Capitulo Catorce

Nunca había experimentado en carne propia la sensación de sentirme mojada y caliente, a la vez de estar furiosa e histérica.

Luego de dejarle en claro que no quería volver a verla, di un portazo de película en la sala quedando expuesta frente a los ojos ajenos a mí que se posaban averiguando a que venía todo aquel lio. Como era de esperarse, Santana intento acercarse, y digo intento porque no le di tiempo a que lo hiciera, o mejor dicho no le dieron tiempo teniendo en cuenta que sentí como mis pies se elevaban del piso. ¿Quién más? Los ojos de los clientes se abrieron como platos y en mi visión solo pude tener a Santana con la boca abierta y la llegada de Julia por donde había salido yo minutos antes. Su cara, oh dios, su cara parecía haber sido poseída por el mismo diablo. Había descubierto quien le había robado sus doradas horas de sexo con su cliente predilecta, y no era más que yo, la nueva.

— ¿Qué haces? — chille teniendo frente a mis ojos sus talones y parte del piso. Mi abdomen descansaba en su hombro derecho y podía sentir perfectamente como colocaba su mano derecha en mí trasera, apretándolo de más, asegurándose mi estabilidad.

— ¡Bájame!

— Cállate. — avanzo por el medio de la gente dejándome en vergüenza frente a todos los clientes. — Samuel, vamos.

Estaba aturdida de tan solo oír los murmullos que nos rodeaban. Mi cuerpo comenzó a moverme al compas de los escalones que bajaba. No se atrevería a pasar por el piso de abajo. No lo haría.

— Quinn… no te atrevas.

Aplausos. Aplausos y gritos de jóvenes festejando el hecho de que Quinn me llevase sobre su hombro. Era el peor papelón de mi vida. No se lo perdonaría en mi vida.

Se detuvo unos segundos en la puerta, junto al gorila numero uno.

— Steven. — Vaya, ahora podemos ponerle nombre al irrespetuoso que me cerró la puerta en la cara.

— Señorita Fabray. — Intento descubrir a quien cargaba y yo le facilite las cosas levantando mi cabeza para gruñirle — Señorita Berry. — ¡Ja! ¿Ahora era educado? Maldito gorila.

— Es bueno que tengas en claro quién es. No volverás a permitirle el acceso al bar. — Sentencio. Yo me removí furiosa por aquello.

— Es un hecho, señorita.

— Tu culo está en juego. La veo aquí y tú te marchas ¿Has entendido?

— Si.

— Si ¿Qué?

— Si, señorita Fabray.

Abrí mi boca por su temperamento, mis bragas se mojaron un tanto más. Comenzó avanzar y el frio choco contra mi trasero que, con los movimientos de su cuerpo, provocaban que se me levantara de mas. Silbidos, de jóvenes que esperaban la fila, fue lo siguiente que escucharon mis oídos y Quinn instintivamente lo tapo con su brazo.

— ¡Mierda, Rachel! — sonreí por aquello pero sin olvidarme del gorila en la puerta enfoque mi vista en él y le hice la trillada amenaza de apuntar mis ojos y luego apuntarlo a él. Era un hecho, estaba dentro de mi lista negra.

Estaba en problemas. Claramente, la cara de Quinn no era exactamente la que tiene un ángel, sino todo lo contrario.

— Mira… — tenía todas las intensiones de hablar pero ella me interrumpió.

— Cállate. — dijo molesta acomodando su pelo rebelde. Movía su mandíbula a una velocidad impresionante, como cuando una persona está nerviosa o molesta. En esos momentos temí. Después de todo no conozco en absoluto a Quinn, no sabía con que podía salirse o cómo reaccionar aquello. No debo olvidar como ha tratado a su hermano luego de lo que paso entre nosotros. Estaba actuando de la misma forma. Retorcía sus manos dejando los nudillos blancos, para luego pasársela incontable veces por el pelo y morderse el labio hasta casi sangrar.

Ella había dicho que me quería para ella, y yo no podía negarlo más tiempo. Fui valiente al salirme de allí dentro y dejarla atrás, pero ella fue aun más valiente enfrentando las posibles voces de su cabeza y yendo detrás mío, como lo hizo desde un principio.

Yo también la quería con todo mí ser, solo para mí y nadie más. La quería tanto que apenas podía soportar el hecho de ver a Julia o cualquier otra mujer rondando cerca de ella. En los últimos días había pasado casi la mayoría de las horas, por no decir todas, pensándola. Ayer pase mi día completo con ella y me lamente en la noche cuando me dejo en la puerta de mi casa. Comenzaba a necesitarla todo el tiempo, quería tenerla cerca. Llegue a tener esos momentos donde las mujeres pensamos ¿Le gustara esto? ¿Se enojara si lo hago? ¿Qué estará haciendo? ¿Pensara en mi? Hasta necesitaba su furia intensa por cada acción que yo tenía y a ella se les escapaba de las manos. No lo voy a negar, disfrutaba hacer rabiar a Fabray.

Me había dicho que me daría lo que le pidiera y que intentaría cambiar por mi si tan solo dejaba que lo intentase. Si aquello no tenía aun que sea una mínima pizca de amor, no sabía lo que era.

Un golpe en el piso me saco de mis cavilaciones. La copa donde se había servido algo ahora descansaba en el piso hecha añicos.

— ¿Estás bien?

— Si. ¿Puedes hacerme caso de una vez y darme un poco de maldita intimidad? Solo cállate.

— Haz lo que quieras. — respondí sin volver a verla. Oí su respiración agitada maldiciendo por lo bajo volviendo a servirse un poco de champagne en una nueva copa.

— No hace falta que vuelvas aquí. Estas oficialmente despedida.

No respondí aquello. Dentro de mi cabeza sus palabras eran repasadas lentamente. Tenía ganas de llorar, ahora era oficial. No volvería a verla.

— No trabajaras aquí ni en ningún bar de mala muerte.

— Tú no eres quien para decirme que hacer. Necesito la plata y si es necesario entregar mi cuerpo para que mis hijos no se queden sin casa, lo hare. Y tú no podrás detenerlo.

— Tendrás casa para rato, tú y tus hijos.

— No lo creo. Pero eso no es un tema que a ti te incumba.

— No hay deuda, Rachel. No tienes porque volver aquí.

Giro mi rostro sorprendida. ¿No hay deuda? ¿Cómo sabe una cosa así? Claro que hay deuda.

— ¿De qué mierda hablas?

— La boca.

— Responde. ¿De qué hablas?

— Que no perderás la casa. Ya pague lo que correspondía.

— ¿Qué has hecho que? — grito histérica.

— Baja el tono, Rachel.

— No bajare una mierda. Tú y tu maldito dinero piensan que arreglaran la vida de los demás y no… créeme que no arreglaras nada con eso. Te devolveré hasta el último centavo. No quiero nada de ti. — escupo mintiendo en lo último.

— No es necesario.

— Si, si lo es.

— No. Eres libre, Rachel. No volveré a molestarte.

— ¿Eh? — el corazón se me cae a los pies

— Problema solucionado. Te dejare en tu casa y no volverás a verme.

— ¡Ese no es el problema! — grito sintiendo como mi voz se quiebra. Oh no, no ahora maldita llorona. No cedas ahora.

— ¿Cuál es el problema? — toma un trago de champagne y lo deja en la pequeña mesita negra junto a la botella. — Dime — se gira en su asiento enfocando su mirada en mí. Las palabras no me salen. Están aferradas a mi garganta sin atreverse a salir. — Habla…

— El problema no es el dinero, ¡el problema es que no quiero dejar de verte! — grite. Esto sí que era oficial, lo solté sintiéndome liberada y a la vez temosa. Tampoco puedo admirarme mucho, no era de esas mujeres que se guardan mucho las cosas — ¿Estas satisfecha? Vives provocando que quiera estar a tu lado, no haces más que cautivarme con cada cosa que haces o dices. No será una zorra mas de tu larga lista, porque no lo soy pero no esperes que sea de piedra cuando prácticamente tu me haces sentir diferente. Es como si disfrutara de tu asqueroso carácter pero siendo consciente que no está bien que me trates así. — Suspiro tomándome la cabeza — Dios, soy un completo lio. Es como esa apetitosa torta que colocan en las vitrinas y solo pienso en tenerlo para saciar mi deseo de darle un mordisco.

— ¿Yo sería la torta?

— Es un decir…

— ¿De chocolate? Me gusta ese, y no me enojo por tu dicho haciendo referencia a una torta teniendo en cuenta mis inclinaciones sobre el sexo femenino.

— Imbécil.

— ¿Me deseas?

Tanto que duele — Si — susurre

— ¿Ahora? ¿Por qué?

— Siempre lo he hecho, desde el momento en que tu aliento se metió en mi boca en los baños de la confitería.

— ¿Me has dejado ir por eso?

— Si — recordando lo nerviosa que logro ponerme aquella vez.

— ¿Me sigues deseando?

La conversación me estaba excitando coloreando mis mejillas de un rojo intenso.

— Si.

— ¿Ahora mismo? — asentí

— De acuerdo.

— ¿De acuerdo? — fruncí mi ceño. Demonios, nuevamente me le estaba tirando encima y ella solo volvía a rechazarme con su forma tan elegante.

— Si. ¿Qué quieres que te diga?

— Que tú también me deseas, ¿Quizás?

— Sabes que lo hago. — Trago saliva — Pero vuelves a tener alcohol en tus venas. — me maldigo mentalmente por haber tomado whisky.

— Eso solo aumenta mi deseo por ti.

— No sigas si no vas a terminarlo. — se remueve en su asiento volviendo a servirse una copa de champagne.

— ¿Qué hay si quiero terminarlo y volver a empezar? — suspira tan fuerte que casi pude sentir su aliento en mi nariz

— ¿Por qué me haces esto? — siento que hablo mas para ella que para mí. Apoyo su espalda en el asiento echando su cabeza hacia atrás cerrando sus ojos. Solo podía ver su pecho subiendo y bajando agitado gracias a la luz de la luna que se colaba por la ventanilla.

— Es solo sexo, Quinn.

— No. Sexo he tenido con mujeres que ni siquiera me importaba saber su nombre. Tú, eres más que un polvo. No quiero tener sexo contigo. Quiero más. Te lo mereces, todo. Más de mí, y de la asquerosa mierda que me rodea.

— ¿Y si no quiero más? ¿Si solo te quiero a ti? — finalmente me atreví a dar el paso. El consejo de Kurt lo puse en marcha. Volver a intentarlo.

— Rachel… — susurra. Siento que lentamente se está entregando. — No soy más que un bicho raro. Estoy rota. Tú en verdad no me quieres en tu vida.

— No quiero a nadie más que a ti. — comencé a mover mi cuerpo cerca de ella, sin ser brusca como la última vez que estuvimos aquí. Solo me corrí hasta quedar sentada en el medio, junto a ella, casi rozando su brazo con el mío. — Yo también tengo lo mío, no te creas. Tendrás que tenerme mucha paciencia.

— Me esforzare al máximo. — tomo mi mano y la beso.

— ¿Qué tal si… — dije pensando bien la idea que rondaba por mi mente. Ella solo me miraba esperando aquello — buscamos la forma de no chocar tanto. Yo haciendo lo que tú me pides, y tú bajando un poco la intensidad permitiéndome acercarme a ti.

— Yo quiero que estés a mi lado.

— Y lo estaré, pero no si pones una barrera entre nosotras. — Abre sus ojos frunciendo su ceño — Quinn, no haces más que alejarme pero reclamándome a tu lado. Eres extraña.

— Tengo un carácter fuerte, lo sé.

— Y he tenido miedo por eso.

— Jamás te haría daño. No pienses eso jamás por favor.

— Te creeré. No quiero tener que poner una palabra de seguridad entre nosotras.

Me sonríe y creo morir — Nena, has estado leyendo demasiadas novelas de romance. ¿Verdad?

— Podrías ser mi Christian Grey. — negó con su cabeza sonriendo

— Nena, solo puedo prometerte que te follare sin darte descanso. — abro mi boca y mi entrepierna tiembla con sus palabras. Oh dios, tómame. ¡Aquí y ahora!

— Me encantan tus manos. Son muy pequeñas. — comienzo a reír. Aquello es muy extraño — ¿Qué te hace gracia?

— Lo que dices. Santana me apodaba Manhands.

— Envidia. Son muy lindas y femeninas. Me gustan.

— Puedo quedármelas a la hora de tocarte si así lo quieres.

— Es un hecho. — Bajo su mirada a mis labios y coloco su brazo izquierdo sobre mis hombros empujándome levemente contra su cuerpo, llevando mi mano hacia sus labios. Se tomo su tiempo besando cada uno de mis dedos como si eso lograra curar los insultos que he recibido en mi adolescencia.

Dejo mis dedos para comenzar a subir hasta mi brazo, marcando un recorrido hasta llegar al interior de mi codo provocándome un cosquilleo placentero. Me removí inquieta y ella conecto sus ojos con los míos pidiendo permiso para seguir avanzando. Poso una de sus manos en mi mentón y empujo mi rostro has rozar con sus labios. Se movió tan cerca que podía tragar su aliento fácilmente, nuestras narices se tocaban y temía destrozar su perfecta y delicada nariz con la mía aun que aquello pareciese descabellado. Era perfecta. Saco su lengua y la coloco en mi labio inferior esperando a que yo respondiera de la misma forma pero solo atine a tragar saliva completamente nerviosa. ¿Qué demonios me sucedía?

— Voy a besarte, y no voy a detenerme. — dijo tras saborear mi labio.

— No quiero que te detengas.

Fue lo que esperaba que le dijese. Tiro de mi rostro rompiendo la poca distancia que nos separaba y abrió su boca mientras abría la mía para profundizar el beso. Ella fue malditamente perfecta. No se apuraba pero dejaba en claro que estaba desesperada por mis labios. No hay punto de comparación entre su beso y el mío. Ella juega en las grandes ligas dejándome como amateur por mi torpeza de querer mi lengua dentro de su boca. Me guio a la perfección y en ese momento quise fundirme en ella y no separarme ni en sueños.

Quinn paso una de sus manos trasladándola hasta mi trasero para empujarme aun más cerca de su cuerpo como si aquello fuese posible.

— ¿Quieres que me detengas? — pregunto mordiendo mi labio sin soltarlo en ningún momento. Negué con mi cabeza haciendo un gesto de molestia por someterme a ese placentero pero singular dolor. — ¿En tu casa o en la mía? — volvió a preguntar

— Tuya — respondí lamiéndome el labio tras su mordida. Podía sentir como tenía gusto a sangre.

— Bajemos. Deseaba que eligieses la mía. — dijo abriendo la puerta y yo caí en la cuenta que ya habíamos llegado a Lima y estábamos estacionados en la acera correspondiente al hotel donde se hospeda.

Tras bajar del auto frunció su ceño y volvió a pasarse la mano por el pelo. Gruño y yo caí en la cuenta que aun tenia aquel diminuto vestido en mi cuerpo. Sonreí tras sentir como me cubría con su cuerpo y parte de su abrigo.

— No me hace gracia. — Comento adentrándonos en el hotel — Ray.

— Señorita Fabray — respondió el saludo el encargado cerrando la puerta detrás de nosotras.

— Piénsalo de esta forma. Tienes menos ropa por sacar.

— Rachel… — suspiro pasando su mano por el rostro buscando la lucidez que con mis palabras ya comenzaba a perder.

— ¿Lo has hecho en el elevador? — negó con su cabeza

— Deja de leer tantas novelas.

— Me gustaría experimentarlo.

— Lo haremos, créeme. Pero no esta noche. — las puertas se abrieron y nos dieron paso para poder caminar hasta su puerta. Era la número 202. Debía recordarlo.

Saco la tarjeta correspondiente a su habitación y la luz verde nos dio el acceso al interior que tanto deseábamos por partes iguales. Se hizo a un lado y me dejo pasar. No pude ver mas allá de una mesa circular pequeña en medio de nuestro trayecto teniendo en cuenta que las luces estaban apagadas y Quinn tiraba de mi cuerpo contra la pared.

Su pecho subía y bajaba violentamente. Sostuvo mi cara entre sus manos.

— No olvidaras esta noche. — lo próximo que sentí fueron sus labios devorando los míos, como lo hice yo la noche anterior. Con sus manos ya en mi trasero y su indescriptible fuerza me levanto provocando que rodeara su cintura con mis piernas.

Sin pensármelo dos veces me despoje de su abrigo a la vez que ella ya comenzaba avanzar por la habitación sin despegar sus labios de los míos. Sentía el ardor en mi boca y ella se alejo unos segundos para saborear el gusto de mi boca.

— Déjame enjuagarme.

— No lo hagas. — respondió volviendo a morder mi labio para obtener más sangre de ser posible. Me resultaba algo desagradable, pero sentir como disfrutaba todo de mí me sacudió la inseguridad lanzándola lejos de ser solo un polvo para ella por completo.

Me subió a la cama y su cuerpo se unió al mío a la perfección. Besarnos era agradable, demasiado, pero una vez que la ropa comenzara a desaparecer comenzaríamos a explorar otras áreas de nuestro cuerpo y yo no podía esperar un segundo más por ello.

— Quiero hacerlo.

— Tus deseos son órdenes para mí. — respondió ubicándose entre mis piernas.

Nunca antes le había quitado la ropa a una mujer, pero no podía ser tan algo tan difícil, después de todo yo me la quitaba todas las noches ¿no?. Ella en esta ocasión lucia un pantalón ajustado a su cuerpo acompañado por una camisa color roja y su inolvidable chaleco dándole el toque personal a su look. Empecé a tirar la camisa para arriba y ella rápidamente desabrocho el cinto que acompañaba su pantalón, un detalle que había paso por alto. La camisa salió sin problemas y desprendí los dos primeros botones para quitarla por su cabeza. Ella levanto sus brazos tras desabrochar sus puños y quedo un poco atascada en la zona de la nariz y sus orejas, pero ágilmente supo cómo salirse de esa.

Sonreí contagiándola de inmediato por mi desesperación en tenerla desnuda.

— Practicaremos para que la próxima vez salga impecable. — dice volviendo a mis labios buscando mas besos. Se movió debajo de mi oído provocando mi risa por el cosquilleo con su nariz y luego bajo hasta mi cuello. Puse mis manos en su espalda sintiendo como sus omoplatos se movían bajo las palmas de mis manos. En su lado izquierdo, bajo mi mano derecha podía sentir una gran cicatriz que aumento mi curiosidad.

— Quiero verte desnuda. — Murmuro en mi cuello — Ven aquí — me invito a sentarme para llegar al cierre que descansaba en mi espalda. En ningún momento desvió su vista de la mía. Puso sus brazos alrededor de mi cuerpo y poso su nariz sobre la mía besándome suavemente. Podía sentir como el aire se colaba por mi espalda ahora desnuda. Tomo el borde bajo de mi vestido y sorpresivamente de un tirón lo alejo de mi cuerpo. Estuve encima de ella en un abrir y cerrar de ojos. Permanecía sentada, como lo había estado en su auto, y sus manos se posaban nuevamente en mi trasero apretándolo y masajeándolo para acabar con la distancia que se atrevía a separarnos.

Estaba claro que aquí, entre las dos, ella era la que tenía experiencia.

— Ama de casa, madre de dos niños y ¿tienes un aro en tu ombligo? ¿Acaso quieres matarme? — metió su dedo en mi ombligo provocando que contrajera mi vientre excitada.

— Una mami sexy.

— Mi mami sexy — puso énfasis en el adjetivo posesivo — ¿Cómo no sabía de esto? — pregunto dándole un pequeño tirón encendiéndome aun mas.

— Es mi pequeño secreto. — Me mordí el labio y ella detuvo mi mordida con su dedo pulgar introduciéndolo lentamente en mi boca, y yo aceptándolo gustosamente aumentando sus ganas de follarme en su cama.

— Me excitas tanto que duele — dio el último empujón en mi espalda provocando nuestra ficción y desprendió mi sujetador azul.

Mi cuerpo sintió las frías sabanas y Quinn rápidamente beso el valle que se formaba entre mis pechos, erizando mi piel con sus besos mojados. Cuando llego hasta mi obligo lamio mi aro dándole un rápido y placentero tirón con sus dientes. Me estaba volviendo completamente loca.

Gemí. No podía pensar en otra cosa que no fuese nosotras dos en esta cama. Tenía sus manos por todo mi cuerpo, podía sentirla, cubriendo cada milímetro de mi piel dejando una estela de fuego sobre ella.

Rodee su cuerpo con mis piernas y ella no se molesto en apartarlas. Había encontrado su lugar en mi cuerpo y era justamente donde yo sentía pudor, vergüenza.

— Espera… — susurre y ella detuvo los besos que habían comenzado en mis muslos.

— ¿No quieres?

— No… no me… — suspire nerviosa — No bajes. Ven aquí.

— Rachel, somos mujeres. Debo tocarte. — dijo rozando con sus dedos sobre mis bragas. Podía sentir como sus dedos resbalaban debido a mi humedad — Me estas matando. — volvió a mis labios y comencé a sentir como mi intimidad quedaba expuesta alejando mi ropa interior lejos de nosotras. Estaba desnuda, bajo su cuerpo, completamente vulnerable. — Lo hare.

— No…

— Solo disfruta. — tomo mis manos a la altura de mis muñecas y las coloco sobre su cabeza permitiéndome que descargue sobre ella de alguna manera. Nunca había vivido aquello. Me sentía expuesta y avergonzada por ver como su cabeza se perdía entre mis piernas.

— Oh… dios — gemí tironeando de su cabello. Aun no había comenzado pero podía sentir como su lengua probaba mi intimidad.

— Para ya, Rachel.

— No tienes que hacerlo. Por favor. — Rogué avergonzada pero ella rodeo con sus brazos mis piernas y me empujo de un solo tirón hasta su boca como si aun existiera distancia entre nosotras.

Sentía como su lengua se movía entre mis pliegues, estimulando mi clítoris hasta sentir que un gemido no me dejaba respirar por estar aferrado en mi garganta. Mis caderas se movían frenéticas pidiendo más de aquello. Era una sensación tan increíble como desesperante. Quería que saliera de allí pero a la vez que no parara. Me estaba volviendo loca.

— Sabes deliciosa. He querido probarte desde el día en que te vi. — Podía sentir como sus palabras chocaban contra mi clítoris hinchado y yo tironeaba un poco más de su cabello recibiendo un gruñido de su parte.

— Oh… hazme venir.

Lo hizo, sin rodeos. No puedo explicar la sensación de sentir como con sus labios me succionaba mi intimidad de una manera lenta y suave. Me sacudía el orgasmo que me provocaba, tensándome al máximo sintiendo el posterior temblor en mi cuerpo. Introdujo su lengua en mi sexo mientras me estremecía y convulsionaba aun con el orgasmo. Deseaba que entrara aun más adentro. Sentía como gemía contra mi intimidad y aferraba mas sus brazos en mis piernas dejándome inmovilizada sin chances a apartarme de su boca.

Pensé que aquello había acabado cuando su lengua abandono mi interior pero mi respiración volvió acelerarse tras sentir sus dos dedos dentro de mí. Estaba tan sensible que sentía como el segundo orgasmo ya se avecinaba sin necesidad de estimularme. Acerco su lengua a mi clítoris aun embistiéndome con sus dedos y comencé a correrme nuevamente, gritando su nombre como una loca, no dudo en introducir otro dedo y termino por dejarme completamente sensible.

— Perderé la cabeza. Para… — murmure con mi voz entrecortada. Intentaba tragar saliva pero mi boca se encontraba completamente seca. Me dolía el labio de lo seco que estaba.

— Una vez más. — Se aparto de mis piernas subiendo hasta quedar nuevamente a un pelo de mi boca — Córrete una vez más por mí.

— No podre…

— Claro que si, nena.

— Necesito recuperarme.

— Somos mujeres, no necesitamos eso. Podrás. — Lamio mis labios dejándome mi propio gusto en mi boca. Todo de ella me excitaba. Me aferre a su espalda húmeda nuevamente y ella comenzó a bajar nuevamente por mi cuerpo. Con una mano acariciaba parte de mi pecho, costillas hasta llegar a mi cadera.

— Nunca tendré suficiente de ti. — susurro en mi oído mordiendo mi hombro, descendiendo hasta acaparar con su boca uno de mis pezones. Tiro de él con sus dientes y el dolor placentero volvió a sacudir mi cuerpo provocando que arqueara mi espalda con un leve grito.

El ciclo pre-orgásmico volvía a repetirse.

Ninguna de las dos quería ponerse la ropa, así que decidimos dormir así. Ella abandono su lado en algún momento de la noche, tras descubrir en la madrugada sobre las seis que me encontraba sola en la cama.

En mi mente cada vez que me había imaginado el despertar luego de tener relaciones con ella se había idealizado a su lado, recibiendo un beso de su parte y nuestros cuerpos acurrucados. Pero nada de eso paso.

Mi estomago me anuncio que necesitaba comer algo para no caer desmayada por falta de energías. Las había gastado todas horas atrás entre el tercer y cuarto orgasmo. Si alguien me lo contara diría que es imposible, pero ella lo logro.

Me removí un poco en la cama y me di cuenta que no podía volver a ponerme mi vestido. Quizás podía tomar la camisa que ella había utilizado anteriormente, pero no había rastros de ella. Me enredé entre las sabanas y puse mi primer pie en el piso sintiendo la suave alfombra bajo mis dedos. Se sentía genial esa sensación.

Observe con detenimiento la habitación y solo pude encontrar una mesa comoda con cajoneras color blanca. Tal vez allí obtendría un poco de su ropa para salir de aquí y prepararnos algo de comer.

Camine mirando a mi derecha una puerta entreabierta perteneciente al baño. Me acerque al mueble y toque por encima las pertenencias que descansaban allí de Quinn. Su perfume, no resistí las ganas de llevarme el frasco a la nariz e impregnarme de su olor. Era exquisito. Era ella.

Primer cajón solo habían algunos papeles, lo cerré de inmediato. Aquello no me incumbía. Probé en el segundo pero solo había pantalones. Saque uno corto sin lugar a dudas y abrí el ultimo rogando que allí hubiesen remeras o lo que sea que sirviera para tapar mi torso. Y había lo que tanto buscaba pero todas parecían ser camisas. Introduje mi brazo un poco más al fondo y encontró una de tiras. La tome entre mis manos y tras apartarla del cajón la abrí descubriendo como algo caía de ella en el piso. Fruncí mi ceño y aparte la prenda de mis manos dejándola sobre el mueble.

¿Una fotografía?

Aquello era una fotografía sin lugar a dudas. Con la poca luz que se colaba por el ventanal me incline para levantarla y descubrir a una mujer en ella. Su pelo era oscuro y largo hasta sus pechos. Estaba sentada en una silla mecedora vistiendo un largo vestido blanco. Mis ojos se abrieron de par en par al descubrir cómo sus brazos descansaban en su vientre.

Embarazada.

Claramente, estaba embarazada.

— ¿Qué mierda haces con eso? — un portazo tras mis espaldas fue lo último que oí antes de cerrar mis ojos.


Decidi dejarlo sin Gip teniendo en cuenta la opinión de todos. Pero también hay que saber respetar los gustos de los demás sobre ese tema. Muchos me hicieron saber que no les gustaba el hecho de poner esa condición en Quinn, aclarando que debía haber aclarado antes de desarrollar la historia y provocar que la lean. Desde un principio mi idea fue sin Gip, ya que los prejuicios de Rachel por estar con una mujer eran muy fuertes, pero más de una persona me pregunto sobre si Quinn era o no. Lamento por las personas que querían leer Gip, pero no afecta en nada la historia. De todas formas, faltan muchos caps por delante, y Quinn se las ingeniara para darle placer a nuestra morena de piernas infartantes haciéndole descubrir un mundo desconocido para ella.

Gracias por tomarse el tiempo de opinar, y por mas que yo sea la escritora y tome las decisiones finales, ustedes son los lectores y me gusta tenerlos en cuenta. A la persona que no le agrade como me manejo, es libre de no comentar o decidir no leer mas mis fics. Pero de mi, siempre van a recibir este tipo de cosas, guste o no.

Disfruten muchachines… y pronto las dudas se van aclarar. No se desesperen.