Capitulo Diecisiete
— ¿Me dices que tengo la culpa yo? — suspiro y aferro el teléfono de casa entre mi mejilla y mi hombro mientras ocupo mis manos con la cena. — ¿Cómo puedes decir algo así sin siquiera saber toda la historia?
— Tú me las estas relatando.
— Kurt, solo te he contado lo que ha pasado en la cafetería.
— El no hablar a tiempo te hace culpable quieras o no.
Se crea un silencio entre nosotros.
— Escúchame Rachel, no sé que le ha picado a Christian para salir con algo así y obligarte a una cena sin tú consentimiento…pero definitivamente tú debiste decirle que no frente a Quinn. Sabes que él lo hizo apropósito.
— ¿Estas del lado de Quinn? — coloco aceite en el sartén
— No estoy de ningún lado, ni siquiera del tuyo porque simplemente no entiendo porque Christian reacciono así. ¿Por qué has aceptado la cena?
— No la acepte. — Aprieto el trapo de cocina entre mis manos y suspiro — Quinn… ella seguramente piense que yo estoy comenzando algo con él y no es así. El solo pensar que es el mejor amigo de Brody me descompone. ¿Ha caso los hombres no tienen hombres?
— Algunos aun los conservamos…claramente él no.
— De todos modos, ella ni siquiera me ha salido a buscar luego de todo lo que le dije en el hotel.
— Bueno, ahí debo darte la derecha. ¿Te ha llamado ahora? ¿Algún mensaje?
— No lo se, y no mirare mi móvil. No lo he sacado en todo el día de mi bolso.
— ¿Qué hay con los niños? ¿Has hablado hoy?
— Si. — Termino de cortar algunas verduras — En la tarde los he llamado, por cierto… mi madre me ha dicho que mañana deberías pasarte por la peluquería. Le ha llegado algo nuevo y quiero enseñártelo.
— Genial, mañana temprano iré. Ahora tú, iras a buscar tú móvil.
— No. — Niego con mi cabeza como si él pudiese verme — No iré. Déjalo así.
— Lo dejaría pero hace casi dos horas que estamos hablando y dándole vueltas a lo mismo. Ve, revisa tú móvil, yo seguiré aquí en línea.
— No lo hare, Kurt. ¿De qué me sirve ver que no hay interés de Quinn allí?
— ¿Y tú como lo sabes? Rachel Berry no parare hasta que…
Lo interrumpo — Okay… ¡dios santo! Eres insoportable.
— Y también me adoras. — Ríe.
— Si, si…lo que digas. Ya regreso. — apoyo el teléfono en la mesada junto a las verduras que he terminado de picar y camino hacia el living de casa. El bolso lo he dejado mi sillón de dos cuerpo color crema.
No quiero.
Apoyo mis manos en el respaldo y miro hacia abajo, donde descansa precisamente mi bolso. No quiero tomar mi móvil y ver que allí no hay nada. Me llevo el dedo de mi mano derecha hacia la boca para morder mi uña, mientras que con los dedos de la otra mano golpeo el respaldo a un ritmo rápido e incesante.
Suspiro. Que sea lo que demonios tenga que ser. Me inclino hacia delante, abro mi bolso y busco entre todos los papeles y cosas sin importancia que tengo allí dentro. Debo limpiarla, es un desastre. Encuentro mi móvil luego de unos segundos de búsqueda y camino de regreso hacia la cocina. No me atrevo apretar el botón para que la pantalla se encienda, no sin Kurt del otro lado de la línea.
— ¿Estas? — pregunto.
— Más firme que estaca. — no respondo. No sé qué hacer — ¿Y? ¿Tienes muchas llamadas? — Kurt da por hecho que Quinn me ha dejado más de una llamada perdida haciéndose notar.
— No lo he visto todavía.
— ¿Qué esperas? ¡Rachel!
— ¡Ya, de acuerdo! — me froto la frente con mi mano izquierda mientras con el dedo pulgar de la derecha aprieto el botón para que la pantalla se ilumine. — No enciende.
— ¡¿Qué?!
— Que no enciende, Kurt. ¡No enciende! — No sé si estoy eufórica por el hecho de que el tiempo se estiro un poco más, o por aliviarme el solo pensamiento de saber que no he escuchado mi móvil porque está apagado. Tal vez, ella si me llamo. — Supongo que se ha quedado sin batería. Desde anoche que no lo cargo.
— Bueno, corre a buscar tú cargador.
— Déjame terminar de cocinar, comeré mientras se carga y luego te llamo antes de acostarme.
Suspira, pero él sabe entender que tiene que darme mi espacio si quiere obtener respuestas.
— ¿Qué harás con Christian?
— ¿Qué hare? Bueno… — agarro la tabla donde he picado mis verduras y las hecho en el aceite de oliva — Le dejare bien en claro que…
El timbre de casa suena.
— ¿Es él? — Levanto mi vista y tomo el teléfono con mi mano izquierda para acomodarlo en mi oído correctamente — ¡¿Es él?!
— No… no, yo no lo sé.
— ¡No cortes la llamada, Rachel! Patéale el trasero y no me cortes. Quiero oírlo todo.
— No… no atenderé. — ¿De dónde ha salido esa cobardía? No lo sé. Pero Kurt no tiene idea donde me he metido las noches anteriores, mucho menos que Christian obtuvo la cena gracias a una información que sabe sobre mí.
— Lo harás. Abrirás la puerta y le dirás unas cuantas verdades.
El timbre comienza a sonar nuevamente, pero esta vez al parecer se le ha pegado el dedo en el. Suena reiteradas veces sacándome de las casillas y sabiendo de ante mano que no podre zafarme de esta. Él sabe que estoy aquí dentro. No hay que ser genio, pero no se irá hasta que le abra.
— Más tarde te llamo.
— ¡No! No, Barbra. No lo harás. No cortes. — Me amenaza. Uno más. — Ahora, camina hasta la puerta y ábrele. Vamos. — Me alienta. Yo camino hasta cerca de la entrada sin atreverme a pararme frente a la puerta, el timbre sigue sonando como loco. — ¡Por dios, abre de una vez! — Me grita Kurt.
Hago los cuatro pasos que me faltan para tomar el picaporte de mi puerta principal, lo sostengo unos segundos y el timbre cesa de inmediato. Él sabe que estoy detrás de la puerta, que estoy por abrirle.
Inhalo y exhalo.
Yo puedo.
Abro la puerta y rápidamente siento como mis pies se despegan del suelo. No puede ser. ¿Qué sucede? Oh dios santo. Ese olor… su olor.
— ¡Ay! — Chillo casi gimiendo al sentir como mi espalda choca bruscamente contra la pared. Los gritos de Kurt por el auricular me dan a saber que ha escuchado mi quejido, pero más allá de eso es puro placer. El no lo sabe. Enredo mis piernas en su cintura y dejo que atrape mi boca de inmediato.
¡Rachel! Los gritos de Kurt aun se oyen en el piso.
¡Ella está aquí!
El teléfono cae al piso dejando que mi cuello se corra hacia atrás dándole paso a sus labios desesperados junto a su lengua que buscan hacer contacto con mi piel. Me aferro a ella, a su espalda e intento pegarla aun más a mi cuerpo. Solo han sido horas, pero han parecido años lejos de ella. Mi cuerpo la pidió a gritos durante todo el día y el suyo respondió corriendo hasta aquí.
— ¡Eres mía! — Murmura pegada a mi cuello, aferrando sus manos en mi trasero — Eres solo mía, ¿Cierto? — Asiento con mi cabeza suspirando incontroladamente. Mi respiración se vuelve errática y solo pienso en llevarla hasta mi cama. — Dilo, por favor. Quiero escucharlo.
Intento negarle el acceso hacia mi cuello y tomo su rostro entre mis manos para poder hacer contacto con sus ojos directamente. Su pecho sube y baja aun mas agitado y rápido que el mío, sus pupilas se han dilatado considerablemente y el color de sus ojos se ha convertido en un verde intenso. Adoro a esta mujer, y quiero cada parte de ella solo para mí.
— Lo soy. — Llevo sus labios hacia los míos y le hago saber que hablo en serio — Tú eres mía, ¿Cierto? — susurro pasándole mi aliento a su boca. No quiero separarme jamás de sus suaves labios.
— Lo soy, demonios, lo eres todo… eso y mucho mas. — muerde mi labio salvajemente comenzando apretarme con lujuria contra la pared.
Con mis manos temblorosas le abro el chaleco y comienzo a bajárselo por sus hombros mientras ella vuelve atacar mi cuello. Me fascina su fuerza, su excitación y como me hace sentir cuando la tengo cerca.
— ¿Esperabas a alguien más? — Me pregunta a la vez que abre un poco mas mi blusa para besar el valle de mis pechos — ¿A quién pensabas cocinarle?
¡Las verduras!
Siento el olor de la comida y entiendo porque ella me ha preguntado eso.
— Quinn… Q-quinn… — balbuceo excitada — Mi comida… se me quemara. — Intento que se aleje para bajarme y correr hacia la cocina para apagar el fuego y que nada mas nos interrumpa.
— No. — Murmura como una niña pequeña. — No te separes de mí.
— Solo déjame apagar el fuego. — Sonrío mordiéndome el labio.
— Yo te llevare.
— ¿Qué? — Chillo tras sentir como sus manos vuelven aferrarme aun mas fuerte a mi trasero pegando mi intimidad a su abdomen.
— Me encanta que aquí se esté cocinando algo más. No te atrevas apagar esto.
Mis mejillas se tiñen de rojo al percatarme que ella puede sentir el calor que irradio entre mis piernas.
— No podría siquiera intentarlo.
Lo siguiente que siento es como su mano izquierda abandona mi cuerpo y apaga la hornalla perteneciente a mis verduras. Rodeamos juntas la isla, aun encima de ella.
— ¿Podemos aquí? — Ha sido una pregunta, de eso estoy segura pero de todos modos creo que lo ha hecho por cortesía. Me sentó sobre la mesada acomodándose entre mis piernas para volver a besarme intensamente. Las manos de Quinn comenzaron a recorrer sin pudor alguno mis piernas, agradeciendo mentalmente por colocarme shorts que hacen lucir mis piernas.
— ¡Joder! — Balbucea entre mis labios — Tú piel… — Sus manos abandonan mis piernas por un momentos para comenzar a recorrer mis senos cubiertos aun por mi brassier y blusa. Toma los dos primeros botones desabrochados para jalar mi prenda y lograr que todos los demás salten entre nosotras dejando mi torso desnudo.
— Oh… — Gimo imaginando lo próximo que se avecina entre nosotras. Vuelvo a gemir al sentir como Quinn aferra sus dedos a mi cintura para arrastrar mi cuerpo hasta el suyo para apoyar nuevamente su vientre en mi entrepierna. Estoy mojada, muy.
— Me traes loca. — Sus manos se aferran a mi espalda provocando que me encorve para dejarle mis pechos aun cubiertos servidos para su boca. No pierde su tiempo, apartando un poco mí sostén para pasar su lengua por uno de mis pezones. Oh por dios, estas matándome.
Quinn rápidamente comenzó a sacarse parte de su ropa para quedar en igualdad de condiciones sin abandonar la tarea que tenia con mis pechos, incitándola tomando su cabeza entre mis manos empujándola hacia mi cuerpo. Se me seca la boca al ver su abdomen marcado a la perfección junto a su pálida piel.
— Necesito desnudarte ahora mismo. Hacerte el amor.
— ¿El amor? — me golpeo mentalmente. No sé porque he preguntado eso. Sus labios se alejan de mi cuerpo y yo solo atino a cerrar mis ojos apoyando mi mentón en mi pecho. Siempre lo arruino.
— Mírame. — Me incita hacerlo subiendo mi rostro — Jamás tendré sexo contigo… — acaricia mi mejilla — A ti solo puedo hacerte el amor.
No hacen falta más palabras. Ambas sabemos que estamos en el lugar correcto con la persona indicada. Acercamos nuestros rostros y nos fundimos en un beso donde nuestras lenguas no demoran en reencontrarse para danzar juntas. Amo a esta mujer. La voz de mi pensamiento choca contra mi mente unos segundos pero decido no darle importancia, no ahora. Solo quiero sentirla. Su cuerpo me queda y el mío se debilita cada vez mas entre sus brazos. Lo sé. No hay vuelta atrás. Mi corazón se enlazo con el suyo y no hay forma de arrancarlo de allí.
— ¡Rachel!
Quinn salta rápidamente lejos de mi cuerpo dejándome expuesta frente al extraño que se atrevió a interrumpirnos. Ella comenzó abrocharse su camisa rápidamente dándole la espalda a la visita en todo momento. Avergonzada por lo que pasa a mi alrededor intento buscar mi camisa pero ya es demasiado tarde. El la tiene a los pies de su cuerpo. Quinn se voltea y rápidamente se pone delante mío para tapar mi cuerpo con su espalda.
— ¡Kurt! — Suspiro con fastidio — ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?
Él con su pie derecho levanta mi camisa para lanzármela y poder colocármela. Quinn la toma en el aire dejando a Kurt con la boca abierta tras ver como ella delicadamente comienza a colocármela.
— Lo siento… — Le susurro disculpándome por la interrupción de mi amigo. Ella solo niega con su cabeza sacándole peso al asunto.
No puedo abotonarme la camisa ya que no ha quedado ningún botón sano tras el ataque de locura por parte de Quinn. Me tapo como puedo y bajo de la mesada rosando la espalda de Quinn.
— ¿Qué haces aquí? — pregunto frunciendo mi ceño y apretando mi mandíbula.
— Lo siento ¿Si? — Él sabe que su presencia no es bienvenida en estos momentos. — Te he escuchado gritar por el auricular y me asuste tras no responderme. — Me ruborizo — Por cierto, disculpa la mala educación de mi amiga aquí presente — Camina hasta detenerse frente a Quinn — Kurt Hummel, mucho gusto. — Estira su mano.
— Quinn Fabray. — le devuelve el saludo apretando su mano.
— Al fin conozco a la famosa Fabray.
— Vaya… — Quinn sube sus cejas mirándome haciendo el intento de no sonreír — Es bueno saber que alguien me recuerda. Espero que te haya contado cosas buenas.
— Eres muy romántica. — Chilla mi amigo tras darse cuenta que Quinn le ha dado lugar para entablar una conversación.
— No lo creo. — Ella lo niega.
— Lo eres. Rachel jamás ha recibido flores y caja de bombones. Eres muy atenta.
— Kurt… — advierto.
— Entonces… — habla Quinn — Si necesito la aprobación de su mejor amigo para salir con Rachel, puedo contar con la tuya ¿cierto?
Abro mis ojos y trago saliva. ¿Qué?
— ¿Salir? — Pregunta Kurt — No creo que ella necesite mi aprobación para una cita.
— No dije cita. — Lo corrige y se para a mi lado tomando mi mano — Quiero hacerla mi novia.
Se crea un silencio. Yo no me atrevo a romperlo y Kurt ha pasado a segundo plano, seguramente esperando mi respuesta al igual que Quinn.
— ¿Qué dices, nena? ¿Quieres?
Mi cabeza da vueltas. ¡Oh por dios santo y la virgen santísima! Esto tiene que ser una broma. Abro mi boca pero de allí no salen palabras, solo sonrío como una boba y sus ojos… están tan brillantes, expectantes esperando mi respuesta. Estoy muda y me maldigo por eso, pero no quiero arruinar nada.
— Me iré. — La voz de Kurt corta nuestro mutismo — Ha sido un placer. — vuelve a estirar su brazo para saludar a Quinn con un apretón de manos y espera a que reaccione para que lo acompañe hasta la puerta.
Camino detrás de mi amigo, no sin antes mirar sobre mi hombro derecho para asegurarme que Quinn no se ira de ahí. Ella solo me sonríe y mete una de sus manos en el bolsillo de su pantalón a la vez que se arregla la camisa con la que quedo libre.
— Agradece que he sido yo y no tú madre. — Murmura una vez que estamos en la puerta — Cierra con llave y no dejes que escape de aquí. — Asiento aun aturdida por su declaración minutos atrás. — Oh, Rach… — Kurt me abraza inmediatamente sabiendo leer en mis gestos que aun no sé cómo reaccionar a todo esto. — Ella te quiere, lo sé. Solo anímate.
— Yo también la quiero. — Me aferro a su cuerpo
— Eso también lo sé, cariño. No la hagamos esperar más. Disfruta tú noche. — Besa mi frente y desaparece por la puerta dejándome a solas con Quinn en casa. Cierro la puerta y me aseguro de poner llave. Christian pasa por mi mente. Son casi las nueve de la noche y él no ha aparecido. Me resulta extraño, pero más allá de eso lo agradezco inmensamente. Suspiro antes de despegarme de la puerta para volver a la cocina.
— ¿Qué haces?
— La comida. — Me responde removiendo las verduras que deje abandonadas tras su aparición. — ¿Tienes hambre?
Solo de ti. — Un poco.
— ¿Tienes fideos o algo más? No creo que alcance para las dos.
Verla en mi cocina, con el trapo sobre su hombro derecho y las mangas de su camisa arremangadas me hace querer ver esta imagen por siempre en esta casa. Es como si ambas estuviésemos acostumbradas a una vida juntas antes de conocernos.
— ¿Te quedaras? — Quise decirlo como una afirmación pero ha sonado más a pregunta.
— Has cerrado la puerta con llave, no me quedan muchas más opciones. — Me sonríe y yo solo quiero correr a sus brazos para besarla y retomar la pregunta que he dejado sin respuestas.
— Quinn… — balbuceo acercándome a su lado.
— Solo cocinemos ¿De acuerdo?
¡No! ¡No quiero! — Si.
Ambas permanecemos en silencio mientras la comida vuelve a su curso y el olor exquisito de las verduras envuelve mi casa. No me atrevo a decir más nada, ella me ha dejado en claro que no desea retomar el asunto y lo respeto. Quizás se ha apresurado en todo el tema y se ha arrepentido. Me hizo ilusión, no lo voy a negar.
— ¿Tienes vino blanco?
— Si. — respondo y me dirijo hacia la heladera tras colocar los individuales en la isla de la cocina para apoyar los platos. Hemos decidido comer ahí, es más acogedor que hacerlo en la enorme mesa perteneciente al comedor. Ella extiende su mano dándome a entender que se hará cargo del vino, le hago entrega del destapador y vuelvo sobre mis pasos para sacar dos copas. No demoro en volver al igual que ella en sacar al corcho. Vierte el vino en ambas copa y me alcanza una de ellas tras tomar asiento a su lado en uno de los taburetes.
— Brindemos.
Levanto mi copa e intento hacer una mueca parecida a una sonrisa — ¿Por qué?
— Por estar aquí, juntas. ¿No es suficiente? — asiento y choco mi copa con la suya dándole rápidamente un sordo.
Ella sabe de inmediato que algo pasa conmigo y que mi mente me está jugando una mala pasada.
— Rachel… — toma mi mentón y une sus labios con los míos — Solo comamos. — Vuelvo asentir — Sonríe — pasa su pulgar por mi labio inferior y yo no me atrevo a llevarle la contra regalándole mi mejor sonrisa. Ella está aquí, eso es lo que importa.
Su móvil suena y recuerdo rápidamente que el mío aun permanece sin batería.
— Dime. — coloca el móvil en el lado opuesto donde yo me encuentro — No. Ahora no. — Aprieta su mano izquierda sobre la mesada dejando sus nudillos blancos — Demonios, esto ocupada. He dicho que no. — Instintivamente tomo su mano para que afloje el agarre y comprenda que no tiene sentido alguno enfadarse de esa manera. Ella parece entenderlo. Suspira. — Escucha, ahora mismo estoy en una cena importante. Mañana me ocupare de eso. — Sin más corta la llamada y vuelve a sacar otra rápidamente — Paul, vete. Si te necesito te llamare. — Vuelve a cortar. Su móvil vuelve a sonar pero esta vez avisando que ha sido apagado.
— Ahora solo seremos tú y yo… si aun me quieres aquí.
Miro hacia nuestras manos que siguen agarradas. — Siempre lo querré. — Me sonríe y lleva mi mano hacia su boca para besar el dorso.
— Veamos que tan rica está la cena. — se lleva el primer bocado a la boca sin soltar mi mano. Yo la imito y me agrada la idea de sentir que ella necesita estar en contacto conmigo así sea compartiendo algo como lo es esta comida.
— ¿Cómo ha estado tú día? — me pregunta aun masticando su bocado.
— Cansador. Pero me alegra terminarlo de este modo.
— A mi también, nena. — Toma un poco de vino imitando mi gesto. — ¿Quién era la pequeña?
— ¿Quién? — Frunzo mi ceño.
— Le has regalado un muffin a una pequeña esta mañana.
Oh, si… la recuerdo. — No lo sé. — Quinn levanta su ceja — No la conozco. Me he topado con ella en el baño y me ayudo con algo. Se lo agradecí con un muffin.
— E invitándola a desayunar al día siguiente.
— Veo que no pierdes pisada.
— No me permito eso contigo.
Por unos segundos su declaración me deja atónita.
— Me gustaría unirme a su desayuno si tú me dejas.
— Por supuesto. Pero aun no sé si ella va a volver. — Levanto mis hombros continuando con mi cena.
— Regresara. Cualquiera lo haría.
— Desayuno gratis ¿Quién no?
— No hacía referencia a eso.
— ¿No? — Ella niega con su cabeza — ¿Entonces?
— Nadie en su sano juicio no regresaría a ti. — acaricia mi mejilla apartando varios mechones de pelo de mi rostro. Me muerdo el labio, nerviosa comenzando a mover mi pierna.
— ¿Cómo tú? — El silencio entre nosotras provoca que aleje mi mirada del plato y la observe por unos segundos.
— Como yo. — Asiente pensativa como si aquello fuese su más grande revelación. — Come.
— No quiero más. — alejo mi plato y le doy un largo sobro al vino.
— ¿Qué quieres?
A ti… Sonrío aun con los labios apoyado en el borde de mi copa. Mi mente se ha convertido en pervertida y me divierte el hecho de ser así. Le doy el último sorbo a mi copa y siento como la mano derecha de Quinn aparta la copa, girando mi cuello con su mano libre para arrastrarme hasta su boca. Saborea mis labios y rápidamente cuela su lengua dentro de mi boca. Gime, su aliento choca con el mío, y vuelve a saborear mis labios succionándolos fuertemente.
— Rico sabor. — Sonrío y sus labios chocan con mis dientes.
— Quinn… — susurro y luego suspiro. — Te quiero a ti.
— ¿A mí? — Se baja del taburete y gira mi cuerpo quedando entre mis piernas. Asiento. — ¿Dónde?
— En mi cama.
— Llévame. — Me baja delicadamente y yo enlazo mis dedos con los suyos para guiarla hasta mi habitación. El camino no es largo, pero la ansiedad que hay en mi cuerpo provoca el querer llegar de inmediato. Escucho su risa detrás de mí seguramente por mi torpeza de querer llegar pero cesa rápidamente al ver que hemos llegado y ella aprovecha para pegarse a mi espalda. Caminamos así hasta posicionarnos frente a mi cama.
— Te quiero. — Digo sin poder controlarlo. Lo pensé pero lo dije en voz alta deteniendo los besos que Quinn había comenzado a dejar en mi nuca. Soy especial para arruinar momentos o asustar personas. Definitivamente lo he hecho con mi declaración.
— Yo también. — Mi corazón ha dejado de bombear y el pulso se ha detenido como las agujas de un reloj. Estoy sorprendida por mi repentino momento de sinceridad, pero aun más lo estoy por su confesión. Ella no ha huido de mí, no ha pasado. Aun no creo que este viviendo todo esto, como si realmente ambas mereciéramos por partes iguales esta segunda oportunidad de volver a pertenecernos.
— No quiero volver a separarme de ti. — Vuelvo a tener el mando de las palabras como lo fue desde un principio. Tomo una de sus manos que descansan en mi vientre y la llevo hacia mis labios para besarla. Me giro y por unos segundos miro su rostro, es ella. Quinn Fabray. Su perfecta nariz, labios rosados y finos, su pelo rubio y verdes ojos. ¿Nos merecemos mutuamente?
Quinn parpadea en la oscuridad intima que nos brinda mi habitación, seguramente confusa por mi declaración y por sonar tan segura de sí misma al momento de querer pertenecer al lado de una persona de mi mismo sexo. No puedo soportarlo más, olvido los pensamientos tomándola por sorpresa impactando mi cuerpo con el de ella, tomando su rostro entre mis manos.
— Estoy preparada para hacer esto por ti. Solo puedo pedirte perdón por hacerte rabiar… yo… — le doy un beso rápido — Quiero esto y mucho mas contigo. No quiero asustarte, pero lo quiero todo, Quinn.
Siento como sus brazos se envuelven alrededor de mi cuerpo.
— No sé que me has hecho. — Siento como suspira en mi cuello — Pero definitivamente, quiero averiguarlo. — Su sonrisa se extiende por mi cuello aplastándome aun más contra su cuerpo.
Me sienta en la cama y ella rápidamente se arrodilla frente a mí para comenzar a despojarnos de nuestra ropa a paso lento. Primero lo hace con mi blusa, luego con su camisa. Partimos nuevamente desde donde lo hemos dejado en la cocina. Se acerca a mi rostro, besa mi nariz y luego mi frente. En momentos así, siento como ella cuida de mi.
— Quiero hacerte el amor. — digo segura abriendo mis ojos tras sentir sus labios en mis mejillas.
— Y yo mi novia. — Sonrío de placer y felicidad al escuchar nuevamente sus palabras. No se ha arrepentido. Mi espalda siente el frio de mi acolchado rápidamente y la piel se me eriza al simple contacto. — Rach…
— Si… si quiero. — respondo recibiendo gustosa sus labios. — Eres mía.
— Lo soy.
¿Así se siente estar enamorada?
Sin computadora. Sin Internet y con yeso en mi mano derecha. Sepan entender mis demoras. Lo siento.
Glee y sus personajes no me pertenece.
