Leer nota de autor, por favor!

Capitulo Veinticinco.


Las mentiras pueden socavar la credibilidad, puede desintegrar relaciones y corroer la confianza. Las mentiras nos humillan, nos deshonran, y nos hace preguntarnos si la persona que nos mintió, alguna vez nos ha dicho la verdad.

¿Por qué esa necesidad de mentir?

Porque sinceramente creemos que es lo mejor que podemos hacer para nuestro beneficio en ese momento. Vivimos en un mundo de engaños. La mentira más seria, es cuando es otro el que miente. A nadie le agrada admitir que mintió. Sea que nos abstengamos de decir la verdad o que digamos una media verdad, a veces mentimos. Nuestras razones incluyen lo siguiente: Mentimos para preservar nuestro sentido de dignidad. Queremos parecer mejores de lo que somos porque queremos agradar a los demás.
Exageramos las circunstancias para inflar nuestros egos o para esconder nuestra vergüenza, temor y desilusiones. Tal vez sea demasiado vergonzoso o doloroso confrontar la verdad sobre otros o sobre nosotros mismos. Mentimos para evitar que nos descubran.

¿Por qué me mintió Rachel? ¿Por qué le miento yo?

¿Cómo afrontar el hecho de ya saber con anterioridad su mentira y hacerle creer que era ajeno a ello? ¿Cómo explicarle que se su vida al completo, hasta sus más escondidos secretos? ¿Cómo hacerle entender que ahora, solo me importa su bien? ¿Cómo hacer que me crea cuando he comenzado mintiéndole?

¿Qué se supone que uno debe hacer frente a una mentira? ¿Volver a creer en esa persona confiando que no volverá hacerlo? ¿Cómo creer que todo lo que dijo con anterioridad, sus actos, sus palabras, no fueron mentiras también? Pero aun es más difícil para la persona que mintió y se arrepiente en el presente, palpando con sus manos que quizás esa persona se nos escurra de las manos para siempre por un error, por una mentira.

Tal vez, lo que mas temía respecto a Rachel este sucediendo. Tal vez Rachel sea de las personas que no perdonan una mentira mas allá que ella también lo haya hecho. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que ocultar mi pasado de ella? ¿Por qué tuvo que cruzarse en mi camino y perder la cabeza?

Permanece parada frente a mí, con su mentón temblando amenazando un próximo llanto, sus ojos vidriosos y sus manos estrangulando su desprolijo pijama. Recorre con su mirada mis ojos buscando una respuesta positiva a su mentira, comenzando asentir con su cabeza para luego agachar su mirada.

— Entiendo si tú después de esto no quieres volver a verme, pero me parecía injusto darte mí si habiendo mentiras entre nosotras. Lo siento, Quinn. En verdad lo siento.

Niego con mi cabeza, sin poder emitir palabra al respecto. ¿Lo siente? No, Rachel… yo soy la que lo siente. Yo soy la mentirosa aquí, la que te perderá.

— Quinn… dime algo, por favor. — me pide apartando el vaso de whisky de mis manos. Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas silenciosamente poniendo en alerta a Rachel, que deja el vaso sobre la mesa de vidrio que descansa a mi derecha y vuelve a mí rápidamente, colocando su mano sobre mi mejilla, queriendo aliviar mi dolor. — Lo siento, Quinn. No quise lastimarte… por favor dime algo. — Sus lagrimas se unen a las mías. — No me dejes por esto, por favor. — Se aproxima hasta mis labios, deteniéndose en mitad de camino esperando a que yo haga el resto. Sin embargo, no logro cerrar la distancia entre nosotras, ella roza sus labios con los míos sollozando, buscando fuerzas para no romper en llanto sobre mis labios.

— Ya lo sabía… — susurro golpeando mi aliento con el suyo — Yo lo sé todo. — Frunce su ceño y mis mejillas vuelven a sentir frio tras apartarse de mí.

— ¿De qué hablas? — hace dos pasos hacia atrás, aun puedo tocarla si así lo quisiese — ¿A qué te refieres con todo?

— Todo, Rachel. — Avanzo los dos pasos que ella ha decidido interponer entre nosotras pero nuevamente se aleja de mí. No la culpo. — Déjame explicarte.

— Por supuesto que lo harás. Ahora mismo hablaras… — Me pide prepotente haciendo ademán con sus manos.

— No sé qué quieres que te diga. No sé por dónde comenzar.

— ¿Qué te parece por el principio? ¿Qué tal si me dices porque me has tomado por imbécil haciéndome creer que no sabias nada? ¿Te has dado una idea siquiera cuanto he sufrido por ocultarte esto? ¿Acaso no te afectaba a la hora de estar conmigo? — escupe molesta

— Por supuesto que sí, Rachel. Pero yo no podía obligarte a que me contaras eso.

— ¿Por qué lo sabías? ¿Quién te lo ha dicho?

— Investigo a las personas que están a mi lado.

Abre sus ojos asombrada pero rápidamente comienza a reír irónicamente — Oh, vamos. No me vengas con ese cuento. Deja de mentirme, deja de tratarme como una idiota, Quinn.

— Jamás te trataría así, no eres idiota.

— Habla de una maldita vez, Quinn.

— ¿Qué quieres que te diga? Te he investigado, no miento. — Me niega con su cabeza poniendo sus brazos en jarra sobre su cintura — Se quien es tu padre — Suelto provocando que detenga su corto caminar de un lado a otro. Muerde su labio inferior intentando callar insultos y reproches que seguramente van dirigidos hacia mí. Se calla para oír todo el cuento que tengo para decirle. — Se tú pasado. Sé porque sientes que debes quedarte con Charlotte.

— ¡No sigas por ahí! — Grita apuntándome con su dedo — No te atrevas a decir más nada. — Vuelve a caminar alrededor de la sala esta vez evitando mirarme a los ojos. Se lleva las manos hacia su pelo, su rostro y parte de su vestimenta en un intento fallido para aliviar sus nervios.

— Rachel… — me interrumpe.

— He sido una imbécil. Debí escuchar a quienes me advertían sobre ti. Debí de hacerles caso cuando me decían que no eras de confiar. ¡Qué idiota he sido! — Grita ofuscada — ¿Cuánto tiempo más pensabas ocultármelo? ¿Por qué querías casarte conmigo?

— Quería contártelo pero… — me quedo en silencio al no saber que decirle. Saldré con otra mentira y ahora mismo no sirve de nada.

— ¿Pero…? — me presiona — ¿Qué? ¿No encontrabas el momento? — Ríe con amargura — Termina ya con las frases hechas. No eres tú, soy yo. — Se burla.

— Debes parar…

— ¿O qué? ¿Qué me harás si no callo?

— Nada. Jamás te haría daño, Rachel.

— Y sigues mintiendo… — levanta sus brazos al aire sin creerme una palabra al respecto — He confiado en ti, maldición — camina hacia mi dándome un empujón con sus manos en mi pecho — He depositado mi entera confianza en ti, te he mostrado mi intimidad, mi casa y hasta pensé en mis hijos, maldita estúpida — vuelve a empujar y yo dejo que descargue su frustración conmigo. — Lo he dejado todo por ti… — rompe en llanto aflojando su empuje. La arropo entre mis brazos deteniendo cualquier movimiento futuro. — Me he entregado a ti… — susurra en mi pecho.

— Perdóname, Rachel. Por favor, hazlo. — la aprisiono contra mi cuerpo. Quizás sea la última vez que pueda tenerla así. — No quise mentirte, pero debo hacerlo.

— ¿Debes hacerlo? — Separa su cabeza de mi cuello buscando mi mirada — ¿Aun me sigues mintiendo? ¿Qué más sabes?

— No puedo. — Dejo que las lágrimas salgan. No puedo.

— ¿Hay más? — No respondo su pregunta — De acuerdo — se deshace de mi agarre — Creo que aquí no hay mas nada por hablar. — comienza su trayecto hacia la habitación.

— ¿Dónde vas? — pregunto desesperada corriendo tras ella.

— A Lima, mi casa. A donde nunca tendría que haberme ido. — dice dándome la espalda.

— Rachel, no te atrevas a dejarme aquí.

— ¿Qué no me atreva? — Se gira en su lugar — Tus amenazas ya no funcionan conmigo. No seas ridícula, Quinn.

— ¿Rachie? — la voz de Charlotte nos pone en alerta. — ¿Qué sucede? — Se sienta en la cama aun estando la habitación a oscuras.

— Nada, vuelve a dormirte — respondo secamente, dándome cuenta en el instante que la niña no tiene nada que ver en nuestros problemas.

— Cielo… — dice Rachel luego de prender las luces y ver como la niña seguía aun sentada en medio de la cama — Es hora de irnos.

— ¿Qué? — Ambas preguntamos alarmadas.

— ¿Dónde iremos a esta hora? — pregunta la niña y yo solo me limito a ver como Rachel comienza a recoger sus cosas rápidamente. Guardando sus cosas sin doblar, casi atropellándose por su apuro y nerviosismo.

— Rachel, ustedes no se irán de aquí.

— Debes saber cuándo detenerte, Quinn. — dice sin siquiera mirarme.

— Mami, no quiero irme. — Miro hacia la niña encaminando mis pasos hacia ella pero me doy cuenta en mi trayecto que no me habla a mí. — Mami. — camina hacia donde esta Rachel cayendo en la cuenta que Charlotte llamaba su atención no la mía. Rachel se arrodilla frente a ella dejando un beso en su frente — ¿Por qué estas triste? — murmura Charlotte sintiendo su mismo dolor en la voz.

— No estoy triste, cielo. Solo extraño mucho a mis hijos y quiero volver para verlos. — Acomoda el pelo castaño de Charlotte detrás de su oreja — ¿Tú no quieres conocerlos?

— Si, si quiero — Asiente con su cabecita y una sonrisa en sus labios — No llores mas — coloca su manito en una de las mejillas de Rachel provocando que una mano morena se le una disfrutando de su tacto. Ahora mismo caigo en la cuenta de lo que me estoy perdiendo si no actúo de inmediato. — Si tú quieres irte ahora, lo haremos ¿cierto, Quinn? — la niña busca mi mirada pero la de Rachel se queda estancada en el piso. Solo asiento. — Genial, iré a quitarme mi pijama. Espérenme, no se vayan sin mí. — Deja un beso en la mejilla de Rachel y corre hacia la silla donde descansa su ropa para luego encaminarse hacia el baño.

— Rachel… — reacciono a tiempo.

— Quinn, no sigas. Me volveré a Lima así tú no lo quieras.

— No me dejes… — susurro llegando a su lado. Tomo su mano pero ella rápidamente la aparta.

— Debiste pensarlo antes.

— No puedes andar sola con la niña a estas horas, no tienes pasajes mucho menos responsabilidad sobre ella.

— ¿Ahora piensas en eso? La he traído a Nueva York, Quinn. ¿Tú me denunciaras? ¿Quieres que me saquen a Charlotte y la devuelvan a un orfanato?

— Rachel, tú mejor que nadie debe saber que… — me interrumpe.

— ¡Exacto! Yo mejor que nadie lo sé — se apunta el pecho con su dedo índice — Y tú mejor que nadie sabe mi pasado. Dime… — se toma unos minutos dejándonos en silencio — En tu informe ¿sale como me trataban allí o por cuantas familias he pasado? Cuéntame Quinn… ¿Qué sabes tú sobre cómo sobrevivir sin tus padres o vivir en la calle? — No, no lo sé. Solo entiendo sobre padres violentos o canallas. Toma mi silencio como respuesta — No pongas las cosas más difíciles.

Asiento con mi cabeza. Por ahora aceptare lo que pide… por ahora.

— De acuerdo — digo dándole paso para que retome su actividad — Pero la niña se queda conmigo.

— ¿Estas demente? — Se levanta de su sitio y me enfrenta — No dejare a la niña contigo.

— Pues lo harás si no quieres que te denuncie. — Mi parte perra y odiosa vuelve a salir a flote. Ya me he dejado pisotear lo suficiente.

— No lo harás — intenta enfrentarme pero la tomo del brazo acercándola a mi cuerpo para susurrarle y que la niña no escuche nuestra conversación ya que el baño permanece con la puerta abierta.

— Pruébame. — Le sostengo la mirada dejándole en claro que no estoy bromeando con esto.

— No lo puedo creer. — Me devuelve el susurro — Pégame donde quieras, pero no con la niña.

— Tú puedes irte donde quieras, pero la niña se queda aquí. — digo soltando el agarre, dejándola casi desahuciada frente a mi sentencia. Camino hacia el baño y encuentro a Charlotte casi dormida sentada en el inodoro. El corazón se me estruja por meterla en medio de nuestras disputas, pero nada me separara de ella. Ni siquiera Rachel Berry.

La tomo entre mis brazos y vuelvo aparecerme en la habitación mostrándome lo más fría posible con Rachel, quien busca su abrigo en medio de mis sacos y vestidos en el perchero. Me acerco a la cama y vuelvo a posicionar a la niña donde se encontraba con anterioridad tapando su pequeño cuerpo antes de dejarle un beso en su cabeza.
Camino hasta la silla más próxima a mi comenzando a despojarme de mi calzado y abrigo que es el refugio del anillo perteneciente a Rachel. Tanteo mi bolsillo e introduzco mi mano para sacar el estuche de terciopelo azul de forma cuadrada. Lo coloco sobre la mesa de maquillaje, donde parte de sus cosméticos aun siguen desparramados sobre ella. Trago saliva observándola por el rabillo de mi ojo. Ella permanece petrificada en su lugar, mirando con detenimiento mis movimientos y el objeto que he dejado cerca de sus cosas.

— Si decides irte… — digo fijando mi vista en el estuche — Asegúrate de no regresar. — levanto mi mirada buscando la suya y ambas permanecemos en silencio soportando las ganas de lanzarnos a los brazos de la otra, pero como siempre, mi móvil interrumpe nuestro momento.

Ella intenta hacer una mueca con su boca parecida a una sonrisa resignada negando con su cabeza, yo prefiero correr hasta el para que no despierte a Charlotte y rogando recibir buenas noticias.

Pensé que te encontraría durmiendo. Lo siento… — Oír su voz en estos momentos es un detonante mas para perder mi paciencia, pero pido con mi mente clara que no termine de arruinar mi noche, o al menos, no más de lo que esta hasta ahora.

Tranquilo, aun no he podido recostarme. — digo sintiendo como Rachel ha retomado sus acciones a mis espaldas.

Ya he llegado, estoy en el hotel. ¿Puedes bajar?

No puedo. ¿Qué tal si tú subes? — Al instante que las palabras abandonan mi boca Rachel detiene sus pasos en mitad de la sala seguramente preguntándose con quien hablo y queriendo retrasar su partida para ver con sus ojos quien vendrá a verme.

No quiero molestar además, has querido mantener esto en secreto. Allí estará Rachel o es muy probable que nos escuche hablar.

No te preocupes por ella, la señorita Berry ha decidido volverse a Lima. Estaremos a solas. — Digo escuchando el balbuceo de Simmons por el auricular pero prestándole mi completa atención a las reacciones de Rachel. ¡Vamos, dime algo! Maldición… — Te espero.

Sin más corto la llamada y vuelvo a marcar pero esta vez desde el teléfono fijo perteneciente al hotel.

— Espera un momento. — le pido a Rachel, aun sin ella haber dado siquiera un paso para alejarse.

Señorita Fabray ¿En qué puedo ayudarla?

Necesito el coche inmediatamente. Deben llevar a la señorita Berry hacia el aeropuerto.

Muy bien, de inmediato.

Sin más corto la comunicación y vuelvo hacia la barra. Vamos Rachel, no te vayas.

— Ya puedes irte. — digo apretando mi mandíbula dándole la espalda en todo momento.

La escucho balbucear, suspirando y queriendo volver a empezar pero simplemente decide callarse y abrir la puerta donde decidirá tomar un camino lejos del mío. No puedo voltearme pero quiero hacerlo. Quiero convencerme que hay una esperando aun, que en verdad ella no quiere dejarme, pero al momento en que decido hacerlo el clic de la puerta de escucha como eco en la sala, en mis oídos.

Aprieto mi mandíbula sintiendo el nudo en mi garganta, el mismo que he sentido cuando vi la tumba de Allison bajo mis pies, el mismo que he sentido cuando desperté y no tuve a mi hija a mi lado.

Rachel me dejó.

Dos golpes se escuchan en la puerta y aun no se cuanto tiempo he permanecido parada frente a la barra con mi whisky sin probar. Camino hacia la habitación y cierro las enormes puertas para que Charlotte no despierte con nuestra conversación.

Simmons permanece en su lugar escrutándome con su mirada una vez que mi cuerpo queda visible para él en la entrada.

— Quinn… — levanto mi mano, mostrándole mi palma impidiéndole que hable respecto al tema.

— ¿Has traído los papeles?

— Aquí está todo. Si tú quieres podemos dejarlo para mañana.

Río con amargura — No digas idioteces, aquí no ha pasado nada. — camino de vuelta a la sala, esta vez tomando asiento en los sillones posando la carpeta con documentos en la mesa ratona.

— ¿Qué hay de la niña? ¿Dónde está? — me pregunta Simmons a la vez que tomo mis anteojos de lectura.

— Duerme en la habitación.

— ¿Rachel ha aceptado a dejártela sin más?

— ¿Por qué la tomas? — Intento bromear abriendo la carpeta. Preparándome para constatar con mis ojos la verdad. — He tenido que amenazarla con denunciarla para que la dejase aquí. De todos modos no me confío, ella no se quedara con los brazos cruzados.

— Pues, ella no podrá quitártela Quinn. No puede quitarte algo que es tuyo… — me susurra tomando asiento frente a mí, separándonos la mesa. — Te dejare leer tranquila. — Recuesta su espalda en el respaldo y se limita a observarme en silencio.

Me tiemblan las manos tras su sentencia.

No puede quitarte algo que es tuyo.

Mis ojos recorren palabra por palabra, sin embargo mi concentración no está 100% en lo que dice allí, sino en Rachel Barbra Berry. Suspiro molesta, paso mi mano por mi cabello e intento retomar la lectura teniendo éxito.

Lima Memorial Health system

Resultado

El perfil genético obtenido de la muestra perteneciente al hijo SI es COMPATIBLE con el perfil genético del Presunta Madre.

El análisis estadístico de coincidencia haciendo uso de las frecuencias alelicas obtenidas por genómica en un estudio representativo de la población de Lima, Ohio, da una PROBABILIDAD DE MATERNIDAD (W) de: 99,9999%

Mis ojos se detienen en el porcentaje sin poder desviar mi mirada de allí para seguir leyendo el documento que se encuentra entre mis manos.

— Quinn… — Simmons me saca de mis pensamientos sacudiendo mi hombro izquierdo con su mano y un casi inexistente tacto. — Tal vez deberías…

No lo dejo continuar — ¿Has traído los papeles? — Digo aclarando mi garganta sin dejarme vencer por los nervios y las ganas de romper en llanto.

— Si, están al final de la carpeta. Déjame ayudarte…

Dejo que haga las cosas a su antojo, no tengo ánimos de ponerme a gritar mucho menos descargar mis frustraciones en él. Me levanto del sillón en busca de mi vaso con whisky, el único que podrá calmar un poco mi ansiedad. Lo tomo en un abrir y cerrar de ojos, volviendo a llenarlo para seguir con el propósito de no querer sentir mas nada en lo que resta de la noche.

— Debes calmarte… — Simmons vuelve a tomarme desprevenida. Aun no sé si estoy tan tomada que no veo cuando se acerca hasta mí. — Lo mejor será que revisemos los documentos mañana en el desayuno.

— ¡No! — lo detengo dejando el vaso en la barra, dándole a entender que no seguiré comportándome como una idiota. — Yo puedo hacer esto. Eres mi abogado y mano derecha. Terminemos con esto cuanto antes. — Golpeo su hombro y camino hacia el sillón nuevamente.

— Sabes que no me gusta llevarte la contra, pero debes tomarlo con calma. — me dice aun parado, observándome desde lo alto.

— Vamos, viejo amigo. Dame una mano aquí, no hagas el proceso más lento. — golpeo el lugar vacio a mi lado y vuelvo mi atención a la carpeta. — Veamos que tenemos por aquí… — susurro acomodando mis anteojos en el puente de mi nariz. — ¿Debo leer o puedo confiar en ti? — murmuro paseando mi vista sobre los documentos.

— Eso debes decidirlo tú. Yo he hecho lo que me has pedido.

— Bueno… — tomo la pluma que hay en la mesa que descansa a un lado del sillón, siendo el sostén de una hermosa lámpara dorada — No he logrado convencer a Rachel para que se case conmigo. — Canturreo — ¿Qué hare ahora? ¿Puedo firmar de todos modos?

— Quinn… — toma mi mano derecha parando la acción de apoyar la punta de la pluma en la hoja para garabatear mi firma. — Te pido… como amigo si quieres, que lo pienses bien. Tomate un tiempo, fíjate como van sucediendo las cosas y luego, si aun sigues con la misma idea, tendré estos documentos esperando por ti.

— ¿Tiempo? — Pregunto incrédula — Tiempo es lo que me falta, lo que no tengo. No digas estupideces.

— Quinn… — lo interrumpo

— No seas ingenuo, tú mejor que nadie sabes que no tengo tiempo, Simmons. Mi plan respecto a Rachel ha fracasado pero aun puedo hacer algo al respecto. Firmare esto, y cuando llegue el momento me iré en paz, sabiendo que dejo todo en orden aquí.

— No te apresures a los hechos, aun no sabes tu destino.

— Claro que lo se… — niego con mi cabeza volviendo la vista a los papeles.

Se perfectamente lo que me espera.

— ¿Estás segura?

— Completamente…

Sin más leo por arriba el documento que redactó Simmons, colocándole como sello permanente mi firma en la parte baja.

— ¿Necesitas algo más?

Niego con mi cabeza. — Ha sido suficiente por hoy. — Me levanto del sillón dejando que Simmons cierre la carpeta para llevársela. — Mañana nos volveremos a Lima, puedes venirte con nosotras. — digo acompañándolo hasta la puerta de entrada.

— Muy bien. Mañana mismo vendré a desayunar y conversar sobre el tema de Warner.

— Te estaré esperando. — Abro la puerta y dejo que se despida para volver al sillón y seguramente pasar una noche más en vela.

— Quinn… — dice antes que cierre la puerta — duerme y no pienses más al respecto. Rachel volverá si así lo quieres.

Intento sonreírle pero mis labios solo dibujan una débil mueca — Rachel estará mejor sin mí.

— No te castigues mas — Deja un apretón en mi hombro — Ahora debes ocuparte y preocuparte por Charlotte.

— Lo sé — Apoyo mi mano sobre la de él — Ahora mismo, mi hija es la única que me interesa.


He leído varios comentarios donde me dicen que no entienden muchas situaciones o el porque de las cosas. Este fin de semana me lo tome para leer la historia y caí en la cuenta que, queridisimos lectores sin ánimos de ofender, leen por encima sin prestar atención a las cosas que coloco. La historia ya esta casi terminando, así como descubriendo las cosas, pero deben de prestar mas atención a las conversaciones, no son simples interacciones de relleno... muchas de ellas revelan cosas, dejan entrever detalles que son disparadores para que le mente relacione los pequeños pedazos que voy dejando para armar un todo.
En cada capitulo me encargo de dejarles nuevas cosas para analizar, no soy Sherlock ni estamos resolviendo un misterio acá, no en esta historia, pero quizás con esos pequeños detalles puedan entender mejor a los personajes, su historia, pasado.. etc.

Ahora si, espero que todos se tomen sus minutos para desmenuzar bien lo que pongo y dejen que su imaginación vuele. Estoy escribiendo la historia en el momento, tal vez se me escape algún detalle, pero todo sigue una lógica o al menos eso pretendo yo.

No les quito mas tiempo, gracias por leer y darle una oportunidad a mi fic! En lo personal, este cap es el mejor.

Buena Semana!


Glee y sus personajes no me pertenecen.