Leer nota de auto. Importante.

Capitulo Doce

— Hola pequeña — dijo Kurt entrando en mi cocina. Yo estaba recién levantada, eran a penas las nueve de la mañana y como era habitual en nosotros, los domingos desayunábamos juntos. Como era de esperarse llego con los muffins que tan loca me traen pero algo más me llamo la atención. Una enorme caja dorada con un arreglo floral combinando orquídeas con tulipanes — Que cara — No era para menos. Llego a mi lado depositando un beso en mi mejilla y dejo los presentes en la isla de la cocina. — Por tu cara no has dormido muy bien ¿me equivoco?

Solo gruñí y nos serví dos enormes dosis de cafeína. — ¿Blaine? — pregunte señalando con mi cabeza los obsequios. El negó con su cabeza.

— Son para ti. — fruncí mi ceño y el estudio mi reacción. Solo podía ser una persona. Me detuve frente a las flores sorprendida por la cantidad que abarcaba el ramo, fácilmente había dos docenas aquí. Tenían una fragancia exquisita y no me prive de olerlas, después de todo eran para mí.

— ¿Para mí? ¿Seguro?

— Antes de entrar un cadete me pregunto aquí vivía Rachel Berry. Me tome el atrevimiento de recibir todo esto por ti. Ahora dime, ¿Con quién estas coqueteando bajo mis narices?

No le preste atención a sus palabras y fije mi mirada en la tarjeta que colgaba del ramo.

No puedo quitarte de mis pensamientos.
Estoy muriendo por volver a verte.

Q. Fabray

— ¿Fabray? — escucho su voz detrás de mí. Ya es demasiado tarde para ocultar la tarjeta — ¿Quién demonios es Fabray? ¿Dónde lo has conocido? ¿Es guapo? — disparo todo aquello en menos tiempo de lo que tarda un suspiro.

— Es la mujer con quien tome un batido.

— ¿Mujer? ¿He oído bien? — Asiento moviéndome por la cocina para buscar un jarrón y llenarlo de agua — ¿Una mujer, Rachel?

— Si. Una mujer, Kurt.

— ¿Una mujer te ha mandado flores? ¿Una mujer muere por verte, de nuevo?

— ¿Puedes darme unos segundos para asimilar esto? — Pregunto llenando el jarrón — Acaba de levantarme y tu no paras de matarme a preguntas. Ten un poco de piedad. Ayer he estado todo el día fuera de casa y aun estoy cansada.

— Cuéntame.

— Una pregunta a la vez. — dije retirando las flores de su hermoso arreglo para ponerlas en el jarrón.

— ¿Dónde estuviste ayer? — pregunto tomando asiento en el taburete.

— En un almuerzo a beneficio… bueno ha sido más que un almuerzo, se ha estirado hasta la noche también.

— ¿Con esa mujer, la tal… Fabray?

— Si.

— ¿Dónde la has conocido?

— Es la dueña del bar donde trabajo. — abrió su boca sorprendido

— ¿Te acuestas con tu jefa? — chillo

— ¡No! — respondo ofendida

— Pero eso quisieras… — levanto mis hombros — ¡Rachel!

— No actúes como si fuese algo aberrante. Solo la he acompañado a ese evento porque no tenía con quien ir y, habíamos quedado en almorzar ese mismo día.

— Claro, con tu jefa. — no respondo a lo que dice — ¡Deja esas malditas flores en paz! Hay un asunto aquí que no quieres decirme.

— ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué ahora me gustan las mujeres? ¿Qué soy completamente lesbiana y luchare por los derechos de los homosexuales? Pues no. Solo me gusta ella.

— Eso es un gran avance para ti, muchachita. — vuelvo a tomar asiento frente a él — No pareces estar muy emocionada por recibir algo así teniendo en cuenta que quieres llevarla a tu cama.

— Ella no es para mí, las alarmas de peligro suenan cada vez que me acerco a ella. Ahora, solo tengo que mantenerme apartada de ella. — Kurt frunció su ceño confundido. Yo también lo estoy.

— ¿Cómo sabes que no es para ti?

— Créeme que lo sé, y tu pensarías lo mismo si la conocieras.

— Pero, aun así, deseas acostarte con ella. ¿Por qué?

Suspiro echando mi cuello hacia atrás. — No lo sé. No puedo apartarla de aquí — señalo mi cabeza — Y si la conocieras… — me detengo a pensar por unos segundos — Caerías rendido a sus pies como yo lo he hecho el primer día que la vi.

— Rachel, aquí hay algo que no me estas contando.

— Anoche, en el auto… — abre su boca — Espera, no es lo que piensas.

— Pues habla entonces.

— Me ha rechazado. Yo me he lanzado sobre ella, literalmente, pero paso de mí. Me ha dicho que no podía hacerlo conmigo por más que lo deseara. He quedado como una completa idiota. — mi móvil comenzó a sonar pero no le di importancia colocándolo en modo silencioso

— ¿Por qué no atiendes?

— Porque es ella. No ha parado de llamarme.

— Escúchame, yo soy Cupido ni el mejor casamentero de Lima, pero esta más que claro que tu mueres por esa mujer. Te ha rechazado ¿Qué más da? Te ha dicho que lo desea tanto como tú. Vuelve a insistir.

— Es casada.

El gesto de Kurt fue claro. Desconcierto y confusión. Abrió su boca, giro levemente su cabeza hacia la izquierda y frunció su nariz pestañando varias veces seguidas.

— ¿Eh?

— Lo que oyes. Me lo ha contado su primo. Es casada.

— ¿Con quién?

— ¿Crees que lo sé? — Levanto sus cejas — Pues no, no lo sé.

— A ver, déjame entender un poco toda esta novela amorosa. — Dejo su tasa en la encimera — Se han conocido en el bar, han conectado mutuamente. Tú has estado confundida por sentirte atraída por una mujer y ella no ha parado de acercarse a ti constantemente. La cagas con ella vaya a saber porque, y acude a tu lugar de trabajo para invitarte a tomar algo por ahí poniendo de pretexto que solo así aceptara tus disculpas. — lo mire asombrada por su brillante memoria y su forma de resumir toda la locura que ha pasado entre nosotras — Ahora, tú te sientes perdida, dolida y con el orgullo de mujer en el piso por ser rechazada y mal interpretar las señas que te ha tirado durante el día de ayer, sin embargo, tras enterarte que era casada no has dudado en lanzarte. Dime, ¿Por qué debes alejarte de ella con exactitud? Aquí la única loca irracional pareces ser tú.

Me ofendí un poco por lo que dijo, no voy a negarlo, pero aun no sabía si podía contarle con lujos y detalles el entorno que rodeaba a Quinn y que inevitablemente, comenzaba a rodearme a mí también.

— Digamos que su carácter no es muy dulce que digamos.

— Es dueña de un bar y asiste a eventos que benefician a otras personas. Teniendo en cuenta eso, y que el ramo de flores que te envió con la caja de bombones son lo suficientemente costosos como para perder un ojo, me deja en claro que esa mujer tiene poder económico.

— ¿Bombones?

— Si y están deliciosos, te robe uno. Volviendo al tema, es mujer, rica y dueña de un bar. Tiene poder y debe imponer respeto, no la culpes por su carácter.

Consciente de que aun podía sentir el olor de su perfume en mi cuerpo, recosté la mitad de mi cuerpo en la isla de la cocina ocultando mi rostro en mis brazos. Sentía el impulso de atender a sus llamadas o escuchar todos los mensajes de voz que me había dejado en este periodo de dos horas. Quería oír su voz, sentir sus labios y brazos alrededor de mi cuerpo. Quería que abriera su corazón conmigo y me dijese que le pasaba. Deseaba saber si se excitaba tanto como yo cuando me apenas me roza el cuerpo.

— Kurt, no lo entiendes.

— Cuando estés preparada para contarme que mas hay detrás de esto, gustoso te escuchare.

— Ella jamás se compromete a una relación seria.

— Sin embargo está casada. Pero déjalo ahí.

— Kurt, no me ignores en estos momentos. ¿Entiendes que he querido follarme a una mujer en su propio auto? ¡Mi jefa! No ha pasado ni un mes desde la partida de Brody y esa mujer, que apenas conozco, me ha seducido a cotas insospechadas. Me entregue, deje que pusieras sus manos en mi trasero y le explore la boca entera con mi lengua, sin embargo me aparto a un lado, alejándome de su cuerpo para decirme que aquello no era correcto, que no podía. ¿Cómo quieres que este? ¡Maldición! Me siento una zorra regalada. Un zorron de los grandes. — aquello sonaba bizarro teniendo en cuenta mi situación actual respecto a mi trabajo, pero de todos modos aun no había ejercido al cien por ciento.

Kurt por su parte abrió sus claros ojos completamente shockeado. Sabía que mi brutal sinceridad lo dejaría pasmado.

— ¿Zorron? — Ríe — ¿Te has visto? Tú jamás podrías ser eso, eres muy pura y algo agria respecto al sexo, por no decir demasiado.

— Oye, si quiero ser una zorra puedo serlo. Hasta le haría ver las estrellas y no precisamente por llevarla a un conservatorio. — Yo sabía que entre nosotras había pasado algo. Un crush o cómo demonios quieran llamarlo, pero ella se excitaba tanto como yo queriendo follar hasta desaparecer de tanto sudor derramado. La noche anterior la había deseado como nada en el mundo y su rechazo había provocado que la deseara aun mas, pero también estaba estaban estas ganas de querer no volver a saber nada de ella nunca más. Suspiro — Fue muy intenso, por momentos creí revivir la escena del titanic donde follan duro en el auto con los vidrios empañados. —Provoco la risa de Kurt y yo también me atrevo hacerlo — Ella estaba allí conmigo, casi o mas entregada que yo. Era la primera vez que lo iba hacer en un auto, y al principio lo pensé bien y me resistí a la idea, pero sus palabras me excitaron tanto que me deje llevar.

— ¿Nunca lo has hecho en el auto? ¿En serio? — Hizo una mueca extraña con su boca arrugando su nariz — Cuando estábamos en el instituto la mayoría de los chicos de Glee Club tenían los autos como lugar seguro para follar. Glee club, Rachel ¿has oído? — Habla lentamente — Éramos lo más bajo en la pirámide, sin embargo todos han experimentado aquello, y tu no. ¿Ahora entiendes porque no eres un zorron? — me encogí de hombros

— Supongo que follar en un auto se convierte en mi fantasía, y el hecho de que lo haya intentado lanzándome a sus brazos me convierte en uno de ellas.

— ¿Ella te ha dicho que lo eres?

— No, ella me ha dejado en claro que no debo compararme siquiera. Fue… — Dude. Dude completamente en revelar mi encuentro con la pelirroja en el baño, pero ya había soltado la lengua de mas con él. — una pelirroja. Me he encontrado con una mujer en los servicios y no tuvo mejor idea que afilar sus garras para mantener una charla de chicas allí dentro.

— Garras, lo has dicho. La gata es ella, no tu. Claramente esta celosa.

— Eso lo sé, no puede tirarse a Quinn porque al parecer las mujeres que pasan por las manos de Fabray no se repiten más de una noche, y ella no es de ese tipo.

— ¿Se lo has contado a Quinn? — Asiento

— Pero ella me lo ha dejado en claro con anticipación diciéndome que no mantenía ningún lazo afectivo con quienes se acostaba, no sirve para los compromisos. Supongo que es selectiva y sabe olfatear cuando una mujer pretende algo más que un simple revolcón creando dos tipos de mujeres, sus socias y las de una noche. — Bebí un poco de mi café ya algo frio — Y se que ella olfateo que yo no me voy con juegos. Soy madre de dos niños y no tengo tiempo para jugar a las adolescentes calentonas.

— Creo que la has asustado.

— ¿Qué hare? — suspire frustrada pidiéndole respuestas con mi mirada perdida

— Has estado en peores, créeme que saldrás de esta. — me extiende su mano por encima de la isleta y yo la acepto gustosamente enlazando mis dedos con los de él. El siempre estuvo ahí desde un principio y no dudaba en estarlo nuevamente, daba las gracias por tenerlo en mi vida todos los días y que fuese parte fundamental.

— ¿A ti como te fue con Blaine? — pregunte cambiando el foco de atención, el también necesitaba hacer su descargo.

— No me quejo. Ayer llego cansado pero en la noche follamos como locos. Han pasado dos meses sin verlo, puedes imaginarte como estuvo eso. — sonríe socarronamente.

— ¡Gracias, Dios! — Levanto mis brazos — Al menos uno de nosotros ha tenido una alegría.

— ¡Alabado sea el señor, hermana! — se unió a mi broma — ¿Quieres que comamos algo aquí o salgamos a picotear algo por ahí?

— No tengo mucha hambre. — ya era medio día y ni siquiera me había dado cuenta de lo rápido que paso la hora.

— Sabes que no soy buen cocinero, y teniendo en cuenta tu delicado paladar con la comida seré cruel cocinando algún pobre animal y tu tendrás que comértelo. Decide.

Levanto mi mano mostrando mi rendición. — De acuerdo, pediremos si te parece bien. No tengo muchas ganas de salir.

— Lo que tú digas, reina.

La noche del domingo llego pronto y la hora de bajarme del auto para entrar al bar a cumplir mi horario de trabajo había llegado. Como toda mujer en medio de un un problema como el mío, evitaba a toda costa encontrarse con la persona que provocaba sus nervios. Yo, yendo en contra de la marea, me presente sabiendo de ante mano que había grandes chances de cruzarme con Quinn. Cuando llegue a la segunda planta, pasando por la entrada y saludándome amablemente con el gorila blanco de la puerta, sentí el alivio de saber que ella aun no había llegado o al menos Santana y Brittany no había tenido noticias de ella esa noche. No dejaba de sentirme ansiosa por la situación de un posible encuentro.

Las muchachas se veían muy animadas, Santana parecía flotar en al aire mientras Brittany se dedicaba a regalarle sonrisas de enamorada.

Parte del domingo estuve tan ocupada luego de que Kurt abandonara mi casa que se me paso volando y no tuve tiempo de pensar en ella, al menos no en un cien por cierto y agradecía aquello. Fue entonces cuando mi móvil, que había dejado sobre la barra de nuestra sala con anterioridad, comenzó a sonar. No puede acudir a él, aun estaba luchando con el vestido que había optado para usar en la noche pero la voz de Santana me dejo helada.

— Se ha comunicado al móvil de la señorita Berry, al habla Santana ¿Con quién tengo el gusto de hablar? — cerré mis ojos y me maldije por mi descuido. Mi intuición femenina ya me alertaba — Lo siento. De inmediato la comunicare con ella. — Corrió hasta donde me encontraba con su rostro pálido — Es para ti. — es mi móvil, no creo que busquen a otra persona que no sea yo. Lo tome gesticulando con mi boca el hecho de haber respondido mi llamada.

— Fui clara cuando dije que no te quería ahí dentro. — dijo cortante, claramente enojada.

— ¿Has llamado solo para eso? — respondí de la misma forma llamando la atención de Santana que no dudaba en abrir sus ojos sorprendida.

— Rachel, sal de ahí inmediatamente.

Colgué.

Así es. Aleje el móvil de mi oreja y presione fuertemente el botón rojo, una y otra vez sin cesar histérica por su caradurez de reprocharme aquello luego de nuestro encuentro o desencuentro en su auto.

— ¿Estás loca mujer? ¿Cómo te atreves a cortarle la llamada a Quinn?

— ¿Cómo sabes que le corte? — volví a mi ardua tarea con el cierre de mi vestido — Y que sea la última vez que tocas mis cosas si no quieres que te haga tragar tus dientes. — Lo dije. Era la primera vez que me plantaba frente a Santana de aquella manera, pero Quinn lograba sacar lo peor y mejor de mí. Si tan solo hubiese sido así en el instituto me habría evitado varios dolores de cabeza.

— Déjame decirte que tienes unos ovarios del tamaño de mis tetas para cortarle así el móvil.

— Vete y déjame en paz, Santana. — El sonido volvió a interrumpir el ambiente de la sala.

— Prepárate para lo que se viene. — sin más se marcho dejándome a solas con el móvil iluminando parte de mi vestido, casi corriéndose en el bando debido a la vibración.

— ¡No vuelvas a cortarme la llamada, Rachel! ¿Me has oído?

— ¿O sino qué?

— No querrás averiguarlo. Maldición, vete de ahí ahora mismo.

— No lo hare.

— Rachel, no lo diré de nuevo.

— Y yo mucho menos. Creo que eres lo suficientemente inteligente para entender el idioma que hablo. — lo próximo que escuche fueron los tonos que marcaban una llamada finalizada. El corazón corrió hasta posarse en la entrada de mi boca aferrándose a mi campanilla provocando un grito silencioso. ¿Vendrá? ¿Ella aparecerá aquí? Niego con mi cabeza y aliso mi vestido nerviosa. Esta noche me he decido por usar uno color azul más corto de lo común con un destacado escote en la parte delantera que te empuja a deleitar la vista con parte de mis pechos al aire.

Quise llegar a la sala donde estaban las demás con una sonrisa en mi rostro pero en la entrada se escucho un portazo deteniendo mis pasos en la salida de nuestro cambiador, cerca de la barra.

— ¡Largo! — Grito furiosa provocando que mis compañeras de trabajo tomaran sus pertenencias o corrieran hacia la salida dejándonos completamente solas.

Después de haber recibido sus incesantes llamadas durante el día, no había dejado de pensar el hecho de querer atender una de ellas y tirar todo mi esfuerzo de ignorarla al diablo. Sometí a mi mente en una tortura constante preguntándome donde estaría, o en que ocupaba su tiempo. Sentía la necesidad de cortar esto por las buenas pero aun el deseo dentro de mío se seguía alimentando con tan solo verla parada a unos escasos metros lejos de mi. Era un deseo que me mantenía constantemente enganchada a ella. Deseaba volver a experimentar lo que era besar sus labios y sentir su saliva mesclada con la mía. Conectar a un nivel de intimidad puro y perfecto sin necesidad de mantener relaciones sexuales.

Pero ese deseo no podía justificar el hecho de haberme sentido una zorra la mayoría del tiempo o herida por su desprecio.

— ¿Qué demonios haces aquí?

— Ya hablamos este tema con anterioridad. Si no quieres verme mas solo tienes que despedirme. — respondí sin hacer contacto visual con ella, de lo contrario estaría jodida aun sin haber comenzado. Camine pausadamente hasta la barra y decidí servirme un poco de wisky. Jamás en mi vida lo tome, pero necesitaba una inyección inmediata de valentía para atravesar por la furia Fabray.

— No quiero verte aquí dentro. Creí haber sido clara con eso.

— Ni aquí ni en ningún lugar. Si, has sido muy clara en el auto cuando has decidido rechazarme.

— Rachel — aun había enojo en su voz — La he cagado y lo sé. Pero déjame que al menos te explique.

— Tranquila — dije en tono irónico — No tienes porque darle explicaciones a una simple empleada. No pasa nada.

— Si que pasa, y mucho. Quiero verte fuera de aquí y tenerte para mí.

— No quiero.

— Rachel — paso la mano por su pelo — Podemos solucionar esto por las buenas y de una manera rápida y fácil. O simplemente puedes ponérmela difícil y no querrás saber con lo que puedo salirte.

— No tengo nada que hablar contigo.

— Pero yo sí, y vas a oírme te guste o no.

Cerré mis ojos y comprendí que no tenía escapatoria. Ella por algún motivo aun se encontraba parada frente a la puerta imposibilitándome el hecho de querer escapar lejos de ella como sucedió en mi primera noche allí.

— Dime.

Aflojo su postura y camino hasta acercarse a mí pero la detuve inmediatamente con mi dedo. Demasiado cerca para mi gusto.

— ¿Te han gustado las cosas que te envié esta mañana?

— Si, fue un lindo gesto. Gracias, pero no creo que quieras hablar sobre flores o los diferentes gustos de bombones que contenía la caja dorada.

— Rachel… — suavizo su voz acercándose a mi sin vacilar.

— ¿Sabes que eso se considera como algo romántico? — pregunte dándole un trago al wisky provocándome un ardor en mi garganta — ¿Qué hay con la Quinn que no se anda con ese tipo de mierda?

— Dame un respiro, Rachel.

— No me apetece hacerlo. No se me antoja ser la imbécil de este cuento.

— No eres imbécil.

— Si lo soy por ceder frente a ti.

— Puedo ser eso y mucho más. Déjame intentarlo ¿de acuerdo?

— ¿Solo para follar? — Rio antes de darle otro trago — No gastes dinero en eso, guárdalo, sal de aquí y pídeme el trago gacela para luego dejarme propina. Seré la puta que necesitas que sea.

— Suficiente. — Aparto el vaso de mis manos bruscamente y me tomo del brazo alejándome de la barra — Toma tus cosas. Ahora.

— Tú eres la imbécil.

— Ya te he dicho anoche que lo soy. Puedo vivir con ello. — señalo los vestidores apresurando mi ida de allí. Grite furiosa y camine hasta darle un empujón sobre los hombros. Ella siendo aun más rápida y yo perjudicada por mis pocos reflejos gracias al alcohol, me tomo de las muñecas llevándolas hasta mi espalda dejándome imposibilitada para moverme con libertad.

— Ya hable. Puedes ponérmela fácil o difícil. Tú decides. — forcejee un poco mas pero la fuerza descomunal de aquella mujer parada a solo milímetros de mi boca me dejaba atónita y con una pisca de excitación. — Ya te he dicho que me dejes intentarlo. Te he enviado flores y una caja de chocolates. He sido respetuosa contigo decidiendo no follarte duro en el auto solo por saber que tenia alcohol corriendo por tu cuerpo.

— Eso no es cierto. — proteste

— Te has bebido cinco copas de vino tinto y dos de champagne. Una en la mesa, a mi lado y otra con tu amiga Katherine luego de bailar con tu amiguito. ¿Miento? — No lo sé. No llevaba la cuenta, pero al parecer ella no había despegado sus ojos de mí. — ¿Me crees tan idiota como para rechazar a una mujer como tú? — Me penetra con su mirada — ¿Eh? — sacude mi cuerpo buscando mi reacción.

— Y cuando ya sepas de que estoy hecha ¿Qué harás? — Frunce su ceño no comprendiendo a que hago referencia — Dime, Quinn. Cuando ya haya pasado por tu cama no harás mas que descartarme ¿no es así?

— Cuando toques mi cama no dejare que vuelvas a salir de ella.

Respiro agitada por sus palabras. Directa y sincera, sin vueltas.

— Desde que mis ojos se posaron en tu cuerpo no he querido más que follarte duro sin dejarte respirar. Me duele el cuerpo de tan solo compartir el mismo aire que respiras. Me vuelves loca y solo deseo estar entre tus piernas día y noche, sintiendo que aun así, no obtendré lo suficiente de ti. Quiero que seas mía y de nadie más, que vivas por y para mi así como yo viviría para ti.

— No… — niego con mi cabeza aturdida retrocediendo logrando alejarme de ella tras sentir como afloja su agarre tras mi sentencia. No sé qué pensar, mi corazón quiere aferrarse a ella, mi locura correr a hacia sus brazos pero la cordura, ella me pide que me mantenga fría y piense bien antes de hablar o actuar. Las alarmas de peligro aun siguen sonando y esta vez me advierten que si accedo aquello no tendré escapatoria alguna.

— ¿Qué quieres? — dio un paso hacia adelante provocando que yo retrocediera uno. Se detuvo de inmediato al ver aquello frunciendo su ceño — Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.

— No, Quinn… no lo hagas — advertí señalándola con mi dedo — No te atrevas — aquello iba más para mí que para ella. Me ahogaba, sus palabras, su perfume y las ganas de tocarla. Todo allí me ahogaba y sentía que caería bajo su hechizo en cualquier momento. Me gire para tomar mi bolso y parte de mis pertenencias. Me marcharía de una buena vez por todas.

Ella, sin embargo, decidió tomarme del antebrazo acortando la distancia entre nosotras repitiendo el beso que nos dimos la noche anterior tan o aun mas fogoso. Puse mi mente en ello, mis ganas y mi determinación en acabar intentando resistirme, pero al hacer un paso hacia atrás ella no dudo en seguirme sin romper el beso abriendo aun mas su boca violando prácticamente la mía con su lengua. Me aprisiono contra su cuerpo y su agarre dolía, tanto que hasta podía sentir como sus pechos se fundían con los míos.

Glorioso placer.

Deseaba aquel beso más que mi propia vida

— Ya… ya basta — susurre suspirando sobre sus labios.

— No, Rachel. No lo hagas… por favor. — lo sentí como si en verdad estuviese rogando por algo que aun no había sucedido. Ella se estaba preparando para algo que se avecinaba e intentaba frenarlo a como dé lugar.

— No sigas Quinn — tome mi bolso — Esto se acaba aquí.

— No hemos empezado algo como para que quieras acabarlo. No te atrevas. — dio el ultimo manotazo de ahogado intentando intimidarme nuevamente con su carácter.

— No quiero volver a verte. — conocía la salida y no dude en utilizarla.


¿GIP!?

Muchos han preguntado si este es un fic Gip! Y la verdad es que no lo había pensado de esa manera, pero teniendo en cuenta que ya he escrito una historia así, no me molesta en absoluto volver hacerlo.

Aun están a tiempo para opinar al respecto. Necesito que todos me den su punto de vista. Si quieren o no a Quinn así.

¿YA VIERON LA FOTO ACHELE/FABERRY? Creo que aun no termino de creérmelo.

Feliz viernes muchachin s!