Capitulo Veinte.
¡Mierda, mierda, mierda! ¡Qué demonios! Me aparto rápidamente del cuerpo de Rachel y comienzo a caminar hacia atrás. La niña me suelta tras sentir como me aparto de ella observándome con un semblante de terror mezclado con tristeza. Rachel solo se limita a tomar a Charlotte en brazos para comenzar a caminar hacia donde yo estoy.
— No. — la apunto con mi dedo índice para que mantenga la distancia. No quiero estar cerca de la niña ahora mismo.
— Quinn, debes calmarte.
¿Cómo demonios sabe que estoy histérica por dentro?
— Lucy. — Su voz en mis oídos suenan como el tic tac de una bomba de tiempo. No quiero oírla más. Basta.
Llevo ambas manos a mis oídos y los tapo por unos segundos obteniendo la paz y silencio que realmente necesito en estos momentos.
— Cielo… — Siento la mano de Rachel en mi brazo. No sé en qué momento ha llegado a mi lado. Charlotte permanece lejos de nosotras ahora llorando en silencio. — Estas asustando a la niña. No lo ha dicho queriendo.
— Tú no entiendes.
— Claro que entiendo.
— No, Rachel. Llamare a Paul para que venga por nosotras.
Sin darle lugar para que proteste o se oponga a mi decisión me aparto sacando mi móvil en el trayecto. Me doy cuenta que mis manos tiemblan y recuerdo que he olvidado tomarme mi pastilla. Suspiro reiteradas veces, suspiros profundos y pausados. Un tono, dos tonos.
— Paul, ven por nosotras.
— De inmediato, señorita Fabray. Dígame la dirección.
— En el parque a dos cuadras del zoológico. Te quiero aquí en menos de cinco minutos.
Sin más corto la comunicación. Miro la hora, a penas son las 17:45pm. La mitad de mis planes se vienen abajo. ¿Por qué? ¿Qué demonios me pasa? Vuelvo a suspirar y acepto en mis adentro que Paul no llegara en cinco minutos, el tramo es bastante largo y es prácticamente imposible. Junto fuerzas, no puedo dejarlas a ambas a un lado ignorándolas por completo. Eso lo haría un cobarde. Me giro y Charlotte aun sigue observándome asustada, Rachel sin embargo permanece agachada a la altura de la niña abrazándola y consolándola. ¿Por qué? No sé, quizás me he comportado como una imbécil y asuste a la niña con mis problemas personales.
Camino de vuelta hasta ellas. — Paul vendrá en unos minutos.
— Lucy, no te enfades conmigo.
Trago saliva recibiendo el ceño fruncido por parte de Rachel al quedarme callada y no responderle.
— No te preocupes. Todo está bien. — Respondo sintiéndome incomoda nuevamente junto a ella.
— ¿En serio? — Me sonríe sorbiendo su nariz con la manga de su sweater. Yo solo asiento.
— Bueno, creo que la tarde ha terminado. ¿Qué te parece ir a casa a descansar? — Rachel le habla a la niña y ella asiente eufóricamente. — Perfecto. Tú vendrás, ¿Cierto?
¿Qué debo responder a eso? ¿Iré? ¡Por supuesto que no! Grita mi mente. ¡Tú no iras, nos meterás en problemas! Maldición. Froto mi frente nerviosa y por la cara que ha puesto Rachel sabe que me estoy poniendo nerviosa. Gran parte de mí, por no decir mi cuerpo completo, no quiere ir pero ella aun sigue esperando mi respuesta afirmativa. Tendré muchos problemas.
— No puedo, debo atender ciertos asuntos de negocios.
— Perfecto. — Oh, ella está enojada, muy enojada.
— Quizás hoy puedas ir a dormir al hotel.
— No iré.
Frunzo el ceño, ella ni siquiera me mira cuando me habla. No hay cosa peor que me enoje más que eso, y ella lo sabe.
— El "quizás" solo lo dije por cortesía. Iras al hotel esta noche.
— Y el "no iré" creo que es más que suficiente para responder tu sentencia.
— Si iras. — La tomo del brazo para que se pare y quede a mi altura.
— Suéltame. — Rápidamente lo hago sin pensármelo dos veces — ¿Quieres que vaya?
— Es lo que estoy diciendo.
— Muy bien, pide que te añadan otra cama.
— No. Tú dormirás conmigo, como corresponde. No seas tan infantil.
— Yo dormiré contigo aunque ahora mismo no lo desee. — frunzo mi ceño, aun sigo sin entender el tema de la cama — La niña va conmigo.
— De ninguna manera. — Susurro para que solo ella pueda escucharme mientras niego con mi cabeza y en esto me pongo firme.
— Entonces todo esta mas que dicho.
— Rachel, tu dormirás conmigo esta noche. — Levanto mi ceja.
— ¿Y la niña? ¿Qué se supone que hare con ella? — pone sus brazos en jarra, apoyándolos en su cintura.
— No lo sé. Llevarla a un orfanato. Como corresponde. — continuamos con los susurros pero Charlotte escucho lo ultimo y fueron las palabras suficientes para que comenzara a correr lejos de nosotras nuevamente.
— ¡Quinn! — recibo un empujón antes de verla correr tras la niña.
Pongo mis ojos en blanco y nuevamente suspiro. Es un hecho, hoy no dormiré con Rachel.
La bocina de Paul me asusta y rápidamente corro hasta el auto para subirme en el.
— ¿Se encuentra bien, señorita Fabray?
— Si, ya cállate y sigue a esa niña. — Apunto hacia el parque, va un poco más de la mitad. — ¡Apúrate! — golpeo el asiento al ver que cada vez más rápido se acerca hasta la calle. Rachel se ha sacado los tacones y ahora la corre descalza, de todos modos Charlotte le ha sacado una amplia ventaja, teniendo en cuenta que tiene seis años, esa niña es de otro mundo.
Paul parece entender mi desesperación aun mas cuando ve como Charlotte parece no prestarle atención a lo que hay a su alrededor. Ella cruzara la calle sin mirar, lo sé. Rachel me matara.
— Pon el auto frente a la niña. Córtale el paso.
— Pero debo hacerlo en el otro carril, señori…
— ¡Haz lo que te digo! — Grito furiosa y desesperada. Si alguien morirá hoy, no será Charlotte.
Paul acelera aun más el auto logrando sacar ventaja de la situación. Sigue al pie de la letra mis indicaciones y sin temblar se coloca en el carril contrario al ver como Charlotte va por la mitad del que íbamos con anterioridad. Bocina, ruidos de ruedas contra el asfalto por las frenadas, gritos y ruidos de choques se escuchan fuera de mi auto. La niña parece reaccionar abriendo sus ojos al máximo comenzando a llorar tras frenarse en su lugar. Ha quedado a tan solo cinco o seis pasos de mi puerta. Rachel llora apoyando sus manos en el suelo, aun esta sobre el césped en parte del parque, piensa que la niña ha sido atropellada. Abro mi puerta rápidamente y corro hasta arropar con mis brazos a Charlotte quien me responde al instante aferrándose a mi cuello.
— Mami — solloza en mi cuello escondiendo su rostro ahí mismo.
— Shh, ya no llores. — Acaricio su cabello — Todo estará bien. Solo fue un susto. — La escucho sollozar incontrolablemente. Esta completamente asustada.
— Lo siento. — Susurra — No me castigues, por favor. — me pide con su voz temblorosa.
— Tranquila, eso no… — Algo me impide que continúe. En mi estomago siento como algo caliente se desparrama allí, dándole paso al frio rápidamente.
— Lo siento — Se aferra aun mas a mi cuello.
— Tú te has… — No puedo continuar al sentir como Rachel nos abraza llorando desconsoladamente.
— Y-yo… pensé… tú… — Le beso la frente y le pido con mi mirada que se tranquilice por su bien y por el bien de la niña. Asiente — Ven. — Agarra su pequeño cuerpo debajo de sus brazos para alejarla de mí, pero Charlotte decide aferrarse aun más.
— Déjala. Desaparezcamos de aquí. —Abrazo a Rachel por los hombros y la direcciono hacia el auto que aun sigue parado en el otro carril. Paul esta fuera de el dando las correspondientes explicaciones de porque maniobro así. Algunos parecen entender, pero otros solo piden que se les pague el daño causado. En estos momentos me importan tres mierdas lo que diga, y en un tiempo más adelante seguirá siendo así.
— Paul, vámonos.
— Señorita, debería hacerse responsable de lo que ha ocasionado aquí. — dice un conductor un poco obeso y calvo. Conduce un auto que se cae a pedazos, solo quiere dinero.
— Paul, súbete al maldito auto. — Él me asiente.
— ¿Me ha oído? — vuelve hablar el calvo.
— ¡Cállate, imbécil!
— ¡Lucy! — Esta vez me gritan Rachel y Charlotte.
Sin más le muestro el dedo medio al gordo calvo y me subo al auto sin darle lugar para que siga con la pelea. He sido infantil lo sé, pero prefiero descargar mi enojo así.
— Eso no estuvo bien. ¿Cuántos años tienes? — me reprocha Rachel tras sentir como auto comienza avanzar.
— Lo suficiente como para hacer cosas que no debo.
— Deberías cuidar tu boca, no me gusta.
— No he escuchado quejas cuando la utilizo en ti.
— ¡Quinn! — Me empuja el hombro y Charlotte sonríe — ¡Eres una cerda!
— Claro, ahora soy una cerda. ¿Has oído Paul? ¿Una cerda? — Paul solo levanta sus hombros, es un caballero. No quiere poner a Rachel en aprietos mucho menos hacerla pasar un momento vergonzoso, para eso estoy yo. Él ha manejado el auto cuando reiteradas veces Rachel se me tiro encima.
— No puedo creer que metas a Paul es esto.
— ¿Por? — Me hago la desentendida — El conduce nuestro auto del amor cuando tu… — no puedo seguir ya que rápidamente tapo mi boca con su mano. Yo sonrío por lograr que Rachel piense en otra cosa que no sea nuestra pelea reciente y el casi accidente.
— Esta noche no habrá nada — Me señala — Que digo esta noche, una semana Quinn Fabray.
— ¿Una semana? — Me asiente — No podrías.
Intenta levantarme la ceja pero no puede — Una semana, he dicho.
— Una semana. — Afirmo ella abre sus ojos sin creer que le de la derecha en esto. Me pedirá a gritos que le haga el amor, pero eso me lo guardare para mí misma.
— Charlotte… — susurra apartando varios mechones de pelo de su rostro. La niña se ha quedado dormida en mis brazos sin darme cuenta. — Creo que debemos de hablar cierto tema.
— Rachel, no sigas por ahí.
— No hablo de tu situación, sino la de ella. No quiero que vuelva a la calle.
— Eso es ilegal, ella no es tu hija.
— Pero tú podrás hacer algo ¿no? — Frunzo mi ceño. Claro que puedo, pero eso metería más en problemas a Rachel. Prácticamente está tomando algo que no es suyo.
— No lo hare. — Aclaro mi garganta. Decir que no hare nada y tener a la niña entre mis brazos es duro.
— Pues déjame decir que yo no renunciare a ella.
— Rachel…
— No — me interrumpe — Nadie la sacara de mi lado.
— Luego lo hablaremos.
— Y seguiré sosteniendo lo mismo. — Decido no seguir con la conversación, ahora mismo no nos llevara a nada bueno. Pero ¿A quién intento engañar? Ella obtendrá lo que quiera. Pero ¿Por qué Charlotte?
— ¿Te molesta si te dejo aquí? Necesito cambiarme de ropa. — digo recostando a Charlotte en la cama de Rachel.
— Puedes hacerlo aquí. Ahora mismo la despertare para bañarla, luego puedes hacerlo tú.
— No, Rachel. Necesito volver al hotel. Samuel me está esperando, debo cerrar unos asuntos de negocios y realmente quiero cambiarme de ropa. — Señalo la parte donde Charlotte ha decidido marcarme con su orina.
— De acuerdo. ¿Volverás? — Me quedo en silencio y ella entiende mi respuesta — No te alejes de mí por la niña, solo se ha equivocado. No nos alejes por un simple error.
— Ella ha vuelto a llamarme mamá, Rachel. Pero no es por eso, yo realmente deje de lado los negocios en estos días. Debo cerrar ciertas cosas.
— Hazlo aquí.
— No puedo, tengo los papeles en mi hotel.
— Entendí, no quieres pasar la noche conmigo. Está bien, Quinn. — Se aleja de nosotras abandonando por completo la habitación. No lo dude un segundo, luego de asegurarme que Charlotte no se cayera de la cama corrí tras ella.
— Rachel…
— No, Quinn. Déjalo ahí. Vuelve a tu hotel y sigue con tus cosas que, como siempre, yo estaré aquí cuando me necesites.
— No sigas por ahí. — Digo firmemente tras sus espaldas
— ¿Por dónde? — Se gira con su mandíbula tensa
— Por donde sea que tu cabeza te esta guiando. No seas infantil.
— ¿Infantil, yo? — Se apunta con el dedo su pecho — ¿Quieres que te recuerde quien se ha puesto como loca por solo escuchar la palabra mamá? — Levanto mi ceja — Tú — toca mi pecho con su dedo — Te has comportado como una completa imbécil frente a la niña. Te ha llamado mamá, ¡supéralo Quinn!
No sé si el pecho ha comenzado a dolerme por la presión que Rachel ha ejercido en el con su dedo índice o por las palabras que han salido de su boca disparando a doble filo contra mí. Me quedo helada por unos segundos, y siento como mis ojos se cristalizan. No ahora, maldita sea. No te muestres débil. Pestañeo reiteradas veces para alejar las ganas de llorar que me han agarrado y aprieto mi puño sin que ella pueda notarlo.
— Quinn… yo… — Niego con mi cabeza y trago saliva. Se quiere disculpar luego de haber dicho lo que realmente pensaba y tras verme en este estado. No es su culpa realmente.
— Déjalo. — Camino hacia la puerta pero ella pisa mis talones.
— No, espera… — intenta ponerse a mi altura — Quinn, sabes que no hable en serio… perdóname. No fue lo que realmente quise decir.
— He dicho que lo dejes, Rachel. — Demonios, odio ser así con ella, como cuando la conocí por primera vez. Mis barreras se han vuelto a levantar.
— No, Quinn — Toma mi brazo ejerciendo mayor fuerza a la de mis pasos para detenerme. — Escúchame.
— No, escúchame tu maldición — Froto mi frente. No ahora. — Esto es lo que soy. Este monstruo soy yo, no quieras cambiarme. No quieras deshacerte de mi pasado, el me persigue te guste o no. Lidia con mi mierda o déjalo estar de una vez ¿Has oído?
— Lidiare con el cómo lo vengo haciendo hasta ahora, pero tú no me dejas ayudarte. — Grito enfurecida por lo que escucho.
— No soy una maldita enferma para que me estés ayudando, ¡por dios! — Grito y luego suspiro intentando calmar mis ganas de mandar todo al mismísimo diablo. Paul se baja del auto alarmado. No Paul, no le hare daño. No a ella. — He dejado muchas cosas de lado para dedicarme completamente a ti, no me quejo, pero deja de tratarme como una enferma.
— No es lo que quise decir… — murmura
— Estoy arruinada y eso ni tu ni yo podemos solucionarlo. Ya deja de meterte en ello de una vez por todas. Disfruta de lo que te doy y listo, tal como lo haría cualquier mujer. — Cierro mis ojos al instante de haberlo dicho. Eso no sonó como yo lo pensé en mi cabeza y por el rostro de Rachel se que ella lo ha tomado para el lado equivocado.
— Vete de mi casa.
— No, yo no he querido decir eso. Rachel… — Me interrumpe.
— Vete.
— No, espera… — Siento como sus manos se posan en mi pecho para luego sentir su empujón haciéndome retroceder varios pasos hacia atrás. — ¿Qué haces?
— Vete ya mismo. Cuando realmente quieras estar aquí, serás bienvenida. No has sido la única que dejo cosas de lado en todo este asunto. — Sin más, una vez más en toda esta historia, me cierra la puerta en mis propias narices. Alcance a retroceder un paso de lo contrario me hubiese roto la nariz.
Escucho un silbido, el típico que hacen las personas que están asombradas por el fuerte carácter de otra.
— Paul, más te vale poner tu culo en ese asiento y llevarme hasta el hotel.
— Lo que usted diga, señorita Fabray. — Se toca su sombrero de chofer y me sonríe burlonamente.
— Si Charlie se entera de esto, serás hombre muerto. — Digo abrochándome el cinturón.
— Mi boca está sellada. — Me mira por el retrovisor y yo le frunzo el ceño, el solo sonríe.
— ¿Qué novedades tienes? — Le pregunto revisando los mensajes que hay en mi móvil.
— Por lo pronto, Samuel la espera en el hotel.
— Tendrá que esperar, primero quiero quitarme el olor a meado que traigo encima.
— Pensé y no se había dado cuenta. —Vaya que gracioso esta hoy —Simmons ha dejado en claro que no esperara más. Debería de ir a verlo de una vez.
— Lo sé, con todo el tema de Rachel en mi cabeza he dejado ciertos asuntos de lado.
— Pudimos notarlo, pero nada que no tenga solución, señorita Fabray.
— Hazme el favor de comprar una docena de flores, la que más te gusten, las que le regalarías a tu esposa y ve a la casa de Rachel. Haz que preparen ropa para que pasen la noche conmigo, en el hotel. — Pido revisando un mensaje en particular.
No te queda mucho tiempo. — Numero desconocido.
¿Qué demonios? ¿Quién se atreve a mandarme ese tipo de mensajes?
— Sera una tarea difícil. Ella no querrá venir.
— La arrastraras si es necesario — Paul me frunce el ceño y niega con su cabeza — De acuerdo, hazlo de la forma en que yo no lo haría. ¿Mejor? — El me asiente
— Debería controlar su carácter. Usted en verdad quiere a esa señorita y si no quiere perderla por completo, deberá hacer unos ajustes en su temperamento.
— Esta soy yo, y ella si quiere estar a mi lado me querrá así.
— No se equivoque, usted no es así. La señorita Allison estaría muy disgustada.
— No la metas en esto Paul, ella no está. Tú lo has dicho.
— Solo no se comporte de mala manera, ella no lo merece. Ella la quiere, en verdad que sí. — No le respondo, sus palabras me han dejado pensando. Seguramente estoy actuando por impulso y es posible que lastime a Rachel si sigo actuando de esa manera. — Usted también la quiere, permítase ser feliz. Allison no se enojara.
— No sabes lo que dices.
— Solo escuche su corazón, señorita Fabray.
La conversación muere allí mismo. No me apetece seguir escuchándolo, quizás porque dice más de una verdad y yo no estoy para esas cosas ahora mismo. ¿Me estoy negando a ser feliz? Solo me niego a que Rachel tenga el mismo final que Allison.
— Llegamos.
— Ve hacer lo que te dije, dame dos horas de margen. — Paul asiente y yo me bajo del auto directo hacia mi habitación. Allí abajo, en el lobby me espera Samuel, pero le hago una seña dejándole en claro que en unos minutos estaré con él.
Subo a mi habitación y rápidamente camino hacia el baño donde guardo mis pastillas en unos de los cajones correspondientes al lavamanos. Tomo dos de ellas y lleno el vaso de agua que pertenece al cepillo de dientes, ambas pastillas pasan en un abrir y cerrar de ojos teniendo en cuenta que me da miedo tragarlas, pero comprendo que es la necesidad de querer sentirme bien y dentro de mis cabales para cuando lleguen ellas. Me quito la ropa y me meto en la ducha abriendo allí mismo las canillas. Sale agua fría primero, y en unos segundos comienza a templarse. Son esos momentos donde necesito despejar mi cabeza, centrarme en lo que realmente quiero y necesito. No debo salirme del plan. Necesitas enfocarte, Fabray. Me repito una vez tras otra. La melodía en mi móvil comienza a sonar y sé que seguramente Simmons está pidiendo mi atención. El baño no me toma más de quince minutos, me cambio, ordeno un poco el desastre que hay aquí y abandono la habitación en busca de Samuel.
— ¡Quinn! — Se levanta del sillón para encontrarme en mitad de camino — ¿Dónde estabas metida?
— Eso no es de tu incumbencia. Espera un momento.
— No, ya basta. Debemos hablar con urgencia. — Me dice Samuel tomándome del brazo fuertemente. ¿Qué le pasa?
— He dicho que esperes, estúpido. — Me suelto bruscamente — No vuelva a ponerme un dedo encima.
Sin decir una palabra más me giro en mi lugar y camino hasta la recepción.
— Señorita Fabray ¿Qué puedo hacer por usted?
— Necesito una habitación nueva, una para tres personas.
— Claro, en la primera planta… — lo interrumpo
— No, tiene que ser en la misma donde estoy ahora. La ultima.
— Eso no es posible.
— Haz que lo sea. Pon una cama de una plaza en mi habitación, si no entra haz que entre ¿Soy clara? — El asiente asustado
— ¿Dormirá con alguien hoy? — Frunzo mi ceño y lo miro por unos segundos. ¡Como se atreve! — Lo siento… yo, bueno… yo no quise…
— Tú haz lo que te dije. En menos de dos horas quiero esa cama en mi habitación. — Me asiente y yo me alejo ya con intensiones de hablar de una buena vez con Samuel.
En el hotel hay un bar el cual podemos recibir gente allí mismo, el restaurante que hay conectado al mismo es el mejor de Ohio y teniendo en cuenta el horario ahora mismo, las mesas están siendo ocupadas al igual que los asientos que hay en la barra. Le pido a unos de los maître por medio de señas para que se acerque y le indico que necesito un lugar apartado, el niega con la cabeza dándome a entender que no disponen de un lugar con tales características. Maldito pueblo.
— Esta bien, podemos quedarnos donde estaba sentado antes. Por allí solo entran los huéspedes. — Dice Samuel indicándome los sillones que descansan a un lado de la entrada al hotel. Tiene razón, el restaurante tiene entrada propia. Camino delante de él sentándome de espaldas a la entrada. No está nada mal.
— Habla. Quiero oír que te tiene así.
— No estoy bromeando, Quinn. Tú has estado haciendo cualquier cosa menos dedicarte a lo que hemos venido aquí.
— No me digas que estoy haciendo o que no. Eso no es de tu interés.
— Si lo es, desde el momento que el apellido Evans ha estado metido en medio.
Suspiro esperando que las pastillas estén haciendo efecto. — Escúchame Samuel… — me interrumpe
— No, tú me escucharas a mí. — Me apunta con su dedo y esto comienza a no gustarme — Desde que hemos pisado Ohio no has hecho otra cosa que comportarte como una idiota. Has dejado de lado el plan inicial, importándote una mierda las demás personas que estamos metidos en este asunto. Tú y tu hermano no han hecho otra cosa más que comportarse como imbéciles detrás de mujeres.
— No sabes lo que dices.
— Claro que lo se — Grita y yo me remuevo incomoda en mi asiento. — Esa maldita puta no ha sido más que una distracción. — Mi cabeza está a medio paso de explotar.
— Cállate, Samuel. Cállate de una vez. — Apoyo mis codos en las rodillas apretujándome las manos de los nervios.
— ¿Qué me calle? — Continua — ¿Qué hay con Allison? ¿Te has olvidado de ella?
— ¡Ella está muerta maldito infeliz! — Grito llamando la atención de varias personas — ¡Yo la he matado! — me paro de mi asiento nerviosa. Ahora mismo necesito descargar mi enojo para no cometer una locura. Golpeo mi pecho reiteradas veces, sin cansancio.
— Cálmate — Siento los brazos de Samuel alrededor de mi cuerpo — Tu no la has matado. — Me atrae más hacia su cuerpo apretándome lo suficiente como para darme a entender que no me dejara caer. Escucho como dice que todo está bien, y que no hay de qué preocuparse a las personas que se han acercado. — Quinn, no quise hablarte así.
— Tú no lo entiendes, yo la he matado. — Comienzo a temblar en sus brazos
— Shh, no. No lo digas mas, tú no has sido la culpable. Debes dejar ir ese pensamiento. Recuerda porque estamos aquí.
— La quiero, yo en verdad la quiero y no deseo que termine de la misma manera.
— ¿Rachel? — Asiento en su pecho — Ella es más fuerte que mi hermana. Si en verdad la quieres debes irte ahora mismo.
— ¿Eh? — Rompo nuestro abrazo y me separo limpiando mis lágrimas — ¿De qué hablas?
El suspira y pasa su mano por el pelo. Oh no, eso solo significa cosas malas.
— Debes irte, Quinn. Si quieres que Rachel viva, debes irte esta misma noche.
— ¿Qué idioteces dices? — Le doy un leve empujón en su pecho. Me toma de los hombros y por más que intento alejarlo el logra sentarme en el sillón donde estaba con anterioridad.
— No son idioteces, Quinn. — Suspira — Brody se nos ha escapado.
¿Qué? Esto tiene que ser una broma de mal gusto.
Pestañeo varias veces. Eso no puede ser cierto. — No es cierto. — digo.
— Lo es, Quinn. Mientras tú decidías pasar tiempo con Rachel, Brody se nos escurrió entre las manos. Intentamos localizarte pero te has negado a nosotros reiteradas veces.
— Pero… pero, Charlie. Saben que cuando yo no estoy él está a cargo.
— Él ha perdido la cabeza por una mujer de aquí, literalmente. No nos atiene las llamadas y esta misma tarde se ha tomado un vuelo con ella.
¿Con Katherine? ¿Cómo es posible? — ¿Con quién?
— No se su nombre, pero es hermana de Christian, la amiga de Rachel.
Demonios ¡Charlie! Tenso mi mandíbula — él ahora mismo no me preocupa, el hecho de que Brody se nos haya escapado le da mucha ventaja para hacernos lo que quiera. Tiene el campo liberado para atacar cuando el más lo desee y crea necesario.
— Él no se atrevería hacerle daño a Rachel.
— Lo sabemos, pero en cambio tú, eres un blanco perfecto. Debes irte Quinn. Regresa a Europa.
Me froto la frente. Necesito pensar las cosas con cuidado. Alejarme de Rachel no está dentro de mis posibilidades y ahora Charlotte esta en medio de todo esto. No diré ni pensare cosas disparatadas, pero no permitiré que nada le pase a la niña, no a ella.
— Estamos a Lunes, me iré. — Digo y Samuel esboza una sonrisa tomando su móvil — Con Rachel, me iré con ella.
— No, no no… él te seguirá. No lo hagas Quinn.
— Es mi última palabra, me iré con ella y con Charlotte. — Samuel frunce su ceño pálido al escuchar el nombre de la niña — No hagas preguntas sobre eso.
— Quinn, Brody te buscara con más razones si te marchas con ella. Simmons está furioso y no perdonara esto, no esta vez.
— Simmons tendrá lo que quiere — Saco mi móvil para llamar a Rachel, solo presiono el numero uno y su número comienza a marcarse. Me lo llevo al oído mientras veo como Samuel me niega con su cabeza mirándome a los ojos. Sabe que estoy actuando impulsivamente, pero también sabe que no me separare de Rachel. — Si aquí tiene que morir alguien — Primer tono —…ese será Brody Weston.
Un móvil suena a mis espaldas — ¿Qué tienes que ver con Brody? ¿Quinn? — Cierro mis ojos.
Rachel.
Quiero revieeeews! :(
Glee y sus personajes no me pertenecen.
