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Fic Ganador de la Encuesta en "Los Castigaré en el Nombre de los Pokémon de Agua"

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Primera Publicación: 12 de Mayo de 2016

Resubida: 28 de Enero de 2018

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Enredos del Destino

VIII

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No le importaba la hora que era, ni quien golpeaba la puerta de su departamento.

Su hijo no estaba, por lo cual, no necesitaba levantarse de esa cama tan cómoda. Se acomodó mejor entre las frazadas que lo cubrían y decidió perderse una vez más en los maravillosos sueños que tenía, donde aún era un poderoso y legendario entrenador Pokémon. ¡Grandes tiempos aquellos!

De pronto, los brillantes ojos celestes de Serena inundaron sus sueños, y la sonrisa femenina lo incomodó. Abrió los ojos mirando el techo y llevó el antebrazo a su frente. Pronto sería el cumpleaños de su hijo, pronto sería además el aniversario del fallecimiento de lo más cercano a novia que había tenido en toda su vida.

Suspiró.

Ahora que Thiago no estaba, sentía que su vida era una basura.

Dio vuelta la almohada y se dispuso a seguir durmiendo, total, era domingo y ni Pikachu estaba en la casa para hacerle compañía.

Pero había olvidado algo…

El golpeteo de la puerta aún no se había detenido. Puso sus ojos en blanco y tomó el teléfono que tenía a su lado y se quedó observando la foto de él con su hijo sin percatarse de la hora hasta que al volver a tocar el botón para encender la pantalla vio el quizás de aquel golpeteo.

Eran las «17:50» ¿Tanto había dormido? ¿Y a quién le importaba? Se volvió a acomodar y cerró los ojos.

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Fuera del departamento, madre e hija observaban la puerta un tanto preocupada. Ash se había ido durante la cena y no habían sabido nada más de él. Sino fuera porque las cámaras de seguridad lo habían visto regresar cerca de la una de la madrugada, ambas hubieran salido a buscarlos por las calles.

Misty había empezado a insistir con el timbre, la pelirroja ya sentía el dedo acalambrado de tanto tocar. Resopló moviendo su flequillo con el aire y se apoyó contra la puerta de brazos cruzados.

—¡Ya mamá! —dijo Cindy saliendo de la casa con su teléfono— Thiago me mandó el número de la puerta.

—¿Qué? —Preguntó ésta observando a su hija— ¿No le habrás dicho, no?

—No mamá, le dije que lo quería por cualquier cosa que pudiera pasar —le explicó.

—¿Y te creyó? —Misty estaba muy sorprendida, más cuando su hija simplemente afirmó— Definitivamente es su hijo… —declaró antes de tomar el móvil de Cindy para digitar el código del departamento de Ash.

Tras eso la puerta se destrabó y se abrió.

—Espérame aquí —le dijo a Cindy e ingresó — ¡Ash! —llamó la mujer de ojos verdes, adentrándose en el departamento— ¿Ash? ¿Ash estás aquí?

—Aquí estoy —su voz sonaba pastosa por el largo letargo que había experimentado, las mejillas de la pelirroja se ruborizaron al verlo en aquella pose tan relajada, tenía la mano derecha perdida entre sus cabellos oscuros, la camisa con varios botones desprendidos y estaba descalzo apoyado contra el marco de la puerta de su habitación— ¿Qué sucede Misty? —preguntó, sin percatarse del escaneo que su amiga le estaba realizando.

—¿Uh?

—¿Qué sucede? —preguntó Ash moviendo las palmas de las manos delante de él— ¿Por qué entraste a mi departamento y —señaló la puerta— por qué no parabas de tocar el timbre?

—Es que estaba, digo estábamos —corrigió— preocupadas con Cindy, te fuiste tan de golpe y nunca más volviste —Misty se acercó a él como investigándolo— ¿Fuiste a tomar?

—No Misty —negó rotundamente— yo no bebo bebidas alcohólicas. —le informó cruzándose de brazos.

—¿Ni una copita?

—No —volvió a negar con la cabeza—, algún día sabrás por qué no —completó para luego percatarse del look tan arreglado de la mujer frente a él.

—¿Y por qué no ahora? —le preguntó y Ash la señaló. Misty llevaba una blusa celeste de vuelos y una falda tubo hasta las rodillas, color blanca.

—Parece que vas a salir —le recordó, por lo que la chica al ver la hora se espantó.

—¡Rayos! —maldijo viendo el reloj que llevaba de su muñeca izquierda— Debía verme con Clemont hace una hora.

—¿Vas con Cindy? —le preguntó, pero la chica negó.

—Ella no quiere ir.

—¿Me la dejas? —le preguntó señalándose— Dame cinco minutos que me lavo la cara y yo te la cuido.

—¿Seguro?

—Seguro —le afirmó con una sonrisa.

—Gracias —Misty salió del departamento y Cindy esperaba por respuestas— Ash está bien, al parecer solo estaba cansado, me dijo que te va a cuidar… ¿quieres quedarte?

—¡Por supuesto! —exclamó feliz de la vida.

—Entonces, pórtate bien, ¿ya? —le pidió.

—Adelante mamá —insistió la menor—, yo me quedo con Ash.

El mencionado no tardó en abrir la puerta, con una sonrisa y luciendo una camisa cuadrille roja y azul, Misty se sorprendió de que se haya cambiado tan rápido, pero era padre soltero después de todo.

—¡¿Lista para divertirte sin la amargada de tu madre?! —le preguntó guiñándole el ojo, Misty solo lo miró de reojo, pero no dijo nada, recordando su atraso a la cita, se fue corriendo hacia el ascensor despidiéndose de su hija.

—¡Divirtámonos Ash! —le dijo la chica entrando a la casa con él.

—¡Bien! —Ash dio un aplauso cerrando la puerta tras ellos— ¿Hay algo que siempre quisiste hacer y tus papás nunca te dejaron? —la niña rápidamente apretó los labios y sus ojos verdes detonaron la maldad latente tan característica de Misty— Esa cara de Misty que tienes a veces me da tanto miedo como ella—le dijo—. Ya, ¿Qué quieres hacer?

—¡Palomitas, televisión y estar todo el día en piyamas! —Ash sonrió ante la pose de victoria que tenía la chica.

—Ok —dijo sonriendo enseñándole la puerta de salida— ve a tu casa por tu piyama y mientras, prepararé las palomitas.

Ash fue hacia la cocina en cuanto Cindy salió del departamento. Quizás cuidar a Cindy le quitaría un poco los pensamientos idiotas que había tenido durante el día. Abrió la alacena y tras sacar una bolsa para hacer palomitas de maíz, observó que también había de papas fritas y Shuffle, y si no mal recordaba, había un pote de dos litros de helado. Sonrió. Iban a tener una tarde bien glotona y esperaba que su pequeña compañera lo resistiera sin enfermarse. No quería cargar con la madre luego de eso.

La jovencita tras amarrarse su cabellera en dos grandes trenzas y vestirse con un piyama de dos piezas, chaqueta rosa y pantalón rosado adornado ambos con pequeños Luvdisc, regresó a la casa de Ash, sorprendiéndose con el panorama que encontró.

El moreno había corrido la mesa de centro y había puesto muchas almohadas en el suelo, entre ellas había dos fuentes con palomitas, una con papas fritas, otra con Shuffle y había dos copas con helados de tres sabores y obleas encima. Oh sí, sentía que se había sacado la lotería en ese momento.

—No sé si te guste —le dijo ignorando totalmente la cara de maravilla de la niña—, es lo que solía hacer con Thiago, si quieres que cambie al…

—¡No! —lo interrumpió la niña y dejó al hombre con las palabras en su boca— Así está perfecto… muy perfecto —se abrió paso entre las almohadas y se sentó frente a la copa de helado— ¿Qué pelicula vamos a ver?

—Es su día señorita —dijo Ash sentándose a su lado pasándole el control remoto, Cindy observó el control con algo de duda, el hombre solo lo movió para que lo tomara—. Estoy acostumbrado a perder Cindy, así que tómalo.

Con el entusiasmo recuperado, tomó el control y prendió la televisión. Siempre había querido hacer todo eso pero nunca había podido. Realmente Thiago era muy afortunado.

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En un restaurante de ciudad Celeste, Misty se había reunido con Clemont, ambos ya habían terminado de comer e iban por el postre. El rubio le contaba a Misty sobre los avances de su proyecto.

—Y por eso ha sido magnifico —exclamó con sus manos—, el proyecto va sobre ruedas —tras concluir, Misty soltó una pequeña risa. Clemont solía hablarle de sus proyectos, pero con éste se daba demasiado crédito por todo, y sabía que Ash lo estaba ayudando también.

—¿Y si todo es tan magnífico para qué necesitabas a Ash? —le preguntó, la sonrisa que tenía Clemont desapareció totalmente, Misty temía haber preguntado algo indebido, pero se suponía que eran amigos. Los mejores, según palabras del mismo Clemont.

—Ash es el consultor —respondió cortando un pedazo de su pastel con la cuchara—. El proyecto necesitaba contar con la visión de un especialista en la relación de los Pokémon con el cambio que se le realiza a su hábitat natural para favorecer al hombre —le explicó—. Ash hace ese tipo de trabajos, y también consultoría de cómo mejorar el hábitat de los Pokémon dentro de recintos.

—¿O sea qué podría decirle a Ash que me ayude con las consultorías que me han pedido que realice en el gimnasio? —dijo para sí misma tomando helado de su copa.

—Ash es el mejor en ese campo —reconoció Clemont con una mueca antes de volverse hacia su postre.

—Ojalá pueda ayudarlo dándole trabajo, está tan raro —ante la frase de la pelirroja, el rubio se detuvo a observarla. ¿Será que le habría dicho algo?

—¿Por qué?

—No sé, ayer estaba cenando con nosotras y de pronto se fue, y hoy durmió todo el día —se cruzó de brazos pensante— Debe extrañar mucho a Thiago.

Tras la conclusión de Misty, Clemont se relajó, si pensaba eso, era porque Ash no había ido a soltarle nada sobre sus recientes sentimientos por ella. Así que mirándola por sobre sus gafas, sonrió de lado.

—Quizás es por la culpa que siente por Serena —le dijo, haciendo que Misty lo mirara confundida—. En un mes es el cumpleaños de Thiago, días después Serena falleció. Quizás la culpa y el remordimiento le están haciendo pasar un mal rato.

—¿Culpa? —preguntó inclinando la cabeza hacia la derecha un poco.

—Serena murió tras involucrarse con él —le indicó elevando su dedo índice— ¿Crees que se sentiría como si nada pasara después de que Grace, la madre de Serena, lo acusara de que él mató a su hija?

—¿Qué? —Misty se lanzó hacia atrás sorprendida, el Ash que ella conocía no era así. En eso su celular sonó, al ver el número del mensaje vio que era su hija. Cindy le había enviado una fotografía de ella con Ash disfrutando una pelicula rodeado de palomitas por todos lados, sonrió de soslayo tratando de procesar lo que acababa de oír. Ash no podía ser ese tipo de persona que le estaba describiendo Clemont en ese mismo instante.

—¿Es Cindy? —interrogó elevando su tacita de café.

—Sí —afirmó para dejar el celular al lado, aún no había podido entender lo que Clemont le había dicho. ¡Ash no podía vivir como un asesino!

—Ash debe estar pasándola bien con ella, debe tener el síndrome del nido vacío —comentó con una carcajada muy mal fingida—. En fin, ¿en qué estábamos? Ah —ignorando todo lo demás, retomó su historia principal— Así que el proyecto debería estar acabado en dos meses más y…

Clemont hablaba, y hablaba pero Misty ya no estaba escuchando. Sus pensamientos habían volado hasta el departamento donde vivía su antiguo amigo.

—¿Entonces vamos a ver una pelicula? —le preguntó Clemont tras llamar al mesero para cancelar la cuenta, aún pensante ella afirmó. Tenía que poner en orden sus pensamientos antes de volver a casa.

Ahora más que antes quería saber que había vivido Ash todo ese periodo.

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Las estrellas brillaban en el cielo de ciudad Celeste, tras la pelicula, Clemont llevó a Misty a caminar cerca de la costanera de la ciudad. Sabía que a Misty le gustaba mucho el sentir el olor a mar, el sonido de las olas al romper. Él estaba poniendo su mejor esfuerzo en tratar de evitar que ella se le fuera como Serena...

—Quiero ir a casa —le dijo Misty deteniendo el paso, Clemont también detuvo su caminar para observarla, sonrió de lado y tras tomarle la mano causando que la mujer se sonrojara un poco, la guio hacia la ciudad una vez más.

En frente del edificio, Misty logró soltarse del amarre de Clemont, y nerviosa, lo despidió con la mano.

—¿No quieres que te acompañe hasta arriba? —le preguntó, pero la negativa estaba clara en el rostro de la pelirroja—. Ok, nos vemos —le dijo dando un saludo con la mano mientras ella giraba para ingresar al Paradise Cerulean. Tras eso, metió las manos en sus bolsillos y se dirigió a su casa.

Misty tomó el ascensor y tras marcar el número diez, sintió sus manos acaloradas, las apretó junto con su cartera blanca. ¿Por qué se sentía tan intranquila? ¿Por qué se sentía tan preocupada y tan adolorida al saber que el chico que ella conocía, ese que le había enseñado a ver la vida de una formas más alegre, vivía señalado como un asesino?

Ash podría tener muchos defectos, pero ella estaba segura que no era un asesino, no, aunque hayan pasado quince años sin verlo, él no podía ser así.

Cuando la puerta del ascensor se abrió, Misty se apresuró hacia la puerta del departamento de Ash, tocó timbre y esperó. Iba a saludarlo pero se encontró con un Ash que le hacía señal con el dedo para que hiciera silencio.

—¿Qué pasó? —susurró.

—Cindy se quedó dormida —le explicó dejándola pasar. Misty observó el departamento sorprendida que Ash lo tuviera totalmente patas para arriba, había almohadas por todos lados, plumas por doquier, y ni hablar de las palomitas que crujían bajo los pies de la pelirroja.

—¿Qué paso aquí? —preguntó al ver a su hija recostada en el sillón, cubierta por una manta azul.

—Yo solo cumplí los caprichos de Cindy —se defendió Ash con un movimiento de su mano— Ya después limpio todo —le informó con una sonrisa.

—¿Me ayudas a llevarla al departamento? —le pidió sin mirarlo. Ash se movió para tomar a la niña en brazos y ella rápidamente se acomodó contra el pecho del moreno.

—Abre la puerta por favor —le pidió, por lo que Misty se acercó a la puerta para abrirla y luego abrir la de su departamento. Ahí, Misty lo guió hasta la habitación de la niña y tras dejarla acostada salieron hacia la sala— Ya —dijo moviendo los hombros—, me retiro…

—Espera —lo detuvo Misty, ambos se miraron sin saber que decir o que hablar. Ash notó dudas, muchas preguntas en sus ojos verdes por lo que tras negar con la cabeza, le hizo un gesto con ella hacia la puerta.

—Ven, ayúdame a limpiar el departamento y responderé tu cuestionario —sorprendida al ser descubierta, la líder de gimnasio no dijo nada, solo lo siguió cerrando la puerta tras ella.

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Ash ingresó a su departamento y dejó la puerta abierta mientras empezaba a recoger los almohadones que estaban en el suelo para dejarlos sobre el sillón tras sacudirlos.

—Ash —susurró la voz a sus espaldas y él se irguió en su lugar, cerró los ojos antes de voltear. No tenía escapatoria esta vez, Misty iba a saber todo lo que había pasado todo ese tiempo, entonces ahí entendería que lo mejor era que se alejara de él. Que se alejara de él antes de que su enamoramiento empeorara…

—Misty —le dijo tras voltear, la vio entre miedosa e intrigada—, la historia que te voy a contar no es como un cuento de hadas, es lo más cercano a una historia extraña que te deja con sabor a la peor pesadilla de tu vida —le indicó— ¿Aun así quieres oírla? —la pelirroja movió su cabeza un poco, se había cohibido un poco por sus palabras, pero afirmó decida a escucharlo— Entonces siéntate —le señaló la silla de la mesa de la cocina—, porque es para largo.

Misty obedeció y Ash puso a calentar agua antes de sentarse frente a ella.

—¿Cuándo fue la última vez que nosotros hablamos? —le preguntó Ash a Misty, ella pensó un poco y recordó.

—La última vez fue cuando volviste de Unova —le dijo aún pensante—. El profesor Oak te dijo que Tracey estaba conmigo en el gimnasio y nos llamaste antes de partir a Kalos.

—Kalos —susurró Ash con pesar—, aquella región no sé si fue mi bendición o mi maldición —Misty solo inclinó la cabeza un poco, no entendía a lo que su amigo iba— Cuando terminé de recorrer esa región, entré a otra como es normal en mí. Me fue tan bien es tan última que me dieron un pase para competir en la liga de campeones cuando quisiera. Fue por eso que decidí perderme cerca de dos años en unas islas a entrenar solo con mis Pokémon. Tu sabes, a mí lo de estar solo no se me va bien, pero estaba tan mentalizado que no me importaba no tener con quien conversar.

—Entonces…

—Un día, decidí parar en un pueblo en unas conjunto de islas y me encontré con Serena ahí —le contó…

—…—…—

¡Ash! —la joven de cabellos claros se acercó a él para abrazarlo. Estaba muy sorprendido, pero igual respondió al abrazo antes de soltarla.

¿Qué haces aquí Serena? —le preguntó y toda la emoción de la reina de Kalos desapareció.

Palermo me envió por un encargo como reina de mi región —le informó apenada.

Oh ya veo… —se iba a despedir para ir con la enfermera Joy pero Serena lo detuvo— ¿eh?

Quédate conmigo —le suplicó tomándole la mano con firmeza—. Por favor.

Se quedó viendo a su amiga un tanto confundido, pero decidió aceptar, después de todo, era bueno tener con quien entretenerse un poco para salir de la presión de su entrenamiento.

¡Hay una feria muy variada en la isla! Va a ver una fiesta incluso—le informó con una sonrisa ladeada mientras lo llevaba de un lado para el otro tomándolo de la mano. No recordaba que Serena fuera tan cariñosa con él, más bien siempre había sido un tanto tímida. Aspiró y se dejó llevar por ella.

Hasta que tras sentarse en una barra, le pusieron frente a ellos, dos tragos largos de distintos sabores. Sabían dulces y a la vez tan abrasadores que Ash nunca se dio cuenta de la cantidad que había tomado, lo que si sabía era que su compañera se veía más linda que de costumbre, incluso hasta le gustaba como lo miraba. La tomó del rostro y cuando Serena pensó que la iba a besar, él movió sus labios hacia su mejilla. Enfadada por aquello, la chica de ojos celestes lo tomó del rostro y ella si lo besó.

—…—…—

El sonido del agua del hervidor lo sacó de la historia, Ash hizo una mueca recordando aquello y se puso de pie.

—No recuerdo más nada de aquel día —le indicó mientras preparaba dos tazas—. Me desperté enredado en las mismas sábanas que Serena, y yo quería morirme.

—¿Por eso es que no bebes? —le preguntó apoyando los codos en la mesa para sostenerse la cabeza con las manos.

—Mi único contacto con los tragos me borró totalmente la pelicula de aquella noche —le dijo otra vez haciendo una mueca mientras dejaba en la mesa, una bandeja con dos tazas, la tetera y el azucarero.

—¿Y Serena no te dijo nada?

—No —negó, volviéndose a sentar—, fue extraño. Yo me sentía morir, pero ella estaba muy tranquila. Como si lo que había pasado entre nosotros no hubiera sido importante.

—Qué extraño —dijo Misty saliendo de su posición para tomar la taza de té— Yo hubiera puesto el grito en el cielo —indicó y Ash sonrió.

—Tú me hubieras matado —afirmó y la pelirroja aunque lo miró de reojo sonrió.

—Probablemente.

—Entonces —Ash tomó su taza y se quedó observando el agua de color marrón claro—, me dijo que no me preocupara, que todo estaría bien como siempre y sin más se fue… Yo volví a preocuparme de las batallas hasta que apareció al mes con unos exámenes.

—¿Así fue como…? —de lo atónita que estaba no pudo completar la oración.

—Si Misty, mi hijo es el resultado de una noche extraña y no producto del amor, como tu hija —el tono de Ash fue amargo, Misty lo distinguió muy bien—. Según Thiago, fuimos una pareja muy feliz hasta que Serena murió por un problema post parto —apretó los ojos— Cuando en realidad, Serena y yo solo peleábamos cuando nos veíamos.

—¿No te llevabas bien con ella?

—¡Nos llevábamos excelente! —exclamó mirando a Misty para luego bajar la mirada después— En cuanto me dijo de su embarazo cambió totalmente, quería que dejara todo por ella, que luego de que el bebé naciera podía hacer lo que quisiera. No sé, pensé que si le pedía que se casara conmigo y criábamos a nuestro hijo juntos iba a cambiar algo pero no. Serena no me dejaba ir a los controles médicos del embarazo, me tenía que conformar con fotos o audios que Clemont me pasaba —recordó con un poco de rabia en sus palabras— Oh sí, porque Clemont si acompañaba a Serena a sus controles, él actuaba como padre de Thiago más que yo… Y encima no tenía derecho a quejarme. Si no fuera porque somos tan parecidos, podría dudar de mi paternidad —comentó un tanto irónico.

—Espera, ¿Clemont?

—Sí, Clemont —repitió mirándola— Clemont era algo así como el mejor amigo de Serena, ella hacia todo con él, a mí me tenía ahí como el adorno. Y cuando ella quería ser atenta o cariñosa conmigo, todo era muy superficial. Me gustaba, sí, Serena me gustaba mucho, pero —tomó un sorbo de té y luego negó—. Pero nunca pude amarla, primero porque no estábamos en sincronía, y segundo, el tiempo fue corto.

Misty se sentía pésimo en ese momento. Quería decirle a Ash que se detuviera, pero una parte de ella, necesitaba saber todo, así que no dijo nada. Espero que Ash siguiera con su relato bebiendo el té que tenía en sus manos.

—¿Cómo amas a una mujer que está esperando un hijo tuyo, pero no te deja participar en nada? —preguntó a la nada— Mientras yo hacía todo para nuestra boda, ella pasaba por ahí, o encerrada, yo casi ni la veía… Y cuando Thiago nació —acunó los brazos frente a él—, y lo tuve entre mis brazos, todo lo que había sentido, no sé, no me importó. Me sentía mal, odiaba mi situación, sí, pero tenía un hijo que necesitaba que fuera lo mejor por él. Esos fueron mis primeros pensamientos al ver a Thiago pero… los olvidé rápidamente.

—¿Por qué?

—Serena murió a los tres días —le contó volviendo a bajar la mirada—, nunca supe a ciencia cierta que fue, Clemont me dijo que los médicos le habían dicho que no resistió el embarazo. Que el embarazo le había consumido la vida —Misty lo vio apretar los ojos y los puños al mismo tiempo— ¡Grace, llegó a mí y me dijo que yo había matado a su hija, que si ella no se hubiera metido conmigo, que si ella no se hubiera cruzado conmigo, ella estaría viva! Y que un asesino como yo no podía cuidar de un bebé… —miró un punto en la nada— Creo que por eso me costó mucho cuidar a Thiago en un inicio… me sentía el peor ser humano del mundo.

—Ash —susurró Misty poniéndose de pie para sentarse al lado de Ash y abrazarlo pese a la resistencia de éste— No es tu culpa…

—¿Y de quién entonces? —le preguntó con la voz tomada—, ¿Quién fue el culpable?

—Nadie —Misty tomando a Ash del rostro, insistió— Nadie es el culpable, ni tú ni Thiago ni Serena, el destino así lo quiso —el moreno tenía sus ojos cerrados—. Tú no eres un asesino Ash, no puedes vivir con eso, piensa que la misión de Serena en esta vida, era darte a ese precioso hijo que tuvieron.

—¿De verdad no crees que sea un asesino, Misty? —le preguntó dignándose a mirarla a los ojos, esos ojos verdes que lo veían melancólicos— ¿No lo soy verdad?

—¡Claro que no! —le dijo con una sonrisa antes de volver a abrazarlo.

—Espero que tengas razón, porque tengo miedo de que algo te pase si te quedas cerca mío —le confesó aferrándose a la espalda de la mujer, ésta estaba sorprendida por aquellas palabras, pero pensando en el tema que hablaban, lo tomó para el lado de la amistad que ellos tenían.

—No te preocupes Ash —le dio una palmada en la espalda—, no me pasará nada. Misty estará aquí acompañándote como en los viejos tiempos.