Capitulo Dieciséis

– Christian Bale.

Es lo último que mis oídos oyen tras sentir en mi lado derecho como Paul cierra la puerta del coche.

Mi mundo no es el mismo desde que Rachel Berry se ha entrometido en ella. Puede verse de ambos lados, siendo yo la intrusa en su vida, pero definitivamente no contaba con el hecho de poder sentir algo más que un simple escalón para llegar a Brody.

Lo admitiré. No soy un ángel, y si doy ese aspecto seguramente he sido un ángel caído del cielo tras ser expulsada por mi mala conducta. Rachel Berry no es una victima mía, lejos esta de ser mi interés en temas de negocios, pero Brody no piensa lo mismo. Ahora, en momentos como estos donde me encuentro sentada en la parte trasera de mi auto, con mis manos enlazadas depositando allí mi bronca e ira, ella pasa a ser lo primordial en mi día. Rachel se ha colado en mis huesos, se ha asentado debajo de mi piel sin intensiones de cederle lugar a otra persona, así sea Julia.

¿De qué me sirve Rachel a mí?

Ya lo he dicho. Brody. Pero ahora no estoy tan segura de ello. Ahora quiero protegerla y el hecho de que Christian Bale se mueva como pez en el agua frente a mis narices no hace más que enfurecerme. Él complicara las cosas. Él pondrá en riesgo a Rachel y no puedo permitirlo.

— Señorita Fabray ¿Dónde desea que la lleve?

La voz gruesa de Paul me saca de mi pensamiento cayendo en la cuenta que él ha estado esperando a que le dé indicaciones. Bacilo, aun no sé si lo que hare pronto es lo correcto. No está en mis planes y no puedo salirme de ellos permitiéndome fallar. No ahora.

Miro hacia mi derecha buscando señales fuera de mi coche a través de los cristales, pero allí no hay nadie. Christian no está mucho menos mis muchachos. Vuelvo a mirar mis manos, nerviosa apretujando mi reloj pulsera siendo consciente que en menos de una hora debo encontrarme con mi investigador y parte de la gente que está detrás de todo este rollo.

— Llévame a Bora Bora.

Veo como mueve su nuca hacia delante dándome a entender que ha captado mi decisión. El auto comienza avanzar y rápidamente tomo mi móvil.

— Da la vuelta aquí. Quiero asegurarme que Rachel aun sigue dentro del local.

— Si, señorita Fabray.

Sin más, gira en U y volvemos por donde hemos llegado. A mi izquierda, en la ventana opuesta donde me encuentro sentada, veo como Rachel sigue en su mundo sin saber lo que gira a su alrededor en este preciso momento. Mis ojos quedan impactados por su desenvoltura con los clientes que allí asisten. Pienso, en momentos así, que he tomado la mejor decisión de todas en este lapso de tiempo respecto a ella y la confitería. Ella sabrá ponerse los pantalones y sacar mayor provecho de ello. Se enojara, me insultara y es muy probable que no quiera volver hablarme, pero para ese entonces, cuando ella lo sepa, yo estaré lejos de Lima.

— Señorita Fabray.

La voz en el audífono llama mi atención tras dejar atrás su lugar de trabajo.

— Unique. Cierra Bora. Hoy no quiero a nadie alrededor del bar.

— Es lunes, no podemos hacer eso. Hoy vienen los proveedores y debo pagarles el sueldo a las muchachas que atienden el restaurante.

— No diré más. Nadie.

Cuelgo y vuelvo a marcar rápidamente.

— Quinn.

— Escúchame. No quiero que ese imbécil les vea el rostro a ustedes. Es un asunto entre él y yo. ¿Ha quedado claro?

— Si, pero de todas formas sabrá que yo tengo algo que ver. Soy tu hermano después de todo.

— Una cosa es que él lo sospeche, o lo imagine y otra muy diferente es que tenga tu voz en su micrófono o tú rostro en su cámara.

— ¿Él tiene todo eso que dices? — noto nerviosismo en su voz, miedo jamás, no después de toda la mierda que ha pasado.

— Es probable, y si no quieres volver al agujero donde te he sacado más te vale mantener tú culo lejos de este asunto. Pasame con Samuel.

— ¿Qué debo hacer, Quinn?

— ¿Dónde lo tienen?

— Viene en la camioneta detrás de ti. Nosotros vamos últimos. Dime donde iremos.

— Al depósito del bar. No los quiero dentro. Tú y Charlie se quedaran fuera, o en el auto.

— De ninguna manera.

— Samuel, no entraras allí. Para eso les pago a hombres capacitados para ello.

— Esto es también mi asunto y tú no me dejaras fuera.

— Tú asunto es Weston. No me lleves la contraria. Te quedaras fuera y no negociaremos eso.

— Él te matara si tiene la oportunidad. Lo sabes.

— A él no le conviene eso. Quiere a Rachel, yo también la quiero a ella, pero el aun sigue siendo codicioso con el dinero. Negociare.

— No la necesitas. Ya lo hemos localizado. Sal de esa mierda antes de que te meta en problemas.

Suspiro tensando mi mandíbula.

— Ese no es tú asunto. No metas las narices ahí o te ira mal.

— No pierdas la cabeza, Quinn.

— Y tú no provoques que te la corte. Vigilen la entrada.

Sin más corto la comunicación repasando las ideas que atormentan mi cabeza.

Intereses.

Todas las personas nos movemos en la vida por diferentes intereses. Desde los pequeños en el jardín de infantes un niño acercándose a una niña solo para obtener galletas, desde un adolescente en pleno examen sentándose al lado del que en verdad estudio para copiarse las respuestas, desde un joven en una disco diciéndole cosas lindas a una muchacha solo para llevársela a la cama, hasta dos ancianos negociando en plena sala del geriátrico por el ultimo flan en la cocina. El mundo se mueve así. A base de intereses personales y profesionales. Rachel ha sido un interés profesional, si así podemos llamarlo, pero ahora mismo, ella se ha vuelto algo personal. He cometido el error de meterme en su vida a causa de Brody, pero ahora no dejare que eso me detenga. Ella es mi interés personal, amoroso y emocional. Ella ha tocado la fibra en mi corazón que parecía muerta de sentimentalismo. Rachel ha logrado despertar el cosquilleo que Allison despertó en su momento.

¿Es amor?

No lo sé. ¿Estoy enamorada? Dudo que así sea. ¿Hare lo que esté a mi alcance para saberlo? Definitivamente. Tengo la convicción de que el amor a primera vista no existe. Uno se enamora mientras conoce a la persona, pasando tiempo con ella, sabiendo sus gustos en la intimidad o en un simple helado. Sus miedos, defectos y anhelos. Sus sueños. Yo ni siquiera sé que es lo último que piensa al acostarse y lo primero que hace al levantarse. Pero son cosas, que dentro de mi corazón y mente, están planificadas para que en un futuro cercano mis dudas sean respondidas. Rachel estará a mi lado y nadie lo impedirá.

— Hemos llegado señorita Fabray.

— Paul, no quiero que nadie entre. Encárgate de que mi hermano y Samuel cumplan con lo pedido, de lo contrario tienes mi consentimiento para arrastrarlos hasta Lima. ¿Has oído?

— Si.

— ¿Si, qué?

— Si, señorita Fabray. Hare lo que usted me diga.

— No quiero errores. Si Charlie o Samuel entran arruinaran todo.

Sentencio bajándome del auto. Sueno mi cuello y no puedo evitar el hecho de sentirme cansada. He tenido la mejor noche de todas, junto a la mujer que comienza a robarme los suspiros uno por uno, pero lidiar con estos asuntos provoca que no pueda relajarme un solo día.

Hago seña con mi cabeza a dos de los muchachos que están parados en la puerta trasera del bar para que abran la puerta purpura. Dos de mis empleados bajan de la camioneta y no demoran en sacar a Christian de la parte trasera con sus ojos vendados y su boca sellada con cinta. El maldito infeliz sabe lo que le espera. Sabe que yo estoy detrás de todo esto por su forma de caminar. No presenta resistencia mucho menos forcejea con mis custodios. Él camina según el camino que le trazan sin agachar su cabeza en ningún momento, como si así, quisiese demostrarme que tiene las de ganar o que al menos, el no se irá con las manos vacías.

Camino tras ver como Christian ha entrado no sin antes mirar el auto donde mi hermano y Samuel me observan. Mi primo hace el intento de bajarse, pero Charlie rápidamente se lo impide.

— Si ellos entran, tú date por muerto.

— Si, señorita Fabray. — asiente nervioso el guardia de la puerta.

La puerta se cierra detrás de mí y espero a que los muchachos terminen de sentarlo en la silla que hay frente a una mesa. Si, es muy trillada la situación teniendo en cuenta que millones de películas sobre mafias o policiacas tienen esta misma escena. Pero, debajo del bar hay un depósito donde solo gente importante asiste a jugar Póker por cifras de dinero que ni ustedes pueden imaginar. No les suministro drogas, porque ese negocio no está en mis manos mucho menos es de mi agrado, pero tampoco impido que la consuman en este sitio. Cada uno atiende sus vicios haciéndose cargo de sus propios culos bajo este techo y de lo que enfrentaran si me dejan expuesta en algo como eso. Mi hermano desgraciadamente ha caído en ese rollo, pero he sabido controlarlo. Mi familia no es narcotraficante y nunca lo será. No manchare mi apellido ni permitiré que lo hagan. Hemos sabido financiar nuestras vidas a base de negocios familiares como los casinos o bares nocturnos. Podría decirse que compro sitios en decadencia a un valor menor, recomponiéndolo para luego venderlo a cifras incalculables.

¿Qué tiene que ver Brody en todo esto?

Un mal negocio. Un ajuste de cuentas incorrecto.

No les diré más que eso. Christian Bale me espera con su sonrisa socarrona sentado con sus muñecas amarradas en la silla en el centro de la sala.

— Quítale la venda y desátale las manos.

— Pero usted se quedara sola con el aquí.

— ¡Has lo que te digo! — Exijo.

— Nos quedaremos con usted si eso sucede.

Habla el jefe dentro de los custodios. Es el único que tiene permitido dirigirme la palabra sin mi consentimiento. Es el que maneja toda mi seguridad y que mi persona junto a los que me rodean esten a salvo.

— Tú te irás y cerraras la puerta tras marcharte.

— Señorita…

— No lo volveré a repetir. Este hijo de puta y yo tenemos cosas que ajustar. ¿No es así?

Christian vuelve a sonreír ya libre de su máscara en los ojos.

— Tus deseos son órdenes. — Se remueve en su silla mordiéndose el labio como si estuviese aguantando la risa.

Maldito cabron.

— ¡Fuera!

Ambos hombres apretaron sus mandíbulas y fijaron su vista en mí, pero los ignore enfocando mi atención en mi saco intentando sacarlo para dejarlo apoyado en el respaldo de la silla que me pertenecía. Frente a Christian.

Tras sentir la puerta cerrarse junto al característico ruido de un clic dando por sentado que estábamos bajo llave, decido comenzar con nuestra charla de negocios.

— ¿Quieres agua?

— Tienes un bar. Puedes ofrecerme algo mucho mejor que eso. — chasquea su lengua.

— Buen punto, pero teniendo en cuenta que tenias planes de jugarme sucio — miro la mesa que nos separa — Solo te ofreceré agua y, creo que eso es mucho.

¿Por qué mire la mesa? Simplemente porque allí descansaban todos los artefactos donde Christian tenia cámaras o micrófonos, incluso estoy segura que gps tras hacerme caer en su trampa delatándome.

— Un encendedor… — tome el objeto y lo analice con mis ojos — Buena idea, pero teniendo en cuenta que tú no fumas, diría que una decisión algo equivocada.

Tomo todas sus pertenencias y las arrojo lejos de nosotros tras asegurarme que deje a todas ellas sin funcionamiento alguno.

— Ellos ya saben dónde me tienes. De nada sirve deshacerte de eso.

— Por supuesto que lo saben, no me subestimes. Pero… — corrí mi silla y tome asiento — No saben que nosotros tenemos intereses más allá de ellos. Y créeme que quisiera quedarme a conversar contigo sobre el tiempo o sobre la final de la NFL, pero tengo asuntos más importantes que atender, sin ofender.

Él niega con su cabeza restándole importancia — No te preocupes. Lo tomo de quien viene.

— Aléjate de Rachel.

Frunce sus labios dejando una fina línea blanca y comienza a negar con su cabeza.

— No creo que sea posible. Esta noche tengo una cita donde debo asistir.

Comienzo a reír — Te has golpeado la cabeza, ¿cierto?

— ¿Por qué tanta importancia? Tienes un bar entero para ti. Rachel esta fuera de tú alcance.

— No metas tú nariz donde no te corresponde. Dime qué quieres a cambio y te lo daré.

— ¿Qué te hace pensar que negociare contigo? — Apoya sus brazos sobre la mesa entrelazando sus manos — Quinn, eres una mujer. No me… — suspira — ¿Cómo explicarlo? No te tengo miedo. Tú, sola, aquí abajo conmigo no tienes poder, no sin tus guardias. Piensas que porque manejas un poco de dinero y poder puedes sacarme del medio y lamento informarte que estas errada.

— Todas las personas tienen su precio, dime cual es el tuyo y dejare que pases esas puertas sin un rasguño.

Su risa llena mis oídos retorciéndose en su asiento.

— ¿Rasguño? ¿Tú te encargaras de arañarme, gatita?

Sonrío. No le daré el gusto de sacarme de mis casillas. Paso mi mano derecha por mi boca y parte de mi mentón.

— No me provoques. Aléjate de Rachel y seré buena contigo.

— Rachel aquí, Rachel allá, Rachel bla bla bla — me hace burla con su mano — ¿Qué hay con Brody?

— ¿Qué hay con él?

— Has estado más de tres meses buscándolo y, teniendo en cuenta tú gran poder, te has demorado bastante ¿no crees? — No respondo. Solo fijo mi mirada en él esperando a que prosiga. — Has dado con Rachel por casualidad, a decir verdad, ella se te ha interpuesto en tú camino. Ya tienes a Brody, haz lo que tenias planeado hacer y lárgate.

— ¿Por qué quieres a Rachel?

Se humedece el labio inferior y apoya toda su espalda en el respaldo de la silla.

— ¿Por qué no? ¿Le has visto el culo? Solo quiero follarmela.

Me paro de inmediato de mi asiento y golpeo su mandíbula con mi puño derecho.

— Repítelo y no dudare en meterte una bala en la frente.

— ¡Wow! — ríe sintiendo dolor por el golpe que le he dado limpiándose parte del labio partido — Buen golpe, retiro lo de gatita.

— Habla. ¿Por qué Rachel?

— No diré nada a menos que tú me digas ¿por qué Rachel?

¡Maldición!. No estaba en mis planes ceder algo frente a él mucho menos tener que exponer mis sentimientos frente a la lacra humana de Christian. Claro que puedo mentir y decirle que solo es diversión, pero eso solo aumentara su propósito de acostarse con ella.

— Me interesa y no es un juego.

— ¿Te interesa? — Levanta su ceja — ¿Así es como te vengaras de Brody? ¿Acostándote con su mujer? — Comienza a reír — Querida Quinn, Brody no funciona con el ojo por ojo, diente por diente.

— Brody morirá, en mis manos. ¿Entiendes? Rachel esta fuera de esa mierda.

— Rachel esta tan dentro como todos nosotros. Si tú no la incluyes, lo hará Brody y no dudara en actuar como lo hizo con Allison.

— ¿Por qué Rachel? — vuelvo a repetir mi pregunta obviando lo que acabo de escuchar. Se me revuelve el estomago de solo pensarlo. No le daré oportunidad para que vuelva acercase a ella. Antes sobre mi cadáver. Me niego a perderla.

— Berry. Su padre.

Vuelvo a tomar asiento en mi silla y me cruzo de brazos analizando lo que Christian intenta decirme. Su padre. Es algo que se me ha escapado de las manos tras seguir los pasos de Brody. He investigado la vida de Rachel, cuántos hijos tiene, el negocio que le pertenece a su madre, sus amigos y hasta los horarios de su trabajo. Tras conocerla y dejar enredarme con sus problemas cotidianos, decidí dejar que ella fuese quien me mostrara parte de su vida. Su padre ha sigo una etapa donde ella claramente ha sufrido y me lo ha hecho saber.

— No lo sabes, ¿Cierto? — levanto mi ceja y niego con mi cabeza — La familia Berry ha sido una gran influencia en el tema de la mafia y los negocios turbulentos. El cacique mayor le ha dejado una inmensa fortuna al tío de Rachel y a su padre, quien ha decido abrirse de todo ello, dejando que solo su hermano siguiera con esa tradición algo particular. — Hace un silencio — ¿Por qué Rachel? Eso es simple, como un 2+2.

— Yo te daré plata si es lo que buscas.

— Tú no podrías ni siquiera darme el mínimo de lo que ella tendrá en unos años. ¿Años? Mejor dicho meses.

— Explícate.

— Al viejito le gustan lo que los hombres tenemos entre las piernas, y el muy idiota ha pescado esa asquerosa enfermedad. Solo le dan unos meses de vida.

— Créeme cuando te digo que mi bala apetece meterse en tú frente. No vuelvas hablar así sobre su condición. — tenso mi mandíbula.

— Oh, claro. — Entiende la situación. Mi situación. — Me casare con ella, así no lo quiera. Heredare parte de todo el negocio familiar, el dinero y por supuesto el poder que ello acarrea.

— Ella está casada con Brody. Él heredara toda esa mierda que dices, aunque poco tiempo lo disfrutara. Yo ocupare su lugar a su lado, no por lo económico precisamente.

— Rachel ha iniciado los trámites de divorcio y tiene las de ganar por más que Brody decida no firmar.

¡¿Qué Rachel qué?! La piel se me pone de gallina al escuchar que ella esta iniciando sus trámites de divorcio para dar por cerrado esa relación, y porque no, comenzar con su vida nueva junto a alguien más. No, no, no… me niego rotundamente a que esa persona sea Christian. De solo pensarlo se me hela la sangre y el corazón se me sale de la boca. No me interesan sus bienes personales, como dice la palabra, son de ella y de nadie más. Las ideas remolinean en mi mente. Familia proveniente de la mafia. Su padre es gay. Ella se opone rotundamente a ese hecho casi dándolo por muerto. ¿Por qué Rachel ha accedido a estar conmigo? Con una mujer.

— Te daré lo mismo. Dinero, protección y negocio.

— Tú no tienes chances aquí. Entre tú y yo, yo estoy más limpio que tú. Cuando se entere las intensiones que has tenido desde un principio y quien en verdad eres, no dudara en alejarte de ella y de los niños. Eres todo lo que ella repudia. No podrías limpiar tú imagen ni con agua bendita.

— Eso me compete solo a mí. Te daré lo que tanto buscas.

— ¿Lo dices en serio? Ahora mismo mis intereses han subido un poco más.

— No te pases de listo imbécil, aun puedo hacer que mis hombres se encarguen de ti. Tómalo o de otra manera, olvídate de salir de aquí.

— ¿Qué pensara la policía? ¿Crees que no buscaran mi cuerpo?

— Eso no es problema para mí. ¿No me oyes cuando te hablo? Puedo darte la protección que quieras.

— ¿Con quién te has aliado? Tú no estás sola en todo esto.

— Eso no te interesa. Toma lo que te ofrezco. Te daré protección, y un casino en las vegas. ¿Quieres poder? Lo tendrás siempre y cuando no te metas en mis asuntos y sepas respetar que yo estoy por encima de ti. Si intentas pisar mi cabeza yo personalmente pisare la tuya.

— ¿Tanto puede interesarte Rachel?

— Lo tomas o lo dejas.

— Seria un imbécil si no lo aceptara.

— Lo eres. Mis hombres te llevaran a tú casa y en la noche arreglaremos los papeles para que todo quede en condiciones y puedas hacerte cargo de uno de mis casinos. Escúchame con atención porque no lo repetiré dos veces — Me inclino en la mesa destruyendo un poco la distancia entre nosotros — Te metes en la droga y no tendrás mas mi protección. No abalo esa mierda.

— Perfecto.

— Entonces… — me paro de mi asiento y comienzo a colocarme de nuevo mi saco antes de largarme de allí dando por terminado nuestro encuentro. El solo se encarga de mirarme expectante. Golpeo la puerta dos veces tras caminar hasta la entrada para que le quiten el seguro y me giro en mi lugar para verlo directo a sus ojos. Saco un cigarrillo y lo enciendo inmediatamente buscando esa tranquilidad y relajación que en momentos así solo el tabaco puede darme. Largo el humo lejos de mis pulmones y levanto mi ceja — ¿Qué harás esta noche a las ocho?