Capitulo Quince.
Escalofrío pero a la vez un sudor recorriendo mi espalda era mi situación en el momento en que escuche su voz detrás de mí. Mis ojos no tardaron en verla llegar, posicionándose frente a mí con su ceño fruncido apretando su mandíbula.
—Yo… — balbucee nerviosa. Verla en ese estado de provocaba temor. Seguía siendo ella pero no olvidaba que aun era Fabray y, teniendo en cuenta mi mala experiencia con uno de ellos, esta no prometía mucho.
— ¡No vuelvas a tocar mis cosas! — Arrebato la fotografía de mis manos — ¿Has oído? — se asegura tras mi silencio.
— Yo… lo siento… no quería — vuelvo a balbucear y la sensación de sentirme expuesta y ridícula frente a ella vuelve.
— ¿Has oído? — aprieta mas su mandíbula.
— Si. — susurro agachando mi cabeza siendo regañada como una niña de seis años.
— Cámbiate. Debemos irnos.
No hay beso, mucho menos un Buen día preciosa, me gusto mucho hacer el amor contigo. Bueno, después de lo que hice tampoco pretendía flores de su parte, pero ¡Demonios!. No he hecho nada. He encontrado esa foto de casualidad.
Suspiro.
Una mujer embarazada.
Mi cabeza vuelve a maquinar cosas o pensamientos como cuando Samuel confeso que Quinn era casada o su pasado familiar. Cierro mis ojos y suspiro. Ella ya no está más frente a mí, solo puedo oírla cerca pero no está en esta habitación.
Me giro y vuelvo a ver el cajón abierto con una remera a tiras burlándose de mí al descansar encima de las demás. Ya he arruinado el encuentro ¿Qué más da?
— ¿Quinn? — Intento localizar el ruido pero ahora parece lejano — ¿Quinn? — Vuelvo a intentarlo recibiendo solo un "Hmmm" — No he traído ropa, solo tengo mi vestido de anoche. Me preguntaba… si puedo tomar ropa tuya. — El silencio se extiende y oigo la ducha abrirse. Ella aparece por la entrada de la habitación que descansa a mi costado izquierdo. Me ha dado el mejor susto de todos — ¿Cómo…. — miro la puerta frente mío perteneciente al baño.
— ¿Quieres tomarte una ducha conmigo? — Frunzo mi ceño y trago saliva nerviosa.
— ¿Contigo? — La boca me tiembla al hacer la pregunta.
— Para hacer las paces. Tú te duchas conmigo, y yo olvido el tema de la foto.
Mi estomago se pone duro, tan duro como una piedra y siento que mis bragas ya comienzan a mojarse al pensar en las palabras "ducha" y "Quinn" juntas. Pero el tema de la foto no estoy segura de querer olvidar ese tema del todo. Quiero discutirlo, saber sobre eso, mi curiosidad nata me pide a gritos que averigüe, pero no soy estúpida, ahora no obtendré lo que busco y ya corre con desventaja.
— Rachel, no soy buena con las disculpas. Responde.
— Me encantaría llegar a un acuerdo bajo el agua, y tu baño, más precisamente tu ducha, llama poderosamente mi atención. Me gustaría darle una probada.
— Y yo a ti — Se posiciona detrás de mí comenzando a dejar besos detrás de mi oreja. Mis mejillas se tiñen de rojo — ¿Quedo como loca si te digo que me encanta el olor que desprendes cuando sudas? — Me muerdo el labio sintiéndome avergonzada e intento zafarme pero ella me lo impide.
— Tssst — Me chista como si fuese un perro
— Yo estoy loca por ti. Es un empate — decido entrar en el juego. Solo recibí la palma de su mano en mi plano vientre sintiendo como aprieta con sus dedos mi piel desnuda, empujando contra su cuerpo.
Muevo un poco mi cintura y a cambio recibo un gemido por frotar mi cuerpo con el suyo.
— No sé que tienes, pero me apetece follarte todo el día. — Me aprieta aun mas mientras se desprende de su ropa.
— ¿Qué te lo impide? — Se que con esa simple pregunta le estoy dando acceso ilimitado y libre hacia mi cuerpo. Mi subconsciente me regaña haciéndome sentir como una mujer regalada, pero tapo su boca y decido lanzarme sin más hacia los brazos de Quinn.
Mi cuerpo comienza a moverse y el vapor del baño pronto golpea mi piel rápidamente. La mejor sensación vivida, Quinn detrás de mí y el cálido ambiente del baño.
— Debo irme al trabajo. Ya casi es medio día y aun debo volver a casa para cambiarme.
— No quiero. — murmura contra mi cuello abrazándose a mi diminuto cuerpo.
Me encanta esta versión de Quinn. Quién diría que detrás de esa fachada se encuentra esta adorable y cariñosa personita.
Ya hemos desayunado luego de hacer el amor bajo la ducha, pero es día laboral y mis responsabilidades me llaman.
— Debo ir a trabajar. Tú también deberías hacerlo.
— ¿Me está regañando, señorita Berry? — Sale de su escondite en mi cuello y me mira a los ojos. Por los rayos que se filtran por el gran ventanal pegando directamente en su rostro, logro apreciar sus rosados labios, los pequeños vellos que tiene en su mentón casi en forma de pelusa y sus ojos color miel que tan loca me traen.
— ¿Quieres que te regañe? Se hacerlo muy bien, tengo dos hijos. No lo olvides. — Sonrío. Mis pequeños ¿Cómo estarán pasando sus vacaciones?
— ¿Tu quieres ser regañada? No tengo hijos pero se de algunos castigos que me gustaría implementar contigo. — Abro mi boca sorprendida y ella sonríe satisfecha. Aun no caigo en la cuenta de la intimidad que hemos creado.
— ¿Cómo 50 sombras? — Se que mis ojos brillan porque ella niega con su cabeza.
— Ya deja ese libro, Rachel. Jamás te haría daño. — Hago un puchero con mi labio, no por el hecho del daño físico sino por mi fantasía arrebatada. Ella me muerde el labio arrancándome un suspiro junto a un gemido de dolor.
— ¿Qué clase de castigo, entonces? — cruzo mis brazos sobre mi pecho alejándola un poco, solo un poco.
— ¿Quieres desafiarme? — Levanta su ceja.
— Siempre lo hago. — sonrío pero se me borra de inmediato al sentir como Quinn me toma entre sus brazos alejándome del piso. — ¡No! ¡Espera! Ahora no, Quinn.
— Claro que sí.
— No, Quinn. Debo ir a trabajar. — Chillo tras ver como el pasillo queda atrás y pasamos el umbral de su habitación.
— Ya no trabajaras, no es necesario. — Vuelve a dejarme a su altura.
— Si lo es. — frunzo mi ceño.
— No. Ahora estás conmigo. No lo es. — Busca mi boca pero yo le corro el rostro rápidamente provocando que su beso que en parte de mi mejilla y mandíbula. — No vuelva hacerme eso. — toma mi rostro volviendo a su cometido.
— No, Quinn. — Me suelto pero ella vuelve a tomarme del brazo haciendo presión.
— ¿No? — levanta su ceja apretando levemente su mandíbula. Su agarre no me duele, no aun, pero seguramente dejara mi brazo colorado.
— No. ¿En qué cabeza cabe que deje mi trabajo solo por haberme acostado una sola noche contigo?
— Solo fue una noche para ti. — Me suelta bruscamente — Es bueno saberlo, Rachel. — Su respuesta me deja atónita. Es como si hubiese cambiado su chip mental luego de mis palabras, como si la Quinn dominante que todos conocen hubiese regresado quitándome a la dulce amante cuidadosa que tuve anoche.
— Espera… — sigo sus pasos volviendo nuevamente a la sala donde hemos desayunado. — No fue una simple noche. — Mi subconsciente bufa molesta regañándome con su mirada. ¡Lo has arruinado!
— Lo que sea. Le diré a Paul que te lleve a tu casa. — Tomo su móvil y marco rápidamente.
— No, Quinn. No me iré de aquí, no hasta solucionar esto. — nos señale mutuamente.
— ¿Esto? — Se burlo de mi riéndose sarcásticamente — Paul… — tome su móvil apartándolo de su oído para que decidiera prestarme atención de una vez por todas.
— Esto. — volví a poner énfasis en lo que sea que teníamos en ese momento.
— Esto no existe. Devuélveme el móvil.
— No. — Negué como una cría.
— Rachel, devuélveme el maldito móvil.
— Escúchame maldición. Escucha lo que tengo que decirte porque no lo repetiré de nuevo. Me gustas, mucho de hecho. He entrado en un bar de prostitutas y he tenido que soportar que tu hermano quisiese violarme, porque eso sucede cuando una de las partes no quiere y el otro lo obliga a ello. — Toque su pecho con mi dedo — Soporte la mirada de todos en aquella fiesta por ser la de turno y supe sobrellevar la situación de ser insultada en mi propio rostro por tu socia. Si para ti solo fue una noche, que así sea. Pero óyeme bien, Fabray… ni sueñes en volver a ponerme un dedo encima mucho menos aparecerte en mi vida con regalos o simples tazas de café en mi lugar de trabajo.
Como lo valiente y corajuda que me sentía aplaste el móvil en su pecho y el mismo golpe pareció sacarla de su trance momentáneo. Escuche sus gritos detrás mío, era prácticamente imposible no hacerlo pero no detuve mi andar. Las puertas del ascensor estaban cerradas, no podía perder tiempo allí y que ella decidiera alcanzarme. Corrí de prisa y me aventure a bajar las escaleras, agradecía haber tomado ropa prestada pero tan solo pensar que debía volver a verla para regresar todo con su dueña me aceleraba el pulso. Ya buscaría una forma de librarme de ello.
Tres pisos fueron los que tuve que bajar antes de que el encargado de turno intentara detenerme en la entrada.
— Señorita… — por su cara debe pensar que me he robado algo, pero detuvo su acción inmediatamente al ver las lágrimas caer por mi rostro. Solo pude atinar agachar mi cabeza y bajar un poco el ritmo de mi escape. No quería asustar a los turistas que se encontraban sentados allí, algunos leyendo el periódico otros depositando su atención en su laptop.
Tras abrir las puertas de entrada el sol golpeo mi rostro provocando que cierre los ojos hasta acostumbrarme a la intensa luz exterior. El aire seco inmediatamente mis lagrimas dejando mi rostro tirante.
— Señorita Berry — Una voz masculina me saco de mis pensamientos. — ¿Se encuentra bien? — Pestañeo varias veces antes de que el recuerdo sobre quien es llegue a mi mente. No le he prestado atención antes, mucho menos cuando estuve cerca de Quinn.
— ¿Paul?
— Así es, señorita Berry. — Asiente sin querer romper formalismos mucho menos atreviéndose a disminuir nuestra distancia.
— ¿Puedes llevarme a casa? — Me atrevo a preguntar y abusar de los lujos de Quinn Fabray.
— Por supuesto, estaba esperando por usted señorita.
— Bien. Y solo llámame Rachel. – Toco su brazo tras ver cómo me indica el camino a seguir.
— No estoy autorizado para eso, señorita.
— Lo harás. Aun que sea entre nosotros me llamaras Rachel. — aseguro antes de subirme al auto, el solo asiente y creo que una sonrisa quiere escapársele pero la disimula a la perfección.
Una vez ubicada en el asiento trasero intento evitar el contacto visual con Paul, aun me siento algo tímida y aprovechadora.
Evito sentirme avergonzada y humillada por la situación. Me he expuesto a ella pero bajo mis propias reglas, bajo mi consentimiento y teniendo en cuenta que saldría perdiendo. He fracaso completamente. Había esperado a que Quinn reaccionara de la misma forma y confesara aun que sea una pisca de amor por mí, pero había pretendido más de la cuenta. Soy una llorona nata, pero teniendo en cuenta que estoy bajo el escrutinio del chofer de Quinn, me guardo mis emociones y me mantengo en línea.
Es inevitable el hecho de despejar mi mirada de la nuca de Paul y mirar por la ventana. La confitería pasa a un lado mío dejándome descolocada. No había caído en la cuenta de que el hotel de la ciudad donde ella se hospeda que a tan solo dos cuadras de mi trabajo. Ella ha estado todo el tiempo a mí alrededor. Y me he dado el permiso de perderla como una completa imbécil. Me he atrevido a perder a la única mujer con la que me atreví a tener algo, a la única persona que se coló hasta en mis huesos.
La impotencia invade mi cuerpo por no tener mi móvil quemando en mis manos con llamadas perdidas de Quinn, o sintiendo como sus pasos pisan los nuestros. Ha de estar muy entretenida con la estúpida flacucha de senos operados. Cierro mis ojos y varias lágrimas se me escapan pero las limpio apresuradamente, recordando que en mi bolso aun tengo mis lentes de sol. No demoro en hacerme de ellos y colocarlos para disfrazar un poco más mi deplorable aspecto.
Nos detenemos en un cruce escolar, para que varios niños que desean jugar en la plaza puedan cruzar, y la imagen de mis hijos me golpea sacudiendo todas mis ideas. ¿Cuándo me he detenido a pensar en ellos? En el momento en que Quinn llego a mi vida, ni siquiera he analizado el hecho de que si eso avanzaba, tendría que presentarlos. ¿Cómo les diría que estaba bien que su madre estuviese con otra mujer? Prácticamente les he dicho que eso está mal visto desde que han nacido. Soy una pésima madre, ni siquiera he parado a pensar en ellos en el correr de los días. Trago saliva y el nudo en mi garganta parece no dar tregua. Es clara señal que no se irá hasta que decida llorar como corresponde sacando toda esta patética mierda fuera de mí.
Paul no se gira, mucho menos me mira por el retrovisor, es discreto y lo agradezco a la hora que hacerme entrega de un pequeño paquete de Kleenex.
— No debe llorar.
— Gracias, Paul. — murmuro sacando varios pañuelos a la vez para llevármelo a mi nariz y parte de mis ojos. Demonios, mi mascara de pestañas se me ha corrido considerablemente. — A veces llorar limpia el alma.
— De ser así, está en todo su derecho.
Me pongo cómoda apretujando los pañuelos en la palma de mi mano y sollozo sin querer hacer ruido pero fallando al momento en donde Paul me echa un vistazo por el retrovisor.
— Dele tiempo. Todos estamos dañados en cierto punto.
Siento como frena el coche y despierta la curiosidad en mi interior.
— ¿Qué tan dañada esta?
— Lo suficiente para temer darse una oportunidad con usted y ser feliz.
— Eso es estúpido. — Escupo sin darme cuenta que lo dije en voz alta, pero Paul logra dejarme callada a la brevedad.
— No en su mundo, señorita Berry. — Sin mas la puerta a mi costado se abre sola dándome la libertad de marcharme de ahí y perderme dentro de mi casa.
— Gracias por traerme.
— Gracias a usted. — me sonríe y yo me bajo del auto tomando mis cosas.
No en su mundo.
Aun suenan sus palabras en mi mente. ¿Qué se supone que quiso decir? ¿No en su mundo? ¿Qué clase de persona teme a ser feliz con la persona que ama? ¿Por qué Quinn teme a ser feliz?. Mi mente divaga en el trayecto del auto hasta mi puerta. Busco las llaves y entro rápidamente apoyándome en la fría madera de la entrada.
Temer darse una oportunidad con usted y ser feliz.
¿Quinn ha considerado estar a mi lado? Oh por dios. La he cagado. Arruine las cosas monumentalmente. ¡Demonios! Cierro mis ojos. ¡Te lo dije! Te advertí que cerraras la enorme boca que tienes. Mi subconsciente me apunta con sus dedos. Me tapo la cara con ambas manos y caigo en la cuenta que he regresado a mi casa después de un día fuera de ella. Se siente asquerosamente vacía.
El sonido de mi móvil le envía un electroshock a todo mi cuerpo, lo saco desesperada pero mis ilusiones caen al suelo al darme cuenta que solo es una advertencia por tener baja batería. No tengo tiempo de cargarlo tras mirar el reloj digital. Solo tengo media hora para cambiarme e irme a la confitería.
— Rachel, ven aquí — El dueño me llamo antes de hacer el intento de ponerme el uniforme.
— Buen día, Robin.
— Hola — Bueno, lo diré. El no se caracteriza por el buen humor o el trato cortés. — Hoy es tu día de suerte, obtendrás un aumento de sueldo. Haremos unos cambios aquí, en la semana te diré de qué se trata. Pero ahora, disfruta de eso. — Sin más, se aleja de mí dejándome sorprendida por la noticia. ¿Aumento de sueldo? ¿Qué tipo de alienígena ha raptado a mi jefe este fin de semana?
— ¿Ya te ha dicho? — Katherine llega a mi lado con su perfecta sonrisa.
— ¿Lo del aumento? — Ella asiente — ¿Qué se le ha cruzado por la cabeza?
— No lo sé, pero si tiene algo que ver con sexo le agradeceré a la persona que se compadeció de ese pobre hombre.
— Ya, déjalo en paz. — Sonrío por sus ocurrencias.
— ¿Qué tal tu fin de semana? — me guiña el ojo.
— Normal. — respondo haciéndome de mi uniforme.
— ¿Normal? — Cruza sus brazos — ¿Tan mal ha estado Fabray? La creía un macho en la cama, pero supongo que solo es pura fachada. Que decepción.
— ¿Decepción? ¿Tenias ilusiones con ella? — frunzo mi ceño.
— No, pero si con el otro Fabray. Le he echado el ojo en la fiesta.
— Ni se te ocurra. El no es para ti y tu hermano, él pondrá el grito en el cielo. — La preocupación comienza hacer mella en mí.
— Tarde — explota el globo de su chicle cerca mío — En la fiesta bailamos juntos, muy juntos si sabes a lo que me refiero. — levanto ambas cejas jugando con mi paciencia.
— ¿Te has acostado con él? ¿Bromeas?
— ¡No! — Chilla — Pero espero que eso suceda pronto. Tiene algo que me vuelve loca. — Es Fabray pensé rápidamente, pero el solo pensar de que Charlie este rondando cerca de mi amiga me desespera. El asiste a un bar, se acuesta con las mujeres de allí y vaya a saber con cuantas más durante la semana, no las respeta, no me respeto, no la respetara a ella. Eso, definitivamente, es una pésima idea.
— No creo que tu y el tengan algo en común. No sigas por ahí, Katherine.
— ¿Por qué? Dime una buena excusa y me lo pensare dos veces. — Creo que mi silencio es suficiente para ella que esboza una sonrisa. No puedo decirle donde estuve metida mucho menos lo que vi.
— Bien. Pero luego no vengas llorando. — La apunto antes de salir juntas del cambiador.
— ¿Llorar? Hare todo menos eso, créeme. Mira lo apuesto que es. — apunto con su cabeza y mi corazón comenzó a bombear a pasos agigantados. No por el hecho de Charlie en la cafetería, sino por el hecho de que el siempre está acompañado por Quinn.
Decidí no mirar más allá de su figura. Aun no estaba preparada para volver a ver esos ojos que me desnudaban al instante.
— Supongo que tomaras las mesas. — susurre en el oído de Katherine.
— Supones bien. — me sonrió tomando su libreta y dirigió sus pasos hacia la mesa de Charlie.
Pasaron algo más de media hora donde atendí a dos ancianos que había decidido almorzar allí, en la barra. El hecho de tenerlos ahí despejo mi mente con sus bromas o anécdotas sobre su pasado juntos. Ellos eran pareja, y hago referencia a dos hombres. Es increíble como uno cuando se abre a algo, comienza a ver la realidad con otros ojos. Me han hecho saber lo duro que fue para ellos enfrentar las malas lenguas en un pueblo como Lima. Se han conocido en la guerra, y ellos han tomado partido por el amor dejando todo ese asunto a un lado. Han perdido muchas cosas en el camino hacia su felicidad, pero sin dudas ganaron algo irremplazable, su alma gemela. Me pregunto ¿Qué será de mi padre?
— Hola Rachel.
— Christian — Su voz me distrae momentáneamente — ¿Cómo te encuentras?
— Muy bien, de hecho. — Toma la carta pero la deja rápidamente — Pediré lo mismo de siempre.
— Perfecto. Te lo traeré en cuanto me digas que es eso que pides siempre — Sonrío pero el solo muerde su labio y levanta su ceja. Hoy hay algo extraño en él.
— Cierto, tu atiendes las mesas. ¿Qué hay de mi pequeña hermana?
— Ella… — Trago saliva. No se ha percatado de la presencia de Charlie y de su coqueteo poco disimulado con Katherine. — Hoy me duelen las piernas, ella decidió darme una mano con eso. Atenderá las mesas por mí.
— Bueno, me gusta la idea de verte detrás de una barra. — Me sonríe — Te pediría el trago Gacela, pero con una hamburguesa me conformo.
¡Esperen! ¿Qué? Mis ojos no quieren cerrarse, su rostro esta frente a mi pero estoy tan aturdida por lo que acaba de decir que prácticamente solo veo una mancha negra en el. El ruido a mi alrededor desapareció y mi corazón está dando sus últimas bombeadas de sangre.
— Rach, ¿Te encuentras bien? — El empujón que recibo de Katherine me sacude los pensamientos — Pareces que has visto a un fantasma. Es solo mi hermanito. — ambos ríen y él parece burlarse de mí. Sabe perfectamente lo que está pasando ahora entre nosotros.
— Muy graciosa, pequeña — Los hermanos Bale comienza hacer bromas y yo solo puedo pensar en escapar de allí y poner en advertencia a Quinn. Mi cabeza va a estallar y una posible migraña amenaza con aparecer.
— En serio, Rachel. ¿Te encuentras bien? Estas más blanca que un papel. — Katherine me toma de la mano. Aun sigo aferrada de la barra, si me suelto soy chica muerta.
— Si. Iré por tu almuerzo — Me aclaro la garganta y me dio media vuelta para dejarle al cocinero su pedido.
No vuelvo junto a los hermanos Bale, mucho menos me quedo allí de espalda a ellos. Camino como puedo aun repasando el hecho de que Christian sabe sobre que trata ese dichoso trago. Los baños son mi nuevo objetivo, y tras entrar en ellos una joven muchacha se limpiaba las manos en el lavamanos. Me coloque a un lado de ella y mire el reflejo en el espejo. Katherine tenía razón, el azúcar había bajado considerablemente en mi cuerpo y me hacia lucir como un muerto vivo. Sentía la presión por el piso y un sudor repentino en mi espalda, no tardaría mucho mas en desmayarme si seguía allí parada.
— ¿Te encuentras bien? — La voz de la chica se coló en mis oídos. Negué con mi cabeza dándole a entender que ni siquiera podía formular dos palabras seguidas. — Tengo caramelos en mi mochila, espera. — Revolvió todo su bolso hasta que por fin saco dos caramelos de menta. Metí ambos en mi boca y trague el sabor dulzón que me otorgaban. La vida volvía habitar mi cuerpo. — ¿Quieres que llame a alguien más?
— No, no — la tome de su brazo antes que pudiera avisarle a alguien más de mi estado.
— ¿Segura?
— Si, cielo. Gracias por tu atención. Ya me encuentro mejor. — la pequeña no tan pequeña me sonrió y acomodo su bolso en su espalda. — Sin dudas puedes ir al mostrador y elegir el muffin que más te guste. Corre por mi cuenta.
— Gracias. De veras… — Me sonríe y yo rápidamente la condujo hasta la vitrina, fuera del baño donde descansan los pasteles y platos dulces.
— Bien, elije el que quieras. — le mostré la zona donde podía seleccionar el de su gusto.
— Creo que tomare el más grande. El de chocolate.
— Buena elección. Es mi favorito. ¿Lo has probado alguna vez? — me niega con su cabeza pero con una enorme sonrisa tras hacerme del muffin.
— No. Es la primera vez que probare uno.
— No bromees. ¿Qué persona se privaría de probar algo como esto? — hablo mi mitad obesa. La alojo en mi cuerpo y despierta solo cuando se trata de muffins.
— ¿Alguien que no tiene dinero y vive en la calle? — Levanto sus dos hombritos y mi mundo tambaleo. ¿Tan cruel podía ser la vida? — No te sientas culpable por lo que has dicho, no tienes que ver en mi mala suerte.
— ¿Duermes en la calle? — pregunte haciendo entrega de mi obsequio envuelto en una simple servilleta de papel.
— En la plaza. — señalo hacia el costado de la cafetería donde descansaba la dichosa plaza. Mis ojos siguieron el trayecto que marco su pequeño dedo a pesar de saber a qué plaza hacía referencia, y no pude evitar el hecho de encontrarme con la mirada de Quinn en las mesas junto a Charlie y Samuel.
— ¿Hace cuanto no comes? — volví la atención a la niña.
— Dos días o tres, creo. Gracias por esto. — me sonrió y comenzó a caminar hacia la entrada.
— Regresa mañana a desayunar. Correrá por mi cuenta también. — elevo un poco mi voz para que me escuche y recibí inmediatamente un pulgar hacia arriba con su apagada sonrisa.
Mi voz llamo su atención y una mueca parecida a una sonrisa también apareció en sus labios. Me mordí la parte interior de mi mejilla y volví a tomar mi puesto detrás de la barra.
— Este será el trato… — Así de simple comenzó con su conversación.
— Espera. ¿De qué hablas? — Detuve a Christian confundida.
— No me tomes por idiota, Rachel. Intente hacerlo educadamente pero no has accedido a ello. — Miro sobre su hombro y fijo nuevamente su mirada en mí. Quinn estaba metida en nuestra conversación sin nombrarla. — Es obvio que tienes algo con esa imbécil, pero… — levanto su dedo advirtiendo que no osara en interrumpirlo — ahora aceptaras una cita conmigo.
— ¿Por qué haría eso? — fruncí mi ceño y maldije el hecho de justamente hoy atender la barra.
— Porque cantare como un gorrión todo lo que se.
— Tú no sabes nada. — Abrí mis brazos apoyando mis manos en el borde de la barra, reduciendo la distancia entre nosotros. Quinn se puso en alerta.
— Pruébame.
Fueron sus últimas palabras antes de que Quinn llegara a su lado.
— Cóbrame. — Extendió su ticket sobre la barra.
— Hoy me hare cargo yo. — Christian coloco su mano sobre la de Quinn y parte del ticket. — Para hacer las paces, ya sabes. — le guiño un ojo.
— Quita tu mugrosa mano de ahí.
Lo único que pude hacer fue tragar saliva sin hacer el menor de los ruidos.
— Pero que carácter. Que conste que quise hacer las cosas bien aquí, eh. — Christian hablo mirándome a los ojos, queriendo dejar en evidencia el mal comportamiento de Quinn frente a mí.
— ¿Quieres hacer las cosas bien?
— Así es. — Asintió y rápidamente Quinn apoyo la mitad de su cuerpo en la barra incluyendo su brazo que aun mantenía el agarre hacia el ticket.
— Desaparece de mi vista.
Firme y clara.
Christian hizo una mueca con su boca como si estuviese apenado y negó con su cabeza — Lamento informarte que ahora mismo no puedo hacerlo, no hasta que Rachel me diga a qué hora pasare por ella para nuestra primera cita.
Estoy segura que la palidez volvía a mi rostro al igual que el sudor en mi espalda. No me atrevía a mirar el rostro de Quinn mucho menos atreverme hablar. El piso temblaba bajos mis pies y estoy segura que era parte de mi mal estado.
— Una cita. Qué bien. — Quinn apoyo ambos brazos en la barra cargando todo el peso de su cuerpo en sus brazos — ¿Estas enterada que tendrás una cita? — sus palabras fueron dirigidas hacia mí.
— Créeme que lo sabe. — Interrumpió Christian — Solo estoy esperando a que me dé un horario para pasar por ella.
— Bueno. Déjame darte un consejo — comenzó hablar sacando dinero de su cartera de mano. — No la lleves a una heladería, supongo que ella está acostumbrada a cosas más sofisticadas. — Tiro el dinero con desprecio sobre la barra — Quédate con el cambio. Tómalo como una propina de mi parte. — No hace falta que diga mas. Sé que hace referencia a la noche que pasamos juntas y sus palabras duelen como dagas clavadas en mi cuerpo. Pero mi necesidad de advertirla sobre Christian es más grande que su desprecio.
— Quinn… espera.
Su espalda fue la respuesta a mis palabras. Salió disparada por la entrada siendo seguida rápidamente por Charlie y Samuel.
— Eres un… — mi insulto quedo colgando por la impotencia del momento y por no ser buena infundiendo miedo. El solo se paro de su asiento, dejo el dinero en la barra y tomo su campera para abandonar la cafetería.
— A las ocho pasare por ti.
— No.
— No me hagas esperar. — Me apunto con su dedo y se aproximo nuevamente a la barra — No querrás conocerme enojado. — Sin más abandono el lugar dejándome más confundida que antes.
mil veces perdon por mi tardanza. Perdi absolutamente TODO! capitulos, fotos y hasta el trailer que estaba haciendo de esta historia. Un virus entro en mi pc y directamente la destrozo. Como si fuese poco tambien entraron en mi mail y en mi fanfic robándome las contraseñas. No me estoy excusando, simplemente dandoles el porque de mi ausencia.
Ire escribiendo los capitulos y actualizando alternando los dias para cada historia. El jueves le tocara el turno a "Motherhood".
En este tiempo ausente me dedique a leer muchos fics, los cuales no son de escritoras muy conocidas y sus rw lo dejan en claro. Quizas mucho de ustedes ya esten leyendo esos fics, pero siempre hay alguien que no. Voy a recomendar uno por cada capitulo que suba y ustedes tambien estan invitados a hacerme llegar historias para que las lea y recomiende. Tomen su tiempo y dejen un rw en sus historias, no se imaginan la gran arma que tienen como lectores. El incentivar a un escritor es lo mejor que pueden hacer y no solo insistir con actualizaciones.
"Una y mil veces" s/10002429/1/Una-y-mil-veces
Sin mucho mas que decir.. nos leemos pronto!
Glee y sus personajes no me pertenecen.
