Capitulo Veintitrés


Cuando despierto me encuentro acostada con mi ropa interior puesta debajo de las sabanas. Me remuevo aun con mis ojos cerrados sin sentir aun los rayos de sol penetrar por las ventanas, supongo que todavía es de noche pero siento como si hubiese dormido un siglo. Mi cuerpo busca su calor, mi espalda busca su pecho pero no hay nada detrás de mí, no más que unas frías sabanas. Suspiro y me atrevo abrir mis ojos. Seguramente nos ha dejado en plena noche por algún asunto que hay en su móvil. Se me eriza la piel tan solo pensar todas las cosas que Quinn puede estar ocultándome. Abro mis ojos lentamente sintiendo el amargor en mi boca pero inmediatamente vuelvo a cerrarlos, hay restos de sueño aun recorriendo mi cuerpo y mis ojos solo acatan órdenes, pero un acto reflejo me lo impide frunciendo mi ceño algo dormida y sorprendida.

Quinn no se ha ido. Quinn no nos ha dejado.

Ella está del otro lado de la cama durmiendo abrazada a Charlotte. Sonrío sin creer lo que estoy viendo. ¿Cuándo se ha apartado de mí? La paz que ambas emiten es impresionante. Charlotte se aferra a los brazos de Quinn que permanece a sus espaldas, ambas con una sonrisa en sus labios. Si bien Charlotte tiene el pelo más oscuro que Quinn, como un castaño oscuro, ambas tienen rasgos similares. Si Charlotte tuviese los ojos claros, sin lugar a dudas seria una copia de ella. Su nariz respingada y sus labios finos.

Sonrío tras ver los dientes de Quinn al sonreírme.

— Hola — gesticulo con mis labios.

— Hola — me susurra de vuelta y Charlotte se remueve entre sus brazos. Me doy media vuelta para buscar mi móvil que se encuentra sobre la mesa de noche. Presiono uno de los botones laterales y la pantalla ilumina todo mi rostro, son pasadas las siete. Abro mis ojos asombrada. Quinn no debería de estar aun en la cama con nosotras.

Giro mi cuello y veo como aun con su mirada observa todos mis gestos, como si estuviese hipnotizada. Con mi mano derecha dejo visible mi móvil y muestro la hora, ella no parece importarle. Estira su mano, me quita el móvil y vuelve a entrelazar sus dedos con los míos.

— Hoy no habrá nada de esto. Solo nosotras. — susurra.

— ¿Qué hay con tu móvil?

— Solo nosotras. — vuelve a repetirme.

— ¿Mami? — pregunta Charlotte aun dormida sin abrir sus ojos.

— Aquí estoy, sigue durmiendo pequeña. — Quinn besa su cabeza y la acomoda entre nosotras rompiendo el poco espacio que me separaba de ellas. El hecho de que Quinn no se haya asustado frente a las palabras de la niña me llama poderosamente la atención.

— Quinn… — Intento hablar sobre el tema pero ella me interrumpe, seguramente siendo consciente lo que pasa por mi mente.

— Necesito una ducha con urgencia para despertar del todo. ¿Te unes? — Me sonríe y yo estoy perdida por completo. Asiento mordiéndome el labio. Ella me puede.


Luego de bañarnos y comenzar ambas el día de la mejor forma posible, dándonos amor, salí en busca de Charlotte para desayunar y prepararnos para el día que Quinn nos tenía preparado.

Charlotte no opuso resistencia, es fácil despertarla y su humor de recién levantada es de admirar, algo raro teniendo en cuenta que es una niña. Ambas nos cambiamos, ella quiso colocarse un vestido largo hasta sus tobillos color crema tras descubrir como Quinn le compro un armario completo de ropa, pero tuve que ponerme firme y pedirle que se abrigara un poco más teniendo en cuenta el clima, prometiéndole que le daría la oportunidad de lucirlo luego.

Nos vestimos ambas con un jean, unas botas largas y sweater que, para mi sorpresa, tenía un reno en su parte frontal. Me recuerda a mis años en el instituto.

No, dile que suba. Quiero ver como prepara el desayuno aquí. Ok. Adiós.

Escuchamos a Quinn hablando por teléfono.

— Buen día dormilona. — Saluda Quinn a Charlotte. — Ya he pedido el desayuno. — camina hasta nosotras y deja un beso en mis labios. Charlotte aun sigue agarrada a mi mano.

— ¿Qué has pedido? — pregunto caminando las tres hacia la sala. Como había visto la noche anterior, allí descansa una mesa de vidrio con unas hermosas sillas Luis XV en color blanco, permitiendo que desde tu asiento puedas apreciar Nueva York tras el enorme ventanal. Es un sueño.

— Nada. El cocinero subirá hacernos el desayuno aquí. — Responde acomodando a Charlotte a su izquierda. Ella tomó asiento en la cabecera, dejándome a mí al lado de la niña, no quiero perderme las vistas hacia afuera.

— ¿Aquí? — pregunto a la vez que la puerta suena.

Quinn se reclina hacia adelante, como si fuera a contarnos un secreto — No debes confiar en todos, Rachel. — Toca la nariz de Charlotte y vuelve a su posición. — ¡Adelante! — Grita tomando su móvil.

¿A qué se refiere con eso? Es un simple cocinero que preparara un simple desayuno ¿no?

— Señorita Fabray, señoritas… — La voz del joven vestido de blanco interrumpe mis pensamientos. — ¿Qué desean desayunar esta mañana?

— A mí lo de siempre. — Frunzo mi ceño ya que responde sin mirarlo, enfocando su atención en el móvil.

— ¿Señorita Berry?

Vaya, una noche aquí y ya saben de mi.

— Café un poco cargado y tostadas ¿Puede ser? — pido algo tímida. No me gusta que hagan las cosas por mí, pero dudo que Quinn acceda a que yo prepare el desayuno.

— Claro que sí. — Me responde dirigiendo su vista a la niña.

— ¿Qué quieres cielo? — Charlotte tímida se acerca a mí y me susurra sus gustos. La presencia de gente desconocida provoca que ella actué de esta manera, aun estoy conociendo su personalidad y me sorprende verla así teniendo en cuenta como ha sido conmigo y como se han dado las cosas.

— Ella tomara un poco de leche… — Charlotte me toca la pierna llamando mi atención — Ah… ¿tiene un poco de chocolate o cacao? Es para la leche…

— Por supuesto. ¿Algo más?

— Jugo de naranja para acompañar. Nada más.

— Muy bien, en unos minutos traeré su desayuno. Con su permiso. — Se despide educadamente y nos deja nuevamente a las tres solas en la sala.

— Quinn… — intento llamar su atención luego de unos minutos en silencio tras ver como el joven preparo la mesa.

— Hmmm… — responde sin siquiera mirarme. Suspiro.

— ¿Qué hay de tu móvil? El mío lo he dejado en la habitación.

Levanta su vista enfocándola en mí, frunciendo su ceño.

— He dicho que será un día sin móviles, lo sé. Pero aun no hemos dejado el hotel y tengo cosas que atender.

— Lleva tu móvil, no me importa… pero en la mesa, no lo uses. — Digo acomodando la servilleta en mi regazo y en el de Charlotte.

— ¿Disculpa?

— Lo que oyes. — aclaro mi garganta ante la presencia del cocinero dejando nuestro desayuno. Me remuevo incomoda por la mirada penetrante de Quinn sobre mí.

— ¿Desean algo más?

— No. — responde secamente Quinn.

— Estamos bien, muchas gracias. Todo esto se ve delicioso. — respondo tras ver la incomodidad del joven. — Puedes retirarte si quieres.

— Gracias. — me responde pero Quinn detiene su acción.

— Tú te irás solo si yo así lo quiero.

— Si, señorita Fabray. — Asiente con su cabeza y yo frunzo mi ceño — Estaré en la cocina si me necesitan. Con permiso.

— ¿Por qué te comportas así con él? — pregunto untando mantequilla en la tostada para Charlotte.

— Sabe perfectamente que mis órdenes son las que se siguen.

— Quinn, deja de usar el móvil en la mesa.

— No soy una cría para que me estés diciendo esas cosas.

— Pues no te comportes como una, entonces.

— Rachel… — suspira — Tengo asuntos importantes que atender aquí.

— Y yo también los tengo en mi móvil, como mis hijos — Apunto hacia la habitación donde lo he dejado — ¿Pero me ves pegada a el en la mesa?

Suspira buscando paciencia — Rachel…

— No. — La interrumpo — Dejaras el móvil a un lado, desayunaras con nosotras y luego haz lo que quieras con el, no es mi tema. Pero en la mesa, no. — Me pongo firme frente a la situación.

— De acuerdo. — deja caer el móvil sobre la mesa de mala gana y este golpea en seco contra el vidrio.

— ¿Puedes prepararme otra tostada, Rach?

— Claro, cielo. — La interrupción de la niña acaba con nuestra discusión desayunando en silencio las tres.


La mañana pasó sin ninguna alteración más. Abandonamos el hotel luego de dos horas donde Quinn tuvo que juntarse hablar con el dueño del hotel para arreglar unos temas pendientes, como todos los que tiene Quinn. Pero nada puedo hacer, ni siquiera enfadarme, ella ha venido aquí con el propósito de revisar sus temas con los negocios, según lo que me ha dicho, y está en su pleno derecho de hacerlo, después de todo yo he venido acompañarla.

Ahora mismo nos dirigimos hacia un restaurante a pie, con Charlotte le hemos rogado que por favor nos permitiera aquello. Disfrutaríamos más del paseo y nos detendríamos unos minutos en el gigante Central Park. Me siento como una neoyorquina más.

— Mira Rach… patos. — Señaló eufórica con su pequeño dedito hacia el estanque que descansaba frente a nosotras. Sin más corrió hasta llegar a la orilla y poder arrodillarse frente a ellos. No estaba muy alejada de nosotras, sin embargo fui detrás de sus pasos para vigilarla más de cerca.

— Lo siento ¿de acuerdo? — Su voz se cuela por mi cuello.

— ¿Lo sientes? ¿Por qué? — pregunto aferrándome a sus manos que descansan en mi vientre.

— Por la estúpida discusión sobre el móvil — besa mi mejilla — Hemos discutido frente a la niña y eso no me gusta.

— Esta bien, supongo que yo también debo de pedir disculpas por mi comportamiento. Pero ya sabes que…

— Usar el móvil en la mesa es de mala educación. — completa mi frase.

— Quinn… — me giro en mi lugar sin romper mi unión con ella — Quiero que conozcas a mis hijos.

Abre sus ojos. — Bien… — murmura apretando su mandíbula.

— No bromeaba cuando lo dije antes.

— Claro… si. — asiente algo nerviosa.

— ¿Quieres avanzar conmigo o esto es solo un juego para ti?

— Lo quiero — besa mis labios — Quiero avanzar. Solo pensé que conocer a tus hijos había sido un pensamiento del momento.

— Quiero que los conozcas, y no puedes mostrarte así con ellos.

Frunce su ceño — ¿A qué te refieres?

— Que ahora debo ser madre y padre a la vez, y digamos que la relación con Emma es algo conflictiva. Ella no me hace caso en nada, y si tú usas el móvil en la mesa estando yo en ella, imitara tu acción.

— Rachel, solo es un móvil.

— No. — Niego con mi cabeza — Es un momento que se comparte en familia y debe respetarse como tal.

— Eres algo dura ¿sabes? Pero si eso te molesta, no lo usare más en la mesa ¿de acuerdo?

— Brody no está, y aun no sé cómo voy a lidiar con Emma. Ella solo le hace caso a él. — Me arrepiento en el momento en que las palabras salen de mi boca. Nunca he tocado el tema de Brody con Quinn.

— Sabrás manejar la situación. — besa mi frente y por unos minutos nos quedamos en silencio viendo como Charlotte ríe emocionada por ver los patos en el estanque.

— ¿Puedo saber que hay tan importante en tu móvil?

— Nada, solo negocios. ¿Ya ves como si puedo estar sin el todo el día?

— Veo — beso sus labios — ¿Qué hay con Simmons?

Tensa sus brazos alrededor de mi cuerpo — ¿Qué hay con él? — me pregunta frunciendo su ceño

— N-na…nada — balbuceo por su cambio de actitud — Es solo que anoche atendiste su llamada cuando estábamos en medio de algo. ¿Ha pasado algo?

— Te recompensare por ello, lo siento — comienza a dejar un camino de besos partiendo desde mi cuello hasta mi mandíbula, acercándose a la comisura de mis labios, zanjando el tema completamente.

— Quinn, no podemos. La niña… — Intento poner resistencia, pero en verdad es algo complicado de hacer teniendo en cuenta que muero de ganas por volver a sentir la piel de Quinn contra mi cuerpo.

— Rachel, no pongas excusas. — Besa mi nariz — Esta noche no te salvaras.

— ¿Qué hay si no quiero salvarme? — coloco mis manos heladas bajo su sweater provocando que su piel se erice.

— ¿Me está provocando, señorita Berry? — Sonríe juguetonamente.

— Tal vez lo esté haciendo. — Levanto mis cejas

— Pues, si no quieres que responda aquí, frente a toda esta gente y a la niña, será mejor que no lo hagas. — Me aprieta aun más contra su cuerpo.

Me acerco a sus labios y susurro — Solo diré que... — El sonido del móvil nos interrumpe.

— No te atrevas. — me sostiene sabiendo que es el mío.

— Quinn, pueden ser mis hijos o mi madre. Debo atenderlo.

— Yo he rechazado la llamada de un cliente importante, Rachel.

— ¿Comparas un cliente con mis hijos? No creo que tengas idea que significa la responsabilidad de un hijo. — Me suelta inmediatamente a la vez que el móvil deja de sonar. — Lo siento, no quise decirlo de esa forma. Quinn…

— No te preocupes, atiende la llamada.

— No me están llamando. Mírame por favor, en verdad lo siento. — Sigo sus pasos hacia el estanque.

— Si es tan importante, como tus hijos, te volverán a llamar.

— No, Quinn. Espera, sabes que no quise…

Me interrumpe — ¡Ya déjalo, Rachel! — Pasa su mano por su cabello y suspira. Intento volver a decir algo pero la melodía vuelve a interrumpirme.

Sin demorarme, sabiendo que no podre solucionar ahora mismo el tema de Quinn, lo saco de mi bolsillo y frunzo mi ceño al ver número desconocido en la pantalla.

¿Diga?

¡Rachel! Soy Santana… — habla con su voz agitada.

¿San? ¿Santana? — pregunto sin entender el porqué de su llamada. Quinn me mira rápidamente tras nombrarla.

Si, si. ¿Dónde estás, Rachel? Debes irte de tu casa, ahora mismo.

¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucede? — pregunto alarmada siendo consciente que Santana está acompañada por alguien mas ya que puedo oír los susurros.

Debes irte de tu casa, es Julia... — Me susurra y es lo último que escucho. La comunicación se corta.


Super corto, lo se. Estoy algo estancada.

A un paso de descubrirse todo...

Próximamente... "Amor a segunda vista" /watch?v=GSCwAqM0MOs


Glee y sus personajes no me pertenecen.