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Capitulo Veintinueve


— ¿Dónde crees que estaremos en veinte años?

— Donde tú quieras que estemos. — me besa parte de mi cabeza comenzando a jugar con mi cabello y su nariz.

— Pero, ¿Dónde quieres estar tú? — detiene su acción largando un suave suspiro, aun así puedo escuchar su debate mental ahora mismo.

— Nunca me he detenido a pensar en eso. — me inclino hacia delante despegando mi espalda de su pecho y girándome para ver su rostro aun permaneciendo entre sus piernas. Ella solo me sonríe de lado levantando sus hombros, quitando mechones rebeldes de mi rostro para colocarlos detrás de mi oreja — Eres realmente hermosa. Soy muy afortunada de tenerte, Rachel. — Me sonrojo y es inevitable que agache mi cabeza pero ella me toma del mentón para conectar nuevamente su mirada con la mía y regalarme un beso en los labios — Nunca olvides todo lo que te quiero.

— ¿Por qué siento que a veces lo dices como si estuvieses despidiéndote de mí? — Acaricio su mejilla y ella automáticamente besa la palma de mi mano.

— Jamás me separare de ti, y si eso pasara siempre volveré a ti. — me envuelve entre sus brazos para que vuelva a tomar la misma posición de antes.

Los mellizos ya han tenido su día de cumpleaños disfrutando de diferentes actividades y obsequios. Para mi sorpresa Emma se lleva bastante bien con Quinn a pesar de haber tenido ciertos roces durante el día, pero por alguna razón que desconozco Quinn ha sabido cómo manejar la situación, mientras Charlie solo busca la forma de no separarse un minuto de Charlotte. Al caer la noche, Quinn me ha traído hasta aquí luego de hacer dormir a los niños con el pretexto de pasar nuestra última noche aquí, en el muelle. Hemos compartido una botella de vino y el silencio que muchas veces es reconfortante y compañero. Siempre he pensado que cuando estás en silencio con la compañía de alguien más y no se siente para nada incomodo es cuando más conectas con esa persona.

— De lo que estoy segura es que esteremos en Nueva York, ¿no? — me mueve sutilmente aun con sus brazos a mi alrededor sacándome momentáneamente de mis pensamientos.

— ¿Nueva York?

— Claro. Tú perteneces allí, pude verlo en nuestro viaje.

— Pero… — suspiro, sintiendo un leve escalofrío — no puedo dejar Lima. Esta Shelby, mis amigos… los niños tienen una vida aquí.

— ¿Cuándo pensaras en ti, Rachel?

— ¿Qué dices? — intento volver a separarme pero ella no me lo permite apretándome contra su cuerpo.

Mueve su boca hasta mi oído — Digo, que ya es hora de pensar en ti. De ponerte delante de todos y saldar la deuda que has dejado por atender a los demás. Tus hijos sabrán adaptarse a cualquier sitio, son niños. Shelby es adulta y podrá irse contigo si así lo deseas, ella te seguirá no lo dudes… — la interrumpo.

— Ella me dará la espalda cuando le cuente que estoy contigo.

— Ella se lo perderá, pero créeme que esta vez hará las cosas bien. — Me besa la mejilla — Y tus amigos, ellos te visitaran seguido. ¿Quién no querrá ir de visita a Nueva York? ¿Eh? — Me mueve jugando conmigo, dejando cosquillas en mi cuerpo provocando mi risa — Así… — dice luego de detenerse — Así quiero oírte siempre.

Giro mi rostro y a pesar de estar en completa oscuridad enfrentando el reflejo de la luna en el lago, puedo ver el brillo en sus ojos. Amor. Paz. Comprensión. Felicidad.

— ¿Qué haría sin ti? — Acaricio su cabello — Dime, Quinn. ¿Qué haría?

— Sabrás estar sin mí, créeme. — susurra sobre mis labios para luego unirlos y comenzar un camino de ida hacia el placer.

La noche se nos pasa volando, y es hora de irnos hacia nuestra cabaña donde dormiremos solas ya que Charlotte pidió dormir con mis hijos. Sin lugar a dudas es una buena oportunidad para reconciliarnos y Quinn lo sabe tras tomarme en brazos en el muelle y susurrarme la cantidad de cosas que me hará en la cama.

No fueron muchos los minutos que tardamos en sentir bajo nuestra palma de las manos el calor que desprendía el calor de la otra, buscando la tan ansiada reconciliación donde nos olvidaríamos de todo lo que nos ha sucedido hasta el momento, dejando atrás a Julia, Brody y las personas que quieren vernos separadas. Quinn beso mi cuerpo como si fuese realmente la ultima que tuviese acceso a el y yo, bueno, disfrute de cada caricia y contacto que cree con ella. Mi piel se erizaba y su piel transpiraba baja mis manos. Mis labios ardían, hinchados, ansiosos reprochando por más tiempo junto a la boca de Quinn. Suspiros, jadeos y susurros que quedaron colgados en las cuatro paredes de esta cabaña. Sabanas enredadas en nuestras piernas para luego caer por el borde de la cama dejándonos a ambas en la intemperie sintiendo constantemente los cambios de temperatura en nuestros cuerpos. Sintiendo el corazón de Quinn chocar contra mi pecho una vez que ambas caímos satisfechas de tanto placer, sintiendo como nuevamente su cicatriz era bordeada por la yema de mis dedos. Su mirada llena de pasión y la mía llena de amor, su pelo enredado cubriendo parte de su cara, trazando en borde de mis labios con sus dedos para luego morderlos imitando el rugir de un león.

— Ahora lo entiendo… — susurro provocando que saliese del refugio que siempre descubre en mi cuello.

— ¿Qué entiendes? — murmura con su voz adormilada. Yo solo sonrío por ver el aspecto que lleva.

— Gacela — digo acariciando su cabello enredado y alborotado.

— Te has tardado un poco. — besa mis labios.

— En verdad pareces un león — rio y ella entrecierra sus ojos.

— Y tú te vez como una apetitosa gacela. — dice antes de comenzar a mordisquear parte de mi cuerpo para comenzar una segunda ronda de amor.

— Quinn — susurro casi sin voz luego de unas horas de sueño. Ella aun permanece sobre mi pecho. — Ya es hora de levantarnos — no responde a mis palabras, ella solo deja escapar un suave suspiro de resignación — Vamos, cielo. — beso su cabeza.

— Debí de cancelar esa maldita reunión. — rezonga hundiéndose aun mas en mi cuerpo. — No quiero.

— Vaya, te has tardado en volver a tu actitud. — sonrío escuchando como sigue murmurando maldiciones a diestra y siniestra. — ¿Puedo preguntarte algo? — Solo me asiente — ¿Qué te ha sucedido? — no hace falta preguntar mas cuando paso mi mano por su espalda, ella sabe exactamente a lo que hago referencia.

— No sé exactamente como paso, créeme — se remueve en su lugar algo incomoda

— No tienes que decirme si no quieres, no te preocupes. — hago el intento de salir de la cama pero ella me lo impide con sus palabras.

— Ha sido el día que perdí a Allison. — me quedo quieta en mi lugar, volviendo a recostarme junto a ella, esta vez quedando ambas de lado enfrentando nuestras miradas. Mi silencio lo toma como el pie para proseguir — No sé qué sucedió o como paso realmente. Lo que se es solo que me contaron y bueno, lo que he averiguado con el tiempo por mis propios medios — Asiento — Tenía mucha gente en contra, Rachel. Aun la tengo. — Suspira — Pero en ese momento yo era la recompensa.

— ¿Cómo? — pregunto con temor. Ahora no se si en verdad quiero conocer el resto de la historia.

— Me querían viva o muerta para obtener su recompensa.

— ¿Quiénes?

— Unos narcotraficantes de México, son dos hermanos que se dedican a este negocio y querían introducir la droga aquí, pero mi padre los traiciono dejando sus negocios sucios expuestos. Mi padre se quito la vida, mi madre enloqueció y bueno, a mi me ha dejado todos sus problemas. Ofrecí mis disculpas pero sabes que esas cosas no alcanzan en los asuntos de negocios y dinero pero, he tenido la suerte en ese momento de conocer a un tipo que ha sabido darme su protección a cambio de mi lealtad. — Me mira a los ojos creando un breve silencio entre nosotras buscando nuevamente mi aprobación para continuar. Asiento nuevamente — Allison era su hija, pero no tenía nada que ver en este mundo…

— ¿Estabas metida en la mafia? — Me asiente en silencio — ¿Aun lo estás?

— No me saldré hasta saldar la deuda que tengo pendiente.

— ¿Le debes dinero a alguien?

— No — niega con su cabeza — La muerte de Allison — la piel se me eriza y quiero salir corriendo de esta cama que nos mantiene unidas. Los celos me invaden sintiéndome estúpida por estar en este estado. Allison ha sido el amor de su vida y es pasado, pero aun así no puedo evitar este amargor en mi boca. — Debían matarme a mí, pero Allison se ha montado en el coche esa mañana. Como siempre, habíamos discutido la noche anterior y minutos antes que ella saliera de casa porque no podía acompañarla a elegir cosas para nuestro bebé. Ella estaba embarazada de siete meses. — su voz se le quiebra e intento abrazarla pero rápidamente me niega con su cabeza interponiendo entre nosotras una barrera invisible. Suspira largamente aguantando las ganas de llorar, tensando su mandíbula — La última vez que la vi le he gritado, y créeme que aun me siento miserable por no haber podido evitar eso.

— Quinn, tú no tienes la culpa. — susurro intentando alivianar la mochila que lleva sobre sus hombros.

— Si la tengo, Rachel — aclara su garganta limpiando la lagrima que cae por su mejilla — El auto que ella tomo era el que exploto en mitad de camino. Si no hubiese peleado esa mañana, ella se habría montado conmigo en su auto. Ella tomo mi coche personal, el que siempre usaba con Paul para moverme en la ciudad. A veces quisiera que eso me hubiese sucedido a mí, o que ella no hubiese insistido en el tema del bebé aplazándolo hasta luego de mi reunión o simplemente yo haber accedido a su pedido sin protestar y dedicándole el tiempo que siempre me pedía y nunca podía darle.

— Quinn… — Es lo único que sale ahora mismo de mis cuerdas vocales.

— Ella perdió su vida, y yo la perdí a ella y a mi hijo. — Comienza a sollozar en silencio — La noticia entre nuestro circulo no demoro en esparcirse. La persona que se encargo de la muerte de Allison volvió por mí, encontrándome ese mismo día, cuando la noche visito mi casa. Yo lo estaba esperando, él lo sabía. Esa noche me tome un baño, baje el porta retrato de Allison hasta la sala y lo coloque a un lado de mi sillón favorito, donde solía sentarme cada noche frente a la chimenea antes de irme a dormir. Apague las luces y una hora después él se presento en mi sala apuntando su revólver hacia mi cuerpo. No me rehusé al destino, ni luche para cambiar las cosas. Simplemente me entregue. Él disparo contra mi pecho, directo al corazón.

Me llevo las manos a las bocas sintiendo como mis ojos intentan no pestañar para que las lagrimas no salgan corriendo de mis ojos.

— Desperté unos meses después de milagro y aun seguía sin tener a Allison y a mis hijos.

— ¿Hijos? — susurro dudosa.

Ella solo asiente — La muchacha de la foto no es Allison. Soy yo, Rachel.

Mis ojos se abren como platos y siento como si estuviese en un sueño del que no logro despertar. Cierro y abro mis ojos reiteradas veces, provocando que las lagrimes caigan por fin libremente. La cara de Quinn sigue delante de mí, esperando una posible reacción, pero solo logra darme a entender que esto no es un sueño. Que Quinn estuvo embarazada. Que Quinn ha sido mamá y que todo este tiempo he creído que ella jamás logro entender el sentimiento que tengo hacia mis hijos. Ha perdido todo lo que tenia de un día a otro. Ha perdido su familia que la vio crecer, y la familia que creo a base de sueños y amor. Ha perdido al amor de su vida. Me siento una imbécil por no haber sido compresiva con ella en momentos donde necesitaba de su tiempo para amoldarse a mi vida. No he sabido valorar el esfuerzo descomunal que ha hecho por mí para cambiar su forma de ser e intentar dejar su venganza de lado. He sido una egoísta todo este tiempo, he sido realmente desconsiderada con ella sabiendo que he crecido rodeada de las mismas cosas que ella.

— No hace falta que digas nada. — Acaricia mi mejilla llevándose con sus dedos mis lagrimas — Solo no me rechaces por esto que sabes. Lograrías matarme.

Sin darle tiempo a que siga, uno mis labios con los suyos quitándole los restos de tristeza junto a su respiración. Siento el sabor de sus lágrimas y la fuerza que ejerzo sobre ella para que sienta que realmente estoy con ella y que la quiero con locura infinita.

— Lo siento — sollozo sobre sus labios — Lo siento por todo, por ti, por Allison y tus hijos.

Ella nuevamente pasa su pulgar debajo de mi ojo secando cualquier rastro de tristeza — No lo sientas. La vida me ha dado revancha — besa mi nariz — Te he encontrado a ti y a mi hija. — le sonrío de lado.

— Me alegro saber que llevas mejor el asunto de Charlotte. Lo primero que hare al llegar a Lima será tramitar su adopción.

— No hace falta — dice y me quita el aliento de la boca — Ella es mi hija — se crea un silencio — Allison la ha dejado con alguien más antes de montarse al auto esa mañana. Ella sobrevivió a toda esta mierda, ella es mi hija. La que he llevado en mi vientre. Sangre de mi sangre.

Sangre de mi sangre. Ella es mi hija. Son las palabras que aun retumban en mi mente luego de unos minutos provocando la preocupación de Quinn quien me mueve suavemente en mi lugar, pero logro salir de mi burbuja gracias a una voz ajena a nosotras.

— Mamá ¿puedo acostarme con ustedes? — Veo como Quinn sonríe ampliamente mirando sobre mi hombro hacia la puerta. Ella solo asiente y rápidamente un pequeño cuerpo me rodea, pasándome por encima para acurrucarse entre nosotras dos. — Las he extrañado. — besa a Quinn llegando mi turno luego. Un beso y un abrazo es lo que recibo de su parte. — ¡Mamá! ¿Qué le has hecho esta vez a mami? — escucho como Charlotte protesta contra Quinn recibiendo rápidamente cosquillas provocando que se remueva en la cama como loca entre risas y besos.

— ¡Hey! No empiecen sin nosotros, enana — grita Emma desde la puerta y esta vez mi rostro logra girarse comenzando a sentir como mis sentidos regresan a mi cuerpo bajándome a la realidad. Lo próximo que siento son los cuerpos de mis hijos lanzándose sobre mí para comenzar su sesión de cosquillas en la cama. Emma ríe sobre mi cuerpo, Charlie grita intentando escapar de las garras de Quinn y Charlotte se turna entre nosotras para ayudar a los mellizos.

Te amo. Gesticula Quinn con sus labios una vez que conectamos nuestras miradas y son las únicas palabras con su sonrisa que quiero retener en mi mente este día junto a la risa de mis hijos.


— Ma, no quiero quedarme aquí. ¿Por qué no puedo irme con ustedes y ya?

— Solo te queda una semana más. — digo dejando mi maleta en el pórtico para que Quinn siga acomodando las cosas en el auto. — ¿Tan mal la pasas aquí, Charlie?

— Un poco, pero ahora quiero irme contigo. — dice siguiendo mis pasos hacia dentro de la cabaña.

— Dile de una vez que no quieres separarte de Charlotte. — comenta Emma tirada sobre la cama viéndonos a ambos.

— Eso no es cierto — grita enojado.

— ¿Qué sucede con Charlotte, hijo? — frunzo mi ceño.

— Nada mamá, Emma solo quiere molestarme. Dile que tú también quieres volver. Anoche me lo has dicho.

— Si, pero ya se me fueron las ganas. Solo pensar que tendré que soportar a esa niñita y a ti juntos todo el día me da ganas de vomitar. — lleva dos dedos dentro de su boca imitando el gesto.

— ¡Emma! — Reprocho — Charlie te quedaras aquí la semana que falta. Charlotte seguirá en Lima.

— ¡Que no es por ella! — Vuelve a gritar — Solo quiero volver a mi casa, aquí nadie quiere jugar conmigo.

— Debe ser porque eres un friki.

— Emma… — digo ya sin ganas — Lo siento hijo, pero has venido aquí con el propicito de hacer nuevos amigos. En casa solo te encierras a leer y eso no ayuda en tu vida social. Eres un niño y debes disfrutar de eso. — Tomo mi cartera — Vamos fuera. — pido y ambos no tardan en seguir mis pasos hasta llegar a mi coche. Quinn ya se ha montado en el suyo y Charlotte me espera en la puerta del mío tras haberle pedido a su madre ir conmigo. — Una semana… — repito alentando a Charlie en que solo pasara volando si disfruta de los días. Cuando sea grande me lo agradecerá aunque hoy solo quiera matarme. — Cuida de tu hermano. — le digo a Emma luego de repartir varios besos entre mis mellizos.

— Siempre lo hago, mamá. — Besa mi mejilla y me toma de sorpresa — no toques mis cosas o conocerás la ira de Betsy y las cuatro vengadoras — dice mostrándole sus puños a Charlotte. Intento cortar aquel momento pero la voz de la pequeña me deja sin habla.

— ¿Es todo lo que tienes? — Charlotte levanta sus cejas marcando aburrimiento en su rostro sin una pizca de miedo.

— No, claro que no… — balbucea Emma confundida por no lograr por primera vez su cometido con alguien. Turna su mirada entre la pequeña y yo. Solo levanto mis hombros tragando la posible risa que florece en mi interior pero Charlie no lo aguanta y estalla en risas provocando la de Charlotte, llamando la atención de Quinn que nos mira desde su asiento.

— ¡Esto es genial! — grita Charlie subiendo sus brazos al aire comenzando a correr gracias a Emma que decide perseguirlo por festejar la osadía de Charlotte.

La bocina de Quinn me asusta provocando la risa de Charlotte que comienza a subirme en el auto. Camino bordeando mi coche y entrecerrando mis ojos sin perder de vista a Quinn.

— ¡Creo que se te olvida algo aquí! — me grita una vez que bajo el vidrio del acompañante.

— ¡Yo creo que no! — responde en el mismo tono de voz.

— ¡Rachel! — me grita volviendo a tocar la bocina sin cesar esta vez llamando la atención de todos en el campamento.

— ¡Ya, ya, ya! ¡Para! — digo llegando hasta la puerta del copiloto, introduciendo la mitad de mi cuerpo por la ventanilla para darle un corto beso que se convierte en uno más largo por su intensidad.

— Así me gusta — niego con mi cabeza y mi sonrisa que no ha abandonado mis labios en todo el día — Nos vemos en tu casa. — me guiña un ojo y me libera para volver a mi coche.

El resto del viaje lo paso en silencio luego de una sesión intensa por parte de Charlotte para cantar canciones de Disney. Luego de contarme que una noche en Nueva York han visto Frozen, "Let it go" ha sido la que más veces he repetido.

— Jamás pensé que eras un peligro frente al volante. — dice Quinn una vez que toma a Charlotte entre sus brazos.

— ¿De qué hablas? — Frunzo mi ceño una vez que tomo mi equipaje junto a mi bolso — He manejado bien.

— Claro que no. — Susurra gritando — ¿Te crees Schumacher? No tienes una maldita Ferrari, solo un auto familiar.

— Hey, no te metas con mi auto. — digo siguiendo sus pasos.

— Nunca más te dejare manejar.

— Que niñita eres. Solo lo dices porque no has podido pasarme, dejándote atrás. Perdedora.

— Claro que no. Puedo probártelo cuando quieras. — Pongo mis ojos en blanco una vez que llego a mi puerta, sin que ella pueda verme. — No pongas tus ojos en blanco. — comienzo a reír.

— ¿Cómo sabes que los he puesto? — sonrío mirándola sobre mi hombro una vez que quito la alarma.

— Ahora lo sé. — entrecierra sus ojos fingiendo enojo. — Dejare a Lottie, luego tú y yo hablaremos seriamente en la cama.

Abro la boca fingiendo yo esta vez sorpresa, pero por dentro ansío desesperadamente porque ese momento llegue — ¿Qué tiene que ver la cama en todo este asunto? — pregunto una vez que comienza a caminar hacia el pasillo.

— Es donde mejor muevo — eleva su voz para que logre escucharla — Ya sabes, si de hablar de trata ¿no? — dice una vez que llega al marco de la puerta que indica la habitación de los mellizos.

Solo sonrío negando con mi cabeza luego que mi vista la pierde. Camino hasta la cocina una vez que dejo mis cosas en la sala, junto al sillón y me sorprendo al ver las luces prendidas. No recuerdo bien haberlas dejado así, pero seguramente Kurt ha venido a echar un vistazo para asegurarse que todo está bien y ha olvidado apagarlas.

Tomo una botella de agua de la nevera y fijo mi mirada en la mesada de la isla donde varios sobres descansan sobre ella. Avisos de pago de luz, agua e internet. Sobres pertenecientes a la peluquería de mi madre y un paquete en un sobre marrón. Lo tomo en mis manos una vez que dejo la botella de agua a un lado y busco alguna pista sobre el remitente pero no hay pista alguna, solo mi nombre en el frente.

— Rach, debo irme. Mi vuelo se ha adelantado. — Llega Quinn a mi lado — ¿Qué es eso? — mira sobre mi hombro una vez que se coloca detrás de mí comenzando a besar parte de mi cuello.

— No lo sé — respondo dejándolo sobre la mesa — ¿No puedes atrasar un poco mas tu vuelo? ¿Tal vez a mañana? — pido intentando buscar la posibilidad de pasar más tiempo con ella y alargar su partida.

— Dios, no me hagas esto — apoya su frente en la mía — No quiero irme.

— Pues, no te vayas. — paso mis brazos detrás de su cuello comenzando a besarla.

— No puedo… oh, Rachel — suspira en mis labios — Demonios, no me hagas esto. — Vuelve a suspirar para dejar un corto beso en mis labios — Prometo que luego de este viaje no volveré a separarme, ¿de acuerdo?

Asiento resignada — De acuerdo — susurro.

— Hey — me toma del mentón — Solo serán dos días. Intentare apurar todo este asunto para volver lo antes posible. Lo prometo — Asiento sin decir más nada aceptando nuevamente sus labios para luego dejarla ir.

— Llámame al llegar, por favor.

— Lo hare. — dice volviendo a besarme una vez que llegamos a la puerta y la mitad de su cuerpo esta fuera. — Siento que no puedo dejar tus labios. Ven conmigo — Sonrío por su locura.

— No, esta vez créeme que no puedo. — digo mordiendo mi lengua, soportando las ganas de tirar todo al diablo, agarrar a Charlotte e irnos con ella.

— Al menos lo intente… — dice levantando sus hombros. — Adiós. — besa mis labios y mi rostro. — Te quiero, no lo olvides.

— No lo hare. — digo una vez que comienza avanzar hacia su auto. La saludo con mi mano una vez que se monta en él y desaparece de mi vista.

Suspiro cerrando la puerta detrás de mí para volver hacia la sala y tomar mis cosas e irme a la habitación. Me detengo a mitad de camino echándole un vistazo a Charlotte que duerme plácidamente en la cama de Emma, recordando las palabras de mi hija. Sonrío. Vuelvo avanzar esta vez adentrándome en mi habitación, dejando mi maleta sobre la silla que hay en un rincón y tirándome sobre la cama. Un sonido sale dentro de mi bolso recordando que aun tengo móvil. Rebusco tranquila entre mis cosas sabiendo que solo se trata de un mensaje.

Ya te estoy extrañando con locura – Q.

Sonrío muriéndome de amor por sus palabras. Definitivamente la vida nos ha dado una segunda oportunidad y ella la está aprovechando en su máxima expresión.

Y yo quisiera que regreses a mí. Que toques el timbre de casa y no vuelvas a salir de aquí. – R.

Rachel… es lo que más quisiera en estos momentos, créeme. – Q.

Aun estas a tiempo si sigues dentro del auto. Aun que no apruebo que escribas mientras manejas, no me quejo si das la vuelta y vuelves. – R.

Dejo el móvil sobre mis piernas esperando que la pantalla vuelva a iluminarse. Insistiré hasta el cansancio.

Rachel… - Q.

Es lo único que recibo y sé que quizás Quinn ha detenido el coche en algún lugar debatiéndose mentalmente sobre si debe o no volver.

No te vayas, no te vayas, no te vayas… por favor. Estas a tiempo. – R.

Luego de unos minutos esperando su respuesta sin éxito, tiro mi cuerpo hacia atrás dejando caer todo mi cuerpo sobre el colchón. Cierro mis ojos disfrutando del silencio que habita en casa, pidiendo mentalmente que Quinn decida no tomar ese avión, sintiéndome como una adolescente por mi capricho repentino de quererla siempre conmigo, pero el sonido del timbre se cuela por mis oídos provocando que el corazón quiera escaparse por mi garganta del susto y luego de la ansiedad.

¡Ella no se ha ido!

Salto de mi cama dejando olvidado mi móvil en la cama. En mi mente solo se reproduce la escena que hemos tenido esa vez que cayó aquí sin avisar llevándome la mejor de las sorpresa cuando me tomo entre sus brazos desesperada luego de abrir la puerta. Esta vez seré yo quien salte sobre ella haciéndole saber lo feliz que me hace ahora mismo por haber tomado la decisión de volver. Po habernos elegido a nosotras sobre su trabajo.

Mis piernas se detienen frente a mi puerta y la respiración se agita aun mas por los nervios de tenerla a unos pasos de distancia siendo separadas por una puerta. No puedo borrar la sonrisa en mis labios luego de tomar unas bocanadas de aire para recomponerme. Intento mirarme en el pequeño espejo que descansa en la entrada, a un lado del perchero pero el timbre vuelve a sonar.

¡Qué impaciente es!

Le doy la mejor sonrisa que puedo. De esas que llegan de oreja a oreja decidiendo abrir la puerta para no hacerla esperar más.

— Hola amorcito — Mi sonrisa se borra rápidamente de mis labios faltándome el aire. — ¿Me has extrañado?


Noticias!

Solo quedan dos capítulos y se termina esta historia. *buuuu* Me encanta escribirla, pero como todas las cosas, tiene un final. Segun como pasen los dias (su intensidad de paciencia para esperar el proximo cap) vere cuando subo el siguiente.

PAGINA!

Les habia comentado sobre el tema de una pagina para Achele, Faberry y Karmy. La realidad es que ahora mismo estoy tapada de obligaciones, de igual manera les voy a dejar la dire mas abajo. Ayuden con su "me gusta", por favor.

De todas formas durante estos días, quien quiera unirse para ayudar en la causa de colaborar con la administracion de la pagina SON BIENVENIDOS. Voy a necesitar una persona que sepa muy bien sobre fics actuales, viejos para recomendar... otra persona que maneje bien el tema de los manips que circulan en la red (si los hace el/ella mism , mucho mejor) y otra que este bastante actualizad con las noticias. La persona que tenga ganas, puede comunicarse conmigo por inbox o por review. Solo voy a necesitar a tres personas.

facebook Faberrians

Sin mas muchas gracias por leer y apoyar esta historia!


glee y sus personajes no me pertenecen.