Palabras en negro pertenecen a canciones.
Battlefield – Lea Michele
Ese maldito momento — No te va gustar
Capitulo Veintiséis
It's easy to fall in love, but it's so hard to break somebody's heart
Todo pasa por una razón. No hay ni existe absolutamente nada que pase por casualidad. Duele terminar con una relación en la mayoría de los casos. A veces, porque fue mucho tiempo invertido en esa relación, otras veces, porque teníamos muchas ilusiones, ideas de grandeza en esa relación. Con Quinn… bueno, con ella lo tenía todo y a la vez nada. ¿Cuándo es suficiente? ¿Cuándo es demasiado? Mi corazón la perdonó, aun sin tener las suficientes razones para estar enfadada con ella. Me mintió, me ocultó cosas… la gran cosa. Yo también lo he hecho con ella. Pero mi mente… ella es la que me dice constantemente que debo hacerme valer, respetar y que no está dentro de sus posibilidades volver a Quinn.
Esta situación me está matando, no he parado de llorar en el avión y aun no logro controlar el sollozo que nace en mi garganta tras volver a pensar en ella. He pisado el suelo de Lima nuevamente pero esta vez, vacía.
What seemed like a good idea has turned into a battlefield…
Nunca debemos imaginarnos un futuro, hacer promesas o vivir a bases de sueños, no sabemos qué puede pasar más adelante. En una relación, es fundamental disfrutar el momento y no esperar que las relaciones duren para toda la vida o mucho tiempo. Que pesimista suena aquello, pero ¿Ha sido diferente para mí? Espere por Quinn para que corriera detrás de mí pero nunca apareció. ¿Cómo debo tomar aquello? ¿En verdad esto se ha terminado?
You and I We have to let each other go…
— Señorita… ¿Se encuentra bien? — la voz del taxista me toma por sorpresa.
— Si ¿Por qué?
— Ya hemos llegado — señala a través de su ventanilla la puerta de casa. La camioneta de Kurt se encuentra estacionada en la entrada de mi garaje.
— Oh… — Suspiro y vuelvo a caer en la cuenta que Quinn no está a mi lado — Tomé y gracias.
— La ayudare a bajar sus maletas. — Comenta con la intensión de bajarse del coche pero no dejo que lo haga.
— No se preocupe, puedo sola. Muchas gracias. — Sin más bajo cargada con mis cosas. El taxista pone en marcha su auto desapareciendo detrás de mi espalda mientras sigo con mis pies clavados en la vereda observando lo que aparenta ser mi hogar. ¿Aparenta? Pues sí, ya no lo siento mío. Siento que no pertenezco aquí.
— ¿Rachel? — Es la voz de Kurt que se escucha lejano pero sin embargo su cuerpo esta a centímetros mío. — Rachel, ¿te encuentras bien? — pasa su mano frente a mi rostro buscando signos de estar con los pies en la tierra.
— No. — murmuro sintiendo repentinamente como todo comienza a darme vueltas. Cierro los ojos momentáneamente dejando que mi cuerpo arrastre mi cabeza hacia atrás. Las manos de Kurt me sostienen gritando cosas que solo puedo oír como susurros.
— Rachel… por dios santo, reacciona. — Golpea mis mejillas levemente.
— Adentro… — digo con voz quebrada — Llévame adentro.
Lo próximo que siento es la comodidad de mis almohadones acolchonados pertenecientes al sillón que tengo en la sala.
— ¿Puedes decirme que sucede contigo? — me pregunta Kurt una vez que he logrado quitarme el saco, recibiendo una botella de agua helada.
— Solo se me ha bajado un poco la presión, nada más. — comento antes de darle un sorbo largo a mi agua.
— Bien, supongo que la presión también hizo que tus ojos se hincharan y tuvieras tu nariz roja ¿cierto? — Se cruza de brazos una vez que tomo asiento sobre la mesa ratona.
— Kurt, no ahora por favor. — pido colocando la botella helada en mi nuca y por momentos en mi frente. — Se me parte la cabeza.
— Sabes que no quiero presionarte, pero tienes una pinta de mierda. Ojeras, el rímel corrido, tu pelo es un asco… — levanto mi mano interrumpiendo su apreciación de mi fatídico estado.
— Mi cabeza… — murmuro de mala gana dándole a entender que no me apetece ahora mismo tener este tipo de conversación.
— Solo dime una cosa — Asiento de mala gana — ¿Es por Quinn?
Peace will come when one of us puts down the gun…
Mi mentón comienza a temblar y solo tiendo a tapar mis ojos con mi brazo izquierdo, empezando nuevamente una ronda de lágrimas.
— Llora todo lo que sea necesario. — susurra en mi oído acariciando mi cabello.
— Tú lo sabías ¿cierto? — siento como se aleja un poco de mi — Sabias que Quinn me lastimaría.
— Cariño, todo se arregla conversando. En esta vida todo tiene solución, menos la muerte. Tú sabrás solucionarlo. — deja un beso en mi frente sin responder mi duda dejándome sola en la sala.
We seemed like a good idea.
La ruta semi vacía, como mi vida sin vos…
Soy una experta en perder gente, seres queridos, amores fallidos. ¿Esto tiene solución? No lo sé. Siquiera sé si volveré a verla, pero Charlotte ha llorado el día entero tras explicarle que Rachel tuvo que marcharse. Hemos disfrutado el día en un parque, la he llevado al zoológico y a comer pizza, su comida favorita, sin embargo ha decidido no dirigirme la palabra. La famosa ley de hielo.
Quién hubiera imaginado que llegaría el momento, ese maldito momento de mirar para un costado…
Me senté en la alfombra de nuestra habitación luego de un día agitado con Charlotte recuperando parte de las horas perdidas gracias a las consecuencias que tuve a que aceptar con el tiempo por mi trabajo. Aquella alfombra, aunque nada extravagante, lograba desconectarme de la realidad con su suave pelaje color crema. Con mi espalda apoyada contra el borde de la cama y mi móvil entre mis manos esperando siquiera una llamada de su parte, provocaban que cerrara mis ojos y viajara mentalmente lejos de allí.
Si no estás en mis mañanas, si no me río con tu voz,
La conversación que había tenido la noche anterior con Rachel había dejado algo pendiente en mi. No solo supimos admitir parte de nuestros errores, sino también el hecho de tomar la decisión de una separación definitiva.
Nunca lograras entregarte a alguien para amarlo completamente
Tras hacer un vistazo intensivo en mis amores pasados aun con mis ojos cerrados suspire. Suspire dejándolo todo allí, mi dolor por no tener a Rachel pero mi tranquilidad por encontrar a Charlotte luego de tantos años y darla por muerta.
si me siento acorralado…
Si tan solo no le hubiese mentido a Rachel desde un principio, siendo clara con ella y conmigo misma, seguramente todo sería más fácil ahora mismo.
Quizás si no fuese tan estúpida y desconfiada sin estar tan expuesta al peligro...
Quizás si… si tan solo…
Suspiro y tiro mi cabeza hacia atrás apoyándola en el colchón. Esta vez me siento de lado mirando hacia la cabecera de mi cama. El pelo castaño de Charlotte desparramado en la almohada me recuerda a mis años siendo Lucy. Mis años donde era una pequeña niña y no tenía noción de lo cruel que puede ser el mundo o las personas que te rodean. Yo no elegí esta vida, ella me escogió a mí sin preguntar, así como escogía a Charlotte. ¿Lo permitiría? Claro que no, hare todo lo posible para que ella no tenga que vivir está condenada vida sola, desconfiada y distante de los demás. Hare que ella cambie el apellido Fabray, que limpie el camino que nosotros nos hemos encargado de ensuciar.
Es por no haber apreciado y yo mismo haber tirado lo que la vida me dio…
Arrastro mi mano sobre el acolchado crema buscando el calor de la pequeña mano de mi hija, del pequeño ser que me arrebataron a los dos años de haberla parido. Mi pequeño sueño.
Rozo con la yema de mis dedos el dorso de su suave piel pálida sintiendo rápidamente como gira su mano tomando mi dedo índice. Muerdo mis labios, mi mejilla interna soportando las intensas ganas de llorar, sintiendo como mis ojos se nublan por las lágrimas.
— ¿No puedes dormir? — murmura con su voz dulcemente adormilada.
Niego con mi cabeza permitiendo que pueda verme gracias al velador que he dejado encendido para ella.
— ¿Quieres que te cuente un cuento para dormir? — Comienza acariciar mi mano — ¿Quieres? — vuelve a preguntarme tras mi mutismo.
— Si.
— Ven… — Se despoja de las sabanas permitiéndome entrar en ellas junto a su pequeño cuerpo. No lo dudo un segundo, me despojo de mis zapatos y me cuelo rápidamente apoyando mi cabeza en su pecho, sintiéndola reír por mi acción.
¿Es posible sentirme a salvo junto a ella? ¿Con una niña de seis años? Creo que en esta vida todo es posible, así como sentir que ella es mi hogar, mi destino. Siento que he llegado a mi meta necesitándola solo a ella. Siento que es tiempo de cerrar un círculo, cambiar de página, dejarlo todo por ella. Se lo merece, me lo merezco. No quiero perderla, no a ella.
— ¿Te sabes el cuento de la suricata y el hipopótamo? — Niego con mi cabeza aun apoyada levemente en su cuello. Ella comienza a jugar con mi cabello corto — Había una vez una suricata que vivía en la jungla. ¿Si sabes lo que es una suricata, mami?
— Vuelve a decirlo. Repítelo, por favor.
— Suricata — me dice dudosa pero yo niego con mi cabeza.
— Vuelve a llamarme mamá.
La siento reír en mi oído, el sonido más hermoso que he escuchado luego de su llanto tras nacer. — Mamá. — besa mi cabeza — ¿Si sabes?
— Si, pequeña.
— ¿Podemos tener una? — pregunta repentinamente olvidando el cuento.
— ¿Estás loca? En tus sueños comprare ese bicho.
— Suricata — repite — Ya veremos.
— No, Charlotte. Aquí no veremos nada.
— Como decía… — vuelve a retomar el cuento dejándome con la boca abierta. Tiene el podes de la manipulación. Ya me veo con una suricata como mascota. — Vivía en la jungla, y ella tenía hambre pero era chica, muy chiquitita. Así como lo es mami Rach. — De inmediato se me forma un nudo en la garganta pero sonrío melancólicamente por aun tenerla presente entre nosotras — Y los animales grande tenían toda la fruta porque podían llegar a ellas.
— ¿Qué paso entonces? — pregunto introduciéndome en su historia, cerrando mis ojos momentáneamente disfrutando del momento y sus caricias.
— Se hizo amiga del hipopótamo para poder pararse en su lomo y agarrar toda la fruta que ella quisiese.
— ¿Y que gana con todo esto el hipopótamo? La suricata obtiene su fruta — pregunto
— Una amiga. — Dice y yo me acomodo en mi lugar quedándonos viendo de costado, enfrentadas — El hipopótamo solo quería una amiga.
— Ambos salen ganando. — murmuro
— ¿Tú quieres ser mi amiga?
Sonrío con mi corazón en la mano. Me acerco a ella besando su frente, arropándola entre mis brazos — Seré lo que tú quieras que sea, mi niña. — murmuro cerrando mis ojos.
No tengo nada, no lo merezco vos no me tengas piedad.
— ¡Buen día! — digo entrando en la cafetería para desayunar.
— Rachel, ¿Qué haces aquí? — me pregunta el dueño aun sin entender mi presencia allí.
— Bueno, he regresado antes del viaje. — Digo tomando asiento en el taburete perteneciente a la barra — Y decidí pasar por aquí para desayunar algo, echarles una mano quizás. — Intento sonreír tras estar tres días enteros sin saber nada sobre Quinn. Comienzo mi cuarto día intentando regresar a mi vida cotidiana lejos de mi cama y los pañuelos.
— Tú estás en tus días libres, ni se te ocurra venir aquí con la intensión de ponerte a trabajar. — me apunta Rick con su dedo índice.
Levanto mis manos dándome por vencida — Entonces, solo me tomare un café.
— Eso puedo concedértelo — me sonríe colocando una taza vacía sobre la barra para luego caminar hasta el café — ¿Qué hay de ti? ¿Cómo lo han pasado en Nueva York? — me pregunta vertiendo café.
— Muy bien. — miento bajando mi mirada — ¿Cómo te las has arreglado aquí?
— Bueno… — comenta tomando un muffin para mi — He contratado a dos muchachos. Están en periodo de prueba, pero son conocidos míos y les tengo algo de confianza.
— Que bien… — digo luego de darle un sorbo al café — ¿Qué hay de Katherine? ¿Sabes algo?
Niega con su cabeza — ¿Tú?
— Nada — respondo cayendo en la cuenta que se ha marchado con Charlie a no sé donde sin volver a dar señales de vida. ¿Estará bien? — ¿Danielle? — pregunto pero su respuesta se ve interrumpida por los pasos que se oyen a mi espalda.
— ¿Cuándo pensabas decirme que estabas aquí? — toca mi hombro con sus dedos.
— ¿Hoy? — pregunto apenada girándome en mi asiento
— Eres un enano bastante desconsiderado.
Pongo mis ojos en blanco — Y tú sigues siendo la misma perra de siempre. — Bromeo y ambas sonreímos antes de saludarnos con un abrazo — ¿Cómo te encuentras Santana?
— Muerta de hambre. Acabo de salir de Bora. — la piel se me eriza comenzando a golpear las preguntas que quisiese hacerle respecto a Quinn. ¿La has visto? ¿Está en Lima? ¿Ha vuelto a Bora? Pero ahogo mi curiosidad en mi propia mente.
— ¿Quieres que desayunemos juntas?
— Que mas da — levanta sus hombros sonriendo — Britt viene en camino.
— Oh, genial. — digo y lo próximo que oigo es la conversación que mantiene Santana con Rick pidiendo su desayuno. Camino hasta la mesa cinco, donde hemos desayunado con anterioridad Quinn, Charlotte y yo.
Me siento una maldita desconsiderada teniendo en cuenta que ni siquiera he intentado mover cielo y tierra para encontrar a Charlotte, pero tras llamar al móvil de Quinn en una noche de debilidad y encontrarlo apagado, me ha dejado en claro que ya no soy bienvenida en sus mundos. Solo espero que la niña se encuentre bien, después de todo con Quinn tendrá lo que desee y más.
— ¿Qué te tiene así, enano?
— ¿Puedes dejar de decirme así? Ya no estamos en el instituto, Santana. — digo tras verla tomar asiento frente a mí.
— Que sensible te encuentras hoy. ¿Estás en tus días?
Suspiro. Ojala fuese eso. — No es nada.
— Pues para mi es todo. Mira tu cara, pareces enferma. — Llevo las manos a mi rostro mostrando cómo me ha afectado su comentario — ¿Todo está bien en el paraíso?
Levanto mis hombros sin saber que responder, que contarle y hasta donde relatar mi historia con Quinn.
No debes confiar en todos, Rachel.
Las palabras de Quinn resuenan en mi cabeza. ¿En quién puedo confiar? Suspiro cerrando mis ojos. He entrado en el mismo mundo que ella incorporando su inseguridad en mi.
— Todo esta… — titubeo y el saludo alegre por parte de Brittany me salva momentáneamente de mi respuesta. — ¡Brittany! ¿Cómo estás? — pregunto luego de recibir su saludo.
— Cansada, pero feliz de verte. — Toma mi mano sobre la mesa luego de dejarle un beso en los labios a Santana sentándose a su lado, tomándome por sorpresa. Santana algo avergonzada hace una mueca con sus labios intentando sonreírme. No se lo esperaba en absoluto.
— Puedo verlo. — Le sonrío devolviéndole el apretón — Creo que aquí me he perdido de algo. — Las observo como intercambian miradas ruborizándose a la misma vez. Hoy definitivamente mi mente ha estado volando mucho en el tiempo. Recordando la primera vez que las vi desayunar aquí juzgándolas por su aspecto o simplemente por el hecho de tenerse amor. Amor entre dos mujeres. He comprendido que uno forja su personalidad según su entorno, o al menos eso creo. He crecido en un ambiente donde mi madre me ha hecho creer que el amor entre dos personas del mismo sexo es algo aberrante, pecaminoso. Quizás, Quinn no tuvo el mejor ejemplo a seguir pasando por situaciones desfavoreciéndola en todo momento, sola. Como me ha sucedido a mí.
— Hemos decidido que dejaremos de trabajar en el bar. — Suelta Santana tomándome por sorpresa.
Abro mis ojos como platos y ellas esperan aun mi respuesta — Me parece… — balbuceo — ¡Genial! — estallo en felicidad. — Es lo mejor que pueden hacer. — Las tomo a ambas de sus manos — Créanme que es la mejor decisión que han tomado. — Las aliento.
— Bueno, aun no podemos irnos. — Comenta Brittany provocando que frunza mi ceño — Debemos juntar un poco mas de plata para poder permitirnos un mes sin trabajar, por si nada surge… ya sabes.
— No entiendo. — Niego con mi cabeza — Son jóvenes, están capacitadas. Encontraran trabajo rápidamente.
— Berry, despierta — Santana golpea la mesa con su mano cerrada llamando mi atención, como si estuviese golpeando una puerta — Pueblo chico, infierno grande. Tendremos que irnos de aquí si queremos encontrar algo como la gente.
— ¿De qué hablas? No pueden irse.
— Creo que si, Rach. — me responde Brittany
— Aquí todos nos tildan por prostitutas y lesbianas. — Dice con sus dientes apretados — ¿Quién demonios crees que nos dará trabajo? Uno que nos pague bien, no centavos por horas de servicio. — termina de su explicación dejando caer su espalda contra su asiento.
— Puedo hablar con Rick… — digo intentando buscar una solución a su problema — Puedo pedirle a él que les haga un lugar aquí si así lo quieren.
— ¿En serio? ¿Tú podrás hacer eso? — pregunta ilusionada Brittany.
— Claro. — Asiento con mi cabeza — La paga no es como en Bora, pero definitivamente podrán sobrevivir.
— ¿Por qué tú harías eso? — pregunta Santana cruzándose de brazos.
— ¿Cómo? — pregunto desconcertada
— ¿Por qué me ayudarías teniendo en cuenta que he hecho de tu vida un infierno?
Suspiro negando con mi cabeza y sonriendo — Todos merecemos una segunda oportunidad. — digo inconscientemente. El silencio ocupa nuestra mesa, ellas me observan sin atreverse hablar y yo muerdo mi lengua para no largarme a llorar nuevamente, como es de costumbre en estos días.
— Has hecho bien en salir de su vida — Santana rompe el silencio — Estas a tiempo, cuídate tú.
— Ella no es mala persona — Sorbo mi nariz — Ella… — levanto mis hombros sin saber que mas decir.
— Nadie ha dicho lo contrario, pero no puedo opinar lo mismo sobre su entorno. Has hecho lo correcto.
— Santana… tú me has llamado cuando estaba en Nueva York. — las veo como se acomodan en su asiento algo incomodas por mi sentencia — ¿Qué ha pasado? ¿Por qué preguntabas si estaba en casa?
— No… bueno — mueve sus manos nerviosa — Yo…
— Es Julia el problema aquí ¿cierto? — Solo asiente — ¿Dónde estabas cuando me llamaste? ¿Qué ha pasado?
— Nosotras… — señala a Brittany — Estábamos aun en Bora cuando la oímos hablando por teléfono. Ella no sabía que nosotras aun permanecíamos ahí…
— Bien… — digo luego de un silencio largo, esperando para que siguiese con el relato. Brittany asintió con su cabeza.
— Ella hablaba con alguien por móvil sobre tu viaje, relatando que tú estás manteniendo una relación con Quinn.
— ¿Con quien hablaba? ¿Has podido escuchar su nombre?
Asiente con su cabeza — Creo que deberías tener cuidado de quien te rodeas. Ella menciono a… — la campanilla de la cafetería nos interrumpe y mi aliento abandona mi boca de la sorpresa.
Las chicas aun sentadas frente a mi detienen su relato tras ver como mi cara se transforma.
— ¿Qué demonios hace ella aquí? — pregunta Santana con su ceño fruncido mirando sobre su hombro
— ¿La conocen? — Trago saliva asustada esperando su respuesta que llega por parte de Brittany.
— Es la hermana de Julia…
Me llama la atencion la poca cantidad de rw, pero agradezco enormemente a las personas que se toman su tiempito para escribirme algo.
El twitter que tenia destinado para fanfiction se me olvido la contraseña (un desastre lo mio) lo cual hice una pagina en facebook (que pronto les dare) para que ustedes puedan entrar y revisar cuando hay actualizaciones de cualquier historia, recomendaciones, ver trailers de fics y manips. Alli todo va a ser bienvenido, tanto Faberry / Achele / Karmy (faking it)
No los aburro mas. Tengan buena semana, nos leemos prontito!
Glee y sus personajes no me pertenecen.
