Aviso: Estuve haciendo fotos de ambas historias (motherhood + black list) y las estaré subiendo a un nuevo twitter que hice para estas cosas y para avisar cuando actualizo. Están invitados a pasarse y seguirnos mutuamente si así lo quieren.
/FaberryOk
Capitulo Nueve
Nuevamente por estos lados, por esta zona con el mismo objetivo desde un principio: saldar mi deuda. Estoy parada en la misma vereda donde observe por primera vez Bora Bora, solo estoy al otro lado de la calle, a unos segundos del lugar que cambiara mi vida al completo. La luz purpura ilumina el cartel con las letras indicando el lugar del sitio, y una fila que parece no terminar de jóvenes y no tan jóvenes esperando poder acceder a la planta de abajo a beber un trago o bailar hasta morir. Por un momento, pienso como se puede vivir dos vidas paralelas. Durante el día camarera de una cafetería, por la noche mujer de un desconocido. Madre al tiempo completo. Cierro mis ojos y suspiro, esto solo es temporal y acabara pronto, tan pronto como logre conseguir el dinero.
Cruzo tras mirar hacia ambos lados aferrándome a la tira de mi bolso que cuelga de mi hombro. Pienso que no será necesario mostrarle la tarjeta que me ha dado Santana nuevamente al gorila que espera en la puerta. Nos volvemos a ver, y está claro que con la mueca en sus labios que me regala, ninguno de los dos está muy contentos de volver a vernos.
— Buenas noches, señorita.
— Buenas noches. — asiento. ¿Y ahora qué? — ¿Tendré que volver a gritarte para que me dejes pasar o esta vez simplemente serás educado y dejaras que todo permanezca en paz?
Abre sus ojos y se sorprende por mi rudeza. ¿Quién pensara que en mi mediano tamaño alojo una fiera dispuesta a comerme entero a cualquier gorila? Pues así soy yo, no me dejare pisotear desde el comienzo.
— Usted ya no pertenece a la clientela. No debe acceder por aquí, pero si así lo desea la dejare pasar. — toma la cadena que impide el paso de todos nosotros y espera a que yo le de mi veredicto para proceder.
— ¿Por dónde entrare sino?
— Por su zona. — habla con obviedad, sin darse cuenta que otro detalle más se ha escapado de las manos de Unique. Silencio, bueno no del todo ya que algunas muchachas se quedan de mi presencia por demorar su entrada.
— ¿Dónde es?
— Rodeando el bar. En el callejón hay dos puertas. Usted debe acceder por la negra.
— Muy bien. Gracias. — Tal vez nuestro trato comience con el pie derecho de una vez, pero no me confiare aun.
Camino contra la dirección en la que todos esperan recibiendo miradas raras, desafiantes y algunas desinteresadas. Los hombres en su mundo hablando del último partido de su equipo, de su odioso jefe o de su conquista la noche anterior. Las mujeres criticando la ropa de la muchacha que se encuentra a pocos pasos de ellas en la fila, de chismes sobre una amiga de la amiga, o lo descarado que fue el chico que conoció al no volver a llamarla, por supuesto que las miradas que recibí con ceño fruncido ha sido de la platea popular de mujeres que a mis espaldas seguramente estarán comentando mi vestimenta. No he cambiado en absoluto, sigo con mi tapado negro cubriéndome hasta las rodillas con un vestido negro hasta la misma altura con mangas tres cuartos sin mostrar mucha piel.
El callejón por fin se muestra frente a mis ojos y pido permiso a un grupo de chicos recibiendo sonrisas y halagos. Solo espero que ninguno de ellos me siga tras verme adentrarme en este sitio. No es un mugroso callejón como aparece en las películas, todo está limpio, no hay basureros mucho menos ratas chillando por ahí. Al final puedo ver entre la oscuridad un portón negro con bastante presencia como para llamar mi atención. Solo hay un poco purpura sobre mi cabeza, colgando de la pared. Una puerta negra y a su lado a unos tres pasos otra color purpura, como no podía ser de otra manera. Tomo el pomo de la puerta con mi mano derecha y parece cerrado, pero inmediatamente se abre sola llevándome una nueva sorpresa. Otro gorila, pero de especie diferente al irritante de la puerta de entrada me recibe con su ceño fruncido.
— ¿Qué quieres?
— ¿Entrar? — frunzo mi ceño como si aquello fuese obvio. Muchos anabólicos le están afectando el cerebro.
— Contraseña.
— ¿De qué hablas? — Y con esas simples palabras recibo el segundo portazo en mi cara del mismo lugar. Mal educado. Golpeo incesantemente la puerta, desaforada, loca, histérica por su acción. — Vamos, abre. — golpeo mis puños seguidamente, como si fuese un juego contra reloj.
— No puedes entrar. — a penas puedo ver el perfil de su nariz.
— ¿Cómo que no? Debo entrar.
— Aquí todos dicen que deben entrar, pero no sin la palabra. Eso solo indica que no puedes estar en esta zona. Ve hacer la fila como los demás.
— Oye una cosa, Ralph — logro que abra un poco más la puerta al escucharme llamarlo así. No tiene idea que hago referencia a una película infantil — Tu debes dejarme pasar, de lo contrario… — mi voz furiosa es interrumpida brevemente.
— ¿Qué pasa aquí? — Santana se coloca detrás mío — Créeme que no querrás meterte con Rumpelstiltskin, Ben — Vaya, pero si la noche está protagonizada por películas infantiles.
— Ella no puede estar aquí. Debe hacer la fila.
— Ella no debe hacer nada, es parte del staff.
— ¿La nueva? — Santana asiento sonriendo. Si, la nueva. — Lo siento. Puede pasar, señorita…
— Berry. — respondo con voz firme aferrándome nuevamente a mi bolso.
— Muy bien. Que tengan buena noche. Nos vemos a la salida.
— Claro, hoy te toca a ti pagar el desayuno. — bromea Santana.
— Ni que lo digas. — nos cede el paso y mis ojos descubre el pasillo de me llevara a mi lugar durante las próximas noches. Aquí no hay nada extraño para un simple pasillo, pero el simple queda delegado. Las escaleras están cubiertas por una alfombra, ya se imaginaran el color. En la pared cuadros intercalados con camparas que marcan el recorrido del pasillo. Todo muy lujoso, pero ya nada me extraña aquí.
— Gacela.
— ¿Eh? — Santana me toma por sorpresa tras llegar al final de las escaleras. Ella va delante de mí, por supuesto. Yo aquí no conozco en absoluto.
— Esa es la palabra que debes decir de ahora en más cuando te la pidan. Recuerda que eres un rostro nuevo aquí.
— ¿Por qué todo es Gacela? — pregunto antes de atravesar una puerta, que sorpresivamente nos deja en la sala principal, donde nos cambiamos o descansamos. Ahora puedo entenderlo. Por donde he caminado, dejando puertas atrás es donde tendré que acceder, no he notado el telón.
— Averigua el significado por tu lado. No puedo explicarte todo, Berry. Hola muchachas. — saluda a Brittany, Keira y dos chicas más que en mi vida las había visto.
— Hola. — imito el buen gesto de Santana. Ha cambiado bastante en este último tiempo.
— Llegan a tiempo. Tengo un chisme recién salido del horno. — dice Keira.
— Cuenta, que no tenemos mucho tiempo. — responde Santana a mi lado. Ya nos hemos comenzado a vestir. Esta vez he decidido traer ropa de mi casa. Un vestido color crema con un escote generoso, pero sin rozar lo vulgar.
— He llegado una hora antes porque no tenía nada que hacer. Y tras entrar aquí, Julia entro a los pocos minutos hecha una furia.
Reconozco que al solo escuchar su nombre los vellos de mis brazos se erizaron.
— ¿Qué hay con eso? — pregunta mi compañera a mi lado, mirándome con su ceja levantada y esa sonrisa sabelotodo que guarda solo cuando tiene las de ganar o corre con ventaja. Ella sabe algo. Estoy segura.
— ¿Qué hay con eso? — repite Keira oyendo su voz más cerca. Santana susurra Buena elección. Me guiña un ojo y vuelve a la sala con su atuendo. Yo solo bajo mi mirada y observo mi vestido. ¿No será mucho? El espejo muestra una Rachel nueva, jamás vista. Atrevida, con fuego en los ojos pero con miedo a la vez. Lo aliso con ambas manos, suspiro y sigo los pasos de Santana.
— ¿Por qué han discutido? — llego con la historia ya empezada. Me he perdido el nuevo protagonista que se unió.
— Por haber venido en vano.
— Pero ella trabaja aquí esos días. Si no está, debe atender el bar de todos modos.
— Eso fue lo que le dijo.
— ¿Quién? — pregunte admirando mi osadía por meterme en su conversación. Aun no me llevaba muy bien con Keira.
— Unique. ¿Acaso no oyes? — prácticamente me ladro, y aun no se su motivo. No sé si es así de nacimiento, o solo por malos acontecimientos que le suceden durante el día. O solo por ser… la nueva.
— ¿Qué hace aquí hoy? — pregunta Santana y yo recibo el gesto de Brittany invitándome a que tome asiento a su lado con una enorme sonrisa. Prefiero eso a los malos tratos de la flacucha que relata la historia.
— Hoy si vendrá. — responde dando por hecho que todas entenderemos de quien habla.
— ¿Quién vendrá? ¿De quién hablan? — le susurro a Brittany temiendo por el par de morochas si me escuchan.
— Quinn. —trago saliva. ¿Hoy vendrá? ¿A qué? — Anoche no vino, lo cual ha cambiado el día al parecer. — sube sus hombros restándole importancia, pero el gesto que tiene para conmigo a continuación me saca de mi eje. Ella toma mi mano, le da un leve apretón y me sonríe. Ella también sabe algo que por razones que desconozco, yo estoy ignorando.
— ¿Quinn? — pregunto pero mi curiosidad se ve interrumpida por la puerta mostrando la figura de Julia. Se rostro permanece serio, no hay muecas de alegría o un simple buen estado de ánimo. Las cosas se han puesto malas realmente.
— Se acabo el recreo muchachitas, hay que ponerse a trabajar que el bar ya está lleno. — camina hacia la barra y toma del trago que se ha preparado Santana dejándome una palmada en su espalda. Santana solo le sonríe y asiente con su cabeza, como una especie de saludo. — Berry… — me llama y solo atino abrir mis ojos y asentir muda — Hoy estarás de mi lado. Unique me ha pedido que te ayude con las cosas que no comprendas.
— De acuerdo. — me paro de mi asiento seguida por Brittany.
— Evita meterte con ella. — susurra en mi oído quien estaba sentada a mi lado, dejándome un apretón en mi hombro para salir junto a las chicas.
— Andando. — habla Julia chasqueando sus dedos, apresurándome.
— Una cerveza.
— De inmediato. — respondo. La noche ha marchado bien. Todavía nadie se ha atrevido a pedirme una noche, y lo agradezco aunque para mi bolsillo no sea muy positivo. De todas formas aquí me pagan por atender el bar, el cliente es solo propina. La táctica sobre concentrarme solo en mi lado de la barra me funciona y estoy aliviada porque me siento a salvo. ¿De qué? Mejor dicho ¿De quién? De ella. Teniendo en cuenta las manecillas del reloj hace dos horas y media que está sentada junto a Charlie platicando con su grupo de amigos en los sillones frente a mí.
— ¿Cómo te llamas?
— Barbra. — le tiendo el ticket de su bebida y él me paga inmediatamente. — ¿Y tú? — me atrevo a conversar con él tras ver como los ojos de Quinn se posan en nosotros. Ni siquiera sé porque mi interior me empuja hacer esto.
— Brian. — responde dándole un largo sorbo a su cerveza. — Hoy es viernes. ¿Tienes planes al salir de aquí? — frunzo mi ceño. ¿A qué va todo eso?
— Marcharme a casa. Hoy he tenido un día lago y mañana sigue. — respondo limpiando el espacio donde preparamos los tragos debajo de la barra.
— Me imagino. Yo en unas horas debo marcharme hacia Los Ángeles por unos asuntos de trabajo.
— Pero si mañana es sábado.
— Lo sé — levanta sus hombros con una sonrisa de derrota — Pero debo ganarme la vida si quiero que mi esposa siga a mi lado.
— ¿Eres casado? — asiente y vuelve a beber de su cerveza. ¿Qué hace aquí?
— Llevamos dos años, pero parecieran veinte. Yo la amo, pero ella… no lo creo.
— ¿Por qué estas con ella entonces? — niega con su cabeza y siento pena por el aun sin conocerlo siendo un completo extraño para mí. — Sabes que no le hará mucha gracia que estés aquí ¿cierto?
— Eso lo tengo en claro, pero he venido con un amigo. El me ha traído y la verdad es que no se qué hago aquí. Estoy muy cansado. — se pasa su mano derecha por detrás de su cuello, dejando en claro su cansancio.
— ¿Sabes que lo pasa aquí? — me sonríe y asiente.
— No es la primera vez que vengo. Y nunca te he visto.
— Sí, soy la nueva. — sonrió al recordar todas las veces que me han llamado así.
— Eso ha quedado claro. — me devuelve la sonrisa. — Ya has… — me señala a mí y luego comienza a mover su dedo índice en círculo, haciendo referencia a nuestro alrededor.
Suspiro — Aun no. — Abre sus ojos y vuelve a tomar un trago.
— Si tú quieres… yo… bueno. No lo sé. — comienzo a reír y debo decir que mi risa no es un canto de ángeles, es más bien llamativa debido a mi potente voz. Acción que llama la atención de lo que nos rodea, incluyéndola a ella que puedo observarla por encima del hombre de Brian.
— ¿Realmente crees que podrás? Acabas de decirme que amas a tu esposa.
El niega con su cabeza. Después de todo quedan hombres buenos. — Pero tampoco quiero que tu noche sea un fracaso.
— No te preocupes por mí. Deberías de ir a descansar, con tu esposa antes de emprender viaje.
— Debería, pero ni siquiera sé si está en casa esperándome. — el silencio nos invade y yo observo el gesto del hombre que tengo frente mío. ¿Por qué una mujer desperdiciaría algo así? Debe tener sus defectos como cualquier ser humano, pero la ama y eso a veces es más que suficiente.
— Oye… — sube su cabeza conectando su mirada con la mía — Tengo una idea. Tu lograras relajarte y yo dejare en claro que no he fracasado en mi primer noche.
— Pero yo no quiero hacerlo… lo siento. — toma mi mano izquierda con la suya. Esta caliente, muy.
— No hablo de eso — niego con mi cabeza sin quitar mi mano de allí — Si aceptas puedo hacerte masajes y bueno… aquí afuera parecerá otra cosa.
— Pero no te dejaran hacer eso.
— Claro que sí. Nadie sabrá que solo son masajes. ¿Qué dices? — noto como duda y mira sobre su hombro buscando claramente a su amigo. — Si no te parece bien, no hay problema. Solo decía.
— Bueno… unos masajes me vendrían bien. ¿Crees que estas capacitada para tocar mi cuerpo? — ambos volvemos a reír
— Intentare estar a la altura.
— Entonces es un completo sí. — sonrió y palmeo su mano
— Has tomado la mejor decisión de esta noche.
— ¿Qué puerta es? — pregunta dándole el último sorbo a su cerveza levantándose del asiento.
— Puerta 3.
— Perfecto. — se acomoda el cuello de su camisa — Iré avisarle a mi amigo por si quiere irse y en unos minutos estaré golpeando tu puerta.
— Tranquilo, te estaré esperando. De lo contrario tienes la libertad de entrar y esperarme cómodo. Solo no develes nuestro secreto.
— Sera nuestro secreto. — me guiña un ojo y se aleja en dirección a sus amigos, quienes están sentados espaldas al grupo de Quinn.
Me muerdo el labio y sonrió nerviosa. Pensé que esto sería torturante, pero no todos aquí son como aparentan. La propina no será la misma seguramente, pero algo en mi me pide que lo ayude y le brinde mi tiempo para que se desahogue y escape unos minutos de su realidad.
— Me retirare. — le comunico a Julia que se encuentra sentada frente a la caja registradora.
— ¿Te tomaras un descanso? — niego con mi cabeza.
— Han pedido el trago Gacela.
— De acuerdo. Tienes una hora, hora y media como máximo. — Asiento. Aquello me parece poco pero teniendo en cuenta cómo funciona esto, no me puedo pasar la noche solo con un cliente. — Ve.
Me saca de mis pensamientos y solo me marcho de allí dándole un último vistazo al bar. Todo están en su mundo. Santana no está, en la barra solo se encuentra Brittany conversando con Charlie y Keira atendiendo a dos mujeres. La música fuerte como siempre, y unos ojos penetrando mi nuca. Sé que es ella, se que está esperando que la mire pero no sé si quiero hacerlo. Creo que no estoy preparada para recibir su mirada sobre moral y ética recordándome que estoy casada, como se lo ha dejado en claro a Christian en la confitería. Pero es más fuerte que yo y tras dar un barrido general con mis ojos al lugar se posan sobre ella. Tiene su gesto serio, desafiante. Quinn me mira con su semblante serio negando con su cabeza levemente, yo abro la boca pero la cierro rápidamente, de aquí no podría oírme pero frunzo mi ceño molesta. ¿Quién es ella para decirme que hacer y qué no? Doy unos pasos hacia atrás y ella demostrándomelo con acciones en su cuerpo se pone en alerta. No quiere que entre a la sala de descanso, no ahora que ve como Brian pasa por delante de ella regalándome una sonrisa y perdiéndose detrás del telón.
— ¿Necesitas algo? — la voz de Julia provoca que rompa mi conexión con Quinn.
— Si. — Asiento y vuelvo a mirarla. Ella se desprende de su trago y se levanta de un salto del sillón. Solo puedo sentir miedo y adrenalina correr por mi cuerpo. Por primera vez en mi vida, y me temo que no será la última, me siento una cobarde y tecleo rápidamente el código de 4 números en el pequeño aparato dándome el permiso para entrar. Quinn apresura sus pasos pero al parecer Julia tiene de las suyas para frenar su acción. Me da tiempo para tomar mi bolso y correr fuera de la sala, hacia el pasillo para perderme en dentro de mi espacio. El Pitido de la puerta vuelve a alertarme y su cabellera rubia me deja sin respiración. Como si fuésemos el gato y el ratón, abro la puerta y camino con ritmo apresurado hasta llegar a mi puerta. El camino se me hace eterno, como esos pasillos que soñamos y se hace infinito, clara muestra de inseguridad.
— Rachel… — mi nombre en su boca se siente bien. Me detengo helada por su tono utilizado. Giro mi cuello y la puerta mostrando el numero 3 está a mi lado. Solo tengo que tomar el pomo, abrir la puerta y entrar para empezar la nueva etapa en mi vida. Hago las dos primeras cosas sin dificultad pero tenerla a ella a mis espaldas es como si un ancla estuviese aferrada a mis tobillos imposibilitándome el hecho de avanzar con mi decisión. — No… — sentencia al mismo tiempo que doy mi primer paso hacia mi sala. Cierro mi puerta. Esto no me puede estar sucediendo.
— ¿Todo bien? — la preocupación invade el rostro de Brian que me espera sentado en el sillón de dos cuerpos.
— Si. Ven… por aquí — indico el camino hacia la cama con mi mano temblorosa. Solo daré un masaje, pero mis nervios no son por eso, sino por lo que deje en aquel pasillo.
— Me sacare la camisa si te parece bien.
— Tendrás que hacerlo si quieres recibir mis masajes. — suspiro intentando alejar todos los fantasmas. Solo será un masaje.
— ¿Segura te encuentras bien? — vuelve a preguntarme tomando posición boca abajo sobre la cama. Ha sido muy caballero al quitarse los zapatos de dejarlos a los pies de la silla, donde su camina descansa prolijamente colgada. ¿Acaso puede ser más perfecto?
— Todo está bien, ya deja de hacerte problema. — Respondo dirigiéndome a su lado con una crema que siempre llevo en mi bolso — Espero que no te moleste el olor, es una crema que siempre llevo conmigo.
— ¿Con olor? — Levanta su rostro de la almohada
— Tranquilo, pero tendrás que darte una ducha si no quieres llegar con olor a flores a tu casa. — le sonrió tranquilizándolo.
— Eso es un hecho. No creo que crea el cuento de haber estado trabajando en una floristería.
— Permiso… — digo antes de ubicarme a horcajadas sobre su parte baja de la espalda. — ¿Te molesta aquí? — Toco su cuello y recibo un gemido de dolor — Estas muy contracturado… deberías sentir estos nudos.
— ¿Tu podrás desatarlos?
— Hare lo posible, señor. — bromeo y él me lo permite. — Puedes dormir si así lo deseas. Yo te avisare cuando termine.
— Ni hace falta que lo digas, tus manos son muy suaves y delicadas, Barbra. Todo un placer.
— Entonces, no pierdas tu tiempo y hazlo.
Fueron las últimas palabras que cruzamos durante la hora que estuvo compartiendo conmigo. Reconozco que aquello me vino bastante bien. Ha sido un tiempo para mí misma también a pesar de estar con otra persona. Quinn. Aun me siento molesta con ella. Piensa que podrá ir detrás mío acosándome diciéndome que hacer, y caigo en la realidad de que su posesión desmesurada sobre pasa mis limites. ¿Qué puedo hacer? ¿Debo evitarla o solo amoldarme a la idea de tenerla merodeando siempre a mi alrededor? Soy una mujer adulta, con pensamientos propios y poder de decisión, por el amor de Dios… ¿Qué se supone que debo hacer con ella?
Dirijo mi mirada hacia la puerta que descansa a pasos nuestro. No creo que siga en el pasillo esperando por mi. Frunzo mi ceño ¿Cómo sabe la contraseña de nuestra sala? Ya es la segunda vez que interrumpe en nuestro espacio y la primera vez lo he paso por alto.
— Brian — murmuro sacándolo de su sueño — Ya es hora.
— ¿Ya? — balbucea y yo solo puedo reír.
— Al parecer te lo has pasado bien.
— Pero si solo han sido diez minutos. — dice desperezándose
— No lo creo. Ya se cumplió la hora y media, y no puedo quedarme más tiempo aquí contigo. No me lo permiten.
— Este bien… lo entiendo.
Sin más comienza a vestirse y yo acomodo un poco la cama y guardo las cremas en mi bolso. Son pasadas las cuatro y ya no veo la hora de irme a descansar. No se como lo hacen las demás, tal vez solo tienen este trabajo. En mi caso, no hay cuerpo que aguante atender mi casa, mis hijos, la confitería y luego venir aquí, sin tener en cuenta que aun debo regresar conduciendo hasta Lima.
— Esto es para ti. — la voz de Brian llega a mi lado tomándome por sorpresa haciéndome entrega de un sobre.
— ¿Qué es?
— Lo que has ganado por estos increíbles masajes. Sin dudas volveré por ellos. — sacude el sobre con su mano incitándome a que lo tome en mi poder.
— Solo si es nuestro secreto. — lo tomo dudosa
— No hace falta que lo digas. He encontrado mi mina de oro, sería un estúpido si lo contara.
— Codicioso.
— Todos lo somos, Barbra. — me guiña un ojo y se marcha dejándome a solas con sus palabras y el sobre. Todos lo somos viendo esta situación, no puedo oponerme a su pensamientos.
Abro el sobre y mis ojos se abren con él. ¿Cómo es posible? Esto es mucho dinero solo por un masaje. Aquí hay más de 1000 dólares. Una vez más el lado bueno de mi persona sale a flote rechazando esta cantidad de dinero. Tomo mi bolso y corro hacia la sala en común dejando mis cosas en mi locker. El sobre aun lo llevo en mi mano derecha pero logrando que se achique en mi palma para que los demás no vean que llevo algo. Salgo de la sala y con mi mirada busco desesperada la figura de Brian, pero su grupo de amigos no esta mucho menos él. Demonios… no puedo aceptar esto. Me siento sucia aun sin haber hecho nada malo.
— Rachel… — giro mi cabeza y busco la voz que me ha sacado de mi intensa búsqueda. — ¿Cómo te ha ido? — es Santana que está a mi lado bebiendo una botella de agua.
— Bien.
— ¿Te encuentras bien? — supongo que lo ha preguntado por mi mutismo. Solo asiento. — ¿Has terminado cierto?
— Si. Iré a guardar unas cosas y volveré.
— De acuerdo. Te espero aquí. Estaré en la caja.
No demoro mucho en avanzar hasta mi locker dejar el sobre dentro de mi bolso, tomar un vaso de agua y volver hacia el bar. No más de veinte minutos.
— ¿Te ha ido bien? — pregunto retomando mi puesto detrás de la barra
— He tenido mejores noches. ¿Qué hay de ti? ¿Ha sido generoso?
— Bastante. — no doy más información al respecto
— Eso indica que te has portado bien. Así se hace, Berry. — recibo un empujón en mi hombro. Si ella tan solo supiese…
— ¿Qué haces en la caja? ¿Qué hay de…
— Querida, me han dicho que te esperan en tu sala. — la voz de Unique me interrumpe
— ¿Cómo dices?
— Te esperan. Y no deberías de demorarte.
Sin más entra en la sala dejando la puerta un poco abierta indicándome que siga sus pasos.
— Hoy estas hecha una maquina, tigre. — bromea Santana pero a mí no me hace la mas mínima gracia. De solo pensar que esta vez no serán masajes se me revuelve el estomago. No podre estirar más el hecho de que estoy aquí por sexo a cambio de dinero.
— Unique… — digo cerrando la puerta detrás mío
— Rachel, ven. — Me llama desde los cambiadores. — Ponte esto. — me muestra un encaje de una sola pieza, como si fuese un bañador enterizo color negro.
— ¿Eh? — frunzo mi ceño sin comprender aun que sucede aquí.
— Póntelo. No sé cómo has ido atender al anterior cliente, pero algunos les gusta que juegues con tu vestimenta. Debes tenerlo en cuenta. Aquí encontraras varias cosas que ponerte o… quitarte. Ahora apresúrate.
Me deja a solas con la ropa interior que no tengo idea de dónde ha salido o quien la ha utilizado. Debo asegurarme que al menos este limpia. Intento llevármela hacia mi nariz pero una etiqueta colgando de ella interrumpe mi acción. Es nueva, completamente nueva. Mi boca se abre y cierra como pez en busca de oxigeno. Increíble. Me desnudo y pruebo si va con mi talle. Me calza a la perfección pero no podre salir así.
— Unique… no saldré solo con esto.
— No. Puedes ir con tu tapado negro si quieres.
Camino hacia mi locker y tomo mi saco logrando cubrir solo parte de mis piernas y un poco mis pechos.
— ¿Puedo saber quién es? — pregunto antes de abandonar la sala ya con medio cuerpo fuera.
— Fabray. Cuidado. — responde seriamente dejándome helada en mi lugar. Ella no se percata de mis nervios, mucho menos de lo que ese apellido produce en mi cuerpo. Abandona la sala y yo no puedo más que aferrarme a la puerta para no caer. Esto es todo. No ha esperando más tiempo, ella quiere tenerme en mi primera noche. Ilusa de mí al pensar que me vería como algo más que una mujer así. ¿Por qué haría eso?
Vuelvo atravesar el pasillo que minutos atrás recorrí. Esta vez completamente diferente, con sensaciones y sentimientos a flor de piel. Me suda la nuca y el nudo en mi estomago crece a medida que se acorta la distancia entre mi cuerpo y la puerta 3.
Fabray.
Tomo el pomo y me quedo viéndolo repasando los acontecimientos vividos con ella el día anterior. ¿Quiero esto? La verdad es que si, con todas mis ansias. ¿Por qué? No lo sé. ¿La deseo? Profundamente. Aunque he dejado en claro que no tendría relaciones con mujeres ¿Por qué ella sería una excepción aquí?. Frunzo mi ceño tras pensármelo bien. Santana… ella estaba encargándose de la caja ¿Dónde está Julia? Demonios… me maldigo por no prestar atención a mí alrededor, por estar tan concentrada en buscar a Brian y no fijarme quien estaba allí. ¿La advertencia de Unique ha sido por Julia? ¿De ella debo cuidarme por meterme con Quinn? Me aferro al pomo. Siento que me estoy metiendo en un problema aun sin hacer nada. Abro la puerta y la oscuridad me impacta. A penas puedo ver el pequeño foco que ilumina la barra y como una presencia descansa en los sillones.
— No seas timida…
Su voz. Su voz no es su voz y mi mundo tambalea y cae estrepitosamente. Esto no es cierto.
— Charlie… — susurro.
Para las que observaron que hubieron partes de 50 sombras en el cap anterior, muy buenas observadoras. Me encanta ese libro y siempre que puedo pongo un poco de eso, espero que no les moleste. Pero los personajes mucho menos la historia esta basada en ese libro, aunque quizas encuentren algunas semejanzas.
Mi nombre es Rayu, para la persona que pregunto.
Espero sus review, y perdon por demorar estaba de viaje... despues de todo yo tambien merezco dias de descanso. :) Saludos
Glee y sus personajes no me pertenecen
