Capitulo Diez
— Pasa. No seas tímida.
Mis ojos no me permitían pestañar y mi instinto me indicaba que debía salir de allí inmediatamente, que Quinn no aprobaría que esto sucediese y por extraño que pareciese, yo no quería que ella se enojara conmigo. Trague saliva, nerviosa aun sin moverme de mi lugar veo como Charlie golpea a un costado de su cuerpo, en el sillón, indicándome que avanzara hacia el sentándome a su lado. ¿Qué más podría hacer? ¿Rehusarme? ¿Salir corriendo? Desde el primer momento en que lo vi pidiéndome aquel trago, averiguando sobre mi vida personal, comencé a crearme fantasías con el siéndole infiel a Brody. ¿Aun seguían esos pensamientos alojados en mi mente? No lo sé, pero no puedo negar que su físico me atrae de una manera insospechada. ¿Debo estar con un cliente de Brittany? ¿Debo hacerlo con el hermano de Quinn? No esperaba a este Fabray, en absoluto.
— Muñeca, ¿Te encuentras bien? — me pregunta sacándome de mis pensamientos. Aun sigo paraba en la puerta sin intensiones de moverme de aquí. Asiento nerviosa con mi cabeza dibujando una leve sonrisa en mis labios. Charlie clavaba su mirada en mi con voracidad tensando todo mi cuerpo. — Ven. — vuelve a palmear a su lado y yo solo atino a cerrar la puerta detrás de mí y avanzar hasta quedar frente a él.
— Yo… — balbuceo nerviosa
— Tu… estas nerviosa — afirma — Pero tranquila, se que aquí dentro nos manejaremos solo con tus reglas. — suspiro. Es bueno que al menos eso lo tenga en claro.
— Si.
— Ahora siéntate aquí y háblame de tu noche. ¿Cómo ha estado? — Aun sigo un poco aturdida por su presencia pidiendo la mía. El hace un movimiento con su cabeza indicándome que tome de una vez por todas asiento a su lado, no demoro mas su pedido. Camino vacilante frente a él rodeando la mesa ratona y me siento aferrando mis manos a las rodillas. — ¿Soy el primero? — Niego con mi cabeza — Una lástima… pero eso es bueno para ti ¿no?
— Supongo — susurro
— ¿Quién ha sido el afortunado?
— No creo que sea ético de mi parte develar esa información. Cuidare de mis clientes así como pretendo que ellos cuiden de mí. — me afianzo en mi asiento poniendo mi espalda recta.
— Me gusta eso. — asiente sonriente desprendiendo de su saco de terciopelo bordo. Exótico.
— Dime… ¿Qué… bueno… — comienzo nerviosa pero aclaro mi garganta y mis ideas — ¿Qué quieres? — abre sus ojos
— ¿Tan rápido? ¿Qué te apresura? — me siento una estúpida y novata, cosa que soy. He quedado como una lanzada.
— Solo nos dan hora y media, y no creo que quieras pasar la noche escuchándome hablar sobre cómo me ha ido en mi primer día.
— Aunque no me gusta tu actitud, debo reconocer que tienes las cosas en claro, pero déjame decirte que conmigo no habrá límite de tiempo. Así que deja que la noche fluya, no tendrás otro cliente después de mi.
— ¿Qué hay con Brittany?
— ¿Qué hay con ella? — me responde con otra pregunta buscando algo en los bolsillos de su chaleco.
— Tu eres su cliente, no me parece correcto que ahora vengas aquí teniéndola a ella.
Esboza una sonrisa burlona, puedo sentir como se ríe de mi en mi propia cara pero el solo atina a negar con su cabeza fijando su vista en la mesa ratona color negro que descansa frente a nosotros sacando elementos que aun no se a que pertenecen exactamente.
— Yo no soy cliente de nadie. Si esta noche me apetece pasarla contigo, lo hare. Ella lo entenderá, debe entenderlo de otra manera no podría trabajar mucho más tiempo aquí.
— ¿Qué hay con Quinn?
— ¿Qué hay con ella? — frunce su ceño dirigiendo su mirada hacia mi y comienza a molestarme que todo lo haga tan complejo.
— Ella solo está con Julia.
— ¿Quién te ha dicho eso? — ríe sacando una pequeña bolsita. A penas cubre la palma de su mano.
— Julia… — susurro siendo consciente de lo que trae en mente. Mis ojos se ensanchan. No lo hará. No aquí, frente a mí.
— Quinn puede estar con quien ella quiera, y no creo que le guste saber que Julia la ha marcado como suya. No te extrañes si mañana golpea tu puerta para tener una noche contigo.
— Yo no aceptaría eso. No estaré con mujeres.
— Eso lo veremos…
— No me obligaran. — afirmo
— Nadie dijo que lo harán… pero la carne es débil, muñeca.
Comienzo a percatarme de los movimientos que hace Charlie frente a mis ojos. Ha sacado un polvo blanco de una pequeñísima bolsa, separando todo en finas líneas paralelas unas con otras. Tres, eran tres líneas en especifico. Aquello no podía ser real. La imagen del perfecto hombre a mi lado cayó a picadas en cuestión de segundos, y ya no me apetecía en absoluto estar allí. La idea de escapar palpitaba en mi mente.
— ¿Quieres? — ofreciéndome un elemento en forma de tubo. Negué horrorizada con la situación.
— No lo hagas. — pedí tomando su brazo. El por un momento dudo sobre su decisión alternando su vista entre la línea de cocaína y mi rostro. Se removía inquieto en su asiento, como si aquello fuese más fuerte que el. Y lo era, cualquier persona que caía bajo las redes de ese polvo blanco, se condenaba a una vida dependiente de ella. De la mujer de blanco.
— De acuerdo… — murmuro frotándose su nuca incordioso. Aquel gesto, esa simple insatisfacción desbordando su cuerpo me remonto a tiempos pasados. — Dime tus reglas. — pidió poniéndose de pie rápidamente.
— No tendré sexo contigo, nada de penetración. — su gesto se torna confuso.
— Lo que digas. — Estiro su brazo pidiéndome que siguiera sus pasos. Me sorprendió que accediera tan rápidamente, pensando que me desecharía y me iría dejándome sola allí. Rodeo mi cintura con un brazo y me atrajo contra su cuerpo. Su pecho se inflaba a un ritmo inhumano. Con su mano libre recorrió mi cuello y perdió su mano dentro de mi tapado por mi hombro, deslizándolo bruscamente por el torso, dejando mi ropa interior de encaje, la que él había pedido que me pusiese, expuesto a su mirada lasciva.
Ya podía notar como dentro de sus pantalones Charlie ya estaba duro, demasiado duro para su comodidad demostrándome que aquello le molestaba.
— Te queda exquisito — aferra su enorme y caliente palma a mi cuello empujando mi boca hacia la suya — Vamos a la cama… — susurra tras lamerme los labios y mordérmelos. Lo siguiente que siento es como sus manos desesperadas se aprisionan contras mis cosquillas inmovilizándome momentáneamente sobre la cama, como si no quisiese que escapara de allí. Podía ver como con sus ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas, rasgaba la única prenda que tapaba mi cuerpo. La duda sobre cómo reaccionar se asomaba a su rostro, siendo manejado por la necesidad como si supiera que ya es demasiado tarde para detenerse pero recordando que no podría ir mas allá de mi petición.
Me asustaba sentirlo tan violento, o tal vez aquello solo era idea mía. Me asustaba y excitaba a la vez. Tenía mis razones para temerle, después de todo el solo un extraño para mí. Mis ojos en los pocos años que llevo de vida, jamás habían visto tan espectacular hombre, apuesto, bromista, encantador. Pero Kurt siempre me advirtió sobre las apariencias, y por más que hubiese fantaseado con el no podía dejar de lado el hecho que minutos atrás el estuviese a punto de consumir frente a mí, sin reparo alguno. ¿Quinn haría lo mismo? ¿Seria igual?
— Aférrate a la cama, Muñeca — murmura sobre mis labios sintiendo como comienza a balancearse entre mis piernas — Lo que sentirás a continuación, jamás lo sentirás con alguien más.
Apenas Charlie había terminado su frase cuando me tomo desprevenida uniendo mis muñecas con tan solo una de sus manos por encima de mi cabeza, hundiéndolas en la almohada, mientras con su boca perdía uno de mis pezones cubriéndolo con su boca. Sentía como su lengua me lamia incesantemente, perdiendo la cordura. Temí, nuevamente lo hice tras sentir como sus piernas inmovilizaban las mías. Con su mano libre deslizo sus dedos por la curva que formaba mi cintura, en mi lateral derecho, provocándome dolor, intentando tapar el que me provocaban sus dientes al morderme uno de los pechos. Ahueque mi cuerpo en el colchón, queriendo escapar de él pero me era imposible.
— Para… — murmure incitándolo a que detuviese su acción. Su mano en mi cadera comenzaba a lastimarme al igual que sus dientes. Las succiones y los voraces lametazos, llenaban la habitación al completo como si estuviese muerto de sed y mi cuerpo fuese lo único que le quita aquella desesperación.
— Eres condenadamente rica — dijo mirándome a los ojos. Su mirada parecía inyectada de furia, de sangre con fuego. En sus ojos vi desesperación, ya no era el.
— Charlie… para
— Shh… cállate. — Supe que aquello se había ido al demonio en el mismo momento en que puso su mano izquierda en mi boca, imposibilitándome el habla para quejarme, pedirle que pare o en este caso, gritar. Lo deseaba, me estaba aterrada, alterada y con miedo… tanto que intente forcejear el agarre al que me tenia sometida imposibilitando que moviera mis manos, pero me fue completamente absurdo. Me apretaba de tal manera que apenas y conseguía respirar. Mis ojos se llenaron de lágrimas, me habían prometido protección y estaba recibiendo toda esta mierda a cambio. Pude sentir como mis lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, y tras sentir como Charlie dejo de moverse entre mis piernas, supuse que se había percatado de mi estado anímico.
— No… no llores — susurra contra mis labios. Yo solo cierro más mis ojos y rompo en llanto temerosa por su posible reacción. — ¡Demonios Rachel! ¡No llores! — me grita perdiendo la cordura de la situación. — Estas aquí para follar, no para llorar.
Me remuevo bajo su cuerpo y me asombro al sentir como mis muñecas están flojas, con un leve agarre. No lo dudo, me deshago de su agarre y empujo su cuerpo lejos del mío buscando taparme con lo que encuentro en mi camino. Me siento una idiota, una estúpida por creer que podría manejar aquello manteniendo la mente fría, creyendo que manejaría al cliente sin problema alguno.
— Oye… ¿Qué haces? Quédate ahí — veo sobre mi hombro como se apresura a bajarse de la cama y caminar hacia donde me encuentro subiendo el cierre de su pantalón. Ni siquiera me había dado cuenta de ese detalle hasta ahora. ¿Qué demonios pensaba hacer conmigo? Temí nuevamente por mi persona, y en un impulso corajudo, pero estúpido y peligroso para los demás, apoye la suela de mi zapato sobre las finas líneas blancas que descansaban en la mesa esperando por el. Sin pensarlo las pisotee derramando todo en el piso alimentando la furia de Charlie.
— ¿Qué haces imbécil? — me grita corriendo hacia la mesa y es allí donde escapo de la habitación tres. Lejos de él. Voy desnuda, sin mi ropa interior pero cubierta por mi tapado negro que atine agarrar antes de mi huida. Corro por el pasillo inyectada de adrenalina y aun sin saber las repercusiones que tendrán mis actos. Empujo la puerta que me da la bienvenida a la sala en común y encuentro a Santana cambiándose para, seguramente, marcharse hacia su casa.
— Rach… — dice mirándome sobre su hombro pero sin darme importancia, siguiendo con su propósito de abrocharse la blusa — Eso ha sido rápido, pero es bueno que ya hayas terminado así nos marchamos juntas si eso te parece bien.
No le presto atención, en estos momentos comienzo a sufrir un colapso mental y si no escapo de allí inmediatamente seguramente aparecerán mis ataques de nervios.
— Ey… — Siento su voz preocupada en mis espaldas — Rachel… — toca mi hombro pero yo me quito inmediatamente.
— ¡No me toques! — grito desbordada.
— ¡¿Qué ha pasado?! — un grito peor al mío se interpone entre la preocupación de Santana y mi huida. Unique entra hecha un demonio azotando la puerta. — ¡Rachel! Ya mismo hablas…
— Unique, no creo que sea bueno que…
— Tú te largas. — Santana toma su bolso y me mira impaciente sin saber qué hacer. Debate entre su trabajo y mi estado anímico. No le doy opción a que lo dude, avanzo hasta Unique pasando a su lado ignorándola completamente. — ¡Rachel! — siento su grito pero la voz se apaga tras cerrar la puerta y volver al pasillo donde minutos atrás corrí desaforada.
Mis ojos se posan en la puerta tres y mis piernas tiemblan. Aun pienso si se encontrara en la habitación juntando el desastre que hice o simplemente se marcho de allí hecho una furia. El hecho de que Unique haya acudido a mi encuentro en la sala me da la señal de que Charlie ha ido con las quejas. Claramente eso ha sucedido.
Nuevamente me aferro a las tiras de mi bolso, como si aquello me fuese a proteger del colapso que estoy a punto de sufrir. Camino… siento ganas de vomitar y como la presión roza el piso. No puedo desmayarme, no ahora… aun tengo que conducir hasta mi casa.
Bajo las escaleras conteniendo el llanto que me he atrevido a mostrar íntimamente con Charlie, pero rápidamente limpio el camino que se ha atrevido a marcar una por mis mejillas. Corro bajando, sin fijarme si alguien viene detrás, o como los ojos del gorila en la puerta se clavan en mi. Se para se su asiento improvisado y me extiende su brazo como si quisiese pararme para asegurarse que todo está bien.
— Ábreme… ya — pido cuatro escalones antes de llegar a su lado. Lo hace sin dudar y el frio se cuela por debajo de mi saco aun sin poner un pie en aquel callejón. Lo miro a medida que voy cruzando la puerta, y solo veo como niega con su cabeza, como si hubiese predicho que yo no estaba hecha para aquello. Aun no sé en qué momento unos brazos me aferraron contra su cuerpo, o como fui tan despistada al avanzar sin percatarme quien estaba frente a mí, esperándome en las afueras de Bora Bora. Temí que fuese el, pero el beso que recibí en mi cabeza me dio la tranquilidad que buscaba en esos momentos.
Su perfume…
— Tranquila… ahora estarás bien.
Suspiro sintiendo como mi respiración se ve afectada cortándose por momentos. No lo pienso, ni siquiera puedo hacerlo en este estado. Me aferro a su delgado pero formado cuerpo y descanso mi mejilla en su pecho inhalando su exquisito y embriagante perfume. Siento como su mano baja por mi espalda y vuelve a subir buscando mi consuelo, mi tranquilidad, dándome la protección que no he tenido allí dentro.
— Yo… yo… — sollozo. Las palabras no me salen.
— No hables. Dame las llaves de tu auto. — niego con mi cabeza aferrándome aun mas a su cuerpo. — ¿Quieres quedarte un momento mas así? — asiento rompiendo en llanto. Escucho como la puerta vuelve abrirse, pero se cierra rápidamente tras un gesto de Quinn a mis espaldas. Sus brazos me envuelven a la perfección dándome el calor que, teniendo en cuenta la temperatura a las cinco de la mañana, es imposible generar pero ella lo logra.
Tras unos minutos más abrazadas, siento como mis piernas piden piedad recordando que aun sigo completamente desnuda debajo de mi saco. Tomo las llaves que saque con anticipación en el pasillo antes de bajar por las escaleras y ella toma mi mano alejándome de las llaves.
— Ven conmigo. — posa su brazo sobre mis hombros y nuevamente me atrae con su cuerpo levantando las solapas de mi saco. — Que querrás enfermarte ¿cierto? — intenta bromear pero yo solo enfoco mi húmeda mirada en mi camino. Si supieras… pienso en la realidad debajo de mi abrigo. Mi cuerpo se tensa y ella parece percibirlo tras detener mis pasos — Rachel… — frunce su ceño escrutándome con su mirada. Pero mis palabras están demás al apreciar como sigue el fino camino que marca mi mirada metros más alejados de nosotras. Siento la ausencia de su cuerpo cuando el frio me azota sin piedad y me anuncia su huida.
— ¡¿Qué haces?! — veo como Charlie en aprisionado contra la puerta de su auto siendo estampado por un brusco empujón por parte de Quinn. La mejilla de Charlie queda aprisionada contra la ventanilla con las manos en su espalda, como si fuese un delincuente y Quinn la policía.
— Cállate idiota. — es lo único que puedo oír antes de que Quinn comience hablarle al oído. Charlie se queda inmóvil en su lugar, sin presentar batalla contra su hermana. Me acerco con la intensión de pedirle que lo deje ir, que no aumente mas aquel drama temiendo por las posibles actitudes que pueda presentar Charlie.
— Quinn… déjalo. — susurro débilmente. Jamás la había visto en ese estado. Su mirada era fría, como la que me dio la primera noche donde escape de sus manos y ella pedía que no me marchara del bar bajo la mirada de Unique y Christian.
— Mira… — tomo la melena de su hermano con su mano derecha incitándolo a que girase su rostro para enfocar su mirada en mi — Mírala — sacudió su cabeza provocando que Charlie hiciera una mueca de dolor — ¿Las ves, imbécil? A ella no la volverás a tocar ¿de acuerdo? — lo giro apoyando parte de su pecho en el de su hermano — ¿Has oído? — tomo su mentón recibiendo la mandíbula tensa de Charlie y un leve asentimiento. — La próxima vez que lo hagas en mi ausencia te cortare las pelotas. — lo soltó y sacudió su cabeza hacia un costado indicándole que se marchara, sacando el guante perteneciente a su mano derecha del bolsillo de su saco para volver a colocárselo.
Yo solo pude reaccionar y tragar saliva. Definitivamente, no debía de juzgar a las personas por su exterior y el ambiente donde comenzaba a moverme no era el adecuado, teniendo en cuenta que en casa tengo dos hijos que dependen de mí.
— Rachel… — me saca de mis pensamientos tendiéndome su mano, esperando a que me decida seguir con mi camino hacia mi auto. — Yo te llevare, si no te molesta. — por su forma de hablar afirma aquello pero pidiendo permiso a la vez. Solo atino asentir, solo deseo estar en mi casa, bañarme y colocarme ropa cómoda para dormir.
Solo logro hacer cuatro pasos más, cuando Quinn se detiene y le entrega las llaves de mi auto a un muchacho, rubio como ella. Su cara me parece familiar, pero voy tan ensimismada en mis pensamientos que opto por no darle importancia aquello.
— Samuel, sígueme. — el parece asentir y Quinn le indica donde se encuentra aparcado mi vehículo. Ella solo tira de mi brazo abriéndome la parte trasera de su Roll Royce negro. — Entra. — su voz es gruesa, ronca, visiblemente enojada. Yo solo me introduzco dentro de él sin presentar batalla. No me apetece pelear y creo que he visto suficiente sobre tu temperamento, pero sorpresivamente no le tengo miedo. Al menos, no como le tengo a Charlie.
— Llévanos a la casa de la señorita, Paul.
— Si, señorita Fabray. — veo como la nuca del chofer asiente y por el resto de lo que queda de camino no nos presta atención. Quinn parece molesta, lo está teniendo en cuenta como actuó con su hermano, pero aun no lo sé si lo está conmigo considerando que ahora sabe que me acosté con su hermano, o al menos, eso es lo que ella piensa.
— Quinn…
— No, Rachel. — tensa su mandíbula despojándose de sus guantes. Quiero explicarle aun sin saber porque, pero no quiero que crea que me he acostado con su hermano. No quiero. Actúa, estúpida. Me pide mi subconsciente pero yo solo logro removerme en mi asiento observándola por el rabillo de mi ojo. Tiene apoyado su codo en el filo de la ventanilla dándole soporte a su mentón, perdida en la ruta que me llevara a casa. Quiero hablarle, quiero decirle que me siento agradecida por sacarme de allí pero no me atrevo hacerlo.
— ¿Estas enojada? — susurro enfocando mi vista en mis manos que juegan nerviosas con el lazo de mi saco que se aferra en mi cintura amarrándolo con un rápido pero seguro nudo en el frente.
— Lo estoy.
— ¿Conmigo? — sueno como una pequeña niña que ha sido reprendida por su padre tras hacer una travesura.
— No.
Su voz es tan seca y cortante que provoca dolor en mí. Decido callarme y no aumentar su humor de perro, pero ella parece abortar mi idea.
— No vuelvas acostarte con él. — gira su rostro clavando su mirada en mi mejilla, buscando claramente mi mirada que sigue clavada en mis nerviosos dedos.
— No lo hare.
— Ni con él, ni con nadie. — trago saliva y solo atino a retorcer mis dedos. Su mano se posa sobre mis manos dándole un leve apretón.
— Necesito el dinero.
— Mírame. — exige y no me atrevo a desafiarla. Conecto mi mirada con la de ella y siento morir.
— No accederé a ello.
— Si lo harás, al menos que quieras largarte del bar.
— No me largare si necesito el dinero. — frunzo mi ceño
— Pero si te echaran. ¿Quieres eso? — aparto mi manos de la suya
— ¿Quién te crees que eres para venir a decirme que debo o no hacer? Yo soy responsable de mis decisiones — jadeo molesta y nerviosa a la vez. Aquello me tomo desprevenida.
Siento como el ambiente en el auto se torna denso, puedo palparlo. Ella solo vuelve tensar su mandíbula y cierra su puno apretando una de sus rodillas. Nos fruncimos el ceño mutuamente.
Doy gracias a dios, ya que nuestro viaje no parece durar mucho. El resto del camino lo recorrimos en silencio, aun molestas por el episodio vivido. Mi cuerpo era un remolino de emociones. Charlie, impotencia, miedo, ganas de gritar. Quinn, nerviosismo, tranquilidad y frustración. ¿Cómo una persona podía convivir con tantas cosas en su interior? Quinn prácticamente me estaba sentenciando a mi última noche en aquel bar, dándome a entender que no volvería a trabajar allí.
— Rachel… — la escucho a mis espaldas tras abrir la puerta apresurada saltando de mi asiento. Aun puedo oírla maldecir pero ver como mi auto se estaciona en la parada que da a mi garaje me saca de mi obnubilación momentánea. ¿Cómo hemos llegado hasta mi casa? ¿En qué momento le he dicho mi dirección? Mierda.
Siento como su pecho choca contra mi espalda pero el chico rubio aparece interrumpiendo su idea de retenerme más tiempo a su lado. Solo me hace entrega de las llaves y asiente con su cabeza despidiéndose de mí.
— Rachel… — vuelve a insistir pero yo niego con mi cabeza aun dándole la espalda. — Antes que nada, nunca vuelvas a darme la espalda — espeta molesta enfrentándome. Yo solo puedo mirarla enfada. Estoy muy enojada con ella ahora mismo. — Segundo, yo no he sido quien te ha follado ahí dentro. Deja de comportarte así conmigo. Y tercero…
— Tu…
— No me interrumpas — dice firmemente — Si yo no quiero que tu estés ahí dentro, no lo estarás. — levanta su ceja infundiendo miedo, cosa que no logra. Ya no tiene ese efecto en mí.
— ¿Y quién eres tú para impedir que yo regrese? ¿Mi madre, estúpida engreída? — siento que mi alrededor gira en torno a nosotras, pero solo es mi mareo repentino al enfrentarme al crudo frio y a Quinn.
— Quizás, esta estúpida engreída, se crea la dueña de ese bar. — quiero abrir mi boca por la sorpresa, pero solo atino a pestañar reiteradas veces pidiéndome mentalmente no perder el control.
— Entonces… la dueña del bar donde trabajo, digamos que… mi jefa, pretendía follarme en mi primer día de trabajo. En mi noche de prueba allí dentro. ¿Qué pretendías? — ataco aun sin bajar mi guardia. La tome desprevenida, lo sé… me lo demuestra retrocediendo dos pasos hacia atrás sorprendida por mi sentencia.
— Aquel lugar no es para personas como tú.
— ¿Por qué me tomas? — frunce su ceño pidiéndome más explicaciones — ¿Me crees una condenada ama de casa que fregara los pisos eternamente? Pues te equivocas… debo salir a ganarme la vida porque el cobarde de mi marido me ha abandonado a mis hijos y a mí, y si no pago mi deuda me quitaran la casa. — digo furiosa al límite de la frustración.
— ¿Lo haces por eso? ¿Si no pagas te quitan la casa? — tenso mi mandíbula, no gasto energías en afirmar aquello o negarlo, solo quiero meterme en mi casa y olvidar esta noche al completo. De principio a fin. Sin más me doy vuelta y camino hacia la entrada de mi casa buscando las llaves en mi bolso. — He dicho que no te atrevas a dejarme hablando sola, mucho menos me dieras la espalda. — murmura a mi derecha clavando sus ojos en mi.
— ¿Sino qué? — La miro — ¿Me obligaras como lo hizo tu hermano? — muerde su labio inferior y nuevamente levanta su ceja perdiendo la vista en el suelo. Me he pasado, la he cagado por completo. — Yo… L-lo siento. No quise de…
— Déjalo así. — Me interrumpe — Ten buenas noches.
Intenta alejarse de mi lado pero la tomo rápidamente de su brazo interrumpiendo su huida.
— En verdad lo siento. Y gracias por traerme a casa.
— Todo está bien — toma mi mano, la que mantenía el agarre con su brazo y la aleja de su cuerpo cortando nuestro contacto. — Descansa y procura no salir desnuda la próxima vez. — besa mi mejilla y se aleja hacia su auto siendo recibida por su chofer que ya tenía la puerta abierta esperando por ella.
Suspiro e introduzco la llave en la pequeña ranura que adorna mi puerta. El calor hogareño golpea mis piernas que han aguantado estoicamente toda la noche. Cierro la puerta detrás de mí y camino sin tomarme el tiempo para apagar la luz que olvide encendida en la cocina. Mi cuerpo solo quiere tocar el agua de mi ducha y la suave sabana de mi cama. Me despojo de mi saco y me tomo los próximo veinte minutos para mi misma dejando que el agua caliente golpee contra mi espalda y sirva para limpiar los lugares donde Charlie ha posado sus manos o boca. Me siento sucia aun sin haber tenido relaciones con él. Avanzo hasta mi cama tras haberme secado y cambiado. La ausencia de mis hijos se nota, mas en momentos así donde deseo tener los brazos enrollados en mi cintura en esta enorme cama. Cierro mis ojos y dejo que mi cabeza, aun húmeda, se hunda entre mis almohadas de pluma perdiendo la noción del tiempo. Su rostro, perfecto, alineado y sereno frente a mi alborotada y deplorable situación. Supo contenerme y brindarme lo que necesitaba sin preguntar los porque de lo sucedido. Me defendió de su hermano, sangre de su sangre sin saber perfectamente que fue lo que paso entre nosotros. Solo le basto ver mis lágrimas y mi actitud tras verlo aparecer para entender que él era el causante de mi llanto.
Suspiro y me muerdo el labio, curiosa y confundida al sentir todo esto por una mujer. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Volver a ese bar o alejarme por completo? Si me alejo ¿No volveré a verla? ¿Por qué pienso en eso? No dejare de trabajar solo porque ella lo dice. Me tapo la cara con ambas manos ahogando un grito de frustración pero el sonido de mi móvil rompe las telarañas de pensamientos que se tejen en mi mente. Estiro mi brazo y allí está nuevamente. Podre irme del bar, ella jamás se alejara.
Me ha encantado verte usar el colgante. No dejes de hacerlo.
No es necesario que pregunte quien es, lo sé perfectamente. Pero ¿Cómo lo hace? ¿Cómo tiene mi número, mi dirección sin proporcionarle esa información? Bueno, aquello no es tan loco, después de todo es la dueña del bar donde trabajo. Me da un leve escalofríos, pero acaricio la pantalla de mi móvil donde aun descansa el mensaje de Quinn. Rápidamente guardo su número en mi móvil colocando "jefa" como nombre.
¿Debería comenzar a temer por toda la información personal que tiene de mí? ¿De dónde ha sacado mi número, señorita Fabray?
Me muerdo el labio nerviosa por los mensajes que he decido continuar. Recuerdo que aun sigo molesta pero su mensaje me dificulta el trabajo.
Un mago nunca revela el secreto de sus trucos. ¿Comenzaras a tratarme formalmente nuevamente? ¿Debo hacerlo yo también, señorita Berry?
Sonrió y creo que también rio al salir un pequeño gritito de mi boca.
¿Es mago o maga? Pensé que era dueña de un bar. No debo tutear a mi jefa, no si quiero conservar mi trabajo. Usted, sin embargo, puede tratarme como le guste. Soy una simple empleada.
Me siento una adolescente manteniendo las primeras conversaciones nocturnas con un chico, en este caso chica, que me interesa. En momentos así pienso que ha sido de mi relación con Brody. ¿Lo amaba? ¿Lo amo? Tal vez su partida ha sido lo mejor para mi vida, no para la de nuestros hijos, pero inconscientemente siento que he avanzado mucho de un tiempo hasta ahora no pensando o culpándome por su huida. Su alerta vuelve a sacarme de mi burbuja, provocando que abra mis ojos. Me siento muy cansada.
Creo que puedes hacerlo mejor que eso. Mañana tomate el día libre, conmigo si es posible. Pasare por ti para el almuerzo. Descansa.
Cierro mis ojos sonriendo. Si duermo pronto, la hora del almuerzo llegara rápido.
TWITTER: FaberryOk
DEVIANTART: Heyjudee
En ambos lados encontraran fotos de la historia. Disfruten!
Glee y sus personajes no me pertenecen.
