Capitulo Veinticuatro.
— Era Santana advirtiéndole sobre Julia. ¿Qué demonios significa eso? —exclamo furiosa por teléfono.
Ya nos hemos ido del parque con Rachel asustada sin comprender lo que sucede a su alrededor y con una Charlotte lloriqueando por querer pasar mas tiempo en el estanque. Hemos cenado en el mejor restaurante de Nueva York, y mas allá de las tormentosas preguntar sin cesar por parte de Rachel, he logrado que pase la mejor noche de su vida tras conocer en persona a Patti LuPone. Ella aun se encuentra dentro con la niña terminando su postre, yo por mi parte, he decidido averiguar que hay detrás de todo esto.
— Quinn debes calmarte.
— Se supone que deben cuidar de mí y de los que están a mi alrededor.
— Eso lo sé, pero…
— ¡No! — Grito y me doy cuenta de que estoy dando un espectáculo en la recepción del restaurante, lo cual no tardo en salir afuera. — ¿Qué pasaba si yo decidía viajar sola dejando a Rachel en Lima?
— ¿Usted cree que Julia se hubiese atrevido a ir contra Rachel sabiendo que puede perderla a usted, señorita Fabray?
— Demonios, Simmons. No me vengas con formalidades, Julia me tiene en la palma de su mano respecto a mis secretos. Ella puede hundirme en cuestión de segundos. Pierdo a Rachel, me quedare sin nada y me mataran. — Suspiro nerviosa, temblando por los nervios y el frio, pasando reiteradas veces la mano por mi cabello. Rápidamente saco un cigarrillo y lo enciendo como puedo. — ¿Eso quieres?— Vuelvo a subir la voz — Tenemos un puto trato aquí, si ustedes no cumplen yo tampoco lo hare.
— Hacemos lo que podemos, el trato sigue en pie. Si tú lo rompes acabaras muerta... todos ustedes lo estarán.
— Debes entender que ahora mismo me importa mas la vida de Rachel y la niña que la mía propia. Si a ellas les sucede algo, yo acabare con todo esto.
— No les sucederá nada, Quinn. Intenta calmarte ¿de acuerdo?. Haremos lo que acordamos esta tarde, luego de su llamada.
— Pero… ¿tú entiendes que no quiero perderla, cierto? No ahora que la encontré.
— Quinn, mas allá de este trato tenemos una amistad de años forjada. A ella no le sucederá nada. La cuidaremos, pero contigo no podemos fiarnos. Para ellos es una simple Carter, no saben siquiera que existe.
— Si, lo se… — Exhalo el humo que hay en mi boca y tiro la colilla en la vereda antes de pisarla. — Quiero hacerlo, en verdad lo deseo… pero, no sé si querrá.
— Bueno, eso debes decidirlo tú.
— Como amigo, dime algo como amigo… necesito tú consejo.
— ¿La quieres?
— Por supuesto.
— Entonces ve por ello… no dejes que Julia gane, no permitas que él vuelva a vencerte.
Suspiro nerviosa mirando hacia adentro a través de la ventana. Rachel permanece sentada en nuestra mesa ayudando a Charlotte a comer su postre mientras conversan y sonríen.
Harás lo correcto.
Por unos segundos ella levanta su vista claramente buscándome, mi mirada es tan intensa que ella me encuentra rápidamente manteniendo su vista en mi. Se que intenta descubrir que esta pasando aquí, porque he salido hablar por teléfono cuando he prometido que lo dejaría en el hotel. Le sonrió indicándolo que todo está bajo control, perfectamente… aunque sea mentira.
— No lo dejare. Hablamos en la mañana, habrá cambios en el plan acordado. Cuidate.
— Buena suerte, Quinn.
Cuelgo rápidamente y miro a mi alrededor. Sin lugar a dudas Rachel podría sobrevivir aquí sin problema alguno. Quisiera verla triunfar, pero las cosas se han escapado de tal manera de mis manos que no se si lograre presenciar aquello.
Niego con mi cabeza intentando alejar los malos pensamientos y rápidamente me acerco a la recepción para pedirla cuenta y pagarla en el momento.
— Ya esta pago todo.
— No es posible.
— El dueño nos ha informado que esta noche invita él, señorita Fabray.
La noticia me tomo por sorpresa — Oh, bueno. Muchísimas gracias. — Intento sonreírle al maître recordando mentalmente que debo llamar al dueño en la mañana para agradecerle y escuchar seguramente el favor que necesita de mi. Nada es gratis en esta vida.
— Reinas… — Digo a penas llego a la mesa. Han acabado con su postre.
— ¿Ha pasado algo? — Niego con mi cabeza y una enorme sonrisa. Ella parece creerme.
— ¿Desean algo más? — Rachel niega — ¿Tú, pequeña, quieres algo más?
— Tengo sueño — Hace un pequeño puchero y se baja de su silla encaminándose hacia mi. La tomo en brazos y le tiendo mi móvil a Rachel. Ella me mira con sus ojos doblemente abiertos por darle acceso al dispositivo personal.
— Marca el 9, pídele que venga por nosotras.
— De acuerdo.
Me dedico a observarla mientras los tonos en el móvil marcan su espera. Es preciosa, todo en ella es perfecto. Desde su labio partido inferior en el medio mostrando lo pulposo que es, hasta su elegante nariz, que para muchos es desproporcionada a su rostro, pero para mi es lo que marca su personalidad. Todos tenemos algo característico, en ella es su nariz…. Y bueno, sus hermosos ojos chocolates.
Estoy condenadamente enamorada.
— ¿Qué sucede?
— ¿Disculpa?
Ella comienza a reír — Te he dicho que en cinco minutos vendrá y pregunte si te sentías bien.
— Oh, sí. Perfectamente. — Estiro mi mano sobre la mesa sintiendo el peso de Charlotte dormida. Ella entiende mi gesto acercándose para enlazar nuestros dedos.
— Señorita Fabray, su coche ha llegado.
— Muchas gracias. — Dejo propina y me levanto de mi asiento con la niña entre mis brazos. No debería de mostrarme así, no teniendo en cuenta los problemas que puede traerme a futuro, pero me permito disfrutar de esta noche que sin lugar a dudas marcara un antes y un después.
Algunos conocidos en las mesas me observan con su ceño fruncido, pero al ver que Rachel va delante de mi supongo que creerán que la niña es de ella.
— ¿Dónde desean ir?
— Solo llévanos de vuelta al hotel, por favor.
Los siguientes minutos solo nos limitamos a mirarnos y por mi parte, besar su mano cada vez que tengo la oportunidad. Disfruto cuando sus ojos brillan.
— Esto es precioso, Quinn. Gracias. — Se acerca a mi y deja un beso en mis labios.
— Lo que sea por ti. — Acaricio su mejilla y se acurruca cerca de mi cuerpo, apoyando su cabeza en mi hombro. Nueva York está despertando, muchos aprovechan a salir para comer, ir a teatros o simplemente a bailar. Varios jóvenes gritan y ríen camino a su destino. Observo sobre mi hombro su rostro, quizás ella ahora mismo estaría allí fuera si las cosas se hubiesen dado de otra manera.
— ¿Te arrepientes? —Ella entiende perfectamente mi pregunta y niega sin emitir una sola palabra. — Quizás si las cosas fuesen diferentes no te hubiese conocido.
Levanta sus hombros — ¿Crees en el destino? — Se separa de mí y me mira a los ojos — ¿En las almas gemelas? ¿Crees que todos estamos destinados a estar con una persona en nuestras vidas?
— ¿Crees que tenemos más de una vida? — Asiente esperando mi respuesta — Si, creo. — Beso su nariz — Creo que tú eres mi alma gemela, y que si no lograba encontrarte en esta, sin dudas lo haría en la siguiente. ¿Tú qué dices? — Le sonrío.
— Sin dudas me encontrarías.
Luego de unos minutos, abandonamos el coche y subimos directamente a nuestra habitación. El cansancio en mi cuerpo es evidente pero los nervios no me dejan terminar de descansar. Rachel ya se ha terminado de duchar y aun falto yo, pero ninguna de las dos hemos querido dejar a la niña sola teniendo en cuenta que es mal dormida. He aprovechado para observar su pequeño rostro mientras descansa. Tiene toda una vida por delante y merece vivirla sin preocupaciones. Ha vivido cuatro años de su vida sin una madre. Lo merece todo.
— Ya esta listo el baño. Te he llenado la tina para que puedas relajarte.
Me levanto de la cama mientras ella se seca el cabello con la toalla.
— Muchas gracias, princesa. Pero iré unos minutos abajo.
— ¿Ahora? Pero estas cansada, Quinn. Necesitas descansar.
— ¿Pretendías descansar? — Me aferro a su cintura y me flexiono un poco mis rodillas para crearme un refugio en su pecho. La siento reír en silencio mientras me presiona contra su cuerpo con las manos en mi espalda.
— La niña… — me susurra
— Duerme — beso sus clavículas provocándole cosquillas.
— Quinn… — vuelve a susurrarme tras sentir como mis besos van en aumento y busco el borde de su toalla para alejarla de su cuerpo. — Aquí no.
— Lo siento — Muerdo mi labio inferior tras separarme — ¿Por qué me cuesta tanto separarme de ti? — Beso su frente — Debo irme ahora mismo al lobby.
— Pero…— señala el baño.
— Lo sé, lo siento. Volveré enseguida.
— ¿A qué vas? — sigue mis pasos hasta la entrada
— He olvidado recoger unos papeles en recepción. Son unos documentos importantes y he prometido bajar por ellos. Solo me tomara no más de diez minutos ¿de acuerdo?
— De acuerdo. — Asiente e intento dejarle un beso en los labios pero terminan en su mejilla tras correr su cara. Una parte de mi pide que corrija su actitud por hacerme aquello, pero la otra parte, la que quiere cambiar por ella, me pide que lo deje en paz y demuestre que en verdad lo estoy intentando. Ella me mira asombrada tras no hacer nada y abandonar la habitación.
Has tomado una decisión.
Busca su Sí.
Oigo el clic de la puerta cerrarse y es el aviso de que Quinn ya abandono la habitación. Pestañeo y caigo en la cuenta que le he corrido la cara impulsivamente y ella ni siquiera se ha inmutado. ¿Debo tomarlo como una mala señal? ¿He dejado de importarle? Cierro mis ojos y busco tranquilidad para no terminar desesperándome y saturarla en preguntas debido a mi inestabilidad emocional.
Respira Rachel.
Camino hasta el enorme ventanal, el que se ha convertido en mi cosa favorita aquí, pero abandono mi posición rápidamente tras ver el frigobar a mi derecha. Dirijo mis pasos hacia allí y veo que sobre la barra descansa una botella de whisky. No lo dudo. Coloco el contenido en uno de los vasos y vuelvo hacia la ventana.
Nueva York. Mi sueño.
Sin embargo me encuentro sola, sin mis hijos y sin Quinn. Se que no puedo exigirle mas que esto ¿Quién no querría estar en mi lugar? Pero de todos modos no busco confort y lujos, yo solo quiero a Quinn cerca mío. Intento no pensar mucho en ello, pero las veces que he pasado tiempo junto a ella siempre hay alguien entre nosotras. Solo una vez se ha quedado en casa, solo una vez he despertado a su lado. ¿Sera siempre así? ¿Mis días están destinados a ser así si comparto mi vida con ella?
Niego con mi cabeza. ¿Qué idea absurda es esa? Quinn jamás se ataría a una persona de por vida. Quinn tiene todo y mucho mas ¿Qué vería en mi? Mujer casi en banca rota, con dos hijos. Un esposo desaparecido y un sueño frustrado. ¿Quién querría pasar su vida conmigo?
Me muerdo el labio y chequeo que ha pasado mas de media hora. Eran solo diez minutos. Estiro mi brazo para dejar el vaso vacio y tomo mi móvil que descansa en la mesa de vidrio.
— Rachel ¿te encuentras bien?
— Kurt…
— ¿Qué sucede, Rachel? ¿Estas llorando?
Niego con mi cabeza pero recuerdo que el no puede verme y comienzo a reir.
— Estoy bien… solo me encontraba tomando sola un trago y te has cruzado por mi cabeza.
— ¿Estas borracha? ¿Dónde esta Quinn? — Vuelvo a reir. — ¿Qué has tomado?
— Solo un poco de whisky.
Lo escucho maldecir pero eso solo provoca mas mi risa — ¿Qué sucede?
— ¡Nada! ¿Por qué insistes tanto con eso?
— Porque son mas de las dos de la mañana y tú estas sola tomando cuando deberías estar durmiendo o haciendo vaya a saber que cosa con Quinn.
— Y-yo… lo… siento.
— Ya dime que sucede.
— En verdad no me di cuenta de la hora, lo siento.
— Ya me he despabilado. Cuentame que tal Nueva York.
— Aquí todo es genial, perfecto. El hotel es un verdadero sueño y esta noche he conocido a Patti LuPone. — Alejo un poco el móvil tras escuchar sus gritos y le cuento lo que he alcanzado a conversar con ella.
— ¿Qué hay con Quinn? ¿Por qué no estás con ella?
— Ella… bueno — Hago silencio. ¿Qué se supone que debo decirle? — No lo sé.
— ¿No lo sabes? ¿Cómo es eso? ¿No está contigo en el hotel?
— Si, eso creo. — Solo escucho silencio del otro lado. Supongo que debo seguir hablando — Ella ha tenido que bajar para buscar unos documentos.
— ¿Qué hay de malo en ello?
— Que ha prometido que solo seria diez minutos, y ya se acerca la hora desde su partida.
— Oh… — Nuevamente silencio, pero esta vez es porque no sabe que decirme. No pido mucho al respecto, no pretendo que entienda las actitudes de Quinn cuando ni siquiera yo puedo hacerlo. — Creo que deberías dejar de tomar y acostarte a dormir. Mañana será un nuevo día.
— Si, lo sé. Estaba por hacer eso pero he sentido la necesidad de hablar contigo. Te extraño.
— Yo también, princesa. Pero debes disfrutar, no todos los días tienes la suerte de estar en Nueva York y sin hijos. — Comienza a reír contagiándome.
— Lo sé, pero no te imaginas cuanto los extraño. No veo la hora de volver a Lima para poder irme al campamento. ¿Tú iras?
— ¡Por supuesto! No me perdería sus cumpleaños por nada en el mundo.
— No me esperaba menos. Eres un padrino muy presente.
— Ya, ve a dormir Rachel. Déjale un beso a la pequeña de mi parte.
— De acuerdo, te quiero Kurt.
— Yo también, y hazme un favor… deja de pensar cosas que no son. Disfruta al máximo de tus días allí, aquí todo está en orden. Disfruta de Quinn y de la niña. Necesitas este tiempo para ti, no lo desaproveches.
— Gracias. Que descanses.
— Tú también.
Corto la llamada y me estiro con los brazos sobre mi cabeza. Le hare caso a Kurt, me meteré en la cama con Charlotte y dormiré. Mañana será un nuevo día y espero que Quinn tenga una buena excusa para su demora.
Camino hasta la habitación y me percato que la luz de baño aun sigue encendida. Me tomo el trabajo de apagarla así como también las del velador que le dan a la habitación un ambiente calido. Charlotte sigue enredada en las sabanas adueñándose de mitad de la cama. ¿Cómo alguien tan pequeño puede verse tan gigante? Sonrío, soy afortunada por rodearme de gente maravillosa.
Camino hasta el borde de mi lado de la cama y dejo caer la bata de noche. Las sabanas están heladas pero rápidamente mi cuerpo se pega al de Charlotte buscando calor humano. La niña se remueve un poco pero vuelve a su sueño tras enlazar su mano con la mía.
En el momento en que decido cerrar mis ojos siento como la puerta de la entrada se abre y vuelve a cerrarse.
Es Quinn.
He dejado abierta la puerta con el propósito de poder espiarla en su llegada, pero jamás pensé que eso ocurriría tan rápido. Ella aun no esta en mi campo de visión, pero puedo percibir como camina hasta la mesa y toma mi vaso tras oir como los cubos de hielo, casi consumidos, golpean contra el vaso. Al parecer ha decido prepararse uno para ella misma y contemplar la misma visión que yo minutos atrás, pero mi predicción falla un poco al verla parada lejos de nosotras, aun permaneciendo en la sala de estar, fijando su mirada en la cama. Revuelve el whisky formando círculos con su mano derecha mientras que la izquierda la deja guardada en su saco, que aun no ha decidido sacarme.
Muero por hacerle saber que estoy despierta, que espere por ella y su llegada toda la noche pero quizás mi orgullo me ancla a la cama haciéndome la dormida. Toma su trago en un abrir y cerrar de ojos dejándolo en la pequeña mesa redonda de madera que hay en la sala y descansa frente a su cuerpo. Rodea el mobiliario y camina a paso pausado hasta adentrarse en la habitación. La respiración se me corta y sentir como su presencia esta detrás de mi espalda.
Acerca su boca a mi cuello y huelo el olor a whisky mesclado con su aliento.
— Rachel… — susurra en mi oído. — Se que estas despierta.
Sin embargo mantengo mi postura y decidido sellar aun mas mis ojos y mis oídos para no caer rendida frente a sus palabras.
— Se que he dicho diez minutos, lo siento. — Toca mi hombro cubierto por la manta pero no doy señales de querer hacer las pases. Ella, sin embargo, va mas alla colando su mano fría por debajo de las sabanas, deslizando sus dedos hasta llegar a mi abdomen. Se me eriza la piel y mi panza comienza a contraerse por lo que me provoca con un simple roce.
Se rie en silencio cerca de mi oreja — En verdad lo siento, princesa. Pero ha sido de vida o muerte.
— ¿Para quién? — susurro intentando alejarla de mi pero a la vez estirando el momento. Malditas ganas de estar enojada pero aun así desearla con locura.
— Para mi. ¿Me quiere ver con vida o muerta?
El estomago se me revuelve — Ahora mismo deseo matarte, pero no sabria como vivir sin ti.
— Buena respuesta, princesa. — Besa mi oreja — Yo tampoco sabria como vivir sin ti, de hecho no lo se.
Quiero sonreir como idiota por sus palabras pero solo me limito hacer silencio esperando que algo mas salgo de su boca. Ella empuja de mi hombro y yo accedo a que me de vuelta para besarnos. Cierro mis ojos frente al simple y casi invisible tacto de sus labios con los mios, pero lo hago mas intenso tras tomar su nuca con mi mano.
Me separo rápidamente — ¿Dónde has estado? — pregunto tras notar su pelo húmedo.
— He tenido que salir y afuera ha comenzado a llover. Te he dicho que era de vida o muerte.
Me quedo sin respiración ¿Qué tanto hay de real en su broma?
— ¿Esta todo bien?
— Claro, solo estoy bromeando. — Vuelve a besas mis labios y cierro los ojos cada vez que hace eso, así sea un simple beso corto. — Pero ha sido necesario salir. — susurra
— ¿Dónde has ido?
— Tuve que buscar ese documento del que te hable ¿recuerdas? — Asiento — Bueno, resulta que no han podido dejarlo en el hotel, tuve que ir por él.
— Pero… ¿no podía esperar hasta mañana? — Niega con su cabeza
— No cuando es algo tan importante para mí. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
Me quedo en silencio viendo como su rostro se reparto dos tipos de luces. En su lado izquierdo completamente oscuro por la falta de luz en la habitación, perdiéndome del brillo en uno de sus ojos y parte de sus labios. Sin embargo, su lado derecho está completamente alumbrado por las luces que la sala. Se ve parte de sus dientes debido a su sonrisa y como sus ojos se achinan un poco con su característico brillo. La simple imagen de ver a Quinn así refleja claramente su personalidad. La de todos. ¿Quién no tiene un lado oscuro? Quisiera que pudiera mostrarme su rostro completamente iluminado, pero sé que para ello necesitaría borrar su pasado y no pretendo hacerlo. No cuando esta Quinn ha sido quien me ha enamorado complemente.
— Un beso por tus pensamientos. — susurra cerca de mis labios
— Pues comienza ahora mismo, porque no creo que alcance toda la noche.
Abre sus ojos y busca más allá de mi respuesta.
— ¿Qué piensas? — Apoya sus codos en el colchón y yo termino de girarme apoyando mi cabeza sobre mi brazo que se refugia bajo la almohada.
— Nada que no sepas.
— ¿Acaso lo sé todo de ti? — su mirada intensa en mi provoca que quiera contarle todos mis secretos. Solo asiento — De acuerdo.
— ¿No me crees?
— Si tú me dices que lo sé todo, lo creeré.
— Yo… — Balbuceo pero ella me interrumpe.
— Quiero pasar el resto de mi vida a tú lado.
— ¿Eh? — frunzo mi ceño.
— Que quiero pasar el resto de mi vida a tú lado, contigo.
— Yo también, cielo. — estiro mi mano y acaricio su mejilla. — ¿Estas llorando? ¿Quinn? — Me preocupo al sentir su mejilla mojada. Me reincorporo en mi lugar apoyando todo el peso de mi cuerpo en el codo de mi brazo derecho.
Ella toma mi mano y besa la palma — Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Rachel. — vuelve a repetirme
— Te he oído…yo también qui… — vuelve a interrumpirme.
— No lo entiendes. — Niega con su cabeza — No quiero separarme de ti. Quiero tenerte para mí por siempre. Quiero que seas mi mujer.
Trago saliva e intento comprender que quiere decirme. Aleja una de sus manos del colchón, la que se mantiene libre de mi agarre y rebusca en su saco.
— Quinn…
— Shh… solo, solo escúchame. — La siento temblar —Soy pésima haciendo estas cosas. El documento que he tenido que ir a buscar no era un documento, bueno… si busque unos papeles pero no era eso lo importante de mi salida, yo…
— Solo tranquilízate y dime lo que pasa. — Pongo mis dedos en su mentón obligándola a que me mire a los ojos. Su pecho sube y baja reiteradas veces un poco agitada pero se detiene tras dar un marcado suspiro. — Quinn, solo…
— ¿Quieres casarte conmigo?
Me pierdo en sus ojos y siento como todo pasa en cámara lenta. Puedo ver como sus labios se mueven sin embargo no logro oir nada, ni una sola palabra. Siento su mano en mi cuello y vuelvo a pestañar.
— Rachel, creo que…
— No… no, n-no… puedo — balbuceo nerviosa y casi rompiendo en un llanto silencioso.
Su cuerpo se tensa y rápidamente se para abandonando la habitación a grandes pasos. Cierro mis ojos al ser tan directa y me maldigo por dentro. Dejo atrás la cama y corro en busca de ella. No se ha ido, pero esta pegaba a la barra vertiendo más whisky en su vaso.
— Quinn, espera. — La tomo del brazo para girarla pero su fuerza es aun más fuerte.
— Déjalo, Rachel. He sido una idiota. — Dice con su voz quebrada.
— No, no lo dejare. No puedo casarme contigo, pero eso no significa que no quiera. — digo rompiendo en llanto. Yo mas que nadie quisiera casarme con ella. Me siento una imbécil.
— ¿Qué dices? — Se gira en su lugar con su rostro serio — Ya estas divorciada, los papeles han llegado. Dime que en verdad no lo quieres y no te molestare mas.
— ¿Cómo sabes lo de mi divorcio? ¿Quién te lo ha dicho? — respondo elevando un poco mi voz y ella nota mi cambio de humor.
— He leído sin querer los papeles en tú casa. Ha estado mal de mi parte, pero eso no justifica tú respuesta.
— Quinn… — suspiro no queriendo perder la compostura y paciencia — Debes saber ciertas cosas antes de querer darte el si.
— ¿Saber ciertas cosas? Tú no tienes secretos conmigo ¿Lo recuerdas? — escupe irónicamente las palabras frente a mi cara y camina hasta el ventanal pero mi sentencia la dejara en mitad de camino. Lo se.
— Brody no es el padre de mis hijos…
Falta poco para el final. Esta historia llegara hasta el capitulo 30.
Glee y sus personajes no me pertenecen.
