Capitulo Doce
Estar sentada junto a Samuel era placentero pero a la vez intimidante. En la hora que he estado a su lado no ha detenido su verborrea intentando hacerme reír con sus imitaciones fallidas sobre algunos personajes famosos o con sus historias haciéndome sentir más cómoda. Saque provecho de aquello, no voy a negarlo. Me entere que Quinn fue la hija de Russel Fabray que, en el pasado, fue presidente de una empresa de inversión dejando su incrementado tras varios fraudes. Quinn solo era una niña cuando su padre decidió quitarse la vida tras ser descubierto por su esposa con otra mujer y las consecuencias que acarreaba el ser un estafador.
Pobre Quinn. Un escalofrió recorrió mi espina dorsal de tan solo imaginármela a esa edad, con sus pequeños ojos verdes, su delicado pelo rubio, llena de dolor, tristeza, confusión y miedo, o eso imagino. Después de todo no tenemos pasados tan distintos. La muerte de su padre como la internación de su madre debió ser un duro golpe para ella. Tal vez, de ahí derive su duro temperamento.
Su madre aun sigue internada en una clínica de salud mental, y es un detalle que valoro de Samuel. Sabe que si Quinn se entera que se ese tipo de información el no tiene escapatoria de su furia. El estado civil de Quinn me sockeo, aun no lograba procesar su pasado cuando inconscientemente Samuel dejo escapar que era casada.
— Rachel — su voz me saca de mi mutismo. Se aproxima con una sonrisa despampanante, toma una de mis manos dejando un beso en ella. Mi respiración se entrecorta rápidamente. Con un gesto despoja a Samuel de su asiento y se sienta a mi lado.
— Hola — me remuevo inquieta por el hecho de que ella aun sostiene mi mano.
— ¿Qué tal el partido?
— ¿La verdad?
— Siempre — me responde segura
— No lo se. No le he prestado mucha atención.
— ¿Qué has estado mirando en mi ausencia?
Fija sus ojos en los caballos que corren como locos siendo guiados por sus dueños. Me ha dicho que nunca le mienta, pero no puedo revelar el hecho de mi desinterés por el polo. No puedo admitir que he estado pensando en ella y en las ganas de tenerla cerca nuevamente. Disfrutaba de su presencia mas allá de que la mitad del tiempo la hiciera rabiar o su carácter me pareciese muy tosco, pero más disfrutaba aquel momento donde ella tomaba mi mano y con su pulgar dejaba una caricia sobre el dorso. Quería saber sobre ella, su intimidad, como se sentía despertar y dormir con ella, quería saber sus gustos, sus miedos, quería estar en sus sueños y ser quien calmase sus pesadillas. Quería colarme bajo su piel y ser el perfume que llevase en su cuerpo durante todo el día volviéndola loca. ¿Casada? ¿Con quién?
— Nada en particular. — Logro decir — El hecho de usar animales para algo así no es de mi agrado.
— Del mío tampoco. Pero lo recaudado será destinado para un bien fin y eso es lo que me interesa.
Detengo mi mente en lo que acaba de decir. Fabray, dinero, fraude. ¿Sera Quinn igual a su padre? ¿A qué se dedica con exactitud? Una vez más siento su calor en mi mano, esta vez acompañado por su sonrisa.
— Daria hasta lo que no tengo por solo un trozo de tu pensamiento — Oh, no. No creo que te agrade meterte en mi cabeza, Fabray.
El día paso sin inconvenientes. Quinn no se aparto de mi lado y deposito toda su atención en mí. La tarde comenzó a caer lentamente cuando decidí que ya no había más por ver y era hora de marcharnos a casa, pero con su perspicacia logro convencerme para que me quedara al cierre del evento, en la fiesta que se presentaba en la noche dentro de la enorme casa.
Por supuesto que puso como excusa el hecho de no tener que ponerme, sumándole mi cansancio, pero ella lo tenía todo bajo control dejándome en claro que había una habitación donde podía recostarme a descansar y asearme sin preocupaciones.
— ¿Qué harás tu?
— Trabajar en el despacho. Tú encárgate de descansar — Se despidió dejándome en la puerta de aquella hermosa habitación. Me adentre fijando mi mirada en la enorme caja que descansaba sobre la cama. Allí dentro había un perfecto vestido color crema con zapatos haciendo juego. Me mordí el labio para evitar que mi sonrisa se ensanchara en mi cara. Me sentía una princesa de cuentos de hadas. Mi reloj pulsera marcaba las seis en punto, y Quinn volvería por mí cerca de las nueve, con media hora de descanso bastaría para luego prepararme para la fiesta.
A las nueve en punto terminaba de abrocharme la hebilla del par de zapatos que ya adornaban mis pies. Dos golpes, seguros y certeros anunciaban su llegada, sin lugar a dudas permití su acceso con un simple "pase" y su sonrisa me cautivo a penas mis ojos hicieron contacto con su rostro. Radiante, hermosa y elegante. Esas eran las tres palabras que mejor la describían. El vestido color cielo resaltaba sus ojos a la perfección. Me levante del pequeño sillón individual a los pies de la enorme cama y le devolví la sonrisa presa de los nervios.
— Luces como un ángel.
— Y tu eres mi cielo — solté sin pensarlo tomándola por sorpresa — Digo… por el color de tu vestido. — balbucee nerviosa y ella solo rio por lo bajo.
— ¿Ya estas lista?
— Si, solo espera un momento a que me coloque mi colgante. — aclaro acercándome al pequeño tocador a un costado de la puerta de acceso a la habitación.
— Déjame hacerlo a mí. — susurra a mis espaldas reflejándonos frente al espejo. Puedo ver como devora parte de mi cuerpo y espalda con sus ojos. Siento como la piel se me eriza por donde pasa sus pulgares. Acaricia mi cuello y yo quiero, deseo, quedarme aquí de por vida.
— Te queda precioso. — dice acomodando la gargantilla. — No hay dudas de eso. — me sonríe y se separa provocándole a mi cuerpo que sienta inmediatamente su ausencia.
Cuando bajamos las miradas vuelven a posarse sobre nosotras. Nos han estado esperando a nosotras, bueno no a mí sino a ella para anunciar que la cena estaba lista. Me tendió su brazo y yo me aferre a ella para adentrarnos en el comedor. Durante la cena picoteé la comida, mi estomago estaba completamente cerrado de los nervios, volvía a cruzarme con caras conocidas y otras completamente nuevas. Esta vez decidí soltarme un poco y tomar unas cuantas copas de vino tinto que servían con la comida mientras oía las entretenidas historias que Quinn le contaba a nuestros compañeros de mesa. Ella sabia como conquistarlos, sin duda lo hizo conmigo al observa con mi mirada fascinada.
Esa era la palabra correcta, fascinada. Quinn sabía lo que decía y hacia. No contaba cosas de más, sabía guardar silencio y escuchar a los demás con suma atención. Comencé a derretirme con su voz y sus gestos, y comprendí que estaba en problemas. Tal vez, solo tal vez, aun no era demasiado tarde para escapar de sus garras, pero entonces… ella lo hace otra vez. Vuelve a mirarme con esos impresionantes ojos verdes, asegurándose que aun sigo allí a su lado, como lo ha hecho durante toda la cena. La visión que tenia de ella comenzó a cambiar, aquella mujer que me miraba, me desnudaba con sus ojos no era la que reprendió contra su hermano o la que por momentos se ponía borde conmigo, no era quien me prohibía cosas aun siendo una desconocida para mí.
Cuando la cena termino, me levante disculpándome brevemente para ir hacia el tocador. Necesitaba con desesperación unos minutos para mí misma y asimilar el hecho de que estuviese cenando con grandes magnate de nuestro país.
No me demore mucho en el baño, no quería que Quinn tuviese que ir por mí por tomarme minutos de más. Guarde mi móvil en la pequeña cartera tras asegurarme que mis hijos o mi madre me habían llamado, mi atención fue golpeada por un hombre con traje azul oscuro sacándome de mi burbuja. Su negro pelo se vio abatidos por unos segundos por el golpe contra mi cuerpo y sus ojos, oh por dios, los conocía a la perfección, sus ojos verdes grisáceos desprendían asombro y brillaban al reconocer mi rostro. Guapo sin abandonar su elegancia pero atreviéndose a cosas nuevas en su look, consiguió sacarme la primera sonrisa sincera desde que comenzó la cena.
— Rachel, hola — dijo sorprendido dejándome un beso en la mejilla
— Hola… — susurre sonriendo — ¿Qué haces aquí, Christian? — se ríe y el sonido de su risa es agradable. Nunca me había fijado en eso.
— ¿Qué haces tú aquí? — me responde con una pregunta.
— He venido con Quinn.
— No debí preguntar eso. — Negó con su cabeza — Estas preciosa, Rach — acaricia mi mejilla con el dorso de su mano — Te has puesto colorada. — me sonríe y me muerdo el labio inferior. — ¿Ya te marchas?
— Eso quisiera, pero no. Solo vine al tocador.
— ¿Quieres bailar? — me pregunta oyendo la banda tocando una melodía suave. Mi cuello giro instintivamente buscando la figura de Quinn en la mesa, pero ella aun seguía inmersa en su conversación. Mi asiento como era de suponer ya había sido ocupado por otra señorita, que no dudaría en correrse si me hacia presente allí bajo la mirada de Quinn, pero la idea de Christian no me pareció fuera de lugar.
— No creo que ella lo note, y si eso pasa no se enfadara. Créeme. — dijo cortando mi indecisión. Claro que se enfadaría al segundo que descubriese que era Christian quien ponía sus manos en mí.
— Esta bien. — intente sonreírle y me aferre a mi cartera de mano. — Llevo tiempo sin bailar.
— Eso lo arreglaremos ahora mismo. — me tiende su brazo y yo me cuelgo de el dirigiéndonos a la sala de baile. La banda comenzó a tocar un vals y con el ritmo aun en mis venas me deje llevar por el ritmo que marcaba Christian, que no dudaba a la hora de apretarme contra su cuerpo.
— ¿Qué haces aquí exactamente, Christian? — mis dudas vuelven y no quiero dejar escapar esta oportunidad.
— Es una cena a beneficio ¿no? — Asiento — Pues, he venido a colaborar. Todo sea por los niños. — Me da una vuelta y vuelve apretarme contra su cuerpo — Ahora, respóndeme tu qué haces aquí o desde cuando eres tan amiga de Fabray.
— Solo me ha invitado, y no la conozco tanto como tú crees.
— ¿Saliendo con desconocidas, Rae? — susurra en mi oído.
— No pensabas lo mismo cuando acepte tu invitación para tomar algo en aquel bar. — recordé.
— Oh, me has pillado. — Reímos — Aunque esa noche llegue tarde. Ya tenías los ojos puestos en mi amigo. No lo nombro, pero con tan solo hacer referencia a su amigo Brody volvía a mis pensamientos. — Debes caerle muy bien para que decida traerte a una fiesta como esta.
Sabía que aquello no pasaría desapercibido para él, no fue un acontecimiento que muchos pasaron por alto y la mujer que compartió mesa con nosotras en el almuerzo me lo hizo saber tras comentarme que "era muy afortunada".
— Ella también me cae bien.
— Si Brody viese esto con sus ojos, no podría creerlo.
— Brody no está, y eso ya no es problema mío.
— ¿Qué sucede si regresa?
— Nada. Por lo menos de mi parte, no sucederá nada. El ya ha tomado su decisión. — me separa unos centímetros de su cuerpo asegurándose con su mirada que no hay muecas de mentira en mi rostro.
— ¿Eso qué significa? ¿Vuelves a estar libre? — ambos reímos.
— Tú sí que no pierdes oportunidad.
— Jamás. — me deja un beso en la sien — responde.
— Eres su amigo, Christian. No me parece correcto.
— Aun así no me has respondido.
— No sigo enamorada, y espero que eso sacie tu curiosidad porque no diré más. — Christian esbozo una reluciente sonrisa.
— Es más que suficiente para mí. Esta noche será particularmente buena, créeme.
El resto del baile lo pasamos contando bromas o recordando las veces que hemos salidos juntos y hemos tenido algún que otro percance. Cuando la banda dio por finalizada la canción, Christian me dio la gran noticia de la noche. Su acompañante estaba sentada a mis espaldas, levantando su copa de champagne elegantemente.
— Se nota que lo estas pasando bien. — dije llegando a su lado
— No me quejo, amiga. — me sonríe entregándome una copa de lo que bebía — ¿Qué tal baila mi hermano? — pregunta a la vez que Christian acerca una silla para él junto a nosotras, a mi lado.
— Está un poco oxidado, pero ha sabido darle pelea. — ambas reímos. Tener a Katherine aquí ha sido lo mejor que me ha pasado hasta ahora. — Es genial que estés aquí. — tomo su mano.
— ¿La estas pasando mal? — Levanto mis hombros — ¿Qué te ha hecho? — Christian se para unos segundos de su asiento saludando a varias personas que se acercan hasta el. Frunzo mi ceño pero Katy aun espera mi respuesta haciéndomelo notar.
— No ha hecho nada.
— Tal vez, ese sea el problema. — Palmea mi mano — Y tal vez, solo tal vez, sea bueno que patee su trasero en medio de la pista de baile.
— No creo que eso sea buena idea, Katy.
— No la tomare por sorpresa, ella esta advertida sobre ti. Tiene mi amenaza sobre sus hombros.
— Tendrás que esperar — le sonrió — Creo poder sobrevivir a esto.
— Es mi turno. — su voz sonó en mi lado derecho. Aquello no era precisamente una pregunta, más bien era algo que lo daba por hecho, al borde de exigirlo. Christian se giro en su lugar y busco mi mirada para detener mi acción, pero solo me limite asentir. Quinn extendió su mano y yo la tome de inmediato sin hacerla esperar. Paso a un lado de Christian sin abandonar mi ojos con los suyos, golpeando suavemente el hombro del furioso hombre de ojos verdes grisáceos.
Ya en medio de la pista nos llevamos las miradas de la mitad de los presentes aun sin comenzar con nuestro baile. Quinn me acerco a ella y tomo el control del baile como lo hacía con todo, con la seguridad que mostraba marcada por su personalidad. Era algo completamente nuevo para mi bailar con una mujer, lo he hecho en algún bar con Katy, pero no en una situación así, donde todos saben que soy la acompañante de Quinn y no dudan en armar un lazo mas allá de la amistad entre nosotras. Quinn no deja lugar a dudas sobre su orientación sexual, no se siente avergonzada mucho menos se detiene a pensarlo cuando deja en claro su gustos en la intimidad. Poseía destreza en el baile, clavándome la duda si en la cama era igual. ¡Madre santa! Tenía un estilo agresivo y dominante, bordeando lo sexual.
Olía al famoso perfume Chanel Nº5 y perder mi nariz en parte de su sedoso cabello rubio no hacía más que volverme loca.
— Vives escapando de mí. — me susurro en el oído apretando un poco mi cintura, dándole fuerzas a sus palabras.
— No pareció importante cuando la joven pelirroja salida de un catalogo tomo asiento a tu lado. Mi asiento. — me separo de su cuerpo lo suficiente como para mirarme a los ojos y esbozar una blanca sonrisa.
— ¿Celosa? — pregunto manteniendo sus ojos en los míos.
— Ya quisieras. — vuelvo aferrarme a su cuerpo desviando mi mirada sobre su hombro.
— No te acerques a Christian, Rachel.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Porque lo digo yo. — Intento alejarme pero ella me toma fuertemente imposibilitando mi acción — En mi presencia no lo harás.
Me recorre por el cuerpo adrenalina y jamás pensé sentirme así. Tenía dudas sobre Quinn hasta que sentencio aquello, me gustaba como me trataba por más que suene masoquista. He vivido todos estos años llevando una familia sobre mis hombros, lo que yo decía se hacía sin contar que un día sin mi presencia en casa era un completo caos. Que Quinn manejase la situación y fuese ella quien me llevase a su antojo no hacía más que empujarme a querer estar con ella.
— Y tú en mi presencia no coquetearas con pelirrojas.
— Es solo una socia, nada más.
— ¿Eso qué significa? — frunce su ceño y suspira sintiendo su aliento golpear contra mi nariz.
— Que es solo una socia.
—Quieres decir que no la has llevado a tu cama… todavía.
— No, maldición. Y no pretendo hacerlo, solo lo quiero contigo. — la música disminuía y comenzábamos a movernos más despacio dejándome atónita por su declaración. Para mí la preocupación por coordinar mis pies paso a segundo plano. — Tengo que irme. Tú has venido conmigo, y te volverás en mi compañía.
— Lo que digas. — me aparto de ella pero me sostiene de la muñeca.
— No comiences.
— Contigo nunca comenzare algo. — logro soltarme y camino hacia Katy que cuida de mi pequeña cartera.
Un brazo se poso sobre mis hombros empujándome contra su cuerpo. — ¿Todo está bien? — pregunto, dirigiendo su vista hacia Quinn que ya permanecía frente mío frunciendo su ceño. No de nuevo.
— Todo perfecto. — Quinn me tendió su brazo
— Yo me encargare de ella. — interrumpió Christian aun tomándome por los hombros.
— No lo creo. — negó con su cabeza fijando su mirada en mi — Rachel. — tenso su mandíbula.
— Sigue haciendo sociales. Yo la llevare de vuelta, salvo que quieras quedarte un rato mas bailando, Rae. — se dirigió hacia mi poniendo una particular énfasis en la abreviación de mi nombre, volviendo loca a Quinn que se removía en su lugar.
— No te metas en esto. — disminuyo la distancia que separaban ambas personas que luchaban sobre quien me llevaría de regreso a casa.
— Ya basta de estupideces — Katy interrumpió lo que podría haberse desatado claramente como la tercera guerra mundial — Tu deja de hacer el imbécil — apunto a su hermano — Y tú tienes mis ojos puesto en ti, no te pases con Rachel que yo no te tengo miedo. — hizo referencia a Quinn — Rachel, ya decide de una vez si te volverás con nosotros o con ella. — los tres par de ojos se enfocaron en mí y yo solo atiene a agachar mi cabeza.
— He venido con Quinn. — aclare dejando en obviedad mi respuesta. Quinn sin dudarlo paso su brazo por mi cintura y me atrajo hacia su cuerpo.
— Iré a encargarme de tus pertenencias ¿de acuerdo? — Asiento — Estaré esperando por ti en la entrada. — Besa mi sien — Señorita Bale, ha sido un placer volver a verla. — asienta con su cabeza y Katy no duda en imitar su gesto. Se aleja de nosotros sin despedirse de Christian, no me sorprende teniendo en cuenta que ese juego lo ha empezado el ignorándola en la confitería.
— Cualquier cosa llámanos — dice Katy dejándome un beso en la mejilla — Cuídate.
Yo solo sonrió y miro a su hermano que observa la pista de baile enfocando su vista en las parejas que bailan ajenas a nuestra situación.
— Adiós, Christian.
No recibí respuesta, por supuesto. Pude escuchar como Katherine reprendía contra su hermano pero yo solo me enfoque en el camino que nuevamente me llevaba hacia los servicios. Tarde más de lo pensado en llegar teniendo en cuenta que más de una persona me detuvo para conversar pensando que yo era la pareja actual de Quinn. El flujo constante de mujeres entrando y saliendo de los servicios me indico que aquello me tomaría unos minutos más. Podría haber subido a la habitación y usar el baño donde me aliste para la cena, pero eso ya lo sentía como invasión en un lugar ajeno a mí. Unos de los cubículos se vació y me dio el pie para encerrarme allí para detenerme a pensar que era lo que estaba pasando a mi alrededor. El silencio se hizo presente, poniendo en duda cuantos minutos había dedicado para mí misma allí dentro.
Me sentía tan confundida con los cambios de humor de Quinn ¿Por qué coqueteo conmigo y a los segundos se enfado por haber estado con Christian? ¿Por qué demonios tenía esa lucha constante con él? ¿Qué escondían?. Suspire y cerré mis ojos preparándome para lo que vendría a continuación dentro del auto. Aun nos quedaba una hora de viaje y tenerla por tanto tiempo en un espacio reducido provocaba que no pensara con total lucidez.
Yo he accedido a esto. Me reprendí mentalmente. Tome aire y abrí la puerta chocándome por segunda vez con una persona. Teniendo en cuenta que aun seguía dentro de los servicios, aquella era una mujer. La pelirroja que se atrevió a robarme el asiento se colocaba frente al espejo para retocar su maquillaje, sin perder visión de mi persona. Una vez que termine de lavarme las manos, giro su cuerpo, observándome. Yo también lo hacía por el rabillo de mi ojo. Era bonita, no podía negarlo, de cerca su belleza era aun más shockeante. Alta y delgada, con unos enormes ojos azules y su pelo brillante liso hasta su cintura. Tenía los labios rojos, haciendo juego con su cabellera, regordetes y apetecibles. Era una perfecta mujer salida de un asqueroso y envidiable catalogo.
Tome la toalla que me entregaba la encargada de los servicios y la pelirroja le exigió a la mujer que abandonara el lugar dejándonos solas.
— ¡Pero mira a quien tenemos aquí! — dijo cuando el click de la puerta dio el aviso que solo estábamos las dos — ¿Qué se siente ser el nuevo juguete sexual?
— Ya quisieras estar en mi lugar. — directo en su rostro, tomándola por sorpresa.
— Tienes razón. ¿Quién no lo desearía? Pero ¿Sabes por qué no ha sucedido?
— Porque a ella no lo quiere así. — aclaro guardando el lápiz labial en mi cartera.
— Y yo tampoco, de lo contrario estaría gozando en mi cama. Pero prefiero tenerla así a mi lado y no ser una zorra de una sola noche, ella es incapaz de comprometerse. Mírala a ella, joven, preciosa, ambiciosa y rica. Ahora echa un vistazo al espejo y mírate tú. — Esboza una sonrisa — Disfruta mientras puedas.
— Si — le devuelvo la sonrisa a través del espejo — No tengas dudas que lo hare.
Entrecierra sus ojos apretando su mandíbula.
— Ella no respeta a las mujeres, en el momento en que pruebe de que estas hecha en la cama se acabo todo. Como ha pasado con las demás mujeres, pregúntale a la muchacha de la semana pasada. — se acerco a mi sintiendo la seda de su vestido en mi brazo izquierdo — Pero mírame a mi ahora, yo aun sigo aquí sentándome a su lado, riendo de sus bromas, porque está claro que le interesa tener mi presencia a su lado por un largo tiempo.
Ella sabía que estaba golpeando donde más me duele, después de todo ambas somos mujeres.
— Es triste que te rebajes de esta manera.
Salí de los servicios pasando a un lado de la mujer que se encargaba de todo, deteniendo a varias mujeres allí afuera para que no interrumpiera nuestra charla. Quería llorar, pero apresure mis pasos hasta la entrada decidiendo cambiar el camino para que los hermanos Bale no notaran mi estado.
— Rachel… — solo oí su voz a un costado de mi cuerpo cuando pase por la entrada sin detenerme. Paul ya nos esperaba a un lado del auto, abriendo rápidamente la puerta cuando me vio bajar las escalinatas a paso apresurado.
— Ey, ¿Qué ha sido eso? — escucho la voz de Quinn mientras se sube al auto. No puedo verla, mantengo mi rostro cubierto con mis manos imposibilitando el hecho de que vea mis lágrimas.
— Déjalo ahí, Quinn.
— ¿Ha sido ese imbécil? — Intenta alejar unas de mis manos pero me rehusó — Responde, maldita sea. Dime que ha sido él y no tendrá más ganas de respirar el mismo aire que tu.
— No. — Sollozo — El no ha tenido nada que ver en esto.
— ¿Quién entonces?
— ¿Para qué quieres saberlo? De todos modos no harás nada y ya he vivido el mal momento.
— Dímelo. — apretó mi muñeca logrando ver mi rostro. — Dímelo, ahora.
— Tu socia… — respondo observando cómo frunce su ceño — La estúpida pelirroja que se ha sentado a tu lado, quien ha dejado en claro que solo soy la zorra de turno.
— Tú no eres eso. — asegura
— Pues no es lo que todos deben pensar esta noche.
— Me vale mierda lo que ellos piensen. Tú no eres eso, ni siquiera te atrevas a volver a repetirlo. Eres mucho más para mí.
— ¿Qué soy? — me atrevo a preguntar y no sé cuánto tiempo a tomado nuestra conversación pero puedo ver la oscuridad que nos rodea siendo consciente que ya hemos emprendido viaje y estamos sobre la ruta que nos dirige hacia Lima.
No puedo verla al cien por ciento, la oscuridad densa del auto impide que aprecie su rostro. Solo puedo sentir su aliento chocar contra parte de mi mejilla y pelo. Empuña su mano derecha sobre mi pierna tomando parte del costoso vestido que me ha entregado. El silencio nos invade.
— Quinn…
— Eres… tu eres… — suspira y entiendo a la perfección que ni siquiera ella sabe lo que soy en su vida mucho menos que hago a su lado.
— Déjalo. — tomo su mano que aun sigue en mi pierna y la aparto. Ella parece tomarlo para su beneficio propio y se acomoda lejos de mí, en su asiento posando su mirada en la ruta. Miro hacia el frente y caigo en la cuenta que la nuca de Paul no está a la vista, mucho menos el camino alumbrado por las luces del Roll Royce. En cambio, solo puedo ver un fondo negro, fondo que descubro en los siguientes segundos que pertenece a un vidrio dividiendo el auto en dos. Quinn ha prendido la luz de la parte trasera.
— Rachel…
— Quinn, ya no sigas. Has de cuenta que no he preguntado nada. — mantengo la mirada en el camino, contando los postes de luz que pasan a mi costado.
— Eres lo que quiero pero que no me atrevo a tener. — giro mi rostro con el ceño fruncido sin entender a que se refiere.
— ¿De qué hablas?
— No quiero intoxicarte con mi mierda de vida, Rachel. Te he advertido que debías alejarte de mí.
— Pero tú no lo has permitido enviándome regalos costosos a mi lugar de trabajo, o presentándote allí.
— Te quiero en mi vida, no puedo evitar el acercarme a ti.
— ¿Para qué me quieres? ¿Para follar? — tenso mi mandíbula y ella gira su rostro hacia mi — Tienes un bar a tu disposición para ello.
— No sigas por ahí.
— Es donde me has conocido. ¿Quieres que sea tu zorra por una noche? ¿Eh?
— Basta, Rachel.
Comienzo a reír, por los nervios pero más por el enojo que corre por mi cuerpo.
— Quieres follarme y no sabes si debes dejarme una generosa propina o si yo accederé a eso gratis teniendo en cuenta que me has vestido con un costoso vestido y me has traído a una importante fiesta.
— ¡Ya basta! — Golpeo sus piernas — Cállate
— No me hagas callar, y termínala tú. — me limpio furiosa la lagrima que se atreve a dejarme en ridículo, débil frente a ella.
— ¿Qué mierda quieres? ¿Qué te escriba poemas, te regale flores y cante serenatas? — Pregunto furiosa — No lo hare. Esa mierda no va conmigo ¿me oyes?
— Eres una imbécil.
— Lo soy por estar a tus pies rendida. — Es un golpe directo hacia mi pecho, el cual provoca que el aire desaloje mi boca bruscamente — ¿Eso querías oír?
— No quiero que estés a mis pies. Quiero que estés a mi lado.
— Lo estoy. Estoy a tus pies, a tu lado, detrás de ti. Estoy alrededor de ti, sin perder tus pasos y asegurándome de no ser lo suficientemente imbécil como para que salgas corriendo lejos de mí.
Sin pensarlo estiro mi mano y tomo la suya aflojando el maltrato al que somete a su vestido. Afloja el agarre rápidamente y le da acceso a mi pequeña mano en la suya.
— ¿Qué me has hecho, Rachel? — pregunta fijando su vista en nuestro agarre.
— No lo sé, pero quiero averiguar qué has hecho tú en mí.
— Yo no te daré cuentos de hadas ¿Entiendes?
— Y yo no lo quiero… — me mira con su ceño fruncido — Al menos no ahora. Solo… solo quiero saber porque me pasa esto contigo.
— No sabes lo que dices.
— Se perfectamente lo que digo.
— Rachel… — la interrumpo subiéndome a horcajadas sobre ella dejándola sin aliento, tomándola por sorpresa. Hice lo que había querido hacer desde el momento en que la vi en la confitería. Me aferre a su cuello introduciendo mis dedos en su melena corta. Me encantaba el modo en que se excitaba con tan solo un roce mío en su cuerpo, y yo me sentía como si fuese a enloquecer si tenía que esperar más tiempo por un beso de ella. Me acerque a su boca sin dejar que piense en aquello mucho más. Sus labios eran suaves, tal y como los había imaginado desde un primer momento. Abrió su boca de inmediato y le succione la lengua entendiendo a la perfección que aquello le gustaba, y ahora sabía que yo también podía tomar las riendas de la situación. En esos momentos mi mente divagaba y me golpeaba constantemente el pensamiento de querer chupar cualquier otro sitio de su cuerpo con las mismas ganas.
Paso las manos por mi espalda y yo gemí en sus labios tras sentir el empuje de su cuerpo contra el mío. Con una pierna a cada lado de su cuerpo, la abrace dejando su nariz en mi cuello, sintiendo como se impregnaba de mi olor. Sentí sus labios húmedos emprendiendo un nuevo camino hacia mi boca. No demore mucho mas nuestro encuentro aun meciéndome sobre su cuerpo, profundizando aun más el beso. Le lamí lo que pude dentro de la boca, saboree su labio inferior con mis dientes y uní toda la extensión de mi lengua con la suya.
Quinn se aparto de mi boca apoyando su frente en mi pecho buscando aliento tras nuestro desenfrenado beso. Yo solo atiene aferrarme a sus hombros y ella levanto su vista plantando su nariz en mi mentón.
— ¿Qué me estás haciendo, Rachel?
Esto es el poder de los rw! Muchísimas gracias por la buena onda.
No diré mas que, esperen que esta historia tiene para largo y poco a poco irán descubriendo el mundo que rodean a ambas mujeres.
TWITTER: FaberryOk
DEVIANTART: Heyjudee
Glee y sus personajes no me pertenecen.
