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Fic Ganador de la Encuesta en "Los Castigaré en el Nombre de los Pokémon de Agua"

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Primera Publicación: 10 de Junio de 2016

Resubida: 28 de Enero de 2018

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Enredos del Destino

XI

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Llega ese momento que tanto esperas durante años, te sientes al fin bien contigo mismo, con tu vida, con tu entorno. Crees que eres capaz de tomar el valor suficiente para darte una segunda oportunidad en la vida, para jugártela por amor una vez más.

Sientes que tienes el mundo en una mano, pero no todo puede ser perfecto.

Cuando Ash Ketchum abrió la puerta esa mañana, la mujer que apareció frente a él trajo consigo una invisible mochila pesada que cayó sobre sus hombros en cuanto ella pronunció su nombre.

—¿No me invitas a pasar? —le preguntó con una sonrisa ante el ceño fruncido del moreno— Realmente es importante a lo que vengo —le informó pasando al departamento pese a que Ash le bloqueaba el paso.

—Puede por favor decir lo que tenga que decir, e irse —le pidió soltando la puerta que se cerró tras él.

—Creo que lo que vengo a darte es para más de un minuto, ¿puedes ofrecerle aunque sea un café a tu suegra? —Grace actuaba como si nada hubiera pasado, como si fuera la misma mujer que él conoció casi al mismo tiempo que a Serena, pero el solo hecho de verla, le recordaba cada uno de sus insultos, cada una de sus palabras hirientes y cuanto quiso quitarle a Thiago.

Ash se acercó a la cafetera, sirvió dos tazas, le entregó una sin ofrecerle asiento y él se quedó de pie frente a ella.

—Van a ser ya once años de la muerte de mi hija y… —comentó bajando la mirada— fui a limpiar el cubico donde están las cenizas de Serena —le comentó, Ash solo se cruzó de brazos sosteniendo con cuidado su taza de café— Cuando cambie la foto del portarretratos que Serena tenía junto a ella en el hospital, encontré éste sobre con tu nombre —buscó en el bolsillo de su chaqueta y se lo entregó.

—¿Para mí? —descruzó los brazos y tomó el sobre dejando a un lado su taza de café, lo abrió y con la misma mano que sostenía el sobre, extendió el papel que encontró ahí. Tomó una vez más la taza para beber un sorbo, pero a la primera línea, la loza se patinó de su mano cayendo sobre el suelo.

Grace quedó quieta observando como los gestos de Ash se iban transformando, ella sabía el contenido de esa carta, fue por eso que había decidido viajar a Kanto a entregársela a Ash.

"Mi querido y amado Ash: Es probable que cuando estés leyendo esto yo ya esté muerta. Lamento mucho todo lo que te he hecho vivir este último tiempo, no le tomé el peso a mi enfermedad, te hice de lado en muchas ocasiones importantes porque no quería que me vieras morir lentamente y no fue hasta que Clemont me gritó esta mañana por hacer esto, que lo comprendí. Debí decirte desde el primer momento en que te fui a buscar de que estaba enferma, debí decirte que iba a morir desde antes de que tomaras esos tragos conmigo que produjeron algo maravilloso que no esperaba pero que realmente amo con todo mi corazón. Thiago es, sin dudas, el mejor legado que puedo dejar en mi vida, porque él no pudo tener un papá más maravilloso del que tiene.

Yo sé que será difícil, pero sé también que puedes hacerlo. Confió plenamente en que serás un buen padre para nuestro hijo, que sabrás educarlo, aconsejarlo y criarlo de la mejor manera.

Siento mucho además, dejarte con los preparativos de la boda a medias, realmente quería casarme contigo, vivir como tu esposa, a tu lado, criando a nuestro hijo era mi sueño más anhelado.

Te dejo esta carta con el único fin de que puedas liberarte de la carga que puede producirte mi muerte. Nunca te sientas culpable por ella, nunca sientas que eres el responsable de todo porque no es así… La única culpable aquí soy yo, que quiso vivir la vida que no podía en un corto tiempo.

No puedo pedirte que no me odies, pero ama a nuestro hijo. Cuídalo, abrázalo, bésalo y apóyalo sin importar nada, es lo único que espero después de todo lo que te he hecho vivir estos meses.

Te amo Ash, siempre te amé y siempre te amaré aún más allá de la muerte…

Espero de corazón, que en algún lado haya una persona que pueda darte todo ese amor que yo ya no podré darte.

Hasta siempre.

Serena. "

Ash bajó la carta y mirando la taza hecha añicos fue apretando ambos papeles en su puño izquierdo hasta hacerlas un bollo.

—Voy por un paño —dijo Grace adelantándose.

—¡Quédese quieta! —le gritó Ash, la mujer se asustó tanto que terminó botando una silla— ¿Usted sabía esto? —le enseñó la carta y luego botó ambos papeles al suelo con rabia— ¿Lo sabía?

—No Ash, no hasta ahora —le negó con la cabeza—, Serena se sentía mal, si, lo había notado pero siempre me dijo que era por culpa del embarazo —se defendió moviendo las manos frente a ella, como si estuviera tratando de calmar un Pyroar, se acercó a la cocina y dejó su taza ahí— Serena nunca me dijo nada.

—¿Y así se dice su madre? —exclamó el moreno sumamente enceguecido por el coraje, por la rabia que burbujeaba en la boca de su estómago.

—Era mi hija, tenía creer en ella —le dijo.

—¡Usted siempre iba a la contraria con Serena, ¿y aun así no se dio cuenta que realmente estaba enferma?! —Ash adelantó unos pasos hacia los sillones tratando de controlar su enojo, pero no podía, era demasiado fuerte para él— ¿Y Clemont? —pensó de golpe— Según —señaló los bollos de papel— eso, él lo sabía todo… Sabía que Serena estaba muriendo y pese a eso, me echó la culpa, me trató de asesino… y… —Ash tomó los cojines de su sillón y ahogó un grito en ellos. Sin pensarlo dos segundos, soltó los cojines, tomó la mochila que tenía al lado de la puerta y salió del departamento.

—¡Ash! —Grace trató de seguirlo pero cuando salió hacia los ascensores Ash ya había tomado uno— ¡Rayos! —maldijo la mujer golpeando el botón para que el elevador llegara rápido. Una vez que subió marcó el botón de la planta baja mordiéndose el dedo izquierdo. ¡No podía permitir que Ash hiciera una locura!

Ash llegó al Hall de entrada y fue hasta donde estaba el conserje, se apoyó en el mesón y lo miró enojado.

—¿Qué clase de seguridad tienen en este edificio? —le gruñó haciendo que el hombre de edad, se asustara en su lugar— ¿Cómo dejan subir a alguien sin consultármelo? ¿Cómo permiten que suba cualquier individuo hasta mi piso? ¿Eh? ¡Debería demandarlos!

—¡Ash! —la voz de Grace cortó su sermón al pobre conserje que no entendía que sucedía. Ash miró una vez más al hombre y salió sin hacer caso a los gritos suplicantes de la mujer.

.—…—…—…—…—.

Agradeció que aquella mujer que lo llamaba no supiera andar por la ciudad, no tardó más de un par de vueltas raras por las cuadras hacia la terminal en perder a Grace, tenía una sola meta en ese momento, y era enfrentar a quien creía que era una persona de confianza.

Subió al bus que lo llevaría a la central y apoyó la cabeza contra el frio vidrio intentando calmarse, cerró los ojos y esperó, porque realmente lo esperaba, que Clemont tuviera una buena explicación para eso.

Llegó a la Central de Energía de la región Kanto, entró gracias a que aún poseía su credencial y no tardó en encontrar a Clemont acomodando unas piezas en su robot.

—¡Clemont! —le gritó mientras se acercaba con los puños apretados, aguantándose las ganas de caerle a golpes.

—Hola Ash, ¿vienes a firmar? —cuando lo saludó como si nada, y le entregó una carpeta blanca, Ash ni siquiera lo pensó cuando su puño derecho se azotó contra el rostro de Clemont.

—¿A firmar? —exclamó Ash moviendo el hombro del brazo derecho— ¡Vine a hablar contigo, pero creo que mi puño fue más rápido!

—¿Qué te pasa? —preguntó, sintiendo el metálico sabor de la sangre, se tocó el labio.

—Así que soy un asesino, ¿eh? —vociferó causando que varios empleados se detuvieran a observarlos— Así que maté a Serena y ahora puedo matar a Misty, ¿eh?

Clemont solo cerró los ojos ante las palabras de Ash, soltando una risa mientras ladeaba su sonrisa.

—Así que es solo eso —dijo.

—¿Solo eso? —indignado, Ash se acercó a él y lo tomó desde el overol para ponerlo de pie— ¿Solo eso? ¿La muerte de Serena para ti es solo eso? ¿Acusarme de haberla conducido a la muerte, es solo eso? —lo sacudió un poco— ¡¿La vida de todos nosotros, para ti es un solo eso?!

—¿Y qué quieres que te diga? —le preguntó mirándolo— ¿Qué te mentí? ¿Qué te engañé? ¿Qué encubrí la enfermedad de Serena porque la amaba?

—¿Qué? —impresionado por aquella confesión, lo soltó retrocediendo— Entonces…

—Serena era la mujer que yo amaba —confesó acomodándose el overol—, aunque siempre supe que ella te idolatraba, no pude evitar enamorarme… Pero, ¿Quién no se enamoraba de ella? Bueno —lo señaló—, supongo que tú nomás y eso fue lo que más rabia me dio. ¡Ella daba todo por ti y tú nunca la tuviste en cuenta! ¡Me dio coraje que apareciera embarazada de ti! ¡Me dio rabia saber que ella seria madre de un hijo tuyo! ¡Los odie a ambos por hacerme el mensajero de su inestable relación! ¡Y la odie más a ella por pedirme que la ayudara a que no te enteraras!

—Clemont…

—¡Cuando vi a Grace atacándote, tratándote de asesino, traté de explicarles las cosas, pero una voz en mi cabeza me dijo que no lo hiciera —negó moviendo con rabia su cabeza— ¡Me sentí culpable más de una vez, fue por eso que te ayudé con Thiago, pero no podía soportar verlo!

—¡No te metas con mi hijo! —gruñó el moreno.

—¡Él tiene los ojos de su madre! —protestó— ¡Cada vez que veía a Thiago era como ver a Serena, por eso me fui de Kalos! ¡Quería escapar del fantasma de Serena! Estaba feliz de haber conocido a Misty, ella era tan genial —dijo mirando un punto fijo en la nada— Me hizo olvidar muchas veces de Serena, tanto que estuve dispuesto a intentar volver a llevar la fiesta en paz contigo.

—¿Cómo puede ser que me odiaras de esa forma y nunca me di cuenta?

—¿Alguna vez te has dado cuenta de algo, eh, Ash? —le preguntó sarcásticamente.

—¿Y tú realmente alguna vez amaste a Serena o realmente solo estabas obsesionado? —le dijo en la misma tonada sarcástica— Digo, ¿si tanto la amabas porque le hiciste caso a todos sus berrinches? ¿Por qué recién explotar el día anterior a que muriera?

—¡Yo sé lo que sentía!

—No —negó Ash—, estoy seguro que no lo sabes, y estoy también seguro de que es lo mismo que pasa con Misty, te entusiasmaste, pensaste que podrías olvidar a Serena y te obsesionaste otra vez, por eso te enojó que nos conociéramos, por eso te enojó que ella se pusiera de mi lado.

—¡Tú volviste a arruinar nuestra amistad por ella!

—¿Amistad? —Ash se señaló y luego señaló a Clemont— Creo que aquí el único que consideraba amigo al otro era yo —se volvió a señalar— Y la verdad, no creo que me duela sacrificar esto, si consigo el amor de Misty —le confesó.

—¿Qué?

—Lo que oíste —se acercó a la carpeta blanca, la firmó y se la tiró a los pies—, si para ti no fui un buen amigo, incluso hasta llegaste a odiarme —movió los hombros con indiferencia— ¿para qué preocuparme de ti? Mejor me concentró en ir por Misty… en jugármela por ella en vez de perder tiempo contigo.

Y tras esas palabras se fue de la central eléctrica, aunque no pudo avanzar mucho, ya que rápidamente fue perdiendo la fuerza en las piernas y cayó al suelo golpeándolo con ambos puños. ¿Por qué todo tenía que ser de esa forma? ¿Por qué la realidad que se ocultaba de sus ojos era aún peor de la que ya vivía?

Aspiró profundo antes de volver a ponerse de pie, tomó su celular y buscó el teléfono de su hijo.

—¡Thiago, soy yo, ¿en dónde estás?

«Hola papá, estoy en ciudad Lavanda»

—Espérame en el centro Pokémon, estoy cerca, me demoraré un par de horas en llegar.

Y tras la afirmación de su hijo, se dirigió hasta la zona de buses para tomar uno que lo llevara a ciudad Lavanda.

Cuando consiguió transporte, se subió, se acomodó en su asiento y tras cruzarse de brazos cerró los ojos. Tenía que tranquilizarse, tenía que mantener la calma para que su hijo no sintiera el remolino de emociones que lo albergaban.

Aspiró profundamente y soltó el aire por la misma nariz.

Tenía que ser fuerte por Thiago, él no tenía por qué ser partícipe de esa locura efectuada antes de que él naciera ni debía enterarse.

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En el centro Pokémon de ciudad Lavanda el joven de cabello oscuro y ojos celestes iba y venía en la sala de espera del recinto asistencial, quizás Ash trató de no demostrarlo, pero él conocía a su padre, lo conocía muy bien y algo no estaba bien con él.

Cuando el hombre de treinta años ingresó al centro Pokémon con una sonrisa exclamando por su hijo, Thiago detuvo su andar y se acercó a su padre.

—¡Hijo! —cuando Thiago estuvo a su alcance lo abrazó— ¿Cómo has estado?

—Bien, ya tengo cinco medallas y… —se soltó de su padre para mirarlo— ¿y tú como has estado?

—Muy bien —respondió moviendo los brazos como si enseñara sus músculos.

—Papá —Thiago lo miró seriamente, y la sonrisa de Ash desapareció— ¿Qué sucede?

—¿Quieres que vayamos a ver a la tía Bonnie y de paso visitamos a tu mamá para tu cumpleaños? —le preguntó. El entrenador Pokémon observó al hombre frente a él, tenía un deje de tristeza en sus ojos. Apretó los labios antes de retroceder un paso.

—¿Qué sucede papá? —dijo— ¿Te duele algo?

—Pues —Ash corrió la mirada tratando de no derramar lágrimas frente a su hijo—, digamos que papá está pasando un momento difícil…

Thiago adelantó los pasos hasta su papá y lo abrazó…

—Está bien papá, puedo suspender un rato mi búsqueda de medallas, vamos a Kalos.

—Gracias —dijo Ash agachándose para poder abrazar mejor a su hijo—, gracias hijo.

Aquella noche ambos durmieron en el centro Pokémon, y temprano en la mañana se pusieron en marcha hacia el aeropuerto de Kanto camino a Ciudad Lumiose en la región de Kalos.

Cuando bajaron del avión, una joven de larga cabellera rubia atada en una gran trenza, agitaba su mano en alto. Ash sonrió al verla y Thiago corrió feliz hacia ella.

—¡Tía Bonnie! —exclamó Thiago en cuanto estuvo en los brazos de la mujer.

—¡Pero mira que grande te has puesto señor entrenador! —dijo la mujer tomándolo de las manos.

—¿Qué tal el gimnasio? —preguntó Ash con las manos en su cintura acercándose a ambos.

—Ni me digas —negó con la cabeza varias veces pero luego sonrió—, me encanta ser la líder de ciudad Lumiose —perdida en su mundo de flores eléctricas, padre e hijo se miraron con una sonrisa.

—Qué bueno, pero tenemos hambre… —declaró Ash.

—¡Lo imaginé! —Bonnie tomó la mano de Thiago y se enganchó al brazo derecho de Ash— Mi papá tiene la mesa llena de cosas ricas esperando por ustedes en casa… ¡Vamos!

Los días en ciudad Lumiose para Ash fueron bastante gratificantes, siempre era agradable compartir con Meyer y Bonnie, sobre todo porque actuaban como una tía y un abuelo con su hijo. Se había sentado en las gradas del gimnasio eléctrico mientras observaba como Thiago luchaba con Braixen contra el Ampharos de Meyer cuando Bonnie se sentó a su lado, no dijo nada pero Ash sabía que quería preguntar muchas cosas.

—Suéltalo —le dijo y la chica sonrió colocando los codos sobre sus rodillas y se sostuvo la cabeza con las manos para mirarlo.

—¿Viste a mi hermano?

—Sí, lo vi… —cerró los ojos y suspiró.

—¿Mi hermano aún sigue raro, Ash?

—Ya sé lo tiene raro a tu hermano… —dijo cruzándose de brazos y se lanzó un poco hacia atrás.

—¿Qué tiene mal a Clemont?

—Thiago —respondió.

—¿Thiago?

—Sí —afirmó suspirando—, Clemont estaba enamorado de Serena, él sabía que Serena estaba enferma y…. —ante eso, las manos de Bonnie se movieron haciendo que su cabeza se mueva de golpe.

—¡Espera! —Bonnie estaba sorprendida por aquella información— ¿Serena estaba enferma? ¿Y mi hermano lo sabía? —Ash apretó los labios y afirmó con la cabeza— Wow —exclamó mirando hacia el campo de batalla donde Braixen atacaba a Ampharos—, no lo puedo creer de él.

—Estoy confundido Bonnie —Ash llevó las palmas de ambas manos a sus ojos—, el Clemont que fui a visitar a Kanto era un completo desconocido. Discutimos horrible un montón de veces y la última vez que nos vimos —bajó las manos y se las quedó viendo, y con una mueca de pena terminó su frase—, lo golpeé.

—¿Lo golpeaste? —se puso de pie causando que los competidores se detuvieran, la joven de ojos celestes agitó sus manos frente a ella para que los otros siguieran con lo suyo— ¡Ash, ¿Cómo pudiste?!

—Me estuvo tratando de asesino, Bonnie —le dijo—, asesino, sabiendo que Serena no murió por mi culpa.

—¡Cielos! ¿Qué le pasó a Clemont? —se lamentó.

—No lo sé, y créeme… —aspiró profundamente y luego soltó el aire por la nariz de golpe—, haber vivido esto con él, me tiene mal, se siente pésimo…

—¡Este hermano mío! —protestó la rubia chocando puños— ¡Cuando lo vea, me va a escuchar! —miró a Ash y le sonrió— No estés mal, yo sé que en algún momento Clemont se dará cuenta que ésta mal y todo volverá a ser como antes, cuando Serena estaba viva y los cuatro éramos compañeros de viaje…

—¿Tú crees?

—¡Estoy segura! —afirmó para luego abrazar al moreno— ¡Ya verás que sí Ash, ya verás!

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Los días siguientes de su visita a ciudad Lumiose, Thiago aprovechó para ir a visitar los Pokémon de su madre que estaban en el laboratorio del profesor Sycamore, jugó con ellos y les presentó a sus nuevos amigos. El grupo estaba feliz y el entrenador no paraba de reír, y con solo eso, Ash ya podía sentirse un poco en paz.

Cuando el cumpleaños número once de Thiago llegó, Bonnie y Meyer le hicieron una pequeña fiesta para ellos cuatro, y tras cortar el pastel y llegando la noche, Ash y Thiago se vistieron de negro y fueron al cementerio de la ciudad, a terminar el día frente a Serena.

El cubículo de cristal que encerraba la urna con las cenizas de Serena estaba totalmente limpio, y aun lado de éste, la foto de una sonriente mujer de cabellos miel los observaba.

Thiago adelantó unos pasos para pegar sobre el cristal un pequeño ramo de flores. Cerró los ojos y cuando los abrió, éstos estaban completamente empañados de lágrimas.

—Mamá… —susurró— ¡Mira! —sacó de su bolsillo su Pokédex y se la enseñó al portarretrato— ¡Al fin soy un entrenador Pokémon en busca de medallas! Estás orgullosa de mí, ¿verdad? —preguntó soltando las lágrimas que cayeron de sus ojos rodeándoles las mejillas— Mamá… el Fennekin que tuvo tu Delphox evolucionó ya a Braixen… ¡Si lo hubieras visto pelear contra el teniente Surge y contra Erika! Se lució de una manera fantástica… Se nota que es hijo de tu Pokémon… Es fantástico… —exclamó sonriendo.

Ash simplemente lo observó conversar con su madre, en su mente y en su corazón un remolino de sentimientos luchaban contra él, quería permanecer fuerte pero no podía si veía a su hijo de esa forma, avanzó hacia él y lo abrazó rodeándolo con el brazo derecho.

—¡Papá! —exclamó apoyándose contra él— ¿Verdad qué mamá está orgullosa de mí y en lo que me convertí?

—Por supuesto —le dio un beso en la cabeza y lo abrazó con más fuerza—, ambos estamos muy orgullosos de ti, hijo… y lo estaremos siempre.

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Thiago siguió entrenando con Meyer para ir tras sus tres medallas faltantes en cuanto llegara a Kanto una vez más, las medallas Tierra, Volcán y Alma aún esperaban por él. Ash mientras tanto parecía muy perdido entre sus pensamientos y Bonnie lo observaba bastante triste, sin saber en qué poder ayudarle. Hasta que se le ocurrió una idea y corrió hacia el interior del gimnasio para usar el teléfono.

Cuando el día del aniversario del fallecimiento de Serena llegó, Grace pidió permiso para llevase a Thiago a pueblo Vaniville para hacerle el ritual anual para que su alma descansara otro año en paz, Ash no estaba muy contento con aquello, aún tenía mucha aprensión contra la señora, pero era la abuela de Thiago y no podía hacer nada contra ello. Tras dar permiso, aprovechó aquella ocasión para ir él solo a enfrentar a Serena hasta su lugar de descanso. A decirle todo eso que apretaba su pecho, aquello que no podía ni decir ni reclamar cerca de su hijo.

Cuando se detuvo frente al lugar donde estaban los restos de la madre de su hijo, apretó los puños con fuerza hasta que éstos se pusieron rojos.

—¿Por qué Serena? —dijo, bajando la mirada— ¿Por qué no fuiste capaz de confiar en mí, si tanto me amabas? ¿Por qué no me dijiste que ibas a morir? —volvió a mirar la urna— Había tantas cosas que pudimos haber hecho. Pudimos haber compartido más, pude haber sido participe del embarazo de Thiago, acompañarte y no haber peleado contigo tanto como lo hicimos… Es que… ¿Qué clase de amor tenías por mí? ¿Eh? Interrumpiste mi vida, truncaste mis sueños y anhelos por un hijo del cual me dejaste toda la responsabilidad a mí… Amo a Thiago, no concibo mi vida sin él pero… ¿por qué hacernos esto a los dos? ¿Por qué tuviste que jugar con nuestras vidas si ibas a dejarnos así? —se acercó un poco más y golpeó con su puño el borde del cubículo haciendo temblar un poco el vidrio que lo protegía— Encuentro injusto que te hayas ido, dejándome con tantas preguntas y sin ninguna respuesta… —volvió a golpear el vidrio una vez más, soltando las lágrimas que habían formado un nudo en su garganta— Y lo peor es que aunque sienta rabia, no puedo odiar… —trató inútilmente de secar sus mejillas con el revés de su mano derecha—, ¿Cómo odiarte si eres la madre de mi hijo? No quiero tener ningún tipo de mal pensamiento con respecto a ti cuando Thiago me pregunte cosas, no quiero hablar ni desde el rencor ni desde el odio… Por eso he decidido que a partir de ahora —volvió a secarse el rostro esta vez con éxito— voy a vivir mi vida como se me plazca, sin remordimientos, sin ataduras y sin miedos —retrocedió un paso e hizo una reverencia— Puedes descansar en paz Serena, porque no gastaré mis fuerzas en odiarte, sino en vivir por mí y por nuestro hijo.

Giró en su lugar, y salió de ahí con la mirada baja hasta que chocó con una persona botándole el ramo de flores que traía en las manos.

—Yo lo siento —se disculpó, agachándose para recoger las flores pero cuando volvió a pararse con éstas en la mano, la otra persona solamente lo abrazó— ¿Eh?

—Ash… —susurró, en eso Ash se dio cuenta que ella conocía a la persona con la que se encontraba, se percató de la presencia y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Mamá? —dijo cuándo ésta cortó el abrazo y pudieron verse a los ojos, aquel café claro tan igual al suyo, brilló por el encuentro— ¡Mamá! —exclamó volviéndola a abrazar soltando infinitas lágrimas.

—¡Hijo mío! —abrazándolo sonrió un tanto melancólica— ¡Te extrañe tanto, hijo mío!