Es una verdadera lastima haber recibido algunos reviews fuera de lugar. Acepto las criticas de cualquier tipo, siempre y cuando tengan su fundamento contundente. Pero decir que ha sido una perdida de tiempo leer esta historia, que he arruinado el fic con el final que le he dado y muchas cosas mas, han hecho que decida dejar una nota de autor antes de despedirme de ustedes en este fic.
Quiero aclarar que aca NADIE estuvo OBLIGADO A LEER, NUNCA! lo cual podrian haber abandona la historia sin problema alguno. Este fic tiene como rated T, por lo tanto lo que pase aqui (fuerte o no) es parte de un todo. Yo invierto mi tiempo aca escribiendo e intentando darles un buen capitulo a ustedes para que desconecten un poco de su dia lleno de problemas o estrés. No reprocho nada, pero yo tambien estoy invirtiendo gran parte de mis horas aca, mas alla de hacerlo por placer, me parece hiriente que digan que han perdido el tiempo leyendo o desvalorizando la historia en si por no haber tenido un final feliz.
En la vida NO TODO ES FELICIDAD, y no todas las historias tienen porque tenerlo. Que sea Faberry no significa que deban terminar juntas, y se que este fandom es algo intenso con la pareja de Quinn y Rachel, pero deben entender que los que escribimos tenemos la libertad de darle la vuelta de rosca que queramos y ustedes como lectores, tiene la libertad de elegir leer o no. Como todo en esta vida.
El epilogo fue lo primero que escribi, antes de todos los capitulos como hago en todas mis historias, lo cual parece extraño pero es asi. Y dude en subirlo por los dichos desafortunados, pero pense en las personas que realmente comprendieron el fic y como se desarrollo. Lo cual, le dedico completamente la historia aquellas personas que han disfrutado de la historia, han dejado su review en casi todos los capitulos y han sido fieles en la lectura, criticando pero con respeto (y dejando nombre)
No los aburro mas. Disfruten el epilogo y nos leemos en "MOTHERHOOD" y en la proxima historia que subire si es que ustedes la aceptan, al igual que esta. Si quieren amor, ahi lo van a encontrar en "AMOR A SEGUNDA VISTA"
¿Segunda parte de THE BLACKLIST? No lo se... leere sus opiniones.
EPILOGO
— Busco a la señorita Fabray.
— Ella aun no ha llegado ¿Tiene una cita con ella?
— No. Pero la esperare aquí si eso no es problema.
— Por supuesto, tome asiento. Ella no demorará en llegar.
— ¡Hey, Rachel! — Siento el grito detrás de mi espalda — ¡Rachel! — pero decido no girarme. Ya he sido clara reiteradas veces. — ¿Estás loca? Vengo gritándote como loco dos calles abajo. — Protesta llegando a mi lado.
— Kurt, ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames mas así?
— Okay Barbra. — dice rezongando ayudándome acomodar varias cajas en la cajuela de mi camioneta — Pero sabias que era yo quien te llamaba, podrías haberme ahorrado todo el griterío.
— No lo hare hasta que me llames por mi nombre. Barbra. — digo echándole un vistazo a la puerta del edificio. — ¿Tienes hora? He olvidado colocarme mi reloj. — pido viendo como en mi muñeca no llevo puesta mi joyería. Luego de cuatro años encerrada no vuelvo acostumbrarme a usar ese tipo de cosas en mis manos, salvo mi anillo. El siempre me acompaña donde sea que vaya.
— Faltan quince para las nueve. — responde Kurt tomando asiento en la cajuela.
— ¡Demonios! ¡Llegaran tarde y me retrasaran en mi día planificado! – maldigo encaminándome hacia el edificio. — ¡Cuida esas cajas con tu vida, Kurt! — amenazo gritando sobre mi hombro. Él solo murmura algo que no logro entender enfocando su atención directamente en su nuevo móvil. Vaya guardián.
— Julian, ¿Puedes llamar a mi piso? — digo una vez que llego a la pequeña recepción que hay en el edificio. — Llegaremos tarde de nuevo y no quiero manejar como una loca por esta ciudad. — protesto dirigiendo mi atención hacia mi bolso mientras rebusco en el intentando encontrar mi móvil.
— ¿Hoy es el gran día? — me pregunta ya con el auricular del teléfono en su oído.
— Así es. ¿Le has dado la tarjeta a tu esposa? Quiero que lleven a Megan. — respondo una vez que saco mi móvil revisando los correos que allí esperan por mí.
— Claro que sí. Megan está muy entusiasmada. Quiero agradecerle por… — lo interrumpo.
— No sigas por ahí… — y esta vez soy yo la interrumpida.
— ¡Ganeee! — Un grito rudo llega a mis oídos junto a un empujón contra mi cuerpo. — ¡Eres una niñita!
— Lottie… — intento reprender su actitud pero su gracioso baile de la victoria, como ella suele llamarlo, deja en el aire mi enojo momentáneo.
— Me debes diez dólares.
— ¡No es cierto, has hecho trampa! — La acusa Emma cruzándose de brazos. La puerta del ascensor se abre a la vez que Charlotte comienza a acusar a Emma de mal perdedora, mostrando a un educado y tranquilo Charlie. Él ni siquiera se molesta en lidiar con sus hermanas, ambas mujeres, y su madre. Tiene ganado el cielo sin lugar a dudas.
— Ya basta — digo terminando con la discusión de las muchachitas — Ya vamos tarde.
— Es culpa de Charlie que se ha tardado en el baño. Hoy vera a su amorcito — Emma comienza a burlarse siendo seguida por Charlotte con su risa.
— Eso no es cierto. Deja de fastidiarme. — responde Charlie dejando lo educado de lado.
— ¡Basta los tres! — Digo volviendo a guardar mi móvil en el bolso — Adiós Julian, nos vemos en unas horas. — Me despido del portero y mis hijos siguen mis pasos.
— ¡Asco, asco, asco! — escucho a Kurt maldecir en plena vereda olvidando por completo las cajas mientras sacude parte de su saco.
— ¿Qué sucede? — digo una vez que abro la puerta trasera para que los niños suban a carcajadas por saber que ha pasado con Kurt.
— ¡Me ha cagado una paloma, maldición! — me responde haciendo muecas con su cara.
— Es de buena suerte… no te quejes — digo luego de reírme en silencio tras cerrar la cajuela. — Por favor ya deja de agitar tus brazos como si fueses a volar. No tienes nada, no seas exagerado. — Lo apunto con mi dedo — Ahora sube a la camioneta o te dejare aquí sin contemplaciones.
Bordeo la camioneta escuchando aun al cascarrabias de mi amigo.
— Ummm… aquí huele a popo — dice Lottie buscando la complicidad en sus hermanos para hacer rabiar a Kurt, consiguiéndolo rápidamente. La camioneta se lleno de risas, me incluyo en eso.
— ¡Rachel! — protesta mi amigo.
— Ya deja de llamarse así. — respondo algo cansada una vez que arranco el vehículo.
— Mamá, nosotros también queremos ir contigo. — me pide Emma cuando nos detenemos a causa del pesado tráfico.
— No he pasado noches sin dormir por nada con sus disfraces. Es tu ultimo día de clases, y debes presentarte en el acto escolar.
— Pero no es justo. Con Charlie también queremos ir contigo.
— No discutiré más sobre el tema. — Digo zanjando el tema definitivamente escuchando el quejido de Charlotte por recibir un golpe en su hombro tras, seguramente, burlarse de su hermana. Solo basta con echarles una mirada de "están acabando con mi paciencia" para que dejen de pelear en sus asientos y se queden quietos el resto del viaje.
— ¿Tienes todo para hoy? — me pregunta Kurt luego de recorrer más de la mitad del camino. Solo asiento escuchando "Cannonball" de una muchacha que se está escuchando en todas las estaciones de radio. Emma me vuelve loca con sus canciones sonando en casa, pero esta canción en particular ha sido como un tipo de terapia para todo lo que he pasado.
— Sube un poco, mamá. — me pide Emma desde su asiento comenzando a tararear junto a la canción. Kurt rápidamente le sube el volumen lo suficiente para que ella escuche y nos deje a nosotros mantener una conversación sin tener que gritar por encima de la canción.
— ¿Quieres que vaya contigo?
— No, no es necesario. — Respondo mirándolo unos segundos para tranquilizarlo con mi sonrisa — Santana me ha enviado un mensaje avisando que ya han llegado a Nueva York.
— Oh, qué bien. Lottie se pondrá feliz de verla.
— Lo sé. — digo tras haber tomado la perfecta decisión de hacerla a ella madrina de Charlotte. Ambas se llevan de maravilla y muchas veces Santana junto a Brittany son de gran ayuda en su crianza.
No es que Charlotte sea complicada en la convivencia, pero luego de lo que sucedió con Quinn, Charlotte perdió un poco su norte y la ha tomado todo de sorpresa. Hemos intentado explicarle lo mejor posible que su madre murió en un accidente desafortunado, pero no es fácil hacerle entender en ese momento a una niña de seis años este tipo de cosas. El cuento de que esta en el cielo ya no sirve más con ella. Hemos tomado todas las precauciones posibles pero las noticias en la televisión siempre corren más rápido que uno mismo, y sin querer, ella se ha enterado de toda la verdad de lo que paso esa misma noche que esperaba por mí y Quinn en el auto encerrada.
No me ha preguntado por ella, y si suele mencionarla es cuando preguntan quién es su madre, haciendo referencia tanto a Quinn como a mí. Mi relación con ella se ha deteriorado un poco tras mis años en la cárcel, pero de a poco su confianza en mi vuelve afianzarse poco a poco.
¿Cárcel? Si. Tras ser arrastrada por Santana fuera del depósito, nos ha caído a todas las muchachas que trabajamos en Bora Bora una denuncia por ofrecer servicios que no estaban bajo el buen ojo de la ley. Todas han recibido de cinco a ocho meses por prostitución tras presentarles a Mercedes Jones, mi mejor amiga abogada, y ella ofrecerle el mejor trato que podía darles en ese momento. La pena en la cárcel se reduciría ampliamente solo si cada una se animaba a darle los nombres que cada una tuvo como cliente. En cada lista se podían encontrar desde un ciudadano común y corriente con mucho dinero en su poder, hasta prestigiosos abogados o políticos. Mercedes logro un gran trato con ellas, y los medios de comunicación no tardaron en hacerse un festín con todo lo sucedido llamando "Lista Negra" a la noticia como títulos de portada en sus periódicos.
Yo no entro en los cortos cinco a ocho meses de prisión, debido a que no he tenido clientes bajo mi poder pero, he matado a Brody Weston cargando así en mis espaldas ocho años de prisión, lo mínimo en casos así, pero recibiendo aun una pena mucho menor por ser en defensa propia habiendo sido abusada con anterioridad, y el buen comportamiento dentro de la cárcel ayuda bastante. Los años se redujeron a cuatro años y unos pocos meses, llevándome con la sorpresa de encontrarme allí dentro a Julia quien recibió mucho más que yo, por atentar contra mi persona, tener testigo de ello y por muchos asuntos más respecto a negocios turbios que mantenía junto a Brody, y el ya sumado caso donde nos defendió Mercedes pero siendo ella la excepción en el trato de mi amiga quedando desamparada.
No la he pasado para nada bien ahí dentro, pero el chisme de ser la hija de un capo mafioso llego a los oídos de una cabeza de grupo dentro de la cárcel, pidiéndome favores extras a cambio de protección. No dude un segundo en aprovechar aquel trato teniendo en cuenta que Julia podría perjudicar mi estadía allí dentro. Con el correr de los años supe ganarme su respeto, formando mi propio grupo de perras bajo mi mando. Respecto a Julia hemos tenido varios encuentros que ha derivado en golpes y costillas quebradas, pero nunca ha podido ser más allá. He aprendido a defenderme y valerme por mi misma, jurándole el último día antes de salir, que la estaría esperando fuera para terminar lo que ha empezado.
Respecto a mis días de libertad se han ido dando de a poco. He tenido que estar unos meses bajo la supervisión de la justicia, pero ya casi se ha cumplido un año y la intensidad de estar vigilada ha cesado notablemente. Aun pueden reconocerme del famoso caso de "La lista negra" teniendo que abandonar Lima, cambiando mi nombre e intentando comenzar una nueva vida aquí, en Nueva York, la ciudad de mis sueños.
Suspiro y pienso en los días que he pasado aquí cuando Quinn me trajo junto a Charlotte. Hemos pasado por la calle del Four Seasons, suelo hacerlo seguido cuando en mi día no encuentro salida a mis problemas. Pasar por aquí me trae paz y me recuerda que ella donde sea que este, espera por mí en otra vida.
Kurt toma cariñosamente mi mano libre haciéndome sentir su calor rápidamente. Yo hago una débil mueca parecido a una sonrisa soportando las ganas que me atraviesan de llorar.
— Llámame cualquier cosa, por favor. — digo una vez que aparco en el estacionamiento del colegio de mis hijos.
— No te preocupes, todo estará de maravilla. — me asegura Kurt antes de bajarse de la camioneta. Hoy es el último día de clases antes de las vacaciones, el cumpleaños de los mellizos se acerca, y Kurt se encargara de alistarlos mientras atiendo otros asuntos antes de volver a presenciar sus actuaciones.
— Beso a mamá — digo inclinando mi cuerpo hacia atrás entre los asientos. Sin hacerme esperar recibo los labios de mis mellizos en ambas mejillas a la vez haciéndome sonreír. — Rómpanse una pierna. — los aliento.
— Te esperare… — susurra Emma tomando mi mano antes de bajarse.
— Estaré a tiempo, lo prometo cielo. — digo besándola por última vez. — Muy bien — vuelvo hablar una vez que han abandonado el vehículo — ¿Preparada para un día conmigo?
Charlotte solo levanta su dedo pulgar con una sonrisa dejándome en claro que aceptaba con gusto aquella idea.
— ¿Antes podemos pasar por un muffin de chocolate?
— Lo que usted diga, señorita. — hago un saludo militar provocando su risa antes de subirle al tema de pasan en la radio. El resto del camino hacia la cafetería lo pasamos cantando cada canción que pasan, o bailando en el caso de Charlotte ya que suele gritarme avergonzada por intentar moverme al ritmo de "Talk dirty" como rapera llamando la atención de los conductores que van a nuestro lado. Yo solo lo hago apropósito para escuchar el sonido de su risa, que con el pasar del tiempo, cada vez se parece más a la de Quinn sin tener en cuenta su aspecto físico. Por momentos me dan escalofríos y la piel suele erizarse, como ahora mismo al pensarlo.
— Necesito que entres y le digas a Frances que venga a darme una mano aquí. — pido una vez que nos hemos bajado de la camioneta y Lottie espera por mí en la vereda.
— Claro, mamá. — me responde corriendo hasta la puerta pero se detiene en seco al golpearse con una persona. Me quedo unos segundos observando cómo le pide disculpas por no haber sido cuidadosa y chocar contra la persona teniendo en cuenta que camina con cuidado por alguna discapacidad o problema que desconozco en sus piernas. La persona acepta rápidamente acariciando la cabeza de Charlotte y explicándole, seguramente, el porqué lleva un bastón de aluminio ortopédico en su brazo derecho tras mostrarle el objeto.
— ¡Lottie! — grito llamando la atención de mi hija junto a la persona que se encuentra a su lado. Levantan sus cabezas dirigiendo sus miradas hacia mí y solo Charlotte vuelve a levantar su brazo mostrando su pulgar para indicar que está bien, despidiéndose luego de la persona para entrar en el edificio.
Por unos segundos me distraigo observando la pronunciada cojera o rengueada en la persona que camina en dirección contraria a la mía, pero rápidamente salgo de mi mutismo tras oír la voz de Frances.
— ¿Se encuentra bien?
— Si, si… lo siento — digo sonriendo — Eh… tú encárgate de estas cajas — señalo tres medianas cajas que permanecen a un costado — Hija, ven… que para ti también hay. — tomo dos pequeñas haciéndole entrega. — Déjalas en mi escritorio, por favor. — Asiente y comienza avanzar en compañía de Frances, comentándole cosas que solo ellas suelen comentarse.
— Santana — digo tras llegar hasta la parte delantera de la camioneta donde mi bolso descansa.
— ¿Dónde estabas metida?
— Lo siento, el móvil estaba en mi bolso. ¿Dónde estás? — pregunto por el auricular del móvil volviendo a captar la persona que minutos antes ha conversado con Charlotte. Solo se mantiene a unos metros del edificio viendo algunas vidrieras y mirando reiteradas veces en mi dirección.
— Estamos a unas cuadras. ¿Puedes esperarnos fuera? Aun no logro ubicarme muy bien.
— Claro, aquí fuera estaré.
— De acuerdo. Adiós Berry.
Termino con la llamada enfocando mi atención nuevamente en la persona que busca algo en su móvil. Una corazonada me pide que baje de la camioneta y camine hasta hablarle, pero las pocas expectativas se caen al suelo tras notar como su cabello es de color oscuro al sacarse el sombrero y su pelo es tan corto que me da la señal que se trata de un hombre. Niego con mi cabeza, aun no puedo lidiar con la idea de ver a Quinn en cada esquina o lugar al que voy. Siento que su presencia me persigue por todo Nueva York, pero sé que solo son ideas mías y la fecha en la que estamos no ayuda mucho en mi estado anímico. Hoy se cumple cinco años desde la primer noche que la vi en el bar creyendo que era la esposa de Charlie.
Respecto a él he seguido manteniendo contacto teniendo en cuenta que es el esposo de Katherine y padrino de Charlotte. Ha estado muy presente en la vida de la niña luego de todo lo que paso, dejando una enorme responsabilidad en él tras mi encarcelamiento. Charlotte junto a mis mellizos se han quedado bajo la custodia de Kurt, pero Charlie tuvo y tiene la posibilidad de pasar tiempo a solas con Charlotte si así lo desea. Suelen venir a visitarnos seguido junto a Katherine, donde este último mes han decidido pasarlo completamente aquí.
Por otro lado, Samuel ha conocido a Mercedes luego del gran juicio que ha pasado con nosotras, quedando maravillado de inmediato. Están en plena organización de su boda.
Dos golpes secos y certeros en la ventanilla del acompañante me sacan de mis pensamientos. Son Santana junto a Brittany y Lottie en el medio de ambas, haciendo caras graciosas contra la ventanilla del copiloto, inflando sus cachetes o estrujando su nariz contra el vidrio.
— ¡Ensuciaran el vidrio! — grito entre risas contagiándolas rápidamente. Decido bajar la ventanilla aun permaneciendo dentro de la camioneta.
— ¿Vienes seguido por aquí, muñeca? — me dice Santana en tono seductor apoyando sus codos sobre la puerta.
— Eso depende…
— Pues por ser tú, te hare precio especial.
— ¡Santana! — Grito — La niña — digo rompiendo nuevamente en risas llamando la atención del extraño que permanece a una distancia prudente de nosotras. Brittany junto a Lottie comienzan a bromear también pero Santana, ella capta rápidamente mi mirada llamándole la atención también la silueta desconocida que ahora nos da la espalda, volviendo a cojear tras decidir alejarse.
— Bueno… — Brittany rompe el momentáneo silencio — ¿Qué les parece si mientras ustedes hacen el trabajo pesado, y con Lottie nos retiramos en busca de un rico helado? — levanta sus cejas hacia la niña.
— ¡Sí! — festeja Lottie empuñando su mano al aire haciendo un festejo de victoria, bajando y subiendo reiteradas veces su brazo.
— Brittany, me has prometido… — la interrumpo.
— Déjala Santana, toma Lottie — digo extendiendo un poco de dinero — Tráeme uno de chocolate por favor. — le guiño un ojo provocando la molestia fingida en Santana.
— ¡Frances!... ¿quieres helado tú también? — oigo a Charlotte gritar mientras se aleja de la camioneta junto a Brittany.
— ¿Qué pasa contigo? — me dice Santana una vez que ha abierto la puerta de la camioneta tomando asiento a mi lado. — Hey… tranquila. — toma mi mano suavemente tras darse cuenta que mi mentón ha comenzado a temblar dando señal de un posible llanto. Solo me aferro a su mano buscando las fuerzas para no derramar ninguna lágrima.
— Nada… — digo negando a la vez que agacho mi mirada enfocándola en mis piernas — Es solo que… solo… — levanto mis hombros sin poder encontrarle una explicación algunas a estas ganas repentinas de querer llorar.
— Relájate. Sé que debe ser complicado para ti, pero debes dar lo mejor de ti cada día. Ella está orgullosa de todo esto que has logrado… — Acaricia el dorso de mi mano con su pulgar mientras yo solo puedo asentir con mi cabeza — Has podido vencer cualquier obstáculo que se te ha presentado, y estas a solo unas horas de inaugurar tu pequeña escuela de artes aquí.
— Lo sé… — sorbo mi nariz — Créeme que lo sé, pero ¿Por qué siento que nada de esto alcanza para estar completamente feliz?
— Ven… — me dice luego de unos segundos en silencio sin saber cómo refutar mi pregunta. Solo me aferro a su cuello alojando allí parte de mis lágrimas sintiendo como con su mano frota mi espalda, buscando mi confort para que llore sin retenciones.
— A veces… — digo sollozando — A veces, hubiese preferido que me dejes allí, con ella… aun no puedo perdonarme el haberla dejado tirada.
— Rachel, no sigas por ahí. No había nada que hacer.
— Yo tendría que haber recibido las balas, ella seguramente estaría viva…
— O quizás no. — Me interrumpe Santana — Quizás ambas hubiesen sufrido las consecuencias si Quinn no se hubiese interpuesto. Ahora escúchame bien… — empuja mi cuerpo suavemente para poder ver mi cara directamente — saldremos de esta camioneta — pasa sus dedos por mi rostro limpiando mis lagrimas — Darás tu mejor sonrisa y recibirás a los nuevos alumnos que desean aprender a cantar, bailar… o lo que demonios vayas a enseñarles.
— ¿Tú crees que dejaran a sus hijos conmigo sabiendo mi pasado?
— Eres una excelente profesional, Rachel. Y tiene contigo a los mejores maestros para ayudarte, nada puede salir mal. — Dice acomodando mi ropa — Vamos, que demasiado sentimental me he puesto por hoy. Tendré que patear los traseros de algunos niños para volverme a sentir una badass.
— ¡Santana! — chillo dándole un pequeño empujón en su hombro.
— Te quiero, enano parlanchín. — me extiende sus brazos y yo rápidamente me hundo en ellos.
— Yo también, pero deja de llamarme Rachel.
— Que pesada eres. — Pellizco su abdomen — De acuerdo, si, si… Barbra.
Sin demorarnos un minuto más teniendo en cuenta que Frances ha terminado de bajar las cajas, encamino mis pasos hacia la parte trasera mientras Santana le echa un vistazo al edificio y sus alrededores. Ella ha sido de gran ayuda en mis días luego de la muerte de Quinn. Me he llevado la sorpresa de tener bajo mi poder la herencia de mi padre tras enterarme de su muerte cuando estaba dentro de la cárcel, y parte de las cosas que me ha dejado Quinn, como la cafetería en Lima. Santana ha pasado a tener parte del poder tras hacerla mi socia. Ella junto a Brittany se encargan de hacerla funcionar a la perfección mientras yo estoy aquí. En unos días más firmare los papeles para dejarla en su completo poder como regalo de cumpleaños.
— Sabes… — me dice cuando llego a su lado y pasa su brazo sobre mi hombro para entrar juntas — Creo que le diré que si a Britt sobre la idea de tener un hijo. — me suelta la noticia de golpe deteniendo mis pasos rápidamente.
— ¡Oh por dios, Santana! — grito abrazándola y comenzando a saltar sin soltar el agarre.
— Eres la primera y te agradecería que Brittany se entere por mí. — dice con su cara ilusionada acompañada por una enorme sonrisa.
— La harás muy feliz… ambas lo serán, ya lo veras.
— Claro, cuando mi hijo llore y se cague por todos lados llamare a su tía Berry. — bromea apretándome aun mas contra su cuerpo en el abrazo.
— Señorita Barbra… — la voz de Frances a mis espaldas llama mi atención. Me deshago del abrazo y limpio las lágrimas que se han juntado en la camioneta y has vuelto a resurgir con la noticia de Santana.
— Dime, Frances.
— Tiene una llamada en su despacho — me dice antes de emprender camino hacia mi escritorio
— Santana hazte cargo de las cajas, ya sabes qué hacer con ellas. — digo sintiendo como los pasos de Frances siguen los míos. Santana solo asiente sin hacerme demorar más en mis cosas.
— ¿Algo mas Frances? — pregunto llegando al escritorio levantando el auricular del teléfono fijo.
— Si, solo he dejado unos papeles en sobre su escritorio — me señala el lugar donde los documentos esperan por mi atención — Esta mañana han venido algunas madres anotar a sus hijos en las clases pertenecientes a la temporada vacacional. — Asiento saludando a la persona que me espera en la llamada — Ha venido una persona que deseaba verla, pero al parecer se ha retirado sin darme cuenta. De todos modos ha dejado el formulario lleno con los datos que necesita. Lo he dejado junto a los demás. — me susurra antes de retirarse y dejarme a solas allí dentro.
— Ahora si dime ¿Cómo te encuentras, Simmons?
— Muy bien ¿Qué hay de ti? ¿Cómo has comenzado el día tan esperado por ti?
— Mejor de lo que pensaba. Ya ha llegado Santana con Brittany.
— Oh, eso es genial. Lo siento por no poder ir… pero definitivamente le diré a mi hermana que te visite. Tengo a dos diablillas como sobrinas que seguramente sabrán sacarte canas verdes.
— Recuerda que tengo tres hijos. Nada puede conmigo. — respondo decidiendo echarle un vistazo a los nuevos niños que se sumaran a las clases.
— Lo recuerdo muy bien. Bueno… vayamos al asunto por el que te llamo — me dice deteniendo mi acción de ver los papeles
— Dime que son buenas noticias, por favor.
— Pues, me temo que no. — Dice buscando la forma de hacerme comprender lo que tiene que decirme. Yo solo suspiro pidiéndole que lo diga sin anestesia, que podre lidiar con lo que sea en estos momentos. — Le han dado libertad condicional a Julia.
Suelta sin más provocando que apretuje los papeles que tengo en mi mano libre lanzándolos al aire.
— ¡Mierda! — Digo molesta hundiendo la cabeza entre mis brazos que permanecen apoyados en el escritorio. — Esto no me puede estar sucediendo ahora mismo. Pensé que estaría más tiempo dentro.
— Yo también, pero su hermana le ha conseguido un buen abogado. — Se crea un breve silencio donde yo rebusco en mi mente como seguir de ahora en mas, y Simmons seguramente cuidando sus palabras sin querer romper el silencio — Rachel…
— No te preocupes — digo interrumpiéndolo, levantándome de mi asiento para bordear el escritorio y recoger el desastre que he provocado con los papeles. — Estaremos bien…
— No lo dudo, pero me gustaría poder brindarte un poco de ayuda en la seguridad si tú me dejas.
— No, Simmons. Ya demasiado con…
— Quinn me mataría si no cuidara de ti y tus hijos. Déjame hacerlo, por favor.
Suspiro nuevamente por lo que acabo de oír, en cuclillas tomando con mi mano libre los papeles.
— Esta bien — digo totalmente rendida — Entonces comenzare por contarte que hace unos minutos he visto algo extraño fuera de aquí.
— ¿De tu escuelita de artes?
— Si — Digo y él espera en silencio mientras me levanto con parte de los papeles dejándolos sobre mi escritorio — Si me dices que Julia está en libertad la verdad no me extrañaría que este cerca de aquí.
— ¿La has visto? — me pregunta preocupado.
— No lo sé. La persona tenía el pelo demasiado corto, como un hombre. No sé si será capaz de venir ella en persona, quizás ha mandado a alguien más, un hombre o que se yo… la cosa es que esa persona se la ha pasado viendo hacia mi camioneta, y se ha topado accidentalmente con Lottie.
— Pregúntale ahora mismo a la niña que ha hablado con esa persona y que le ha dicho.
— No puedo hacerlo ahora, ella ha ido por un helado. De todos modos… - mis palabras mueren en mi boca tras bajar la vista para acomodar los papeles.
— ¿Qué sucede?... ¿Rachel? — Dice Simmons reiteradas veces a través del auricular intentando devolverme a la tierra pero mi mente divaga en un mundo paralelo al que transito cotidianamente. Me han comenzado a jugar una broma pesada el día de hoy o tal vez sea mi mente que ha comenzado a volverse loca para acabar con la vida que intento rehacer nuevamente. — ¡Rachel! — vuelvo a escuchar pero las letras que aparecen escritas en la hoja de admisión para tomar las clases de canto y baile aun sacuden mi cuerpo entero. Es el nombre ni más ni menos que de mi hijo.
Alumno/a: Charles Fabray
Madre/Padre/Tutor: Lucy Q. Fabray
— ¿Fabray? — Escucho — ¿Es usted la señorita Barbra Fabray? — la voz en mi espalda sigue ahí, sacudiéndome para que voltee y caiga en la cuenta que nada de esto es un sueño.
— Si… — balbuceo nerviosa aun manteniendo la vista en el papel que baila en mi mano debido a mis nervios y mi mano temblorosa. El teléfono ha quedado sobre el escritorio tras deshacerme de el para voltear. El bastón de aluminio ortopédico vuelve aparecer en mi radio de visión quitándome el aliento por sentir que quizás Julia está más cerca de lo que yo imagino.
— ¿Qué hay de nuevo extraña?
¿Extraña?
Mis ojos suben rápidamente por su cuerpo chocándome de lleno con sus gafas negras y el sombrero que he apreciado momentos atrás cuando permanecía sentada en la camioneta. El corazón se me paraliza cuando hace una mueca de dolor con su boca al hacer un esfuerzo para quitarse el sombrero pasando la mano su pelo para luego seguir por las gafas.
— ¡¿QUINN?! — Grito desbordada de sentimientos en mi voz y cuerpo comenzando a sentir como mis piernas tiemblan y mi cuerpo se siente rápidamente débil.
— Te he dicho que volvería por ti.
Glee y sus personajes no me pertenecen.
