Capitulo Diecinueve.


— ¡Cállate, maldita sea! — La sostengo aun más fuerte de su brazo ya que intenta escaparse para correr detrás de Rachel.

— No… tú… — la interrumpo

— ¡Cállate! No te he dado permiso para hablar ahora mismo. — La suelto y ella entiende que ha sobrepasado mi límite de paciencia. Me paso reiteradas veces los dedos por la frente intentando calmar mi ansiedad de mandar todo a la mierda y hacer que Julia se arrepienta por su actitud.

— Quinn… — me susurra

— Cállate, no me hables. ¿Qué pretendías? — Saco la caja de cigarrillos de mi cartera — ¿Herir a Rachel con tus palabras? ¿Eh?

— Y-yo… bueno… yo… — balbucea palabras incoherentes

— Tú has acabado con mi poca paciencia. No quiero volver a saber de ti.

— No, no, no… espera, no puedes hacerme esto.

— Lo tendrías que haber pensado antes de dirigirte de esa forma hacia ella. — enciendo mi cigarrillo.

— ¿Por qué ella? ¿Es mejor en la cama?

— ¡Cierra la maldita boca! — Grito y entiendo que estamos armando un escándalo en público. Rachel aun sigue en la vereda con su madre y la niña.

— Quinn, perdóname. Juro que no lo volveré hacer.

— Por supuesto que no. No quiero volver a ver un pelo tuyo.

— ¿Qué dices? — me pregunta nerviosa.

— Lo que has oído. Si no quieres quedarte sin nada, será mejor que desaparezcas de mi vista. Y créeme que sabré si visitas a Rachel. No hagas que me arrepienta de dejarte ir así sin más. — La apunto con mi mano donde sostengo mi cigarro — Ya te he salvado una vez, esta vez no tendré compasión contigo.

— No… por favor. No me hagas esto — Me retiene sosteniendo mi brazo — ¿Qué hare?

— Sabrás rebuscarte la vida — me suelto del agarre — Eres una mujer inteligente.

— ¡Quinn, no te atrevas a dejarme!

— ¿Disculpa? — Frunzo mi ceño — ¿A dejarte? Tú eres nadie para mí.

— Se muchos secretos sobre ti.

— No te estás oyendo, y te daré la oportunidad de arrepentirte sobre lo que acabas de decir. — miro hacia mi izquierda como Rachel parece inquietarse al demorarme aquí con Julia. Su madre ya no está a la vista.

— Yo he sido quien ha estado contigo cuando todos te han dado la espalda.

— Julia, no sigas por ahí.

— ¿Quién ha cuidado de ti?

— Tú has estado conmigo porque te he pagado para tener sexo contigo.

— ¿Acaso Rachel es diferente? ¿O debo recordarte donde la has conocido?

— ¡Cállate! — Mi mano arde tras golpear una de sus mejillas. Cierro mis ojos y me maldigo internamente por dejar que esa mitad dormida en mi mente vuelva a dominar parte de mi cuerpo. Entiendo que jamás he dejado de ser ese monstruo en el que me he convertido. Rachel no me ha curado, Rachel merece algo mejor. Mi mano derecha tiembla descansando a un costado de mi pierna. El golpe no ha pasado desapercibido para Rachel que se acerca sola, dejando a un costado a Charlotte.

— Quinn, deberíamos irnos. — Su voz se escucha en mi izquierda y me percato que Julia aun sigue frente mío tomando su mejilla dolorida con la palma de su mano. He visto esa mirada en ella con anterioridad. Una mirada cargada de dolor con furia y odio. Con sed de venganza. Podría reconocer esa mirada en cualquier ser humano.

Me acerco al oído de Julia sin bacilar dejándole en claro a Rachel sobre mantener la distancia respecto a nosotras dos.

— No me obligues a depositar mi mierda en ti. No quiero volver a verte. — susurro antes de marcharme, pero su respuesta me detiene.

— No ha terminado aquí. Tú no sabes de lo que soy capaz.

— Inténtalo.

— Quinn, vamos. — Vuelve hablar Rachel pero esta vez tomando mi brazo para alejarme de Julia.

— Si Quinn, ve. — Me sonríe irónicamente. Rachel solo evita su mirada y yo aprieto mi puño para no volver a perder el control que tanto me cuesta recobrar.

— Rachel, yo… — no sé cómo seguir luego de seguir sus pasos. Quiero pedirle disculpas por la actitud de Julia, después de todo yo le he metido en toda esta mierda.

— No digas nada. Solo disfrutemos el día que nos queda.

— Pero quiero que entiendas que lo que hizo no está bien.

— No me interesa. Solo quiero que la niña no vuelva a verte de esa forma, yo tampoco lo quiero. Esa no eres tú.

— Si lo soy, Rachel. — Intento apartar mi mano de la de ella pero me lo impide tomándome aun más fuerte.

— No, no lo eres Quinn. — Suspira y me suelta una vez que hemos llegado a la puerta de la confitería donde la niña nos espera. Su madre no se ha ido, sigue observando todo desde la barra junto a Katherine. Creo que me costara ahora el doble intentar ganarme su confianza y aprobación.

— Lucy, no está bien pelear.

— Lo sé, pequeña. Lo siento. No volverá a pasar. — le dejo un beso en su cabeza.

— Lucy, tengo frio. — Con Rachel caemos en la cuenta que la niña solo tiene un sweater tejido bastante precario y con varias batallas de invierno encima.

— Vamos a casa — Dice Rachel una vez que le coloco mi campera a la pequeña y la tomo en brazos — Seguramente encontrare algo de Emma que le entre.

— ¿Emma es tú hija?

— Así es cielo. Tiene nueve años — Rachel le muestra sus dedos — ¿Quieres conocerla? — Charlotte asiente y se aferra aun más a mi cuello con sus brazos.

— Bueno, será mejor que comencemos a irnos. No quiero que se nos haga más tarde.


De vuelta en casa, ya habiendo vestido a Charlotte con ropa de mi hija decidimos que lo mejor era quedarnos a almorzar bajo mi techo para luego emprender hacia los lugares donde Quinn había decidido llevarnos.

Admito que la cocina es mi fuerte, como la mayoría de las ama de casa. Pero en mi caso, amo cocinar, disfruto haciéndolo, es como una terapia sin necesidad de escuchar alguien diciéndome que tengo un problema y hablando sobre ello, además de tener que pagar por hacerlo. Aquí es mi lugar, aquí puedo descargar mis frustraciones o malos días con platos deliciosos. Hoy no era la excepción. Luego del escándalo que formo Julia mi madre no ha parado de interrogarme mas allá de pedirle que frente a la niña no hiciera preguntas. Logre salir un poco limpia de la situación inventándole la excusa que ella era una de las meseras con la cual había tenido problemas. No mentí, solo omití ciertos detalles.

Coloque agua a hervir para luego poner los fideos dentro. No podía hacer solo verduras teniendo en cuenta que tenemos a una niña en la mesa. Niños y verduras difícilmente se llevan bien. Quinn está a mi lado rallando un poco de queso y preparando una salsa especial que, según ella, es marca registrada Fabray. Son pocas las cosas que amo en esta vida más que a la cocina, pero cocinar ahora mismo junto a Quinn provocaba que la colocara primero en la lista.

No quiero mirarla porque sé que seré chica muerta y la comida no se preparara sola, pero me atrevo a mirarla por el rabillo de mi ojo, como sus músculos del brazo se mueven al ritmo de la sartén moviéndose en el aire. Amo sus brazos, femeninos y delgados pero fuertes. Me atreví a mirar un poco más allá y subí por su brazo hasta llegar a su rostro, a sus ojos color esmeralda. Por lo general tiene ojos color avellana, pero hoy el día esta algo nublado convirtiendo sus ojos aun más profundos. Sus pestañas parecían acariciar sus mejillas, y sus labios se entreabrían marcando una respiración serena.

Aun no sé cómo he llegado a querer a una persona de mi mismo sexo. Son cosas inexplicables, cosas que jamás tendría que haber ignorado o reprochado a mi padre. No sé si es enamoramiento puro, pero quiero a esta mujer que está a mi lado. La quiero con locura y se, que por ella, haría cualquier cosa.

— Al parecer la cocina se te da bastante bien. — comento luego de unos segundos de silencio.

— Soy buena en todo, por lo general.

— Humilde.

— Siempre. — Me guiña uno de sus ojos y yo muerdo mi labio para no sonreír como tonta.

— ¿Quién te ha enseñado?

— Allison — Me responde con su voz media quebrada sin darse cuenta que hablo sin pensar. Siento que por primera vez Quinn desea contarme sin presiones sobre el tema. Sin moverme de mí sitio aguardo en silencio observando los gestos que se forman en su rostro. — Ella… — Aprieta su mandíbula — Prácticamente me obligaba a pasar tiempo en familia, dentro de ello estaba el cocinar. Era pésima, debo admitirlo — Sonríe melancólicamente — Para cuando nos casamos ella paso a ocupar gran parte del tiempo en la cocina, le gustaba hacerlo, y yo… bueno, no pasaba mucho en casa. Aun teniendo la oportunidad de tener una mujer que se encargara de ello, ella prefería ocuparse del asunto personalmente. Nunca acepto ayuda de nadie mucho menos que yo pagara por eso.

— ¿La amas? — me atrevo a preguntar.

— Mucho. — Se crea un silencio entre nosotras donde no me atrevo a romperlo. Su vista aun está en su salsa pero su mente volando a kilómetros de aquí. — La amaba mucho.

— ¿De qué te ríes? — Pregunto tras ver cómo tras un profundo silencio Quinn comienza a sonreír acompañado por una calmada risa.

— Ella era buena manteniéndome en línea, como tú. — Niega con su cabeza — Se había tomado muy en serio el papel de esposa. Sé que ella estaba preocupada por mi entorno y por meterme en asuntos donde no me convenían. Es decir, no es que estaba metida en el tema de la droga y cosas ilegales, pero el dinero muchas veces cambia a las personas y yo tengo encima de mis espaldas un pasado familiar poco alentador. Uno a veces cree que al ser fruto del amor entre dos personas tiene como destino la misma vida que ellos han llevado, incluyendo el carácter y la personalidad. Mi padre ha sido una persona dura con sus errores, y yo creí ser igual que él hasta que llego Allison a mi vida. Sé que ella por las noches no solía dormir cuando me encontraba fuera de casa, pero sabía que ni el dinero mucho menos el poder serian tan importantes para mí como lo era ella.

Siento como mi corazón comienza a estrujarse. Soy una persona horrible al sentir celos de Allison, pero me da aun más dolor ver a Quinn así. Entiendo ahora mismo que hemos dado un paso muy importante entre nosotras. Ella confía en mí y no quiero defraudarla.

— Mi madre… — Veo como apaga el fuego que da directo en la sartén y suspira apoyando ambas manos en la mesada. — Ella aun vive, pero no quiere saber nada conmigo. — Una lágrima cae por su mejilla pero rápidamente se limpia volviendo a enderezar su cuerpo firmemente. Desechando la idea de verse vulnerable frente a mí. — No la culpo. Ella ve a mi padre reflejado en mí. Y yo solo quiero desaparecer para no hacerle mal.

— No debes castigarte de esta forma. Tú eres increíble.

— No lo soy, y tú lo sabes. Sabes que tengo mucha mierda en mi vida pero sin embargo, decides arriesgarte conmigo.

Me doy cuenta que Quinn nunca había sido tan sincera conmigo y me atrevería a decir que con nadie desde la perdida de Allison. Sé que me está ocultando detalles de su pasado, con cadenas y doble candado pero no voy a presionarla. Ella está aquí, junto a mí abriendo su maltratado corazón. Sé que se siente expuesta.

— Esos fideos no se cocinaran solos. — Dice rompiendo con la atmosfera intima que hemos creado.

— Gracias, Quinn.

Frunce su ceño — ¿Por qué? — Su mirada se clava en mí.

— Por contarme un poco mas de ti. Sé que sabes que tú pasado me tiene curiosa la mayor parte del tiempo. El que hayas compartido eso conmigo sabiendo que no te gusta hablar del tema, me deja ver el lugar que ocupo en tú vida.

— Eres mi novia ahora. Lo primero en mi vida.

El agua de la olla comenzó a hervir y yo rápidamente bajo el fuego. Este pequeño episodio nos da vía libre a cada una para distraernos en nuestras tareas y darnos unos minutos para pensar.

— Eres importante para mí, Rachel. Quiero que lo tengas en cuenta ahora y siempre. Jamás haría nada para lastimarte. Nunca.

Su sentencia me deja algo confundida.

— Yo tampoco lo hare, Quinn.

— Estoy enamorada de ti. — Solo pasaron unos segundos para darse cuenta de lo que había salido de su boca. Se quedo estática en su lugar dejándome a mi aun mas helada y shockeada por su sentencia. El paquete de fideos quedo suspendido en el aire. Nunca había imaginado una declaración de este calibre, no viniendo de Quinn. — Dime si te gusta mi salsa. — aproxima la cuchara hacia mi boca y yo me maldigo mentalmente por dejar pasar el momento sin responderle que yo también lo estoy de ella.

La observe en silencio por unos segundos repasando mentalmente toda la conversación y las últimas palabras que habían sido desprendidas de sus suaves labios. Estoy enamorada de ti. Acepto la cuchara y dejo que la lleve hasta mi boca haciendo una mueca rápidamente.

— Que…quema. — Abro mi boca abanicándome con mis manos dejando a un lado el paquete de fideos.

— Tiene que soplar antes de probar, Rachel.

Detengo mi acción luego de tragar y clavo mi mirada en sus ojos. — Me acabas de decir que estas enamorada de mi y ¿pretendes que actúe como una persona normal? No sé tú, pero yo…

No puedo seguir con mi oración, sus labios interrumpen lo que pronto se convertiría en una carrerilla de palabras, una detrás de otra sin llegar a un punto claro. Dios, besar a esta mujer se convertirá en mi pasatiempo favorito. Siento como sus labios apretujan los míos y su lengua pide permiso para introducirse dentro de mi boca. No me opongo y rápidamente le hago saber que me siento a gusto con sus impulsos repentinos. Su lengua busca la mía, y sensualmente comienza acariciar la zona donde me he quemado brindándome satisfacción junto con calma. El dolor no está. El dolor se fue.

— Lo siento. — Vuelve a besar mis labios — Prometo no volver a distraerte.

— Pero yo quiero que lo hagas. — Siento su sonrisa en mis labios.

— Me he dado cuenta que es bastante masoquista, señorita Berry. — envuelve sus brazos en mi cintura atrayéndome aun mas a su cuerpo.

— Lo sé. — Paso los míos detrás de su nuca — ¿Qué hay con Julia?

— Nada.

— Quinn, ella no parara hasta tenerte de vuelta. No la conozco pero parece ser de las personas insistentes y cabeza dura.

— Pues, le irá mal si sigue por ese camino.

— Quinn… — frunzo mi ceño. ¿Qué le hará?

— Ella sabe el límite de mi paciencia. No se meterá contigo si quiere que las cosas estén bien entre ella y yo.

— Tú no le harás nada, ¿Cierto?

Me suelta rápidamente tomando distancia prudente entre nosotras.

— ¿Me crees capaz? — No respondo y sé que es peor que darle una respuesta con palabras — Creo que deberías pensar bien si quieres estar a mi lado, Rachel.

Intenta salir de la cocina pero rápidamente le impido la huida. Quedamos paradas entre el comedor y la cocina, a nuestra izquierda Charlotte se entretiene con las caricaturas en la televisión.

— Dios, no — La abrazo pero no siento sus brazos devolviendo mi gesto — Yo solo… yo necesito escucharlo de ti. Sé que eres incapaz de hacerle daño a alguien.

— No soy una mafiosa, mucho menos mato a sangre fría. — Niego con mi cabeza que aún permanece apoyada contra su hombro. Esta vez siento sus brazos arropándome — No lo niegues, lo has pensado. Y no te culpo. — Suspira besando mi cabeza — Esto es lo que soy. Lo que soy cuando estoy contigo es lo que importa. Tú me cambias, me haces querer ser mejor.

— Te quiero, Quinn.

— Yo también, Rachel. Te quiero solo para mí.


Quinn está enamorada de mí. Contar ahora mismo con esa información me consume de alegría y una fuerza superior a mi grita en mi estomago creando la famosa escena de las mariposas aleteando allí dentro. Siento una hinchazón en mi corazón, verla cocinar junto a mí, en mi casa, mi cocina, para compartir un día juntas me hace querer decirle que yo también estoy enamorada de ella. Que me vuelve loca en todos los sentidos posibles.

Quinn está enamorada de mí. Quinn me quiere.

Me concentre en los fideos. Ella ya había terminado su salsa lo cual esperaba paciente alineando los platos correctamente para servirlos y hacer una presentación que sea apetecible para la pequeña. Creo que eso no era necesario, Charlotte tenía apetito como para cinco personas. El silencio es el rey en estos momentos pero mas allá de eso no nos molesta en absoluto, es un silencio acompañado por las risas de Charlotte y el televisor. Busco el colador para quitar los fideos dejando el agua aparte, observo unos instantes como Quinn pierde su vista en el living, donde la niña se pierde en las aventuras de Zou la pequeña cebrita y su pajarito. No quiero molestarla, me da intriga que estará pasando por estos momentos en su cabeza. Tan hermosa, su rostro tan perfecto, perfectamente hermosa. El deseo salvaje y puramente sexual comenzaba a reemplazar la ternura, y el ver la mesada recordando la noche anterior no parecía de gran ayuda.

— ¿Qué sucede? — me pregunta en voz baja sacándome de mis pensamientos.

Sucede que te deseo ahora mismo, sobre la mesa. Desnuda. — Espero que la comida este deliciosa.

— Viniendo de ti, todo es delicioso.

Oh por dios. No me ayudas aquí Quinn.


El día pasó sin más alteraciones ni imprevistos. Quinn, tras el exitoso almuerzo tras ver como Charlotte repetía su segundo plato, decidió que era hora de retomar nuestras actividades. Un poco de zoológico y paseo en bicicleta. Reconozco que estoy un poco fuera de estado, pero ver la sonrisa en la pequeña me daba aliento para pedalear unos minutos más. Quinn, por supuesto, era quien iba al mando de la bicicleta que compartíamos las tres.

— Vamos, quiero subirme allí. — Charlotte jalaba de la manga de mi sweater — Vamos, Rach. Llévame por favor. — Apuntaba hacia la casa de árbol que había en una de las plazas donde habíamos decidido tomar un descanso.

— Deja que descanse un poco — dice Quinn rescatándome de sus pequeñas garras — Ven aquí y termínate tú helado, me estoy manchando toda.

— Me duele mi pancita, Lucy. — hace una mueca de tristeza con sus labios.

— Tú has pedido helado, ahora te lo terminas.

— Quinn… — reprocho por ponerse a la altura de la niña.

— De acuerdo, lo tirare. Pero no más helado para ti, niñita. — la apunta con su dedo índice y Charlotte decide sacarle la lengua en forma de respuesta.

Quinn abre su boca asombrada — ¿Has visto, Rachel?

— Hmmm, no. Lo siento.

— Ella me ha sacado la lengua.

— Mientes, Lucy.

— Rachel… — Quinn se pone a la altura de la niña lo que me provoca la risa. Charlotte ríe junto a mí dejando a Quinn aun mas enfadada.

— Se ríen de mí. Bueno, les daré verdaderos motivos para ello.

— ¡No! — la apunto con mi dedo indicándole que no se atreva a dar un paso más hacia nosotras. — Quinn, quieta ahí. — Vuelvo advertirle — Charlotte… — Quinn niega con su cabeza y una enorme sonrisa. La niña ya no está más a mi lado sino a mas de cien metros corriendo lejos nuestro. — ¡Quinn! — grito desesperada al sentir nuevamente como mis pies se alejan del piso. Comienzo amar estos juegos donde mi cuerpo abandona el suelo.

Ella no lo piensa dos veces. Me carga sobre su hombro y comienza a correr detrás de Charlotte imitando la voz de un monstruo.

¡Corre Charlotte!

Grito desaforadamente y entrecortado mientras siento como mi cabeza se sacude de arriba hacia abajo por el trote que Quinn mantiene detrás de la niña.

— Te atrapare pequeña leona. No escaparas de mí. — grita en un tono de voz ronco alimentando la ansiedad y miedo en Charlotte. Yo me entrego al momento y disfruto del lazo que se está creando entre nosotras tres. ¿Sera así de ahora en más mi vida junto a Quinn? — Maldición, se ha escondido. — dice luego de detenernos. — Pero aun te tengo a ti. —Me da una palmada en mi trasero provocando el particular ruido de la palma de su mano contra mi jean. Arde.

— Aahgg... — Gruño de placer. Retoma su corrida sintiendo rápidamente la corteza de un árbol contra mi espalda enganchándose en mi sweater. Quinn se lame los labios al ver parte de mi piel expuesta. — Quinn… aquí no. — susurro chocando mi aliento contra sus labios.

Mueve su cabeza de arriba hacia abajo — Aquí, si. — Me sonríe y sé que estoy en problemas.

— No… Quinn… — Mis palabras quedan ahogadas entre mi boca y la suya. — Oh… dios — gimo en sus labios tras sentir como introduce sus manos debajo de mi blusa con sus dedos helados. Mi piel se eriza rápidamente. Siento como aprieta mis costillas apretujando aun más mi cuerpo contra el árbol.

— Hmmm… — gime chupando mi labio inferior — Me apetece mucho hacerlo aquí mismo. — Coloca su pierna derecha entre las mías haciendo presión desesperadamente para subir aun mas mi deseo.

— Si sigues… no… querré parar más. — balbuceo entre suspiros.

— Pídelo. — Abandona mis labios para besar mi mandíbula y comenzar a recorrer mi cuello — Pídemelo y lo hare. — Sus manos abandonan mi cintura y bajan hasta mi trasero para acomodarme a su antojo sobre su pierna, creando la fricción perfecta. Me vuelve loca. — Rachel… — Muerde mi cuello.

— ¡No! — Una voz fina nos interrumpe aferrándose a la pierna de Quinn — Deja a Rach, mami.

El cuerpo de Quinn se tensa y sus manos aprietan mi piel sintiendo su última respiración temblorosa en mi cuello.

Charlotte.


Mil gracias por su paciencia. Nos leemos pronto.

Recomendaciones personales sobre otros fics:

Todas las adaptaciones de la autora "meetmeinthemiddle" Valen la pena.

* Cosas que valen la pena - LunaticAgron

* Bajo la misma estrella (The Fault in Our Stars) - TheIceQueen1 (súper recomendada. Es adaptacion)

Espero sus recomendaciones. Me gusta leer mucho.

/FaberryOk


Glee y sus personajes no me pertenecen.