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Primera Publicación: 24 de Marzo de 2016

Resubida: 26 de Enero de 2018

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Enredos del Destino

I

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Ciudad Plateada se alzaba ante ellos con mucha emoción, la primera medalla que conseguiría Thiago en su meta de convertirse en un maestro Pokémon estaba frente a él. La euforia en todo su ser, la adrenalina burbujeando en sus venas. No importó lo que pensara su papá de él, dio un grito tan fuerte y se lanzó a correr en dirección al gimnasio sin esperarlo.

El hombre de cabellos oscuros, movió en negación su cabeza con una sonrisa en sus labios.

—Es tan igualito a mí cuando era chico… —y tras aquella frase, salió a perseguir a su hijo que no tenía ni la menor idea donde se encontraba el gimnasio local.

Caminaron un par de minutos por las calles de ciudad Plateada, hasta que localizaron el gimnasio de la ciudad, la estructura del mismo no había cambiado con el paso de los años, un tanto nostálgico Ash sonrió antes de apoyar la mano derecha en el hombro de su hijo que apretaba nervioso los puños.

—Sin miedo, vamos… —le susurró.

—De acuerdo papá —afirmó con la cabeza adelantando los pasos hacia la puerta de entrada— ¡Soy Thiago y quiero una batalla! —exclamó tras abrir las puertas del recinto de combates. Como era de esperarse, el líder del lugar de cabellos castaños y piel marrón oscura, apareció frente al retador.

—Saludos retador, soy Forrest, líder de este gimnasio —sacó una pokébola del bolsillo de su pantalón y lo miró sonriendo de soslayo—. Supongo que eres del nivel novato y…

—¡Hola Forrest! —el saludo de golpe de Ash, sobresaltó al joven líder de gimnasio.

—¿Ash? —le costó, pero lo reconoció, se acercó y le extendió la mano en buena señal— ¡Tanto tiempo!

—Sí, ha pasado mucho tiempo, vengo aquí acompañando a mi hijo —Forrest nuevamente se sobre saltó.

—¿Thiago es tu hijo?

—¡Si! —afirmó con una enorme sonrisa abrazando a su hijo quien rápidamente trató de liberarse de los brazos de su padre— ¡No se nota nuestro parecido!

—¡Ya papá! —protestó el niño tratando de que su padre lo soltara sin éxito.

—¿Y cómo ha estado Brock? —le preguntó, luego le dio un beso en la cabeza a su hijo antes de soltarlo.

—Bien, mi hermano está trabajando en el centro Pokémon de ciudad Olivine, le está yendo muy bien.

—Qué bueno… Entonces, ¿empezarán la batalla?

—¡Claro que sí! —afirmó Forrest, para luego pararse frente a Thiago— Usaremos dos Pokémon cada uno, ¿te parece?

—Sí —afirmó Thiago pensando en los Pokémon que usaría. En cuanto Forrest se fue hacia su puesto, el niño le susurró a su padre incrédulo de lo que había vivido anteriormente— ¿Es que a ti te conoce todo el mundo?

—Qué decir —exclamó con un poco de egocentrismo en sus palabras—, así es tu padre…

—¡Empecemos la batalla! —dijo Forrest lanzando a su Geodude al campo de batalla— Geodude será tu primer oponente… Veamos que tienes.

«Mamá» pensó para sí mismo Thiago cerrando los ojos, mientras tomaba una pokébola «Si pudieras estar conmigo ahora, si no estuvieras tan lejos… está va por ti» suspiró y abrió los ojos— Fennekin, yo te elijo.

Ash se sentó incomodo en las bancas tras su hijo. Pero era su primera batalla, tenía que dejarlo aprender…

—Ja —Forrest cruzó sus brazos con una media sonrisa—. Aquí tenemos tu primer error de novato —moviendo un poco su cuerpo, observó a Ash— ¿Permites que le dé una pequeña lección? —sonrió nuevamente al tiempo que Thiago observaba a su padre.

—Adelante —Ash sonrió moviendo sus hombros—. Hoy es todo tuyo.

—¿Qué? —Thiago se miró con su Pokémon sin comprender lo que ambos se decían.

—Verás Thiago —Forrest volvió a ponerse en su lugar observando al niño— Los Pokémon tipo fuego como Fennekin —señaló al Pokémon zorro que movía sus orejas feliz en su lugar—, son débiles contra los tipo roca como Geodude —indicó a su Pokémon quien saltaba en su lugar golpeando sus puños—. Si recién comienzan en esto, te aconsejo que pienses un poco más antes de elegir, tener en cuenta que las ventajas y desventajas de un tipo a la hora de la batalla, puede ser fundamental.

—Bueno —Thiago volvió a observar a su Pokémon—, no entiendo de qué me hablas, pero trataré de ganar con este Pokémon —su pequeño Pokémon zorro lanzó unas cuantas brazas de su boca— ¡Arañazo!

—Si así quieres —Forrest se encogió de hombros— ¡Embestida!

Fennekin corría lanzándose con sus garras brillando lista para atacar pero Geodude fue más rápido al repelerlo con su ataque. Forrest levantó su mano al tiempo que Geodude se preparaba para atacar pero fue interrumpido por Thiago.

—¡Ascuas!— su Pokémon acató la orden soltando pequeñas brasas por su boca.

—No tiene caso, Geodude usa lanza rocas —rápidamente el fuego se vio bloqueado por las rocas que caían cerca del Pokémon zorro golpeándola con fuerza.

—¡Fennekin! —Thiago llamó preocupado a su Pokémon, el cual se levantó algo agotada— Bien, ¡Usa deseo!

—Buena elección —Forrest sonrió— Si el deseo se cumple, tu Pokémon recupera su energía.

—Sí, así que ya oíste Fennekin, hay que resistir —Thiago observó a su Pokémon, quien le asintió.

—Lástima que no llegará a usarlo, ¡Desenrollar! —el Pokémon del líder del gimnasio comenzó a girar a gran velocidad.

—Trata de esquivarlo Fennekin.

El Pokémon del retador trataba por todos los medios de esquivar cada ataque pero Geodude no se detenía.

—Acabala.

Y así, ejecutando la orden de su entrenador, el Pokémon tipo roca giró golpeando varias veces a Fennekin dejándola fuera de combate.

—¿Qué Pokémon escogerás ahora? — Forrest cruzó sus brazos mientras su Geodude continuaba girando.

—Lo siento mamá —Thiago observaba la esfera que contenía a su Pokémon debilitado—, de verdad quería ganar con Fennekin por ti —la pequeña mirada de tristeza preocupó un tanto a Ash, que sentado desde su lugar sólo bajo la mirada negando con la cabeza lentamente— ¡Es tu turno! — Thiago rápidamente se reanimó, lanzando una nueva esfera liberando para el combate a un Pokémon rana de color celeste, no se daría por vencido tan fácilmente y menos teniendo ahora la ventaja de su lado.

—¡Gran elección, muy bien! — Forrest felicitó la elección del chico asintiendo con una sonrisa— Pero no te dejaré ganar, ¡Atácalo Geodude!

El Pokémon roca giraba velozmente con dirección al Pokémon de Thiago.

—¡Destructor Froakie! — El Pokémon rana atacó tratando de golpear a Geodude, pero éste era demasiado rápido— Debemos detenerlo de alguna forma, ¡Sigue intentando!

—No te detengas Geodude.

El Pokémon roca continuó esquivando a Froakie hasta que logró golpearlo con fuerza.

—¿Estás bien? — Thiago vio cómo su Pokémon se levantaba sin problemas asintiendo— Hay que hacer que se detenga —se dijo, pensando observó a Froakie, y se detuvo en la espuma que llevaba en su cuello— ¡Lo tengo!

—Atácalo Geodude —Forrest ordenó al tiempo que su Pokémon comenzaba a girar con dirección hacia el de Thiago.

—¡Lánzale tus frubujas! — Thiago saltó en su lugar feliz viendo como la espuma de Froakie comenzaba a surtir efecto, Geodude había quedado pegado al suelo sin poder moverse.

—¡Geodude sal de ahí! — Forrest trataba de alentar a su Pokémon a salir sin resultados.

—¡Burbujas y termínalo! — Thiago le ordenó a su Pokémon atacar, éste obedeció sin titubear dejando a Geodude debilitado — ¡Eso es! —ambos festejaban.

—Bien hecho— Forrest lo felicitó devolviendo a su Pokémon— Pero ahora seré más duro —sonrió tomando otra esfera— ¡Sal Roggenrola!

—¡Burbujas! — Thiago se encontraba emocionado, podía lograrlo.

—No tan rápido —Forrest sonrió— ¡Embestida!

Su Pokémon esquivó sin problemas las burbujas golpeando a Froakie.

—No Froakie —Thiago volvió a verse preocupado— ¡Ataque rápido!

—¡Embestida!

Roggenrola, nuevamente sin mucho esfuerzo, esquivó a Froakie para golpearlo nuevamente.

—¡Usa tus frubujas otra vez!

—No de nuevo, ¡Ataque arena!

El pequeño Pokémon roca mostró gran velocidad al lanzar la arena prohibiendo el ataque de la rana, quien, sin poder ver, se quedó en su lugar tratando de limpiarse la vista.

—¡Tierra viva!

—¡Froakie!

Sin que Froakie pudiera reaccionar, la tierra bajo sus patas comenzó a moverse explotando con gran fuerza, causando que el Pokémon tipo agua saliera volando y cayera contra el suelo delante de su entrenador.

—Froakie —Thiago empezó a sentir un ligero temblor en sus piernas, su Pokémon estaba muy débil para seguir, ¿debía rendirse?

—¡Acabalo con embestida otra vez!

—¡Froakie!

Roggenrola se dirigió a toda velocidad contra Froakie levantando una gran nube de polvo.

—Eso es todo— Forrest sonrió, pero al disiparse la tierra su sonrisa desapareció— Pero, ¿qué?

—¡Froakie! — Thiago se encontraba feliz, su Pokémon le sonreía desde el otro lado del campo.

—Deseo realmente funcionó… —la voz de Ash llamó la atención de ambos chicos— Deseo, se tardó pero debió subir la energía de Froakie.

—¿Deseo? — Thiago observó la esfera donde Fennekin descansaba— Gracias —le dijo abrazando la pokébola— Ahora acabemos Froakie —su Pokémon le sonrió.

—Embestida Roggenrola —Forrest le ordenó rápidamente.

—¡Ataque rápido! — pero Froakie mostró más velocidad al lograr golpear primero — ¡Eso! — Thiago festejó.

—Veo que ahora sí vas en serio, me alegra —Forrest estaba entusiasmado con la batalla— ¡Tierra viva!

—Ah no —Thiago negó sonriendo— ¡Burbujas!

Froakie nuevamente logró demostrar no sólo gran velocidad, sino también una gran fuerza golpeando al Pokémon roca impidiendo que pudiera atacar.

—¡Ataque arena!

—¡Cúbrete y destructor!

Roggenrola lanzó gran cantidad de arena prohibiendo la visión, Forrest iba a ordenar otro ataque cuando una bola de espuma blanca los sorprendió, dentro de ella se encontraba el Pokémon tipo agua que al verse seguro, se liberó de su espuma saltando rápidamente contra el Pokémon roca, golpeándolo con fuerza con su mano mandándolo a volar lejos.

—¡Burbujas al máximo! —ese último ataque ordenado por Thiago fue acatado por su Pokémon que sin problemas lanzó una larga serie de burbujas dejando a Roggenrola fuera de combate— ¡Sí! — Thiago saltó feliz ante la mirada sonriente de su padre— ¡Bien hecho Froakie! —su Pokémon salto a sus brazos tirándolo al suelo entre risas—. Lo logramos, tenemos nuestra primera medalla.

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En el centro Pokémon de ciudad Plateada, un bus de turistas se había detenido a descansar y recuperar la salud de sus Pokémon antes de seguir su camino hacia ciudad Celeste. La mayoría de las bancas estaban ocupadas por grupos de gente, salvo por una jovencita de cabellos castaños claros que estaba frente al teléfono hablando con su padre.

—Si papá, el bus retoma su camino a ciudad Celeste en una hora, los choferes están descansando —le informó con su Charmander en el hombro.

«No olvides avisarle a Misty que ya estás en ciudad Plateada para que tenga todo listo cuando llegues» Gary le sonrió, pero la niña no mostró signos de querer sonreír.

—¿De verdad no puedo ir a tu departamento papá? —le dijo frunciendo los labios— Ahí tengo mi habitación, mis cosas… En el gimnasio voy a estar muy encerrada…

«Ya veremos cómo se dan las cosas, ve ahí, si no logras congeniar bien con ella otra vez, le dices a Daisy que te lleve al departamento, de seguro ella se ofrece a cuidarte mientras estés ahí.»

—Está bien papá… pero llámala tú para avisarle, ¿sí?

«Llámala tú» le insistió Gary una vez más frunciendo levemente las cejas «Hablamos pasado mañana cuando llegues a ciudad Celeste.»

—De acuerdo —Cindy estaba enojada, se veía como sus ojos verdes estaban poniéndose azules de solo pensar en hablar con esa mujer. Esa mujer que le daba tanto miedo como un Pokémon fantasma. Aspiró profundo y marcó los números del gimnasio de ciudad Celeste. La figura de la líder de gimnasio no tardó en aparecer.

«Gimnasio Celeste, buenas tardes…» la sonrisa de Misty desapareció cuando observó a la niña «Cindy…»

—Misty —dijo la niña automáticamente corriendo la mirada—, estoy en ciudad Plateada, llegaré pasado mañana a ciudad Celeste…

«De acuerdo» fue la única respuesta de la mujer.

—¿Daisy y Tracey están en la ciudad? —le preguntó, esperanzada de que ellos pudieran ayudarla en esa situación.

«Si, están» aunque los gestos de Misty eran fríos y toscos, sus manos transpiraban de lo nerviosa que se sentía «ya les dije que venías, están contentos de verte.»

—Desde que mi tío Tracey ya no trabaja con mi bis abuelo, ha sido muy aburrido todo —le contó por si le interesaba, pero como suponía, para Misty sus cosas no importaban— Por cierto, mi papá te deposito dinero para que compres mis comidas favoritas y…

«Esto no es un restaurante» las palabras de Misty hicieron que Cindy se pusiera de pie «De acuerdo, iré a comprar… ¿algo más?»

Aquella pregunta hizo que la jovencita sintiera ganas de preguntarle o decirle muchísimas cosas que llevaba atorada en su garganta a pesar de su corta edad, se sentía tan mal por tener que recurrir a una mujer que no la quería, que tomó aire por la nariz y la miró fingiendo una enorme sonrisa.

—No, nada más, Misty. Adiós —cortó la llamada sin esperar respuesta —Charmy —se quejó tratando de aguantar las lágrimas que sus ojos querían soltar—, vamos por un poco de aire…

Se levantó del asiento hacia la puerta del centro Pokémon, cuando un joven que entraba a toda prisa con dos pokébolas en las manos, la hizo tropezar y caer al suelo.

—¡Lo siento! —el joven asustado guardó las pokébola en su chaqueta, para extenderle la mano, ésta la rechazó con un revés de la suya.

—¡Ten más cuidado! —se puso de pie sacudiendo su vestido y comprobando que su Charmander estuviera bien, para luego observarlo— No olvidaré tu cara —y tras fruncirle los labios como un Growlithe enojado, salió del lugar dejando al pobre niño demasiado confundido.

—¿Qué pasó con esa niña, Thiago? —le preguntó Ash a su hijo observando como éste miraba por el camino en que la pequeña se iba.

—No sé papá —confundido, miró a su papá para luego sacudir su cabeza— ¡De verdad, mis Pokémon!

Thiago se enfrentó por primera vez tras una batalla Pokémon con una enfermera Joy, la joven de cabellos rosados, lo tranquilizó antes de retirarse con ambas pokébola.

—Todo estará bien —le afirmó Ash con la mano derecha en el hombro de su hijo—, lo hiciste casi bien, tienes que recordar las ventajas y desventajas de los Pokémon a la hora de combatir…

—¿Y tú que Pokémon usaste cuando enfrentaste al hermano de Forrest? —le preguntó lleno de curiosidad.

—¿Yo? —algo nervioso, empezó a buscar como decirle que él había usado a Pikachu, después de su discurso, justo cuando la enfermera regresaba con el mencionado Pokémon.

—Ash, tu Pikachu y el resto de tus Pokémon están listos. Los de Thiago ya casi están en buenas condiciones.

—Genial —con Pikachu una vez más en su hombro, Ash lo acarició y decidió contarle la verdad—, bien hijo, usé a Pikachu.

—¡Pero papá!

—Bueno, cuando era chico era más confiado que tú, creía que si el Pokémon era criado con amor podría vencer al más fuerte de los Pokémon. Y así me mantuve toda mi vida y me mantendré.

—Ya veo —Thiago cerró los ojos y sonrió de lado—, todo es culpa de tus genes…

—Es lo que te tocó —Ash movió los hombros sin importancia, mientras ambos soltaban un par de risas—. Ven busquemos algo para comer.

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El recinto de combates de ciudad Celeste estaba a oscuras. Solo una linterna que sostenía la líder local hacia la caja de fusibles, era la única luz que había en el lugar.

—Siento molestarte así Clemont —Misty un tanto acomplejada por la situación se mordía la uña del dedo pulgar izquierdo—, fui a prender la luz de la sala y todo el gimnasio se quedó sin luz.

—No te preocupes Misty —Clemont la miró con una sonrisa, mientras conectaba unos cables a los fusibles para revisarlos—, es mi especialidad después de todo.

—Gracias —volvió a insistir— Mañana llega Cindy… —le contó haciendo que el cable que Clemont estaba a punto de conectar se le cayera a pies de Luxray.

—¿De verdad? —dijo buscando el cable una vez más.

—Sí.

—¿Qué vas a hacer?

—Dejársela a Daisy, ella la va a cuidar…

Clemont no dijo más nada, terminó con lo que estaba haciendo, cambió el fundido y la luz volvió al recinto.

—¡Listo! —le indicó regresando a Luxray a la pokébola.

—¡Muchas Gracias Clemont! —Misty le tomó ambas manos contenta por tener una vez más energía eléctrica en el gimnasio.

—De nada Misty, pero me debes una cena.

—¡Anotada! —dijo dando un aplauso— Te acompaño a la puerta.

—Gracias.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a la entrada del gimnasio, en cuanto se detuvieron, Clemont volteó hacia Misty.

—Misty…

—¿Uh?

—¿Puedo decirte algo? Sin que te molestes —preguntó.

—Dime Clemont…

—Por lo poco que sé, creo que deberías tratar de acercarte a Cindy, ella no tiene la culpa de ser quien es —Misty iba a interrumpirlo pero él la frenó—. Escúchame, mi amigo, el que llega mañana también y voy a presentarte… Es una de las personas que más quiero, es uno de esos amigos que tú sabes que son del alma, pero aun así, él me hizo mucho daño y yo a él. Misty, a veces simplemente es mejor seguir adelante, olvidando todo lo demás… —la pelirroja solo apretó los labios— Daisy me ha contado algunas cosas de ella, y por eso estoy seguro, que más de alguna vez esa niña quiso que no le dijeras nada, que solo la vieras, la abrazaras y le dijeras que no fue su culpa.

—Clemont, yo…

—Solo eso Misty, piénsalo —se acercó a ella y le dio un beso en la frente—. Sabes que yo te estoy apoyando siempre, ¡Ánimo!

En cuanto Misty desapareció de la puerta, Clemont suspiró con pesadez…

—No sé si más daño le hice yo a Ash o él a mí…

.-… -…-.

¡Ya Serena! —Clemont observó emocionado a la chica de cabello largo atado en una trenza— ¿Qué es lo que tenías que contarme tan urgente que me iba a poner muy feliz?

¡Te dije que, si había encontrado a Ash una vez, podría hacerlo otra vez!

¿Encontraste a Ash en su viaje? —su sorpresa fue tanta que tuvo que acomodar sus lentes.

Sí —con las mejillas sumamente rojas tal cual el chaleco que vestía, tomó las manos de Clemont—, lo conseguí, conseguí que Ash Ketchum me dijera que sí, y lo amarré tan bien a mí que ya no podrá escapar a ningún lado.

¿Qué hiciste Serena? —Clemont se soltó del agarre con miedo.

¡Clemont, estoy embarazada!

.-… -…-.

Clemont volvió a suspirar. Eran recuerdos que quería olvidar aunque no podía…

—En fin —sacudió la cabeza—, ya quiero ver cuánto creció ese niño…

.-…-…-…-…-.

Las calles de ciudad Celeste eran muy transitadas desde las primeras horas de la mañana, automóviles, hombres y mujeres dirigiéndose a sus trabajos. Hacía muchos años de que no estaba en ciudad Celeste, quizás la misma cantidad de tiempo que llevaba sin ver a la líder de ese gimnasio. Tracey no hablaba mucho de ella, y tampoco sabía si le hablaba de él. Por ende, eran quince años que ese par de antiguos amigos no se veían a la cara y en algún momento estando en la misma ciudad, podrían encontrarse. Mirando hacia todos lados, tratando de ver si algún rostro familiar se asomaba entre la gente, se encaminó hacia el edificio donde ahora viviría mientras trabajara con Clemont.

Ash Ketchum observó el edificio antes de mirar a su hijo y permitirle el ingreso primero. Subieron hasta el piso diez acompañados de personal del edificio.

—Bien, señor Ketchum —el hombre de traje oscuro le indicó la puerta con un «10-2» marcado en ésta— Como verá, solo se cuenta con dos departamentos por piso.

—Interesante…

—La clave para acceder al departamento tiene que habilitarla, por ahora se abre con esto —le indicó sacando de su bolsillo dos tarjetas magnéticas.

—De acuerdo —Ash tomó las tarjetas y le pasó una a Thiago.

—Avísenos cuando lleguen sus cosas de ciudad Verde, para que habilitemos el paso del camión de mudanza.

—Está bien —Ash afirmó con la cabeza—, ¿eso es todo?

—Así es —y tras una reverencia se retiró dejando a los dos hombres solos.

—¡Veamos que tenemos aquí! —Ash abrió la puerta y se encontró con un pequeño pasillo para dejar sus zapatos, una amplia cocina americana, un living con un sillón de tres cuerpos y dos de uno, junto a una mesita de centro de madera y vidrios, y dos habitaciones— Se ve mejor que en las fotos de internet.

—Ya lo creo —respondió Thiago cayendo sobre el sillón— Creo que mejor no voy a seguir nada con el viaje y me quedare flojeando aquí contigo —en eso un golpe en seco le da de lleno en la cara— ¡Oye! —protestó quitando el cojín.

—¡Yo no vine a flojear y usted va a seguir con el viaje! —lo acusó, pero luego cambió su semblante a burla— ¡Oh, ya veo! Te dio miedo y no te quieres separar de papi, ¿verdad?

—¡Retiro lo dicho! —Thiago rápidamente se puso de pie— Mañana salgo por la medalla de esta ciudad.

—De acuerdo, yo creo que iré a comprar al supermercado, ¿vienes conmigo?

—¡Paso, viejo! —se acomodó en el sillón y sacó de su mochila, una Tablet— Tengo que buscar información de Fennekin, Froakie y Bulbasaur para no pasar la vergüenza que pasé con Forrest.

—Ok, voy solo —se acercó a la puerta, y la abrió. Ingresó la tarjeta magnética y luego le pidió un código de cuatro números. Los ingresó y cerró la puerta— ¡Thiago puse la clave en la puerta, es la misma que teníamos en ciudad Verde!

—¡Ok, pá! —Ash negó con la cabeza, le indicó a Pikachu que cuidara de su hijo y salió del departamento.

Tras pedir indicaciones al conserje del edificio, Ash se encaminó hacia el supermercado de la ciudad con una lista mental preguntándose en qué momento Clemont aparecería para darle más información del trabajo a realizar. Llegó a la tienda y tras tomar un carro empezó a pasearse por los diferentes pasillos hasta que se detuvo en los dulces. Thiago era muy bueno para los dulces, para las galletas y chocolates, se agachó para buscar el chocolate favorito de su hijo dándole un pequeño tirón hacia arriba a los pantalones y buscó hasta que sintió un golpe sobre la espalda que lo botó.

—¡Lo siento, lo siento! —la voz de una mujer sonó tras el golpe, mientras sobaba su adolorida espalda buscó a la responsable del accidente— De verdad lo siento, estaba tratando de agarrar el pote del betún de chocolate con avellanas que está en esa góndola y… —sus palabras murieron cuando las miradas de ambos se cruzaron, ahí había algo conocido. Ambos se conocían de algún lado, las dudas los intrigaron hasta que…

—¡Misty, ¿está bien?! —la voz de una joven, los trajo a la realidad.

—¿Misty? —preguntó mientras se ponía de pie.

—Sí —afirmó sin dejar de mirarlo, estaba más que segura que lo conocía pero no podía recordar de dónde.

—¡Soy Ash! —exclamó con una sonrisa señalándose.

—¿Ash? —no lo podía creer. De todas las personas que pensaba que podría encontrarse en el supermercado de su ciudad, él no era una de ellas— ¿Qué haces aquí?

—Bueno, ahora vivo en ciudad Celeste —le informó ladeando la sonrisa.