Han sido casi tres semanas desde que su padre se fue a buscar al Capitán Steve Rogers al Ártico y desde que llegó Thomas, y en ese tiempo han pasado un sin fin de cosas.
Tenían nuevos amigos, Annie, Kupa y Owen, cada uno de diferente nacionalidad. Annie era de Rusia y era dos años mayor que ellos, no tenía padres ni familia cercana a ella, su maestra Jasmine era lo único que tenía. Kupa venía de una tribu del sur de África, su padre era el líder y viajaba junto con el maestro de Owen. Este último venía de Australia aunque de padres americanos, que son senadores en el consulado americano de aquel paí ellos estaban en su casa por petición de Thomas, algo que ver con que tenían que conocer a más niños de su edad. Y aunque al principio los consideraban unos idiotas, demostraron ser lo contrario. A su manera.
Annie era una sabelotodo en geografía e historia, Kupa era más del tipo filósofo gracias a su descendencia y Owen era un experto de los animales. Ninguno estaba obsesionado con las caricaturas o esas cosas que veían que los demás niños disfrutaban.
Tom también les había estado enseñado cosas interesantes, por medio de juegos de mesa les ha enseñado a hacer estrategias de guerra. Tony no la hallaba tan importante al principio, pensaba que no sería necesario, pero resultó ser más interesante que necesidad. También les enseño mucho de historia, geografía y psicología. No fue tan necesario empezar de cero pues gracias a Annie avanzaron rápido que casi se ponían a la par con ella. Eran unas pequeñas esponjas.
Pronto, sin que se dieran cuenta, todos ellos se volvieron como en una pequeña familia. Claro, de vez en cuando se peleaban pero se querían unos a otros como hermanos.
Y pronto sería el cumpleaños de ambos.
Había una exhibición en Washington del Capitán América a la que su padre les había prometido llevarlos. Así que no había nada de sorpresa que el mero día se quedarán la mayor parte del tiempo, con maletas listas, frente a la puerta de la entrada a esperar a su padre. Solo que él nunca llegó. Ni si quiera una llamada para felicitarlos.
Lavado de cerebro, control mental, manipulación, tortura, cualquier nombre que se le venga uno a la mente para describir lo que Hydra había hecho con James 'Bucky' Barnes. Y no había duda de que haría pagar a todos y cada uno de los responsables
'El Soldado de Invierno', así es como lo llaman. Una sombra, un fantasma, el perfecto asesino de Hydra, era su arma definitiva. Pero él sabía que no era así. El hombre que estaba frente a el—que intentaba matarlo— era Bucky, nadie más. Lo único que tenía que hacer era averiguar cómo romper ese control mental que tenían sobre él.
"Vamos, Barnes, tienes que recordar." Siseo entre diente, una navaja a unos cuantos centímetros de su rostro.
Después de tres semanas de intensa búsqueda, por fin encontró a su objetivo en un bosque de Rusia. Marcy lo había acompañado pero opto por quedarse atrás. No podían arriesgar la misión o más bien, él no quería comprometerla si algo salía mal. Barnes estaba escoltando a un alto mando de Hydra, uno muy joven, Varon Von Strucker. Y aunque tenía muchas ganas de echarle a perder su jueguito, su misión era Barnes nada más. Pero él se llevó la más grande sorpresa.
De alguna manera, Hydra había logrado replicar el suero de súper soldado—más o menos— en Bucky. No era tan difícil. Tenía sangre asgardiana después de todo. Lo que era difícil era no hacerle daño a su amigo mientras intentaba defenderse de ese filoso cuchillo que estaba demasiado cerca.
"Barnes…" Con un movimiento rápido pero brusco, logro alejar a Soldado de él. La adrenalina de su cuerpo estaba al tope y su respiración era agitada. Miro a Barnes a los ojos y con solo eso supo que él no estaba ahí, que James 'Bucky' Barnes estaba muerto igual que Steve. Pero aun así no se rendiría.
Ni tampoco su contrincante.
"Genial, aquí vamos de nuevo." Suspiro. Sus movimientos eran rápidos y precisos, con toda la intención de matar. Con facilidad bloqueo unos de los golpes que se dirigía a su pecho, seguido de una patada al estómago, que no pudo evadir.
El hombre saco de nuevo su navaja trato de agarrarlo por el cuello, pero Howard se recuperó rápido de la patada y de deslizo debajo de las piernas del soldado.
"Vamos Howard, tu puedes." Espero a que James se acercara y lanzara el primer golpe, sujeto su brazo y lo torció en una llave. Pero el hombre se soltó de su agarre y volvió a lanzar golpes.
"Demasiado predecible." Se agacho y lanzo una patada directo a sus piernas, tirándolo en el proceso. Tan pronto como el genio se levantó, el soldado hizo lo mismo. Ambos regresando a su rutina de golpear y esquivar.
"¿Alguna vez te cansas?" Pregunto Howard con voz entre cortada.
¡Bang!
Un dolor inmenso atravesó su abdomen, justo antes de detener uno de los golpes de Barnes. Miro hacia abajo y vio sangre salir de su estómago. Justo en ese momento recordó que no estaba solo. Varios agentes de Hydra yacían muertos en el suelo, otro se quejaban de sus heridas pero el único que faltaba era el Varon Von Strucker.
"Mierda, lo olvide." Sus piernas cedieron y cayó al suelo de rodillas, una mano apretando su estómago.
"El famoso Raven, el asesino más peligroso del mundo. Y yo aquí, sosteniendo el arma que lo mato."
"Necesitas más que eso para matarme." Respondió entre dientes.
"Oh, no se preocupe. Hare más que eso." Una sonrisa diabólica apareció en el rostro de Strucker mientras su vista se tiño de rojo y un dolor intenso lo dejo inconsciente.
Howard se despertó de golpe con la respiración agitada, de inmediato arrepintiéndose de haberlo hecho al sentir un dolor en su estómago. Entonces todo vino de regreso: la pelea, Rusia, Marcy, Barnes… el casi muriendo. No fue solo una pesadilla, fue la realidad.
"Howard…" Y esa voz, Peggy. "Shh, tranquilo, recuéstate o te vas a lastimar más." Le dijo en voz baja, casi como si tuviera miedo de levantar la voz aunque sea un poco.
"¿Pegs?" Se veía cansada, el pelo desalineado y sus ojos rojos del llanto. Daniel no estaba a la vista, lo que quería decir que ella no se apartó de su lado desde que lo trajeron. Hecho que se hacía cada vez más real al notar las cobijas y almohadas en el sillón de la habitación. Estaba en el ala médica de la orden, en el área especial asignada solo para los miembros más altos. A su lado derecho había un monitor conectado a su brazo, y un suero que estaba incrustado en su muñeca.
"Nos diste un susto a todos, Howard. Pensé que te perdíamos." Dijo Peggy, con evidente tristeza en su voz.
"Lo siento." Lo siento por no haber traído a Bucky a casa, por haberle fallado a ti y a Steve… Lo siento por no haber sido lo suficientemente capaz para esta misión… y por casi haber muerto.
Y lo siento Tony, Greg, por no haber estado ahí para decirles feliz cumpleaños.
"¿Qué paso?" Pregunto Ve. El y Howard estaban en su oficina, ambos mirándose con furia a los ojos.
Si no fuera porque acababa de salir del ala médica, estaba seguro de que ya se hubiera abalanzado contra él. No solo estaba enojado con él por no mostrar preocupación por su propio hijo quien estuvo a punto de morir, o porque se perdió el cumpleaños de sus hijos por cumplir con dicha misión que provoco toda esta situación, no, el no solo estaba enojado porque él está enojado porque fallo una misión que él sabía muy bien que era peligrosa y que lo seguiría siendo hasta no saber qué hacer con el Soldado de Invierno.
"Y bien…" Para este punto estaba más que listo para golpearlo en el rostro sin importar en las consecuencias.
"¿Al menos te importa que casi muero haciendo tu estúpida misión?" Pregunto con veneno en su voz.
"Aceptaste la misión sabiendo que algo así pasaría, Howard." El genio tenso la mandíbula y bajo la mirada. No sabía porque se había molestado en preguntar.
Para él no había margen de error, no había debilidades o casualidades, no había fallos en una misión, no había muertes injustificables… para el todo tenía que ser perfecto ¡Siempre!
"¿Y bien? ¿Vas a decirme o qué?"
Levanto la vista y miro a su padre. El hombre ni siquiera tenía una pizca de preocupación, enojo o algún sentimiento, solo indiferencia. Howard cerró sus manos en un puño y las apretó. Después se levantó con mucho cuidado y camino hacia la puerta pero se detuvo a medio camino.
"Hace una semana tus nietos cumplieron cuatro años. Me pidieron que los llevara a una exhibición del Capitán América de regalo… pero por supuesto, no pude hacerlo porque me estaba muriendo… ¿Sabes que recuerdo yo a esa edad? Lo mismo que ellos." Abrió la puerta con más fuerza de lo necesario y la cerro de la misma forma.
Si lo llamaban de nuevo para buscar a Barnes… les iba a decir amablemente que se fueran a la mierda. Tenía dos hijos que criar y una esposa que amar, muchas gracias.
