Capitulo Veintisiete


— Tienes que estar bromeando — digo sorprendida por tener a mi enemigo cerca.

Danielle hermana de Julia. Julia hermana de Danielle. Demonios, ¿Cómo he sido tan estúpida? ¿Quinn lo sabía?. Mi respiración comienza a dificultarse por la sola idea de estar metida nuevamente en una mentira de Quinn. Ella tiene que saber de su existencia, por el amor de dios, se ha acostado todo este tiempo con Julia. Mis manos comienzan a temblar a la vez que veo como Santana y Brittany intentan esconderse de la mirada que echa Danielle por todo el local.

Quiero irme de aquí, correr antes de decirle lo primero que se me venga a la cabeza a Danielle, por supuesto nada lindo. Julia quiere verme muerta, lejos de Quinn ¿Qué pretendía Danielle? ¿Sabe sobre la jugada de su hermana? ¿Es su cómplice? Solo se me vienen a la cabeza los diferentes episodios que viví junto a Quinn por su ha aparecido de la nada teniendo esa especie de crush conmigo, sin titubear a la hora de enfrentar a Quinn en el caso de ser necesario.

— Tienes que decirme con quién demonios conversaba Julia — digo teniendo un arranque de coraje tras observar como Danielle se encaminaba hacia nuestro camino — Santana, dímelo ya. — Golpeo la mesa disimuladamente para que me preste atención y hacerle entender que hablo en serio.

— A nosotras no nos conoces bajo ningún punto de vista. Invéntate algo, Berry — dice rápidamente inclinándose hacia delante.

— ¡Rachel! — dice con una falsa alegría llegando hasta nuestra mesa. Ahora puedo leer perfectamente sus gestos con más conciencia. — Que bueno es volver a verte por aquí.

— Dani — sonrío apartándome de mi asiento, corriéndome hacia mi izquierda para dejarle un lugar a ella. Golpeo el asiento acolchonado tomándola por sorpresa a ella y a las muchachas — Ven, siéntate aquí. ¿Cómo te encuentras?

— Oh, gracias — balbucea luego de sentarse y recibir un beso mío en su mejilla — Que… — aclara su garganta, nerviosa — ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías de viaje aun.

— Bueno, he decidido volverme antes.

Abre sus ojos sorprendida — ¿Has decidido? ¿Solo tú?

Asiento con una sonrisa — Sola. — le guiño un ojo y mi estomago comienza a revolverse. Detesto a esta mujer.

— Que… bien — vuelve a balbucear — No quiero interrumpir nada aquí.

— Oh, no seas modesta — tomo su mano para detener su huida confundiéndola aun mas — Solo estoy haciéndoles una entrevista de trabajo.

— Nosotras ya nos íbamos de todas maneras — comenta Brittany, Santana permanece con su mirada fija en Danielle.

— Si es por mí no se preocupen, solo vine aquí a saludar a Rachel.

— ¿Nos conocemos de algún lado? — pregunta Santana interrumpiendo cualquier conversación que pudiese salir en ese momento. La mesa se queda en silencio, miro a Santana quien permanece con su rostro serio recordándome a la vieja Santana, recorro el trayecto hasta Danielle pasando antes por Brittany.

— No — responde algo nerviosa — No me olvidaría de tu cara tan fácilmente.

— Lo mismo digo — responde ella — Por eso mismo pregunto de donde nos conocemos.

— Seguramente me estas confundiendo con alguien más.

— Puede que si… puede que no — responde levantando sus hombros — Si te cortaras el pelo arriba de tus hombros te parecerías a una compañera mía de trabajo. Tú la has conocido, Rachel…

— ¿Ustedes se conocen? — nos apunta Danielle intentando desviar el tema de conversación.

— Por supuesto, ella es la novia de Quinn Fabray. La dueña del bar donde nosotras trabajamos — apunta a Brittany y ella misma.

— ¿Y qué hacen aquí? — pregunta levantando su ceja tomando un poco mas de seguridad.

— Trabajo — responde secamente — Como te comentaba antes, ¿recuerdas a la mujer, Rachel?

Danielle me mira con sus ojos temerosos tensando su mandíbula

— Hmmm, la verdad no sé quién puede ser. — frunzo mi ceño solo un poco para darle a entender que se está metiendo en un lugar que no nos conviene ahora mismo.

— Julia…la que siempre está en la caja, vamos si sabes de quien te hablo — chasquea sus dedos — Julia Roberts, la que está detrás de las polleras de Quinn — deja caer — ¿Tú que apellido eres?

— Es imposible que Dani sea hermana de tan mal intencionada mujer, Santana. — corto la respuesta de Danielle, más bien la salvo antes de que esto se vuelva un completo enredo y problema.

— No sé de quién hablan, lo siento.

— ¿Cómo puedes saberlo? — le respondo con una sonrisa intentando volver a recuperar su confianza — Santana te ha confundido con alguien mas ¿no? — miro a Santana y esta solo levanta sus hombros.

— Bueno, cualquier cosa estaré por aquí si necesitan algo. — Comenta Danielle tras pararse de su asiento — hoy te encuentras realmente preciosa, Rachel.

Finjo una sonrisa antes de responderle pero Santana se me adelanta — Respeto, que Rachel tiene novia.

— Ex… — digo sorprendiendo a Danielle — Tú también estas muy bien hoy. — Le guiño un ojo — Si no te importa seguiré con la entrevista, en unos minutos me uno a ti.

— ¡Claro! — Sonríe — Me iré… — señala su camino — Un gusto conocerlas chicas.

Sonrío hasta que Danielle se aleja definitivamente y nos da su espalda borrando mi sonrisa o cualquier gesto de agrado hacia ella. Suspiro sintiendo como mi nuca ha comenzado a sudar y mis manos tiemblan levemente sobre la mesa.

— ¿Qué demonios fue eso? ¿Te imaginas como se pondrá Quinn cuando se entere lo que acabas de hacer? — Santana me reprocha con un susurro fuerte inclinándose hacia delante, ocupando casi la mitad de la mesa.

— Vuelve a tu asiento y actúa normal, ella aun nos está observando.

— Me vale mierda lo que esa tipa este haciendo, tú no tienes idea lo que estás haciendo.

— ¿Qué quieres que le diga? "Oh si, ellas son mis amigas. Conozco a tu hermana también y ya sé quién eres tú" — me burlo

— No sé si así, pero yo pretendía hacerla cantar.

— Eso no nos sirve ahora mismo, por lo menos no a mi… — froto mi frente — de todos modos no se si se trago el cuento de la entrevista.

— Claro que no, solo una idiota lo haría. Ni siquiera tienes papeles sobre la mesa. — empuja su taza hasta la mitad de la mesa tomando la caja de cigarrillos.

— Guarda eso, aquí no está permitido fumar. — la apunto — ¿Qué demonios hare? ¿Quién me ha mandando a meterme en todos estos líos? — hundo mi cabeza entre mis brazos una vez que Danielle entro en los cambiadores.

Brittany me acaricia intentando calmar mi ansiedad — Lo mejor que puedes hacer es desaparecer, irte lejos de aquí. — tomo su mano apretujándola suavemente.

— Es lo que hare. — Miro mi reloj pulsera — Kurt ya debería de estar aquí, nos iremos al campamento donde están mis hijos.

— Me parece una excelente idea. Deberías quedarte allí hasta que todo se tranquilice por aquí. — Me hace una mueca con su boca de tristeza — ¿Es verdad lo de Quinn?

Asiento con mi cabeza — Ya no estamos más juntas.

— Bueno, quizás ha sido bueno dejarle en claro eso a Danielle.

— Pues si — respondo volviendo a tomar asiento correctamente tras ver aparecer a Danielle — Lo hice con el propósito que le comentara las buenas nuevas noticias para Julia.

Santana bufa por lo bajo, como si estuviese burlándose de la conversación que mantengo con Brittany.

— ¿Qué te hace gracia? — pregunto de mala manera

— Despierta ya de tu sueño, Berry. — Frunzo mi ceño — Julia no se olvidara de ti por el simple hecho de que tú no estés más con Quinn.

— Pero…

— Le has sacado a Quinn, la has enamorado y ella lo sabe. Has arruinado sus planes de sacar beneficio de Quinn. Tú — me apunta — has metido tus narices en sus asuntos y no dudara en destruirte.

La sangre se me hela erizándome la piel — ¿Q-que dices? Ya tiene a Quinn.

— Pero Quinn te quiere a ti, y ella lo sabe. — Intento contradecir con débiles argumentos lo que acaba de decirme pero me interrumpe — Ha encontrado a su mejor aliado — hace un silencio observando sobre su hombro los lejanos movimientos de Danielle — La hemos escuchado hablar con Brody, tu esposo. Él está cerca, Rachel… debes irte. — Mi corazón sube hasta mi garganta.

¡Quinn… ¿Dónde estás?!


— ¿Lo tienes todo?

— Si, ma — me responde arrastrando su pequeño bolso por el césped — Uff, esto esta pesado.

— ¿Para que llevas tantas cosas? — le pregunto una vez que llego hasta nuestro auto que alquile. Sé que suena estúpido teniendo en cuenta que tengo un depósito lleno de autos, pero el hecho de ostentar mis lujos ahora mismo no cabe en mis planes, no cuando quiero pasar desapercibida.

— ¿Te has dado cuenta que tiene un caballito aquí? — me pregunta viéndola como se coloca frente al coche.

— Charlotte, sube ahora mismo a la vereda.

— Que pesada eres. — me pone sus ojos en blanco y bufa por lo bajo haciendo lo que le he pedido. — ¿Cuánto tiempo más debemos esperar aquí? — pregunta apoyando su espalda en la puerta, tirando su cabeza hacia atrás para poder apreciar mejor el cielo.

— Solo unos minutos más. ¿Apurada? — comento dentro del auto abriendo la guantera para revisar lo que hay dentro. Saco un mapa colocándolo frente a mí, apoyado contra el volante.

— No, pero tengo un poco de hambre — levanta sus hombros intentando restarle importancia.

— Pero si apenas hemos terminado de desayunar. — Rio por lo bajo negando con mi cabeza — Que glotona.

— ¡Ey! Pero si estoy en pleno crecimiento ¿Qué te piensas?

— Lo que digas… — respondo perdiendo mi atención en el mapa, verificando cual sería la mejor ruta para tomar.

— Creo que ahí viene. — dice Charlotte luego de unos minutos.

— Entra al auto. — pido con mi tono autoritario ella solo frunce su ceño molesta por mi orden sin embargo lo sigue sin protestar.

Me deshago del mapa dejándolo en mi asiento y bajo del auto acomodando mis gafas junto a mi ropa cómoda que he escogido para el día. Un Rolls Royce negro estaciona en la banquina contraria.

— Señorita Quinn… — me saluda mi chofer.

— Paul ¿Qué hay de nuevo? — veo como se quita la gorra siguiendo por los guantes.

— No mucho, teniendo en cuenta que usted ha decidido apagar su móvil y desaparecer completamente de todo esto.

— ¿Te han molestado mucho? — Asiente

— Simmons esta como loco, tal vez, sin faltarle el respeto ni parecer atrevido, debería pensar bien… — lo interrumpo

— No te pago para recibir consejos, limítate hacer lo que yo pido.

— Si, señorita Fabray — asiente con su cabeza.

— ¿Qué hay con Rachel? — pregunto mirando hacia ambos lados tras sentirme observada, asegurándome que nadie más nos acompaña.

— Acaba de entrar a la cafetería.

— ¿Sola?

— Así es, señorita Fabray.

Suspiro, aun no sé si de alivio por asegurarme que Rachel sigue sola o de nervios por no poder controlar su seguridad.

— Bueno, me iré. Encárgate de guardar ese coche y cambiarlo por otro más… común — Asiente — No quiero que Rachel se dé cuenta de que la estas siguiendo. Procura que este a salvo, Paul.

— Lo hare, señorita.

— ¿Le has echado un vistazo al mustang? — señalo con mi cabeza el auto convertible modelo 67 color azul.

— Si, puede usarlo tranquilamente. Todo está funcionando a la perfección. Nada les pasara. — Se me hace un nudo en la garganta al pensar en mi pasado y tener a Charlotte ahora sentada en el asiento de copiloto.

— No sé qué haría sin ti. — dejo un apretón en el brazo de Paul y me doy media vuelta para subirme al auto — Nos vemos pronto, Paul.

— Tenga buen viaje, señorita Fabray.

Sin más abro la puerta encontrándome a Charlotte luciendo unos hermosos y alegres anteojos rosados con forma de corazones, ella me sonríe luego de echarse un vistazo en el espejo retrovisor.

— ¿Qué tal me quedan? — mueve su cabeza al compas de la música luciéndolos.

— Mejor imposible. — Sonrío tomando asiento en el lugar del piloto, poniendo en marcha el motor — ¿preparada? — solo se limita a levantar sus pulgares bailando al ritmo de la música "Happy" mordiéndose el labio. Sonrío y dejo escapar una leve risa… la primera en años.

El viaje lo hemos pasado entre música, conversaciones sin sentido y hasta juegos absurdos que inventaba Charlotte ganando en todos ellos. Luego de una hora y media el ambiente se calmo dándole paso al sueño, presionando el botón para que el techo volviese a su lugar y el sol no molestara a Charlotte.

Suspiro apoyando mi codo izquierdo en el borde de la ventanilla, pensando, dándole vueltas al asunto de Rachel, su pasado y su padre, Brody Weston, Julia. ¿En qué momento he dejado que mi cabeza deje de ocuparse de los asuntos importantes? ¿Por qué he perdido la razón con Rachel? Froto con mi frente y parte de mi sien, he olvidado tomarme mi medicación. Tomo el volante con mi mano izquierda y con mi derecha comienzo a tantear dentro de mi bolso. Saco las pertenecientes a la mañana las coloco sobre mi lengua y le doy un trago a mí helada agua.

— ¿Qué tomas? — la voz de Charlotte me toma desprevenida.

— ¿No dormías?

— Si, pero no quiero perderme el paisaje — dice desperezándose en su asiento — ¿No me responderás lo que pregunte?

— Solo me duele la cabeza — respondo vagamente sin darle mucha importancia. Evadiendo el tema.

— ¿Todos los días te duele la cabeza? — Pregunta acomodándose el cinturón de seguridad en su pecho — Las tomas todos los días, en cualquier hora.

— ¿Sigues teniendo hambre? — me niega con su cabeza.

Se forma un silencio entre nosotras, ella observando a su derecha el paisaje que se nos presenta y yo dándole vueltas a su pregunta en mi cabeza. Es una niña, y como todo ser humano su curiosidad es aun más grande. La idea de aislarla de toda mi mierda sigue latente en mis decisiones, nada de lo mío la afectara a ella. Ya he tome la decisión de dejarlo todo por ella, no volveré atrás.

— ¿Por qué el sol nos sigue? — me toma desprevenida.

— ¿Eh? — respondo intentando alargar el momento de explicar su alocada pregunta.

— Mira hacia arriba — apunta con su dedo — A donde quiera que vayamos el parece seguirnos. ¿Por qué?

¿Qué mierda respondo aquello? — Sera que le gustas mucho. — bromeo pero ella solo niega con su cabeza.

— No se puede hablar en serio contigo — acomoda sus lentes y vuelve echarle un vistazo al sol, yo solo sonrío por el carácter con el que ha nacido. Pienso que creo he sido un dolor de culo para mis padres.

— Hmmm… — golpeo con mis dedos el volante — ¿De qué color es el caballo blanco de Santiago? — pregunto volviendo al juego de los acertijos.

— Eres muy básica — abro mi boca sorprendida — Blanco, tú lo has dicho. Insultas mi inteligencia. — Se inclina hacia delante cambiándole a la estación de radio.

— Vaya… — comento sintiéndome arrollada por semejante personalidad. — Bueno, déjame pensarme uno mejor, su majestad. — me tomo unos minutos para pensar — ¿Cómo llamas en Japón a un ascensor?

— Supongo que apretando el botón. — levanta sus hombros

— Oye… — juego con su pelo alborotándolo un poco, provocando que ella se remueva en su asiento intentando escapar de mis garras, acomodándose rápidamente tras alejarse. — Siempre cagas mis acertijos.

— La boquita, mamá. ¿Qué dirá Rach cuando… — la interrumpo

— Oh, canta conmigo… — subo a todo volumen la canción que ha comenzado a pasar la radio zanjando el tema de Rachel entre nosotras. Aun no he podido superar el hecho de perderla y hablarlo con Charlotte no está en mis planes.

Don't worry about a thing, Cause every little thing is gonna be alright…

Comienzo a cantar a todo pulmón llamando la atención de Charlotte pero provocando que se una a mí rápidamente con un cómico baile en su asiento. La música se baja repentinamente gracias a Charlotte que ahora me indica con su pequeño dedo que un cartel que hemos pasado.

— ¡Hemos llegado! — grita eufórica comenzando a quitarse el cinturón de seguridad.

— Espera Lottie… — digo haciendo uso del sobrenombre que le he colocado — Aun no llegamos, vuelve a colocarte el cinto por favor. — intercambio mi mirada entre ella y el camino, pero el nuevo cartel que aparece a tan solo unos metros sobre nuestras cabezas deja en el aire mi petición.

— ¡Oh, todo aquí es genial! — chilla feliz señalándome diferentes cosas que comienzan aparecer a nuestro alrededor, intentando mostrármelas a todas a la vez.

Avanzo unos metros más comenzando a bajar mi ventanilla para anunciarnos en la entrada, donde un guardia descansa en una casa hecha de madera bastante rustica.

— Bienvenidas ¿En qué puedo ayudarlas?

— Bueno días… — leo su distintivo — Dave — sonrío — Venimos de visita, he hablado con anterioridad con el encargado, Matt creo.

— Muy bien — Nos sonríe levantando la improvisada barrera que descansa frente a la trompa de mi coche — Lindo auto.

— Gracias — respondo avanzando por el angosto camino de tierra que se nos presenta. A nuestro alrededor nos acompañan frondosos árboles de todos los colores llamando nuevamente la atención de Charlotte. El cantar de los pájaros nos da la bienvenida. Todo es naturaleza en su máxima expresión, puedo sentir como mis pulmones comienzan a desintoxicarse gracias al aire puro.

— Mira… tienen un muelle — apunta a su derecha. — ¿Podemos ir mas tarde?

— Claro, pequeña. — respondo distrayéndome con la gente que se amontona fuera de las cabañas. Detengo el auto y tomo mi bolso pidiéndole a Charlotte que me acompañase hasta la cabaña principal, donde ya me espera un hombre parado en el pórtico.

— Usted debe ser la señorita Lucy — dice caminando hacia mi estirando su brazo para estrechar su mano con la mía.

— Mucho gusto — respondo su apretón — ¿Tú eres Matt? — Asiente con su cabeza — Ella es mi hija, Charlotte. — Coloco a la niña delante de mí sintiendo como apoya su espalda contra mis piernas como gesto de timidez.

— Eres muy hermosa — Matt se pone a su altura apretando una de sus mejillas — ¿Ansiosa por estar aquí? Hay muchas actividades para ti y nuevos amigos para hacer.

— A ella le encanta — respondo tras el mutismo de Charlotte — ¿Cuál es nuestra cabaña?

— Oh sí, lo siento. — Se levanta rápidamente sacando un juego de llaves de su bolsillo — Es la última, espero que eso no le moleste.

— No hay problema — digo echándole un rápido vistazo al sitio. El grupo de gente ahora mismo se está trasladando hacia el muelle donde Charlotte desea visitar. — Tomare mis pertenencias — señalo el auto recibiendo su atención para ayudarme con las cosas. Luego de estacionar bien el auto comenzamos a dejar varias cabañas atrás llegando a la última, cerca de los baños. Una ganga.

— No dude en llamarme si necesitan algo. Yo estaré en la cabaña principal.

— Gracias — digo tomando las llaves que me tiende — Seguramente iré a preguntarte sobre el lugar. — Solo asiente con su cabeza y nos deja solas para acomodarnos y decidir qué haremos a continuación. — ¿Tienes sueño?

— No mucho, en verdad quiero conocer el muelle mamá.

— Bueno, déjame ponerme algo más cómodo en los pies. — Ella asiente y camina hasta la puerta dejándola abierta tras salir. Puedo verla parada en el pórtico observando el paisaje que nos brinda tan majestuoso lugar. Revuelvo mi bolso en busca de mis zapatillas encontrándome de lleno con la pequeña cajita de terciopelo azul. Vuelvo a sostenerla en mis manos, suspirando y recordando la última noche que he disfrutado de su presencia. Fue tan mía, la tuve tan cerca y a la vez tan lejos. Limpio rápidamente con el dorso de mi mano la lagrima solitaria que escapa de mi ojo, observando sobre mi hombro como Charlotte ha bajado los tres escalones que nos separan del sitio conversando con un niño. Mi vista vuelve a la caja decidiendo abrirla luego de tres noches sin ella. Jadeo conteniendo mi respiración a medida que mis ojos se abren sorpresivamente.

El anillo no está.

Dejo la caja a un lado comenzando a buscar desesperada el anillo en mi bolso, sacando toda la ropa dejándola revuelta sobre la cama.

— ¡Mamá! — El grito de Charlotte interrumpe mi búsqueda — ¡Ven aquí! — me pidehaciéndome señas con sus brazos. Camino dejando atrás mi preocupación del anillo cerrando la puerta detrás de mí. — Mami ¿podemos ir con él? — señala al niño que tímidamente me regala una sonrisa. Sonrisa que no pasa desapercibida para mis ojos y sentidos.

— ¿No me presentaras primero? — cuestiono. El niño endereza su espalda intentando causar una mejor impresión en mi.

— Ella es mi mami Lucy — dice Charlotte y el niño me tiende su mano.

— Yo soy… — un grito en particular interrumpe nuestras presentaciones llegando hasta donde estamos parados, tomando al niño del brazo para arrastrarlo vaya a saber dónde.

— ¡Vamos, corre lerdo! — La niña tironea del niño sin prestarnos atención — ¡Han llegado! — Señala hacia la entrada del lugar que permanece bastante alejada de nosotras. Charlotte me toma de la mano rápidamente regalándome una sonrisa, comprendiendo que su papel ahora mismo es de aliviar mis nervios. — ¡MAMÁ! — Gritan alejándose, corriendo lejos de nosotras. Suspiro nerviosa sosteniendo temblorosa la mano de mi hija.

Rachel.


¡SORPRESON! Es el poder de los rw! gracias a todos.

Se sumaran unos caps mas ya que no puedo cerrar todo en tres simples capitulos que restan.

Vienen muy bien encaminados respecto a las conclusiones que sacan. Estoy muy conforme con eso.

Disfruten!


Glee y sus personajes no me pertenecen.