Capitulo Veintiuno.
Hay un umbral de la mente humana que aun no se a podido descifrar. Reacciones, actitudes.
Hechos que creeríamos impulsivos o premeditados, hechos que para algunos rompen con la moral, con los esquemas preestablecidos legalmente. ¿Pero no es la muerte parte de nuestra raza? ¿Acaso no somos animales domesticados? ¿Está mal pensar que cuando intentamos sobrevivir matar es el primer paso?
Legalmente los asesinatos son condenados de acuerdo a sus desencadenantes. ¿Pero quiénes somos para juzgar las mentes de las personas? Aun con miles de años de estudios no podemos decir porque matamos, porque sobrevivimos.
En la línea criminal se comenzó a estudiar con gran interés el perfil de los llamados "asesinos en serie", tema apasionante por las características de los asesinatos y las motivaciones.
Las mujeres también son capaces de asesinar, tanto a sus compañeros como a personas extrañas, y pueden igualmente ser asesinas en serie. De hecho, las mujeres son las responsables de la mitad de las agresiones contra sus parejas.
Las mujeres tiene una mente aun más compleja, sus actitudes no concuerdan con sus pensamientos, una mujer es capaz de demostrar amor sin sentirlo, cosa un tanto difícil para un hombre lo cuales suelen ser un poco más transparentes y honestos.
Los perfiles psicológicos de las personas que cometen asesinatos, están tan ligados a la realidad y cordura como los que no los cometen. Entonces ¿estamos seguros de quien es un asesino? ¿Podemos juzgar los sentimientos de alguien solo por un hecho? ¿Un asesino puede amar y ser amado?
Nombre: Brody Weston
Edad: 26 años y siete meses
Estatura: 1,80cm
Color de pelo: Negro oscuro
Peso: 78kg
Estudios terminados en el Instituto McKinley promoción del '95. Casado con Rachel Barbra Berry por más de ocho años. Tienen dos hijos, Charlie Weston y Emma Weston. El sueño de su esposa como actriz de Hollywood se encuentra paralizado debido al acontecimiento de haber sido madre a tan temprana edad, siendo el centro de atención en Mckinley, lugar donde ambos estudiaban, obteniendo las burlas constantes y el rechazo.
Muy bien. He pasado en limpio lo que se hasta el momento, obviando algunas cosas que no son necesarias repasarlas ahora mismo pero que más adelante, será necesario sacarlas a la luz.
Brody Weston ha sido y será mi blanco hasta no verlo acabado por completo frente a mis ojos suplicándome por favor que lo deje vivir. No puedo decirle ahora mismo esto a Rachel, no puedo confesar que su esposo me ha hecho un daño tan grande que me llevo años superar y aun así, mi vida permanece rota. No puedo explicarle la necesidad de venganza que corre por mis venas, las ganas de hacer justicia por mano propia teniendo el apoyo de los hombres más poderosos que quieren verlo caer a él y a su jefe. Ellos no lo quieren muerto, y yo lo quiero siendo comido por los gusanos. ¿Eso le diré a Rachel? Por supuesto que no. Decirle aquello solo significa perderla. Puedo dar mi golpe en ella y sus hijos, pero el hijo de perra ni siquiera le interesa tanto como para llorar su muerte o algún posible "accidente" que puedan tener. Ahora mismo, se con seguridad que no quiero que alguien les provoque daño. Mi gente tiene la orden de protegerlos, de asegurarse que nada pueda pasarles. Rachel está vigilada las 24 horas del día sin que ella lo sepa y por supuesto, sin violar su intimidad aceptando no recibir informes sobre sus movimientos.
Entonces, ¿Qué debo decirle exactamente? ¿La verdad?
— Quinn, dime ahora mismo de donde conoces a Brody Weston y porque estaban hablando de él.
Aun sigo sentada en el sillón sin intensiones de moverme en cambio Samuel, él se ha parado como todo un caballero para recibirla y seguramente salvarme mi trasero.
— Rachel, que gusto verte. Con Quinn solo… — Ella lo interrumpe.
— La cosa no es contigo. — Lo apunta — Quinn, no te estoy escuchando ahora mismo.
—Cuando tomes asiento como corresponde, hablaremos — Sonrío escondiendo mi nerviosismo — Claro está que sin armar un escándalo aquí mismo. Sabes que desapruebo ese tipo de cosas.
— No estoy para tus estupideces ahora mismo.
— La boca, señorita Berry. — Apunto el sillón que está ubicado a mi izquierda donde con anterioridad se encontraba Samuel — Toma asiento.
— No. Lo que tengas que decir me lo dirás ahora mismo.
— Toma asiento y no alargues más la conversación. Tenemos un vuelo que tomar y la hora se nos viene encima.
Siento como su cuerpo pasa por mi izquierda rozando mi brazo pero no se sienta, ella me observa con su peculiar ceño fruncido. ¿Viaje? ¿De qué demonios habla? Estoy segura que ella está pensando eso ahora mismo. La boca, señorita Berry.
— ¿Viaje? ¿Qué viaje? — Bueno ha sido más educada que mis pensamientos.
— Toma asiento y dejaremos todo en claro. Por favor. — Palabras mágicas. Ella asiente con su cabeza tomando su lugar donde he indicado pero sin dejar que nuestras rodillas se choquen, marcando una distancia prudente y notoria. Su mente pide estar lejos de mí pero sé que su cuerpo no puede, de lo contrario no apoyaría sus codos en sus rodillas permitiendo que mis piernas puedan tocar sus dedos. Respecto a Charlotte, ella se encuentra entretenida con Samuel, quien reiteradas veces le acaricia el cabello y me mira con sus ojos brillantes. Supongo que le ha pasado lo mismo que a mí cuando la conocí y decidí sentarme con ella en la confitería antes que llegase Rachel.
— Muy bien, te escucho Quinn.
— Veras… — Me interrumpe
— No me mientas. — Moja sus labios — Confío en ti, Quinn. No me mientas porque creeré todo lo que tú me digas.
Trago saliva. Me ha tomado por sorpresa. Ella confía en mí, ella ha depositado confianza en mí en tan poco tiempo que me aterroriza y me hace sentir una mala persona por ocultarle tantas cosas a pesar de que ella me guarde aun secretos. Pero todo a su tiempo. Decido no contarle toda la verdad pero tampoco mentirle al respecto.
— No conozco a Brody Weston. — Afirmo segura. No miento.
— Entonces ¿Por qué hablaban de él con Samuel? — Frunce su ceño
— Porque he investigado tu vida — En cuestión de segundos pasa de incertidumbre a enojo. Intenta levantarse del sillón pero yo paro su huida y tomo asiento a su lado obligándola a que lo haga conmigo. — Tranquila, debía hacerlo. Solo sé que él es tu esposo, nada más.
— ¿Mi esposo? ¿Por qué demonios has investigado sobre mi vida? No había necesidad de hacerlo, yo te habría contado al respecto si tu preguntabas, de hecho lo hice sin siquiera esperar tus preguntas.
Le agarro la mano que apretuja el final de su saco pero ella rápidamente la quita.
— Rachel, solo lo hice porque tú me interesas y no puedo darme el lujo de establecer una relación más allá de lo profesional con alguien que no es de mi confianza y no conozco.
— Tú me mientes, lo estás haciendo Quinn. Deja de tomarme por estúpida, maldición. — Golpea su rodilla con sus puños cerrados.
— Escúchame, debes calmarte. — Ahora si tomo sus manos y forcejeo para que no las aparte de mi — Samuel solo me ha preguntado si él es el padre de tus hijos, y yo le he dicho que si. Porque lo es ¿cierto?
— ¡Por supuesto que lo es! — Eleva su voz
— Esta bien, tranquila. Solo le estaba confirmando la duda que tenia. El no tenía idea que tú tenias dos hijos.
— ¿Qué hay con el viaje? — Suspira nerviosa. He hecho bien en no contarle la verdad de todo esto. Yo te doy, tú me das, así funciona esto. Desvía el tema rápidamente.
— El viaje… bueno — Aclaro mi garganta — Tengo mis responsabilidades con el tema de los negocios ¿Recuerdas? — Me asiente — Pero cierta personita me ha tenido hipnotizada en estos días, y no me quejo — Sorpresivamente recibo un corto beso. Ella se siente culpable, lo sé. — Uno más. — Pido y ella accede rápidamente tomando mi rostro entre sus manos para hacer nuestro beso mas intimo.
— Entonces… — susurra aun pegada a mis labios con una enorme sonrisa producto de mi repentina ida mental. Logra transportarme con solo un beso, así me tiene.
— Entonces… — Suspiro apartando tiernamente sus manos de mi rostro — Debo volver a mis responsabilidades pero para ello debo viajar.
— ¿Debes irte muy lejos? — Asiento — Bueno, pasare las últimas horas contigo si quieres. Te extrañare horrores.
— Puedes pasar las últimas horas aquí y las siguientes en Nueva York. — Frunce su ceño — No pensaras que iba a dejarte aquí ¿no? — Aproximadamente es un minuto reloj y algo más lo que permanece estática en su lugar sin respirar mucho menos pestañar. Yo solo sonrío por verla tan shockeada.
— ¿N-nueva… Nueva York, Quinn? — Me pregunta con su mentón temblando. El brillo que hay en sus ojos es el fiel reflejo de su sueño nunca cumplido. Tengo ganas de abrazarla, besarla, hacerle el amor y volver arroparla entre mis brazos desnuda.
— Nueva York, Rachel. — Sonrío y me sonríe de nuevo pero esta vez con ganas de llorar — Que dices ¿Aceptas? — Me asiente eufórica tapándose la boca con su mano derecha. No puede creerlo, pero yo sin pensármelo dos veces ya estoy apartando su mano para besarla como he querido hacerlo desde que se ha sentado en este sillón. — Pero…
— Sin peros, Rachel. — Beso su nariz — Ya me has dicho que si.
— El trabajo, mi casa y la niña. No puedo dejarla, no voy a dejarla aquí sola, en la calle. — Pronuncia con énfasis la palabra calle.
— Ahora mismo llamaras al trabajo, aun están trabajando o podemos ir a pie si así lo quieres y pedir permiso en persona, aunque no necesites hacer aquello. Tu casa, se puede quedar tu mejor amigo o tu madre ¿no? — Me asiente
— ¿Y Charlotte?
— Bueno, pensaba reservar tres pasajes y en mis planes estaba invitarlas a ambas, no se a quien querrás invitar tú pero yo… — Me interrumpe con sus labios en los míos. Esta feliz. Samuel nos observa con su semblante serio pero sereno.
— Aun no sé porque piensas que en mi trabajo puedo tomarme tantas libertades, pero de todas formas iré en persona.
— Puedes tomarte las libertades que quieras. — Dejo un nuevo beso — De acuerdo, déjame arreglar unas cosas aquí y luego iremos a la confitería.
— No. Haz tus cosas tranquila, yo iré con Charlotte. — Se para del sillón y yo la sigo hasta donde se encuentra Samuel con la niña.
— Quiero acompañarte, no quiero que vayas sola con la niña.
— ¿Dónde iremos Rachie? — Miro unos segundos a Charlotte, hemos pensado el mismo apodo para Rachel pero yo no le diré así. Sonrío.
— Me acompañaras a la confitería, debo hablar con un señor. ¿Te parece bien, cielo? — Le habla con dulzura mientras le coloca una campera que teniendo en cuenta el tamaño, debe ser de Emma.
— ¡Sí! — Festeja — ¿Me puedes dar un muffin?
— Claro, cielo. — Rachel se agacha a la altura de la niña y comienza abotonarle el pequeño mongomeri negro.
— Y veremos a torta de vainilla — Le sonríe a Rachel y luego a mí. Mi novia comienza a negar con su cabeza. ¡Lo sabia!
— Iré con ustedes, solo buscare mi abrigo en la habitación.
— No, Quinn. No vayas.
— Claro — Asiento — Samuel, ve por mi abrigo. — El asiente e intenta alejarse de nosotras pero Rachel lo detiene rápidamente.
— Quinn iré con Charlotte y volveré aquí en menos de veinte minutos.
— Diez.
— Quince. — Me replica
— Cinco.
Me frunce el ceño y niega. Es absurdo, lo sé. — Quince. — Vuelve a decirme.
— ¿Cuatro? — Me niega y sonríe — Tienes razón, no vayas. — La tomo entre mis brazos y la lleno de besos en su cuello, ella suelta una carcajada. Amo ese sonido, vuelvo a besarla solo para escucharla.
— Estas loca.
— Por ti — Le susurro en su oído. Ella se muerde el labio inferior y yo la beso de inmediato para tomar su labio ahora entre mis dientes. Samuel aclara su garganta y ambas lo miramos, nos inclina su cabeza hacia el costado mostrándonos a Charlotte con sus ojos tapados por sus pequeñas manitos.
— ¿Ya acabaron Samy? —Tantea el aire con su mano libre. Todos reímos y ella se nos une como aquella vez en la confitería. — ¿De qué nos reímos? — Nos sonríe y Rachel la levanta entre sus brazos para dejarle varios besos en su mejilla, la niña se aferra a su cuello y le devuelve el beso mojado.
— Nos vamos. — Avisa Rachel — Nos vemos en veinte. — Me guiña un ojo y se pierde tras las puertas giratorias de vidrio correspondientes a la entrada del hotel que tanta diversión le causan a Charlotte. Rachel la sienta sobre la baranda que pertenece a una de las puertas y ambas hacen el recorrido entre risas y aplausos por parte de la niña. Con algo tan simple puedes hacer feliz a una persona sin necesidad de dinero. Mis ojos ya no las ven más.
— Samuel… — digo y él ni siquiera me deja continuar.
— Ya voy en camino. — Sonrío y me giro en mi lugar para subir hasta mi habitación.
— ¡Rachel! — Exclama Dani tras vernos llegar en la confitería. Logra que me sonroje, pero no por el hecho de ser ella sino por llamar la atención provocando que todos observen a la famosa Rachel que ha llegado al lugar.
— Danielle — digo tras acercarse — ¿Cómo te encuentras?
— Ahora mismo, perfecta — Me sonríe y deja un beso en mi mejilla. Charlotte frunce su ceño y yo aprieto mis labios pidiéndole por favor que no mencione nada de esto frente a Quinn.
— ¿Y tú quien eres? — Danielle se pone a la altura de la niña — ¿Ahora si me dirás tu nombre? — Aprieta una de sus mejillas y la niña planta un paso hacia atrás alejándose de ella.
— Charlotte — murmura y Danielle logra escucharla.
— Que hermoso nombre, como tus hermosos ojos verdes. ¿Ya te lo habían dicho? — La niña solo levanta sus hombros.
— ¿Tú? — se anima a preguntar.
— El mío es Danielle Roberts, pero puedes decirme Dani.
— ¿Te llamas como un niño? — Yo sonrío pero aun no sé porque su apellido me es algo conocido.
— Es un nombre para ambos géneros — Charlotte frunce su ceño — Para nenes y nenas.
— ¿Y eres de sabor vainilla? O ¿Solo tienes ese glaseado en tu cabello? — Se atreve a tocar un mechón de pelo de Dani.
— ¿Eh?
— Rachie dice que tu eres tor… — la interrumpo aclarando mi garganta.
— ¿Dónde está el jefe? — Danielle frunce su ceño pero no le doy mucha importancia
— ¿El jefe? — Claro ¿Quién más? El dueño de este lugar. — En su oficina — Dice luego de unos segundos. Asiento y agarro la mano de Charlotte para reunirnos con él pero lo encuentro en mitad de camino.
— Rachel ¿Qué haces aquí? — Me saluda asombrado con una sonrisa.
— Hmmm, bueno… yo trabajo aquí. — Le devuelvo la sonrisa
— Claro, pero hoy te di el día libre. No deberías de estar aquí.
— Lo sé, pero tengo algo que hablar contigo. ¿Tienes unos minutos disponibles?
— Por supuesto. De hecho, yo también necesito hablar un tema contigo. Acompáñame. — Extiende su mano para que camine delante de él.
— Rach, quiero quedarme aquí… con Samy — Frunzo mi ceño y dirijo mi mirada hacia donde me apunta. ¿Por qué me sorprende? Debo de acostumbrarme al hecho de tener a Quinn alrededor mío así no sea ella en persona.
— Bueno, ve pero no te separes de él por nada en el mundo ¿has oído? — Me asiente — Pídele a Danielle que te de el muffin, pero solo uno. Aun debemos cenar. — Veo como se aleja hasta llegar a Danielle y yo le hago una seña a Samuel. El asiente dejándome tranquila.
— ¿Tu hija? — Me dice mi jefe yo solo me limito asentir. No sé porque he afirmado aquello, Quinn me mataría. — Tú dirás, Rachel. — Continua luego de cerrar la puerta y tomar ambos asiento.
— Bueno, sé que me he estado tomando demasiadas atribuciones y no tengo derecho a aquello, pero… — ¿Con que cara puedo pedirle más días libre? — Necesito unos días libres. — Suelto sin vueltas.
— ¿Cuántos? — Me responde buscando unos papeles en su cajón personal. ¿Qué?
— ¿Ha oído que le he pedido días, no solo uno? — El asiente
— ¿Cuántos días necesitas? — Abro mis ojos aun más por el asombro. — Rachel — vuelve hablar y entiendo que espera una respuesta.
— Los que usted crea conveniente. Ya sabía con mes de anticipación que este fin de semana no estaría por el cumpleaños de mis hijos, los mellizos y debo viajar.
— Si, eso esta anotado. He tenido que tomar a un chico nuevo, espero que estés de acuerdo con eso.
— No entiendo porque me dice eso. — ¿Me pide una opinión?
— No importa. El hecho es que tenia tu ausencia cubierta con Danielle pero ahora he tenido que llamar a unos de los muchachos que he rechazado anteriormente.
— ¿Por qué? — Me acomodo en mi asiento. Esto me interesa. ¿Estará buscando la forma de decirme que me despedirá?
— Porque Katherine también me ha pedido esta semana.
— ¿Katherine? — Asiente — ¿Por qué? — Le pregunto asombrada
— Según ella un viaje de urgencia, de último momento.
¿Katherine ha viajado por una urgencia? ¿Cómo puede ser posible que no me haya comentado nada al respecto?
— Pero bueno, no estamos aquí por eso — Continua — Si este fin de semana no trabajaras entonces tomate lo que resta de la semana.
— ¿Qué? Pero recién estamos a lunes y yo… — El me sonríe.
— Tomate la semana, hazme caso. Cuando regreses te encontraras con el doble de trabajo y responsabilidades. Ahora… — Abre una carpeta y yo aun sigo sorprendida — aclarado tu tema pasaremos al mío. — Me extiende un papel. Claramente es un contrato o eso creo. — Quiero que renovemos energías aquí, quiero que tú sigas en este negocio, en el mío. — Me extiende su pluma personal, la que ha llevado encima desde que tuve el placer de conocerlo — ¿Renuevas contrato?
— Claro. — Intento leerlo pero sigue hablándome
— Confía en mí y firma. ¿Cuándo te he defraudado?
— Nunca. — respondo rápidamente
— Como tú no lo has hecho conmigo. Ahora firma si en verdad quieres este lugar tanto como yo. — Sonrío y asiento con mi cabeza. Por supuesto que lo quiero. Él ha sido la única persona que me ha tomado en cuenta a pesar de estar embaraza y sin terminar mis estudios para luego ofrecerme renovar contrato sabiendo que tenía dos niños bajo mi responsabilidad y mis tiempos se reducían a la mitad. Le debo mucho. Firmo con una enorme R seguido de un Berry. — Se vienen cosas grandes para ti, muchacha. — Me sonríe y se levanta de su sillón para bordear el escritorio y esperar a que me levante para darme un abrazo.
Le extiendo la pluma luego de romper el abrazo — No, ahora consérvala tú. De ahora más te acompañara a ti. — Sonrío algo extrañada pero él me toma de los hombros y puedo notar en su mirada un dejo de tristeza con algo de orgullo. El orgullo que hubiese querido obtener por parte de mi padre, esa mirada.
— Creo que me iré. — El asiente y me suelta para que pueda abandonar la oficina. Aquí afuera el ambiente sigue igual, pero sin lugar a dudas una situación en particular ha cambiado. Samuel intenta coquetearle a Danielle mientras Charlotte permanece sentada en las piernas del primo de Quinn.
— ¡Rachie! — Charlotte salta de las piernas de Samuel y corre hasta mi encuentro.
— Hola cielo — La levanto en brazos y caminamos hasta la mesa donde se encuentras ellos dos conversando. Danielle se para al verme llegar y esboza una sonrisa. Creo que debo hablar con ella respecto a estos gestos que tiene conmigo, no quiero problemas con Quinn teniendo en cuenta que la semana que viene la veré mas seguido. Pero por ahora no diré nada, tal vez solo es imaginación mía y ella solo busca ser mi amiga o llevarnos bien.
— ¿Vamos? — Le pregunto a Samuel y él me asiente levantándose de su asiento.
— Llevas media hora ¿sabes lo que eso significa? — Bromea y yo rio al saber a que hace referencia.
— Debe estar caminando por las paredes. — Sigo su broma
— Yo apuesto a que debe estar camino hacia aquí.
— Pues no le demos esa ventaja. — Intento bajar a Charlotte pero ella se aferra aun mas dándome a entender que no quiere que la baje.
— Adiós señorita — Samuel se acerca hacia Danielle y besa su mano. Es todo un caballero. — Espero volver a verte pronto.
— Lo harás — Me atrevo a meterme en su coqueteo — Ella trabaja aquí, podrás venir cuantas veces quieras. Eres más que bienvenido. — Le sonrío y él le sonríe a Danielle.
— Claro, puedes venir cuando quieras. — Él se sonroja — Pero solo a tomar algo o comer lo que quieras, espero lo tengas en claro.
Auch. Eso debió doler, creo que ha sido el rechazo más cruel, duro y directo que he escuchado en este tiempo. Es Samuel, apuesto, joven y soltero ¿Por qué no lo quieres?
— Oh… — balbucea nervioso Samuel — Bueno, yo…
— No tienes nada malo, lo contrario eres muy apuesto.
— ¿Entonces? — pregunta él y yo tengo ganas de irme al hotel ahora mismo.
— Entonces, me gustan las mujeres. — Eso ha sido como un golpe directo en su rostro.
— ¿Las mujeres? — Ella asiente y me sonríe. Samuel comprende de inmediato y pone su semblante serio — Las mujeres — Ahora lo afirma. — Deberías volver a pensarte dos veces si quieres fijarte en esa persona. Esta ocupada.
— Eso nunca ha sido un problema para mí. — Me dejan completamente fuera de la conversación.
— Lo será esta vez. Esta ocupada.
Me aclaro la garganta — Samuel… — intento llamar su atención.
— ¿Eres tan territorial como su novia? Ella tiene voz y voto. Déjenla decidir a ella, después de todo es quien manda aquí ¿no crees? Y eso te deja a ti fuera de toda esta ecuación. — Le sonríe con sarcasmo en sus labios.
— Samuel, vámonos por favor. — Ahora tomo su brazo y él parece reaccionar. Tiene su mandíbula tensa. Seguramente piensa que yo seré capaz de engañar a Quinn con alguien como Danielle. Nadie me separara de ella.
— Rachel… — Ella habla luego de que nosotros le damos la espalda — quisiera hablar contigo.
Niego con mi cabeza — No ahora, estoy bastante apurada.
— Claro — Acaricia mi brazo, eso se ha vuelto una costumbre en ella pero no puedo apartarlo teniendo en cuenta que tengo en brazos a Charlotte. Su persona me causa rechazo, miedo y desconfianza. — Esperare lo que sea necesario, te esperare.
— Danielle… — Hago una mueca de incomodidad en intento caminar hacia atrás pero la puerta se abre y golpea mi espalda.
— Me gustas, Rachel. Mucho de hecho. — Abro mis ojos tragando saliva nerviosa por tener presente a Samuel. Él le contara a Quinn y si no estuviese aquí, podría solucionar esta pequeña confusión en paz. Charlotte mueve sus brazos alrededor de mi cuello, extendiéndolos.
— ¡Lucy! — No ahora. Que no haya escuchado, que no haya escuchado. Por favor.
— Repítelo. Atrévete a repetirlo en mi cara y tendrás problemas como que me llamo Quinn Fabray.
— No, no. No es necesario — Interrumpo la posible discusión que se desatara aquí mismo, frente a los clientes.
— Me gusta Rachel ¿Qué harás con eso? — Habla Danielle desafiando a Quinn.
— ¡Samuel! — Le pido ayuda antes que Quinn siquiera pueda reaccionar. Él la toma entre sus brazos y la saca del negocio sin darle la chance a maldecir o irse encima de Danielle.
— Rachel…
— No, suéltame — La miro seriamente. Estoy furiosa. ¿Cómo se atreve? — Espero que sea la última vez que te dirijas así hacia mí. Aquí solo habrá un trato entre compañeras de trabajo, no más.
— La dejaras, lo sé. — Dice aun manteniendo el agarre
— La quiero, no lo hare. Ahora suéltame.
— La dejaras en cuento te enteres quien es Quinn Fabray. Yo te esperare, Rachel.
— ¡Suéltame! — Susurro apretando mis dientes. Imbécil.
Siento como afloja su agarre y yo sin pensarlo salgo de la confitería repasando mentalmente las palabras que han salido de la boca de Danielle y el hecho de tener que lidiar con Quinn ahora mismo. Esta realmente enojada, frotándose la frente y empujando a Samuel cuando lo cree necesario. En momentos así, me asusta.
— ¿Podemos irnos? — Hablo sacándola de su burbuja personal. Su rostro esta algo rojo por el frio y supongo que el forcejeo que mantuvo con Samuel también tuvo algo que ver.
— Rachel, esta será la última noche que ella trabaje aquí. Ya te lo había dicho con anterioridad.
— ¿De qué hablas? — Tapo la cabeza de Charlotte, el tiempo esta algo loco.
— Ella se quedara sin trabajo, la despedirás. No quiero que vuelva a verte, no quiero que este en el mismo lugar que tú.
— Yo no puedo despedirla, no seas ridícula. — Comienzo a caminar lentamente.
— Si lo harás, Berry. — Detengo mi andar y Samuel espera más atrás de nosotras. Basta.
— No vuelva a llamarme así, no en el tono que has utilizado.
— Ella… — No la dejo seguir
— Ella no es tú ¿de acuerdo? — Se queda en silencio — Te quiero a ti, no a ella y es necesario que lo entiendas de una buena vez por todas si queremos que esto continué. Ahora… — retomo mi camino con lentitud — vayamos al hotel. No quiero pelear, esta la niña aquí y el frio me está congelando. — Suspiro creando un vaho con mi aliento. Siento el cuerpo de Quinn pegado al mío, ella pasa su brazo por mis hombros y me pega a su cuerpo.
— Eres mía, lo eres. — susurra en mi oído
— Repítelo las veces que sea necesario, pero cae en la cuenta pronto, es una realidad que está pasando ahora mismo. Soy tuya.
— Lo siento, soy una imbécil cuando se trata de ti. No quiero perderte.
— La boca señorita — Le sonrío — Digan lo que digan no te dejare. Confió en ti y como te he dicho, creo en lo que tú me digas. — Puedo notar el brillo en sus ojos. Me besa con desesperación.
— Te quiero, mucho más de lo que te imaginas.
— Y yo quiero ya mismo ver las luces de Nueva York. — Ríe divertida pasando su mano cubierta por el guante por su nariz. ¿Ha estado soportando el llanto?
— Nueva York nos espera mi pequeña diva. — Besa mis labios con ternura y Charlotte se nos une a los besos y risas. Nueva York con Quinn.
Mi pequeña Diva.
El poder de los reviews y mi manito curada. Disfruten de unos capítulos sin drama porque luego deberán aguantar la tormenta que se viene.
Los mellizos siguen en la historia para la persona que pregunto, pronto llegara su momento. Y las que tienen dudas, es entendible… se sabe poco de los personajes, pero de a poco y con paciencia descubrirán cosas como Rachel y Quinn lo estan haciendo.
Nos leemos pronto!
Glee y sus personajes no me pertenecen.
