andrea, espero haber saciado un poco tus ganas de actualizaciones jajaja.

Glee y sus personajes no me pertenecen.