Capitulo Treinta.
— ¿Se encuentra bien, señorita Fabray?
— Si, vete. — hago el amago de retirarlo de mi lado pero mi mano derecha sigue aferrada a la puerta del auto que permanece abierta y mi mano izquierda apretujando mi saco de vestir. El pecho a comenzado a dolerme como mil demonios, pero no es mi corazón, es un mal presentimiento que comienza a dejar remordimientos en mi mente.
— ¿Segura? — vuelve a preguntarme Paul aun sin apartarse de mi lado.
— Si. — Intento respirar pero solo obtengo más dolor — Sigue encargándote de las maletas.
— De acuerdo. — me asiente y vuelve a la parte trasera del coche.
Camino lentamente la distancia que me falta para montarme en el auto y busco mi móvil en los bolsillos de mi saco cuando logro sentarme. Suspiro cuando siento en mis espaldas el asiento de cuero, cerrando mis ojos momentáneamente, sintiendo la misma punzada una y otra vez. Teniendo la misma sensación que tuve con Allison cuando la encontré esa noche en casa. Vuelve a llevarme la mano izquierda hacia el pecho mientras que con la que quedo libre froto mi frente intentando alejar cualquier fantasma que ose de molestarme ahora mismo.
Vuelvo a bajar mi vista para encontrarme con mi móvil. Presiono una tecla, coloco la clave y desbloqueo el aparato. Presiono en número uno y me llevo el móvil automáticamente hacia mi oreja. Un tono, dos tonos, tres tonos… corto inmediatamente cuando el buzón de voz me recibe. Vuelvo a intentarlo hasta el cansancio llenando su móvil con más de diez llamadas mías.
— Rachel, por favor llámame en cuanto escuches este mensaje.
Corto la llamada jugando con el móvil entre mis manos, repasando una y mil veces la posibilidad de ir hasta su casa. Miro la hora, han pasado más de una hora desde que la deje en su casa.
No pienses idioteces, Quinn.
Muerdo mi labio inferior y ahogo mis pensamientos unos segundos antes de sentir como Paul regresa al auto. Tal vez, ellas solo estén durmiendo luego del agotador día. Yo misma estoy cansada o, quizás ellas estén cocinando algo y Rachel ha dejado el móvil por ahí, como siempre suele hacer.
— Paul… gira aquí. — digo al caer en la cuenta que el auto ha comenzado avanzar camino hacia el aeropuerto.
— Tiene un vuelo que tomar, señorita Fabray.
— Llévame a casa de Rachel — titubea unos segundos fijando su vista a través del espejo retrovisor — ¡Llévame ahora mismo, maldita sea! — Grito y vuelvo a tomar la actitud que me caracteriza diariamente, cuando no estoy con ella. Él sin más gira en U y retoma el camino que me dejara en su casa.
Impaciente vuelvo a marcar su número pero solo me hace esperar con los característicos tonos que luego me derivaran hacia el buzón. Estrello mi móvil contra el piso del auto y comienzo a maldecir por no poder controlar la situación.
— ¿Puedes ir más rápido? Puedo estar muriendo tranquilamente con tu lentitud imbécil
Él solo se remueve en su asiento viendo como tensa su mandíbula y apretuja el volante. Paul ha estado algo extraño estos días, debo confesarlo, aun así no me permito dudar de él.
No alcanza a frenar cuando abro la puerta y comienzo a correr en dirección a la puerta. Tomo el picaporte entre mis manos pero no hay caso, la puerta permanece intacta, con llave. Rápidamente recuerdo que mi hermano Charlie ha entrado por la parte trasera, donde siempre olvida echarle llave. Vuelvo a correr bordeando los arbustos que delimitan el terreno de Rachel. Varios juegos de los gemelos se dispersan en el césped, localizando rápidamente las ventanas corredizas que conectan el exterior con el interior. Las luces aun se encuentran encendidas, lo cual me da la señal que ellas aun no se han acostado, o al menos Rachel no lo ha hecho. La corrediza también está con seguro dejándome con pocas posibilidades para adentrarme en la casa. Vuelvo a tomar distancia para bordear nuevamente la casa hasta llegar a la ventana que pertenece a la habitación de Rachel. Las cortinas blancas me tapan gran parte de la visión pero puedo ver como su cuerpo descansa en la cama y eso me alivia tras ver que está en perfectas condiciones. Solo se ha dormido por eso no ha respondido mis llamadas.
Decido dar un paso hacia atrás para montarme nuevamente en el auto y esta vez, no perder mi vuelo pero algo mas llama mi atención. Rachel se remueve en su casa, ella esta despierta aun. Vuelvo a mi logar dispuesta a tocar la ventana para que me abra y poder despedirme una vez mas de ella, pero una cabeza resurge debajo de las sabanas, un cuerpo sobre el de Rachel comienza a besarla. Mis ojos se abren sintiendo como el dolor en mi pecho vuelve aparecer. La vista se me nubla por las lágrimas que se amontonan en mis ojos pero que no me permito a derramar. Me tapo la boca automáticamente al ver como la persona que está sobre Rachel comienza a moverse, dejando en claro que mantienen relaciones sexuales. Los brazos de Rachel rodean el cuerpo ajeno a ella y me da la pauta de ser algo de mutuo acuerdo.
Suspiro cerrando mis puños a los costados de mi cuerpo manteniendo la ira y molestia dentro de mi cuerpo para no perturbar su ambiente intimo, pero rápidamente recuerdo que mi hija está bajo ese mismo techo. Inclino mi cabeza hacia un costado rebuscando con mi mirada la puerta de la habitación donde esta Charlotte que permanece cerrada. Sorbo mi nariz y dejo de torturarme con los gemidos que comienzan a escaparse de la boca de Rachel. Corro nuevamente, pero esta vez con todas mis fuerzas cargada de negatividad y odio contra el que intente interponerse en mi camino. Mis pasos vuelven a las puertas corredizas de vidrio comenzando a empujar, dejando las pocas fuerzas allí. La puerta no parece ceder, sin embargo empujo lo suficiente para falsear la traba y lograr abrirla por completo. Recorro los pasos que me separan del pasillo e intento ensordecer mis oídos con pensamientos, manteniendo la compostura sin desviar mis pasos hacia su habitación. Sin embargo, cuando me detengo frente a la puerta de Charlotte puedo oír el ahogado gemido de Rachel a mi izquierda. Su habitación mantiene la puerta abierta de par a par y sus cuerpos puedo verlos perfectamente. Como Brody sube y baja hundiéndose aun mas en ella.
Limpio las lagrimas furiosas que caen sin siquiera tocar mi mejilla y poso mi mano en la perilla para sacar de aquí a Charlotte, pero su puerta está cerrada, con seguro. Desesperada comienzo a dar empujones contra ella llamando la atención de Brody que solo me mira sobre su hombro izquierdo acompañando con una sonrisa burlona, aumentando las embestidas contra Rachel. Mi pecho sube y baja desesperada empujando con mucha más fuerza la puerta, llamando esta vez la atención de Rachel.
— ¿Quinn? — balbuceo debajo del cuerpo de Brody.
No le doy importancia caminando hacia atrás para tomar envión e impactar de lleno mi pie en la puerta. El sonido se hace mas fuerte escuchando nuevamente como Rachel pronuncia mi nombre reiteradas veces, apareciendo la voz de Charlotte asustada.
— ¿Mami? — Dice nerviosa — ¿Qué pasa?
— Charlotte, ¿puedes abrir la puerta? — digo apretujando mi rostro contra la puerta.
— No, no puedo. ¿Qué pasa? — dice con su voz quebrada tras escuchar como hace el intento de abrir la puerta desde adentro.
— Vete a la cama — digo rápidamente — Sal detrás de la puerta que intentare abrirla.
— De acuerdo — me responde escuchando luego como sus pasos se alejan.
Vuelvo a caminar hacia atrás viendo esta vez como Brody se aparta de Rachel acostándose a su lado. Ella solo permanece ahí, casi dormida observando mis pasos. Tenso mi mandíbula embistiendo contra la puerta que logro abrir volviéndome a chocar tras abrirse y volver en su trayecto. Me sobo el brazo derecho donde me he lastimado y camino hasta donde esta Charlotte sentada con sus rodillas en el pecho.
— Hija, vamos. — estiro mis manos y ella rápidamente salta hacia mi cuerpo aferrando sus piernas en mi cintura. — ¿es todo lo que tienes? — digo tras tomar la mochila con la que ha viajado. Solo asiente sobre mi hombro enredando sus dedos en mi cabello.
— ¿Y mami? — me pregunta haciendo referencia a Rachel.
— Solo nosotras. — digo tapando su cuerpo incluyendo su cabeza con una manta que encuentro sobre la cama de Charlie para que no logre ver en la situación en que se encuentra Rachel.
Salgo disparada de allí encontrándome con el cuerpo moribundo de Rachel apoyada sobre el marco de su puerta, estirando su brazo hacia mí.
— Q-Quinn… no… Brody… — no dejo que continúe. Charlotte aun permanece despierta entre mis brazos lo cual decido recorrer el pasillo seguido de la sala para irme por donde vine.
— ¿Qué tenía mami? — vuelve a preguntarme una vez que subimos al coche.
— Nada. Solo he decidido que quiero llevarte conmigo, Lottie. — susurro debido a que mi voz se quiebra constantemente. Acaricio su cabello y puedo ver como mis manos tiemblan. — ¿No quieres venir conmigo?
Ella solo levanta sus hombritos restándole importancia, como todo niño.
— ¿Dónde iremos? — me pregunta colocándose sus zapatillas con abrojo que le he comprado ya que aun no sabe como atarse los cordones.
— A nueva York, donde hemos estado antes ¿recuerdas? — me asiente y acomodo un poco mi ropa que es un completo desastre por el forcejeo que tuve allí. — Paul, ahora si llévame a tomar mi vuelo.
— Como usted diga, señorita Fabray. — asiente y el auto comienza avanzar.
— ¿Por qué tiemblas? — Me pregunta Charlotte tomándome desprevenida una de mis manos — ¿Tienes frio? — frunce su ceño.
— Solo un poco, Lottie. — digo ahogando el llanto que quiere salir de mi garganta.
— Toma mi mantita — me responde colocándola sobre mis piernas. Yo solo puedo reaccionar cuando ella se acomoda sobre mi apoyando su cabeza en mi pecho. — Te amo mamá.
Su sentencia calma lentamente el amargor que siento en mi boca y las ganas de tirar todo al diablo. Ella ahora mismo es mi paz interior.
— Yo también, Lottie. — beso su cabeza.
— Sabes… — dice jugando con unos de mis mechones de pelo — Sabia que te encontraría.
Sus palabras me toman por sorpresa. — ¿Tú me buscabas? — pregunto aclarando mi garganta.
— Si — asiente con su cabeza estirando su brazo para poder alcanzar su mochila — Siempre supe que eras mi mamá. — busca entre sus cosas sacando una fotografía mía.
Recuerdo aquel día a la perfección donde Allison me comunico la buena noticia de estar embarazada. Ese día fuimos a festejar con un simple pero placentero picnic a la orilla de un lago. En la foto salgo yo sentada con mis rodillas contra mi pecho, mirando hacia atrás sobre mi hombro derecho, donde Allison llamaba mi atención para capturar aquel momento mientras Charlotte aun dormía sobre el mantel a unos pasos nuestro.
— ¿De… de donde la has sacado? — pregunto luego de mirarla detenidamente y recordar todo como si fuese ayer.
— Me la ha dado la mujer que cuidaba de mí. — La tomo entre sus manos apartándola de mí para guardarla nuevamente en su mochila. Me pregunto que más tendrá allí dentro.
— ¿Una mujer? — Asiente — ¿Qué mujer, Lottie? — pregunto sin saber siquiera con quien la ha dejado Allison antes que toda la pesadilla comenzara.
— Una muy igualita a ti, mamá… — intenta continuar pero el trayecto que comienza a tomar Paul me desconcierta por completo.
— Paul… — digo pero el parece no escucharme, ignorándome. — Paul… — vuelvo a repetir pero no se inmuta en absoluto. — ¿hacia dónde vas? — grito dejando a Charlotte sobre el asiento para acercarme hasta la parte delantera.
Un depósito aparece frente a nosotros con enormes rejas que lo convierten en propiedad privada. Las palabras se estancan en mi boca y mi ceño se frunce tras no reconocer en absoluto el lugar. Aquí no es el aeropuerto mucho menos donde me espera mi jet privado.
— Paul… — me interrumpe.
— Bájese. — dice luego de estacionar frente a las puertas de chapa.
— No, llévame hasta el aeropuerto y haz bien tu maldito trabajo que para eso te pago idiota. — grito apretujando parte de su saco con mi mano, descargando un poco la frustración que habita en mi cuerpo.
— No estás en condiciones de insultarme. — me mira con su ceja levantada perdiendo todo el respeto que mantenía hacia mi — Bájate ahora mismo.
— ¿Qué sucede contigo? — grito comenzando asustar a Charlotte.
— ¡Bájate! — saca un arma de su saco apuntando directamente hacia Charlotte.
La boca se me seca y rápidamente comprendo todo. ¡Qué idiota he sido! He tenido a mi enemigo todo este tiempo a mi lado.
— ¡Ahora! — vuelve a decir con su voz firme.
— Baja el arma. Lo haré. — pido sintiendo como el corazón quiere escaparse del miedo porque le pase algo a mi hija.
— Salga del auto y entre en el depósito. — su mirada profunda me penetra y solo me limito asentir. Los débiles se rebelan contra los poderosos.
— Mamá… — Charlotte comienza a sollozar estirando su pequeño brazo hacia mí.
— Todo estará bien. Mamá regresara enseguida — digo besando su frente para luego abrazarla con todas mis fuerzas. — Si le haces algo, volveré de donde sea para verte comer mierda. — susurro en el oído de Paul.
Sin más me bajo del auto suspirando, buscando las fuerzas que me fallan por momentos, volviendo a enfrentar el destino sin armas para defenderme.
— Déjame… — digo algo débil. Mis ojos se cierran y siento como mi cuerpo se desvanece. Apoyo mi espalda contra la pared del pasillo y dejo que mi cuerpo caiga hasta el piso.
— Ni siquiera sirves para follar – dice Brody alejándose de mi, acomodando su ropa luego de colocársela.
— Imbécil… — balbuceo apartando mi atención de él para mirar hacia mi derecha y comenzar a recorrer la distancia que me separa de mis piernas — ¿Qué mierda me has metido?
— Te sentirás mejor en unas horas. — me dice tomando mi cuerpo por debajo de mis brazos para levantarme del suelo. — Te sentirás como recién follada. — intenta besar mis labios pero corro mi cara. — Cierto que no besas a tus clientes. — se burla volviéndome a dejar sola.
Camino tomándome en todo momento de lo que encuentro en mi camino hasta llegar al refrigerador para tomar una botella de agua que vacío en cuestión de segundos. Apoyo mis manos en la isleta poniendo mi cabeza entre mis brazos. Todo comienza a darme vueltas de nuevo pero esta vez con menos intensidad. Las llaves de casa aun siguen sobre la mesa, llamándome la atención sin entender por donde ha entrado Quinn, pero rápidamente lo descubro tras mirar hacia el jardín trasero. La puerta corrediza permanece abierta de par a par.
— Julia… — la voz de Brody me saca de mis pensamientos tras escuchar el nombre que ha salido de su boca — ¿Qué tal todo por allí? — asiente con su cabeza y una enorme sonrisa. — Bueno, pues haz lo que tú quieras. — Me mira unos segundos antes de tirarme un beso — En unos minutos iré para allá. — Silencio — Tranquila, nena… luego tendremos las vacaciones que tanto pides. Adiós.
— ¿Tienes algo con ella? — digo con mi voz ronca recordando las palabras de Unique cuando me comento que una de sus muchachas volvería tras haber suspendido su boda.
— ¿Con quién? ¿Con Julia? — se hace el desentendido. — Debo irme. Gracias por tus servicios, encanto. — sin más sale por donde ha salido con anterioridad Quinn.
Vuelvo hacia mi dormitorio sintiéndome un poco mas lucida pero aun sin las facultades suficientes como para manejar. Busco el móvil que se ha perdido entre tanto forcejeo con Brody, encontrándolo bajo mi cama.
— ¿Rachel?
— ¡Kurt! Debes venir de inmediato a casa. Te necesito.
— ¿Qué sucede? — me pregunta comenzando a alarmarse.
— ¡Es una urgencia! — digo cortando la llamada para no retrasarme más.
Como puedo comienzo a tomar la ropa que ha quedado tirada por el piso pero rápidamente la descarto al ver que parte de ella está rota. Brody ha aparecido de la nada tomándome por sorpresa. Cerré la puerta pero fue en vano, él fue más rápido que yo y detuvo mi accionar con su pie estrellando la puerta contra la pared tras abrirla. Me tomo entre sus brazos cerrando la puerta tras su espalda y arrastrándome hasta mi habitación para luego dormirme. Forcejee lo mas que pude rompiendo parte de mi ropa en el camino, pero su fuerza es aun más poderosa que la mía.
Negué con mi cabeza desesperada por encontrar a Quinn y aclararle que todo ha sido una jugada de mi ex esposo. La bocina de Kurt fuera de casa me da el aviso que debo apurarme tomando cualquier cosa en mi camino para salir corriendo aun tambaleándome en el trayecto. Tome el mismo que camino que Quinn y Brody, tropezándome en mi jardín reiteradas veces pero pudiendo llegar al auto de mi amigo, que permanecía como maniático golpeando la puerta de entrada.
— ¡Kurt! — grito apoyada contra su auto sintiendo como mi cuerpo comienza a sudar frio.
— ¡Rachel, dios santo! ¿Qué pasa contigo? — me reprende pero tras ver mi estado se echa hacia atrás — ¿Qué tienes?
— Brody — solo logro decir balbuceando — Quinn… debo buscarla. — digo tanteando la puerta del copiloto sintiendo como mis sentidos nuevamente comienza abandonarme.
— Sube… — dice ayudando a montarme en el coche.
— Ve a bora… al bar… — digo pero el solo frunce su ceño, recordando que jamás ha ido allí — Solo ve a Bluffton.
Los minutos que pasamos arriba del auto me sirven para recomponerme completamente y explicarle a Kurt detalladamente todo lo que ha pasado.
— ¡Ve más rápido, Kurt! — pido desesperada.
— Quinn entenderá que ha sido contra tu voluntad. Tranquilízate. — Dice haciendo el intento de calmarme — No puedo ir más rápido, nos mataremos. ¿Cómo sabes que ella está aquí?
— Brody hablo con Julia. Sé que ellas están juntas ahora mismo.
— Bueno, déjame estacionarme bien. Quiero… — no lo dejo terminar ya que decido saltar, literalmente, de mi asiento para correr hasta el bar. Puedo aun oír las maldiciones de Kurt por tomarlo de sorpresa y las bocinas que indican mi mala decisión al cruzar la calle.
— ¡Ábreme! — grito corriendo por el callejón llegando hasta la puerta negra. El gorila rápidamente cumple mi petición dejándome libre el camino para seguir avanzando escaleras arriba.
No demoro mucho más en llegar hasta el pasillo donde descansan todas las habitaciones para atender a los clientes especiales. Es de noche, pero aun no es hora de abrir las puertas al público, lo cual solo puedo escuchar un poco de música a mí alrededor y las luces un poco apagadas. Me salteo el camino hacia la sala donde guardamos nuestras cosas, decidiendo atravesar las cortinas purpuras que caen de techo al piso, separando el bar de las habitaciones.
Mis ojos se abren al no encontrar a nadie. No está Santana, mucho menos Brittany o Unique. Frunzo mi ceño y camino hasta la puerta para acceder a la sala colocando la clave. El clic me da el okay para entrar. Al parecer estoy completamente sola, pero la silueta que descubro al encender las luces me da malos augurios.
— Te has tardado. — dice Julia revolviendo su vaso con Whisky sobre su mano izquierda.
— ¿Dónde está Quinn? — digo sin abandonar mi lugar mucho menos acortando las distancias.
— Eres tan predecible… — niega con su cabeza dándole un sorbo a su trago.
— Dime donde esta Quinn ahora mismo. — presiono con mi voz decidiendo avanzar hacia ella.
— Shh, quieta ahí cariño. — mi cuerpo se ancla rápidamente al suelo sin atreverme avanzar un paso más viendo cómo tiene el poder de hacer y deshacer a su antojo. — ¿Quién manda ahora, eh? — dice burlonamente apuntándome directamente con un arma.
Glee y sus personajes no me pertenecen.
