Capitulo Veintidós


Levante mi vista de la pantalla de mi móvil tras escuchar las carcajadas de Charlotte junto a Rachel al otro lado del jet privado que nos llevara a un destino incierto para ellas pero muy claro para mí. A la hora de hacer posible los sueños de la mujer que quiero y tengo a mi lado, las opciones se reducen a solo una. Todas sabemos que iremos a Nueva York, pero Rachel aun no es consciente que la llevare donde su corazón pertenece, donde sus sueños se volverán realidad. Broadway espera por ella. Por lo que podía ver, Rachel intentaba cerrar sus ojos y no horrorizarse por tener a Charlotte encima pintándole la cara con sus cosméticos.

— ¡Cielo! Me has pintado los dientes — ambas ríen mientras Rachel se quita lápiz labial rojo de su dentadura.

— Pero si tú quieres comértelo.

Observo a Rachel por un momento más y decido seguir con mis actividades revisando algunas cosas que quedaron pendientes en Lima. Fue buena idea traer a Charlotte con nosotras pero no puedo evitar sentirme celosa y querer tener toda la atención de Rachel en mí, deseaba tenerla solo para mí. Nos habíamos demorado un poco más en nuestra partida pero tras dos horas de paciencia llame a Simmons comentándole mi decisión y obteniendo este vuelo privado para trasladarnos. Sonrío levemente al recordar la cara de Rachel tras enterarse que viajaríamos en uno de estos bichos gigantes y la curiosidad de Charlotte por subirle al enorme pájaro, según ella.

— Señorita Fabray, ya tiene permitido hacer su llamada.

— Gracias — le respondo a la azafata. Rachel nos observa en silencio queriendo pasar desapercibida.

— ¿Necesita algo más?

Niego con mi cabeza — No, gracias.

— ¿Algo para beber?

Suspiro sin perder la paciencia — No.

— ¿El ambiente está bien para usted? Puede colocarse la manta que se encuentra a su lado — Veo como pasa la mitad de su cuerpo por mi asiento con intensiones de tomar la manta que descansa correctamente doblada a mi lado color verde. Puedo ver como Rachel frunce su ceño removiéndose en su asiento.

— Seré breve contigo — Digo tomándola del brazo para que se aparte y deje de rozar su cuerpo contra el mío intencionalmente — No coquetees conmigo tengo novia que, justamente, está mirando hacia aquí.

— Señorita Fabray… — La interrumpo.

— Ahora has tu trabajo en lugar de querer ligar conmigo. Atiende a las dos mujeres que me acompañan. Yo no quiero ni necesito nada.

— Muy bien señorita Fabray, y disculpe mi atrevimiento.

— Solo has tu trabajo.

Rápidamente deposito mi atención en el móvil y marco el número de Simmons.

— Fabray…

— Simmons…

— ¿Qué puedo hacer por ti?

— Créeme que lo haría yo pero ahora mismo lo necesito de urgencia y no puedo pasarme estos días atendiendo este tipo de cosas.

— Dime.

— Necesito toda la información que puedas darme sobre Charlotte.

— ¿La niña que viaja con ustedes? — Me pregunta a la vez que Rachel abandona su asiento para venir hacia aquí.

— Así es. Todo. Llámame cuando tengas algo. Adiós.

— ¿Con quién hablabas? — Siento su voz cuando agacho mi mirada para leer algunos mails en mi dispositivo.

— Con Samuel — le resto importancia — ¿Te sientes bien? — le pregunto dejando mi móvil a un lado.

— Si, pero quería hablar algo contigo. — Veo como se remueve en su lugar nerviosa mordiendo su labio inferior. Le tiendo mi mano y ella me mira por unos momentos sin saber qué hacer, puedo oír desde aquí su debate interno. Sin más la jalo de un tirón para que tome asiento sobre mis piernas, como me gusta.

— Soy toda oídos. — Digo luego de echarle un vistazo a Charlotte que tambalea su cabeza intentando poner resistencia al sueño que arrasa con su pequeño cuerpo.

— Quería saber cuánto tiempo te llevara todo esto… ya sabes, tus negocios.

Levanto mis cejas — ¿Aun no hemos llegado y ya quieres volverte? — La acomodo más cerca de mi cuerpo aferrando mi mano en una de sus piernas. Comienza a excitarse, puedo sentir el calor que emana su cuerpo.

— No, no… claro que no. — Aclara su garganta nerviosa al sentir como mi mano comienza a bajar y subir por su pierna. Disfruto ponerla así.

— ¿Entonces?

— Tengo dos hijos y ellos requieren de mi atención.

Sonrío. — Todo eso ya está solucionado, Rachel. El fin de semana estarás con ellos para su cumpleaños.

— ¿Tú… sabias… bueno, es decir — Balbucea nerviosa tomando mi mano para poder concentrarse en lo que tiene para decirme — ¿Cómo lo sabías?

— Bueno, digamos que escucho cuando tú me cuentas algo y… — Con mi mano derecha corro los rizos que caen por su hombro dejando expuesto su cuello — siempre averiguo todo respecto lo que me interesa. — Beso su cuello y siento como suspira — Tu me interesas, Rachel. Mucho. — Beso su oreja.

Ella solo se limita a mirarme cuando me separo al no recibir respuesta alguna, de todas maneras no debería sorprenderse por lo que acabo de decir. Ella sabe perfectamente que necesito tener todo controlado y que nunca paso por alto nada.

Sonrío sintiéndome excitada y a la vez vulnerable por la mujer que tengo sentada en mis piernas. Ella con un solo chasquido de dedos me tiene a sus pies sin esfuerzo alguno. ¿Por qué aun me sigue ocultando cosas?. Teniendo en cuentas los contactos que dispongo podría haber sido más curiosa e indagar mas sobre su pasado, pero decidí dejarlo en paz y esperar a que ella comenzara a contarme sus cosas. No puedo pedir mucho, pero si lo suficiente para yo también poder confiar en ella. Dar y recibir.

— ¿Sabes algo de fotografía? — Le pregunto para cambiar de tema — Quisiera poder sacar varias estando en Nueva York.

— No lo creo, no más de lo que sabe una persona que no ha tomado cursos y que solo saca fotos en el cumpleaños de sus hijos.

— Bueno, algo es algo. ¿Has traído alguna? — Niega con su cabeza — Estamos solo a unas horas de la ciudad de tus sueños y ¿no has traído cámara? ¿En que estabas pensando?

— En mi defensa… — No dejo que continué con su frase. La beso dejando la vida en ello. Siento como rápidamente me responde pasando sus brazos por mi cuello y yo me aferro a sus piernas y parte de su cintura para acercarla aun mas a mi cuerpo.

— No es justo… — susurra en mis labios.

— No lo es. — le respondo.

— Quiero que vayas conmigo — dice logrando que frunza el ceño — Quiero que conozcas a mis hijos. — Lame sus labios probando los restos míos que han quedado. Su mirada me transmite nerviosismo y anhelo de aprobación.

— Pensé que nunca ibas a pedírmelo. — Beso sus labios sonrientes — Te has tardado.

— Oh Quinn… — suspira aferrándose nuevamente a mis labios. Sé que con un simple Oh Quinn ha dejado en claro que estamos en la misma sintonía respecto a los sentimientos. No dejare que nadie me separe de esta mujer así tenga que matar por ello.

— Eres mía Rachel — Deslizo mi mano izquierda por su pierna hasta llegar a su sexo. La siento húmeda y caliente, puedo escuchar como gime en mi oído con un simple roce y se aferra aun mas a mi cuello.

— Si, si lo soy. Completamente.

La he deseado desde el primer momento en que la vi detrás de la barra de Bora Bora. He deseado tocarla hasta quemarme y consumirme en ella, llenándola y haciéndola mía por el resto de mi existencia.
Se remueve en mis piernas buscando más fricción aun vestida con jeans y su camisa blanca. Abandono su intimidad recibiendo un gruñido de su parte, comienzo a trazar con mi dedo índice una línea que sube directo por su vientre, debajo de su camisa, hasta sus pechos apretándolos por encima de su brassier.

— Oh Quinn, quiero hacerlo. Hazme el amor de una maldita vez.

— No se apresure si quiere que las cosas salgan bien. La paciencia es la base de todo éxito. — Digo recibiendo otro gruñido de frustración. — Quiero que te duela tanto el estar excitada que supliques para que te toque.

Veo como traga saliva — Créeme si te digo que mi cuerpo te pide a gritos.

— ¿Si? — Veo como asiente con su cabeza mientras comienzo a desabotonar uno por uno los botones de su camisa para luego bajar hasta el cinto color marrón que combina a la perfección con su atuendo.

— Quinn… — susurra extasiada.

— Shh, no hables. — son las últimas palabras que ambas nos limitamos a intercambiar antes de cargarla hasta el toilette y hacerla mía en lo que resta del vuelo.


Aun no puedo lograr pestañar en lo que va desde que pidieron colocarnos los cintos de seguridad en el avión para aterrizar hasta caminar hacia las puertas del aeropuerto. Esto es increíble, ¿Increíble? ¡Estupendo, magnifico! Aun no puedo creer que esté tocando con mis pies el suelo de Nueva York. ¡Mi sueño!

De más esta decir que a mitad de camino en el aeropuerto ya esperaban por nosotras dos hombres muy bien vestidos, de punta en blanco. No hizo falta un cartel con el apellido de Quinn, y comienzo hacerme una idea el poder que tiene sobre sus hombros. La reconocieron rápidamente sin dejar que cargue un solo bolso.

— Señorita Fabray, bienvenida a Nueva York. — hablo unos de los hombres, el más fornido y mayor de edad. Por cómo va vestido parece el chofer que nos llevara hasta el hotel, no es que tenga cara de ser el conductor designado pero, la gorra que lleva puesta no deja mucho a la imaginación.

Quinn por su parte solo se limita asentir y verificar con su mirada que nosotras vamos detrás de ella sin perderle el paso.

— ¿Qué hay del tiempo? — pregunta Quinn colocándose sus lentes de sol. Frunzo mi ceño mientras caminamos, aun no ha amanecido teniendo en cuenta que hemos viajado en avión y salimos en la noche. ¿El tiempo?

— En estado de alerta pero nada que no pueda controlarse, señorita Fabray.

— Muy bien. En la tarde no podre estar disponible, lo cual… — detiene un poco si andar para tomarme de la mano y hacer las presentaciones correspondientes — Te harás cargo de que la señorita Berry obtenga todo lo que pide.

— Pensé y estarías con nosotras todo el día. — No puedo evitar que mi tono salga algo nostálgico.

— Lo siento si has pensado eso, pero recuerda que he venido por temas de negocios. Disfrutaremos los días aquí, pero también atenderé ciertos asuntos. Rick llévanos directamente al hotel — Zanja completamente el tema — Ellas necesitan descansar y yo hacer unas llamadas.

El hombre asiente y se adelanta hasta llegar a un Roll Royce color champagne. Es realmente hermoso y ahora entiendo la fijación de Quinn con ellos.

— ¿No dormirás con nosotras? — Pregunto una vez que nos montamos en el coche.

— Por supuesto, pero antes debo hacer unas llamadas. Estaré en la sala.

— ¿Sala? — Ella asiente — Quinn es tarde para trabajar sin contar que debes descansar por el viaje y el día que hemos tenido en Lima. Quédate en la habitación, duerme un poco y luego si es un asunto tan importante, baja a la sala hacer tus llamadas.

— Agradezco que te preocupes por mi sueño, pero no bajare a ningún lado. Me quedare en la habitación todo el tiempo.

— Bueno, entonces asumo que no iremos a un hotel con simples habitaciones ¿no?

— Asumes bien. Te encantara. — Sin más deposita un beso en mis labios y pierde su atención en el móvil.

Observo a Quinn en silencio mientras ella teclea con afán sobre la pantalla de su IPhone. Muchas veces me he preguntado cuál es la necesidad de darle tanta atención al celular, solo me atreví a preguntárselo una sola vez y ella solo respondió que iba mas allá de querer o no hacer uso de ese dispositivo pero que necesitaba hacerlo para mantenerse informada sobre lo que pasaba a su alrededor. No dije mas nada frente a eso, soy consciente que ella tiene un gran peso sobre sus hombros al igual que la cantidad de empleados que tiene en su cargo, supongo que mantener un bar no es cosa fácil, pero aun así me molesta soberanamente que utilice el dispositivo cuando estamos juntas, olvidándose del mundo y del poco tiempo que podemos pasar a solas.

¿Qué tiene allí que es tan importante?

¿Con quién se escribe tanto?

Ya basta, Rachel. Te ha traído a Nueva York. Detente ahí. Le hago caso a mi subconsciente. Ella nos ha traído hasta aquí, a la ciudad donde quisiera que mis sueños postergados se volvieran realidad. Cierro unos segundos mis ojos y me pregunto qué sería de mi vida si no hubiese asistido a esa fiesta, si no me hubiese quedado embaraza teniendo que renunciar a mis sueños. ¿Estaría aquí? Pues no lo sé, pero sin lugar a dudas estaría haciendo lo que tanto me gusta. Actuar y cantar. No reniego de mi paso, en absoluto, las decisiones que he tomado me han traído gratas sorpresas como mis dos adorables hijos, mis mellizos. Sonrío y pienso que el campamento los debe traer algo entusiasmados, no tanto para Charlie, a quien le cuesta un poco mas socializar y darse la mano con el tema de la naturaleza, pero sé que en momentos así, su hermana Emma deja de lado sus peleas absurdas y no abandona a su otra mitad. Los papeles se han invertido un poco teniendo en cuenta que por lo general, el hombre protege a la mujer, pero Charlie, mi Charlie siempre ha sido un niño dulce, gentil e inocente, sumamente inocente, por momentos me hace pensar que se llevaría de maravillas con Brittany y Emma con Santana, por supuesto. ¿Qué será de la vida de ellas? ¿Aun seguirán en el bar? Tengo prohibido volver a pisar aquel lugar pero tampoco tengo sus números telefónicos, quizá cuando regrese del campamento le pida a Quinn que haga contacto entre nosotras.

Siento como el coche detiene su andar y abro los ojos rápidamente, Quinn sigue con su cabeza agacha como era de esperarse y por unos segundos me lamento no haber estado atenta en el camino para conocer un poco más sobre Manhattan.

— Hemos llegado, señorita Fabray.

— Bien. — responde sin darle mucha importancia. — Encárgate de nuestras cosas. — El chofer asiente y rápidamente se baja para abrirme la puerta antes de hacerlo con Quinn.

— Gracias. — Susurro lo suficientemente alto como para que me escuche.

— Es un placer, señorita Berry. — Esboza una sonrisa y me indica el camino que debo seguir antes de ocuparse en nuestras maletas.

— Rachel, ven aquí. — Dice Quinn ya esperándome en la puerta del hotel. Abro levemente mi boca al leer las enormes letras de "Four Seasons", me siento como la gente de campo, sin ofender, que va por primera vez a la ciudad y se encuentra rodeada de tanto lujo.

Camino hasta llegar a ella con Charlotte en brazos. Quinn rápidamente la toma haciéndose cargo de ella y hace las presentaciones correspondientes.

— Ty Warner, mucho gusto. — El hombre me tiende su mano.

— Rachel Berry, es un placer conocerlo. — Respondo.

— Él es el dueño de este hotel, Rachel. — Dice Quinn dejándome asombrada por semejante información. Jamás pensé que el dueño de Four Seasons estaría estrechando su mano con la mía, una simple camarera de Lima, Ohio. Mi estado cambia en un abrir y cerrar de ojos, los nervios comienzan a invadir mi cuerpo.

— Es un placer volver a verte, Quinn — Habla tras mi mutismo. Hace un gesto con su mano indicándonos el camino para adentrarnos de una buena vez. — ¿Quién es esta adorable niña? — La sencillez en él me sorprende teniendo en cuenta el dinero que debe salir de sus bolsillos.

— Una sobrina. — Responde mirándome por el rabillo de su ojo.

— Pensé que eras hija única. — Dice llegando hasta un mostrador de mármol donde los empleados hacen silencio y uno de ellos hace entrega de un papel que comienza a firmar sin leer. ¿Hija única? ¿Qué hay con Charlie? Quizá aun no lo conoce, ¿Qué estupidez es esa Rachel? Claro que lo conoce, aquí pasa algo más.

— Es por parte de Samuel.

— Oh, qué bien. Mucho tiempo sin verlo. — Dice luego de recibir una tarjeta. — ¿Charlie? ¿Qué ha pasado que no ha venido contigo?

— Se ha tomado unos días de vacaciones. — Quinn simula una sonrisa, pero sé que solo lo hace por cortesía.

— Muy bien. No las demorare más. Aquí tienen. — Me hace entrega a mí de la tarjeta y llama rápidamente a uno de sus empleados. — Tú estarás a disposición de la señorita en lo que resta de estos días, lo que ella pida tú se lo darás. — el amable joven asiente con una sonrisa. — Nos vemos en la tarde, Quinn. — Ella asiente — Disfrute de mi hotel, señorita Berry. — Deja un apretón en mi hombro y desaparece seguido por dos hombres más.

— Le has caído bastante bien, era de esperarse.

— ¿Por qué lo dices? — pregunto luego de recibir las indicaciones del muchacho que nos llevara hasta nuestra habitación.

— Porque ha querido conocerte en persona luego de avisarle que estaba aquí con una acompañante. Creo que aun no tienes idea con quien has estrechado la mano, Rachel.

Sus palabras me dejan muda. Claro que se quien es, pero supongo que hace referencia al poder económico que tiene y lo poderoso que parece ser. Eso me lleva a solo una pregunta que siempre he querido hacer en voz alta pero jamás me he atrevido. ¿A qué se dedica Quinn exactamente? No creo que por tener un simple bar en Bluffton ya puedas codearte con Ty Warner.

— Es un placer para nosotros volver a tener su presencia aquí, Señorita Fabray. — Comenta el empleado algo nervioso. Recuerdo lo que generaba en mi las primeras veces que conocí a Quinn, controladora, poderosa e intocable… pero con el pasar de los días, he podido lidiar con ello, lo cual entiendo el nerviosismo del chico tras dirigirse a ella.

Ella solo asiente y acomoda el abrigo en la espalda de Charlotte que aún permanece ajena a todo lo que nos rodea. Las puertas del lujoso elevador se abren y nos da paso a la maravillosa habitación que parece más grande que mi casa y, por lo que veo, entiendo que es una especie de PentHouse.

— Disfruten de su estadía. — Dice el muchacho y me encargo de regalarle una sonrisa por no creer lo que estoy viviendo.

Quinn ha desaparecido con Charlotte, supongo que ha ido hasta la habitación. No lo dudo un segundo, camino hasta la mesa de vidrio que hay frente a mí con un hermoso adorno de rosas blancas en su centro, dejando de fondo una majestuosa vista sobre Manhattan. Tengo una panorámica increíble de esta ciudad y como los autos ya comienzan con su rutina semanal dejando las calles tintadas en un tono amarillo por los techos de los taxis. El cielo se muestra detrás de los potentes edificios en un color rosado casi rojizo tirando a un azul profundo.

— ¿Te gusta lo que ves? — Siento el aliento de Quinn en mi cuello mientras se aferra a mi cintura tomándome detrás.

— Esto es… — suspiro apoyando mi frente en el frio vidrio que abarca de piso a techo. — Es mucho, Quinn. — Me giro en mi lugar y la observo por unos minutos. Quiero a esta mujer con locura. — Gracias… por todo.

— Shh… — pasa su dedo pulgar por mis labios para luego apartar un mechón de mi pelo y colocarlo detrás de mi oreja — Por ti haría esto y mucho mas. — une su frente con la mía — Voy a besarte ahora mismo y hacerte el amor. Quiero tener tu olor el resto del día antes de marcharme. — Siento su mano en mi nuca antes de poder refutar su maravillosa idea.

En cuestión de minutos explorando su boca cambiamos de posición, mis pies ya no sienten la suave alfombra tras sacarme los zapatos, sino parte de su trasero en mis talones tras enrollarme en su cintura apoyando mi espalda en el vidrio. Nuestros cuerpos han permanecido el tiempo suficiente separados ahora reclamando las horas perdidas y Quinn aun sigue inclinada hacia mí con sus labios apretando los míos con devoción. Es sorprendente como con un simple beso puedo notar la suavidad con la que me trata y la firmeza de sus actos.

Nuestros labios se separan levemente pero sin hacer desaparecer el contacto entre ellos y me oigo gemir tras sentir el leve empujón que Quinn da con su pierna en mi intimidad.

Es una maldita genio besando, creo que a lo había dejado en claro. Se con exactitud que con un simple beso suyo podría llegar al clímax rápidamente.

Ella deja escapar un gruñido por sentir sus brazos temblar tras soportar mi cuerpo sobre el suyo lo cual me hace cambiar de posición volviendo a como me encontraba desde un inicio, ahora mi pecho se pega al frio vidrio y puedo sentir como su intimidad choca contra mi trasero y sus manos vuelven a recorrer mi abdomen posándose sobre mi piercing.

Permanecemos así varios minutos, frotando solo nuestros cuerpos y dejando que Quinn desabotone lentamente mi ropa. Tengo el jean abierto pero aun sigue vistiéndome al completo, pero eso no le es impedimento para colar su mano y tocar mi intimidad.

— Mierda, Rachel. — gime en mi oído.

Sus dedos comienza a juguetear con mi intimidad provocándome una ola insaciable de placer en todo mi cuerpo, puedo sentir como se avecina el momento crucial… estoy a punto de, solo un poco mas y…

Sus dedos se apartan rápidamente y sus manos abandonan mi cuerpo. Abro mis ojos con la esperanza que su tacto siga latente unos segundos más contra mi piel. Pero entonces mi espera se alarga y puedo oír el sonido de su móvil vibrar contra el vidrio de la mesa que hemos dejado atrás. Me suelta sin pensárselo dos veces y corre hasta el tomándolo en sus manos nerviosa y asegurándome que yo sigo aun en mi lugar esperando por ella. En tus sueños, ¡Maldición!

Me siento furiosa y excitada, pero más furiosa aun por desearla y ser capaz de dejar este momento apartado si solo decide rechazar la llamada. Pero ella no lo hace, desliza su dedo por la pantalla y lo acerca hasta su oído.

— Simmons…

Pongo mis ojos en blanco y comienzo abotonar mi camisa bruscamente.

Maldito Movil.

Maldito Simmons

Maldita Quinn.

¡Que les den! Camino a paso seguro por la sala y comienzo a buscar la posible habitación en aquel enorme penthouse. Paso a un lado de ella dejándole en claro que su acción me ha molestado considerablemente, pero sola la escucho decir "Si, si. Lo entiendo", "¿Qué mas tienes?" y "¿Has hablado con Samuel?". Gruño por sentirme tan descartable y frustrada en esos momentos pero mi mal humor desaparece al ver como Charlotte se ha apoderado de la enorme cama. A penas puedo verla, ella solo permanece completamente dormida hundida en el suave y acolchonado edredón color crema.

Al diablo con Quinn. Camino sin hacer algún tipo de ruido y me acomodo lentamente a un lado de Charlotte, sintiendo como mis bragas me recuerdan el momento vivido hace apenas unos segundos atrás cuando rosa con mi sexo. Suspiro y beso su cabeza sintiendo el mismo olor que yo en su pelo. Sonrío pero rápidamente borro mi sonrisa al cruzarse por mi cabeza Quinn. Ella ha estado todo el trayecto hasta aquí pegada al cabello de Charlotte.

Intento relajarme y me aferro al pequeño cuerpo de la niña sintiendo como media adormecida se abraza a mi cintura y descansa su pequeña cabeza en mi brazo izquierdo. La rodeo con mi cuerpo creándole una especie de hogar, refugio e intento despejar mi mente para entregarme a los brazos de Morfeo a pesar de aun estar vestida, pero no quiero despertarla.

Puedo escuchar como Quinn ha elevado un poco más la voz pero no lo suficiente como para despertar a la niña, y por más que me muero de ganas por saber que pasa e ir a calmarla, decido quedarme aquí y hacerme la dormida cuando escucho que ha cortado la llamada y sus pasos se hacen más cercanos.

No cierro mis ojos del todo, solo lo suficiente como para que crea que duermo profundamente. Ella clava sus pies bajo el umbral y se detiene unos largos minutos a observarnos pasando reiteradas veces la mano por su nariz y boca, y hasta también su frente y para luego seguir con su pelo. ¿Qué sucede aquí? ¿Qué le han dicho en esa llamada que logro ponerla en ese estado?

La siento vacilar cuando se posiciona frente a la cama. Hace dos pasos hacia su derecha pero niega con su cabeza y rápidamente recorre los pasos que le faltan hasta llegar a mí por su izquierda. Siento como intenta no despertarme pero apoyando su pecho contra mi espalda lo suficiente como para sentir su calor. Cubre mi abdomen con su mano y el sudor de su palma se traspasa por mi blusa hasta tocar mi piel pero solo fue un toque, ella luego de unos segundos abarca también el pequeño cuerpo de Charlotte con su largo brazo. Abro mis ojos alarmada frunciendo mi ceño cuando su nariz se hunde en mi cabello y su frente se apoya en mi nuca.

No me dejes… — susurra con apenas un hilo de voz y suspiro, que, si estuviera dormida me hubiese sido imposible escucharla. — No ahora que las he encontrado.


Perdón por la demora. Mi mano, la universidad y mi historia real actual que necesito sacar de mi cabeza para escribirla me quitan bastante tiempo.

Intentare no demorarme mucho mas.

No me gusto como quedo el capi, lo siento si esperaban mas.


Glee y sus personajes no me pertenecen.