Capitulo Dieciocho.


Mi piel se eriza y mi estomago comienza a subir y bajar a un ritmo más acelerado. Me he despertado y es la sensación más placentera que he vivido en este último tiempo. Me niego abrir mis ojos, pero sé que ella ya sabe que he abandonado la nube nueve del sueño. Sus labios recorren mi ombligo y vuelve a jugar como lo hizo anoche con mi piercing. Me ha repetido reiteradas veces que aun no cabía en su mente como podía tener eso allí y que la volvía loca dedicando especial atención en aquella zona. Es solo un piercing… pensé y aun lo sigo pensando, pero si eso tan loca la vuelve y tanto placer me provoca, no reniego.

— Despierta… — susurra y yo sonrío sin poder evitarlo. Esta mañana la felicidad no cabe en mi cuerpo y nada arruinara este día. — ¿Se ha estado haciendo la dormida, señorita Berry?

— Hmmm… — Un gemido de placer sale disparado de mi boca tras sentir como tira de mi arito. — ¡Quinn!

— Shhh…

— No. — Me remuevo pero el hecho de que ella este con su cuerpo entre mis piernas tumbada directamente sobre mi cuerpo me imposibilita escaparme de sus garras.

— Quieta. — Me pide pero disfrutando su frustración por no poder lograr su objetivo me remuevo aun más en la cama. Ella atrapa mis manos y se sienta sobre mis piernas impidiendo que mi cuerpo se corra.

— ¡Quinn! ¡No es justo! — Bufo y ella ríe triunfante — Pareces una niña.

— ¿Una niña? — Asiento y ella solo frunce su ceño.

— Una pequeña Lucy.

— No me llames así. — Afloja su agarre en mis manos cambiando completamente el semblante de su rostro.

— Yo… l-lo sien… — Su risa me detiene. — ¡Ey! — La empujo en sus hombros por ponerme en aquella situación pensando que en verdad se había enojado conmigo. Se acerca para darme un beso pero le corro los labios dejándole libre mi mejilla.

— No me corras la cara. — Toma mi rostro con su mano derecha haciendo presión con sus dedos en mis mejillas, resaltando mi boca hacia afuera. — Bésame. — Muevo mi cabeza hacia los costados negando aquello. — ¿No? — Vuelvo a negar — Si. — Sin más acerca su cara y creamos una lucha de besos, labios, saliva y dientes mordiendo labios. Ella no lo sabe, pero tengo una manía con su boca, sus rosados y suaves labios. Todo el tiempo me apetece morderlos y reconozco que me he comportado como corresponder, pero no más. No señora. Atrapo su labio inferior entre mis dientes y lo muerdo dejando mi vida en ello.

— Ahggg… ¡Rachel! ¡Demonios! — Se aleja rápidamente de mi cara aun sentada sobre mi cuerpo. Lleva su mano hacia su boca corroborando que allí hay una fina línea de sangre. Yo, por supuesto, río divertida por desafiarme y mostrarle que no puede dominarme, no del todo. — ¡BERRY! — La siento gritar en la habitación. Yo ya la he abandonado, aprovechando su distracción para tirar su cuerpo en la cama y correr lejos de ella.

Me encierro en el baño y sonrío nerviosa. Se me viene una grande, lo sé. Me tomo mi tiempo, no sé que estará haciendo pero me da lugar a mojar mi cara y cepillar mis dientes. No la escucho. Hago mis necesidades y me arreglo un poco el pelo. Que desastre, debo ducharme pero mi ropa está en mi habitación. Si, podría hacerlo sin necesidad de tener todo eso aquí en el baño, puedo cambiarme fuera del baño pero con Quinn en casa, esa no es una opción.

Abro la puerta y todo parece estar calmado. Quizás ella ha decido asearse en el baño de mi dormitorio. Camino sigilosamente hasta detenerme en el umbral de la puerta observando como la cama está en perfectas condiciones, la ropa acomodada y la puerta del baño abierta sin nadie dentro. ¿Dónde está?

— Pagaras por esto. — Doy un pequeño salto del susto pero su brazo rápidamente se aferra a mi cintura dejando su pecho en mi espalda. — Luego. Ahora debemos desayunar.

— ¿Dónde estabas? — Me giro para dejarle un suave beso en sus labios — Debo bañarme.

— De acuerdo. Apresúrate, tenemos visita.

Frunzo mi ceño — ¿Eh? No, espera. — La tomo del brazo — ¿Quién vino a mi casa?

— Solo báñate y únete a nosotros. — besa mis labios y se aleja camino al comedor. Intento seguir sus pasos, pero ella sabe de mi curiosidad. — Rachel. — Advierte aun dándome la espalda al final del pasillo.

Suspiro y giro mis ojos. Dominada. Grita mi subconsciente. Levanto mis hombros caminando hacia mi habitación para tomar mi necesaria ducha mañanera.


— ¿Qué hace aquí, en mi casa? — Es lo primero que pregunto con la furia a flor de piel.

— Buen día, Rachel. He venido a desayunar con ustedes. — Se levanta de su silla y camina hasta donde yo lo permito. Lo detengo levantando mi pulgar.

— Quieto ahí, Charlie. — Detiene sus pasos — ¿Quinn? — Pido explicaciones pero ella ni siquiera nos presta atención. Levanta sus hombros y comienza hacer llamadas como es de costumbre.

— Rachel…

— ¡No! Tú te largas de mi casa. No eres bienvenido aquí.

— Te lo dije… — Canturrea Quinn desde su silla negando con su cabeza mientras espera que le atiendan la llamada.

— Solo déjame hablar.

— ¿Ahora quieres hablar? — Frunzo mi ceño — ¡Vete!

— ¡Quinn! — Charlie llama la atención de su hermana pidiendo un poco de ayuda.

— Rachel, solo escúchalo.

— No.

— Ya la has oído. — Vuelve a su tarea.

— De todos modos, ¿Quién te abrió? — camino hasta la sala y tomo el juego de llaves que hay sobre la mesa, justo donde las he dejado anoche.

— Entre por la corrediza del comedor, la que da al patio.

— ¿Disculpa? ¿Estás loco? — Chillo molesta por no respetar mi privacidad.

— Solo vengo a desayunar con mi hermana y su novia.

— No. — Niego con mi cabeza — Espera, ¿Cómo sabes que soy novia de Quinn? — el levanta sus hombros — ¡Quinn! — grito.

— ¡Ya deja de gritar! Siéntate de una vez a desayunar, tenemos cosas que hacer. — responde a mis protestas.

— No me sentare a desayunar con él. Vete.

— Rachel, no seas infantil. Es mi hermano y debes soportarlo de ahora en más. Siéntate.

— ¡Que no! — vuelvo a gritar

— Respuesta equivocada. — susurra Charlie caminando hacia la mesa para tomar asiento. Veo su gesto con mi boca abierta asombrada por las atribuciones que se está tomando bajo mi techo, pero el cuerpo de Quinn me tapa la vista sintiendo nuevamente como mis pies se despegan del piso. Lo siguiente que mi cerebro logra asociar es estar sentada sobre su regazo cruzada de brazos.

— Quita esa cara.

— No lo quiero aquí ¿Entiendes? Lo quiero fuera de MI ca-sa.

— No se ira, vive con eso. — comienza a prepararse una tostada y yo aprovecho para abandonar sus piernas pero ella me toma de la cintura dejándome en claro que no me quiere lejos suyo.

Suspiro. — Sera la última vez que entres en mi casa sin invitación. Es de mala educación.

— Rachel, solo escúchame.

— Deja de pedirle que te escuche, maldición. Solo habla y ya.

— Quinn, la boca. Estamos en la mesa. — frunce su ceño y yo imito su gesto sin dejarme intimidar. Ella solo se limita asentir achicando sus ojos cuando su hermano se burla con una risa muda.

— Tienes mi atención. — Digo sin mirarlo a la cara. Me enfoco en servirme un poco de café para mejorar un poco más el bajón que ha tenido mi mañana.

— Quiero pedirte disculpas por haber sido grosero contigo. Ahora eres la novia de mi hermana y debo respetarte.

— Debes respetarme sea o no la novia de Quinn, soy una mujer, debes tratarme bien.

— Bueno…

— Quinn es mujer.

— Mi hermana no cuenta.

— ¡Ey! — se queja Quinn

— Tú te comportas como un hombre y tienes más agallas que algunos de nosotros. No hace falta saber que deben respetarte. — Ella levanta sus hombros. Sabe que tiene razón.

— Decías… — vuelvo hablar. No tengo toda la mañana. No para él.

— En verdad eres dura. — Quinn asiente y yo le doy un empujón con mi cuerpo. Traidora. — En fin… quiero mejorar las cosas contigo, si me dejas. Y es una costumbre desayunar juntos — señala a su hermana — No está dentro de mis posibilidades romper con ello. Es mejor que me aceptes ahora a tener que soportarme obligada de mala gana ¿No crees?

— Tú y yo no hemos comenzado para nada bien…

— Lo sé y quiero remediar mi error si me lo permites. Ahora debo protegerte.

— Se cuidarme sola.

— ¿En algún momento paras para comer o eres siempre así?

— Siempre. — responde Quinn volviéndose a ganar un nuevo empujón de mi parte. — Tal vez tengamos suerte y se tome los feriados.

— Idiota.

— La boca, señorita Berry. Estamos en la mesa.

Miro mi reloj pulsera y me quedan un poco más de media hora para entrar en mi horario de trabajo.

— Debo irme a trabajar.

— Iré contigo. — Quinn toma el último sorbo de su café y me deja un fugaz beso.

— Quinn debemos juntarnos con Simmons.

— No. Hoy tienen su día libre. — Toma su móvil — Paul, quiero pensar que ya estas esperándome fuera. — Me sonríe acomodando mi pelo detrás de mi oreja pero su sonrisa de disfuma rápidamente — No, hoy no. Dile que mi paciencia se está acabando. — Suspira poniendo en alerta a Charlie — Paul, no lo volveré a repetir. Encárgate de eso.

— Dame, Quinn. — Ella solo estira su brazo haciendo entrega de su móvil. Charlie lo toma y abandona mi casa rápidamente por donde entro.

— ¿Vamos?

— ¿Qué sucede? — me atrevo a preguntar tomando mi abrigo del perchero

— Sucede que llegaremos tarde a tú trabajo si no dejas de preguntar.

— Solo lo hice una vez.

— Y ha sido suficiente. Vamos. — Toma el juego de llaves y camina hacia la entrada.

— Te recuerdo que eres mi novia, no puedes guardarme secretos.

— Tú tampoco. — Levanta su ceja una vez que abrió la puerta esperando a que yo pase. No le guardo secretos… bueno. Algunos. — No le des vuelta al asunto, sales perdiendo.

Sin más abandonamos mi casa para subirnos al auto de Quinn y trasladarnos hasta mi lugar de trabajo.

No le des vuelta al asunto, sales perdiendo.

Esa insignificante frase pero con peso en sus palabras me ha dejado pensando el resto del corto camino hacia la cafetería. Allí dentro ya se encuentra Katherine y la nueva chica que aun no he tenido la oportunidad de tratar.

— Hola amiga. — Me saluda Katy — Quinn.

— Señorita Bale. — Saluda tomando asiento en la barra.

— Rach, hay una pequeña niña esperando por ti en una de las mesas. — Con Quinn recorremos el local con nuestras miradas. Ella permanece allí, con su mochila a un lado de su cuerpo mirando a través de la ventana, con sus bracitos entrelazados descansando entre sus piernas.

— Nunca me equivoco. — Sonrío — Ella ha vuelto.

— Y no la haremos esperar. — Comienzo a quitarme el abrigo caminando hacia los vestidores. Como siempre, Katherine pisa mis talones.

— ¿Quién es ella? La niña…

— No lo sé, la he conocido ayer. ¿Recuerdas que le invite un muffin? — ella hace silencio al parecer intentando recordarla.

— No preste atención. ¿Has pasado la noche con Quinn? — levanta sus cejas sugerentemente.

— Tal vez… — levanto un hombro jugando con su intriga.

— Y han tenido sexo ¡Alabado seas señor! — levanta sus brazos

— No seas pesada. No tenemos sexo, nostras…

— Hacemos el amor - completa mi frase — Muy cursi lo de ustedes.

— ¿Qué hay de ti? — pregunto terminando de hacerle el nudo a las tiras de mi delantal

— Sexo, mucho sexo. Ya he hecho una lista de las posiciones que me gustaría probar — frunzo mi nariz — Es un dios griego en la cama y su equipo… si me entiendes — con sus manos imita el tamaño.

— Uhgg no quiero saber eso de mi cuñado.

— ¡¿Disculpa?! ¿Cuñado? — chilla cerrando la puerta para no dejarme ir. Asiento. De todos modos tarde o temprano ella lo sabrá.

— Anoche Quinn apareció en casa, hemos hablado.

— Hablado… si. — Asiente con su cabeza

— ¡Sí! — me defiendo sonriente. ¿A quién quiero engañar? Por mis poros brotan sexo, sexo, sexo. Y en mi frente siento la etiqueta de recién follada. — Ha sido romántica, cuidadosa y protectora. No pude resistirme, le he dicho que si sin pensármelo.

— ¿Estas feliz?

— ¡Muy! — siento como sus brazos me arropan y ambas reímos alegres. — Somos algo así como… concuñadas. — se desprende del abrazo.

— ¿Eres novia de Charlie? — abro mis ojos.

Niega con su cabeza — Pero lo volveré tan loco que querrá hasta casarse conmigo.

— No escupas hacia arriba, Katy. — Digo caminando hacia la puerta — ¿Tú hermano? ¿Dónde está? — Recuerdo el mal trago que pase ayer y de solo pensar que puede aparecerse por aquí con Quinn presente me hela la sangre.

— En casa durmiendo, supongo.

— ¿En tú casa? ¿Y anoche?

— Salió no se con quien, ha vuelto tarde un poco pasado de fiesta. — me paro en el umbral de la puerta y veo como mi amiga vuelve a retomar su trabajo. ¿Qué ha pasado con la supuesta cita?

— Tú debes ser Rachel. Mi nombre es Dani — me extiende su mano y yo no sé si aun estoy muy dormida o el hecho de que Christian aun ronde por mi cabeza ha hecho que pierda cierto tiempo de la realidad.

— ¿Dani? — Asiente con una brillante sonrisa tras devolverle el apretón de manos — Disculpa, pero no sé quién eres.

— Oh, pensé que te habían avisado que hoy comenzaba aquí. Soy la chica nueva.

Dani, claro. Katherine he ha dicho que ella ocuparía mi horario mientras yo esté en el bar.

— Dani. Ya recuerdo, me disculpo por mi despiste. Entonces… tú primer día.

— Así es. Me han dicho que tú me dirás que debo hacer e indicarme cómo manejar las cosas aquí.

— ¿Yo? — Frunzo mi ceño y ella vuelve asentir — ¿Quién te ha dicho eso?

— Él — señala con su cabeza. El dueño firma unos papeles a un costado de la caja registradora.

— Si lo ha dicho él, entonces es palabra santa. Es el dueño.

— De acuerdo. — vuelve a sonreírme.

— Bueno… — digo incomoda. Hay algo en su mirada que me intimida. Como es de esperar Quinn está alerta sentada en la mesa junto a la niña. — Me darás una mano con el sector de las mesas. ¿Has conocido a Katherine? — Asiente — Bueno, te encargaras de la uno a la cinco, son aquellas. — Señalo la zona, justamente donde se ha sentado Quinn. — Ven, acompáñame.

Lentamente nos dirigimos hacia la mesa tres donde una pareja de jóvenes aun esperan ser atendidos.

— Atiéndelos tú. — vuelve a sonreírme y yo me remuevo incomoda por sentir los ojos de Quinn en mi nuca. Ellas están sentadas en la mesa cuatro.

— Muy buenos días muchachitos — Bueno, ha comenzado bastante bien. Ella sabrá obtener buenas propinas. Inmediatamente se me cruza Santana y Brittany por la cabeza. No he vuelvo a saber de ellas. — Hoy es mi primer día aquí, espero que sepan entender si algo no sale bien. — Los muchachos sonríen embobados — ¿Ya saben que pedirán?

— ¿Tú estás dentro del menú? — abro mis ojos, hoy en día vienen más osados. Dani ríe pero lo siguiente que sale de su boca me deja confundida.

— Lamento decirte que no, de todos modos, yo no estaría en la sección de tus posibles gustos.

— ¿Y tú? — Pregunta su amigo con un corte mohicano, que en mi opinión, parece tener una ardilla muerta ahí arriba.

— ¿Disculpa? — pregunto sorprendida.

— Si, tú preciosa… ¿Puedo invitarte a desayunar?

— No te pases de listo, niñito. — La voz de Quinn nos toma por sorpresa a los cuatro. La niña solo gira su pequeño rostro y me sonríe con un hermoso bigote de leche sobre sus labios. Hola, cielo. Susurro.

— Puedo llamar a otro amigo, no te pongas celosita. — Abro mis ojos y miro a Quinn de inmediato. Niego con mi cabeza y ella solo mira la manito que se agita frente a su rostro. La pequeña niña le ofrece una galleta.

— Tapate los oídos — le pide a la niña — Hay menores aquí, pero si sigues por ahí — señala la puerta — me encargare de atarte las bolas al cuello ¿oíste?

— ¡Wow! — Silban ambas chicos. Están muertos. — Esta me la quedo yo. Puckzilla te enseñara lo bueno de la vida.

— Repítelo. — pide Quinn.

— Puckzilla…

— ¡No! — lo interrumpo rápidamente. Que Quinn pida aquello solo significan problemas — Dani, toma el pedido y llévaselo al cocinero.

— De acuerdo. — Me sonríe y roza mi brazo antes de alejarme de allí. Miro por el rabillo de mi ojo, Quinn permanece con su ceño fruncido y sé que ha dejado de lado a los irrespetuosos adolescente. Ahora su atención se enfoca en Dani.

— Katherine, ¿Puedes cubrirme? Le he prometido a la niña desayunar con ella.

— Claro, ve tranquila. Cualquier duda que tenga Dani le diré que lo consulte conmigo.

— Gracias. — Sonrío y me llevo un licuado de banana a la mesa número cuatro. — ¿Cómo esta ese desayuno?

— Delicioso. — me responde la niña y yo hago el intento de sentarme a su lado pero ella rápidamente toma su mochila en sus brazos y entiendo que estoy por invadir su espacio. Decido tomar asiento al lado de Quinn. No quería, no por el hecho de estar a su lado, sino por el hecho de quedar frente a la vista de los muchachos.

— ¿Quieres un muffin?

— No, gracias. Ya he comido galletas con Lucy.

— ¿Lucy? — Asiente y yo sonrío.

— No te atrevas. — Se adelanta advirtiéndome.

— ¿Tú cómo te llamas?

— Charlotte. — Quinn se remueve en su asiento.

— Oh, qué hermoso nombre. Y dime ¿Cuántos años tienes? — Vuelve a dejar su pequeña mochila en su sitio y levanta los cinco dedos de su manito derecha junto a su dedito índice de la izquierda. Esperen… ¿Qué? ¿Tan solo seis años? Trago grueso por el hecho de que una niña tan pequeña este durmiendo en la calle.

— Seis… — susurro, ella asiente — ¿Quieres algo más?

— No, estoy bien. Lucy me ha prometido ir a dar un paseo.

— ¡Qué bien! ¿Y yo? ¿Me dejaran? — hago una mueca de tristeza pero ella tiernamente estira su bracito sobre la mesa, de inmediato la tomo entre mis manos.

— Claro que no, Rach. ¿Qué tan bien cantas? — abro mis ojos sorprendida. Su pregunta me ha tomado con la guardia baja.

— Yo… no, no se cantar.

— No mientas. — Quinn reaparece en la conversación.

— Lucy me ha dicho que sabes cantar. ¿Te sabes canciones de Disney?

Sonrío. — Tengo dos hijos, tengo que saberlas.

— ¿Dos hijos? — Asiento — Son como… ¿así? — me muestra tres deditos arriba.

— No, aurora. Baja uno. — responde Quinn.

— ¿Aurora? — pregunto.

— Ajam… urora como la princesa. — me sonríe.

— A-U… repite conmigo. Au-ro-ra. — Dice Quinn y mis ojos brillan al verla interactuar así con la niña.

— U-rora… ¿Así?

— Lo has dicho de nuevo mal. Auuuu… como si te doliera algo.

— Auuu… — Quinn asiente pidiéndole que prosiga yo solo las observo — u-ro-ra.

Quinn suspira cansada y yo comienzo a reír contagiando a la pequeña.

— ¿De qué nos reímos? — me pregunta y con Quinn estallamos aun mas en risas, ella vuelve a reír. — En serio ¿De qué?

— Cielo ¿puedo hacerte unas preguntas?

— Si. — bebe un poco de su leche formando nuevos bigotes blancos.

— ¿Has dormido en la plaza anoche? — Asiente — ¿Por qué?

Levanta sus hombritos — No tengo casa.

— Y el hogar, aquí en Lima…

— No — me interrumpe — No quiero. Lo sabía. — Toma su mochila y recorre las galletas que sobran — No quiero. — intenta huir pero rápidamente me paro impidiéndole el paso.

— Tranquila, cariño. Solo te estoy preguntando. ¿Qué sucede?

— No. Tú me llevaras allá, no quiero volver al hogar. — Solloza asustada.

— No, no. No te llevare, tranquila. ¿Por qué no quieres ir?

— Ellos… ellos… ellos me tratan mal — me responde nerviosa. — No quiero.

— De acuerdo. No volverás. — Me arrodillo frente a ella quedando a su misma altura y abro mis brazos dándole a entender que quiero darle un abrazo. Ella, temerosa, camina a paso lento y se deja envolver por mis brazos. La levanto del suelo y siento como sus pequeños brazos rodean mi cuello aferrándose aun más.

— Quinn… — murmuro. No quiero desprenderme de la niña, no quiero dejarla sola. La sola idea de que duerma fuera, en una plaza mugrienta, con el peligro de la noche y el crudo frio me enferma.

— Bueno. Creo que aquí alguien se ha olvidado que tiene un paseo pendiente conmigo. — Quinn se levanta de su asiento y deja dinero en la mesa.

— ¿Iras con nosotras? — se limpia su pequeña naricita con la manga de su sweater.

— Yo…

— Por supuesto que ira. Ella nos debe las canciones, no lo olvides.

— Quinn, no puedo salir del trabajo.

— Si puedes. Tú puedes hacer lo que quieras. — frunzo mi ceño y camino detrás de ella hasta llegar cerca del dueño de la cafetería.

— Buenos días — Saluda Quinn recibiendo el mismo saludo — Rachel tiene cosas que hacer. Se tomara el día.

— No hay problema. Hablare con Katherine para que se encargue de Danielle. — Lo próximo que escuchamos es como llama a la chica nueva.

— ¿En qué puedo ayudar?

— Danielle, Rachel se ira. Cualquier cosa me preguntas a mi o a Katherine. Cambia lugar con ella, atenderás la barra. — Asiente.

— ¿Te vas? — me pregunta tomándome distraída.

— No te importa.

— ¿Disculpa? — Responde Dani confundida por la intromisión de Quinn.

— Tengo cosas hacer — decido adelantarme a la respuesta — Mañana volveré.

— Oh, genial. Entonces te veré mañana. — me sonríe.

— Rachel, no tenemos todo el maldito día. — tensa su mandíbula.

— Lo siento. — No lo hagas. Intento correrme un paso hacia atrás para alejarme de su tacto, pero estira su brazo lo suficiente para dejar una nueva caricia en el mío. — Disfruta tu día.

— ¡Quita tus manos de su brazo! — su ceño fruncido y su voz no indican cosas buenas.

— ¡Lucy! — Charlotte tironea su saco

— No entiendo. — Dice Dani — ¿Quién eres?

— Su novia, y te pateare el culo si sigues tocando su brazo. ¡Suéltala! — Mis mejillas se tiñen de rojo, Katherine ríe y mi jefe nos mira avergonzado por dar aquel espectáculo.

— No digas palabrotas, Lucy.

— No lo sabía.

— Ahora lo sabes. Lárgate.

— ¡Quinn! — me molesto por seguir con esa actitud. — Dani, sigue con tú trabajo.

— Claro… — mira extraño a mi novia — Nos vemos mañana, Rachel. — Se acerca y me deja un beso en la mejilla. Corre Dani, debes correr lo más lejos que puedas.

— No jodas… — protesta Quinn — ¿De qué se ríen?

— La boca, Quinn. Vámonos.

— Ni creas que esto quedara así. Se ha quedado sin trabajo ¿me oyes Berry?

— Si, Quinn. — respondo sin darle mucha importancia.

— ¿Me tratas como a un loco? Tendrá que irse de Lima, en sus sueños volverás a verla.

— De acuerdo.

— Hablo en serio, muy en serio Rachel. ¡Préstame atención!

— Debes calmarte. Ella necesita el trabajo, no te metas con eso.

— Ella estaba coqueteando contigo — nos frenamos fuera del local esperando a que Paul aparezca — Es lesbiana, bollera, tortillera, pastel. Como demonios quieras llamarlo y está detrás de ti.

— ¿Torta? ¿Pastel? — Nos interrumpe Charlotte — ¿Tiene chocolate dentro? Como mi muffin.

— No, cielo. Quinn se refiere a otra clase de torta.

— Entonces de vainilla, por su pelo ¿cierto?

Comienzo a reír — No, no que yo sepa.

— ¿La probaras? ¿Crees que se deje? — Quinn abre sus ojos alerta

— Bueno…

— Dile a la niña que no o estarás en problemas, Rachel Berry.

— Solo me gusta una torta de vainilla — sonrío haciendo referencia a Quinn, se que la niña no ha entendido mi respuesta. — ¿Dónde iremos?

— ¡Hija! — las tres giramos nuestro cuello hacia la izquierda. Abro mis ojos sorprendida y Quinn… bueno, ella siempre firme y sin nervios.

— Shelby ¿Qué haces aquí?

— He venido a desayunar, quedamos con Kurt aquí. ¿Ya te vas? — besa mi mejilla — ¿Quién es esta hermosurita? — Charlotte se esconde detrás de mis piernas tomando con su mano libre la de Quinn.

— Una pequeña amiga que hemos hecho. Ella es Quinn Fabray, madre.

— Shelby Corcoran, mucho gusto.

— El gusto es mío, señora. Ahora entiendo de dónde saca la belleza Rachel.

Mi madre hace una mueca de confusión y yo con mis ojos le doy a entender a Quinn que no debe de hacer esos comentarios algo homosexuales.

— Bueno… gracias, supongo. — Quinn le sostiene la mirada a mi madre, sin dejarse intimidar hasta que Shelby decide volver a enfocarse en mi — ¿Te vas?

— Si, debo hacer unas cosas con ellas.

— Oh, qué pena. Kurt me ha dicho que hoy tenía turno por la mañana, quería desayunar contigo.

— Bueno, si quieres en la noche comemos en casa.

— ¿No tienes que ir al bar? — me remuevo incomoda. Ella aun no sabe sobre mi tema respecto a eso.

— No, Shelby. Te llamare en la tarde y…

¡TÚ, MALDITA ZORRA! — Escuchamos el grito no muy lejos de nosotras, pero esta vez a nuestra derecha. Quinn sale corriendo pero no logra detenerla mucho, ella de todas formas se las ingenia para llegar a mi lado lanzando insultos por diestra y siniestra.

— ¡Me has robado a Quinn!

— Deje de insulta a mi hija. — interfiere mi madre.

— Cállate y vámonos, Julia. — Quinn la toma del brazo y forcejea con ella alejándola de nosotras.

— ¡Tú! Me las pagaras. Nadie se mete con mis clientes, menos con Quinn. ¡Prostituta barata!

Aquí comienza el fin de mi mentira.


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Mañana o sábado retomare Motherhood para los que preguntan.


Twitter: FaberryOk


Glee y sus personajes no me pertenecen.