Disclaimer: How To Train Your Dragon, así como sus personajes, no me pertenecen. Son de DreamWorks y Cressida Cowell.

Pequeña nota aclaratoria: Mema es el nombre dado a Berk en España, para fines de la historia, he bautizado una isla diferente con ese nombre. Berk sigue siendo Berk, y Mema es aliada.


Hiccup miraba con fascinación el ocaso. No era tan precioso ni imponente como los que veía en Berk, su tierra natal, pero sí que impresionaba esa vista. Deseó que su amigo Toothless estuviera ahí para poder dar un pequeño paseo, al Nigt Fury le encantaba jugar entre las nubes. Suspiró con añoranza; sin importar lo divertido que era viajar con su padre y conocer nuevas aldeas, él extrañaba los amaneceres de su isla. Al despertar pensaba en su dragón, y en los vuelos matutinos que compartía con Astrid.

―¿Sucede algo, Señor Haddock? ―le preguntó una voz dulce y suave.

El chico miró hacia atrás, encontrándose con la guapa vikinga que le había acompañado durante su estancia en aquel pueblo. Pensó que se encontraba solo, por lo que la miró con un deje de confusión en los ojos.

―En absoluto, señorita ―respondió con una inclinación de cabeza hacia la chica.
―Lamento tener que molestarle, pero es requerido para la cena de hoy.

Pasó la mano por sus rebeldes cabellos castaños, logrando un ligero sonrojo en su anfitriona. Le incomodaba un poco las atenciones que la chica tenía para con él. No es que no apreciara la hospitalidad de sus aliados, pero sentía un ambiente extraño con ella.

Caminaron tranquilamente por la pequeña plaza del lugar. La isla de Mema era más pequeña que Berk, pero su gente era más tranquila y amable. Eran vikingos fieros, pero que solo batallaban en guerras; por lo general tenían una convivencia pacífica. El chico creía que podrían tomar varias de las costumbres para su tribu.

―Buenas tardes, joven Haddock ―le saludó una de las aldeanas.

Hiccup respondió educadamente, ignorando la sonrisa coqueta de la chica y las miradas femeninas que le seguían. Optó por concentrar su atención en la vestimenta de las vikingas, detalle que había llamado su atención desde su arribo al lugar.

―Señorita Nissa… ―comenzó inseguramente.
―Dígame, Señor Haddock ―preguntó la castaña, batiendo las pestañas en un movimiento que ella consideraba seductor.
―Ammm, es solo que, me preguntaba si ―sacudía torpemente las manos, en un gesto de nerviosismo―. ¿Es normal que las mujeres usen chaquetas de pelo?
La expresión consternada y dubitativa de la vikinga casi lo hizo sonrojar.
―Quiero decir que, bueno, no es que tenga algo en contra, pero…
―Lo es. Es normal ―interrumpió la chica, logrando que el vikingo cesara el movimiento de sus hombros ―. ¿A caso en Berk no lo usan?
―Erhm, no. No en realidad ―por alguna extraña razón Hiccup se sintió avergonzado―. Solo las visten los guerreros varones.

Nissa encontró tierno el gesto nervioso del heredero Haddock. Según las historias que solía contarle su padre, los habitantes de Berk eran rudos y valientes, de aspecto tosco y fuerte. Hiccup Horrendous Haddock III no encajaba en esa descripción. Él era de complexión delgada, y un aspecto nada tosco (prueba de ello eran los suspiros que provocaba en las féminas de Mema, incluyéndose); tenía el aspecto de ser un chico valiente, pero distaba mucho de verse rudo. Sus verdes ojos reflejaban inocencia y bondad. Todo él transmitía amabilidad.

El resto del trayecto fue silencioso, alguno que otro vikingo se acercaba a estrechar las manos de los jóvenes. Al castaño le abrumaba tanta atención, mientras que Nissa parecía encantada con la presencia del chico, su timidez, para ser precisos.

―¿Dónde estabas, Hijo? ―preguntó la profunda voz del pelirrojo, mirando atentamente a los jóvenes.
―Lo siento tanto, jefe Stoick, ha sido culpa mía ―Nissa, sin ser responsable del retraso, optó por ser diplomática ―. La realidad es que el joven Haddock es toda una celebridad en Mema.
Hiccup se sonrojó ante la risita traviesa de la vikinga. Miró a su padre con aprehensión, en una muda disculpa por el retraso y el alboroto que ocasionó su llegada.
―Vamos, Stoick, tu hijo es la sensación del momento ―Nils, el jefe del lugar, golpeó amistosamente el hombro de su visitante―. No todos los días tenemos al conquistador de dragones entre nosotros.

Una vez que Hiccup y Nissa se instalaron en la enorme mesa dispuesta para la ocasión, la junta dio inicio. No era la primera vez que alguno de los chicos presenciaba los acuerdos entre tribus, pero no por eso era menos tedioso. Al menos Nissa era un poco más tranquila que los herederos del sur, quienes eran aún más grandes que Hiccup, o peor, como el ahora líder de los berserkers, Dagur.
El castaño trató de enfocar su atención en los tratados que se planteaban, la mayoría le parecían benéficos, y con la confianza absoluta en el juicio de su padre, se permitió unos minutos para pensar en sus propios asuntos; en las mejoras para la montura de Toothless, o el nuevo diseño que tenía en mente para prevenir los incendios. Empezaba a diseñar estructuras imaginarias cuando un brillo captó su atención. Uno de los guerreros de Mema había sacado su hacha, que ahora se encontraba en manos del jefe de Berk, quien la analizaba con ojo crítico. Él podría hacer una mejor para Astrid.

―Sí, nos encargaremos de éstas ―clamó con satisfacción Stoick―. Incluso podríamos mejorarlas.

El murmullo de aceptación y emoción elevó los ánimos de aquella reunión. Incluso algunos vikingos comenzaron a chocar los tarros, celebrando la casi consolidación del acuerdo.
Nissa esperaba que todo terminara pronto, no se sentía muy cómoda entre tanto movimiento tosco y rudo, sin ningún recato a su presencia, ¡ella era la heredera de Mema! y ni sus guerreros parecían reparar en que su comportamiento era inadecuado ante una doncella como ella. Suspiró con fastidió; buscó con la mirada al único vikingo del lugar que se había comportado civilizadamente ante ella. Quizá él ya la estuviera observando, embelesado ante su castaña y larga cabellera. No fue así, el castaño reposaba la barbilla en su mano derecha, y con la mirada perdida.

Hiccup sabía que sus pensamientos podían ir de un lado a otro con mucha rapidez, pero cuando se trataba de la rubia, bueno, era como si su cerebro se atrofiara. Dedicó unos momentos al diseño de las nuevas hombreras que planeaba regalarle en su cumpleaños, pero cuando recordó ese pequeño detalle, no pudo evitar pensar en la piel expuesta de sus brazos. En cómo solía abrazarse cuando tenía frío, y aun así mantener una temperatura corporal tan… cálida. Él lo sabía mejor que nadie, prueba de ello eran los abrazos que la chica le regalaba cada cumpleaños, o en Snoggletog, junto con la mezcla que ella insistía en llamar Ponche de Yak, y él lo había bebido valientemente los últimos dos años (aunque, siendo justos, la chica había mejorado un poco el sabor).
Soltó un suspiro imperceptible, pensar en la rubia lo ponía nostálgico. Extrañaba los vuelos matutinos, o el suave roce de sus manos, la risa tranquila y sincera que soltaba cuando él hacía algo torpe o gracioso. Extrañaba profundamente a Astrid. No era la primera vez que se separaban o estaban lejos, pero no consideraba qu días tuvieran comparación a dos semanas distanciados, especialmente con el cumpleaños de la chica tan cerca.

•••

Hiccup relajó la mente en las nubes, buscando y hallando formas inimaginables, improbables, pero posibles en las alturas. Deseó con fervor que Toothless se encontrara a bordo con él. Suspiró.
Bajó la vista a las profundidades del mar, donde el cielo se reflejaba limpiamente. Un azul tan claro. Igual que los ojos de Astrid.

El castaño removió el fleco que caía en mechones. Se encontraba nervioso, temeroso. Aceptó ir al viaje por una razón específica: Astrid. Fue en busca de valor, de reconocimiento. Ahora que volvía con, incluso, una prueba palpable, no lograba sentirse mejor.

Berk, su pueblo, al que añoró durante semanas, se comenzaba a divisar en el horizonte. Sintió el viento entre sus cabellos, que se movían a la dirección de las velas. La emoción y la felicidad lo embargaron por completo.

―Ya volvemos, hijo ―le animó su padre colocando firmemente la mano en el hombro del chico.
―Lo sé, papá.

Escuchó a la tripulación afianzar el metal traído de otras tierras, colocando más cuerdas de las necesarias. Pensó en ayudar a atar los filamentos, sin embargó debía encargarse de su propio paquete. No podía darse el lujo de que alguien lo viera, era muy importante.

―¿Cómo lo llevas, Hiccup?

Stoick observaba a su vástago asegurar el valioso paquete que resguardaba en el morral de piel, el cual lo acreditaba como el heredero de Berk. El castaño introdujo unas cuantas cosas más, de forma que cubriera el pelaje.

―Creo que bien ―la tristeza se reflejó en los ojos del chico. La ilusión que brillaba al emprender la ida a la isla Mema ya no estaba, la verde mirada de Hiccup se había opacado ligeramente.
―Sabes que yo te apoyo, y que no permitiré una barbaridad así.
―Gracias, papá…
―Debes tomar cartas en el asunto. No esperará por siempre.

Hiccup suspiró, desviando la mirada de la de su padre, comenzó a asegurar la ración de metal destinada para él. Hizo unos cuantos nudos, al comprobar la firmeza del amarré lo enganchó al final de su morral.

Fue todo una hazaña, pero lo había conseguido. No solo obtuvo un reconocimiento de parte del líder de Mema, también consiguió su aprobación. Tuvo que pedir muchas disculpas, ser firme en su discurso, mostrar seriedad y compromiso, incluso hizo varias promesas, pero sabía que todo había valido la pena. Al fin estaba preparado.

Observó hacia el muelle del pueblo. Una sonrisa sincera se asomó en su rostro; algunos aldeanos se acercaban para verlos desembarcar. El corazón de Hiccup latió con fervor al ver a un Deadly Nadder descender con suavidad en la madera.

•••

―¿No es así, hijo? ―La palmada (que pretendía ser amistosa) que le propinó su padre lo desequilibro.
―Erhm, ¿si?
Y ahí estaba, la mirada molesta del jefe, quien contenía el enojo en un ceño fruncido.
―Al parecer el conquistador de dragones está un poco distraído ―dijo risueñamente Nils, acariciando su bigote castaño y mirándolo con avaricia.
―El joven Haddock debe estar muy cansado, padre.
―Una disculpa por mi hijo, Nils. No le sienta bien estar lejos de Berk.
―Oh, Stoick, no te preocupes por eso. Es un muchacho después de todo. El héroe y orgullo de su pueblo.

Algo, en lo más recóndito de su mente, le gritaba a Hiccup que la forma en que lo miraba el líder de Mema no estaba bien. La alarma se encendió más cuando le sonrió ladinamente, y sus ojos brillaron con anhelo, como un niño al que le muestran un juguete nuevo. Nada se comparó al miedo que sintió cuando lo vio tomar las manos de Nissa, su hija. Hiccup tuvo el impulso de salir corriendo del lugar. El hecho de saber que Astrid no estaría ahí para él lo hizo contenerse.

―Stoick, viejo amigo, ¿qué te parecería una alianza matrimonial entre nuestros hijos?


Chan, chan, chan. ¿Qué les ha parecido? ¿Cumple las expectativas?
Yo espero que les agrade, porque disfruté de escribirlo.
Me ha costado trabajo la "perspectiva" de Hiccup, me parece algo más complicado. Ojalá sea cercano al personaje que hemos visto en HTTYD (1 y 2).
Quizá lo sientan más superfluo, pero es necesario para el siguiente capítulo.
Cualquier duda que llegaran a tener, con gusto la responderé. También si ven algún fallo, háganmelo saber.
Y un sincero agradecimiento a quienes se tomaron el tiempo de comentar, ¡gracias! Eso me motiva muchísimo.

Un abrazo.

Gracias por leer y no olviden comentar.