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Fic Ganador de la Encuesta en "Los Castigaré en el Nombre de los Pokémon de Agua"

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Primera Publicación: 11 de Agosto de 2016

Resubida: 28 de Enero de 2018

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Enredos del Destino

XIV

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Cindy Oak era una jovencita que, a pesar de recién estar por cumplir nueve años, era mucho más despierta y observadora que cualquier niño a su edad.

Siempre había sido una pequeña consentida, amada por ambos padres, pero todo ese esquema que ella adoraba, cambió de la noche a la mañana con el accidente de su mamá.

Nadie pudo jamás, llegar a entender el dolor que fue para ella ver a esa mujer que tanto amaba, que tanto quería, convertida en una extraña, en una mujer que no era capaz de mirarla a la cara, de abrazarla ni decirle cuanto la amaba.

Por un par de años, sintió como si no tuviera madre y aunque su padre estaba con ella dándole todo lo que podía para que estuviera bien, Misty le hacía falta. Tenía a sus tíos cerca, Daisy la acompañaba en cosas esenciales, pero no era su madre.

Quizás eso y el hecho de quedar sola la mayor parte del tiempo en el departamento de su padre en ciudad Verde causó, que toda la inocencia de una niña pequeña se le quedara olvidada en un rincón de su mente y le dio paso a la dureza y el caparazón que usaba para ocultar lo que sentía en realidad.

Ella no se iba a dejar avasallar por la indiferencia de su progenitora, ella iba a enfrentarla.

Aquel había sido el primer pensamiento que tuvo cuando se encontró camino a ciudad Celeste por primera vez, después de años sin pisar su ciudad natal.

Y aunque más de una vez había flaqueado, la presencia de Thiago, para ella había sido más significativo de lo que el joven podría imaginar. Porque él había estado con ella en cada momento en que lo necesito, y le había dado las fuerzas para poder romper esa pared invisible que la separaba de su madre.

Fue por eso que -quizás- cuando éste la llamó después de estar desaparecido un mes, lo había escuchado y había aceptado participar en su plan para que sus padres tomaran la voluntad de hacerle caso a sus sentimientos, sin reclamarle más que lo básico por su desaparición.

Y ahora que había vuelto a ser la hija de Misty Waterflower, no le quedaba duda de que su madre estaba enamorada de Ash Ketchum, y aunque en el fondo de su alma le dolía ver que sus padres no podían volver a estar juntos, le alegraba saber que era Ash, esa persona que estaría con su madre.

Se observó una vez más en el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación atándose el pelo en alto cuando tras dos golpes a la puerta abierta vio asomarse a Thiago con una sonrisa en sus labios.

—Tu papá dice que ya vamos a salir a tomar el bus —le informó.

—De acuerdo —terminó con su moño rosado y se colocó un chaleco sin mangas a juego con su listón y tras tomar la mochila salió junto a Thiago a reunirse con su padre y la abuela de Thiago para partir a la terminal que los llevaría a ciudad Celeste y ayudar a darle el empujón que les faltaba a aquellos dos.

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Si había una palabra para definir como la pelirroja se sentía -en ese momento- podría ser: Indecisa.

Había esperado casi un mes porque Ash volviera, había sufrido en silencio su ausencia y ahora que estaba con ella, no lograba encontrar el impulso para avanzar. Lo veía poner tanto esfuerzo en todo lo que hacía que estaba empezando a sentirse mal, por él y por ella misma.

¿Por qué le era tan difícil tomar la decisión de iniciar una nueva etapa de su vida? ¿Tanto era su miedo a volver a fallar?

Cerró sus ojos y suspiró con pesar.

Ese día -sin dudas- no era el más indicado para pensar en un futuro, el aniversario de la muerte de su segundo hijo la tenía con la piel sensible, ni siquiera había sido capaz de concentrarse en la batalla que tuvo frente a un retador.

Volvió a suspirar y se dejó caer en la piscina donde nadó un par de vueltas mientras lograba aclarar su mente, sus pensamientos.

Cuando salió del agua totalmente empapada, observó cómo su celular titilaba en una luz verde proveniente del chat, tomó una toalla y tras secarse, agarró el dispositivo. Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios: Era Ash.

«¡Buenas tardes! ¿Algo que quieras en especial cenar hoy?»

Apretó los labios con rabia, por ser tan insegura en ese momento de su vida. ¡Ella era Misty, por todos los cielos!

Apretó para responder y envió un mensaje de voz.

«Yo invito la cena hoy, quiero pasar a un lugar antes, ¿podemos vernos en el Cabo Celeste a las siete? Si es posible lleva un pequeño ramo de flores blancas»

La respuesta del hombre no tardó en llegar.

«A las siete, entonces, ahí nos vemos.»

Tras leer la respuesta, aun envuelta en la toalla, se encaminó hacia su habitación para cambiarse.

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La pelirroja vistiendo una falda tubo hasta las rodillas y un blazer negro, llegó unos minutos antes de las siete de la tarde al lugar de encuentro. Ahí se quedó observando el mar y como el sol poco a poco iba reflejándose en el agua. Cerró los ojos cuando sintió unos pasos tras de ella, no tuvo que voltear. Sabía perfectamente quien era.

—Hoy es el aniversario de la partida de mi hijo —respondió antes de que Ash pudiera preguntarle algo—, una semana antes del cumpleaños de Cindy, en este mismo lugar todos mis sueños se hicieron añicos por mi torpeza.

—Misty… —susurró acercándose a ella lentamente.

—Un día como hoy, yo —bajó la mirada apretando los ojos para no llorar—, dejé de ser la Misty de antes… yo… —pero las lágrimas fueron más fuertes que ella.

Los pasos que los separaban, Ash los recorrió tan rápido que, sin darle tiempo a reaccionar, la abrazó con fuerza, estrechándola entre sus brazos.

—Tranquila Misty, no llores —le susurró.

—Ash… —se separó de él, secándose el rostro con el revés de su mano—, ¿estás seguro que me quieres a mí?

—Lo estoy.

—¡Soy una mujer divorciada! —exclamó como si aquello fuera un gran pecado.

—Se podría decir que yo soy viudo —respondió moviendo los hombros sin mayor importancia.

—¡Tengo una hija!

—Y no te olvides que también tengo un hijo —ante la respuesta de Ash, Misty suspiró.

—¿Qué pasa si te das cuenta que no soy lo que esperabas y…? —bajó una vez más la mirada.

—¡Basta! —con aquella palabra, la pelirroja dejó de hablar para observarlo— ¿Cuántas excusas más te vas a inventar para no aceptar lo obvio? ¿Qué más inventarás para negar lo que sentimos?

—Tengo miedo —confesó entrelazando sus manos a la altura de su pecho—, tengo miedo de lo que pueda pasar, ya fallé una vez… y aunque dije que estaba abierta al amor, no sé si soportaría una segunda vez —exclamó negando con la cabeza.

—¿Y por qué habríamos de fallar? —la cuestionó retrocediendo un par de pasos— ¿Crees que yo no tengo el mismo temor? ¡Yo también muero de miedo porque algo pueda salir mal, pero no por eso, no lo intento! Ambos tenemos que ser capaces de dejar atrás lo que nos pasó y tratar de ser felices una vez más, no es un pecado, es simplemente una nueva oportunidad que nos da la vida —Misty se quedó callada, simplemente observándolo en silencio—, ¿por qué desaprovecharla? ¿Por qué no intentar ver que sale de esto que sentimos dentro? ¡Yo quiero intentarlo!

Misty lo miró fijamente. Ash estaba ahí frente a ella dispuesto a enfrentar lo que viniera y la determinación que vio en sus ojos, removió algo dentro de ella.

¿Qué sería? ¿Acaso era la adrenalina por una aventura nueva? ¿La parte osada de su personalidad que había estado dormida por años? Esa parte de su alma que yacía dormida pareció despertar de su letargo y sintiéndose por un par de segundos dispuesta a todo soltó con los puños apretados.

—¡Si quieres intentarlo, entonces, ¿qué esperas?! —le dijo— Demuéstrame que todavía existe una oportunidad para nosotros, la posibilidad de vivir una vida feliz.

Y antes de que pudiera decir algo más, Ash acortó la mínima distancia, colocando su mano derecha en la espalda de la líder, la atrajo hacia él, y con la mano izquierda en el rostro de ésta, la besó.

Misty no reaccionó de inmediato, pero éste soltó aire por la nariz aliviado cuando empezó a responderle, elevando sus manos hacia los hombros masculinos y las dejó ahí hasta que, gracias a ellas, se fue separando del moreno.

—Ash —susurró.

—Dime —musitó aún con los ojos cerrados.

—¿Te molestaría ir a paso lento? —le preguntó apoyado su frente contra la del hombre. Éste abrió los ojos para observarla fijamente.

—Misty —una sonrisa ladeada se formó en sus labios y con ambas manos le acarició las mejillas—, para mí, está sería la primera relación que empiezo consciente, estando en todos mis sentidos así que —movió los dedos pulgares por los pómulos de la pelirroja—, deseo disfrutar de cada paso por mínimo que sea.

—¿Crees poder aguantarlo?

—Por supuesto —la soltó para abrazarla—, que sientas lo mismo que yo en este momento, para mí ya es haber avanzado un paso gigantesco, el resto, hagámoslo sin prisa. Tenemos el tiempo del mundo.

Misty se aferró a la espalda de Ash sonriendo con los ojos cerrados. Ambos habían cambiado mucho en ese tiempo, habían vivido y sufrido, y aún pese a todo eso, parecían que sus personalidades seguían acoplándose. Como antes y como sería siempre.

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El cielo amaneció cubierto de nubes amenazantes de lluvia ese día en ciudad Celeste, aun así, Ash y Misty estaban esperando porque arribara a la terminal de buses, el transporte que traía una vez más a sus hijos a la ciudad.

Misty sonrió emocionada cuando observó como el vehículo con el número señalado por Gary entraba al lugar. Ash no dijo nada, solo la observó y ladeó la sonrisa.

Cuando Cindy y Thiago bajaron del bus de transporte, Ash abrió los brazos para abrazar a su retoño, pero éste paso de largo, dirigiéndose hacia la pelirroja que sorprendida, fue abordada por el niño de cabellos oscuros enseñándole la medalla en forma de hoja del gimnasio Verde.

—¡Misty, miré! —exclamó Thiago con una enorme sonrisa— Ya solo me faltan dos medallas…

Antes que Misty o Ash pudieran decir algo, la jovencita de cabellos castaños atados en un moño alto, se puso entre su madre y su amigo.

—¡Thiago Ketchum! —protestó mientras el mencionado miraba a Misty con una sonrisa, y ésta se la regresaba— Compórtate…

—Ya —el chiquillo de ojos celestes, desvió su mirada encontrándose con la de su padre que lo miraba con la ceja derecha arqueada—. Oh, hola papá —le dijo con una sonrisa en los labios.

—Hola —respondió. Tras cruzarse de brazos, ignoró también a su hijo para saludar a Cindy, la hija de Misty, de un salto se abrazó al moreno sorprendiéndolo.

—¡Ash! —le dijo con una enorme sonrisa— ¡Al fin apareció!

—Lo siento —se disculpó con la mano en la nuca—, tuve muchas cosas que hacer.

—Eso me contó Thiago —Cindy colocó sus manos en su espalda y miró a su amigo—, que tuvieron muchas cosas que arreglar en ciudad Lumiose.

—Así es… —Ash miró la hora en su celular y se incomodó—. Thiago, tengo que hacer una consultoría ahora, ¿vienes conmigo?

—Nah —negó el joven tomándole de la mano a Misty—, quiero ir con Misty al gimnasio.

Ambos adultos se miraron, pero la pelirroja ladeó la sonrisa.

—Mira que hoy es día de limpieza y los haré trapear todo el gimnasio —lejos de espantarse, el chico de ojos celestes sonrió mostrando sus dientes blancos.

—No me importa, hace tiempo que no la veo, y mi papá no puede negarse—le dio un pequeño tirón a la mano derecha de la líder para que se moviera—. ¡Vamos!

—Ok —Misty observó a Ash y ambos se hicieron un gesto con los hombros.

—Bueno, nos vemos entonces en el departamento en la tarde, hijo —se despidió de éste un tanto confundido. Luego se despidió de Cindy tomándole la mano.

—¡Nos vemos Ash! —saludó la niña antes de salir a perseguir a su madre y reclamarle a Thiago por acapararla.

Ash observó la escena con una sonrisa de satisfacción, los niños se llevaban muy bien entre ellos, y su hijo parecía estar muy apegado a Misty. Esto tenía que ser algo bueno, ¿no? Pensó antes de girar sobre sus pies y subir a un taxi que lo llevara hacia el lugar en el que tenía que trabajar.

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La lluvia estaba cayendo con fuerza sobre ciudad Celeste, los relámpagos iluminaban el cielo y los truenos se hacían oír con fuerza retumbando las ventanas del departamento en el décimo piso del Paradise Cerulean. Ash observaba el reloj de la pared con una toalla en mano, según le había informado Misty, Thiago hacia salido del gimnasio antes de que se pusiera a llover.

Cuando la puerta se desbloqueó y se abrió, el moreno se acercó a su hijo para entregarle la toalla, éste la tomó con una sonrisa y le agradeció a su padre.

—¿Qué tal la tarde? —le preguntó Ash moviéndose de la entrada para que Thiago entrara.

—Genial papá, Misty barrió el suelo conmigo otra vez —Ash se sorprendió de lo emocionado que respondió, pese a haber perdido.

—¿Y eso es para estar feliz?

—Por supuesto —afirmó regresándole la toalla a su papá—. Fue bueno, porque, aunque estoy a dos medallas de terminar el viaje para entrar a la liga, me recordó que no debo confiarme ya que siempre hay alguien más fuerte que uno ahí afuera.

—Vaya —exclamó el moreno mirando a su hijo—, ojalá hubiera sido yo así de maduro a tu edad.

—Lo mismo me dijo Misty —respondió con una enorme sonrisa.

—¿Qué? —protestó, pero el niño solo se rio de la reacción infantil de su padre.

—¿Y cómo te ha ido a ti con ella, papá? —le preguntó.

—He avanzado, lento pero seguro —ante la respuesta el joven sonrió una vez más.

—Qué bueno, porque yo ya eché a funcionar el plan que hicimos con Cindy —le informó mientras se quitaba el chaleco verde que llevaba puesto.

—¿Eso qué llevas tiempo escondiéndome? —Ash lo siguió por la casa, tratando de obtener respuestas de su retoño— ¿Y qué harán?

—Nada típico —le explicó—, no vamos a obligarlos a estar juntos, ni esas cosas como oh, casualmente nos hemos reunido —Thiago giró para observar a su padre y negó con la cabeza—. Esas cosas ya las hicimos para quitar al tío Clemont del camino, ahora necesitamos algo más inteligente.

—¿Inteligente?

—Sí —afirmó—, he conversado con Cindy y el señor Gary estos días y me han dicho muchas cosas sobre Misty para que yo pudiera ir a hablar con ella.

—Espera —Ash movió la mano derecha confundido— ¿Dijiste hablar con ella?

—Si papá —asentó con la cabeza—, hoy fui al gimnasio, tuve una batalla con ella y luego conversamos.

—Thiago…

—Misty es una gran mujer, papá, me gusta que sea tu pareja y quería que lo supiera —y tras decirle eso, se encerró en su habitación para cambiarse de ropa.

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La mujer pelirroja, líder del gimnasio de ciudad Celeste observaba por los ventanales del gimnasio como la lluvia afectaba todo el lugar con las manos en la espalda. Nunca se hubiera imaginado la escena que vivió hace un par de horas atrás, donde tras derrotar al Venusaur de Thiago con Gyarados, éste y Cindy se le acercaron de forma seria a conversar con ella.

Era una mujer de treinta años, una mujer se supone que madura y fuerte, pero en ese momento se sintió una pequeña niña de diez años a punto de salir a su viaje Pokémon por primera vez.

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Mamá, tenemos que hablar contigo —le dijo Cindy colocando sus manos entrelazadas en la mesa. Misty alzó la ceja derecha mientras dejaba ambas tazas de chocolate caliente frente a los niños.

¿De qué, si es posible saber? —preguntó tomando asiento frente a los niños.

¡Sabemos que estás saliendo con el papá de Thiago! —la acusó Cindy, sin darle tiempo a reaccionar— ¡Y no lo niegues!

Cindy —gruñó Thiago por lo bajo, haciendo que la joven de cabellos castaños se cruzara de brazos enojada.

Recién empezamos ayer, Cindy —le informó Misty mirando su taza de manera melancólica—, aún no sé qué puede pasar mañana.

¿Cómo? —la hija de la líder se puso de pie— ¿Recién ayer y ya estás dudando, mamá?

¡Cindy! —volvió a pedir Thiago, logrando que la niña volviera a su pose de molesta.

Hija, no es algo fácil para mí, ¿De acuerdo? —la mirada verde de Misty chocó con la de su pequeña—. Si me apoyas, no me hagas la situación más difícil.

Ok —dijo moviendo las manos despreocupadamente para luego tomar de su taza y levantarse—, te dejaré conversar con Thiago —y sin más se fue.

Misty la observó con una mueca preocupada, pero Thiago extendió su mano y tomó la de ésta para que lo mirara.

Tranquila Misty, yo le pedí a Cindy que me dejara hablar a solas con usted, solo que no se quería ir.

Oh.

Verá —Thiago movió la mano y con ambas, tomó su taza de chocolate para observarla por un par de segundos—, en este tiempo que he estado viajando solo por Kanto, me encontré varias sorpresas en el camino, mi papá es bastante conocidos por la gente de la región, encontré personas que me trataban con mucho cariño por el solo hecho de ser un Ketchum. Fue curioso y nunca me imaginé que mi papá tuviera esa especie de popularidad en algún lado. Mi papá siempre ha estado solo, y muchas veces sentía que por mi culpa estaba así. Que yo le impedí —apretó la taza entre sus manos, buscando el valor para hablar con ella—, a mi papá ser feliz de alguna forma.

Thiago —susurró Misty.

Pero cuando llegamos a esta región, y sobre todo cuando la encontramos a usted, mi papá parecía otra persona, estaba más alegre, sonreía más y me gusto el papá que descubrí gracias a usted —sonrió de lado—. No es que no me gustaba el otro, pero como le dije, aunque no lo demostraba, yo sabía que algo le faltaba. No sé bien que ha pasado entre ustedes en el pasado más de lo que me han contado, pero sé que fueron muy buenos amigos cuando eran chicos, la gente que he conocido me lo ha confirmado. Ambos son recordados con sonrisas por personas que solo vieron con suerte una vez en sus vidas, y hoy, aquí están otra vez juntos —Thiago levantó la mirada para observar a la mujer frente a él—. Desde que la conocí, antes incluso de saber quién era usted en la vida de mi papá, por un par de segundos me había gustado la idea de tener a una mujer así de mamá.

Misty apretó los labios sin saber que decirle.

Cuando volví a Kalos, y conversé con mi abuela materna sobre mi mamá, ella me dijo que mi madre había amado mucho a mi papá, y que, en sus últimos días, ella había deseado que mi papá fuera feliz y yo —apoyó su mano derecha en el pecho—, estoy seguro que ella, también está contenta de que mi papá se dé una nueva oportunidad para ser feliz con alguien como usted.

Thiago —volvió a repetir sorprendida de aquellas palabras.

Créame que estoy mucho más feliz y tranquilo ahora que mi papá estará con usted mientras yo salgo de viaje que antes.

Sin más, Misty se levantó de su asiento y le abrió los brazos para que Thiago le diera un abrazo.

Gracias —le dijo.

Mi papá puede ser un poco infantil, pero es una persona maravillosa.

Lo sé Thiago —afirmó cerrando los ojos—, sé muy bien la clase de persona que es tu papá —se separó del niño con una sonrisa, aunque sus ojos verdes tenían claro rastro de lágrimas que se perdieron en sus mejillas— Así que no te preocupes, me siento honrada que me veas como una figura materna pese a todos mis errores.

Thiago la volvió a abrazar y ella le respondió.

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—¿Mamá? —Cindy la sacó de sus pensamientos cuando la abrazó— ¿Estás bien?

—Sí —afirmó con un movimiento de su cabeza—, solo pensaba que es triste que algunas personas no puedan llegar a disfrutar de los maravillosos hijos que tienen…

—¿Eh?

—Nada hija —le acarició la cabeza y le sonrió— ¿Qué quieres que prepare para comer?

—¡Quiero comer tarta! —pidió la niña, mientras su madre iba con ella hacia la cocina para preparar la cena.

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Thiago había decidido esperar hasta que Cindy cumpliera los nueve años para reiniciar su viaje Pokémon por las medallas que le faltaban, por lo que la mayoría del tiempo estaba en el gimnasio Celeste entrenando o conviviendo con las dos mujeres del lugar.

Esa tarde estaba muy animada, mientras que junto con Frogadier jugaban waterpolo contra Cindy y Squirtle. La piscina estaba con el agua tan revuelta que la líder de gimnasio había tenido que retirar a sus Pokémon del agua para que pudieran jugar tranquilamente. Pero no estaba molesta o enojada, le gustaba el ambiente a vida que tenía el gimnasio esos últimos días.

Cuando Ash llegó de trabajar esa tarde, se acercó a la pelirroja y le dio un beso en la mejilla, ésta frunció los hombros sumamente sonrojada por aquel acto del hombre junto a ella.

—¿Cómo te ha ido? —le preguntó con las manos tras ella mientras entraban hacia el estadio donde los niños jugaban.

—Muy bien —Ash acarició la cabeza de Pikachu que estaba sobre su hombro—la consultoría terminó en un éxito, así que puedo volver a trabajar con los arreglos del gimnasio, si aún te interesa —le propuso por lo que la pelirroja lo miró de reojo.

—Deberías hacerme un descuento por la tardanza —le dijo.

—Ok —afirmó haciendo el mismo gesto con los dedos—, creo que podría hacértelo gratis para compensar —agregó sonriéndole.

—Eso me gusto más —respondió con una sonrisa y cuando llegaron a la piscina, vieron como ambos chicos parecían matarse con sus Pokémon dentro de la piscina—. Están jugando con la pelota —le indicó, al ver como el moreno perdía el color de su rostro ante la escena—. Están seguros, Thiago es muy buen nadador, y Cindy nada desde que nació.

—Pero el gimnasio no parece que esté en buenas condiciones —musitó.

—¡Relájate! —Misty se quitó sus ballerinas blancas y salpicó con agua a Ash— ¡Es solo agua!

—Misty —dijo mirándola seriamente.

—¿Qué? —preguntó desafiante con las manos tomadas tras ella, mientras con el pie derecho volvía a levantar un poco del agua, que rebalsaba de la piscina, en contra del hombre.

—¡Basta! —gruñó.

—Basta, ¿qué? —con una sonrisa más amplia volvió a patear doblemente el agua para que el pantalón y parte de la camisa blanca de Ash quedaran bastante mojada.

—¡Oye! —Ash también le dio una patada al agua, por lo que la mujer empezó un contraataque sin control, causando que los niños dejaran de jugar entre ellos para observar a ambos adultos responsables, jugar de aquella manera infantil.

—Apuesto a que tu mamá gana —le dijo Thiago a Cindy.

—Bien, yo le voy a tu papá —le tomó la mano y se sentó en el borde de la piscina a ver como Ash y Misty se mojaban entre ellos, solo faltaba que la líder tomara en cualquier momento una pokébola y ordenará una Hidrobomba contra su compañero, cuando el hombre de cabellos oscuros, se acercó a ella y la elevó sobre su hombro derecho— ¡Bien, Gane!

—Ah —protestó Thiago dándole un golpe al agua.

—¡Ash, déjame! —protestó la mujer golpeándole la espalda.

—¿Dentro de la piscina?

—¡No seas idiota! —exclamó aumentando los golpes en la espalda masculina.

—¡Oye! —la bajó de golpe, tomándola por la cintura— ¡Sin insulto!

—¡¿Y qué si quiero hacerlo?! —interrogó con prepotencia, ahí estaban con sus rostros a milímetros de encontrarse cuando una voz retumbó en el lugar.

—¡Hola Familia! —todos giraron su mirada hacia la persona de cabellos castaños que estaba parada en la puerta de entrada al estadio con una enorme sonrisa mientras observaba la escena frente a él.

Ash, por puro acto reflejo, quitó las manos de la cintura de Misty, al momento que la jovencita pasó corriendo manteniendo el equilibrio hasta los brazos de su padre.

La tensión y el aire incomodó invadió todo el estadio, mientras los adultos se miraban entre ellos. Gary Oak acababa de llegar al lugar.